[Pasado] Aquí hay jamón encerrado
#1
[Ciudad Pinion,
Isla Kutsukku,
South Blue,
15 de otoño, año 18]


Magnus llevaba un rato recorriendo las calles de Pinion cuando encontró algo que le interesó más que los puestos de armas y las cajas de chatarra: un jamón. ¿Jamón de qué? Qué más da. Ni que fuera la pinza de un cangrejo gigante.

Colgaba bajo el toldo de un tenderete, junto a una botella de licor y un cartel.
En el cartel se indicaba que el jamón era el premio por superar un juego. Había tirar unas anillas sobre varias botellas colocadas al fondo de una mesa. "Consiste en lanzar aros", oyó decir a un tipo que se hacía llamar Dimitri.
Detrás estaba el dueño, un hombre delgado con las manos metidas en los bolsillos.

Magnus se detuvo, dio una calada al cigarrillo y señaló el premio.
—Escucha, motherfucker, ¿ese jamón se gana entero o luego me vas a venir con intentos de mierda de darme solo un trozo o algo así? Porque como intentes eso te reviento, eh.

El hombre en absoluto sospechoso confirmó que entero.
Sin pensárselo un momento, Magnus dejó las monedas sobre la mesa y cogió él mismo los tres aros metálicos que le ocupaban una porción ridícula de la palma de su mano derecha. 
Se colocó detrás de la raya que había marcada en el suelo, se colocó para permanecer estable y calculó la distancia. El ambiente se podía cortar con unas tijeras.
—Prepara una bolsa para el jamón. No fallo ni de coña. Tú, little bitch, ve bordándole "El último romántico" a la bolsa. —Dijo Magnus señalando a una joven que pasaba por ahí.

El primer aro golpeó una botella y cayó sobre la mesa. El segundo pasó por encima de todas. La delicadeza y precisión no parecía ser lo suyo.
Magnus se quedó mirando el tercero.
Después miró sus dedos.
Después volvió a mirar las botellas.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Se agachó hasta apoyar una rodilla en el suelo. Desde allí tenía la mesa a una altura más cómoda. Recogió el cigarrillo de entre sus labios y lo apagó contra el punto de siempre de la cicatriz del pecho. Dejó la colilla en una lata que había junto al puesto y acercó el aro a sus ojos.

Era pequeño. Muy pequeño.
—Vamos a hacer una comprobación científica, son of a bitch.

Magnus se incorporó y rodeó la mesa hasta alcanzar las botellas. Cogió una con la mano libre e intentó introducir el aro por la boca de esta, pero el borde de cristal era más ancho que el hueco del aro. Lo inclinó, lo giró y volvió a probar.
No entraba ni haciéndolo a mano con cuidado.

Se quedó unos segundos con la botella en una mano y el aro en la otra, comparando sus tamaños. Después alzó la vista hacia el tendero.
—Tienes un problema de tamaños bastante serio. A mí me pasa, pero al revés. Me lo dicen mucho las señoritas que tienen el placer de dormir conmigo. ¡Gurorororo!

Tras la grave carcajada dejó la botella sobre la mesa con cuidado de mantenerla en pie. Todavía no tomaba el jamón por la fuerza porque necesitaba una segunda opinión. Estaba convencido de haber descubierto la trampa, pero discutir con el propietario podía alargarse y empezaba a tener hambre. Se volvió hacia la calle, levantando el aro entre dos dedos.
—¡A ver, fuckers! ¿Alguno entiende de estas mierdas? Aquí hay un jamón en juego y este retard pretende que atraviese el cristal con hierro.

Se acomodó el pañuelo y señaló el premio con el pulgar.
—Ofrezco compartirlo con quien me ayude a aclararlo. Una parte razonable, que el bocadillo que me voy a hacer necesita de una buena cantidad de material.

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#2
Medía entre cinco y seis metros, pesaría una puta barbaridad así a ojo, y era viejo como un bosque. Un tipo jugaba con aros y botellas con otros paisanos para ganarse un jamón, un pardillo más que tenía un cartel encima de la cabeza que gritaba ESTÁFAME con todas las letras en neón brillante, fueran como fuesen las letras realmente.
Y como no podía ser de otra forma, desaprovechar esa oportunidad sería impropio de mi. Si un patán era capaz de aceptar un juego así, y tras comprobar las botellas como acababa de hacer tampoco llegaba a la conclusión más evidente, significaba que podrías venderle un tarro de arena en un desierto si hiciese falta, y claro que hacía falta. Era mi especialidad, de hecho.

Me recoloqué el anillo de la mano mientras caminaba hacia él, con Grigori subido a mi hombro izquierdo y esgrimiendo mi mejor sonrisa — ¡Todo un jugador-hmm! — dije cuando me coloqué a su lado con amabilidad, mirando hacia arriba dado su enorme tamaño para mi, recordándome a Krave por un instante — Una buena oferta y una mejor disposición caballero, muy pocos necios se atreverían a ignorarle — de verdad que era enorme. Si me pusiera la mano en la espalda para sacarme a bailar seguro que me tapaba entero — Pero ¿por qué pedir un ayudante para compartir tan suculento premio si puede conseguirlo solo? Lo único que necesitas es motivación — me pregunté, pasando a mirar ahora al jamón, las botellas, la disposición de la estancia y de todos los útiles implicados en el juego que, claramente tenía que tener un truco. Y obviamente no iba a ser yo la rata chivata que desvelase eso para joderle el negocio a un hermano. Entonces volví a mirar al hombretón. De verdad que parecía enérgico y capaz, una fuente de músculos y aguante por excelencia, perfecto para librar combates sin cansarse rápido — Te lo haré más interesante. Si esto no te motiva, nada lo hará — y puse la cantidad en monedas para pagar una ronda extra — Te apuesto diez mil berries a que NO lo consigues ni con estos tres tiros extra —  dije tendiéndole la mano sonriendo tratando de crear nuestro trato para que se atreviese a seguir jugando a esa partida extra que le estaba invitando.
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#3
Magnus bajó la vista hacia el amable pelirrojo y después hacia el cuervo que llevaba en el hombro. Escuchó su propuesta acariciándose la perilla con la mano libre o, como el la suele llamar, "la mano de no fumar". Diez mil berries dan para acompañar el jamón con un par de botellitas de puta madre.

—Esto me huele a timo, motherfucker. Lo de las botellas, lo de los aros, lo de apostar más dinero después de haber visto esta mierda… —Le enseñó el aro que todavía sostenía —Pero tú me pareces un cabrón entrañable. De fiar. Tienes algo en la mirada que me hace creeerme las cosas que me dices. —Dijo Magnus con total honestidad.

Se inclinó para acercar su mano a la que le ofrecía el pelirrojo.
—Además, me daría exactamente igual que estuviese amañado. Un hombre con mis capacidades puede superar cualquier reto. Soy prácticamente perfecto, salvo por un par de cosas en las que soy perfecto del todo. Acepto.

Dejó el aro usado sobre la mesa y recogió otros tres. Regresó hasta la raya del suelo, se remangó y adelantó un pie. Esta vez iba a hacerlo bien. Había dinero de por medio y un hombre de confianza acababa de darle ánimos.

Lanzó el primer aro.

Pasó entre dos botellas y cayó detrás de la mesa.

Magnus apretó los labios. Miró el segundo, flexionó ligeramente las rodillas y lo lanzó con menos fuerza. El aro golpeó el borde del tablero y acabó en el suelo.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Se quedó quieto unos segundos, con el último aro sujeto entre el pulgar y el índice. Luego asintió para sí mismo.
—Ya está. Ya he entendido cómo va.

Caminó hasta el puesto, rodeó la mesa y cogió una botella con la izquierda. Con la derecha colocó el aro sobre la boca, tal y como había hecho antes. Seguía sin entrar.

Esta vez apretó.

El metal chirriaba contra el cristal. Magnus sujetó mejor la botella y empujó con más fuerza, hasta que el cuello se rompió entre sus manos.
—Bloody fucking hell!

Dejó la botella rota sobre la mesa y apartó los dedos, que empezaban a mancharse de sangre. Un fragmento del cuello había quedado encajado dentro del aro. Lo sostuvo con cuidado y lo levantó para enseñarlo.
—Dentro. ¿Lo ves, ginger motherfucker? Dentro. Te dije que podía hacerlo. ¡Gurorororo!

Depositó también el aro sobre el tablero y se limpió las manos en el pantalón. Uno de los cortes le escoció al rozar la tela, así que se miró la palma y resopló antes de buscar su libreta.
—Espera. Me has inspirado.

Sacó la pluma, apoyó la libreta sobre una esquina seca de la mesa y escribió unos versos. Tuvo que parar una vez para limpiarse un dedo que estaba dejando sangre en el papel. Cuando terminó, se aclaró la garganta y declamó:

Pelirrojo de noble corazón,
me has devuelto la fe en la gente.
Gracias por ayudarme con el jamón.
Se te ve un hombre decente.

Contempló lo escrito con una sonrisa de satisfacción. Arrancó la hoja y se la tendió al pelirrojo.
—Para ti. Puedes enmarcarlo, si quieres. Lo entendería perfectamente.

Con la otra mano fue a alcanzar la cuerda de la que colgaba el premio.
—Y me debes diez mil berries. El poema te lo regalo porque me has caído bien, no te preocupes.

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#4
Aquel tipejo sin duda era alguien diferente. Se dedicó a lanzar los aros fallando uno tras otro hasta que decidió levantarse y tratar de encajar uno a la fuerza en la botella... que explotó entre sus manos, pero encajó una pieza del cuello en el aro, algo que mostraba orgulloso — ¡Wajajaja! — reí ante tal ocurrencia — ¡Las normas son las normas-hmm! ¡Lo has conseguido! — dije mirando al compañero que apostaba el jamón. Si no quería que lo único roto fuera una botella y no su cuello, sería mejor que le diera el jamón a este abuelo hipertrofiado con cero sentido de la sutileza, y para cuando lo estaban empacando él se acercó a mi para darme una nota — ¿Eh? — dije mientras miraba las letras ahí escritas. Era... era una especie de... era un poema — Un poema — repetí lo que había pensado en voz alta, mirándolo, alternando la vista entre él y el papel — Vaya ¡el último romántico! Wajajaja ¡qué honor el mío! — dije plegando la hoja y guardándola dentro de mi bolsillo, escuchando la replica de que le debía cierta cantidad de dinero.

Asentí y saqué el dinero para entregárselo, prestando especial atención a que no se le cayese y lo guardase como correspondía — Una apuesta es una apuesta amigo ¡sabía que lo único que te faltaba era motivación! — dije tendiendo el dinero al compas que el dueño del puesto se acercaba con el enorme jamón para entregárselo al tipo que iba conmigo y ya con ambos premios procedí a las presentaciones mientras empezaba a caminar un poco para salir del lugar, si él quería, acompañado por su presencia — ¿Cuál es tu nombre — pregunté curioso, pues no todos los días se conocía a un tipo así de enorme y convendría saber quién era, quizá, en el futuro. Nunca se sabe cuánto o cuando puedes aprovecharte de la gente ¿no? — Yo soy Taito, y él — señalé a Grigori, quien le miraba con sus enormes ojos amarillos — Es Grigori — y los dos inclinamos la cabeza levemente, mientras yo esgrimía la mejor de mis sonrisas — Un placer conocerte — finalizaron las presentaciones.

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#5
Magnus aceptó el dinero con gusto y lo guardó en el bolsillo derecho de su chaqueta, procurando no mancharlo demasiado con los cortes de la mano. Cortes que, a su criterio, habían merecido la pena para demostrar su increíble habilidad de resolución de problemas. 
Cogió el jamón por la cuerda cuando se lo ofrecieron y se lo echó al hombro, como el que lleva un ukelele colgado. Ni siquiera se dignó a mirar al estafador antes de seguir a Taito.
—Magnus Brand. Poeta, apuesto galán y un caballero de los que ya no quedan. —Se pasó la mano libre por la perilla —Puedes llamarme Magnus.

Acomodó el jamón en su espalda para que no se le resbalara y bajó la vista hacia el cuervo. Se inclinó un poco hacia ellos mientras caminaba, mirando de cerca las plumas negras y aquellos ojos amarillos.
—Y tú eres un cabroncete bien guapo, ¿eh? Buen abrigo, little bastard. Te falta un puro y te confunden con el dueño de la isla. ¡Gurorororo! Se te ve afilado, y no hablo del pico.

Se incorporó con una sonrisa todavía en la cara.
—Me gusta Grigori. Tiene presencia y me gusta su mirada.

Magnus acortó el paso para caminar a la velocidad del pelirrojo. Con la cuerda del jamón apoyada en el hombro izquierdo, sacó un cigarrillo con su mano derecha y se lo colocó entre los labios. Alcanzó su encendedor en el bolsillo de su chaqueta, lo encendió y le dio una calada eterna antes de guardarlo, consumiendo prácticamente la mitad del cigarro.
—Tú también me has caído bien, motherfucker. Parece que disfrutas de tu libertad, y eres un hombre de palabra. Ha sido una buena mañana para los dos.

Soltó el humo hacia un lado, evitando echárselo encima a Grigori.
—Hacía tiempo que no me cruzaba con un chaval que me hablase de tú a tú. Normalmente me llaman "señor" o "abuelo" y al final tengo que follarme a sus madres o darles una hostia para que vean quién manda.

Dándose cuenta de la posible malinterpretación, torció el gesto y aclaró:
—Si sus madres quieren, claro. Soy un caballero.

Dio otra calada, frunciendo el ceño al notar cómo las heridas de la mano le empezaban a escocer.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Se limpió de nuevo la mano en el pantalón y se giró hacia sus acompañantes. 
—Bueno, ¿y tú qué te cuentas? ¿A qué te dedicas cuando no estás patrocinando artistas? ¿Qué te trae por aquí? —Preguntó mientras se apagaba el cigarro en la cicatriz del pecho


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#6
Se guardó el dinero en el bolsillo de la chaqueta y pasó a presentarse, a elogiar a Grigori y a decir que yo le simpatizaba. En ese orden. Después dijo que hacía tiempo que no se encontraba a alguien como yo... "Chaval" me llamo, pese a mis treinta... era todo un cumplido pero suponía que para un anciano como él era normal considerar joven a cualquiera. Y de hecho la afirmación que hizo sobre las madres y cómo trajinárselas a modo de educación para la juventud alegando que siempre con consentimiento porque él era un caballero, me arrancó una risa fuerte y clara — ¡Wajajaja! — y mientras yo reía el fumaba y farfullaba algo, hasta que me preguntó que a qué me dedicaba.
Ahí vi una oportunidad que no podía desaprovechar, un tío de ese tamaño y con ese porte me podría venir muy bien si quería que se fijasen en él cuando yo necesitase salir corriendo. Era algo que había aprendido durante todo el viaje: siempre es bueno rodearte de gente que llame la atención más que tu, para lo bueno y para lo malo — Aquí y allá, poeta — le dije tras hacer un gesto con el hombro para que Grigori se subiese a lo alto de mi cabeza, y poder pasar yo las manos a mi nuca, alzando los codos — He pasado toda la vida siguiendo un camino prestablecido y preconfigurado y ahora viajo creando mi propio camino ¿sabes? Estoy tratando de organizarme para salir de esta isla, reuniendo a mucha gente para manejar un barco que quiera viajar y adentrarse en el Grand Line. Más que una tripulación de dos o tres, una familia de cientos — entonces le miré por el rabillo del ojo, frenando mis pasos poco a poco y dando un brinco a su lado comenzando a palparle todo el cuerpo con pequeños manotazos amigables — ¡Tú eres una mole de músculos! — estaba en su pierna, en su hombro derecho, frente a sus abdominales, en su espalda, en su otra pierna, agarrado a un brazo, en sus glúteos, en su rostro — ¡Me vendría genial gente como tú, Magnus! ¿Has pensado en salir al mar? ¿En ver más allá de islas como estas? ¿En despertar cada día en una isla nueva viviendo una nueva aventura? Seguro que tu poesía encuentra una inspiración más potente en el horizonte — tras terminar de manosearle me metí las manos en los bolsillos y me encogí de hombros. Grigori, casualmente, hizo lo mismo — Claro que entiendo que el Grand Line no es para todo el mundo ¿eh? Igual tu aprecias más la calma y la tranquilidad de este lugar — me giré y comencé a caminar con él a mi espalda — Sería una pena... — musité con gesto pillo dándole la espalda. Esperaba que su orgullo picase.

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