[Pasado] Turismo en territorio enemigo
#1
13:13 Día 321 del año 10, Invierno.
Shells Town(Isla Yotsuba)

[Imagen: latest.png]


Tras nuestro paso por la Villa Syrup, el barco comercial había tomado rumbo a la isla Yotsuba, concretamente a Shells Town, la principal ciudad de tan rocosa isla. No estaba del todo convencido de venir a una isla con semejante base de la marina. Las propias instalaciones destacaban por encima de cualquier otro edificio o monumento del lugar, era imposible no verlo.
-        Si Terence y Mihasy toman tierra, de seguro harán algo que llamará la atención. – Pensé mirándolos a lo lejos dentro del barco.

Ellos estaban quietos, Mihasy observando el mar en silencio, y Terence leyendo un libro con total tranquilidad. Cualquiera que los viese pensaría que son unas buenas personas, incapaces de provocar altercado alguno.
-        Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán. – Comenté suspirando para preparar las palabras que iba a decir a continuación. - Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis? – Pregunté con una sonrisa incrédula riéndome un poco.

-        No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE! – Exclamé en un desesperado intento de sorprenderles y que el mensaje entrase claramente en sus cabezas. Pero había que insistir un poco más, seguro. – Bien, ahora imaginas que véis… no sé…  ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina! – Una vez dicho esto hablé más bajo mientras me acercaba a ellos.

-        Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo.
 

Un nuevo destino era siempre sinónimo de nuevas experiencias, algo realmente motivador, capaz de animarme siempre, pero no con estos dos. Estaba con los nervios a flor de piel.
 
Mientras había hablado con mis compañeros de viaje ya habíamos tomado tierra. Observé entonces la isla, contemplando que realmente se trataba de roca. Absolutamente era una isla rocosa aplanada en algunas zonas a la fuerza para edificar una ciudad. Había muchísimas casas pequeñas, todas pegadas unas a otras por bloques, y escaleras de piedra para ascender por la isla. Mirase donde mirase, podría ver aunque fuese de reojo la gran base marina, ante lo cual me giré mirando a mis compañeros.
-        Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base. – Concluí para no insistir más. Tenía pobres esperanzas de que hubiesen captado el mensaje ya.
 
Dicho esto me lancé al puerto desde el barco, observando a mi alrededor un montón de pescaderos, pequeños y medianos barcos de pesca, e incluso lagos naturales formados entre las rocas, donde tanto niños como mayores disfrutaban de un baño. Realmente era un sitio bonito para visitar, siempre y cuando no cometas ningún delito ni armes jaleo alguno, claro.

Observé desde el propio lugar los barcos que había alrededor. Eran todos grandes, robustos, y con amplia capacidad para varios miembros. De no ser la isla que era, podría merecer la pena robar uno de estos. Tendríamos wanted, sí, pero merecería la pena para poder ser independientes.
-        Recuerda, nos falta un navegante, idiota. – Pensé para mis adentros a modo de recordatorio. – ¡Es verdad! Que idiota. – Me contesté a mí mismo en mis pensamientos.

Que mal voy a terminar si ya empiezo a tener diálogos así conmigo mismo en mis pensamientos. Espero que no pasen a diálogos hablados. Llevé entonces las manos a mi cabeza en una posición relajada y sonreí observando toda la isla, que era fácil de observar desde el puerto.
-        Primera parada de cualquier destino, una taberna o restaurante. – Pensé buscando uno con la mirada. – Es el punto social donde, aunque estés callado, vas a descubrir cosas del lugar.
  Responder
#2
Habíamos abandonado la tranquila Villa Syrup para enrolarnos de nuevo en el barco comercial que amablemente había accedido a acercarnos en su travesía por distintas islas para estar más cerca del camino de nuestra isla objetivo, Loguetown.
En esta ocasión, pasábamos por la Isla de Yotsuba, en particular a su ciudad principal, una que destilaba aires de seriedad y orden público, no por otra razón que la gigantesca base de la Marina que se encontraba en el lugar.

- “Vaya… y ahora me traen aquí…  Si es que ya no puedo ser yo mismo en ningún sitio”- pensé mientras retomaba la lectura tras mi disociación momentánea.

Era una narración de tipo histórico-fantástica que relataba las andanzas de un hombre de excepcional tamaño llamado Dain, que usualmente iba con el torso descubierto y se le conocía por su larga barba trenzada pelirroja, del que decían que era capaz de pulir las mismísimas rocas con sus puños y que tenía la energía de una montaña.
Este era un libro definitivamente ajado, bastante viejo, que había encontrado curioseando por el barco en una de mis escapadas furtivas por información. A veces era difícil estarse quieto sin hacer nada y aguardando el llegar a un nuevo destino, especialmente en este barco comercial diseñado para ser seguro, aunque lento.

- “Chicos, pronto vamos a tomar tierra según el capitán” – comentó presto Legan, sacándome raudo de la lectura – “Esta es una base de la marina, la propia isla en sí es una gran y puñetera base marina, sí. ¿Entendéis?” – tomó una pausa y continuó-   “No, seguro que no lo entendéis. Escuchad, por favor. Imaginad que veis a un amable panadero, inocente, gracioso… ¡PUES SU PADRE SEGURO QUE ERA MARINE! “– exclamó, bastante exaltado, hablando como si fuéramos putos niños pequeños – “Bien, ahora imaginas que veis… no sé…  ¿Una pobre anciana? ¡Su hijo será el alto cargo de la marina! ¿Qué veis a un mendigo? ¡De seguro se trata de un marine retirado! ¡Cualquier persona que veáis tiene relación con la marina!” – finalizó todavía intenso.

Era cierto que ni Junsho ni yo éramos personas fáciles o sencillas. En mi caso particular es porque no toleraba a las razas inferiores, tan simple como eso. ¿Acaso estaba a mi altura intelectual, un pez amorfo, un ser de un palmo con la cabeza llena de serrín, un medio bestia con rasgos vagamente conscientes, o un gigante que era una mera mula de carga?
No era mi culpa que esas razas estuvieran genéticamente diseñadas para servirnos a los humanos, aunque todavía estaba tratando de entender bien como clasificar a otras mucho más antropomórficas como el caso de los Lunarian, Oni o Skypeanos…
Tiene bastante gracia que eso me lo dijera un mestizo.

- “Hacedme el favor de estar quietecitos. Si queréis, ni salgáis del barco, pero por el amor de Dios, no llaméis la atención. Imaginad que sois personas buenas, razonables, y sin odio a nadie. Lo que sea mientras no arméis ningún revuelo” -recordó, en voz baja pero también amenazante.

Le miré durante unos segundos con una mueca fría, y continué su tono.

- “Vale, será así señor Sonrisas”- finalicé, mientras miraba algo aburrido para posteriormente cerrar el libro con desgana pues toda la charla me había quitado las ganas de proseguir, y algo hastiado con la situación, puse mi mentón apoyado sobre mi mano izquierda, vagamente sostenida a su vez contra mi rodilla, pues estaba en posición sedente y recostado contra una pared de madera de cubierta.

- “Literalmente están en todas partes, cabezas de chorlitos. Miréis donde miréis, Marina. Y con un poco de habilidad, que la tendrán, llegan en segundos a cualquier punto de la isla desde esa enorme base” – excretó verbalmente de nuevo, mientras se lanzaba al puerto desde el barco que aún apenas había terminado de llegar a puerto.

Me dirigí a Mihasy Junsho, el hombre que era todo alegría, y tuvimos una mirada cómplice durante unos segundos.

- “Recuérdame… ¿Por qué no le hemos matado aún?”- dije, mirando de manera ladeada el recorrido del enorme cornudo, mientras inconscientemente apoyaba el libro contra el suelo de madera de cubierta y provocaba un golpe seco y sonoro –“Se piensa que estamos locos o algo, ¿verdad?”- concluí algo molesto, pero sin variar mi tono frío, lo que daba una expresión bastante extraña visto desde fuera.

Me puse de pie, y guardé el libro en el interior de mi chaqueta, de corte algo militar y de tono blanco, combinada con una camisa roja con motivos espiral en negro, a lo que uní unos pantalones grises oscuros de corte vaquero y ajustados y unas botas con espuelas y ligera punta pronunciada de color marrón.
-“Habrá que seguir al cenutrio este, sino seguro que se trae a algún bicho extraño como a aquel tío de la tinta…” – dije finalizando con un suspiro al tiempo que divisaba una gran cantidad de barcos militares de la Marina –“Cómo no”- musité al tiempo que comenzaba a caminar lentamente hacia el interior del puerto.
  Responder
#3
Llevé la copa de vino a mis labios para dar un largo trago. La marca del pintalabios se quedó estampada en el cristal, desgastado por el tiempo, al igual que todo lo que había en aquella decadente taberna repleta de gente lamentable. Para ser tan pronto había bastante gente, una mesa en una esquina con cuatro señores mayores bebiendo y jugando a las cartas, un par de mesas con dos tipos solos, también bebiendo, y en la barra, a tres taburetes de distancia de mí, otro chico bastante joven, tanto que dudaba que tuviese la edad necesaria para estar bebiendo lo que sea que llenaba su vaso. Cada uno parecía inmerso en su mundo, nadie prestaba atención a los demás, a excepción de los cuatro señores, que se relacionaban entre ellos de manera bastante vaga. La mujer que atendía la barra, una señora corpulenta y de mirada cansada, comprendía qué tipo de clientes acudían a su local y no se mostraba interesada en charlar con ellos o meterse en sus asuntos. Tan solo se limitaba a servir y limpiar copas.

Hacía mucho tiempo que no pisaba aquella isla. Me conocía la ciudad como si fuese mi propia casa, de hecho, lo había sido durante mucho tiempo. Hacía varios años que me había jurado no volver, pero ahora aquello había perdido sentido. Solo había dos personas a las que no quería volver a ver en mi vida por nada del mundo: mi madre y mi hermano. La ciudad no era muy grande, pero tampoco era el típico pueblo diminuto en el que todo el mundo se conocía. No tenía ni idea de estadísticas, aunque estaba bastante convencida de que las probabilidades de cruzarme a alguno de los dos eran bastante bajas; nulas si me quedaba encerrada bebiendo en aquella taberna de mala muerte.

Realmente no pretendía nada cuando me bajé del barco, la nostalgia me pudo. Mi idea era llegar por la mañana, pasear, tomarme algo y volver a coger un barco para marcharme y, posiblemente, no volver. Al menos, no en bastante tiempo. Ya me había acostumbrado a ir trabajando en diferentes lugares, a ir moviéndome de vez en cuando por los diferentes lugares de otras islas. Ya no me imaginaba cómo sería asentarme para tener una vida corriente y tediosa, yendo siempre al mismo trabajo, en el mismo lugar. Me aburría solo de pensarlo. Saqué la cajita metálica con puros del bolsillo de mi chaqueta y encendí uno de ellos. Definitivamente, no quería una vida aburrida, aunque tampoco una caótica. Ahora mismo tenía muchas cosas en las que pensar.

Di una calada al puro mientras apoyaba la copa de vino tinto medio vacía en la barra. El ambiente era realmente deprimente, sin ninguna clase, pero no podía esperar nada más. Ya sabía dónde me metía cuando crucé la puerta desgastada por el paso de los años y las inclemencias meteorológicas. Tampoco pedía tanto. Tan solo quería que ocurriese algo interesante.
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
#4
Cuando llevaba ya unos minutos caminando empecé a reducir el ritmo de mis pasos sumergiéndome en mis pensamientos. Estaba centrado en todo lo que les había dicho a mis compañeros. A decir verdad creo que me excedí, y les debía unas disculpas. Les había tratado como si fuesen tontos o locos desquiciados, y no eran así. Ellos no eran personas malas, de hecho me han demostrado buena voluntad siempre. El único problema que tienen son sus tendencias. Tendían a tener problemas, bien por traumas o bien por la formación y educación que habían recibido desde que eran pequeños. Pero en ningún momento habían tratado de imponerme lo que ellos pensaban. Mihasy estaba siempre conteniéndose, pero al menos hablaba algo de vez en cuando y permanecía cerca. Terence por su parte parecía ser más flexible en sus métodos teniendo en cuenta nuestros valores y hasta sueños.
- Tengo que disculparme con ellos. – Dije en voz baja sin darme cuenta.

Una persona se giró hacia mi, pensando que me dirigía hacia ella, por lo que pedí disculpas rápidamente explicando que fue un error por mi parte. No pareció sentirse molesta, pero sí me miró un poco raro durante unos segundos.

Retomé mi camino observando los diferentes comercios que allí había, aunque había variedad de negocios, la mayoría estaban centrados en productos de la mar, entre las cuales abundaban las tiendas que vendían un producto fresco recién pescado, otras tiendas centradas en elementos decorativos, y algunas otras, las menos frecuentes, dedicadas a la venta de instrumentos para pesca. Me quedé observándolas desde fuera, era muy interesante de ver todo lo que podían ofrecer las diferentes islas del mundo, y no sólo eso, encontrar similitudes y diferencias entre ellas mediante su comercio.

Todos mis pensamientos se detuvieron cuando llegó a mí un exquisito olor a comida. Debía estar cerca de una taberna, seguro. Empecé a moverme más a prisa buscando con la mirada ese posible lugar, y aunque tuve que callejear un poco, logré dar con la taberna al fin.

Desde fuera no parecía demasiado llamativa, quizá podría haber pasado por el lado sin darme cuenta de que era una taberna, pero el olor era inconfundible, como también lo era el cartel que encabezaba el local.

Sin pensármelo dos veces abrí la puerta, procediendo a entrar agachando un poco mi cabeza antes. Cualquier día me olvidaré de hacerlo y del golpe que me voy a dar en la cornamenta se me dejará de olvidar para siempre.

Dentro había ya varias personas, aunque me hizo especial gracia el grupo de cuatro señores de avanzada edad que se quedaron mirándome estupefactos unos largos segundos. Me vi obligado a saludar sonriendo para calmar la situación y que así dejasen de mirarme tanto. Parecía que jugaban a las cartas, lo cual me recordaba lo malo que era en esa clase de juegos.

Sin decir nada más me senté en una de las mesas más retiradas, en una esquina que daba vistas a la entrada, y pedí de beber algo refrescante antes de comenzar a comer. Mirando a mis alrededores detuve mi mirada en una mujer que se encontraba sentada no muy lejos. No la conocía de nada, pero me llamaba la atención las cicatrices que recorrían parte de su rostro y la forma de vestir, para nada habitual entre la ciudadanía que había alcanzado a ver. Era elegante, pero al mismo tiempo demasiado llamativa si lo comparamos con lo estándar.
- ¿Será algún pez gordo de la marina? – Pensé intentando no centrarme mucho en ella para no incomodarla. Quizá pronto lo averiguaría.
  Responder
#5
La puerta de aquel lugar se abrió, lo cual llamó mi atención. Miré de reojo y lo que vi me sorprendió aún más. Un tipo de estatura considerable cruzó el umbral de la puerta agachándose ligeramente para poder caber por el marco y no golpearse lo que parecían unos cuernos. Evidentemente, no fui a la única a la que aquello llamó la atención, el grupo de señores jugando a las cartas también se quedaron mirando algo sorprendidos y de forma bastante menos discreta que yo. A pesar de su aspecto, el tipo no parecía amenazador ni estar buscando problemas. Les sonrió de forma amable y se sentó solo en una de las mesas libres. Volví mi vista al frente para dejar de mirarle, pero sin dejar de pensar en su peculiar aspecto, nunca había visto a alguien así.
 
Me crucé de piernas en el taburete de la barra y di otra calada al puro mientras la mujer dejaba de secar vasos para acercarse a él y tomar nota de lo que pensaba tomar. Por lo menos no parecía alguien del cuartel, estaba bastante convencida de que ningún marine pisaría aquella taberna a menos que fuese estrictamente necesario. El cuerpo de marines estaba repleto de estirados petulantes incapaces de pensar por sí mismos ni ver más allá de su ombligo. Había venido con la intención de relajarme y ya me estaba poniendo de mal humor solo de pensar en ese hatajo de inútiles lameculos. Traté de dejar de lado el tema pensando en otro asunto más trivial, como, por ejemplo, por qué el tipo que acababa de entrar tenía cuernos.
 
Lo primero que pensé es que podía tratarse de una especie de disfraz, pero conocía perfectamente aquel lugar y sabía que no era algo típico de por aquí. Jamás había visto a nadie con un aspecto similar. Además, estaba claro que su tamaño era real, esa era su estatura. Estaba acostumbrada a ser algo más alta que los demás, tanto que se me hacía extraño imaginar que para hablar con alguien como él tendría que levantar el cuello. Tenía que resultar bastante incómodo y, a la larga, causar problemas cervicales.
 
Di un sorbo a la copa y volví a girarme discretamente para echarle otro vistazo. Era consciente de que era algo de mala educación, pero la curiosidad podía conmigo. También era llamativa su actitud pacífica. No estaba acostumbrada a ver a gente tan alegre, lo cual contrastaba con su aspecto. No podía dejar de mirarle, como si pudiese averiguar algo más sobre él tan solo con tener la vista fija en él. De dónde vendría y a qué se dedicaría. No me imaginaba cuál podría ser el oficio de un tipo tan particular. Me gustaría poder preguntarle, pero me detenía la idea de quedar como una loca entrometida al acercarme a un extraño para indagar sobre su vida, así que me limité a beber y fumar mientras le observaba de lejos (como si aquello no fuese de loca entrometida).
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
#6
Para mi sorpresa me sirvieron la bebida muy rápido, supongo que no había una alta demanda de servicios en este instante, aunque cocina debería estar pensando lo contrario pues la ola de demandas estaría a punto de crecer.

Dando un pequeño sorbo a mi bebida pude observar que la mujer que antes había captado mi atención me estaba mirando con cierto disimulo. Podría llegar a pensar que había ligado si no fuese consciente de mi tamaño, el cuál llamaba siempre la atención, además de mis cuernos. Era el precio a pagar por tener este cuerpo.

Animado por haber refrescado mi garganta miré algo más fijo a la mujer, estaba sentada en uno de los taburetes situados frente a la barra. Podía confirmar claramente que la curiosidad era mutua, y había aprendido en esta última época de mi vida que podía saciar mi curiosidad al respecto de los demás si yo les saciaba la suya. Un intercambio justo en cierto modo.

Cuando mi mirada se cruzó con la joven tendí mi mano hacia la silla situada a mi lado, manteniendo mi sonrisa. Supuse que eso podría interpretarse mal, por lo cual, decidí explicar antes siquiera de que tuviese en mente rechazarme.
- La curiosidad mató al gato, pero murió sabiendo ¿No? – Pregunté entre risas para suavizar el haber sido tan directo antes de lanzar mi propuesta. - Siéntese, estoy acostumbrado a llamar la atención, hablemos. – Continué manteniendo una sonrisa amable.

Era consciente de mi tono de voz, amedrentaba a la mayoría de personas, por lo que una sonrisa o una pequeña risa después de mis palabras suele provocar que el ambiente se calme un poco. De no hacerlo, la mayoría me temería sin darme oportunidad alguna a conocerme. En cierto modo, si me muestro tan afable y simpático es también por supervivencia social.
- Mi nombre es Legan, encantado. – Dije a modo de breve presentación para romper un poco el hielo de la conversación si finalmente aceptaba mi propuesta.

Realmente esperaba que aceptase mi propuesta, ya que si no lo hacía podría acabar pasando una vergüenza notable. Parecería un tipo que se cree ligón y falla estrepitosamente a ojos de todos en el lugar.
  Responder
#7
Era consciente de que no estaba siendo demasiado discreta, pero no me importaba. A estas alturas, sobre todo debido a la cantidad de alcohol que había estado ingiriendo las últimas horas, ya era difícil que algo pudiese importarme. El tipo se percató de que le estaba observando y me hizo un gesto para que me sentase en su mesa, en la silla que se encontraba junto a él. No sabía si se estaría confundiendo conmigo, pero salvó la situación ofreciéndome verbalmente que charlásemos. Por lo visto, estaba acostumbrado a llamar la atención, no le quedaba otra con ese aspecto tan peculiar. Tal vez en ciudades más grandes o en otros lugares pudiese pasar desapercibido, pero los habitantes de esta isla y los de otras más pequeñas no veían todos los días seres con sus características.

Apuré el último trago de la copa, la dejé en la barra y le hice un gesto a la mujer de la barra para que me sirviese otra en mi nuevo asiento. Me puse en pie y me aproximé al chico de los cuernos para sentarme a su lado de brazos cruzados y con el puro entre los dedos de mi mano derecha. Me extrañaba que se hubiese mostrado tan dispuesto a hablar con una desconocida, yo no lo habría hecho, pero, ahora que lo pensaba, esa actitud podía formar parte del carácter amistoso que había sacado a relucir al entrar a la taberna. Se presentó y supuse que lo correcto sería hacer lo propio, especialmente después de haberme quedado mirando como una vieja cotilla y haberme acoplado en su mesa tan solo para satisfacer mi curiosidad.

—Yo me llamo Triana. Siento la indiscreción, pero nunca había visto a nadie tan alto. Ni con cuernos —maticé casi olvidando lo más llamativo. Estaba claro que lo más extraño eran sus cuernos, no sabía que podían existir humanos con cuernos, pero no podía evitar fijarme en su altura, que sería más del doble que la mía. ¿Por qué sería así? Bueno, ahora que lo tenía delante no iba a desaprovechar la oportunidad de preguntarle. —Perdona mi pregunta pero, ¿eres humano?

Sabía que existían razas de todo tipo y de lo más variopintas, aunque no había viajado lo suficiente como para poder haber visto en persona ninguna de ellas. También podía ser que me la estuviese jugando y tan solo se tratase de un pirado con cuernos de juguete, pero ya solo por su tamaño se merecía mi atención. En ese momento, la tabernera se acercó a nuestra mesa para servirme otra copa de vino, probablemente la sexta o la séptima, ya había perdido la cuenta. Al principio había notado el mal sabor de aquella bebida de calidad dudosa, aunque ya no era capaz de distinguirlo y me había acostumbrado a beberlo como si de agua se tratase. Pese a ello, esperé a que me contestase antes de dar un trago.
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
#8
La joven parecía aceptar mi invitación, no sin antes dejar su copa tan vacía que casi parecía limpia. Aunque no tardó en pedir otra copa, esta vez en mi mesa. Desde luego no perdía el tiempo.

A medida que se aproximaba pude ver que era bastante alta para lo que solía ver en mujeres humanas, tenía una figura imponente, y esa forma de colocarse nada más sentarse a mi lado potenciaba ese aspecto. Brazos cruzados con puro en mano, rebosaba confianza en sí misma. Aun así me presenté con total naturalidad, era cierto que estaba analizando cada detalle de ella, pero quería evitar que se notase.
- Yo me llamo Triana. Siento la indiscreción, pero nunca había visto a nadie tan alto. Ni con cuernos. – Me comentó al poco de sentarse. No. Esta mujer no perdía el tiempo para nada, conclusión que pronto reafirmé al escuchar como continuaba. - Perdona mi pregunta pero, ¿eres humano?

Me reí un poco, no porque la pregunta fuese graciosa en sí, sino por lo poco común que era esa pregunta, teniéndola todos en mente. Normalmente hacían preguntas acerca de los cuernos directamente, o sobre mi tamaño, pero preguntarme si era humano era algo muy extraño.

Tras esa pequeña risa di un sorbo a mi bebida y negué con la cabeza haciendo una mueca sonriente en mi rostro.
- No, o al menos no totalmente. Soy hijo de un honorable Oni, y de una humana, tal y como me han contado desde que soy muy pequeño. – Comenté riendo un poco nuevamente.

Procedía a hablar cuando llegó la tabernera para servirle la copa a mi acompañante. Con un gesto pedí que me repusiera la bebida, la cual ya estaba terminada.  Así podríamos tener los dos la bebida recién puesta en poco tiempo.
- He podido ver que tenías curiosidad, así que como supondrás, mucha gente me mira igual. Es por eso prefiero hablar, saciar la curiosidad, y de paso conocer a gente interesante. Tú desde luego lo pareces. – Comenté al mismo tiempo que habían repuesto mi bebida. – Esas cicatrices no son nada normales. ¿Cuál es la historia detrás de ellas? – Hice una ligera pausa para beber un trago rápido y volviendo a sonreír terminé mi frase. – Si no es mucho preguntar, claro.

Podría estar tocando terreno pantanoso con esa pregunta, desde luego no eran normales, por lo que sería normal que detrás de ellas hubiese un trauma. Sin embargo había concedido saciar su curiosidad sobre un aspecto sobre mí, con lo cual quizá accediese a contarlo a modo de corresponder la duda. Pronto sabría la respuesta.
  Responder
#9
Mi pregunta pareció resultarle graciosa, lo cual me hizo pensar por un segundo que había hecho el ridículo por completo y que aquellos cuernos eran parte de algún disfraz. Por suerte, no me mantuvo en ese estado demasiado tiempo y me confirmó que había nacido de una humana y algo llamado “oni”. Conocía la existencia de los gyojins, pero nunca había oído hablar de los onis. No me imaginaba cómo podrían ser, pero tenían que ser altos y con cuernos, los dos rasgos más llamativos del chico y que le hacían destacar. Ya me lo imaginaba, pero no era la única que sentía curiosidad por él. Por lo menos se lo tomaba bien.

Lo que no me esperaba era también despertar su atención. Me consideraba una persona corriente, aunque sí que era cierto que a veces descubría alguna que otra mirada indiscreta. Se me solía olvidar, pero estaban ahí y eran demasiado llamativas como para poder ocultarse, aunque tampoco lo pretendía. A pesar de las miradas, nunca nadie me había preguntado por ellas, algo normal teniendo en cuenta que no solía relacionarme con demasiada gente. A mí también se me escapó una sonrisa. ¿Ahora qué se suponía que debía contar? Después de que hubiese accedido a sentarse conmigo y responder a mis preguntas no podía dejarle sin respuesta.

Al igual que él, di otro trago a mi bebida. —Bueno, sí es mucho preguntar, pero también es mucho haber invadido tu mesa. Fue por una disputa familiar. No quise fregar los platos y mi madre no se lo tomó bien —respondí consciente de que aquella respuesta no le valdría. Ya que él había sido sincero, o eso parecía, lo menos que podría hacer era aproximarme un poco más a la verdad. —En realidad me pelee contra un animal enorme que atacó a un amigo. Me dio una paliza —maticé. Realmente no estaba mintiendo. Era una verdad a medias con bastante de verdad. —Pero no me gusta mucho hablar de ello ¿Eres de por aquí o estás de viaje?

Tras mi pregunta di una calada al puro. Había vivido muchos años en este lugar, pero ni de lejos podía decir que conocía a todos sus ciudadanos. Nunca había visto a nadie como él, pero en un lugar tan grande nunca se sabía, no tenía por qué habérmelo cruzado.
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
#10
Era palpable que aquella mujer desconocía la raza de los Oni, cuando los cité su semblante dio muestra de aquello. No la culpaba, al fin y al cabo yo tampoco los había visto. Siempre me preguntaba cómo sería encontrarse a uno de ellos, cómo me iba a sentir cuando tuviese a uno de frente, e incluso cómo iba a reaccionar. Era todo un misterio para mí.

- Bueno, sí es mucho preguntar, pero también es mucho - haber invadido tu mesa. Fue por una disputa familiar. No quise fregar los platos y mi madre no se lo tomó bien. - Me respondió en un tono serio, pero algo me hacía pensar que tenia parte de broma.


Mi reacción fue simplemente reírme, pero no demasiado por si realmente me estaba siendo sincero, quería que viese mi prudencia aunque me hiciese gracia. Pero pronto me desveló otra razón que parecía más verosímil.

- En realidad me pelee contra un animal enorme que atacó a un amigo. Me dio una paliza. - Me contestó con un tono mucho más serio en esta ocasión, procediendo a continuar al cabo de unos segundos. - Pero no me gusta mucho hablar de ello ¿Eres de por aquí o estás de viaje?

- Vaya... - Contesté en primera instancia asimilando cómo de violento tendría que haber sido aquello. - tuvo que ser muy duro de vivir, siento que hayas tenido que pasar por ello.

Estaba dispuesto a hablar más sobre el tema, especialmente empatizando un poco con su dolor, no obstante su rápida intervención me dejó muy claro que era mejor no seguir por ese camino. Di un pequeño trago a la bebida acompañando su pequeña pausa antes de retomar la palabra.

- Lo cierto es que no, vengo de lejos. He estado viajando todo este último año, y ahora estoy buscando compañeros para realizar un largo viaje... - Sonreí un poco, para crear complicidad sabiendo que no era marine por su aspecto. Aunque total, de serlo tampoco pasaría nada ya que no tiene recompensa mi cabeza. - Mi nombre es Legan Zaid, y mi sueño es ser un gran pirata jajaja. - Tras decirle aquello me acerqué un poco, inclinando mi cuerpo para decirle a continuación algo muy bajo, pero con determinación. - Recuerda mi nombre, resonará hasta en los cielos de todo el mundo. - Le dije esta vez entre risas más sonoras.

Era una pequeña apuesta confesarle aquello, primero quería saber su reacción, sus cambios en el rostro, y después oír su respuesta. ¿Quién sabe? A lo mejor tengo frente a mí a una compañera de profesión, o en el mejor de los casos, una navegante deseando salir a la mar.

-¿Y tú? ¿Eres de aquí o viajas también? - Pregunté para devolver la pregunta y asi saber más de ella.
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)