El día continuó sin contratiempos, por lo que una podía vislumbrar entre la densa niebla el sol estaba en su pico más alto, mis ojos justicieros no veían nada fuera de lo normal, bueno, ahora mismo no veían nada por mirar directamente al sol a través de un visor no homologado, pero lo importante es que todo estaba tranquilo... Demasiado tranquilo...
Me dispongo a ir a interrogar al sospechoso pescadero, el cual llevaba mirándome con muy mala cara un rato largo mientras sostenía un cuchillo, el hombre a ojos comunes no era más que un pescadero descamando un atún ¡Mas yo no caería en tan simple fachada! Salí hábilmente de entre los dos cubos de basura enfrente de su puesto donde me hallaba sutilmente escondida, el sigilo es mi mejor arma, no podía dejarle ver mis intenciones y que hullera, un malhechor armado corriendo por la calle sería un peligro, por lo que aprovechando el sutil susurro de dos cubos de metal cayendo contra el suelo a gran velocidad realice mi técnica de desplazamiento silencioso — ¡Voltereta Susurrante Justiciera! ¡AHÁ! — Me recoloqué en una perfecta pose en forma de Y con los brazos estirados hacía arriba, era completamente imperceptible al ojo humano, mas cuando gire mi mirada me tope directamente con los fríos ojos del señor pescadero ¡¿Cómo era eso posible?! Ninguna persona normal debería ser capaz de algo así, estaba claro, este hombre esconde algo y yo pienso descubrirlo.
Cuando me disponía a encarar al misterioso hombre mis agudos sentidos captaron lo que era una clara prioridad, la súplica de ayuda de una pobre ancianita en la distancia. No me quedaba otra que atenderla, por lo que mire una última vez al misterioso hombre colocando dos de mis dedos ante mi visor para luego señalarle con ellos dejándole en claro que lo tenía calado, y procedí a girarme a atender a la pobre ancianita que tenía detrás tirandome de la capa. — Dígame mi querida ciudadana ¿En que puede ayudarla la emisaria de la justicia? — Dije mostrando una gran sonrisa en mi rostro mientras tiraba disimuladamente de la capa para que la señora la soltase y poder realizar mi pose de recibimiento, siendo mis esfuerzos en vano.
— Mi pobre gato se ha subido a un árbol y no puede bajar ¿Podría ayudarle joven? El pequeñin debe de estar muerto de miedo —
¡¿Un pobre e inocente gato atrapado en un árbol?! Eso era trabajo para una justiciera como yo — No se preocupe señora, ha acudido a la persona adecuada, dígame pues ¿Dónde se encuentra la desconsolada criatura que he de rescatar? — La anciana en frente mío soltó mi capa y alzó su brazo con las pocas fuerzas que su frágil cuerpo le permitió y señalo en mi dirección — Está por allí detrás, sigue todo recto hasta que veas un árbol, no tiene pérdida, no hay muchos por aquí — — ¡Muchas gracias ahora mismo rescato a su fiel mascota! — Me dispuse a marchar, no sin antes notar mi capa liberada y por fin realizar la pose que anteriormente no pude, y ahora sí, marche a toda velocidad hacia el frente — Joven por ahí no es — Me pareció oír a la señora diciéndome algo en la distancia pero supuse que no serían más que palabras de gratitud por lo que no frene ya que una vida estaba en peligro.
Después de minutos y minutos corriendo en línea recta comencé a pensar que me había perdido, pero entonces recordé las complejas direcciones que la señora me dio, y como ella me señalo, ahí por fin caí, la señora me estaba indicando que me guiara por mi corazón. Así que eso mismo hice, realizando un repentino derrape hacía la derecha llevándome por delante lo que parecía un puesto de coles, pero no me detuve, ya que en caso de serlo ese puesto estaba mal posicionado, tomaré nota mental para advertir al señor de que su puesto era un peligro, suerte que haya sido esta justiciera la victima y no un pobre ciudadano.
Tras lo que fueron horas esperando, la señora por fin vislumbro mi heroica figura aproximándose cubierta de arañazos pero esbozando una gran sonrisa ante haber cumplido mi misión — ¡Aquí tiene señora! Aunque no vi ningún árbol, el pobre andaba perdido entre montañas de chatarra cerca de un basurero — Dije extendiendo los brazos y mostrando a la criatura — ¡AH! ¡¿Que es esa cosa?! — Ante la repentina y sorpresiva reacción de la señora decidí volver a inspeccionar a la criatura, aunque puede ser que seguir mirando al sol para saber la hora me estuviera afectando a la vista, por lo que procedí a quitarme el casco para inspeccionar más de cerca al animal — ¿Pero que coño es esta cos-? ¡AAAAAAAHHH! — La pícara criatura no tardó ni un segundo en abalanzarse sobre mi hermoso rostro, a lo que calmadamente intente parar al ser mientras la amable señora me ayudaba con su bolso — ¡ESTATE QUIETA NIÑA! — — ¡QUITAMELO! ¡QUITAMELO! ¡AAAHHH! — ...
Fue una ardua batalla de resistencia pero la bestia finalmente cedió, liberando mi cara y desapareciendo en el horizonte. — JAJAJAHIIIJAJA... Disculpe señora parece ser que ha habido un contratiempo, ya sabe gajes del oficio heroico ¡Ahora mismo parto a buscar a su gato! — Dije mientras intentaba salir de esta incomoda situación, no por vergüenza ¡NO! obviamente un pobre felino seguía requiriendo mi ayuda, yo pensaba dársela, mas antes de poder marcharme note como algo estaba reteniendo mi querida capa, algo que le pasa bastante a menudo a cualquier héroe, aunque en este caso me alegro de haber mirado cual era la causa en lugar de meter un fuerte tirón como de costumbre, ya que lo que la retenía no era ni más ni menos que la señora, la cual parecía estar indicando que mirara detrás mía.
No daba crédito, el árbol que tanto buscaba se encontraba finalmente frente a mí, y en una de sus ramas más altas finalmente pude vislumbrar a la pobre criatura... ¡Joer con el pequeñin! Esa cosa debe de pesar como diez quilos como diantres se ha subido ahí... Me recompuse y me prepare como toda heroína para soportar la carga que recae sobre nuestros hombros, en mi caso una bola de pelo de diez quilos. Con mis poses de estiramiento realizadas me dispuse a trepar el árbol no muy segura de cual era mi plan, pero muy segura de mi objetivo, salvar a esa pobre criatura de la malvada rama que lo retiene. Y así fue, una vez a la altura necesaria intente atraer al gato hacía mi, pero mis intentos fueron en vano, por lo que me dispuse a subirme a la rama para aproximarme a él, — Vamos michi michi ven psss psss — Mas dicha rama como cualquier malhechor no pudo soportar el peso de la justicia.
Y ahí me encontraba yo, otra vez cayendo hacia el suelo a gran velocidad... Estaba empezando a plantearme las decisiones que me han llevado a que esto sea rutina pero mis pensamientos fueron silenciados ante el audible y duro abrazo con el que la madre tierra me recibió... — No se preocupe es-estoy bi- — Mis palabras fueron selladas por un proyectil peludo extremadamente pesado volviendo a precipitar mi cabeza contra el suelo. — ¡Pelusita menudo susto me has dado! Muchas gracias por tu ayuda joven — Ante su agradecimiento respondí levantando mi brazo del suelo donde aún seguía, ofreciendo un pulgar hacía arriba, a lo que ella respondió agarrando mi mano y colocando algo en su interior — Ten esto por tu arduo trabajo — Y se marchó con su gato, generando en mi la duda de cómo era capaz de cargar una señora tan delicada tremendo gato, aunque había otra cuestión más importante ¿Con que había sido recompensada por tan arduo y peligroso trabajo? Me reincorporé del suelo para observar mi mano aún cerrada y fui lentamente abriendo los dedos, finalmente mis esfuerzos recompensados con... Dos caramelos de menta... Volví a tirarme al suelo.
Unas horas más tarde el sol ya estaba empezando a ponerse y ahí me encontraba yo, sentada en un risco rodeada de chatarra mirando el anochecer en el mar, llena da arañazos, moratones y con el traje destrozado. Una no puede evitar pensar en como va a tener que arreglar el traje, curar sus heridas y luego comenzar otro día más de lo mismo. Te planteas si tanto esfuerzo merece la pena, pero entonces recuerdo la cara de alegría de la señora, no la pude ver muy bien desde el suelo pero esa leve imagen es más que suficiente para saber que merece la pena, si todo este trabajo puede poner esa expresión en la cara de las personas merece hasta el último rasguño.
Saqué uno de los caramelos y lo puse en mi boca, la menta no me gustaba pero ese caramelo era el mejor que jamás había probado.