Survive [Entrenamiento] [P.R]
#1
40 de verano, año 18
18:30 PM

Kael se había presentado media hora antes al lugar, disponiendo todo a su gusto para un entrenamiento en el que quiere creer que tiene todas las de perder. ¿Ni siquiera habían empezado y ya iba con esa negatividad? No, en absoluto. No se trataba de verse inferior a nadie. La razón por la que se encuentra allí con esa mentalidad no es sino por las expectativas puestas en el comandante Nanashi, un hombre más joven que él que, hasta eventos recientes, lideraba toda una división bajo el apellido de un linaje especialmente conocido en la marina. ¿Quién si no él era la persona indicada para enseñarle lo lejos que estaba de ser un marine decente?

O al menos de crecer en la institución, claro estaba. Pequeños cambios a los que uno se tiene que acostumbrar con el devenir de los tiempos.

Por otro lado, su atención también se había mantenido en el líder de esa división. Saint Vangelis Enji, alguien a quién no podía entender como la marina le dejaba en tan alta estima con su forma de ser tan excesivamente particular. Ciertamente, aquel bajo el linaje de los dragones divinos debía poseer una particularidad que lo hiciese diferente a todos los mortales que caminan por las tierras del mar azul, y si no era su capacidad de liderazgo…¿entonces serían sus capacidades de combate?

Eso era, precisamente, lo que esperaba averiguar en ese momento.

El suelo no tenía ninguna particularidad en especial, tan solo era tierra dispuesta junto a la playa cercana al puerto donde el Ford’s transit estaba atracado a setenta metros de distancia, una explanada de treinta metros de largo, con algunos árboles a unos diez metros de donde se había colocado, y quince de ancho en dirección hacia la playa, donde otros ochenta metros eran la distancia que los separaba del agua, tratando de mantener la firmeza en los pies mientras se aseguraba de tenerlo todo a su disposición. Desconoce la fruta del rubio, suponiendo que como todos en la división, él también era usuario de una Akuma del diablo, aún sabiendo lo que ello podía llegar a suponer.

Su cuerpo se comenzó a preparar tan pronto los vió acercarse, entendiendo lo que estaba por comenzar, observando con bastante detenimiento, sin perderlos ni un solo segundo de vista, presionado por quiénes parecían ser en realidad, y los prejuicios que había tomado acerca de su renombre y sus títulos. Sí, había sido él mismo quién les había hecho llamar, pidiéndoles amablemente que pusieran a prueba sus capacidades para comprender si él era digno de pertenecer a una división con tal alto renombre…o si no era más que el último eslabón en la fila. Por supuesto, nunca llegó a mencionar el hecho de querer ponerlos a prueba entre sí a ambos, dos capitanes de división tan diametralmente opuestos con ideas tan distintas en las que, seguramente, terminarían chocando con una frecuencia descomunal.

—Gracias por sacar algo de tiempo para venir hasta aquí, Comandante Nanashi, Comodoro Enji.—No quería andarse con demasiados rodeos, y ninguno estaba para perder el tiempo. Entenderse mejor entre ellos era una tarea necesaria para saber como proceder a la hora de combatir juntos, y para ello…¿que mejor que dejar hablar a sus propios puños?—Espero no decepcionaros mucho, pero temo que mis habilidades de combate en muchos aspectos deja bastante que desear. 

Tenía muchas otras virtudes que demostrar fuera del campo de batalla, pero debía ser al menos lo suficientemente fuerte como para poder seguirle el ritmo a los demás. No podía decepcionar a nadie.

…y mucho menos a aquellos que lo están poniendo a prueba.

máscara de combate
[Imagen: jGxJg3p.png]
#2
Un día había transcurrido desde su descenso desde Skypiea, la tierra de los cielos. Un día desde que la GLORIOSA División Ochenta se transformó en la GLORIOSA División Treinta, acoplando en el camino a cuatro nuevos integrantes después de haberse desprendido de uno. Masami se había ido, llamada por la tierra de sus ancestros, y Shin, Nyra, Kael y Stroud habían llegado en su lugar. Un negocio extraño lo vieras por donde lo vieras, aunque, para Enji, en algunas cosas habían salido perdiendo. Ya nadie tocaba las maracas por la mañana para levantar al resto. Ese era un toque de color que el Transit ya no disfrutaría más.

Pero la vida sigue. Los que se van por los que vienen. Ahora tenía bajo su mando a un total de seis personas en la división, dos de ellos ex-capitanes de sus propias divisiones. Las cosas, por naturaleza, se tensarían más temprano que tarde entre ellos, pues si su ego apenas entraba en el velero, ¿qué sería de sumarle a un egocéntrico por naturaleza, como lo era Shin, y a un joven que estaba demasiado acostumbrado a mandar, como Stroud? Una receta para el desastre, por supuesto. O una pócima de la risa. ¿Quizá las dos? ¿Una risa desastrosa? ¿Un risible desastre?

Fuera lo que fuera, sería. Enji no acostumbraba preocuparse demasiado por esas cosas. Cuando se formó la GLORIOSA División Noventa y Tres, el liderazgo le llegó sin buscarlo, quererlo ni beberlo. Ahora Juan y Akira…

Ugh, le bajó un escalofrío.

Como decía, Juan y Akira eran como hermanos para él. Hermanos pequeños, medio tontos y brutos, pero hermanos. ¿Quién dice que no pasaría de igual manera con sus nuevos compañeros? CLaro, con la evidente excepción de Nyra, a quien veía como todo menos una hermana.

En fin.

—Mucha llaga, más te vale haberme cortado la siesta por algo interesante —advirtió a su nuevo compañero, Kael Omuyaga, en lo que llegaba a la zona de entrenamiento elegida por el tesorero de la extinta división setenta y cinco. La chaqueta de comodoro estaba fija y firme sobre sus hombros mientras debajo, como es costumbre, solamente tenía puestos unos calzoncillos azules y sus botas. Echó un vistazo en derredor mientras se ajustaba los guantes y bostezó sin disimular ni taparse la boca, evidenciando su somnolencia post sueño y las últimas volutas de un cigarrillo que acababa de descartar—. Ajá, ajá… Como me vengas con falsa humildad, voy a limpiar la playa con tu trasero. ¿Dónde está Na-Nacho? Hay que empezar con esto.

Estiró el cuello a un costado y después al otro, lo que hizo crujir sus vértebras y le arrancó un gruñido de satisfacción. En vísperas de un combate, así fuera de entrenamiento, su cuerpo se preparaba por si solo. Notaba los músculos tensos, tibios, preparados para dispararse, y el veneno bullía dentro suyo con evidente ansiedad. Qué sensación más molesta. Siempre quería brotar.
Contenido Oculto

off
#3
Stroud llegó al lugar acordado a la hora exacta; ni un minuto antes, ni un minuto después. Aquella propuesta de entrenamiento le había pillado por sorpresa, qué duda cabía; era algo que no se había estilado en la ahora conocida como División 50, a su pesar. Sus entrenamientos habían consistido, de forma abrumadoramente mayoritaria, en ejercicios en solitario, no muy distintos a los que tiempo atrás llevase a cabo como aspirante a Marine durante sus años de formación, como el que había efectuado aquella misma mañana en su propio camarote, no mucho antes de salir a explorar la isla a pie por un buen rato. En condiciones normales, hubiera accedido más que deleitado a cualquier propuesta como aquella, pero, en aquel caso en concreto, estaba más que deseoso de comenzar. La cita sería con el soldado Omuyaga, de lo más restacable de aquella banda de bribones que era la recientemente conformada —y aún estaba por ver si gloriosa o no— División 30, y con el comodoro Enji, un verdadero prodigio que había alcanzado su cargo en tiempo récord, además de miembro de uno de los más nobles linajes que poblaban aquel mundo.

Stroud arqueó una ceja, llegando prácticamente a la vez que el propio Enji, al ver el atuendo (o, más bien, falta del mismo) del comodoro, que llevaba únicamente unos calzoncillos bajo el abrigo que colgaba de sus hombros. Una visión que no le hubiese deseado ni a su peor enemigo, probablemente un arma formidable en el campo de batalla (la visión, entiéndase). Kael vestía tan adecuadamente como de costumbre, sin una mácula que un alto cargo no hubiera podido pasar por alto. El propio Stroud vestía su uniforme, como de costumbre, a excepción de la gorra, que había dejado en su camarote por el momento. Lo cierto era que no conocía las aptitudes de combate de ninguno de ellos; aún no había tenido oportunidad de ver su desempeño, pero era algo que comprobaría muy pronto. Ambos le intrigaban por igual, si bien resultaba especialmente importante ver qué podía hacer su superior inmediato. Lo mínimo que Stroud esperaba del líder de una división, y más tratándose de alguien como el comodoro, era que fuese más hábil que sus propios subordinados.

Observó a su alrededor con atención antes de plantarse en el lugar, clavando sus talones en el suelo, quedando a una distancia de Kael similar a la que lo separaba a él de Enji. Saludó con la monotonía y seriedad que le eran características. "Comodoro Saint Vangelis," saludó con una leve reverencia al somnoliento Enji, y asegurándose de tratarlo con el debido respeto, "soldado Omuyaga," continuó, haciendo un ademán educado, pero notoriamente menos protocoloario, hacia Kael, antes de que este mismo les agradeciese haberse personado en el lugar. Restó importancia al asunto con un ademán, al tiempo que comenzaba a arremangarse con cuidado, doblándolos escalonadamente hacia arriba, los puños de su camisa. Se ciñó los guantes de cuero tachonados, apretando sus correas en torno a sus muñecas en un procedimiento cuidadoso pero casi automático. Tenía, además de un gran respeto, una incontenible curiosidad por ver qué eran capaces de hacer aquellos dos. Y, si bien no esperaba en absoluto que diesen el 100% de su rendimiento en un sparring como aquel, sí que esperaba poder hacerse una idea de su desempeño. Nadie lo hubiera dicho tras aquella expresión pétrea, pero estaba notablemente nervioso. Se preguntó si sería el único.



Off
#4
Lo presiente...nota esa sensación que uno debe tener en el campo de batalla. Aquellos dos hombres que le acompañan en ese entrenamiento ya se estaban preparando para aquel enfrentamiento. Kael estaba presintiendo lo que podían llegar a traerse entre manos, aunque para su desgracia, no tiene los conocimientos suficientes como para predecir las acciones de sus contrincantes. ¿Creerían que ambos debían enfrentar su fuerza contra la del soldado? Si esa era la conclusión, aquello probablemente no duraría más de dos asaltos.

Nah...él sabe que en el fondo, ambos tienen interés en poner a prueba sus capacidades como respectivos lideres contra el otro, y nunca les ha negado la capacidad de entregarse en combate con su contrincante. Ambos tienen títulos y orgullos que mantener, mientras que el estudiante tan solo tiene como labor analizarlos, mantener un estudio correcto de sus capacidades, y asegurarse de plantear las mejores estrategias de refuerzo por si ellos no tenían todos los datos consigo el día de mañana. Esto era una prueba de fuego, un baile de llamas en el que él realmente no era más que un añadido, alguien que lo ha puesto todo a su disposición para ser un testigo y espectador. Pero para eso, antes tiene que dar el disparo de salida.

...y eso mismo fue lo que hizo.

En cuanto ambas piezas estuvieron colocadas en el tablero, Kael movió ficha, dejando que de su ojo volase la primera bala de fuego contra el más poderoso de los dos al tiempo que dió un salto hacia atrás de nueve metros en dirección a los árboles, preparando su cuerpo para una contramedida. ¿Quería enfurecerlo? Por supuesto que no, pero debía entregarles a ambos combatientes algo de espacio para que no se centrasen en él. Si usaban su fuerza contra el soldado, perderían toda posible ventaja contra el otro líder, y no les permitiría mostrar toda su valía. 

Aquel disparo de salida era su inicio para aquel enfrentamiento, poniendo los brazos por delante del torso en posición defensiva tan pronto sus pies tocaron el suelo, tratando de retroceder por detrás de uno de los árboles los últimos dos metros hasta estar detrás del mismo para tomar una mejor posición. Podía considerarse algo sucio según ciertas perspectivas, pero él dejó de ser un peleador que se rige por el enfrentamiento directo desde que comprobó lo verde que estaban sus habilidades. Si no usaba su cabeza, perdería, y de momento, esos eran los únicos movimientos a su disposición antes de que, rápidamente, sus superiores decidieran echar por tierra todos sus esfuerzos. Su cuerpo se encuentra cada vez más preparándose para el baile, y eso, en el fondo, es algo que le termina encantando.

Blancas siempre mueven primero
[Imagen: jGxJg3p.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4971 + 0 = 4971
Energia: 4516 - 452 = 4064
Espiritu: 1687 - 10 = 1677
#5
— ¿Por qué diablos un tonto como tú debe andar sobre Burbujita? Supongo que puedo permitírtelo un rato. — Y es que viajar sobre el pez volador es lo más cómodo que hay. Si debe ponerle un “pero” es que no tiene la fuerza suficiente para cargar a dos de ellos. Por lo mismo, si Eros está sobre él, Kiyoshi no puede. Tampoco Uker o Varo. Tampoco es que a nuestro peculiar amigo le moleste compartir, sobre todo porque la mayor parte del tiempo es él quien usa la mascota.

Este es el tercer día que pasan en la isla, o en una de varias, pues ya un nómada le explicó a Kiyoshi en qué consiste este territorio. Ese primer viaje de exploración le permitió conocer bastante y enterarse de las características tan raras que posee. Imaginen que le sorprende más que Little Garden, y eso que está traumado con esa isla. Aun así, sigue saliendo equipado y preparado todos los días. Le dedica tiempo en el barco al tener la ventaja de levantarse temprano por sus problemas de sueño.

Vistiendo su clásico traje formal, principalmente de negro. Incluso la camisa y corbata comparten color con el vestón que llega un poco debajo de la cadera, también la mascarilla que protege su boca. Ya antes de salir del Black Widow se aplicó el inhalador que controla su asma, por lo que respirará bien durante las siguientes horas. En la espalda porta aquel querido rifle que lo ha traído hasta acá, y que enseñó ante todo el mundo cuando se coronó como ganador de la cuarta prueba en los Juegos de Skypiea. De más está decir que, desde el comienzo, está con su respectivo cartucho de balas. Esconder el arma como hacía antaño no tiene sentido. Ya no es un humilde médico; es un pirata. Eso sí, quién sabe cuántos secretos esconderá. ¿Habrá que averiguarlo?

Hoy, los protagonistas son otros, al menos por ahora. Tres individuos han decidido realizar ejercicio cerca de la playa, por lo que ellos son los anfitriones, los dueños de casa. Desde este lado, los Piratas de la Sepultura servirán de visita. ¿Qué tanto tardarán en adueñarse del terreno?

— ¿Verás si hay alimentos por los alrededores? De acuerdo, tonto, pero no te alejes demasiado. Seguiré con estos dos tontos. — Palabras dirigidas a Uker, que se separa del grupo. Quedan únicamente como tridente los tres que trabajaron juntos en la isla de los dinosaurios: Kiyoshi, Eros y Varo Ganchin. El primero y el tercero van por tierra, o por arena, para ser exactos. En cambio, el hombre topo surca los cielos a una altura que él se encargará de aclarar, esperemos, sobre el pez volador que el médico (el bueno, no el novato) consiguió en Skypiea, justo antes de partir. O de caer al mar azul, para ser exactos.

Desde el sur es que emerge el equipo de piratas, pudiendo Kiyoshi observar a tres personas a la distancia. A su derecha, bien metido en el mar, aprecia un barco. Han dado con compañía. Esto ocurre a los 40 metros de distancia desde el punto en que retrocede Kael, cuando el pelinegro futuro CP lo se mueve. También sucede a la vez que el Haki de observación del fanático de la limpieza se expande a 50 metros a la redonda, utilizándolo siempre a él como punto medio. — Tienen ropa de marines esos tontos, atentos. — No detiene sus pasos, y está atento, fijando su mirada en el área que hay delante suyo. Aparentemente, debido al sol, su rostro está a punto de sudar. Debido a la distancia, puede ver todo perfectamente. Sigue avanzando en lo que sucede el disparo, ubicándose a 35 metros del punto que declaramos como el inicio de Kael. — ¿Alguno de esos tontos habrá estado en Little Garden? — Pregunta en voz bien alta, esta vez pudiendo ser oído. A la vez que sus palabras eran transmitidas a los suyos, toma el rifle desde su espalda y apunta hacia el frente, más en diagonal hacia su izquierda, enfocándose en el hombre rubio. Se percata del que está detrás del árbol gracias al Haki, pero no lo ve. Solo puede apuntar a uno, después de todo. Es Stroud el elegido, centrándose en la pierna izquierda.
Contenido Oculto

La mano derecha sostiene la empuñadura trasera, con el respectivo índice en el gatillo, listo para disparar si lo considera necesario. La mano izquierda está en el guardamanos. Hombro derecho aguanta la culata. La postura del tirador es recta, no se dobla ni nada. Es un experto en lo suyo.
Contenido Oculto

Como es sabido, Kiyoshi no es la punta de lanza, por lo que, en algún momento, Eros debería haberse movido, pero no es algo que este limpio narrador pueda especificar.

Centrándonos en el de la mascarilla, Kiyoshi está detenido a 46 metros de Kael, que está detrás de un árbol. En diagonal izquierda, a 36 metros, está Stroud. En diagonal derecha, en los mismos 36 metros, está Enji… ¿casi desnudo? — Otro vulgar como la tipa de los Hanu Mahana. De seguro también es sucio. — Lo piensa fugazmente, pero no se desconcentra. Llevan buscando marines desde hace varias islas, y en Skypiea debieron hacer la vista gorda por las normas expuestas por el Shichibukai. Hoy, eso no debe cumplirse. Hoy, la historia debe ser otra.

No les habla en voz alta ni les grita a los marines, pues es el capitán quien debe mostrar personalidad y no dejarse vencer por la timidez como cuando hablaba con la chica de cabellos naranjas en la Isla del Cielo. Eso sí, como siempre, como el buen subcapitán que es, está listo para proteger a su capitán. También a Varo. También a Uker, aunque esté lejos y no participando directamente de este encuentro. Kiyoshi entrenó duro, y todo para seguir caminando junto a sus amigos.

En cuanto al terreno, hacia su derecha, o el este, como aclaró Enji, hay 70 metros de playa empezando esta distancia cuando acaban los 15 de ancho de la explanada. Básicamente, el agua inicia a 77.5 metros de donde está Kiyoshi. Hacia el sur desde donde está el médico, diremos que hay mínimo 100 metros de arena, que será parte de la playa. Hacia la izquierda, o el oeste, iniciando desde donde termina la explanada también habrá 100 metros, aunque, a diferencia del sur, habrá solo césped de 5 cm de altura. Por tanto, Stroud está sobre césped. Los árboles inician a 45 metros delante de Kiyoshi.

Lávense las manos
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
#6
Eros parecía visiblemente contento sobre el lomo del pescado volador ¿Por qué? Era bastante simple, Eros era alguien que amaba a los animales y Burbujita además de todo podía volar. Skypiea verdaderamente les había dado el premio más grande que podría haberles dado: Mascotas nuevas. Aunque claro, si se preguntaban por qué era Eros quien en ésta oportunidad estaba montando a lomos de la criatura voladora la respuesta era simple: El capitán así lo decía. Después de todo, Kiyoshi podía tener tiempo con la montura cuando quisiese pero él debía intentar aprovechar lo más que pudiese.

Divertido iba con sus guantes modificados agarrados a las riendas de la criatura avanzando junto a sus compañeros, cierto era que no estaba acostumbrado a montar siquiera bicicletas pero la personalidad dócil de Burbujita lo hacía ideal para que un jinete novato como el sepulturero pudiese manejarse con soltura. El arte de la doma clásica aplicaba en muchos niveles al parecer.

Las palabras de Kiyoshi lo hicieron pasar a un estado de alerta: La marina armada. Sabía que un encuentro cara a cara con ellos sería probable tras lo visto en Skypiea, los números que engrosaban las filas se estaban reposicionando y de acuerdo a los periódicos las divisiones se iban guarneciendo y moviendo a sus efectivos y elementos entre ellas así como cambiando sus números. Mucho de ésto no le importaba, y otro tanto no recordaba, pero lo que Kiyoshi le preguntó efectivamente le llamó la atención.

Con la diestra palmeó suavemente a Burbujita dos veces para que entendiese que debía retirarse una vez se hubo bajado del lomo del mismo, aterrizó junto a Kiyoshi quien no tuvo que comunicarse más para que Eros tomase la iniciativa avanzando con serenidad mientras acomodaba los morrales y botiquines alrededor de su cinturón de carpintero, moviéndose hasta colocarse dos metros frente al tirador aunque lejos de la mira de su rifle quien parecía atento a los miembros del bando de la justicia.

Tenían cuentas pendientes con la marina, recordaba lo que le habían hecho a Uker antes de unirse y todo lo que le había pasado a los Sepultura desde hacía años tanto contra los uniformados, como por parte del gobierno mundial. No obstante, la marine rubia que había compartido un asado con ellos le había aclarado que quizás no todos estaban más allá del punto de redención.

Maldita sea ¿Debía hablar? Se palmeó la frente nervioso enrojeciendo la misma por ese tic que siempre le aparecía cuando se ponía nervioso o sufría ansiedad social ¿Ya habrían notado su presencia? Por la distancia era complejo discernirlo sin más asumió que éste no sería el caso ¿Debía hablar? Correspondía, si, era su deber como vocero del grupo dar la cara por ello.

Inspiró con profundidad antes de aclarar su garganta, y entonces elevó el tono.

— Marina Armada. Somos los Pirata de la Sepultura… Respondan ¿Alguno de ustedes estuvo en Little Garden en invierno hace 2 años? De ser así confiesen, tenemos deudas que saldar. En caso contrario, tienen la oportunidad de retirarse pacificamente.

Pese a la distancia, por la acústica y sus tonos aun pese al nerviosismo evidente en un principio proyectó la voz tan alto como se esperaría de un capitán digno. Tenía un objetivo en mente, tenía un motivo por el cual erguirse orgulloso y tenía deudas que saldar.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
#7
Un día más en aquella isla nueva. Aunque este era algo diferente. Eros volaba sobre el lomo de Burbujita. El pez volador que Kiyoshi había conseguido justo antes de salir de Skypiea se había convertido en algo así como una mascota, pero la verdad es que su función como montura daba mucho más juego. Miré al capitán montado a lomos del pez volador. Ajusté la cinta de mi rifle a la espalda. La realidad era que yo sentía envidia de Eros en aquel momento. No sé si era por nuestra estancia en Shandora, una ciudad llena de gente alada, pero se había despertado en mi una curiosidad enorme por ver todo lo que nos rodea desde más arriba, desde los cielos.

—Kiyoshi, luego podré darme un paseo en Burbujita, ¿verdad? Apuesto 1000 berries a que puedo aguantar subido más tiempo que Eros.

Dudaba que así fuese, pues el médico querría montar en su pez una vez que Eros hubiese satisfecho su curiosidad. Continué mirando a Burbujita por el aire hasta que las palabras de Kiyoshi me detuvieron. Miré al frente y pide ver qué lo que decía era cierto. Marines. Me detuve para ver la escena, mientras que mi compañero seguía andando. Mi cuerpo se tensó al oír un disparo. ¿Nos estarían atacando ya? No parecía así, sin embargo, retomé la marcha apta situarme junto a Kiyoshi.

—Tssss, que te van a oír —chisté, mientras hacia gestos arriba y abajo con mi mano, en señal de que bajase el tono.

Me hubiese gustado pasar desapercibido. Poderme ocultar antes de decidir qué hacer. Pero ese no era el estilo de mis compañeros. Y yo no podía seguir escondiéndome como una rata. Seguí con mi mirada el objetivo que marcaba Kiyoshi. A simple vista me pareció ver solo dos de ellos. Sin embargo, nuestro viaje por Skypiea me había dejado una nueva habilidad. Ahora era capaz de ver sin ver. Dejé fluir mi Haki para observar alrededor. Pude ver qué no solo estaban el rubio y el exhibicionista, sino también otro aura más allá, entre los árboles. Sonreí al ver lo útil que era mi nuevo poder. No sabía cómo acabaría aquel encuentro, pero hacia largo tiempo que no teníamos ningún enfrentamiento. Varias islas habían pasado desde la ultima vez que tuvimos que emplearnos en serio. Mi mano dió una sacudida. No supe bien si fue debido al miedo o a la emoción del momento. Sentí que mi pulso se aceleraban y que la energía corría por todo mi cuerpo. Tan fuerte que podía sentirla chisporrotear a mí alrededor. Tan fuerte que casi sentía que era capaz de oírla. Apreté mis manos en dos puños. Estaba preparado.

Eros terminó de confirmar nuestra posición. Sí bien sus palabras dejaban un hueco a qué no hubiese ningún enfrentamiento, si declaración inicial daba a entender que no sería así. ¿Little Garden? ¿Acaso alguno de ellos fue uno de los sucios que emboscaron a nuestro amigo? Yo no quería buscarme más problemas con los marines. Ya me parecían suficiente la cantidad que habían puesto a cambio de mi cabeza. Sin embargo, si se trataba de aquellos mismos marines... La situación sería muy distinta. Sí ese fuera el caso, me daría igual que se llegase a duplicar la cifra de mi cartel. Ellos eran todos los que tenía. No podía permitir que nadie los tocase. Viré mi mirada hacia el otro marine. Sabía que quién perdiese de vista a su rival, tendría serios problemas. Así que me concentré en ello, en ver todo, en no ser visto. Un sabor amargo inundó mi boca. Me asqueaba la idea de lo que podía llegar a pasar, pero, llegados a este punto, todo podía suceder. Me mantuve tras Eros, listo por si comenzaba una contienda. Era la primera vez que se daba algo así. Los Sepultura frente a la Marina.



Antología
Emme's Codes

#8
Stroud sentía que, en efecto, aunque tal vez fuese imaginación suya, no era el único con cierto grado de nerviosismo. Frunció su ceño, al tiempo que su corazón empezaba a bombear con más fuerza en anticipación directa por el combate, deseando empezar cuanto antes; medirse como Marine, medir a su subordinado, y medir a su capitán, el comodoro de la División; y todo ello, con un poco de suerto, resultaría de enorme provecho para todas las partes involucradas, que dispondrían de una mejor visión, una mejor idea, sobre las capacidades en combate de cada uno, facilitando, además de la cohesión interna, la coordinación directa en pleno campo de batalla, algo que jamás sobraba en una unidad de combate. Incluso sin ser alguien demasiado intuitivo, y sin necesidad del célebre mantra aprendido durante su estancia en Skypiea, podía sentir lo analítico de la mirada de Kael; el pelinegro parecía una de aquellas personas en las que había mucho más de lo que la simple vista permitía ver, siempre tan característicamente atento, con aquellas formas tan cuidadas.

Stroud se sorprendió, de hecho, en el preciso instante en que Kael pareció optar por tomar la iniciativa en el enfrentamiento. Lo hubiera esperado de Enji, que parecía más impulsivo, o de sí mismo, antes que del pelinegro. Hasta donde Stroud había visto, Kael parecía el tipo de persona que prefería dejarse guiar por la prudencia, observar y hacer sus cálculos antes que lanzarse de cabeza hacia la acción. Parecía que se había equivocado al juzgarlo; no pudo evitar esbozar una sonrisa al ver al soldado Omuyaga saltar desde su sitio, y él mismo masculló, entre dientes, sin apenas poder contener la emoción: "Speed Demon." Toda aquella tensión que se había acumulado en el punto de encuentro de los Marines saltó por los aires en el momento en que Kael optó por dar por iniciado el encuentro, y Stroud no podía esperar a enseñar los dientes con una de las últimas técnicas que había desarrollado. De no haber sido por sus pantalones largos, su camisa blanca y sus pesadas botas, tanto Enji como Kael hubieran podido observar las pequeñas cantidades de aquel ligero polvillo, casi como humo en las circunstancias adecuadas, que habían comenzado a desprender sus rodillas, hombros, codos y tobillos. Una vez las fichas empezaban a moverse, comenzaba el juego. Barajó su siguiente movimiento sin perder de vista a Kael.


Sin embargo, su ánimo cambió repentinamente en el momento en que, a cierta distancia, logró distinguir una voz hablando de unos tontos: la de Kiyoshi Maeda, sin ser él aún consciente de ello. Sus ojos se clavaron en el tirador, contemplando cómo, a unas decenas de metros, parecía estar sacando un arma. Fue como pulsar un interruptor en su sistema nervioso autónomo; oír una voz no perteneciente a aquel grupo (ni siquiera a nadie de su división, hasta donde él podía decir, después de sus días de convivencia) bastó para que todas las alarmas se encendiesen. Nadie más había sido convocado a aquel entrenamiento y, por ende, las opciones no eran demasiadas, pero contemplarlo echando mano de su arma fue más que suficiente. La tensión que había parecido, si bien viva, en letargo durante el tiempo transcurrido en la Isla del Cielo, rodeados de piratas y maleantes de todo pelaje, fue todo un polvorín a punto de arder en llamas. Aquella energía divertida y positiva, incluso socarrona, que había preludiado el inicio del entrenamiento se había convertido de golpe en pura supervivencia. En el momento en que aquellas palabras concluían, Stroud ya se había puesto en movimiento, echando a correr con ferocidad hacia la fuente aproximada del sonido; sus ojos grises, cuyas pupilas habían crecido en aquella descarga de adrenalina, buscaron a los intrusos durante la carrera, y no tardó en divisar al pequeño grupo. La energía y la anticipación por el entrenamiento, que habían saltado como un muelle y que no habían tardado en convertirse en adrenalina, no tardaron en derivar también en un sentimiento irrefrenable de furia, seria e inexpresiva, mientras el Marine recorría una parábola hacia el grupo.

A lo que habría parecido, a ojos de casi cualquiera, la velocidad del relámpago, el joven Nanashi determinó su objetivo de entre los presentes, manteniendo su vista fija en ellos y pudiendo contemplarlos, e identificarlos, desde un ángulo a medida que avanzaba: Eros Focalor al frente del grupo, Kiyoshi Maeda un par de metros justo por detrás de él, el primero que había detectado, y el peludo Varo Ganchin, separado por apenas un par de metros del costado izquierdo del mismo Kiyoshi. Todos ellos habían hecho su aparición en los Juegos de Skypiea, y todos ellos, tenía sentido, habían ido a parar en la misma isla que la División. ¿Habrían sido los únicos? No era el momento de divagar. "Lo primero será desmembrar el grupo... La Justicia que me parió," pensó para sí. Al enfrentarse contra un enemigo como aquel, la movilidad y la capacidad de separarlos rápidamente era fundamental. Debía confiar en que sus nuevos compañeros fuesen lo suficientemente rápidos como para reaccionar de la misma manera que él. "Vice...," murmuró, aproximándose a velocidad de vértigo hasta Varo desde su costado, en un ángulo que le permitía contemplar a los demás, "¡Grip!," exclamó, mientras su mano derecha se cerraba, como una gran garra hidráulica, en torno al peludo cuello del mink, apretando sus vías de respiración y oxigenación antes siquiera de finalizar su carrera. Sobre el dorso de su mano se marcaron varias venas, al tiempo que apretaba con furia. Sin embargo, aquel había sido únicamente el primer paso; sin siquiera detenerse, sirviéndose de la inercia y sujetando el cuello del Mink, dio un salto, manteniendo clavados sus ojos grises sobre Varo y Kiyoshi, alejándose de ambos en la dirección opuesta a la que había estado mirando Eros originalmente, pero no de forma paralela a la costa, sino dirigiendo su trayectoria levemente, de forma diagonal, hacia el interior de la isla. El viento revolvió su cabello a medida que él y Varo se alejaban de los piratas y de los Marines, pero aquello tampoco terminaba allí.

En el momento en que ambos se encontraban en el aire, Stroud continuó con la siguiente parte de su táctica: neutralización. Inmediatamente después de que sus botas se separasen del suelo, su antebrazo izquierdo comenzó a cubrirse del mismo mochi que emergía en torno a sus nudillos, y lo dirigió contra la cabeza del hurón, a quien sujetaba frente a sí, sin visos de ir a soltarlo. "¡Iron Fist!," exclamó mientras el el aire zumbaba en torno a ambos, aún lejos de aterrizar, y su puño golpeaba con furia sobre la sien izquierda del Mink. Casi pudo sentir cómo sus huesos quebradizos comenzaban a ceder, cómo los encajes a los lados del parietal y el occipital retumbaban a medida que perdían su integridad estructural. La sangre le hervía con aquella rabia muda que emergía en situaciones como aquella, aquella cosa cercana al sadismo que jamás hubiese admitido frente a sí mismo ni frente a nadie. Justicia. Apenas hubo terminado de golpear cuando retrajo la misma mano, preparándose para la definitiva. El mochi emergía de nuevo, llenando su mano y dándole un aspecto grotesco, casi informe, que castigó la cabeza del Mink una vez más. "¡Spider Lilly!," exclamó mientras la totalidad de su palma volvía a golpear en el mismo lugar. Aquella vez, sí pudo sentir sin ápice de dudas cómo cedían bajo sus dedos los huesos de aquel cráneo, astillándose y separándose en varias placas, aun bajo la densa capa de pelo. Cuando sus pesadas botas aterrizaron sobre el suelo con firmeza, aquel cuello que continuaba sujetando con su mano derecha era más parecido a una muñeca de trapo que a algo vivo. Aquel salto había cubierto unos treinta y cinco metros, y los situaba directamente a unos treinta y siete metros de donde Eros se había situado inicialmente. Activó el Haki de Observación que había aprendido en Skypiea, expandiéndolo a su alrededor. Giró la criatura hacia sí, sin dejar de apretar su cuello, clavando sus ojos grises en los suyos brevemente mientras percibía su aura. Se preguntó qué había ocurrido en la vida de aquel hombre para acabar así: vendido a los intereses de la piratería, acabando sus días en una zanja en pleno Grand Line. No parecía mala persona, pero, para ser honestos, ese era rara vez el caso entre los piratas. No era relevante. Ni siquiera estuvo seguro de que estuviese consciente. Torció su boca con asco, volviendo a dirigir su mirada al grupo, manteniendo el cuello del Mink atenazado en su mano derecha. La Justicia no era él, no era Enji, no era Kael. La Justicia se encarnaba en cada uno de ellos, y en aquel día prevalecería.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6153 + 0 = 6153
Energia: 5835 - 1569 = 4266
Espiritu: 1720 - 68 = 1652
#9
El último en llegar, irónicamente, fue el más recto de los marines de su división: el siempre serio y sobrio Stroud. Por supuesto, no llegaba tarde, sólo no tan temprano como lo había hecho Kael. Enji le dedicó una mirada. Sabía que, dentro suyo, el rubio tendría sus pensamientos y opiniones sobre él, posiblemente ninguna de ellas muy positiva ni “correcta” según su cargo, pero jamás diría nada en voz alta hasta estar mínimamente igualados en rango. Había conocido a otros marines así de correctos y estirados, y era partidario de buscarles las cosquillas. Con Stroud, quizá estaba frente al objetivo más sencillo de exasperar. O el más complicado.

¿Hasta dónde llegaría su talante contra su desfachatez?

—¿Y bueno? ¿Quieren una invitación o qu-?

BOOM

La explosión sucedió entonces. Una llamarada fugaz y la familiar sensación de ardor en el pecho, seguida de una nube de humo negro que lo abrazó por un instante. Enji tosió y movió los brazos para despejar la cortina. Sus ojos rojos se enfocaron, furibundos, en el bueno de Kael, que se había dado a la fuga después de escupir una bola de fuego. ¿Qué clase de poderes tenía el nuevo tesorero de la división? Esperaba que supiera aguantar los golpes de la misma forma que los daba, porque no se iba a contener. Una sonrisa apareció en su rostro y cuando estaba listo para explotar…

“Alguno de esos tontos habrá estado en Little Garden?”

Una voz distinta a la proyectada por Stroud y Kael apareció. Definitivamente no era Juan, tampoco Shin y definitivamente no era Akira ni Nyra. Entonces… ¿Quién? Enji se giró de inmediato para averiguarlo y sintió como el tiempo pasaba lento mientras sus pupilas enfocaban al variopinto grupo que acababa de llegar y su kenbunshoku corría a toda velocidad en todas direcciones. Dos hombres, un mink. ¿Los reconocía? Bueno, a medias. Recordaba haber visto sus rostros en el periódico, entre las pilas de wanteds, pero ningún nombre propio llegó a su cabeza con excepción de “El Marcado”, a quien juraba haber reconocido rodeado de esos mismos sujetos el día del torneo en skypiea. Eran piratas.

Y uno de ellos les estaba apuntando.

El cielo se hundió bajo sus pies al tomar impulso. Toda la tensión acumulada desde el inicio del entrenamiento se liberó de pronto, pero en otra dirección. Sus piernas lo propulsaron en una explosión violenta de velocidad, pasando de cero a cien en la décima parte de un segundo. Se notaba hervir. Sentía burbujear el veneno dentro suyo, enojado después de haber sido invocado mas no liberado de sus ataduras. Lo aplacó, lo doblegó y lo moldeó en algo diferente, algo menos letal.

Quince metros después de haber salido corriendo en dirección al tirador, Enji exhaló y explotó.

—¡Ciénaga!

Su rugido se vio solapado por el sonido del viento corriendo sobre sus orejas. De forma similar a como un objeto a gran velocidad genera una explosión de sonido al desgarrar la velocidad del mismo, Enji liberó de golpe una gran cantidad de veneno que se movió en todas direcciones, formando una cúpula que crecía desde el punto de ignición. La velocidad de esa ola, sin embargo, era pobre en comparación a su propio cuerpo, que adelantó al horizonte venenoso y le sacó distancia. Su puño derecho ardía, imbuido en una gruesa capa de veneno morado. El izquierdo se mantenía presionado y moviendo ligeramente los nudillos para controlar la expansión.

En lo que podía tomarse como un parpadeo para el tirador, Enji había cortado la distancia que los separaba y estaba delante suyo, tirado ligeramente a su derecha.

—¡Garra!

Pasó a su lado a la distancia justa para estirar el puño y, en un golpe rasante, impactar en su brazo derecho a la altura del bíceps los nudillos de Jarngreipr, lo que provocó, a su vez, el rociar de su veneno por la extremidad. La potencia del golpe empujó todo el brazo hacia atrás, forzó que soltara el arma y su cuerpo se viera arrastrado varios metros, cayendo sobre la tierra con un brazo severamente herido.

La oleada de veneno llegó justo detrás, envolviendo por un instante al capitán de ese pequeño escuadrón, al caído tirador y, presuntamente, también al tesorero de su propia división, que poco podría hacer para alejarse del área de efecto pero contaba con la ventaja de tener la cobertura de los árboles.

Stroud ya no estaba donde lo había visto por última vez y el mink tampoco. ¿Qué tanto había pasado en ese único instante?

Enji aterrizó un metro por detrás de la anterior posición del francotirador, inmune al baño de veneno que tenía al resto paralizados. Dio un salto al costado para tener en la mira a los dos piratas que estaban con él y suspiró, manteniendo la guardia arriba mientras su conciencia se expandía en busca de Stroud y el pirata faltante. Sintió su propia alma retorcerse por culpa de la presencia de su akuma no mi, cuya salvaje naturaleza le costaba contener.
Contenido Oculto

—¡HIJO DE PUTA! Me puedo llevar un tiro hoy, todo bien con eso. Pero… ¿DOS? TU PUTA MADRE SE COME DOS TIROS —exclamó, furioso y con la vena de la frente hinchada después de haber tenido que actuar rápido para echar agua sobre un fuego que amenazaba con encenderse a su cuesta—. ¡¿Y DÓNDE MIERDA ESTÁ STROUD?!

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4884 - 218 = 4666
Energia: 5225 - 1249 = 3976
Espiritu: 2050 - 12 = 2038
#10
Un primer movimiento estructurado y bien procedido, la magia del juego de peleas había comenzado, y con su proceder, esperaba poder actuar rápidamente en consecuencia sin lamentar demasiado, mientras Stroud se encargaba de mantener distraído al sujeto. Confiaba en sí mismo, o más bien en su pequeño otro yo, para encargarse de la labor de combate mientras él, ahora con una capacidad de percepción prácticamente nula, mantenía el estado del cuerpo lo suficientemente estable como para permanecer en el mismo lo máximo posible.

""Esto pinta interesante"

Sin embargo, desde la distancia en la que se encontraba el antiguo marine de la setenta y cinco dos veces, tan solo consiguió observar como una capa de líquido violáceo...¿morado? -No tenía muy buena capacidad de diferenciación del color- se esparcía a su alrededor. La cobertura de la corteza del árbol había llegado a evitar que aquello, fuera lo que fuese, llegase siquiera a manchar su modélico uniforme de punta en blanco, pero no podía, ni tampoco tenía el tiempo, de entender que era aquello que le había llegado hasta su lado. ¿Eso había sido un ataque contra él?

Se asomó en dirección donde supuestamente el Comodoro de la división se encontraba, sin encontrarlo ni a él, ni posteriormente al Comandante Nanashi, hasta que la voz del primero en un griterío contra sus disparos delató su posición.   

""¿A mí me lo vas a preguntar?" Pero su mente cortó todo pensamiento de golpe al ver que un par de figuras desconocidas acompañaban la presencia del Comandante. ¿Quiénes...?

Se apartó un metro hacia la izquierda, tomando espacio suficiente para poder saltar toda la distancia que su cuerpo le permitía en dirección hacia donde todo aquel grupo se encontraba. Prácticamente en mitad del salto comenzó a procesar la información.

""¿Los sepultura?" Podía reconocer perfectamente a aquellos dos de los carteles de Se busca. Uno de ellos, además, era precisamente quien había llamado la atención del agente del Gobierno durante las pruebas. El ganador de las pruebas de tiro del cielo se encontraba allí, junto al capitán de aquella tripulación; un hombre que, por lo poco que había podido apreciar durante la prueba de fuerza, poseía una curiosa capacidad de tipo Zoan.

Aterrizó sobre el suelo y, sin detenerse, recorrió corriendo los últimos seis metros antes de efectuar un disparo. Esta vez no había intención de advertencia alguna. El proyectil fue dirigido hacia el capitán de aquellos hombres, con una intención de daño real.

No quería disparar en esta situación a un marine, no cuando el propósito inicial de aquel entrenamiento había dejado de existir y se había decidido convertirlo en un enfrentamiento real. Ya no se trataba únicamente de observar las capacidades de sus superiores, sino de capturar criminales antes de que acabasen con ellos.Ahora tenía que asegurarse de que aquellos mismos superiores pudiesen seguir siendo observados cuando todo aquello terminara. Una ironía bastante desagradable, teniendo en cuenta que había perdido buena parte de la oportunidad de analizar su actuación precisamente por haberse mantenido oculto tras aquel árbol.

"Joder, no sé que voy a hacer con esto"

La había fastidiado, pero no era momento ni siquiera de pensar en eso.

cambio de paradigma
[Imagen: jGxJg3p.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4971 + 0 = 4971
Energia: 4064 - 555 = 3509
Espiritu: 1677 + 0 = 1677


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