[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
No se percató de que Tezca se adelantó a la pregunta que había ido a Runin, escuchando el nombre de la serpiente de los labios del hombre. —¿También la conoces? — ¿Quizás fuera una mascota de la propia tripulación? Quién sabe. —Bueno, no pensé que le fuera a hacer llorar, si me dejas decirlo. Me da pena. — Miró de nuevo a la serpiente de reojo, escuchando la preocupación de Tezca. —Mejor leche. Los lácteos ayudan a aliviar el picor. Eso también incluye el queso. — Lástima que no hubiera pensado en eso, pero claro, al pedir el plato, lo había hecho para sí mismo y Tezca, quien parecía conocer la degustación a su mismo nivel, no que una serpiente terminara llorando y sufriendo por comer picante, ni el lamentable estado del resto de los platos que parecían comer el resto.

Volvió la mirada hacia Tezca quien, ahora, claramente estaba complacido por sus propias palabras, parecía más que satisfecho. Lo volvió a rodear por los hombros, divertido y con una sonrisa cargada de puro orgullo.

—Es obvio que todos lo saben, por eso yo soy el hombre más afortunado del mundo.

Y no mentía, así se sentía realmente, fueran o no exageraciones. Barald seguramente era consciente, dado que le había dado incluso el merecido reconocimiento incluso tras esas palabras. Sin duda, de esa tripulación, en quien más podía confiar era especialmente en ese hombre azabache de enorme cicatriz en el rostro. Qué irónico que se asemejaran en cierto modo, omitiendo algunos detalles, como el color de sus ojos. Se acercó a él, separándose momentaneamente de Tezca, soltándolo y, de forma baja y suave, de modo que solo él pudiera escucharle, le susurró. —Confío en que, si nos vuelven a separar los caminos, seguirás cuidando de Tezca. — Dio un par de palmadas en su hombro, apartándose de su oído, y regresando de nuevo al rubio. —Me cae bien ese amigo tuyo.

El baile, cierto... Si tenían que bailar, lo mejor era que fuera en un lugar íntimo, privado y más agradable. Tendría que buscar algún lugar al que poder pasar la noche, fuera del Jackpot, fuera de cualquier barco. No sabía si en el Jackpot Kajimodo podría dar también una inesperada interrupción. Más valía prevenir que curar. ¿Habría hoteles en la ciudad? Esperaba que sí, y si existía, pretendería ir a por el mejor de todos, en una habitación solo para los dos. Había mucho tiempo que debían recuperar los dos juntos. —Tienes razón, Tezca. Tienes razón. Más tarde, cuando estemos a solas.

Realmente dudaba seriamente que siquiera fuera capaz de dejarlo bailar, al menos en unas muy, muy largas horas. La sola imagen de volver a esa bendita intimidad lo había emocionado. Apretó la mano del contrario con más firmeza, escuchando las palabras que tanto lo reconfortaron y, en parte, lo aliviaron. Quiso hablar más, pero, una vez más, seguía habiendo demasiadas personas. Ya comenzaba a molestarle la presencia de tanta gente, no sabía si producto del alcohol, o sencillamente la desesperación ya. Primero fue aquel Ñordiki el que le dio la condenada interrupción de un mejor encuentro, más emotivo. No negaba que quizás habría terminado con mucho más que solo unas miradas y unas palabras, pero condenado fuera el destino que interrumpió ese bendito momento y ese canto que parecía más el de un maldito váter. Luego, los separaban en equipos distintos. Menos mal que no le tocó confrontarse a él... O más bien, incluso si se daba el combate, dudaba que el rubio hubiera terminado recibiendo daño alguno en sus katanas sabiendo que era de arcilla.

Recordó los gólems que vio en el cubículo cuando quiso saber cómo estaba. Su habilidad... ¿era así? ¿Había mejorado más? ¿Él se estaba quedando tan atrás? Cierto era que la adquisición del Akuma había sido reciente, pero todavía no era suficiente para él. ¿En qué había estado perdiendo tanto tiempo? Apretó más su mano, cerrando los ojos solo para sentir su calidez disipar de nuevo ese pensamiento. Es algo que el futuro Jin ya se encargaría. Ahora mismo solo debía disfrutar del momento y pasarlo bien. Eran unos juegos, estaba para divertirse. Miró de nuevo la arena, escuchando al propio Tezca. —En serio, si te tocó estar con ese Marine... Parece de lo más aburrido...

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —


Oh, pues sí, parecía que al fin había terminado ese combate. Es más... parecía que había más. Apartó la mano del hombro de Tezca, sin soltarlo todavía del todo, mirando la arena con curiosidad. Su Haki se había mantenido en todo momento y no era una excepción, solo que sabía, después de lo hecho anteriormente, que no lograría ver nada más allá. Sin embargo, escuchó a Zaratsuki mencionarlo. Elevó sus cejas, con curiosidad. Mencionó el Kenbunshoku, claramente lo había hecho. ¿Qué tanto poder poseía ese hombre? ¿Qué tanto conocimiento? Lamentaba no poder pedir un deseo y, especialmente, no poder tener una conversación con Zarutsuki. Quizás pudiera llegar a algún tipo de trato, pero dudaba siquiera tener la oportunidad de acercarse cuando ni había logrado captar su atención. Sin embargo, el resultado, fue aún más sorprendente.

— ¡DECLARO QUE NO HAY GANADOR EN ESTE COMBATE FINAL-SON! —


¿Empate? ¿Un empate? No imaginó llegar a ver un empate de esa magnitud. Se ahorró las palabras, el propio Tezca estaba escupiendo ya lo que él mismo había pensado. —Parece que no es una broma... Qué decepción. — Lo soltó, dejando que se acercara a Barald y analizando la arena en silencio. Dudaba que ese Mink hubiera parado solo la pelea por casualidad. ¿Qué le habría motivado a frenar así el combate? No habló con Uker, pero sí lo escuchó hablar, hizo una mueca. Ya se comenzaba a hartar que lo trataran de idiota, estúpido... Y especialmente que llamaran al Haki el “poder para hacer trampas”, cuando no tenía nada que ver con eso.
—Sí Rackham. Es el que le dije a Eros y Kiyoshi.

Mostró el mismo disgusto, evitando la mirada. Qué decir, no iba a corregirles eternamente, que hicieran y pensaran todo lo que les diera la gana. Ahora solo daba más veracidad a la mención de su existencia. Volvió la mirada hacia Tezca, viendo a Barald, quien, al igual que Uker, había salido victorioso en esos Juegos. —Eso, felicidades Barald. Consiguió una victoria. Su equipo lo hizo excelente. — Vio que los Sepultura parecían partir, ya buscando la separación de ambos tripulantes y la mirada de Eros. ¿Y ahora por qué le miraba mal? Ni que le hubiera hecho nada a ese topo. Si tenía algún problema, que se lo dijera. Se limitó a ignorarlo, dejando que fuera Tezca quien se encargaba de despedirse.

¿Dormir? Ah, no sonaba tan mal. Sintió la mano sobre su propia cabeza, arqueando una ceja. No estaba acostumbrado a que le dieran ese gesto, muchísimo menos en público, Tezca en la intimidad quizás sí llegó a acariciarle, pero se sintió extrañamente incómodo, frente a todos, de ese modo. Por el momento, lo dejó hacer, a él se lo podía dejar pasar. —Más bien pretendía intentar robarte yo a ti. — murmuró en voz baja, cruzándose de brazos. Dudaba seriamente que sus amigos estuvieran de acuerdo con su visita, y menos en un barco. Ya pagaría el hotel, prefería eso, en privado con Tezca, a no saber si podrían interrumpirles una vez más.

Cajita de Tabaco
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4394 + 0 = 4394
Energia: 3674 + 0 = 3674
Espiritu: 1167 + 32 = 1199
La señorita Miyori, que había vuelto a tocar al ver nuestro entusiasmo, dejó de tocar su instrumento. La canción había terminado. Sin embargo, sentí algo en mi que iba a perdurar durante mucho tiempo. Fue una suerte no haber encontrado más que botellas de vino vacías y recibir el comentario de Kiyoshi que había herido mi orgullo y provocó que rechazase el vino que llegó más tarde. Me alegré de ello, pues no quería que aquel momento se guardase en mi memoria emborronado por el alcohol. Estaba lo suficientemente ebrio como para perder el pudor y atreverme a cantar, pero no lo suficiente como para perder detalles de aquel recuerdo. Sentí que la presión del brazo de Eros se desvanecía. Apreté con mi mano su costado hacia mi,  un instante. Un gesto de cariño que tal vez tardase mucho en volver a atreverme a hacer.

La señorita Miyori repartió su número de teléfono a alguno de los presentes. El hecho me alegró, pues pensé que podría volver a disfrutar de su música en un futuro. Su destreza con el violín era magnífica. Además, nos había regalado aquella canción que no olvidaríamos. Yo-hohoho Yo-hoho-ho, susurré mientras marchaba. 

Una voz potente atrajo mi atención de nuevo hacia la arena. El momento vivido con mis amigos habia opacado por completo el porqué estaba en aquellas gradas. Zarutsuki declaraba el final del combate. Comentó lo que había visto en el combate. Sin embargo, unas palabras llamaron mi atención por encima de todas. Kenbunshoku Haki. Una vez más aquella palabra. No obstante, por lo que decía parecía que él era capaz de ver los sentimientos en los combatientes. ¿Era eso acaso a lo que se refería con aquello de "ver sin mirar"? Tal vez era otra de las capacidades que entregaba aquel poder, tal vez era un poder distinto, por eso no lo llamaba simplemente Haki. La idea de que cuanto más creía acercarme al conocimiento de aquel poder, menos comprendía se hacía cada vez más grande en mi.

El combate había sido poco reseñable, más allá del hecho de que ese tal Bartolomeow era capaz de tocar al marine de la Pika Pika no mi. Otro misterio más sin resolver. Otro misterio más que debía resolver. Sin embargo, el fallo del Shichibukai si que me trajo sorpresa. Declaró que no había un ganador en el combate y cuando pensé que tal vez los juegos finalizarían sin un ganador, lo dijo. El vencedor era el equipo dos; el equipo de Uker.

—Eso es!! Enhorabuena, amigo! —dije mirando hacia el cocinero. Una sonrisa enorme abarcaba toda mi cara —. Al final, te llevaste la victoria —apreté el puño en un gesto de fuerza —. ¿Cómo que concederá deseos? ¿Acaso vive dentro una lámpara? No pensaba que los Djinn fuesen reales.

Mi atención ya estaba lejos de la arena. Comenzaron las despedidas a mí alrededor. Yo empecé a seguir a mi capitán que nos daba la orden de retirarnos.

—Hasta otra, Hanu Majaras. Ha sido un placer conocerlos —el alcohol me hacía osado, tela vez impertinente. Giré la atención hacia mis compañeros—. Oigan, ¿ creen que ese par haya dejado de retocar en el suelo ya?

Hablé de espaldas a la zona de los juegos. No había nada interesante para mí allí. Lo único que me interesaba era que uno de nosotros se había alzado con la victoria y eso era más que suficiente. Aunque significase que yo había perdido mi apuesta con ellos. Metí la mano en mi bolsillo. Tomé tres mil berries y los dividí en tres montones iguales. Saldaría mis deudas en cuanto abandonaremos las gradas. Un bolsillo en paz es una conciencia tranquila. Ya solo estaría en deuda en lo que a poder se refiere.



Antología
Emme's Codes

El destello del amanecer combatiendo contra las sombrías garras del águila Gigante era probablemente algo que a Maki le sorprendió tanto que le emociono, veneno y furia en sus venas. Era todo lo que quería. Y todo lo que deseaba en este momento. Con el alcohol en la sangre, gobernarse a si misma era algo casi imposible… sus manos se apretaron sobre la barandilla, sus ojos se volvieron agudos ante cualquier destello, ante cualquier ataque de las garras imbuidas de quien sabe que técnica. Tenia que asaltarlo con esas preguntas… como… cuando… quien le podría enseñar. Si es necesario iría al fin del mundo con tal de proteger a los suyos. Y a los que pronto se les unieran. Por qué no podrían ir solas. Necesitaban más. Mucho más.

Escuchaba los nombres de los combatientes aclamados por todos los espectadores, ¿Memorizarlos? No podría, no tenía esa costumbre. Pero le parecía divertido como esos tontos que se creían protectores de la paz, de la vida y todo lo bueno se comportaban como verdaderos enfermos. Una sonrisa se dibujo en su rostro, una que parecía… claro. Aprobaba todo eso, después de todo era un caos y demonios ella amaba el caos como nadie más. ¿Ella apoyaría a uno u otro bando?... claro que apoyaría una y mil veces al pirata. Le habían conocido hace tiempo y era un hombre con integridad, un pirata, aunque afiliado a otros. Uno que consideraban parte de su grupo. Entonces Maki comenzó a unir una idea con otra y otra hasta que finalmente surgió… una que quizás… comentaría con sus Nakamas. Una idea. Interesante. 

Maki cuando recibió el abrazo de Hyak…. Ella negó con la cabeza no deseaba más paseos, se sentía algo indispuesta en sus decisiones, o como comúnmente se dice. Ebria. —Creo que permaneceré aquí… disfrutando de lo que queda del combate. Vayan… hey… si naranjita… que les acompañe ella claro.— Sugirió un poco agotada de pasear y de exponer su cabeza a burlas y cagaderos de aves mal portadas. —Esta bien… vamos… pero te advierto que estoy… espera… Cherry cariño… creo que… creo que mejor me quedare aquí… tengo que recuperar una… la cinta de Mai… mi hermana. Demonios… creo que nunca les he hablado de ella.— Dijo apartándose un poco de ellas. Desde lejos lo vio moverse, el resplandor de sus lentes choco con su temple.

Bebió una vez más… el viento frio, el aire adelgazado, el sol golpeándole el cuerpo, esto era agradable, cerro los ojos mirando al cielo. Esto… esto era bueno. Entonces lo vio… o lo sintió, escucho casi su cinta dentelleando al viento. Lo vio, claramente lo vio, como se abría paso entre la gente común, la gente emplumada y la gente que no importaba, pero ella… se volvió, se apoyó de espaldas al cruento e intenso combate… su sonrisa y sus ojos se clavaron en el chocolate de su pecho. En este momento solo deseaba verlo. Cada paso de aquel gigante parecía venir hacia ella. Maki sintió un cosquilleo extraño recorrerle la nuca. No sabía si quería golpearlo, desafiarlo, bailar con él en mitad de aquella arena o descubrir cuánto tardaría en conseguir que aquel condenado gigante terminara de rodillas. Probablemente las cuatro cosas. Lo sabía. No tenían que decírselo, conocía a los hombres y los deseaba, sabia como se comportaban y ciertamente amaba esa sensación. Rayos que sí. Esas miradas, esas sensaciones. Sabia y había sentido todo eso desde el primer momento.

Primero algo contrariado o torpe… el hablo y ella por encima de el —Hey… … … un cosa?...— Bebió de la cerveza. El miro la arena y ella miro su rostro y su piel oscura y curtida por el sol y adornada por una corona dorada. Bajo su visa mientras el miraba la arena… su pecho, su abdomen, sus enormes brazos. Sus piernas… fantaseo de muchas formas en ese segundo y una de ellas era peleando contra y con él. La violencia era parte de ella… pero también. Se vio danzando, bailando luchando en medio de una tormentosa canción. —Verme… claro, quizás algo más tranquilo, ¿Por qué no? después de todo casi no puedo escuchar mis propios pensamientos con estos simios alabando como si fuera la final de la Champions… claro… claro que quisiera divertirme un rato cariño, solo… — Ella se acercó a él… y aunque era enorme, se sintió con la suficiente fuerza para dominar. Le empujo. Suavemente para hacer que cayera sentado sobre una de las bancas… —… … … si te portas como un caballero.— Su voz se aterciopelo sobre su oído derecho mientras sus manos se posaron sobre sus hombros, sobre su pecho y como un animal se apego a el para susurrarle y brindarle un dulce beso en su mejilla. Uno que se quedó ahí… se posó y floreció. Fue cuando uno de ellos, mas grande que todos apareció y comenzó a narrar lo mas obvio del mundo, denoto el interés mutuo que tenían el uno por el otro. 

Quizás romántico, quizás bélico, quizás solo… … … disfrutar la compañía de uno para con el otro. Nadie sabe. ¿Y este cabrón?, pensó había esperado una provocación, una fanfarronada o alguna estupidez propia de los hombres que se acercaban a ella. En cambio, aquel gigante había tenido la decencia de inclinar la cabeza. Eso… le gustaba. —Bien… si quieres llevarlo a aceitarlo es asunto tuyo… ve Chocoboy… después nos vemos… pero antes…— Tiro de la cinta antes que su “Hermano” Se lo llevara… la cinta se desato y esta volvió con su dueña —Las prendas de las justas cuando el campeón sale victorioso… se la queda… esta vez perdiste. Pídemela otra vez cuando te declares ganador… de un corazón… al menos.— Le insinuó mientras se guardaba la cinta. En su brasier. Volvió su vista hasta los rosados cabellos de todos y dando un pequeño salto se dirigió a alcanzar a los que había despechado hace unos instantes. ¿Aun le esperarían para ver al Gigantón?

Antes de llegar a ellos. Volteo sobre la marcha para llevarse con los ojos el ultimo rastro de chocolate del día.

Play Me!
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El grito de Zarutsuki dio fin al combate, y lo que se reflejó en las finales, un tiempo límite desde donde se controlaban los daños recibidos a los participantes, manteniendo todo deportivo, recayó en los finalistas con el mismo peso y amargura, especialmente cuando Hasegawa sentía que había encaminado el duelo hacia un punto favorable. Los vítores ante los anuncios no se hacen esperar, y de pie sobre la arena se encoge de hombros, hay algo más importante que ganar los juegos en ese momento, y es que aquel hombre perteneciente a las filas de un Shichibukai no pudo derrotarlo ni sorprendiéndolo con ese poder especial capaz de entrar en contacto con su cuerpo convertido en elemento.

Aprendió algo nuevo del mundo, un lugar tan enorme en donde hasta las mayores fantasías de lo que puede contener se pierden por su inmensidad, y su paso a las gradas va acompañado de ese orgullo personal, ignorando la victoria grupal del equipo dos. Al final, no llegó hasta allí esperando llevarse un triunfo general, sino, uno contra sí mismo, y hasta donde entiende, no fue vencido, lo que mantiene su sonrisa tranquila a la hora de llegar al mismo punto desde donde salió, el asiento junto a Kuroshiro, desde donde estaban también los demás, Omuyaga y el mismísimo Stroud Nanashi.

Cuando llega, se sienta sin más, no dramatiza el empate ni la derrota global mencionada por Zarutsuki, aunque hay algo evidente —Esto supondrá que el bueno de Sigurd vendrá por mi cabeza. Será divertido. —exhala, con la misma calma de siempre, porque no hay nada que haya influido negativamente en él —Lo bueno, es que ahora sé que hay más energías en este mundo capaces de anular la intangibilidad. —se observa la mano, aún curioso por ese extraño poder, mientras presta suma atención a los recuerdos del enfrentamiento.

No pide palabras de aliento ni se muestra afectado, de hecho crucificaría con la mirada al primero que se atreviese a mencionarle algo parecido. —Eh, estudioso. Espero que hayas memorizado buena información. —hace referencia a Kael, mientras vuelve a mirar a la arena. —A partir de aquí, y una vez abandonemos Skypiea, empieza lo bueno. —cierra los ojos con una extraña paz interior, aguardando el final de los Juegos que lo llevaron a la isla sobre el cielo en primer lugar. ¿Y a qué se refiere exactamente? A impartir justicia, por supuesto, con un combate como aquel las lecciones aprendidas sobre sus puntos débiles eran tan valiosas que no podía esperar mucho más antes de ponerse a entrenar nuevamente.

Let there be light
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La pobre e inocente tortuga, mejor conocida como Juan Sebastian, se había convertido en una peonza perfectamente equilibrada sobre su dedo índice. El grueso caparazón y las patitas regordetas, extendidas fuera de su protección, rotaban con furia, lo que le recordó fugazmente a su primer encuentro de entrenamiento y a la técnica que su compañero utilizó en aquel entonces. ¿Cómo se llamaba? ¿Kame hame? ¿Ha? No, no era eso. Para nada. ¿Cómo se le ocurrió? ¡Kame roll! ¡Ese era el nombre!

Dio unas palmadas al filo del caparazón para aumentar la velocidad de su giro. ¿Por qué nunca había hecho eso antes? ¡Era muy divertido!

—Juancho, tienes que usar esta forma más seguido. Es mucho más fácil manejarte así, cuando no pesas una tonelada. ¡Shihaha! —Dos palmadas más y la velocidad que alcanzó Juan Sebastian amenazó con arrancarlo de su mano. Estaba girando tan rápido que generaba una pequeña corriente de aire descendente—. ¿Qué dices, Juanito? No te entiendo, estás girando demasiado rápido, shihaha…

— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —

La broma a su camarada se vio interrumpida por el retumbar de la voz de Zarutsuki, el actual regente de Skypiea y anfitrión de los Juegos del Soberano, elevándose por encima de todo. Por encima del rugido de las gradas, por encima del ruido del combate, por encima de las expectativas por el final del torneo; su voz. Enji se detuvo, dejó de hacer girar a Juan y dirigió su mirada al palco donde el Ouka Shicibukai yacía apostado. ¿El tiempo se había acabado? Se miró la muñeca, donde no había ningún reloj pero le gustaba imaginar que sí lo había, y arrugó el entrecejo. Que extraño. El combate de semifinales duró más.

El discurso del… ¿mink? Sólo incrementó su confusión. ¿A qué venía tanta chapa? ¿Iba a anunciar al ganador o no? Estaba empezando a impacientarse, a repicar en el suelo con el pie.

En eso, justamente, se dictó la sentencia:

— ¡DECLARO QUE NO HAY GANADOR EN ESTE COMBATE FINAL-SON! —

—¿Eh? —Su cabeza cayó a un costado y la expresión de confusión se acentuó en su rostro, como si una interrogante se abriera entre sus ojos—. ¿Cómo que no hay ganador? ¿Y para qué carajos estaban peleando entonces?

Se agarró de la baranda y aguzó la mirada. Enfocó al mono, luego echó un vistazo a Shin, a Bartolomeow, y regresó al shichibukai. ¿Eso era todo? ¿Así se terminaba el gran evento? ¿Un empate con sabor a derrota para los dos? «Que desperdició —pensó, dejándose caer sobre la baranda. Cruzó los brazos encima de ella y apoyó la cabeza en ellos—. Mieeerda, tendría que haber ido a pelear en semis. ¿Quién me manda a ser tan bueno?». No sabía cómo hubiera podido llegar a terminar eso, como hubiera lidiado con las espadas de Rackham o el cuerpo de barro de Jin, pero estaba seguro de que, perdiendo o ganando, se sentiría más satisfecho. Mucho más satisfecho que sólo observando todo desde una grada, por mucho que en la grada hubiera cerveza y palomitas.

Bufó, chasqueó la lengua y desvió la mirada de la arena.

«Bah, dejé pasar una chance aquí. Hubiera sido divertido ocupar esa arena… ¡Y los deseos! ¡Mi revancha con este cabrón!»

Echó un vistazo a Navur, firme guardia que permanecía dándole la espalda a la grada y encarando al centro de la arena, y volvió a bufar mientras, casi en simultáneo, el soberano de Skypiea anunciaba que los ganadores del torneo eran los participantes del grupo dos. Juan creyó recordar que no había marines en ese grupo, pero su memoria decía otra cosa:

—¿El pelirrojo de la sesenta no estaba en ese grupo? —respondió.

Se irguió tras un último suspiro, enderezó y estiró la espalda, los brazos, y se desperezó. Estaba empezando a enfriarse. Y eso era irónico, pues, al mismo tiempo, sentía calor. Ese mismo calor que lo acompañaba a todos lados.

El veneno de su cartel se desmenuzó y deslizó en el aire en forma de un río serpenteante que viajó de regresó a su cuerpo. Ya no tenía sentido mantenerlo: la pelea había terminado.

—¿Quieres una cerveza, Juanchito? ¡Sale! —Levantó la mano, índice y corazón extendidos mientras miraba al muchacho de las cervezas. El pobre llevaba una bandeja llena y apenas podía hacer equilibrio entre los muchos espectadores del torneo—. ¡Eh, chico! Mandame tres cervezas más por aquí.

Levantó la chaqueta del suelo —se le había caído al detener el cántico—, y la ató a su cintura usando las mangas como si fueran los cordones de unos zapatos. Oficialmente ya no estaba completamente desnudo. De la cintura para abajo, al menos.

El chico de las cervezas llegó justo después. Enji recibió las jarras, pagó y dejó una de ellas en el suelo, al alcance de Juan Sebastian en su forma de tortuga. No estaba seguro de porqué no volvía a la normalidad, pero tampoco le molestaba. Las tortugas eran cool. La otra cerveza se la guardó a Kibai, quien primero lo había invitado. Ahora estaban a mano, aunque el gato había desaparecido.

—Salud, marineritos. —Chocó su jarra contra el caparazón de Juan, lo suficientemente suave como para que el vidrio no explotara—. A ver si encontramos a Akira y Masami antes de salir de aquí. Afuera será un desastre si nos perdemos… ¿Ah? ¿Queda algo más? —Puso los ojos en blanco cuando Zarutsuki mencionó que faltaban más invitados, pero una sonrisa apareció en sus labios poco después—. Eh, Juancho, ¿nos dejarán usar esa arena para golpearnos un rato? Tengo un par de trucos nuevos para ganarte esta vez.

Le dio dos toques con el pie al caparazón del tortugón y después se asomó sobre la baranda.

—¡Vamos, bichito de luz! Ya se terminó el espectáculo —dijo desde la distancia y con ese característico tono suyo, tan punzante y mordaz como se podía ser—. ¡Te dejaré cargar a Juan como premio de consolación!  ¡Shihahaha!

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 + 0 = 4097
Energia: 3856 + 16 = 3872
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
El sueño era cada vez más bizarro y extraño. Tan desconectado de la realidad, tan sin sentido que, lentamente, su mente empezaría a jugar con estímulos externos para darle algo más de coherencia al caos que había en su cabeza.

Y mientras tanto, mientras su cerebro intentaba aquella gesta hercúlea, Bai, aún con la mano sellando sus labios a fin de contener el flujo de insectos, clavó la mirada en el cielo invertido donde las colas de mono, que hasta entonces serpenteaban tranquilamente en el lodo del río, se retorcieron con una agitación repentina, como si presintieran una intrusión.

Al mismo tiempo, de entre los pliegues de la corriente almibarada donde la espuma blanca apenas era visible, comenzaron a emerger pequeñas formas irregulares que parecían estallar en suaves pops. Bai relajó la mano, apartándola de sus labios al sentir que ya nada iba a salir de ahí y, curiosa, observó lo que al principio creyó que era espuma. No obstante, y con gran rapidez, la espuma pasó a convertirse en burbujas y estas, a su vez, cobraron una extraña estructura hasta desplegar en ellas angulosas alas. Eran pájaros de papel. Decenas de ellos. Que parecían piezas, un intento de origami.

Bai frunció el ceño ante aquel evento, pero, antes de que pudiera hacer nada más, las aves iniciaron un descenso vertiginoso en espiral hacia donde ella se encontraba, planeando en un silencio absoluto que contrastaba con el murmullo del río. Y Bai, que no quería verse envuelta en aquel enjambre alado, trató de cubrirse de ellos.

Al hacerlo, colocó sus brazos por delante, observando cómo decenas de alas blancas la rozaban y, al fijarse mejor, observó cómo la blanca superficie del papel estaba saturada de una caligrafía frenética que se iluminaba en partes distintas al tiempo que las aves graznaban una especie de canción.

Mientras tanto, en el mundo exterior, mientras en las gradas cantaban, el cuerpo de Bai, acogido por Heras y Zhang, sufrió una leve convulsión. Sus párpados temblaron violentamente sobre sus ojos cerrados y su mano derecha, ajena a la realidad física de la arena, se cerró y abrió espasmódicamente en el aire, tratando de asir algo invisible con una urgencia palpable. Y todo porque dentro del delirio, del febril sueño, los dedos de Bai por fin se cerraban sobre el ala de uno de los pájaros de papel.

Bai desmontó el ave, queriendo leer lo que ahí ponía, pero todo estaba escrito en la lengua común que tan difícil se le hacía. Entonces, el cielo-río latió sobre ella, creando una onda sobre la superficie del dorado licor. Bai vio cómo se formaban ondas concéntricas perfectas sobre su cabeza, expandiéndose con golpes rítmicos y pesados, como si un gigante estuviera tocando un tambor invisible en la orilla de ese cielo líquido.

Tan distraída estaba que, de su mano, el pájaro se volvió a recrear.

Hubo varios golpes más un destello dorado. Y, al fijarse mejor, al unísono con el latido, las colas de mono en el lodo del río se agitaron en pánico, dispersándose en todas direcciones con movimientos espasmódicos y frenéticos, idénticos a los de un banco de peces asustados por un depredador, provocando que, en su desesperada huida, azotaran la superficie del licor.

Ploc, ploc, ploc.

El chapoteo celestial había creado una diminuta cortina de chispitinas —gotas livianas y doradas que caían hacia abajo. Bai cerró los ojos, sintiendo cómo el licor ardiente y dulce impactaba contra su rostro, su mano alzada y disolvía instantáneamente el pájaro de papel que sostenía, cuyas letras extrañas se derramaron como lágrimas negras sobre su piel antes de desaparecer.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
El cántico en la garganta de Kibai murió al mismo tiempo que sus dos brazos se soltaban de sus compañeros marines cuando el Emperador Zarutsuki arrancó con su discurso. Curioso por los motivos que podían haber llevado al organizador de aquellos Juegos a detener lo que en teoría debía de constituír el espectáculo principal de todo aquel evento, el mink volvió a su sitio en la grada más cercana a la arena, chasqueando los dedos para hacer que las avispas que había creado, que ya se contaban sobre el centenar, descendiesen de su posición para alojarse bajo su abrigo, que volvió a colocar sobre sus hombros en un solo movimiento fluido. El Electro se le fue disipando del pelaje, con las últimas chispas azules disolviéndose en el aire mientras el brillo de los ojos del mink se apagaba.

Al llegar a la grada más baja, se sorprendió al ver como el capitán Enji y el Comandante Juan Sebastián habían detenido sus cánticos (aunque el peliblanco estaba cubierto de pies a cabeza del característico olor a cerveza que comenzaba a recalentarse ya) y prestaban atención a su vez a las palabras del Emperador.

Con el ceño fruncido, Kibai escuchó las palabras del Sichibukai. Al parecer, fuese cual fuese la capacidad que tenía aquel mono de percibir las intenciones o el espíritu de los competidores, había visto algo que no le había gustado nada de nada, al punto que, a todos los efectos, había descalificado a ambos oponentes por no haber sido dignos de la magnitud del combate en el que habían sido elegidos para participar.

— Kenbunshoku Haki? Que demonios es... — pensó el mink antes de abrir los ojos de pronto. Recordó todas las veces en el que el capitán Seijuru había adivinado que era él quien tocaba a la puerta del camarote, y mucho más recientemente, como aquella víbora de Wasow había adivinado que la División 60 estaba al acecho en la cueva que el desertor había usado para que su organización robase las flores venenosas que crecían en la isla. Ahora aquello parecía tener más sentido. Fuese lo que fuese ese Kenbunshoku Haki, parecía ser algo no exclusivo del cielo, pero sin duda era algo que merecía la pena estudiar más a fondo en algún momento...

— Y por tanto, cómo ambos equipos se llevan 0 puntos debido a este empate, el equipo ganador de esta edición de los juegos es, con 230 puntos…  ¡EL EQUIPO NÚMERO DOS!

El anuncio fue seguido de un clamor brutal por parte de todas las gradas, con todos los seres alando estallando en gritos y vítores ante el anuncio del final de los Juegos. Echando una rápida cuenta de los integrantes del grupo dos, el mink cayó de repente en el hecho de que el Contramaestre Bertram estaba entre ellos. El capitán Enji debía haber llegado a la misma conclusión, pues preguntó en alto si Bertram estaba en el grupo dos.

— Así es! El contramestre está en el equipo ganador! Eh, Bertram!! — exclamó el mink oteando a su alrededor buscando las trenzas pelirrojas con las que MM había equipado al marine. — Vamos, seguro que tienes que bajar a por una medalla o algo!!

Sin embargo, Kibai calló de nuevo al escuchar las últimas palabras del Emperador. Alguien capaz de cambiar el destino de otra persona? Acaso aquello era posible? Con las manos agarrotadas sobre la barandilla, el mink apenas fue consciente de que el capitán le ofrecía otra jarra de cerveza, que cogió y usó para brindar casi por acto reflejo.

— Cambiar el destino? Interesante cuestión... — sus pensamientos volaron hacia varias de las personas que se encontraban en aquella arena. Merlot, Eros y Kiyoshi, Bai y la humink mono... Su destino, como piratas, era sin duda acabar muertos o capturados en un futuro más o menos tardío. Sería posible que aquellos invitados les pudiesen reconducir por el camino correcto de la vida y evitar que un futuro tuvies que lamentar su muerte, o aún peor, tener que derramar su sangre él mismo en cumplimiento de su deber?

— Si la invitación está abierta, capitán, cuente conmigo. — dijo dando un segundo trago a la cerveza al oír como el marine sugería emplear la arena para un sparring extra tras los juegos. — Salí de la arena demasiado pronto, y confieso que tengo ganas de volver a pisarla...


La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3496 + 0 = 3496
Energia: 2900 + 120 = 3020
Espiritu: 970 + 0 = 970
Dharma había estado quieto por largos minutos. Escuchó las palabras de Ubbe tras regresar de su combate; no tenía nada malo que decirle, pero tampoco se le ocurría nada más. Los días en el mar y mas preciso, en solitario le había acostumbrado a ser de pocas palabras, tampoco es que tuviera mal genio, pero simplememente era la falta de confianza, era la parte mas obvia, aunque realmente esto casi siempre había sido así. Al menos hasta que tuviera un rato de poder conocer a los demas y bajar un poco la guardia, la confianza tenia que aumentar y ser muy certera, respecto a que aquellos seres con los que entablara algún tipo de conversación, la misma no iba a ser tan fluida de buenas a primeras.

El tiempo transcurría y la siguiente batalla había sucedido. Tuvo oportunidad de observar varias frutas haciendo demostración de sus habilidades; ese tipo de datos eran interesantes, pero la batalla en sí fue algo insípida. Por lo tanto, no había prestado la atención debida, más que para algunos momentos oportunos. Como en muchos deportes, no todo el tiempo sucede lo importante; Dharma tenía mejores cosas que hacer dentro de su cabeza. Por otra parte, el que estaba con todos los ánimos era su nuevo conocido Sigurd, si bien parecía un tipo demasiado excéntrico, pero de una manera que no le incomodaba en absoluto, tenía mucha vitalidad y poder en sus acciones, parecía alguien totalmente libre y confiado. Muy parecido a Dharma, pero en diferente versión de carácter. Al igual que lo era el otro Buccaneer.| No era una pelea a muerte... no era una pelea real... | Decía el pelinegro respondiendo a las palabras del colosal rubio, con un tono de voz tranquilo como siempre.

Mientras sus orbes esmeralda se hacían mostrar lentamente, tras su larga meditación, el espadachín había estado sentado ahí en las gradas sin moverse para nada, una concentración digna de un buen monje. Algunas cosas no salen de uno, las mejores son las que más tardan en irse y también las peores. Pero al menos esa pelea parecía haber llegado a su fin y con ello el teatro que había montado el susodicho emperador. | Hmm... mientras sea el salir de este lugar tan aburrido y simplón... la gente ignora todo lo que sucede en el mundo real... eso no es libertad... es solo inocencia combinada con estupidez. | Respondía ante las últimas palabras de Sigurd e iniciando un tipo de platica consigo mismo, reafirmando su inconformidad de estar en un evento tan trivial, quizá acompañado de la sensación de no haber logrado nada importante. Aceptando su invitación, por decirlo de alguna forma. Además de que realmente estaba harto de tener que viajar de incógnito o merodeando algún navío.

Todo porque desconocía cómo moverse en el mar; la ineptitud no era algo que tolerara fácil el oriundo de Wano, pero había aprendido a aceptar sus limitaciones, pues todos tienen un rol en este mundo que pueden desarrollar. Quizá algún día su destino sea dirigido exclusivamente por él mismo. A unos cuantos metros de distancia estaba el tranquilo por ahora y calmado espadachín; su presencia, aun así, era de alguien con cierta oscuridad y pocos ánimos de ser importunado. Se mantenía detrás de la colosal figura del que portaba una ostentosa hacha que parecía portar con mucho orgullo. Dharma no sentía ese apego por sus armas, pero entendía la importancia de ellas. Quizá algún día podría tener alguna que tuviese un nombre o el brindárselo. Pero por ahora sus espadas eran simplemente eso. Armas que, en su simplicidad, habían proveído de la muerte a decenas y cientos de seres a costa de los designios del otrora sirviente de la sabiduría, el enigmático y serio espadachín.

Ahora, buscando una nueva manera de seguir la aventura, era interesante; era de cierta forma lo más interesante que pudo haber encontrado aquí: dos hijos de la raza más extraña y conocida por su gran fortaleza, que ese par dignificaba sin duda alguna. Con los cuales no se había llevado mal, a decir verdad. Cada uno con sus formas de ser, incluido el pelinegro, esperando de cierta forma a que resolviera sus ultimas cosas que hacer el par antes de salir de ese lugar. Pues también estaba la incertidumbre de alguna forma, de que aquella paz organizada por el soberano de los cielos pudiera escapar.




OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Atributos Personaje



El mundo se había convertido en un escenario de telón oscuro y opaco. A un lado del tablado, un halcón con cabeza humana dentro de una jaula, que comía deliciosas pipas procedentes de una mano humeante, se enfrentaba a una bombilla reluciente que, sin embargo, emitía su luz a frecuencias irregulares, produciendo oscilaciones en su iluminación. En el lado opuesto, en cambio, la Justicia, encarnada en una gran estatua de piedra, y rodeada de Marines danzantes y de rostro indeterminado. En el centro de todo se encontraba El Dirigente, conduciendo con mano experta la representación. En la jaula, el halcón de cabeza humana empezó a quedarse dormido, al tiempo que la bombilla empezaba a apagarse entre pequeños y decrecientes destellos. Los Marines alrededor de la Justicia empezaron a danzar, al mismo tiempo que tiraban de las cuerdas que los unían a la gran estatua, y esta comenzó a llorar, empapando de lágrimas las vendas que cubrían sus ojos. Sobre una esquina del escenario, discretamente y sin que el público prestase atención, una vistosa polilla se aproximaba peligrosamente a una pequeña tela de araña. La araña permanecía en algún lugar de la oscuridad, invisible a la vista, y sin hacer ningún ruido ni cometer ningún error que pudiese delatar su presencia ante su próxima merienda.

El joven Marine, que se había quedado sopa en la misma postura que había mantenido minutos atrás, aún sujetando la botella de agua en una mano y la pipa Saltfin —aún ligeramente humeante— entre los dientes, despertó de golpe ante el súbito anuncio de Zarutsuki, que declaraba que el combate había concluido. "La Justicia que me parió," farfulló instintivamente Stroud por algún motivo, recobrando la compostura y corrigiendo la posición de su cuello, que iba camino de una espectacular contractura, mientras tomaba su pipa y daba una calada pausada que volvió a reavivarla, "tendremos que retomar nuestra charla después, soldado Omuyaga. Soldado Kuroshiro, siéntase libre de unirse a nuestra tertulia." Miró a sus lados, cerciorándose de quiénes se encontraban junto a él aún en las gradas, y luego volvió a dirigir su vista hacia el célebre Emperador, frotándose la nuca mientras se despejaba la mente de su repentina siesta. El regente de Skypiea habló sobre lo que parecía haberse convertido en insatisfacción con el actual combate y de una ambición oscura y corrosiva. Stroud se ajustó la visera de la gorra, llevando su vista a la arena bajo las gradas y entornando los ojos, buscando distinguir a los combatientes: Shin y... ¿ese era el Bartolomeow de los wanted? Comenzó a figurarse qué había ocurrido, y se volvió evidente que Jin no había logrado llegar a la final. Se había pasado un buen rato traspuesto.

Sin embargo, se encontraba mucho mejor que antes. Aquel extraño malestar que había invadido su cuerpo se había desvanecido, y, con salvedad del sopor repentino, se encontraba nuevecito. Supuso que su cuerpo había tenido suficiente con aquel calor y con lo que aquella sensación hubiese sido, y una pequeña siesta había sido su manera de devolver todo a la normalidad. Hubiese sido lo que hubiese sido, había funcionado. Volvió a mirar hacia las gradas, buscando los uniformes blancos de los demás Marines, negando con la cabeza con desaprobación comprobando la visible indisciplina de la que parecían estar haciendo gala. La soldado Kuroshiro parecía habérseles unido a él y a Kael para contemplar el espectáculo. "Perdonad, creo que me he quedado traspuesto," dijo, dirigiéndose a ambos y haciendo un ademán con su pipa, "debe de haber sido el calor. Espero que os hayáis portado mejor que lo que estoy viendo por allí, soldados," bromeó de forma poco evidente —por lo perpetuamente inmutable de su tono, pero también por lo impertérrito de su expresión—, dirigiendo un gesto de su cabeza al lado opuesto de las gradas. Como de forma instintiva, su mirada miró hacia un punto determinado, en que se distinguía una silueta rubia y de gran tamaño que parecía haberse puesto en movimiento, muy probablemente indignado ante el resultado de la contienda. En lo que debía de haber sido una auténtica pirueta del destino, sus miradas se cruzaron, desde la lejanía, por un instante, aunque él no fue consciente, incapaz de distinguir la dirección de su mirada desde allí. Los ojos del Marine observaron con frialdad al del enorme Buccaneer, que seguramente pensaba que acechaba desde la distancia. No dijo nada, claro, pero ni siquiera pensó nada. La polilla persistía en su aleteo.

El equipo dos fue entonces declarado como ganador de los juegos. Stroud arqueó las cejas, buscando a Bertram con la mirada. Se preguntó qué pediría como deseo el enigmático cazador, que parecía encontrarse en proceso de confraternización con la tal Maria Merlot. Suspiró, disponiéndose a levantarse, mas El Dirigente rogó algo más de paciencia al público. ¿Invitados especiales? Volvió a acomodarse en su asiento, cruzando una de sus piernas sobre la otra, y dio otro trago de su botella de agua, terminando de vaciarla. Se secó el agua del mentón con el dorso de la mano, antes de volver a dirigirse a Kael y Nyra. "No ha salido del todo mal, pese a todo. Buen trabajo, soldados," dijo, sin preocuparse, o sin siquiera acordarse, del paradero de Jin. "¿Alguna apuesta de quiénes serán esos invitados?"



Off

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 4009 + 46 = 4055
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
El joven arquero de la marina había dicho todo lo que quería decir a la joven que logró llenar su cabeza de dudas, un conflicto interno entre su deber, su rencor hacia los piratas y lo que percibía de ella, era como si hubiera aparecido para hacerle dudar de todo lo que creía hasta el momento, pero hay algo de lo que nunca iba a dudar y que nunca iba a traicionar, y eso era sus ideales y su ser, por mucho que sea un marine y tenga que acatar órdenes no será él quien de la orden de que cometan atrocidades como exterminar un pueblo de inocentes sin motivo real para ello. Tras haberse quedado solo al separarse de Maria el joven observaba el combate, al mismo tiempo que con sus ojos buscaba a los demás marines para reunirse con ellos, siendo claros los que más destacan y quienes buscaría, el leopardo de su división y el cangrejo tortuga, sin olvidar al peliblanco exhibicionista que siempre va junto al cangrejo. Sus ojos localizan justamente a esos tres no muy lejos de su posición, por lo que Bertram se levanta, se ajusta el arco y camina con calma hacia ellos en el momento en el que el emperador aparece para dar por finalizado el combate de la final, el combate que en teoría define quien es el equipo ganador de la competición.

El joven mantiene pasos calmados y cuidados, sus manos cargadas con la comida que llevaba y la jarra de hidromiel acercándose a donde se encuentran Kibai y compañía, escuchando justo cuando está por llegar que su grupo es el ganador algo que realmente no esperaba, y menos viendo como anunciaba que no había vencedores en la batalla final. En ese punto es que escucha las reacciones de todos a lo que dice tranquilamente mientras Kibai le menciona diciendo

-Juan parece haber perdido el norte de tanto sentirse peonza sir. Pero sí, soy el único marine del equipo ganador.-



El Carcaj de información

berchanpandared



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