[Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música
#1
Día 63 del año 18, Verano - 2:47 p.m.
Corriente Akai - Isla Chika - Zona de Viviendas

El astro rey se alzaba en el punto casi más alto de la bóveda celestial, bañando con su cálida y confortable luz las tierras de Isla Chika. O eso le encantaría decir a este humilde narrador pues, lejos de las anomalías que acontecían en todo el Grand Line, esta isla destacaba por estar rodeada de un halo nocivo, tóxico tanto a nivel ambiental como salubre. Con un aire cuasi completamente contaminado; restos de basura y veneno repartidos por doquier; y las continuas lluvias ácidas que azotaban las tierras de tan peligrosa isla, hacían de este accidente geográfico un lugar inevitable… O así sería de no ser porque la humanidad, ambiciosa por conquistar todo lo que se le cruce de por medio, se va adaptando a cualquier inclemencia con la que se tope. De esta manera, y de forma ingobernable, es como nació la ciudad subterránea de Isla Chika, una red intrincada de cuevas, interconectadas entre sí, y con una tecnología lo suficientemente avanzada - teniendo en cuenta que está creada en base a materiales reutilizados y deshechos - como para garantizar la subsistencia de su civilización, aunque significara vivir alejado del propio sol.

Tras su participación en Skypiea, en los Juegos del Soberano, y con una nueva adición oficial a la banda, como lo era unión de Miyori Hoshino - una apasionada de la música en todas sus formas -, las Valar parecían estar más completas y unidas que nunca, adentrándose en las peligrosas tierras de Chika y viéndose obligadas, por supuesto, a dirigirse hacia las cavidades subterráneas y hospedarse en ellas hasta que su log-pose quedará cargado con el magnetismo de su siguiente isla. En particular, y en esta ocasión, esta historia se centrará en dos de las integrantes de la banda pirata que, cada vez más, estaba más en auge.


La capitana que portaba la D en su nombre, Maki D. Zen’in, junto a Miyori Hoshino, por razones que sólo ellas podían poseer en su saber, se encontraban en el interior de una taberna, localizada a las afueras de la zona de viviendas. El interior del local - hecho de una madera negruzca - era una única habitación rectangular de 15 metros de ancho, 10 profundidad y 10 de alto. La puerta que daba a la salida - o a la entrada, según desde dónde lo vieras -, se encontraba justo en la mitad de la pared que iba a lo ancho y, en el lado contrario a dicha pared - en una de las esquinas -, estaba la barra rodeada de barriles - que hacían de taburetes -. Detrás de esta, había un tabernero, robusto, con el pelo corto y moreno, además de contar un mostacho más que prominente. Por toda la sala, había varias mesas circulares, también de madera, dónde se sentaban toda clase de clientes. que bebían o comían a lo suyo, sin importar demasiado que era lo que pasaba a su alrededor. De hecho, uno de los tópicos que se hablaban - y que tanto Maki como Miyori podían ser capaz de escuchar - era el caso de un marine, llamado Roob, que había sido encontrado asesinado bajo misteriosos sucesos.

Fuera como fuere, en cierto momento de la tranquila y calmada estancia de las dos integrantes de las Valar, en la mesa contigua que había junto a ellas - a un escaso par de metros -, se podía escuchar una conversación de lo más interesante. - Bueno y quitando el tema de ese tal Roob… - comenzó a hablar, parando para darle un buche a su bebida, que parecía contener cerveza. Era un hombre de aspecto rudo, fortachón, de tez morena y un pelo mohicano negro. Iba con un tanktop de color blanco y una falda escocesa.- ¿Has escuchado eso de que van a dar un concierto? ¿Aquí? - depositó su jarra sobre la mesa, limpiándose cualquier resquicio de bebida que pudiera quedar en sus labios con su mano, dejando que su acompañante una chica adolescente de cabellos azules y con mucha energía hablara. Llevaba un pañuelo de color rojo alrededor del cuello, un top de color marrón y unos shorts vaqueros.- Algo he escuchado sí…  ¿Dar un concierto aquí? Teniendo en cuenta quién ronda por esta zona… ¿No es lo mismo que sentenciar tu muerte? -  comentó la chica, agarrando un vaso que aparentemente llevaba zumo de melocotón mientras que, con su otra mano, cogía un puñado de frutos secos para llevárselos también a la boca. - Pues eso te digo… Son hombres muertos, Becca. - masculló en lo que la chica terminaba de beber y devorar su comida al mismo tiempo.- ¿Hombres? - adoptó una postura un tanto pensativa.- Juraría que por sus nombres no lo eran… Aunque ahora mismo no los recuerdo bien… Pero sí que recuerdo que el concierto sería en unos minutos en la plaza vertedero. - añadió Becca, con cierta duda. ¿Qué es lo que harían las intrépidas Maki y Miyori ante la información que habían conseguido?



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#2
Mas de sesenta días habían pasado ya, exactamente… pues Maki no funcionaba de esa manera, las fechas, los compromisos, nada de eso le importaba. Solo el presente, sabia que era verano y eran más de las dos. Estaban desde hace semana en isla Chika, una isla repleta de basura a simple vista. En la corriente Akai.

La zona donde residía casi toda la gente que podía permitirse… o mas bien no podía permitirse salir de la maldita isla de mierda llena de basura, vivía en las zonas más seguras, bajo la superficie llena de basura. Tanto era que era casi imposible andar sin algún tipo de protección arriba, los gases, los líquidos corrosivos, todo era un peligro. Sin embargo, a pesar de todo, el “barrio” era tan ingenioso y estaba tan acostumbrado a lo que era y eran que podría encontrarse lo que fuera que se necesitaba. Bien dicen, la basura de unos es el tesoro de otros.

El cruel sol seguro estaba tratando de derretir y amalgamar toda la mierda y basura arremolinada arriba. Lanzando pestes hediondas que reptaban por los pulmones de los mas valientes y aguerridos cazadores de basura Era terrible. Aun así. Maki quería ir allá arriba. Quería saber que podría encontrar arriba ¿Seria que podría encontrar algo realmente útil? Claro que sí. pero era tanta la basura que sería como encontrar una aguja en un pajar. Por ahora. Sin protección, lo único que podría hacer era recorrer las callejuelas subterráneas, los eternos y oscuros recovecos llenos de gente sucia y tramposa. Debía ir con cuidado todo el tiempo. Sobre todo, con sus… sus… sus hermanas y hermanos. Si, incluso en gigantón se había vuelto alguien importante para ella, la chica nueva también, Miyori Hoshino. Un verdadero sol en la tierra. Las Naranjotas de la Piratería… espera… por que se repetía constantemente que era pirata… piratas mmm…. Mmm… piratas… eran… artistas. ¡¡Eso eran maldita sea!!, emisarias de los dioses, señoras de las melodías mas profundas, del arte mas pulido. Sonrió orgullosa al recordar un par de tonadas que siempre inundaban su mente. Pero entonces vio alrededor. Mucha gente con miradas desconfiadas. Oscuros señores de la muerte podía ver en varios. ¿Podría derrotarlos a todos?... no tenía razones para pensar eso, pero recordó por un segundo su misión. Proteger a Las Valaiers y los Valars. Si. era un instrumento, el instrumento para mantenerlos seguros. Era un lugar igualmente peligroso y quería abandonarlo pronto. Lo único que les detenía de abandonar la isla era la carga del log pose y claro reabastecer suministros para no hundirse en medio del mar, Madera, ropa, Combustible para las lámparas, y quizás uno que otro artilugio que pudiera ser útil.

Esperaba a que un medico especializado, no el Carnicero de las Sakuras. Hiciera un chequeo de Cazzu di Ella y Rochallor. Ambas aves se habían sentido mal y ella junto con la Naranjita las habían llevado a un chequeo. No parecía preocupada. Al menos no más de lo normal, eso se repetía Maki cada vez que miraba hacia la puerta del consultorio por quinta vez en menos de un minuto, a través de las grandes ventanas de… Plástico de burbujas? Mientras esperaban. Ambas se dispusieron a beber algo. Habían entrado a un bar a punto de desmoronarse. Maki pidió algo suave, una cerveza rubia, amarga, sabor a meados, lo usual por estos lares. Era un lugar relativamente espacioso para ser un bar de mala muerte. Con techos tan altos como para que cualquier Lunarian, Oni o algún Bucanner pudiera caminar con libertad. —Tu no la conociste seguro, pero… este lugar le hubiera gustado a la hermosa Odeth… hay pocos lugares donde caminar sin golpearse en la cabeza con el techo.— La cerveza no estaba tan fría, pero si estaba en una temperatura adecuada, considerando que era un literal basurero.

Maki alzo la mano hacia el gordo bigotudo mientras esperaba las papas, bajó la mirada hacia el suelo. Había algo parecido a una moneda oxidada entre la mugre. La recogió, la miró durante dos segundos y la volvió a tirar. —Ni siquiera sirve para comprar alcohol. Qué isla de mierda.— Quería apurar al tendero, moría por unas papas o algo, un gesto universal de “Maldición me cago de hambre.” La gente alrededor era de todo tipo, formas colores y olores. Nunca lo hacía, no le importaban mucho los malditos rumores, por que cada que escuchaba uno le metían en locas aventuras donde se tenia que jugar el pellejo. Pero aquí debía estar atenta sobre todo porque era sumamente fácil esconder cadáveres en la basura. Roob era un nombre que… para que vamos a engañarnos, lo olvidara, aunque. Era probable y muy probable que sea esa basura del lanzador de cuchillos, Maki se arrebujo en su propia ropa para hacer como que se ocultaba sutilmente. Aunque seguro nadie le reconocería. M I E R D A ¿Un concierto? ¿De verdad? Escucho algo también de alguien rondando… ¿Su oído estaba bien? Era uno de sus sentidos mas desarrollados y agudos… ¿Quién estaría contra la música? Solo un loco. La emoción comenzó a subir por su garganta, por su pecho, su voz quería salir, mezclarse con la gente, ser ovacionada no ella, sino su música, su arte, la razón por la que late su corazón.

Se aparto el cabello del rostro, aunque llevo poco tiempo calva, se medió había acostumbrado a tener una cosa menos de la que preocuparse, se lo revolvió y lo peino con sus dedos hacia atrás cuando alguien sostuvo la mirada sobre ella. bueno no sobre ella, sino sobre sus cicatrices. Ella lo miro, altiva letal… el desvió la mirada. —Eso pensé…— Se dijo como complacida.

La plaza del vertedero… —Que te parece si vamos a echar un ojo Naranjitas mientras esperamos a que revisen a los pajarracos?— Bebió de un sorbo casi la mitad de su cerveza mientras trataba de darle un poco la espalda a cualquiera que le mirase demasiado. Se levanto y pego con la palma en la barra debajo de ella. los berris justos, ni uno más, ni uno menos. El bigotón pregunto que pasaba con las papas… Maki se alzo sobre el mesón y agarro un paquete de cigarrillos. —Quédatelas. Con esto estamos bien.— saco un cigarrillo y le pidió fuego al gordo bigotón. Este le dio un hermoso encendedor dorado. De lata dorada. Ella le hecho el humo en la cara y este fetichista de mierda pareció gozar con el abuso. Maki le cerro el ojo y se dispuso a salir a la plaza junto con un traqueteo melódico de sus armas sonando metal con metal. El encendedor… Robado.


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#3
Habían pasado ya varios días desde nuestra llegada a Isla Chika, un lugar que a decir verdad, despertaba cierta admiración en mí, la vida había logrado abrirse paso y coexistir en condiciones deplorables creadas bajo el esquema de la imprudencia, aun así, los insumos recreados por la tecnología de este lugar no parecían ser del todo suficiente, no únicamente por la pobreza sino por una producción mediana que los había obligado a vivir bajo tierra con lo que se tenga a disposición de la supervivencia.

Un cielo artificial alumbraba puntualmente sobre nuestras cabezas mientras cada establecimiento parecía haber sido construido a base de los residuos de la misma isla, algunos lucían decentes y otros no tanto pero a mal tiempo… buena cara, supongo.

Me encontraba ahora en un bar, sentada sobre un barril que servía como taburete mientras jugaba con el popote de mi bebida, haciendo girar los cubos de hielo que flotaban en ella, una deliciosa y refrescante limonada rosa, tan rosa como los mechones teñidos de mi cabello que alguna vez fue naranja, y aunque comenzaba a desteñirse con los días, aquel color artificial aún predominaba.

Junto a mi capitana habíamos salido temprano hacia el veterinario de la isla, con la esperanza de que Cazzuella y Rochallor pudieran mejorar su estado de salud, realmente me apenaba verlos con el ánimo tan bajo, y comprendía a la perfección la preocupación de Maki quien había permanecido durante horas frente a la puerta del consultorio tratando de recibir buenas noticias, al final, durante la espera extendida decidimos pasar el rato a un bar cercano, refrescarnos ante el verano, preferí no tomar alcohol dada mi pésima tolerancia a las bebidas.

— ¿Odeth era muy alta? tendría sentido si en este lugar no se golpeara con el techo, ¿qué pasó con ella? — pregunté interesada puesto que aún había muchas cosas que desconocía de la tripulación de las Valar, pero a pesar de eso… con tan poco tiempo, ya las consideraba parte de mi familia, mi sangre.

Cerca de nosotras parecía haber un grupo de personas conversando alegremente o altivamente, además de alguna que otra connotación relacionada con algo que regía dentro de la isla. Lo cierto es que no soy de las personas que se inmiscuyen en las pláticas ajenas pero al escuchar la palabra concierto… una antena dentro de mí se activó. Sin embargo, solo lograba escuchar fragmentos de sus palabras cada vez que alzaban un poco la voz, tomé un poco de mi limonada mientras trataba de recordar si había visto algún afiche del concierto en la ciudad, y a decir verdad, no recordaba casi nada, ¿sería de otra isla?

Al parecer Maki había escuchado perfectamente la conversación ya que propuso ir al lugar mencionado, la idea me tomó por sorpresa por lo que la observé con gran curiosidad y asombro, al menos sería una forma de distraernos de la preocupación y hacer que el tiempo pase más rápido — C-claro, está bien.

Tomé mis cosas tan rápido como pude, mi amado instrumento y compañero, Amphitrite, quedó afianzado a mi espalda dentro de su estuche, mientras que de forma diagonal también portaba mi nuevo arco junto con sus respectivas flechas, me bajé del barril y agradecí con una sonrisa dulce al señor de la barra por su servicio, justo después de haber sido cautivado por la capa de humo lanzada por mi capitana.

Coloqué mi sombrero sobre la cabeza y con pasos apresurados me situé al extremo derecho de la doncella de cabello verde y labios oscuros — ¿De verdad habrá un concierto?, no recuerdo haber visto anuncios por ninguna parte de eso… — dije pensativa en lo que dirigía mi mirada hacia el frente, saliendo del bar.

Ahora me cuestioné severamente… y es que era verdad…
La música de la isla Chika… ¡¿Dónde está?!



Amphitrite Toca la Canción
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#4
Con la noticia habiendo llegado a los oídos de tanto Maki como Miyori, la emoción que podía sentir alguien que tenía una pasión descomunal por la música, no tardaría en brotar y florecer en los corazones de las dos mujeres. ¿Qué clase de música tocarían? ¿Cómo serían los artífices de tan esperado concierto ¿Cómo es que no habían visto ningún anuncio al respecto? ¿A qué sabían las nubes? ¿Era posible manejar un barco mientras se hablaba por Den Den Mushi? Eran preguntas que seguramente - o seguramente no - surgirían en las mentes de las piratas ante la tesitura en la que se encontraban.

Con la intención de querer ir hacia aquella plaza que nombraron aquel par que se encontraban sentados junto al dúo "valárico", decidieron ir aligerando de aquel antro y emprender su marcha mientras seguían esperando la revisión médica de los dos patos. En contra de lo que un pirata y criminal buscado por la justicia podría haber hecho, Maki  se dirigió hacia el fornido tendero de la barra con la intención de pagar la cuenta.- ¿Hoh? ¿Ya os vais? ¿Qué hago con el plato de papitas que pedisteis, tiarrona? - preguntaba el hombre del mostacho, mientras agarraba el dinero que le había costado la broma del aperitivo más bebidas, 26.903 berries, nada más y nada menos. A la mujer peliverde y de maquillaje gótico no pareció importarle no haberse llenado el gaznate con el mayor manjar de Isla Chika: patatas a lo pobre. Tras aquello, la mujer se sacó un cigarrillo, pidiéndole fuego al tabernero.- Ahora mismo, mujerona. - respondió, sacando de uno de sus bolsillos un encendedor hecho de chatarra, sin oro ni nada, encendiéndole el cigarro, dándole una calada Maki y terminando por expulsar el humo en la cara del camarero de la barra.- Cogh cogh cogh ¡kyaaa! ¡Cuidado, señorita! - tosía con los ojos cerrados, pidiendo cuidado a la capitana pirata. En ese preciso instante, notó como el pantalón entraba en una curiosa tensión en la zona de su entrepierna.- ¿Ahora que hago yo con esta excitación? - se preguntaba, sin ninguna clase tapujos, hasta que el humo se disipó y volvió a abrir los ojos, encontrándose con que ya no había nadie frente a él.- Pero será posible, me ha dejado con el caletón... - se rascaba la cabeza con su siniestra, hasta que se percató de un minucioso detalle.- ¡Un momento! ¡Mi mechero! -

Con las Valar dándose a la fuga y habiendo salido ya del local, ahora se encontraban en una calle de unos 5 metros de ancho que se extendía - teniendo la taberna a sus espaldas - tanto a su izquierda como a su derecha, hasta que ambos extremos daban con las fachadas de un edificio, respectivamente, alcanzando la calle un total de 20 metros de largo - de forma que quedaban 10 metros a la izquierda de Maki y Miyori y otros 10 metros a su derecha -. Sabían que debían ir hacia la Plaza del Vertedero pero, ¿sabían dónde quedaba un lugar como ese unas extranjeras como ellas y sin tener ninguna indicación de ningún tipo? La única información que podían sacar en claro es que debía quedar por la zona residencial. Para su desgracia, en la calle en la que estaban en ese preciso instante, no había ningún alma desdichada a la que pudieran encontrar. Por el contrario, frente a ellas, se abrían cuatro callejuelas entre los edificios, callejuelas más estrechas que en la que estaban paradas ahora mismo, hasta el punto de medir 2 metros de ancho. Cada una de las bocas de las callejuelas estaban a una distancia de unos 4 metros respecto a sus adyacentes.

De esas cuatro opciones que tenían, sabían que la opción ubicada más hacia su derecha, era justamente por dónde habían venido en un primer lugar a la taberna desde dónde habían dejado a los dos polluelos en revisión médica. Les quedaba, por tanto, probar suerte con las otras tres callejuelas o, incluso, volver a entrar al bar para preguntar información sobre como llegar hacia la plaza... Eso sí, teniendo en cuenta que el camarero está falto de mechero.



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#5
Lo único que deseaba por lo pronto era que las aves se encontrasen bien. Estaba segura que solamente era algún tipo de resfrió en aves o simplemente se hacían las tontas para que les alimentaran un poco más. Pero ahora su atención estaba centrada completamente en el arte de su fascinación. En la música. Aquella que dominaba sus deseos, aquello que dominaba su voluntad por completo. No podía pensar en nada más que danzar, cantar, mostrar sus artes, en moverse al ritmo de la música y producirla para el deleite ya alegría de todos los que le rodeaban. Eso… eso y simplemente eso era Maki. Un instrumento de la dicha y el regocijo. O eso creía por que apenas le tocaban las narices. Explotaba como un volcán.
 
La arquitectura era especialmente interesante. Sobre todo, para ella que siempre buscaba nuevas formas de construir y de ir más adelante. Una de estas formas eran las viviendas. Estas eran extrañas, como luchando contra toda lógica. Pero aun así aprovechando cada residuo y placa a medio moler. A medio oxidar. Era como si la ciudad se levantase como un zombi desde la muerte aumentando cada día en tamaño devorando cada recurso útil. Y los inútiles también. Porque aquí nada se desperdiciaba.
 
El cabello rosa de Miyori… Maki por dentro sentía algo de dolor, había recordado como la tonta de la sirena le había hecho lo mismo… ¿Qué? ¿Eran un maldito rito de iniciación?... se maldijo a si misma de no haberle dejado calva completamente cuando tuvo la oportunidad ese día que se quitó la fruta. ¿Por qué?... por qué no la rapo al cero y la dejo como una jodida bola de billar? El destino o quizás una fuerza mayor. La suerte segura. Maldición, la gente bella siempre tiene la mejor de las suertes. Pensó mientras miraba las hermosas hebras rosas de Miyori.

—Odeth… es triste su historia… era como el corazón de la tripulación de los Death Hands… lo malo?... encontró la muerte de manera muy temprano, demasiado para mi gusto…— La melancolía y el dolor de Maki era evidente en su rostro. —Fue… fue asesinada por Ashveil… estaba loco, le corto las manos y quiso abusar de mi… tenia el brazo roto y estábamos navegando desde Little Garden. Ahí este me ataco. No se por que demonios y me encerró en el congelador… ahí… ahí encontré a la pobre sin vida. Sin manos. Algo… algo loco tenia con las manos ese imbécil… suerte que ahora esta muerto.— Termino de beber su cerveza y el amargo de su garganta no se apagaba. Le dolía.
 
Ahora… ahora se sentía… mas feliz que nunca. Sobre todo, con esta muchacha que tenía una afición tan grande como la de ella por las artes musicales. Por las obras hechas con habilidad oído y visión artística. Era como una especie de alma gemela. O paralela pues a diferencia de Maki. Ella era un verdadero sol. Tan tierna pacifica y apacible que seguro no podría desmembrar a nade de un flechazo. En cambio, Maki… ante la mínima provocación iniciaba un desastre. Quería cambiar eso con todas sus fuerzas. Pero. La gente a su alrededor no cooperaba para nada.
 
—No te preocupes… si hay música lo encontraremos, mi oído es muy agudo e iremos por ahí… buscando el sazón y el son, podremos sentir los corazones de la gente danzando y cantando. No te preocupes. Que el destino nos guie. Mira… lo haremos así.— Dijo con una voz más dulce, amable y reconfortante, y de un giro gracioso y delicado, movió su guitarra al frente y poco a poco comenzó a tocar una suave melodía. Un tono bajo, grave, pero con energía. Cada nota, cada acorde… iba acompañado del movimiento de su espíritu. De algo secreto naciendo de su corazón. Su sonrisa amplia y esperanzadora estaba segura que le llevarían a donde debía. Si no, al menos lucharía contra el mundo entero para ir por lo que deseaba. —La música. La música y el ritmo está ahí. Solo hay que oírla pequeña Naranjitas.— Movió sus dedos hábilmente a través de su guitarra. La memoria resonante.
 
Si que había quedado con hambre, no había comido, pero Maki era un espécimen diferente. Ella estaba hambrienta de arte, de música, de aquello que alimenta su espíritu. Cuando comenzó a caminar por las calles uso aquello que aprendió en Skypea, la ciudad celeste. Expandió su aura, su espíritu para detectar a cualquiera que este cerca. Quizás podría encontrarse con algún cúmulo de gente y donde había montones de gente. Habría seguro un espectáculo que admirar.
 
Maki había estado recorriendo las calles para encontrar a ese bastado que había asesinado sin piedad… o bueno, que había derrotado, porque, si bien no le había dado el golpe final, el destino quiso que a pesar de ser peor combatiente que él. Este desgraciado resultase muerto por heridas hechas por si mismo. Por el objeto de su fascinación. Se encargaría de que todos paguen. Todos pagaran por la muerte de Maki. Mai… quiso decir Mai Zen´in en sus pensamientos.

Sin pensar demasiado, Maki se encamino por el camino del centro. Expandiendo su poderosa Aura para intentar detectar mas personas… lo expandió tanto como pudo sin cansarse. Con el objetivo de leer las calles contiguas mientras la melodía y la canción que comenzaba a cantar se alzaba poco a poco. ¿Que cantar? Aun no lo decidía. Pero pronto. Cuando encuentren a los artistas. Ya lo sabría. Siempre lo sabía. —Vamos… dulce naranjita… si no encontramos el concierto, demos uno para estos buenos hombres.— Animo la reina de las quemaduras mientras el traqueteo de sus armas resonaba en las calles de metal y basura acomodada como viviendas de miles de colores.

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#6
Dicen que las cicatrices son pruebas irrefutables de un recuerdo doloroso, y no precisamente por lo físico sino por todo lo que implica haberlas recibido, pronto, la historia de Odeth me inundó el corazón de una empatía cargada de tristeza, pude encontrar una profunda melancolía en cada palabra que Maki contaba de su historia, al parecer, aquella mujer que figuraba en sus recuerdos había sido en algún entonces alguien que aportó un poco de luz a la tripulación, y de alguna forma eso me hizo sentir pequeña… ¿Podría llenar los zapatos de alguien como ella?... ¿podré ser de utilidad para mis amados nakamas?

Más que eso, también me sentí totalmente curiosa ante las infinitas marcas que cubrían el cuerpo de aquella doncella de cabello verde, una espadachina con un cuerpo lleno de cicatrices que seguramente eran la prueba de un pasado lleno de misterio, tragedia e infortunio, tan pronto como lo pensé, quizás por eso tenía sentido que fuera ella quien estuviera al frente como una guardiana, nuestra capitana.

En nuestro andar me detuve de inmediato al darme cuenta de que no tenía ni idea de hacia dónde debíamos continuar, y claro, al encontrarme frente a aquellas bifurcaciones de rutas y calles, no pude avanzar al desconocer el camino, y antes de sugerir que volviéramos al bar en busca de información, me replanteé si realmente era buena idea, después de todo, ambas éramos piratas con carteles de búsqueda, quedarnos demasiado tiempo en un local donde concurrían tantas personas tampoco era lo más prudente, y mucho menos hablar abiertamente con desconocidos. Suspiré con gran pesadez y, ante aquella preocupación, Maki se mantuvo con un positivismo que incluso parecía saber exactamente cómo mantenerme animada junto a ella, ¿Y cómo era eso? ¡Con música!

Y como un niño siguiendo la melodía hipnótica de un flautista, me vi siguiendo los pasos de quien ahora tocaba con gran entusiasmo y calidez las cuerdas de su amada guitarra, y mientras ella tocaba, yo comencé a tararear la melodía, no era necesario una letra, tan solo el tarareo que encajara con su composición de notas y arpegios musicales.

Era como si… dejáramos que la música nos guiará hacia nuestro destino, avanzando juntas por aquella ruta que se extendía frente a nosotros.



Amphitrite Toca la Canción
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#7
Ante la disyuntiva que se les presentaba a las dos piratas recién salidas del local, aunque Miyori en un principio sopesó la idea de regresar a pedir información sobre la localización del lugar que buscaban, la pelinaranja terminó por seguir la iniciativa que Maki tenía en crear ellas su propio camino. Si no sabían dónde estaba la plaza en la que se daría el concierto, tan sólo necesitaban que su propia música les guiara. Mientras que Maki tocaba una grave pero enérgica melodía con su Memoria Resonante, Miyori optó por tararear y seguir aquel conjunto de notas que salían emitidas de la guitarra de la peliverde, creando una sinfonía conjunta que más de uno desearía escuchar en esa desdichada ciudad.

Con ello, el dúo artístico que podían embelesar a cualquiera con su despliegue artístico, se dirigieron rumbo a la callejuela central - o mejor dicho, la segunda callejuela a la izquierda, considerando que habían descartado la ruta por la que habían venido -, topándose de lleno con un tramo recto y estrecho de 2 metros de ancho, de más de 50 metros de largo cuyo final no se podía apreciar. En las paredes de dicho camino, era común ver algunos contenedores, así como cubos de basura o, mismamente, basura directamente desperdigada por el suelo. Restos de comida, deshechos, animales devorando a otros animales muertos - e incluso vivos -. Aquel trayecto era la definición clara de la anti-higiene, el terror de aquellas personas pulcras y maniáticas de la limpieza - y si ya tenían la lengua suelta como para insultarte a la primera de cambio... Apaga y vámonos -.

Desde que entraron por la boca de la callejuela, y una vez las dos chicas recorrieran aproximadamente 19 metros, Maki sería capaz de discernir la presencia de una persona, una persona débil, en cuánto a nivel de poder. Por su posición, se encontraba próximo a la pared que tenían las Valar a su derecha, presuntamente apoyado en ella por la cercanía de la presencia. Sin embargo, con cada paso que daba la capitana de las Valar, en su radar aparecía una nueva presencia ubicada también apoyada en la pared, tras la primera presencia detectada. Y con otro paso, otra aura aparecía... Y otra... Y otra... Y así de manera sucesiva hasta formar una ridícula fila de unos 100 hombres apoyados de espaldas contra la pared de un callejón de 2 metros de ancho. Por supuesto, la misma música que les guiaba fue también las que llamó la atención - una vez que os acercarais hasta estar a 15 metros de ellos - de los hombres apilados. Si ya era ridícula la forma en la que estaban dispuestos y posicionados, que todos fueran vestidos de la misma manera yo ayudaba en lo más mínimo. Siguiendo el típico estereotipo de los pandilleros de los 80's, todos llevaban un pelo engominado - a saber de qué - hacia atrás, formando un prominente tupé. Sus ropajes se componían de un camiseta blanca, sobre la que se cubría una chupa de cuero negro de manga larga y, por supuesto, en su tren inferior, no podían faltar unos vaqueros roídos, rotos, que se remataban en unas botas de cuero altas.

- ¡Eh! ¿Escucháis eso, pedazo de mojigatos? - preguntó el que estaba más cerca de las Valar por posición, quién se estaba peinando el tupé con un peine de mano amarillo. Se giró hacia el resto de pandilleros que hacían exactamente lo mismo que, el que vamos denominar, como Antonio.- Ahora que lo dices... ¿Se escucha como una melodía y un tarareo, no? - respondía el que estaba a la izquierda de Antonio, el bautizado como Francisco José. Tras escuchar a su compadre, Antonio giró su cuello hasta mirar en la dirección de la que procedía aquel conjunto de notas, llegando a apreciar dos figuras que, prontamente, se tornaron en dos bellas jovencitas. Carne de cañón para 100 hombres babosos que llevaban sin mojar el churro, probablemente, desde que se nacieron.- ¡Chavales! - exclamó, llamando la atención de todos los integrantes de la pandilla "Revienta-Puertas". Antonio - al igual que el resto de sus compañeros -, se guardaron en sus bolsillos sus peines al unísono, con una sincronía que daba escalofríos. - ¡Hoy se come! ¡A sus puestos! - ordenó, separándose de la pared, hasta formar una fila perfecta de 100 personas, que se dirigían hacia las Valar.- ¡Ahora! ¡El compás de la muerte! - 


Y tras aquellas palabras, y haciendo de esta escena algo aún más rocambolesco, los 100 pandilleros empezaron a chasquear su mano derecha, al mismo tiempo, dando un paso y caminando al son de su compás. Así hasta que, quién los lideraba, quedaba a dos metros de las chicas mientras que, el último de ellos, quedaba a unos 50 metros. - ¿Qué hacen dos chicas como vosotras en un sitio como este? - empezó a preguntar, con tono de ligue a las artistas, mientras volvía a extraer el peine de su bolsillo, comenzando a peinarse el pelo hacia atrás nuevamente.- ¿Queréis pasar un buen rato con Antonio, Francisco José, José Luis, Miguel, Juan José, Paco, Antonio 2, José Fernando, Fermín, Antonio 3 y un largo etcétera? -  No parecía que aquellos pandilleros quisieran dejar, así como así, escapar a los dos quesitos que se presentaban ante ellos, ¿qué sería lo que pasaría a continuación?



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#8
[Imagen: Maki-y-Miyo.jpg]
El dolor del recuerdo era tremendo, pero podía soportarlo, debía. Sobre todo, porque, aunque ese capitán ya no estaba, un capitán que en primeras era dulce, amable y… bueno media menos de un metro cincuenta, era malvado, cruel, degenerado y no se detenía ante nada, aunque lo habían asesinado en un “Motín justificado”, aun había otros iguales a él. Que mostraban una cara, pero en el fondo eran tan viles y ruines como cualquier otro pirata. Esa pirata. Esa no quería serlo Maki. Tenia desdén aun por ciertas cosas, pero su corazón no era malvado con quienes demostraban ser merecedores de la gracia de los dioses.

La canción se alzó como un grito desesperado, inundando cada mente y cada presencia que podía oírla. No había nadie, pero dentro de las casas de estos desgraciados o afortunados, todo depende de cómo se aprovechaban de la basura, podrían sentir la vibra de la furia de las notas tocadas de Maki y Miyori, ambas artistas antes que piratas, al menos en eso se escudaba la quemada. Deseaba, deseaba que todo el mundo le escuchase, las escuchase, que los corazones se insuflaran con el fuego bendito de la alegría de cada nota. Notas duras, notas cargadas de la tinta necesaria para que cada persona cree una obra de arte pintada con el son de su ritmo en su mente. Una música que pocas veces se presentaría en una ciudad destruida y construida en la basura. En tesoros ocultos, en dicha y en tristeza. En almas resonantes que para subsistir se unían al coro inmaculado del ingenio y la dedicación. Una dedicación que levantaba cada cimiento que sostenía cada edificio y más importante. Cada alma de esta ciudad de basura.

No necesitaban un camino ni indicaciones. Maki era de aquellas personas que se forjaban un camino. Un pasadizo entre los mundos de aquellos que blindaban sus emociones. Aunque parecía una gamberra, una maldita, tenia algo en su actitud y su ángel que era capaz de penetrar en cada vida. Marcarlas como las llamas a su piel y volverse un recuerdo eterno. Como una cicatriz que se recuerda por que ha dotado a su orgulloso portador de una enseñanza valiosa.

La callejuela, llena de desperdicios, madera, metal y otras cosas tenia el ancho suficiente para que prácticamente tener el paso libre de al menos diez personas una al lado del otro. Así calculaba Maki las cosas. En cantidad de gente apelotonada en un concierto. Y el largo de… unas 500 entradas vendidas, este cálculo también incluía a aquellos que no pagaban las entradas y saltaban vallas y se pasaban controles. Ósea cabían no tan perfectamente quinientas cincuenta personas, apretujadas y luchando por recibir algo del sudor de su artista favorito. O en idioma físico nuclear, 2 por 50.

En poco tiempo comenzaron a ver varias figuras, primero detectadas por su Haki, débilmente, pero ahí estaban. Su fuerza y su espíritu, desprolijo, desperdigado y poco centrados. En fin, personas comunes y corrientes sin un entrenamiento básico para las artes… artes… bueno. Ningún arte, unos buenos para nada, seres que parecían convivir con la inmundicia, la muerte y los desperdicios de todo lo que había quedado después de la tragedia de conformar una ciudad en base a basura. Pandilleros. —Creo que nos hemos metido en la película de Grease Brillantina pequeña Miyori. Manten la calma y no les muestres miedo.— Dijo entre dientes sin dejar de tocar su armónica guitarra que aun tenia deseos, si es que un objeto inanimado tiene, de tocar hasta romperse.

Las voces rasposas y con una nota de violencia comenzaron a alzarse, Maki despreocupada seguía con el ritmo de la música, nada podría detenerla, ni la violencia ni desfachatez, por que quien no aprecia la música, el arte y aquello que es bello para los ojos y la mente. No tenían derecho de ser tomados en cuenta.

Maki continúo caminando despreocupada, sin gastar un ápice de energía en mirarlos, en ver como poco a poco se agrupaban, y en menos de lo que canta un barítono, estaban ahí, cerrándoles el paso. Maki entonces dio un ultimo rasgo a su guitarra. Y se detuvo solo cuando vio que la cantidad podría superar a la calidad. Los peines, algunos eran de escamas de pescado, los mas pobres y los mas desafortunados de seguro. Y los del frente con peines hechos de otros materiales, entre 100 seguro que había algunos que funcionaban como puñales. Ante las primeras palabras, Maki solo movió la mano a su lado para proteger a su hermana. Suave. Muy suavemente para posicionarse entre ella y la banda de desadaptados. —No estoy acostumbrada a lidiar con cuerpos de baile, antes de una presentación. Piérdanse. No queremos problemas. No queremos… bah que mas da. En poco tiempo nos vamos de esta ciudad. Que mas da un asesinato, que mil. ¿Me sigues corazón?— Menciono con su voz melosa, suave y armónica a Miyori, mientras colgó su guitarra a su espalda, podía sentir el hedor de la depravación en el bruto frente a ella.

Y apenas su instrumento de gozo estuvo colgado en el hombro, cambio el agarre a su otro instrumento. El de dolor. Una de sus espadas, la mas grande. Ella la llamaba Cor… la otra, también inmensa, se llamaba Chea, cuando ambas salían a jugar la sangre manaba como ríos de gloriosas ofrendas. Ahora. Era la hora de actuar. Dio un paso y antes de que ese paso tocase en suelo y bajando su centro de gravedad toca el suelo con la punta de sus dedos sintiendo el calor palpitante de la basura caliente compactada, —Esta es la danza escamosa, el Corte de la flor roja… recuérdenlo bien escorias.— Su furia hizo que su piel palpitara en un espasmo esmeralda, pero no, no era necesario sacar a la bestia aún. No era necesario sacar las escamas, su ritmo cardiaco fluyo con rapidez aumentando la potencia de sus piernas y sus manos como una zarpa se asieron a Cor, la carrera de Maki no se hizo esperar, la velocidad del corte produjo que veinte metros de pandilleros fueran arrastrados y cortados en un santiamén, barriendo con gran cantidad de enemigos era probable que al ver el despliegue de fuerzas hiciera que el resto, quizás con menos fuerza se desincentivara, que pensara en que era mejor ser una persona completa el resto de sus días en lugar de tener lealtad a un montón de mancos, decapitados y muertos que ahora aullaban de dolor tirados en las calles. Infectados con bacterias, gérmenes y enfermedades con heridas abiertas producidas no por la mujer. Sino por su propia arrogancia.

Maki entonces se detuvo, movió su arma al frente de los que quedaban, giro el filo hacia abajo y golpeo la hoja suavemente para limpiarla de sangre. —Ahora. Si nos indican hacia donde esta la plaza de la ciudad… tenemos un espectáculo que ver y ustedes tienen aún algunos amigos que salvar. No?... pues sufran!!— Dijo Maki alzando el mentón, mirando por encima a los desgraciados que parecían titubeantes. Solo lamentaba una cosa. Que Miyori, la dulce diosa de las melodías la viera demostrando que era el monstruo de Los Valar. No quería que ella se involucrase ni manchase sus propias manos de sangre de vagabundo. 

Sin hablar mas, salta nuevamente sorprendiendo a los vagos para caer en medio de un montón de ellos y sin esperar un contraataque lanza un corte en media luna con su amada Cor hacia el frente y aprovechando el giro y la fuerza continua su desplazamiento para cortar a los de atrás de la misma forma. Pero mas bajo. La sangre podrida y hedionda de los habitantes mas bajos de la isla se mezclaba con el metano de la basura acumulada, Mientras Maki cortaba solo podia pensar en que la basura y la basura humana se mezclarían armoniosamente.

Un nuevo salto a diez metros mas hizo que la tierra retumbara ante su peso cinetico y sus piernas esta vez relampaguearon. como una macabra danza golpeo a los den frente con sus piernas enfundadas en sus botas de acero y nuevamente golpeo a los últimos valientes detrás de ella con un movimiento de relámpagos para ellos. que cayeron con sis piernas echas pedazos pues Maki esta vez golpeo bajo, rasante, para derribarlos. Entonces su vista dorada se fijo en los pozos azules de Miyori... esperaba que comprendiera que este mundo era cruel y para sobrevivir ella debía ser aun mas cruel. y si debia ser el doble de cruel para ellos, sus Valar. lo seria. se pondria al servicio de la irracionalidad y la violencia.

Play Me!
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#9
La música siempre me ha transmitido calidez en el corazón, conocer a más personas que pertenecieran a mi mundo era un regalo que atesoraría por toda la eternidad, mi lazo junto a Maki esperaba que trascendiera para toda mi vida, y quizás por eso, al dejarme guiar por su melodía sentí como si nuestras propias almas comenzaran a entrelazarse.

Pero los sueños no siempre suelen ser perfectos…

Tan pronto como nos internamos en una vereda solitaria, algunas personas comenzaron a aparecer atraídas por nuestra música, la doncella de la guitarra me había dicho que mantuviera la calma, ¿pero por qué debería tener miedo?
Mi tarareo poco a poco perdió su ritmo cuando algunos hombres comenzaron a interponerse en nuestro camino mientras otros cerraban el paso detrás de nosotras hasta que finalmente nos vimos rodeadas, aquella situación me hizo sentir confundida como en alerta, expectativa a lo que pasaba alrededor, no era como cuando las personas se emocionaban al escuchar una buena melodía y se acercaban curiosas… se sentía diferente, muy diferente.

Sus apariencias eran ciertamente notorias, la mayoría llevaba peinados bastante similares, algunos con atrevidos tupés y otros con el cabello peinado hacia atrás, sus ropas eran sencillas, algunas incluso estaban rasgadas aunque parecían llevar cierta clase de uniformidad que los hacía pertenecer a un mismo grupo, ¿pandilleros?, ¿piratas?, no tenía ni idea.

Aun así, permanecí atenta a cada uno de ellos, eran demasiadas personas y yo no tenía suficiente munición como para encargarme de todos provocándoles heridas que los imposibilitaran para continuar luchando, fue entonces que su líder dictó la orden de “el compás de la muerte” y chasquido tras otros se acoplaron más y más, inmediatamente tomé mi arco en posición defensiva, preparando varias flechas mientras me giraba en dirección contraria, por donde habíamos venido, lista para protegernos desde aquel lado y dejando que Maki estuviera cubriendo el del frente.

Quien parecía ser la voz del grupo comenzó a hablar preguntando por nuestra presencia en un tono extrañamente afectuoso, después incluso preguntó si queríamos pasar un buen rato con ellos, llegando a mencionar a varios de sus compañeros por sus nombres, ¿entonces no eran personas malas?, ¿solo querían conocernos o algo así? permanecí en silencio, reflexionando sobre aquellas palabras, sin embargo antes de bajar la guardia, Maki determinó nuestra posición ante aquella propuesta, y me tomó completamente por sorpresa lo último que dijo… “Que más da un asesinato… que mil” — ¿Qué?....

Con discordia en mi expresión, me giré levemente hacia ella, cuestionando aquellas palabras que pensé quizás había escuchado mal… ¿asesinar?, pero no recibí ninguna respuesta puesto en cuestión de segundos, aquella mujer de múltiples cicatrices se abalanzó contra los pandilleros que se encontraban en la trayectoria de su espada, cortando todo a su paso y barriendo sin piedad a quienes había considerado sus enemigos, y con ninguno tuvo piedad, no se contuvo, no hubo tregua ni oportunidad para un diálogo. Contemplar aquella escena me asombró tanto que, durante el primer abatimiento por parte de ella, lo único que pude hacer fue seguirla a penas con la mirada, observando cómo tomaba al filo de sus espadas la vida de esos hombres.

La sangre salpicó todo a su paso con cada corte, a nuestro alrededor el suelo comenzó a llenarse de aquellos líquidos rojos que formaban pequeños charcos mientras ella exigía indicaciones sobre dónde se encontraba la plaza de la ciudad, ante la impaciencia, volvió a alzarse contra aquellos que aún quedaban en pie, arrebatándoles la vida nuevamente, en mi pecho oprimía el dolor de observar tal masacre.

[Imagen: Chat-GPT-Image-20-sept-2026-12-12-11-p-m.png]

Era una danza macabra de golpes, cortes y asesinatos tras otros, hasta que sus ojos dorados se encontraron con los míos, en ese efímero momento lo comprendí, aquella pregunta que había rondado mi cabeza desde el principio, aquella duda sobre el origen de sus cicatrices… finalmente encontré la respuesta frente a mis propios ojos, era consecuencia del campo de batalla, de la violencia, de todo aquello que sus manos habían aprendido a hacer para sobrevivir, y quizás también de una crueldad que ella misma había tenido que experimentar en algún momento de su pasado. Mi mirada sobre la suya mostró miedo, miedo absoluto, pero no hacia ella, ni siquiera por lo que acababa de suceder, era el temor de encontrarme frente a una persona que no tenía piedad ni remordimiento de arrebatar la vida de otros.

La vida es sagrada…

Y aunque pequeñas lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, a pesar de aquella escena grabada en mi cabeza, lo recordé… yo también soy una pirata.

Aparté la mirada en cuanto acepté que aquello era real, tomé nuevamente mi arco y mis flechas para disparar contra aquellos que todavía podían ponerse en pie o que había salido ilesos de aquella barrida de espada, clavé mis proyectiles en zonas específicas de sus cuerpos, buscando sacarlos de combate sin acabar con sus vidas, no quería matarlos, solo necesitaba impedir que pudiera continuar moviéndose, cuando todo terminó, procedí a recuperar cada una de mis flechas en silencio.

— Maki, yo… — Guardé las flechas después de limpiarlas de la sangre que las había cubierto, tenía aún el arco sobre mi mano por si aparecían más personas queriendo enfrentarnos— Daré mi vida por ustedes, lo juré el día que me uní… pero… espero que comprendas que, dentro de mi naturaleza, no estoy de acuerdo con acabar con la vida de otros, sea por mi propia mano o por la de alguien más.

Me acerqué nuevamente a ella, aunque todavía había cierta preocupación en mi mirada — ¿Me aceptas así? — Esperaba que pudiera comprender mi forma de ser, yo daría todo de mí por proteger a los míos, mis nakamas, incluso llegaría a matar si algún día fuera absolutamente necesario…

Pero aun entonces, en lo más profundo de mi corazón… siempre existirá la duda para hacerlo.



Amphitrite Toca la Canción
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#10
Los pandilleros de la callejuela, atraídos hacia las dos mujeres como las polillas que se veían embriagadas e hipnotizadas ante el más mínimo estímulo lumínico, no tenían ni idea de con quiénes habían ido a parar. O mejor dicho, con quién habían ido a parar pues, la dualidad moral que presentaba la capitana de las Valar, Maki D. Zen'in, y la más reciente incorporación Miyori Hoshino, era cuánto menos digna de estudio. Esta última, era una fiel defensora de que todas las vidas, cualquiera de ellas - incluso la más carente de emociones y rebosante de maldad -, tenían derecho a existir, a vivir la vida y ser felices. Mientras tanto, la primera, marcada de por vida a fuego y siendo un fiel creyente de que su mera existencia era la de un monstruo, no tenía ninguna clase de reparo y escrúpulos en mostrarle esa faceta suya al mundo, desmembrando y sesgando las vidas de cualquiera que pudiera osar hacerle frente o entrometerse en su camino y el de sus nakamas. Y Miyori Hoshino, para bien o para mal, sería testigo de esa faceta - hasta ahora oculta - de su capitana.

Quedando Antonio, el que parecía el cabecilla de la pandilla, a dos metros de la mujer peliverde, tras soltar una serie de insinuaciones, quizás, sin ningún pretexto violento detrás, tras empuñar una de sus espadas la pirata, en un abrir y cerrar de ojos todo, en un tramo de 20 metros de largo, se torno en una lluvia de sangre, cabezas y brazos desmembrados, siendo la artífice la mujer que se abría paso entre los pandilleros de la zona, dejando cerca de unos cuarenta cadáveres muertos en el piso y a merced de la mugre, las ratas y animales callejeros que habitaban la zona. Las caras llenas de horror y terror del resto de supervivientes que habían observado como la vida de sus compadres era sesgada en un abrir y cerrar de ojos no tenían precio, quiénes escuchaban como la espadachina preguntaba sobre la ubicación de la plaza de la ciudad. - ¡Y a mi qué me cuentas, zorra! ¡Cómo si sólo hubiera sólo una plaza por aquí! - le increpó Felipe Luis, probablemente el único pandillero que quedaba con vida que tenía la poca voluntad como para responder a las exigencias de la que se les había presentado como "La muerte". Seguidamente, como si aquello le hubiera sabido a poco, Maki propinó un salto de unos 10 metros, tras lo cuál asestó una serie de dos tajos horizontales tanto al frente como a la parte de atrás, cercenando la vida de otros cuatro civiles que, quizás, lo único que querían era simplemente irse de fiesta. Pero fiesta la que aún quedaba pues, otro salto más al frente por parte de la capitana pirata, y, tras ello, otra acometida contra los pocos pandilleros que podían estar al alcance suya, siendo esta vez la causa de la muerte, no un corte, sino una fractura en el pecho que hizo que su caja torácica se hundiera y fragmentara en mil pedazos, llevándose por delante a otros cuatro habitantes de la ciudad subterránea. 

Y antes de que pudieran siquiera reaccionar a los movimientos de la persona que estaba reduciéndolos a polvo y pedazos un aluvión de flechas - dirigidas específicamente hacia zonas del cuerpo no letales - no tardaron en impactar en los que aún permanecían en pie y con consciencia, quedando abatidos ante la asistencia necesaria de Miyori Hoshino quién, con el corazón en un puño, alegaba que ella jamás osaría - con su buena voluntad - ser quién decidiera si alguien debía vivir o no. Sea como fuere, ya no quedaba nadie que se interpusiera en su camino.

Si las dos miembros de las Valar continuaban su camino hacia el final de la callejuela, acabarían llegado a una especie de avenida - entrando perpendicularmente por ella - de unos 30 metros de ancho y de una longitud - tanto si miraban hacia su izquierda como a su derecha - inconmensurable. El bullicio por aquellas lindes era mucho más notorio, paseando por la avenida todo tipo de personas, tanto de edad como económico - juzgando por las calidades de sus ropajes -. La enorme calle subterránea estaba plagada de luces artificiales de todos los colores que daban un ambiente lleno de vida, aunque prácticamente esa vida era una ilusión por las condiciones en las que vivían. Igualmente, la avenida también poseía múltiples salidas y entradas, a modo de callejuelas, como por las que acababan de transitar las dos heroínas. Conforme salieran hacia la avenida - si es que lo hacían -, aquellos con un buen sentido del oído podían detectar una conversación proveniente de un niño rubio - de unos 8 años -, que iba agarrado de la mano de lo que debía ser su madre, también rubia. Ambos presentaban unos ropajes que, si bien en una primera instancia debían ser blancos, la suciedad de vivir perpetuamente en el subsuelo hacia que se tornaran de un color grisáceo. - ¡Mami, mami! ¿Vamos a ir a eso del contuerto de las onee-san? -  preguntaba el crío mientras daba pequeño brincos de emoción. La mujer rió nasalmente. - Se dice "concierto", tesoro. Luego vamos, ¿vale, cariño? Mami tiene que hacer antes unas cosas. Afortunadamente, plaza vertedero nos pilla al lado, así que nos dará tiempo a estar allí, ¿vale? - le respondía con dulzura su madre, causando que el zagalín diera saltitos aún más de alegría.- ¡Yupiii! ¡Contuerto! ¡Contuerto! - celebraba con euforia e inocencia el niño que, en esos momentos, debía estar a unos 15 metros frente a vosotras junto a su madre, caminando desde vuestra derecha, hacia vuestra izquierda.

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