[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Atributos Personaje


Ryota observó cómo los Sepultura se despidieron entre promesas de reencuentro y felicitaciones por alcanzar la victoria. En medio de ello, sus manos apretaron los berrys que había ofrecido al mink, pues este decidido ignorarlos debido a una rápida despedida marcada por su líder. ¿Qué hacer o decir a quien no acepta el dinero de una apuesta bien ganada?



“Gracias, Varo Ganchin…”

Pensó, observando a los cuatro marcar el paso mientras se alejaban. Podrían ser pobres, violentos, cascarrabias, borrachos, tener dificultades para retener información, pero allí iban los mejores piratas que había conocido en skypiea. “No, Varo, el placer ha sido nuestro… todo nuestro…” Guardo para sí mismo, tanto esas palabras como los diez mil berrys que no habría tenido que pagar. Porque si existía algo que para el pirata de cabellos castaños resultaba genial, eso era que no le pidieran pagar sus deudas cuando perdía.

Las voces de Tezca y Runin llegaron a sus oídos, obligándolo a guardar su billetera y volver hacia los suyos, para ver en dirección a la arena.



“Me pregunto qué chota van a reclamar si el mismo Rey mono dijo que los recibiría 
hasta dentro de unos días, Kekeke sordos.”

En medio de sus burlas a todos los que creerían estar por recibir algo, vio cómo dos nuevos individuos se ubicaron justo en la mitad del coliseo. 

Interesado por las pintorescas figuras, una lúgubre y la otra llena de estilo, Ryota se mantuvo expectante, prestando atención a sus particulares formas de hablar. “Ese me recuerda a mi abuelo, sus chistes sobre las chicas me hacían reír.” Opino respecto a Pawurs mientras regresaba el saludo como si el otro siquiera lo notara, aunque se guardaría las jocosas bromas del abuelo frente a Runin, puesto que aún disfrutaba seguir vivo.

El otro, con una personalidad más jovial, le recordaba a su tío… sin embargo, en medio de las palabras de ambos, no pudo evitar mostrarse sorprendido cuando escuchó el motivo de su aparición en el torneo.

Ost

-Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre-


La expresión de Ryota cambió en el instante en que lo escuchó, ambos hombres aseguraban ser capaces de eliminar el tormento que lo había estado persiguiendo durante tanto tiempo. “¿En serio? ¿Es eso real? ¿Se puede?” Varios fueron los pensamientos que afloraron en ese pequeño lapso de tiempo, pues una solución mágica aparecía en frente suya capaz de alejar el miedo que lo perseguía cada vez que utilizaba su poder.

Su primer reflejo fue aceptar, se imaginó corriendo hacia la arena con el dinero en mano para que, sin importar el procedimiento, pudiera por fin deshacerse de esa maldición… pero entonces… lo reconsideró.

“¿En realidad es una buena idea?”

En un principio no pudo entender el motivo de ello, ¿Por qué se hacía esa pregunta? Claro que era buena idea, pensó, por fin podría dejar de temblar cada vez que se transformaba, o querer escapar de su propio cuerpo al sentir esa monstruosa forma y aun más importante, ser capaz de sentir calma cuando luchaba… no obstante, si era tan obvia la respuesta… “Porque… porque mis piernas no se mueven…” Se preguntó al verse inmóvil en las gradas, sin tan siquiera mover un musculo para moverse.

La respuesta que se rehusaba a aceptar, por fin lo alcanzó. Decenas de recuerdos difíciles llegaron a su mente y en todos esos momentos fue esa maldita fruta lo que le permitió avanzar. Si no fuera por la fuerza, la resistencia, el veneno y tantas otras herramientas que poseía gracias a ello, quizás nunca hubiera podido llegar tan lejos en primer lugar…

“Carajo…” Apretó los puños en frustración por su propia debilidad… deseaba escapar de ese terror más que nada, pero tenía que considerar ¿a qué era a lo que más le temía?, ¿A ese monstruo que habitaba en su interior?… o ¿a arriesgarse a perder un poder, que podría ayudarlo a proteger su sueño?


La mirada de Ryota se desvió y con ello noto a Barald, Tezca, Tocho Morocho, Cardan, Toxzco y Runin.  Todos ellos a su lado… sonriendo, riendo, descansando, bromeando, viviendo.

De repente, una media sonrisa apareció en sus labios, sabia mejor que nadie que no era un buen tipo, era egoísta, desconfiado, mentiroso, perezoso y ambicioso… siempre hacia lo que quería y pocas veces se detenía a pensar en los demás cuando lo hacía… no obstante, tenia mas miedo a perderlos que a convertirse toda la vida en una criatura horripilante.



“Maldita sea… en serio merezco esa casa de oro...”

Dio un largo suspiro al final de sus palabras, dejando ir en ellas toda duda, objeción o inseguridad de su propia decisión.


Al volver a abrir sus ojos, vio cómo Tezca se acostaba sobre una de sus creaciones de arcilla dejando otra libre para cualquiera de ellos. “Con permisirijillo, nakamillas mios.” Dijo el rubio regordete dando un pequeño salto del suelo para acostarse en la misma posición en la que Tezca se encontraba.



…



“KEKEKEKEKEKEEKEKEKE”

Ryota comenzó a reír al igual que Tocho Morocho y Cardan nuevamente, cayendo los tres al suelo en medio de risas agarrándose la panza. “Kekekeke no puedo kekekeke, maldito gordo como te quiero bro kekekekeke” Continúo riendo en el suelo.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Kibai estrechó la mano de Jin, antes de rechazar educadamente el cigarro que este le ofrecía.

— Puede llamarme simplemente Kibai, así me conocen todos. Y gracias por la oferta, pero procuro tratar de no fumar, el olor me satura demasiado si estoy mucho tiempo con él debajo de la nariz. — añadió con una leve sonrisa, antes de apoyarse contra una pared cercana.

— Como representante del Banco Goldreich que es, tengo interés en contratar un préstamo con su entidad, por un importe de cuatro millones de berries. Como habrá oído en la arena, se ha promulgado una oferta para que quien lo desee prescinda de los poderes de su Fruta del Diablo. En mi caso, carezco de la liquidez apropiada ahora mismo, y por ello recurro a usted y al Banco Goldreich. Ignoro si este préstamo se puede hacer efectivo en este momento, pero si no, a buen seguro que el invitado de su Majestad el Emperador Zarutsuki estará encantado de recibir una garantía escrita de pago de la mayor organización bancaria del mundo.

Mientras Kibai hablaba, mantenía sus brazos cruzados en todo momento, con las puntas de los dedos clavándose levemente en los tonificados bíceps, mientras la cola se le agitaba levemente de lado a lado. Aquello le hacía la misma gracia que una patada en los higadillos, pero no le quedaba otra opción. El dinero que llevaba encima,a pesar de ser una cantidad bastante cuantiosa, no le alcanzaba ni por asomo para lograr pagar las tasas que le exigían aquel individuo por extraer la fruta de dentro de su cuerpo, o más bien el poder de la misma, a buen seguro, ya que la fruta en sí dudaba muchísimo que siguiese en su sistema digestivo tras tantos meses.


— Asimismo, y si es posible, me gustaría recibir algo de información en cuanto a los porcentajes de interés de este préstamo, plazos de devolución, y lo más importante, cómo y dónde puedo hacerlo. Mi habilidad como cocinero me permitirá ganar una gran cantidad de dinero en breve, así que su organización puede contar con una pronta devolución.


Ampliando un poco su sonrisa, aunque sin una pizca de malicia, Kibai ladeó un poco la cabeza, mirando a los ojos a su interlocutor.

— Incluso, si le parece bien y llegamos a un acuerdo conveniente, podría prepararles algo a usted y al joven que estaba a su lado en las gradas. Tengo unas cuantas recetas bastante apropiadas para una cena íntima, ya sea formal o informal. Le aseguro que no se arrepentirá.

Tras aquella última ocurrencia, el mink se recostó de nuevo contra la pared, a la expectativa de la respuesta de JIn. El recuerdo de lo ocurrido en Little Garden le seguía carcomiendo, pero su decisión estaba tomada y en este aspecto, su voluntad resultaba del todo inamovible. Necesitaba el dinero, e iba a conseguirlo.
La Caja de Pandora
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3496 + 0 = 3496
Energia: 3060 + 40 = 3100
Espiritu: 970 + 0 = 970
Inevitable es la risa que aflora de los labios de la fémina. ¿Qué tanto desastre causaron los Sepultura y Mahana tras probar algo del elixir añejo y frutal? La invitación de Uker se convierte en una promesa futura, a la que asiente de buena gana. ¡Vino casero y combate venidero! ¿Cómo no disfrutar de tan adictiva combinación? Los cuatro hombres buscan alejarse en una escena que pretende ser portentosa, hasta que la realidad toca a la puerta bajo la forma de evidentes cuestiones. Una carcajada emerge cuando las palabras de su capitán llegan hasta sus oídos.



—No quería ser yo quien lo dijera, cariño.


El escenario se tiñe de nuevas celebridades, quienes toman el control del momento. Sus andares, vestimentas, léxico e interacciones son tan dispares que incluso resulta divertido observarlos uno cerca del otro. ¿Qué es eso que llevan consigo? Curiosa, estira el cuello; Cardan la imita, con la curiosidad propia de los chismosos. ¡Un chamán! Suena menos poderoso que un brujo y más interesante que un hechicero, sin duda. ¿Las diferencias? Ni idea. Solo le recuerda a los libros fantásticos que alguna señora leía fuera de su casa durante los domingos de esparcimiento, allá cuando llevaba a su hermanito a explorar la isla en la que vivían.

¿Extraer las frutas del diablo? ¿En serio se están refiriendo a ello?

Por instinto, busca al castaño que se encuentra cercano a ella; lo mira de soslayo, hacia arriba, tratando de no ser muy evidente. ¿Se plantea deshacerse de la maldición que tanto lo atormenta? Una expresión sobrecogida inunda las facciones de su capitán. Algo se remueve en alguna parte de la amazona, quien cierra los ojos por un momento mientras escucha, de fondo, a Urususu. ¿Debería decirle algo? Sin darse cuenta, sus manos se han deslizado sobre sus propias piernas; se abren y cierran por inercia, se convierten en puños antes de relajarse nuevamente y estirar los dedos. Cardan incluso baja para mirar a ambos. Los conoce a la perfección.

La fémina opta por volver a abrir los ojos, sabiendo que la decisión está en manos de Ryota. ¿Se levantará de su asiento o permanecerá sentado? Ella, por su parte, mantiene la calma. Algunas personas se levantan, conversan entre ellas y parecen sopesar sus opciones; incluso algún marine se aproxima de la nada. ¿La señorita de la mermelada y el espectáculo ha decidido arriesgarse a sufrir una herida en el abdomen a cambio de recuperar la capacidad de nadar? Uker la acompaña.

Tezca no parece interesado en el tema; Yuuki sigue sin dar señales de vida; duda que Barald albergue alguna fruta del diablo en su interior, Ryota permanece meditabundo. ¿Runin? Ella no tiene demasiado en qué pensar. Siempre se ha considerado alguien agresiva.

Aún en medio de la coquetería, el narcisismo, la confianza, las burlas, las risas y el carisma que tanto la caracteriza, nunca ha tenido vergüenza en reconocer que su lado más llamativo y poco ortodoxo nace del ímpetu con que resuelve las cosas: con esa fiereza que roba expresiones de asombro y cuidado; esa violencia que le permite salir adelante; ese carácter colérico que se rehúsa a permitir que la pisoteen, y de la beligerancia propia de quien protegen aquello que le importa, así deba hacerlo con uñas, dientes y piedras.

¿No ha sido su fruta aquella que la ha catapultado una y otra vez a defender a los suyos? ¿La que le permite desahogar hasta el último gramo de estrés acumulado en su cuerpo? ¿La que tanto le ha ayudado a incrementar su fuerza día tras día? El recuerdo de su arco y flechas, guardados con recelo y con el cariño cargado de su juventud se diluye ante sus pensamientos. ¿Valdría la pena desprenderse de esa fuerza a la que tanto se encuentra acostumbrada para volver a sus más remotos inicios? Niega para sí, en medio de una sonrisa.

”Imposible.”

Las personas no dejan de aproximarse hacia el par de extravagantes personajes, dispuestas a liberarse de la maldición que la vida les ha impuesto. Si algún día Runin Kitay muere en manos del mar, no podría culpar a sus decisiones ni a su fruta del diablo. Simplemente habrá llegado el momento en que las olas decidan reclamarla como suya, marcando el final del camino que ella misma eligió recorrer.

Todo aquel que se atreve a adentrarse en mar abierto debe entender que, con o sin fruta del diablo, basta un instante, una fracción de segundo, un efímero descuido, para que el océano los arrulle entre sus mareas hasta arrancarles el último aliento. Hasta que ese día llegue, Runin continuará navegando, ignorando el irrelevante detalle de no poder nadar.

Las voces de sus compañeros se entremezclan hasta convertirse en una maraña de extraña felicidad capaz de eliminar hasta el pensamiento más lóbrego. Ryota sonríe y ella lo hace con él, aliviada al notar lo valiente que el castaño es al pensar en vivir con ese terror azotando hasta el último de sus días. Las razones tras ello son intrascendentes, sus acciones siempre han hablado más fuerte.


—¿Hmm? Ya sabemos quién no se quitaría su fruta del diablo ni porque le pagasen, fufufu. —Bromea al presenciar las creaciones de Tezca. Se sienta sobre una de ellas, con la pose propia de un rey altivo y acomodado que observa por debajo a sus lacayos. ¿No le queda demasiado bien? ¡Ah! Pero no es el único al que eso le sienta de maravilla, claro que no. —Fu…

“Con permisirijillo, nakamillas mios.”



—FUFUFUFFUFUFUFFUF

No puede evitar doblegarse de la risa, incluso el estómago empieza a doler con ahínco, le falta el aire, el pecho se queda sin oxígeno pero ella no deja de reír.



—FU… Fu… FUFUFUFU SON IGUALITOS, CARIÑO.

Puede que después de ese día deba estar pendiente si sus productos de belleza no tienen veneno dentro pero ¿Cómo evitar caer ante la tentación de burlarse de Tezca? Simplemente no se puede. —Fu… Fufu, debes unirte a nosotros, en serio, cariño. —Gracias por tanto Toxzco, perdón por tan poco.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1742 + 0 = 1742
Energia: 2359 + 40 = 2399
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
Mis pasos se sentían cada vez más pesados a cada escalón. El día había sido largo, demasiadas emociones. El alcohol comenzaba a abandonar mi cuerpo y con él lo hacían ese empuje de energías extra que te hace sentir. Di un bostezo, estiré mis brazos. Quería llegar al barco cuanto antes y descansar. Sin embargo, el espectáculo parecía no haber acabado. Ruido y voces tras nosotros. Giré la cabeza para ver de que se trataba. En el estadio habían aparecido dos hombres, bastante peculiares a decir verdad. Su lenguaje era de lo más singular. Al menos el de uno de ellos, que parecía tener un acento extraño que no había oído antes. Miré la reacción de los que allí estaban. Mis compañeros no se veían alarmados. Lejos de aquello, parecían reconocer a aquel par.de hombres tan llamativos.

—¿También conocéis a ese par tan extraño? Parece que conocierais a todo el mundo —mi mano moviéndose como si tratase de espantar una mosca.

Una vez más, mis compañeros conocían a gente y yo no. Un halo de tristeza se apoderó de mi. ¿Cuantas eran las cosas que había dejado pasar? A mí alrededor habían estado sucediendo eventos, alianzas, rivalidades, y yo no era consciente de nada. Tal vez debería abrir mi mundo más allá de mis compañeros. Ellos parecían conocer siempre a la gente con la que nos cruzábamos. Yo, sin embargo, me había limitado a permanecer escondido, apartado del mundo, como si pensase que desde nuestro barco alcanzaría la gloria, que lograría todo lo que deseaba. Quizá debería remediar eso. Pensé en volverme algo más social. Una cosa más para la lista de tareas pendientes. Hasta el momento: encontrar a mis padres, descubrir acerca del Haki, volverme más fuerte, ayudar a mis compañeros en sus objetivos, convertirme en un gran explorador, encontrar una mascota, crear un sustento económico para la tripulación, ser el mejor historiador del mundo, volver a comer carne de hipopótamo y volverme más social. Era una lista demasiado larga. Por el momento, tendría que centrar mi atención en unas pocas, tal vez un par. Socializar y descubrir más sobre el Haki. Creo que con eso ya tendría más que suficiente.

Escuché las pesquisas de Kiyoshi, sin saber cuánto tendrían de ciertas. A decir verdad, Kiyoshi siempre mame había parecido inteligente, rápido de mente. Si el había atado esos cabos es que no iría desencaminado. Pero había algo que me irritaba en todo aquello. Algo que no debía dejar pasar por alto. Una cosa que podría acabar con todo. Ya había leído mucho sobre ello y siempre acababa mal. La peor forma geométrica.

—Ah no, eso sí que no. Nada de triángulos amorosos. Eso siempre acaba en catástrofe.

Lancé uno de mis brazos sobre los hombros de Eros. El otro se dirigía a hacer lo mismo sobre Kiyoshi, pero al ver el destino de su viaje, paró en seco. Retiré con cuidado mi mano y la sacudí contra mi cadera. Sonreí hacia el médico con una sonrisa cargada de culpa. Rasqué mi nuca y continué.

—Pues ya que lo dices... No sé si será la chica ideal para él, pero sí que me parece muy distinta a la otra que buscamos —recordé mi experiencia junto a Kiyoshi en busca de una pareja para el cocinero. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me abracé yo mismo con ambos brazos y sacudí mi cabeza—. Definitivamente, preferiría que fuese alguien así, no como aquella otra mujer que conocimos.

Eros continuó y sus palabras me agitaron. ¿Cómo que Kiyoshi iba a ser un novelista? Es no podía ser.

—Ah eso sí que no. No no y no —agité mi mano al aire, un solo dedo levantado—. Los libros son solo míos. Todos ellos. Si alguien escribe un libro, seré yo.

Algo dentro de mi se prendió. No entendía mi reacción, pues nunca me había planteado escribir un libro. Tal vez, ni siquiera tuviese la intención de hacerlo. Tal vez solo había sido una reacción infantil de alguien que se veía superado una y otra vez. Yo era pulcro, pero Kiyoshi llevaba aquello a otro nivel. Siempre me había enorgullecido de mis modales, pero los suyos eran más refinados, salvo por aquella maldita coletilla suya. Maldito Dichoshi... También era mucho mejor tirador que yo. Me superaba en todo. No podía permitir que eso fuese así para siempre. Una cosa más a la lista, aunque fuese impulsada por el alcohol.
>
—Espero que Uker se de prisa. No tengo todo el día —dije cruzándome de brazos, mi entrecejo fruncido, mi tono de voz... Bueno, mi tono de voz igual que siempre—. Tengo mucho que investigar. Una novela no sé escribe sola.

¿Por qué seguís adelante con aquella locura? Me hubiese sido mucho más fácil hacer como siempre; esconderme y mantenerme en las sombras. Maldito vino.



Antología
Emme's Codes

Atributos Personaje


Shin Hasegawa se había aproximado hasta ellos, pero la atención estaba enfocada en otro lugar. En mitad de la arena del gran estadio sobre las nubes habían aparecido de improviso un par de figuras. A Stroud apenas le llevó un breve instante caer en la cuenta de quiénes eran, entornando los ojos para verlos mejor bajo aquel sol radiante e inclinándose ligeramente hacia delante. Los famosos invitados de los que había hablado Zarutsuki eran... aquellos dos extrañísimos tipejos que habían aparecido durante su cruce por los Cabos Gemelos, con el que parecía haber sido el mismo y peculiar sonido, similar al estallido de una pompa, apenas audible y sepultado bajo el incesante bullicio del graderío. "Ah, esos son...," musitó Stroud, entornando los ojos un poco más y fijándose bien en las extrañas facciones de cada uno de ellos. No fue capaz de recordar sus nombres antes de que ellos mismos los anunciasen. "Aparecieron cuando mi división y yo estábamos a punto de terminar de cruzar hacia el Grand Line," indicó, haciendo un ademán hacia Nyra, Kael y Shin, alzando una ceja. ¿Qué hacían allí? ¿Eran ellos realmente los invitados?

Sin embargo, el discurso de Pawurs y su recibimiento no tardaron en despejar cualquier índole de duda sobre lo adecuado de su presencia allí, frente al mismísimo Emperador. Lo mismo hizo el propio Urususu, que anunciaba la posibilidad de comprar las frutas que allí se fuesen a extraer. La presencia de aquellos dos lo ponía ligeramente nervioso; la última vez, no solo habían ofrecido sus servicios, sino que los habían transportado de un lado a otro antes de que aquella misteriosa estructura sobre la Red Line colapsase. De alguna forma, Pawurs parecía capaz de mandar prácticamente cualquier cosa de un lado a otro en cuestión de un instante. Stroud no prestó excesiva atención a la turra de ninguno de ellos, y, en el momento en que Nyra se despidió, se limitó a despedirse con un protocolario saludo, asintiendo brevemente con la cabeza y colocando la palma de su mano junto extendida junto a su sien. Comenzó a reflexionar sobre el deseo que ofrecía el Emperador a los victoriosos en aquellos juegos, al peligro que suponía que los vencedores tuvieran acceso a algo así. ¿Qué podrían pedir? ¿Qué pediría, de hecho, Bertram? Stroud alzó una ceja para sí, imaginándose qué podría salir de la cabeza de aquel intrigante cazador. ¿Qué hubiera pedido él mismo? En cierto modo, le aliviaba no verse en aquella tesitura; ¿qué hubiera podido pedir del Emperador alguien como él, en una encrucijada como aquella? ¿Que se apartase para no taparle el sol, tal vez? Para ser del todo realistas, no, en absoluto. "El desafío de toda una vida," pensó. Eso le hubiera pedido. Aunque no sabía hasta qué punto Zarutsuki era el genio de la lámpara; no tenía ni idea de qué ofrecería siquiera a sus invitados. Dirigió instintivamente una mirada al balcón donde reposaba el enorme trono del Lunarian, clavando sus ojos grises sobre el mismo. ¿Qué le hubiera dicho el Emperador si le hubiese pedido entregar su trono al Gobierno Mundial?

A medida que los interesados comenzaban a aglomerarse frente a Pawurs, volvió a acomodarse en el asiento, situando su talón derecho sobre su rodilla izquierda y dando una calada a su pipa, mientras volvía sobre las palabras que había pronunciado Kael anteriormente. "Os estoy viendo más a vosotros que a mi división, soldados de la 75. Una mujer interesante, la soldado Kuroshiro. Me da la impresión de que tiene sus secretos, es algo que respeto," declaró, haciendo un ademán hacia la humink, que se alejaba ya del grupo. "Ha sido una buena actuación, comandante Hasegawa," concedió, asintiendo en dirección al albino, "creo. Estoy seguro de que la Marina tomará nota de su trabajo." Lo cierto era que apenas se había enterado de nada entre una cabezada y otra, pero intuía que, para haber llegado a la final en una competición como aquella, el joven había tenido que sobresalir de manera excepcional, por mucho que Zarutsuki hubiese llamado al fin de la pugna antes de que concluyese de manera natural. Intentó dar un trago de su botellín de agua, solo para darse cuenta de que ya estaba completamente vacío. Apenas unas gotas cayeron de la botella. La volvió a cerrar y la dejó a su lado con muda frustración. "A todo esto, soldado Omuyaga, y hablando de tomar nota," dijo, dando otra calada de Saltfin y dirigiéndose, entonces, a Kael, "¿a qué se refería con justificar papeleo y los demás Marines?," inquirió con curiosidad, apoyando su codo desenfadadamente sobre el respaldo de su asiento y clavando su vista en su interlocutor, exhalando dos volutas de humo a través de los agujeros de su nariz.



Off

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 4055 + 46 = 4101
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
—Kibai... — repitió para sí mismo, con aire pensativo, elevando su zurda hasta debajo del mentón. El nombre también le resultaba familiar. Apartó el cigarrillo de entre sus labios, dejándolo reposar en sus dedos índice y corazón derechos, guardando la caja de metal al rechazo de su cigarrillo. Cuatro millones... Comenzó a hacer los cálculos mentalmente de lo que conocía, pese a no dejar de observar al contrario fijamente. No era una cantidad pequeña. Pese a su trato, apreciaba irregularidades en su aura con el Kenbunshoku. Se cruzó de brazos, con un vago recuerdo aflorando. El mar, Little Garden... Y la inesperada invasión. No los había logrado ver a todos, ¿sería por eso que Stroud y él le resultaban familiares? Qué sorpresa la forma en la que la vida daba un cambio a las tornas.

—Verá, Señor Kibai. Podría brindarle esa misma cantidad aquí y ahora mismo, pero necesito una garantía.

Sacudió el cigarrillo, dejando caer el exceso de ceniza, y volvió a acomodar el cigarrillo en sus labios, elevando sus manos hasta el abrigo de su traje, retirando así, del interior, un par de hojas. —Como comprenderá, existen protocolos en el Banco Goldreich, unos que debo seguir estrictamente. — Le extendió las hojas y una pluma para poder escribir. En las mismas, se veía un formulario, con la información del Goldreich y el sello del mismo. —También será necesario que, en cuanto tenga la oportunidad, consiga un den-den Mushi visual y me entregue una fotografía suya, ya sea a mí, o a cualquier sucursal que tenemos. — Claro que no existía de momento ninguno en Skypea. —No se preocupe, todo está en orden y es legal, usted podrá llevarse una copia de ese mismo formulario. En él tiene que indicar sus nombres completos, la posición en la que está, que en su caso es Marine y, asumo, que se encontrará en alguna divisón. Todos los detalles, y su firma. — Revisó el resto de copias que todavía tenía guardadas para así proseguir con la respuesta sobre la información que requería el Marine.

—Una vez firmado, usted pasará a ser un cliente del banco y a adquirir una deuda con nosotros que empezará con una cláusula de apertura del doce con cinco por ciento, con unos intereses fijos del siete por ciento, que se verán incrementados en un tres por ciento más por cada estación que pase desde la fecha de hoy... Día... — hizo una pausa, pensando unos segundos solo para confirmar la fecha en la que se encontraban en esos juegos. —Día Dos de primavera del año 18. Contando con eso y con la cifra que solicita de cuatro millones de berries, esto quiere decir que en exactamente un mes, el día dos de verano del año dieciocho, los intereses aumentarán a un total de un diez por ciento, sumando ambos, y si por ejemplo y para que lo entienda, digamos que se demora un año completo... hasta el dos de primavera del año dieciocho... entonces los intereses añadidos al siete por ciento inicial serán un total del doce por ciento, tres por ciento por estación, y son cuatro... por lo que tendrá un interés del doce por ciento mas el siete por ciento, un total del diecinueve por ciento. Pero, y debo señalar, no obstante por cada año completo de deuda se añadirán unos intereses extra del seis por ciento, lo que haría que pasásemos de ese diecinueve por ciento a un veinticinco por ciento, lo que harían unos costes de interés de un millon de berries añadidos a su préstamo inicial y a su clausula de apertura. En este caso y por el momento todo será escrito y registrado, pero será necesario una grabación lo antes posible en nuestra presencia. Puede presentarse un día a la dirección que le daré para terminar todo lo necesario. Pero, por supuesto... — Hizo una pausa, elevando la mirada hacia el Mink felino, con rostro calmado y seguro.

—Dado ese acuerdo del que me habla... Puedo reducirle los intereses un 25%. Es más que suficiente, ¿no cree?

Se permitió un momento antes de entregarle el formulario, a la espera de que asimilara así toda la información que acababa de darle. Se mantendría calmado, extendiendo el formulario y dejándole leer todo lo que necesitase. —Por favor, cuando esté listo, puede llenar el formulario. Dispondrá del dinero de forma inmediata una vez esté todo listo y rellenado. — Fue entonces que escuchó los pasos de alguien más acercarse, la joven Nyra, a quien no vio desde que se separaron en el cubículo. Cuando hacía ese tipo de trámites, una interrupción así resultaba algo incómoda, pero al menos de ese modo Kibai tendría el tiempo de sobra para rellenar lo que necesitase.

—Hola, señorita Nyra. Gracias, aunque disculpe que no hubiera logrado hacer mucho más. Habría resultado más entretenido si hubiera podido moverme. — Extendió su mano derecha, con el cigarrillo entre sus labios. —Gracias también por sus palabras. — Observó el aura de la joven gracias a su Kenbunshoku, ampliándolo un poco más en caso de que alguien más apareciera del mismo modo hasta un radio de 20m. Sus intenciones, igual que Kibai, no parecían hostiles. Por el contrario, parecía calmada y sincera.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Atributos Personaje



Valientes y no tan valientes mortales del mar del sur, buenos y malos, regulares, cabronazos, egocentristas, promiscuos e hijos de la gran puta, lo mejor de cada casa estaba en ese lugar reunidos por los juegos de Zarutsuki el emperador y un servidor, sin derramar una gota de sudor había conseguido la victoria por la gloria divina de un juicio interno en el que realmente no había hecho más que seguir la lógica aplastante y su plan inicial de mantenerse en un perfil bajo para que nadie pudiera saber todo cuanto guardaba en su materia gris que calculaba cada posibilidad y barajaba todas las opciones, así como creía el; solo los impredecibles cambiarían el rumbo de sus vidas y de su historia. Las personas fuertes de verdad, esas que con su fuerza son capaces de sobreponerse a todo siempre son amables y buenas porque esa es su naturaleza, las personas inteligentes son silenciosas porque su causa no requiere de reconocimiento, los más ricos son sencillos no son ostentosos  porque no necesitan mostrarlo ante nadie y las personas más felices son reservadas porque no les gusta compartir con todo el mundo, son selectivos y el verdadero poder de un humano cualquiera no necesita demostrarse, eso es para quien no lo tiene realmente. ¿Esperaba algo más de los juegos? o por el contrario ¿ocurrió justamente lo que había pensado desde un principio? esa información tan solo quedaría en su mente. Solo un verdadero maestro de la oportunidad y un surcador de las aguas es capaz de leer los tiempos, adelantarse a los cambios de la marea del destino y alcanzar la meta que parece inalcanzable para muchos, recuerden; cuando tus convicciones sean rotas y la verdad llegue más allá de tu propio ego encontraras la luz que tanto deseas ser, hasta que no sean capaz de verlo y sentirlo ellos mismos jamás lo lograran.

Tanto a Barald como a mi, nos  gustaban las cosas bien hechas, instruir y enseñar más que criticar y creer firmemente en aquellos que compartían un mismo destino. Miraba a su capitán que sacaba el mejor de sus repertorios para alagarlo, igual que cuando le salvó del juicio divino por lo del custodio ¿es que nadie se preguntó porque realmente ese tremendo idiota era un capitán? porque realmente, tenía las mejores cualidades para ello. Le compartió el abrazo y le paso la mano por el hombro cuando este se levantó lo miro entre risas cuando le repitió el característico ganar es ganar porque realmente, daba igual como, al final lo que importaba era el resultado y esa era la realidad. Aunque sabía perfectamente de primera gano que detrás de sus elogios constantes, le iba a pedir algo, era algo típico.

[Imagen: Chat-GPT-Image-15-ago-2026-16-55-05.jpg]
- Ahora si dices win is win no pedazo de cabrón, dale, no se que sacaré de ese deseo pero prometo no volver con las manos vacías, ese casino nos espera. -

Abrazó a Runin con su brazo izquierdo recibiéndola por su costado, ahora dedicándola el tiempo que no había hecho hasta ahora. - ¿una casa de oro cariño? mmm ... no te conformes con algo como eso, eso solo es para idiotas como Ryota o yo. Conseguiré algo mejor. - Le dio un beso en la mejilla  y le dijo algo más antes de soltarla - No esperaba menos de ti, me hiciste sentir orgulloso. Cuida de todos cuando no este, desapareceré un tiempo pronto. - Aquellas palabras solo ella podría escucharlas. Sus palabras nunca albergaban duda ¿por que pedir una casita de oro cuando puedes soñar más allá de eso? El azabache espadachín sub-capitan, teniente, y velador de los suyos tenía tan interiorizado sus ideales que no necesitaba pensarlos, su buen juicio era innato, bendecido por la suerte de aquellos que miran más allá de lo que ven con sus ojos. Más que celebrar su triunfo en los juegos de Zarutsuki gracias a la participación del resto de integrantes del equipo 2 se dedicó a observar aquello que había construido durante todo este tiempo; nunca es ni sería un santo, más que eso, siempre sería el verdugo, guiado por el dicho de que el fin justifica los medios siempre tomaría el rol para el que había venido ha este mundo porque ese era su trabajo, su decisión y aquello que se le daba mejor hasta que alguien llegara a mostrarle lo contrario.

Tocho le lamia la cabeza por detrás, Cardan empezó a restregarse sobre sus pies y Barald ahora se dirigiría a su hermano el rubio. - Creo que te mal acostumbre ... dahahahahahha por cierto, tu y yo tenemos trabajo. - ¿de que se trataría aquello? solo ellos podían saber a que se refería. Tras aquello la aparición de Uker en el lugar le hizo voltearse para mirarlo. Estrechó su mano cuando se acercó a felicitarle por haber ganado los juegos. Ese tipo era un mortal sin poderes especiales más allá de su propia fuerza humana y su manejo de las armas, Barald no respetaba a muchas personas más allá de a su tripulación, eran muy pocos sus elegidos pero ese tipo le recordaba cual era su camino, lo respetaba de igual a igual. Apretó con fuerza un par de segundos cuando estrechó su mano mientras le miraba directamente a los ojos, su rostro cambio. Realmente tenía ganas de pelear.

[Imagen: hjasdfjhashrds.jpg]
- Siempre la escucho Uker, ella nunca me falló. Aposté por el caballo ganador y no me equivoqué, ahora tengo mi recompensa. Te buscare para pelear, quiero saber quien de los dos es el más fuerte. - 

Tras todo eso, todo recayó de nuevo en la atención de lo que ocurría en los juegos, ahora, tras haber acabado, la aparición del chaman y su amigo el primate puertoriqueño todo el mundo centraría su atención en ellos, hasta Barald. - ¿Quitarme mi poder del diablo? - Realmente era algo que le hizo pensar, y mucho, tanto que casi accede. - Es curioso saber que eso puede llevarse a cabo pero ... - La duda que albergaba Barald en si mismo le hizo decidirse - No, ese no es mi camino. - Tras tener su propia validación interna del porque no bajaba hasta allí a quitarse su poder demoniaco, optó por quedarse donde estaba sin decir nada más, no iba a quitarse el poder de ser un mago oportunista espontáneo capaz de confundir el orden mundial. Sacó uno de sus cigarrillos de emergencia y lo encendió de inmediato, ahora tenía muchas cosas que pensar, pero la escena que tenía frente a el le hicieron reir de nuevo. - Míralos, son como dos gotas de agua dahahahhahaha ¿nos lo llevamos entonces? - 

Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
Aquella mujer tenía algo que Ubbe no terminaba de entender.
Desde el primer instante había percibido en ella una especie de desafío constante, una energía difícil de explicar que parecía envolver cada gesto, cada mirada y cada palabra. No era simplemente confianza, era como si Maki estuviera retándolo incluso cuando no estaba haciendo nada, como si detrás de aquella sonrisa hubiera siempre una pregunta esperando a que él se atreviera a responderla. Y eso le gustaba mucho, quizá demasiado.
Ubbe estaba acostumbrado a ser él quien imponía aquella clase de presencia, el que se acercaba demasiado, el que sonreía antes de una pelea, el que provocaba al enemigo esperando ver qué hacía a continuación. Pero con ella no tenía esa ventaja. Maki parecía disfrutar exactamente de lo contrario: acercarse hasta hacerlo dudar y observar qué demonios hacía aquel gigante cuando, por una vez, era él quien no sabía cuál sería el siguiente movimiento.
Por eso, cuando lo empujó suavemente hasta hacerlo sentarse, Ubbe simplemente se dejó caer sobre el asiento.
Parpadeó un par de veces, ya que aquello lo había pillado completamente desprevenido, y cuando sintió sus manos sobre los hombros, después sobre el pecho, y finalmente aquel beso en la mejilla, el gigantesco buccaneer se quedó completamente quieto durante un instante. No porque no supiera qué hacer, sino porque por primera vez en bastante tiempo su cabeza necesitó unos segundos para ponerse al día con lo que acababa de suceder.
Se llevó lentamente una mano hasta la mejilla.
- Heh...
Una sonrisa enorme apareció en su moreno rostro. Aquello era peligroso, y a Ubbe le encantaba el peligro. 
No porque Maki fuese peligrosa, aunque probablemente también lo fuera, sino porque Ubbe ya estaba pensando en devolverle el juego. Quería provocarla, sorprenderla, devolverle aquella sensación de no saber qué iba a ocurrir después, quería descubrir cuánto tardaría aquella mujer en perder aquella seguridad que parecía llevar pegada a la piel, pero en aquel momento no tuvo tiempo de hacerlo, lo había pillado completamente desprevenido.
Así que, cuando ella habló de la cinta y dejó caer aquella condición, Ubbe simplemente la miró durante unos segundos, todavía con aquella sonrisa de idiota que no conseguía quitarse de encima. Hasta que algo cambió.
Antes de que Maki pudiera alejarse, Ubbe reaccionó por fin.
Su enorme mano rodeó suavemente su antebrazo, sin ejercer fuerza suficiente como para detenerla realmente, simplemente reteniéndola durante un instante para que pudiera girarse hacia él. La sonrisa seguía dibujada en el rostro del buccaneer, aunque ahora había recuperado aquella seguridad juguetona que parecía acompañarlo siempre.
- ¿Así que tengo que ganármela, huh?
Sus ojos permanecieron sobre ella mientras ladeaba ligeramente la cabeza.
- Entonces te la ganaré, baby.
La soltó poco después, dejándole completamente libre para marcharse.
- Peleando, bebiendo... cualquier cosa a la que quieras jugar. 
Una pequeña carcajada escapó de su garganta.
- Pero cuando gane, quiero mi cinta de vuelta, bald girl
No había un tono de desafío agresivo en su voz, era más bien una promesa divertida entre dos personas que acababan de descubrir que quizá acababan de encontrar un juego bastante más interesante que los propios Juegos del Soberano.

La voz de Maki todavía parecía resonar en su cabeza cuando Ubbe la vio alejarse. No pudo evitar sonreír mientras se llevaba una mano a la nuca, todavía con aquella expresión ligeramente estúpida que rara vez aparecía en su rostro. Había recibido golpes capaces de hacer temblar una montaña con bastante más naturalidad que un simple beso en la mejilla.
Se quedó mirándola un instante más antes de girarse finalmente hacia los suyos.
Habia decidido ignorar a su capitán hasta que maki se hubiera ido, pues su intromisión podria tirar abajo las intenciones de Ubbe con la guitarrista.
-Captain...
No pudo terminar la frase antes de que su hermano comenzara a marcharse, dejándoles aquel pequeño espacio para despedirse. Ubbe simplemente levantó una mano en dirección a él, todavía divertido.
- Ya voy, ya voy, que me jodes todo el plan, brother!
Fue entonces cuando reparó, casi por casualidad, en el movimiento que se producía más adelante en la arena: dos figuras bastante peculiares habían aparecido allí, acompañadas de cajas y de una cantidad de mercancía que Ubbe ni siquiera intentó comprender. Uno de ellos tenía como un aire más solemne, mientras que el otro no parecía tener ningún problema en anunciar a gritos que estaba allí para vender... algo.
Ubbe entrecerró ligeramente los ojos.
- ¿What the...?
No sabía quiénes eran, tampoco tenía ni la más mínima idea de qué estaban haciendo, pero había que reconocer una cosa, tenían flow. Una sonrisa ladeada apareció en su cara antes de que finalmente apartara la mirada, pues ya tendría tiempo de descubrir quiénes eran aquellos dos tipos si el destino volvía a cruzarlos.
Ahora tenía que volver con los suyos, Ubbe dio un último vistazo hacia Maki antes de comenzar a caminar hacia Sigurd, Dharma y Odiseo, todavía con aquella sonrisa tranquila en el rostro.
Había perdido, si. 
Pero, de alguna manera, salir de aquellos Juegos con nuevos amigos, rivales, lo que parecía una cita y una promesa pendiente de hacerse más fuerte no le parecía un mal resultado.
No había ganado la batalla.
Pero había encontrado muchas razones para querer ganar la guerra, baby. 


HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5215 + 69 = 5284
Energia: 5212 + 0 = 5212
Espiritu: 1159 + 0 = 1159
Aquí ya está todo el pescado vendido, poco más podemos hacer. Sé que a Ubbe le encanta socializar, pero el espadachín parece casi mudo, a Odiseo se le ve en la cara el cansancio y a mí me está entrando un hambre de mil demonios. Me apetece coger algo de comer y reorganizar a las tropas para volver al mar azul cuanto antes. Demasiado tiempo disfrutando del espectáculo y la fiesta. -Vamos, cabrones. Ya habéis visto lo que nos espera y el nivel que tienen nuestros futuros rivales. Así que más os vale poneros a tono, ¡¡Jarul Jul Jul Jul...!!- El Ragnarok piensa regresar con más fuerza que nunca y recordarán este día. Joder si lo recordarán...

Encabezo a la cuadrilla en dirección a la salida de las gradas. Lo imponente de mi figura va apartando a la gente, que se abre como una marea mesiánica a mi paso. La envergadura hace el resto con aquellos que no llegan a moverse lo suficientemente deprisa. Yggdrasil reposa sobre mi hombro izquierdo mientras me rasco la barba con la mano derecha, pensativo. Voy recordando poco a poco a todos aquellos participantes que han destacado en los Juegos, sobre todo aquellos que pelearon con Ubbe en la semifinal. Sus poderes, sus habilidades, sus armas y artilugios. Fuera coñas, realmente ha sido un espectáculo digno y un tentempié para lo que acontece. -Capitán, ¿no querías algo de comer?- me frena Odiseo, devolviéndome del mundo de las ideas. -¿Ehh?- doy un pequeño respingo. -¡Ah, sí!- me paro frente a una criatura diminuta, no más alta que un humano vulgar. En su espalda, una mochila verde con surtidor y un puñado de vasos de gran tamaño. -Me llevaré esto, gracias.- Y le meto mano a la bolsa, sacando de esta un bidón metálico entero, tan grande como su espalda. -Con esto servirá. Odiseo, págale algo al chaval, ¿quieres?- avanzo sin hacer mucho caso, alzando el bidón y dejando que su elixir mágico me refresque y me manche la barba con espuma que gotea.

Con el estómago lleno y, sobre todo, de alcohol, uno piensa mejor, por supuesto. Las palabras de Zaratsuki. ¿Qué era aquello que dijo? Chonchushoku-algo... Hakki. Hakki. Esa palabra no es la primera vez que la escucho. Fue capaz de ver más allá de lo evidente, de asegurar lo que sentían. -¿Cómo cojones lo hizo...?- farfullo, con algo de rabia por no entenderlo. Luego le meto otro picotazo a la cerveza. Volteo ligeramente y me quedo mirando a Dharma. Ha demostrado antes ser un tío culto. Tal vez conoce secretos que se me escapan. -Oye, tío, una pregunta.- hago una pequeña pausa para eructar. Sabiduría. -¿Sabes qué es eso del haki o su puta madre? Comentaste algo de los poderes de Shin durante la final y cómo el Buccaneer pájaro le podía meter mano. ¿Tú sabes de qué va el tema?-
Su respuesta tampoco me deja satisfecho del todo. Probablemente ninguna lo haga. Tengo que averiguar por mi cuenta de qué se trata y cómo poder dominar eso o saber contrarrestarlo. Es el siguiente paso para convertirme en un mejor guerrero. Quizás, y solo quizás, pueda hacer así frente a los dioses.

Sigo pensativo, bebiendo y caminando hacia la salida. Haki y poderes divinos invisibles. Con lo sencilla que es la guerra cuando confías en el acero y en la fuerza de tus puños al desnudo. La importancia del equipo y las armas que llevas a tu lado y te acompañan toda la vida. Agacho la mirada para mirar el cinto. Los martillos descansan tranquilos, aunque conservan cada cicatriz y mancha de sangre de anteriores batallas. Me detengo en seco un segundo. Suelto la cerveza y pongo frente a mí a Yggdrasil. La observo detenidamente. Sus filos desgastados, pero que desgarran la carne sin dificultad. Sus ornamentos brillantes, tintados de rojo. Su mango de madera, con leves hendiduras sobre el cuero de tanta presión a lo largo del tiempo. -Necesitas unas vacaciones, ¿verdad, vieja amiga?- musito mientras me miro en el reflejo del metal. Sin terminar de girarme y sin apartar la mirada del hacha, le hablo a Ubbe. -Hermano, creo que lo primero que hemos de hacer al llegar al barco es armarnos como es debido.- le propongo con soltura y firmeza. A mi cabeza llegan las imágenes de aquella mujer morena de grandes pechos, la que ganó la prueba de la fuerza. ¿Y si aquellos guantes no eran mera decoración? Nuestro arsenal no puede quedarse atrás. -¿Te parece bien?- Ahora sí que lo miro y le estrecho el puño para que lo choque. -¡Pienso convertirnos en armas vivientes, cabrón!- La sola idea me apasiona. Le proyecto una sonrisa malévola, con una mirada cargada de determinación.

Se avecina una gran guerra. La pienso provocar yo mismo bajo la bandera del fin de los tiempos. Toca prepararse bien. Tenemos hombres. Tenemos poder. Ahora toca prepararse. Afilar el acero y dominar el poder de los dioses.

En efecto, cajita feliz
Mientras escuchaba pacientemente los términos del acuerdo, Kibai luchó por mantener el tipo. Diablos que demonios hacia teniendo que recurrir a alguien como aquel joven?


— Calma... Los negocios son los negocios ... — se dijo a si mismo mientras iba iba anotando mentalmente todos los términos que Onizuka lle iba dictando


— Los términos me parecen justos y correctos. Espero no tener que llegar a cumplir el año para que se apliquen las penalizaciones de recargo. En cuanto a la sede, me las apañaré para buscar una delegación del Banco Goldreich en mi camino, pierda cuidado.


Con un gesto decidido, Kibai apoyo la hoja de papel en la pared para tener una superficie sólida, y tras leer detenidamente todo lo que contenía, estampó su firma en el papel. Mentalmente, echó cuentas de los intereses y la capacidad económica de la que disponía en aquel momento. No sería muy complicado solventar aquel préstamo, dado lo escueto de la cantidad, pero aún así no debía descuidarse por ningún motivo.


— Lo último que quiero es a a un tío con máscara vestido con frac y chistera viniendo a por mí. — pensó para si mientras el suave sonido de la pluma sobre el papel lo acompañaba.


Con las rúbricas correctamente cubiertas, el mink devolvió el papel a su interlocutor.


— Confío en que con esto sea suficiente, por ahora. Y no se preocupe, a la mayor brevedad posible me haré con un Den Den Mushi visual para cumplir con el protocolo.


Entregado el papel de vuelta, Kibai volvió sus ojos a la humink.


— Hola Nyra. Gracias, pero el señor Onizuka y yo ya hemos acabado nuestros asuntos... Quedo pendiente de cualquier novedad que pueda comunicarme, aquí tiene mi número de Den Den Mushi para lo que necesite. — dijo extendiéndole la combinación de su caracol personal al joven pelinegro. — Y en cuanto a la cena, solo dígame que les gusta a usted y a su acompañante. El resto corre de mi cuenta.


Cuando hubo recibido el dinero, Kibai enfiló sus pasos de nuevo hacia la arena. Agradecía internamente que Nyra lo acompañase, ya que no sabía exactamente que iba a pasar, pero quitarle la fruta no era algo que se pudiese hacer como quien se quita una legaña tras una siesta.


— Bueno, recursos conseguidos. Ahora solo falta la parte más sencilla, sacar la fruta de mi interior — dijo con una sonrisa sarcástica hacia la humink — Por lo menos, será una experiencia enriquecedora...


La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3496 + 0 = 3496
Energia: 3100 + 40 = 3140
Espiritu: 970 + 0 = 970


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 5 invitado(s)