11-07-2026, 03:59 AM (Última modificación: 11-07-2026, 04:06 AM por Ubbe.)
Verano, año 15, Un bosque cerca de Baterilla
Baterilla no era más que otra parada en el largo viaje que Ubbe había decidido emprender años atrás. Sin una tripulación a la que llamar hogar ni un destino realmente marcado, el joven bucanero recorría el mar de isla en isla aceptando pequeños trabajos con los que llenar el estómago y conseguir unas monedas para continuar navegando. A veces descargaba mercancías en los puertos, otras ayudaba a pescadores a recoger sus redes o simplemente ofrecía su descomunal fuerza allí donde alguien estuviera dispuesto a pagarla con un plato de comida. Aquella mañana no había sido diferente; tras echar una mano durante horas en el puerto de Baquella, había decidido alejarse del bullicio para explorar el interior de la isla y descansar un rato antes de reemprender la marcha.
El interior de Baterilla escondía un paisaje muy distinto al que ofrecía su pequeño pueblo costero. Conforme las casas blancas y los tejados anaranjados quedaban atrás, el sonido del mar era sustituido por el incesante canto de los insectos y el suave vaivén de las hojas, agitadas por la cálida brisa tropical. Altísimas palmeras se alzaban hacia el cielo, mezclándose con árboles de gruesos troncos y una vegetación tan abundante que apenas permitía al sol atravesar su denso dosel. Solo algunos estrechos senderos, abiertos por los pescadores y los pocos curiosos que se aventuraban tierra adentro, rompían aquella inmensidad verde.
Sin embargo, aquella paz tenía un intruso.
En mitad de un pequeño claro, allí donde la hierba había sido completamente aplastada por el peso de un único cuerpo, descansaba un muchacho de proporciones descomunales. Con sus 23 años ya superaba ampliamente los cuatro metros de altura, y su corpulencia hacía pensar que algún gigante hubiera decidido echar una siesta en plena naturaleza. Estaba completamente espatarrado, con una pierna extendida mientras la otra permanecía ligeramente flexionada, un brazo bajo la cabeza a modo de almohada y el otro reposando sobre su abdomen, portaba unas gafas de sol negras y un colgane con lo que parecía una tuerca de metál, llevaba puesto solo unos pantalones, su habitual chaleco descansaba apoyado en sus pertenencias, dejando ver claramente todo su torso desnudo. A unos pasos descansaba una enorme mochila de viaje, abierta de cualquier manera, junto a los restos de una improvisada hoguera y varias espinas de pescado que daban buena cuenta del festín que debía haberse dado antes de caer rendido.
Su respiración era tan profunda que hacía oscilar las hojas más cercanas a cada exhalación. Los ronquidos, graves y constantes, se extendían por buena parte del bosque, espantando a las aves que tenían la mala fortuna de acercarse demasiado. Incluso un pequeño grupo de monos observaba la escena desde las ramas con evidente desconcierto, incapaces de decidir si aquella enorme criatura era un peligro... o simplemente el ser más perezoso que habían visto jamás.
Y lo cierto era que Ubbe no tenía intención alguna de despertar. Después de varios días embarcado, aquel rincón apartado le había parecido el lugar perfecto para recuperar fuerzas. El suelo era sorprendentemente cómodo, la sombra protegía del sofocante calor y el bosque proporcionaba una tranquilidad que ni el bullicioso puerto ni el pueblo podían ofrecer.
Al menos... hasta que alguien decidiera adentrarse en aquel claro.
13-07-2026, 10:50 AM (Última modificación: 13-07-2026, 10:52 AM por Kagura.)
Capitulo 23: Curioso despertar
Lugar: Baterilla, puerto
Fecha: 26 de verano, año 15
Hora: 09:00 AM
¿Alguna vez se han preguntado cómo nace un fetichismo? ¿No?...bueno yo tampoco, sin embargo estoy aqui, sintiendome con la absurda necesidad de contarles los motivos del porque mi actitud cambia cada vez que ciertos pectorales bailan ante mis ojos, porque seamos sinceros…¿Quien no cae ante semejantes tetorras?, debía confesar que todo comenzó por mera curiosidad, por cuestiones de la pubertad o simplemente nació porque así lo quiso la narradora (Obvio que si), por esa misma razón esta historia merece ser contada con lujos de detalles, no podía omitir absolutamente nada sobre este interesante asunto. Es por eso que los invito a acompañarme en este capítulo tan especial e importante de mi vida, un relato lleno de momentos vergonzosos, confesiones inesperadas y quizás guarradas que tuvieron que ser guardadas para mí misma. Si han llegado hasta aqui...tomen asiento y preparense, porque toda obsesión tiene su origen y esta es la curiosa anécdota de la mia:
corre cinta
Era una mañana perfecta con un cielo totalmente despejado, la brisa fresca que suavemente acariciaba la costa bajo el murmullo de las olas, eran tan solo una sinfonía que abría paso a una mañana serena, como era de costumbre los muelles rebosaban de vida, los comerciantes descargaban la mercancia de los enormes navios atracados, los marineros iban y venian con pasos apresurados con ese clasico aroma salino del mar. En la zona comercial cada tienda y puestos ambulantes comenzaban su rutina, abriendo sus puertas para darle la bienvenida a cualquier forastero o habitante de esta isla, compartiendo simpatia con risas, anécdotas y saludos, sin duda seria una mañana memorable, o eso es lo que yo queria creer en aquel entonces...
Con prendas de sedas en tonos neutrales que hacían resaltar mi delicada figura, recuerdo que ese dia llevaba puesto una falda blanca de pliegues, una blusa blanca de cuello alto, con botones al costado estilo oriental y con bordes azules , medias negras que cubrían mis piernas y como era evidente…botines de cuero en tono negro, para finalizar ese hermoso atuendo, un listón azul sujetaba mi cabellera haciéndome lucir más femenina de lo que solía aparentar, como era de costumbre caminaba por las calles de Baterilla totalmente con la cabeza en las nubes, jugando con la sombrilla mientras silbaba levemente una canción que de pronto venia a mi mente,era una melodía apacible pero rítmica, como si fuera un piropo para cualquier que pasara a mi costado, pero no recordaba la letra…solamente el ritmo.
Sin ningún plan en mente simplemente vagaba por las calles, moviéndome de un lado a otro hasta llegar al puerto en donde mis pensamientos se perdieron en la lejanía de aquel inmenso océano, con heridas recientes que aún me era difícil dejar atrás. Hoy no tenía ganas de abrumarme con los fantasma del ayer, así que con un paso ligero continúe mi andar alejándome cada vez más de la orilla y del puerto, siguiendo las rutas que carecían de movimiento esta vez comenzaba adentrarme donde la vegetación tomaba su lugar, de pronto la idea de recolectar algunos frutos para llevar a casa me parecía una buena manera para pasar el rato, después de todo, era alrededor de las nueve o diez de la mañana, me vendría bien para la merienda de la tarde…la idea de tomarme un coco bien helado me hacía babear a estas alturas.
Impulsada por aquella tentación, recuerdo que no dudé en buscar la palmera más alta, buscando cocos que estuvieran lo suficientemente maduros, dejando mi sombrilla a las faldas de algún arbusto, asegurándome que mi apreciado tesoro estuviera a salvo, subiría a las palmeras sin ningún problema, buscando entre sus palmas una buena mercancía que pudiera extraer, sin embargo el sonido grave de unos inmensos ¿rugidos?... no…eran ronquidos sin duda, logrando captar mi atención, la persona o animal que estuviera haciendo esos ruidos no estaba cerca de mi radar por lo que no dudé en balancearme a la siguiente palmera, flexionando el tronco para que me trasladara sin ningún problema.
Dando un pequeño salto para llegar a la siguiente palmera, lastimosamente no logré aferrarme al tronco por lo que mis manos torpemente sujetaron lo primero que lograron tocar, un coco maduro que al sentir el menor peso se dejó caer por la gravedad —¡ARRGH!-- Un pequeño logró escaparse de mi garganta mientras descendía peligrosamente, girando el torso para no caer de espalda. De pronto sentí que choque contra algo duro pero blando a la vez, recostada sobre algo inmensamente duro…colosal…hermoso…y sobre todo cálido, podía jurar que de pronto escuche los coros de los angeles golpear mis oídos, como si hubiera encontrado mi lugar para morir en paz, ahí estaban mis manos masajeando suavemente aquella masas enormes en tono chocolate, antojables y comestibles. Quizás era el susto, la confusión…pero tan pronto escuche aquellos ronquidos dar a lugar, podrían llamarme loca…pero me parecía una suave canción de cuna que poco a poco me fue arrullando como invitándome a quedarme quieta, invitandome a quedarme ahí por siempre…simplemente me invitaba a ser lo que soy…una inocente chica.
ZZZZ...zZZZ...ZZZZ...
Resumiendo esta pequeña narración...Si...me quede dormida sobre los inmenso pectorales de aquel majestuoso hombre, ese...lindo hombre de chocolate
Los minutos continuaron deslizándose con una calma absoluta. La brisa seguía meciendo las copas de las palmeras mientras el bosque recuperaba poco a poco la tranquilidad que los sonoros ronquidos del joven bucanero habían interrumpido durante buena parte de la mañana. Algún ave volvió a posarse en las ramas más cercanas, varios pequeños animales se aventuraron de nuevo al claro y, por extraño que pudiera parecer, aquella inmensa montaña de músculos tendida sobre la hierba había ganado una inesperada compañera de siesta.
Ubbe ni siquiera se había inmutado cuando el pequeño cuerpo de Kagura había aterrizado sobre él. Acostumbrado a dormir prácticamente en cualquier sitio y con un sueño tan profundo como pesado era difícil imaginar algo capaz de despertarlo... y, por lo visto, una muchacha cayéndole encima tampoco entraba en esa categoría.
Su respiración seguía siendo lenta y acompasada, completamente ajeno al mundo que lo rodeaba.
Quizá por eso su mente comenzó a construir un sueño tan absurdo como placentero.
Se veía a sí mismo navegando sobre una pequeña barca de madera en un mar completamente en calma. El sol acariciaba su rostro, la corriente empujaba lentamente la embarcación y, tumbado boca arriba, disfrutaba de una paz difícil de encontrar incluso para alguien acostumbrado a viajar sin rumbo fijo.
Entonces algo blandito cayó sobre su pecho.
Abrió un ojo dentro del propio sueño.
Un pequeño conejito de pelaje naranja lo observaba durante unos segundos antes de acomodarse tranquilamente sobre él, como si aquel enorme bucanero fuese la cama más cómoda del mundo.
- Je... -murmuró dormido, esbozando una ligera sonrisa.
El animal dio un par de vueltas sobre sí mismo antes de hacerse un ovillo. Era cálido. Incluso agradable.
Aunque... quizá estaba creciendo.
El peso aumentó ligeramente. Qué raro... pensó aún dormido. Comes muy rápido para ser tan pequeño...
El conejito seguía pesando cada vez más.
Más...
Más...
Hasta que la sensación terminó siendo demasiado real como para seguir perteneciendo al sueño.
El joven Ubbe frunció ligeramente el ceño, soltando un largo bostezo mientras comenzaba a desperezarse. Sus enormes brazos se estiraron todo lo que pudieron... o al menos lo intentaron. Algo limitaba parte de sus movimientos.
Abrió un ojo, después el otro, y durante unos largos segundos simplemente permaneció inmóvil, todavía demasiado adormilado para entender qué estaba viendo.
Sobre su pecho descansaba una chica, dormida, plácidamente. Respirando con total tranquilidad como si aquello fuese el lugar más normal del mundo para echar una siesta. Ubbe parpadeó un par de veces increidulo, entonces giró la cabeza a un lado, luego al otro, buscando alguna explicación entre los árboles. ¿Se habría perdido? ¿Se habría desmayado? ¿Era costumbre en aquella isla dormir encima de desconocidos?
No encontró respuesta y volvió a mirarla; la joven seguía completamente ajena a todo.
Solo entonces se permitió observarla con algo más de detenimiento. A juzgar por su ropa, debía de tener una edad parecida a la suya. Vestía con elegancia, muy distinta a la imagen desaliñada del joven bucanero, y su rostro desprendía una serenidad casi contagiosa mientras continuaba profundamente dormida. Sin embargo, hubo algo que captó toda su atención desde el primer instante: su cabello. Largo, brillante y de un intenso tono anaranjado que parecía recoger los primeros rayos del sol que conseguían abrirse paso entre las copas de las palmeras. Ubbe parpadeó un par de veces, incapaz de apartar la vista de aquel color tan vivo. Siempre le había parecido un color bonito... cálido, alegre, como una hoguera en mitad de la noche. Sin darse cuenta, terminó sonriendo con cierta inocencia antes de recordar que aquella desconocida seguía durmiendo plácidamente sobre él.
- ...¿Baby...? -susurró con cautela, procurando no sobresaltarla.
No obtuvo reacción alguna, asi que esperó unos segundos más.
- Oye... - Nada. El enorme bucanero comenzó a rascarse la cabeza con gesto confuso antes de acercar lentamente una mano. Lo hizo con un cuidado casi exagerado, como quien intenta mover un pajarillo que ha decidido hacer su nido sobre él. Con la punta de un dedo dio un par de suaves toquecitos sobre el hombro de la muchacha.
- Perdona...
Hizo una pequeña pausa, todavía incapaz de comprender cómo había acabado aquella situación. asi que le dió con el dedo en la mejilla.
- Creo que... estás durmiendo encima de mí...
08-08-2026, 02:54 AM (Última modificación: 08-08-2026, 02:57 AM por Kagura.)
Caramelo de chocolate
Empápame así
Como un pionono de vitrina
Enróllame así...♫♬♪
¿Cómo se puede definir un amor? o ¿Cómo se podría describir una atracción cuando ni siquiera somos capaces de comprenderla del todo?, bueno, la respuesta no la tenía clara en aquel entonces, solo tenía una certeza, la suavidad de aquel perfecto refugio que había despertado algo nuevo dentro de mí, mientras mi mejilla reposaba sobre esa superficie suave y a la vez dura, mi conciencia parecía desprenderse lentamente de la realidad: navegaba en una pequeña barca sobre un océano infinito de nubes, nubes esponjosas y brillantes ante un mar de estrellas que colgaba sobre mi cabeza, aquellas nubes eran teñidas de una variedad de colores, como si un arcoíris entero hubiera explotado sobre aquel cielo tan acolchado, no sabía hacia dónde iba, ni cuánto tiempo llevaba navegando sobre esa corriente, simplemente me dejaba guiar hacia donde me llevara el destino, perdida entre aquella sensación de paz y felicidad,podía escuchar aquella melodía pegajosa que parecía componerse por sí sola.
Con azúcar en polvo, endúlzame
Y es que tú eres mi rey
Qué lindo eres tú...♫♬♪
Cuanto más surcaba aquel río de ensueño, más lograba distinguir aquella melodía, cantando suavemente lo que parecía componerse por sí solo –Eres mi bebé, mi bebito fiu fiu– pronuncié con tanta naturalidad que parecía que aquellas palabras siempre hubieran pertenecido a mi voz,en este mundo de colores no había razonamientos, solamente expectativas de un nuevo sentimiento. La melodía seguía tocando de fondo hasta que sentí como la barca comenzaba a vibrar un poco, como si estuviera atravesando por una superficie rasposa quizás, de pronto unos susurros comenzaron a llenar la atmósfera, multiplicándose poco a poco como una avalancha, hasta convertirse todos en una misma frase que parecía resonar desde todas direcciones:
Oh Baby
Yeah Baby,
Baby
Baby….
Al sentir que habia golpeado contra algo mas firme, al levantar me encontre con una escena extravagante, la cara de una persona morena, sonrisa radiante y una carisma que se proyectaba desde varios angulos, lo que parecia ser un reino de nubes, parecia cambiar forma, multiplicando ese rostro en todas partes, edificios, escaleras, las nubes sobre el mismo reino, todo...tomaba la forma de aquel rostro varonil, y todos hablaban al mismo tiempo: Ohhh Baby...
¿Bebito fiu fiu?--dije algo asombrada al ver aquel panorama tan radical como si toda la trayectora hubiera cambiado a un espectaculo extraño, la melodia dejo de sonar pero en su lugar una voz ronca que provenia del cielo me hizo levantar la mirada, todo comenzo a oscurecer y senti algo tocar suavemente mi mejilla, ante la incomodidad movi la cabeza ligeramene para frotar mi nariz contra aquel acolchado pan...¿Pan?...pensé en aquel momento y sin meditarlo dos veces...termine por hincarle el diente a esa suavidad que parecia invitarme a disgurtarle, mi mandibula se cerro con tanta firmeza que parecia querer arrancar la superficie de un mordisco pero al no conseguirlo, frunci suavemente el ceño tras comenzar alejarme y quedar sentada sobre algo ¿rocoso?, si, habia olvidado que habia caido sobre un inmenso hombre.
¿Uh?--- Me sentia algo adormilada pero al enfocar mi mirada sobre aquellos pectorales senti una descarga electrica que me hizo reaccionar de una forma casi agresiva, sonrojandome levemente por lo que tenia ante mi, pero cuando poco a poco levantaba la cabeza...me tope con unas facciones un tanto ¿conocidas?, parpadee unas cuantas veces como si quisiera recordar el lugar donde vi ese rostro...y solo pude recordar el sueño reciente, algo asombrada...solte lo que se me cruzo por la mente --¿Bebito fiu fiu?....
El pequeño mordisco apenas consiguió atravesar la sorpresa inicial, no fue doloroso; con la resistencia natural de Ubbe aquello se pareció más al pellizco torpe de un animal curioso que a un ataque real. Aun así, el joven bucanero abrió los ojos por completo, completamente desconcertado, observando cómo la muchacha se apartaba lentamente de su pecho hasta quedar sentada sobre su abdomen.
El silencio que siguió resultó extrañamente largo.
La luz del sol se filtraba entre las hojas de las palmeras, dibujando manchas doradas sobre el claro. El canto de los pájaros volvía a escucharse a lo lejos, como si el bosque entero estuviera esperando una explicación que ninguno de los dos parecía capaz de dar, Ubbe permaneció inmóvil durante varios segundos, todavía intentando ordenar lo ocurrido. Se había despertado después de una de las mejores siestas que recordaba en semanas, había encontrado una chica desconocida durmiendo sobre él, había intentado despertarla con cuidado para no asustarla. Y, como resultado, acababa de recibir un mordisco en el pecho y un apodo que sonaba como baby, pero no lo era. ¿Bebito fiu fiu...? ¿Babyto?
Su mente repitió aquellas palabras una y otra vez sin encontrarles ningún sentido.
Parpadeó lentamente y llevó una mano hasta el lugar del mordisco, palpando el músculo como si quisiera comprobar si seguía siendo de carne y no que su chocolatosa piel fuera dulce como el bizcocho.
Pero, por encima de la confusión, había algo que seguía llamando poderosamente su atención, el cabello naranja.
Ahora que estaba completamente despierto podía verlo mejor; Los mechones anaranjados caían desordenados sobre sus hombros, iluminados por el sol de una forma que hacía que parecieran casi incandescentes. Era un color vivo, cálido, imposible de ignorar. Ubbe sintió una extraña punzada de fascinación infantil, siempre le había gustado el naranja. Le recordaba al sol cuando empezaba a caer la tarde, a las brasas que permanecían encendidas después de cocinar, al cielo justo antes de que anocheciera durante sus travesías por el mar. Era un color que, de alguna manera, siempre le había transmitido calor y compañía.
Y aquella chica desconocida parecía hecha de ese mismo color.
Durante un instante se olvidó incluso de lo extraño de la situación, había pasado tanto tiempo viajando de isla en isla, durmiendo solo bajo cubiertas prestadas, playas desiertas o bosques improvisados, que despertarse con otra persona tan cerca resultaba casi irreal. No recordaba la última vez que alguien había descansado junto a él sin miedo a su tamaño descomunal.
Entonces ella levantó la vista hacia él. "¿Bebito fiu fiu...?"
La frase terminó de romper cualquier posibilidad de que aquello pareciera un sueño normal y Ubbe volvió a parpadear, completamente desarmado por la situación. Su expresión pasó de la sorpresa a una confusión casi cómica, y finalmente a una sonrisa torpe que fue apareciendo poco a poco en su rostro moreno.
- ¿B-Babyto fiu fiu...? -repitió, incapaz de evitar una pequeña risa incrédula, añadiendole su toque a las palabras.
Negó suavemente con la cabeza, todavía sin entender nada, y apoyó ambos antebrazos en el suelo para incorporarse un poco sin hacer que la muchacha perdiera el equilibrio. El movimiento fue lento, cuidadoso, como si temiera que cualquier gesto brusco pudiera hacer desaparecer aquella escena absurda.
-Creo que… -empezó a decir mientras la observaba con una mezcla de curiosidad y diversión- aunque no eres la primera persona que se queda dormida encima de mí… eres la primera que intenta comerme al despertar, Baby.
El enorme bucanero soltó una risa baja, cálida y completamente desprovista de malicia. Después se rascó la nuca con cierto pudor adolescente antes de añadir, todavía sonriendo:
- Aunque supongo que eso significa que mi pecho era cómodo… ¿no?
20-08-2026, 06:06 AM (Última modificación: 20-08-2026, 06:07 AM por Kagura.)
En aquellos tiempos me consideraba una chica totalmente humilde, tranquila, muy sincera y, sobre todo, inocente. —¿QUIÉN ERES TÚ?— Bueno, soñar no cuesta nada, cuando la realidad me cayó de golpe, me di cuenta de que me había quedado dormida sobre el pecho desnudo de un hombre desconocido, quien hasta ahora me ha tratado con mucho cuidado y sobre todo con una jerga…¿desconocida?....Bueno a mis dieciséis años (ojalá tuviera esa edad de nuevo…), ese acontecimiento me parecía todo un escándalo por no decir…que rico, en fin, en ese preciso momento rápidamente rodeé el cuerpo hacia el costado derecho de aquel hombre de chocolate, intentando apartarme con cuidado mientras trataba de procesar la situación en la cual me encontraba en aquel instante. Por unos segundos permanecí completamente quieta como un ratón que ve a su depredador a punto de lanzar el primer zarpazo, recuerdo que lo observe con cierta confusión, intentando recordar cómo había terminado allí, recuerdo que estaba entre las copas de los árboles…recuerdo nubbes…recuerdo un sin fin de pendejadas….pero ninguno me daria la respuesta que necesitaba.
Cuando aquel hombre comenzó a reír con una carcajada que me hacía erizar la piel (por no decir que me hizo sentir mujer), no pude evitar que mi niña censurada (por ahora)...murmurara en voz baja --Parece risa de hombre ricachón…— realmente esa fue mi primera impresión ante esa risa tan maravillosa, cuando poco a poco comenzó a reincorporarse haciendo que mi cabeza se alzara a medida que se sentaba, desde mi punto podia apreciar su enorme figura, su altura no habia duda que me intimidaba, su mirada a pesar de que permanecía oculta detrás de aquellos lentes oscuros estaba segura que me estaba analizando, mis bellos y carecidos atributos de mujer… pero lo que mas llamaba mi atención era aquella dentadura tan blanca parecía ser capaz de reflejar mi propio rostro, ¿era esto a lo que llamaban…adonis?, quien sabe…Sin embargo, mi mirada terminaría descendiendo lentamente hasta detenerse en sus firmes pectorales, que, curiosamente… CURIOSAMENTE DIJE, despertaron en mí unas sensaciones bastante particulares —Chocolate Tetón…— mencioné con total descaro sin medir la lengua, pues nunca fui alguien que supiera guardarse lo que pensaba, ese fue mi primer encuentro con un hombre así de bárbaro… así de grande… así de… bebito fiu fiu.
Tan pronto escuché sus palabras, me puse de pie. aquel hombre me parecía enorme en todos los sentidos…todavía no lograba comprender con exactitud qué clase de persona tenía frente a mí pero estaba segura que debía de obtener respuesta, recuerdo que comencé a moverme de un lado a otro como si fuera una abeja, observando detenidamente su anatomía como queriendo analizar a este hombre, entre mas lo observaba, mas me asombraba por cada músculo grueso y firme que encontraba en el camino,Incluso llegué a comparar el tamaño de mis manos con las suyas, lo que solo consiguió aumentar mi desconcierto y ¿miedo? —De un *** me deja quieta…— terminé murmurando casi en voz altga, estaba completamente impresionada por aquella diferencia de tamaño, llegando a una conclusión bastante peculiar…este hombre era exactamente el tipo de sujeto que muchas mujeres describirían como un macho alfa de pelo plateado, alguien cuya presencia imponía respeto y con quien por su descomunal tamaño y apariencia intimidante probablemente debía tener mucho cuidado.
¿Su pecho?...Si…parecia nubbe de algodon…–Mientras respondia a sus inquietantes palabras, mis manos estaban manoseando los pectorales enormes sin descaro alguno, sin sentir verguenza, los mire en el proceso, ¿Porque hacia eso?...--Su pecho es curiosamente bonito…firme…alcochado..-- al momento que apartaba ambas manos, mi mirada se cruzo con la de él mientras sutilmente me daba una manotada en las palmas…como si estuviera autoregañandome…pues ese gesto era demasiado atrevido de mi parte. ¡SI ERA ATREVIDO!
Por cierto ¿Teton?...-- No sabía su nombre…debía llamarlo de alguna forma que recordara su nombre –¿Quién es usted? y…¿Que hacía dormido aqui?....-- de pronto me dejé caer sobre la arena, quedando de frente a ese hombre esperando escuchar su respuesta, parecía ser una persona mayor…¿Tendría unos cuarenta años de edad?....quien sabe…yo estaba en la plena flor de la juventud.
Ahhh...¡Soy Kagura! -- Mencione tras sonreir de manera amplia dejando ver mi detandura blanca, dejando que el viento agitara sutilmente mi cabello siendo parte del paisaje.
La risa de Ubbe no tardó en regresar.
Primero fue una pequeña carcajada ahogada cuando la muchacha comenzó a rodearlo de un lado a otro, pero terminó convirtiéndose en una sonrisa abierta al verla examinar cada centímetro de su anatomía con la concentración de un investigador frente a un descubrimiento revolucionario. Sus ojos seguían cada uno de sus movimientos detrás de las gafas oscuras mientras ella caminaba a su alrededor, se detenía, volvía a avanzar y parecía sacar nuevas conclusiones cada pocos segundos, incluso cuando Kagura colocó sus manos junto a las suyas para comparar tamaños, el bucanero abrió la palma por completo para ayudarla. La diferencia era tan exagerada que casi parecía una broma.
La imagen le resultó extrañamente entrañable, no parecía asustada, ni tampoco parecía nerviosa, que es lo que solia pasar cuando alguien tan pequeñito se veia en comparacion al Bucanero. Tampoco parecía preocupada por encontrarse sola en medio de un bosque con un desconocido que le sacaba varias cabezas de altura, simplemente parecía... curiosa.
Y aquello era algo a lo que Ubbe no estaba demasiado acostumbrado, ya que la mayoría de personas solían fijarse primero en su tamaño, algunos se apartaban, otros intentaban aparentar valentía. Kagura, en cambio, parecía mucho más interesada en descubrir si sus músculos eran reales o si estaba hecho de algún material extraño.
Por eso, cuando volvió a posar las manos sobre sus pectorales para comprobar lo "firmes y acolchados" que eran, el joven soltó otra risa divertida mientras negaba con la cabeza.
- Baby... creo que te gustan mucho mis pects
No había acusación alguna en su voz, solo una observación demasiado evidente, sin embargo, toda aquella diversión desapareció de golpe cuando escuchó la palabra "usted".
- ¿Usted? - La sonrisa se torció - ¿¡Usted!?
Llevó ambas manos a su propio rostro como si necesitara comprobar algo urgentemente, se palpó la barbilla, las mejillas, la mandíbula, incluso apartó ligeramente las gafas para mirar un mechón plateado de su cabello.
- ¡No soy tan mayor! - La protesta salió de forma completamente automática - ¡Tengo veintitrés years old!
Aquello parecía preocuparle bastante más que el mordisco o cualquiera de los extraños apodos que había recibido hasta ahora por parte de la muchacha. - Me has hablado como si tuviera cincuenta...
Murmuró aquello con una mezcla de indignación y resignación antes de terminar soltando una carcajada, al final la situación era demasiado absurda para tomársela en serio, ella dijo su nombre: Kagura, el nombre permaneció unos instantes en su cabeza, pero se esfumó de inmediato, como era costumbre.
Sin darse cuenta, su mirada terminó desviándose otra vez hacia aquel llamativo cabello naranja que danzaba con el viento.
Era un color bonito, muy bonito, cálido, y durante un instante volvió a recordar el extraño conejo anaranjado de su sueño y una pequeña sonrisa apareció de nuevo en su rostro.
- Encantado de conocerte, Bunny girl! ¿o prefires sleepy girl?
Llevó una mano al pecho en un gesto exageradamente educado antes de inclinar ligeramente la cabeza.
- Yo soy Ubbe! - Hizo una breve pausa - Viajero profesional - Aquello sonó mucho más importante en su cabeza de lo que probablemente era en realidad - O al menos eso me gusta decir cuando alguien me pregunta por qué estoy durmiendo en lugares raros.
La sonrisa regresó una vez más.
- Aunque ahora tengo curiosidad, Baby.
Se acomodó mejor sobre la hierba, cruzando las piernas.
- ¿Y tu acostumbras a aterrizar sobre desconocidos después de caerte de los árboles, o como funciona eso?