[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 2 (Grupo 3)
#1
Venimos de aquí
 
Los planes de los cazadores se vinieron abajo junto con la cueva debido a la explosión creada. La integridad estructural de la cueva termino por ceder y las microgrietas que se creaban en el suelo de la misma se ensancharon hasta el punto de ser capaces de tragar consigo a un gigante, y vaya si lo hicieron. Todos los presentes fueron engullidos por una red de cavidades interconectadas de tal forma que subdividió a los protagonistas, y los antagonistas, en tres grupos que cayeron dentro del sistema kárstico hasta llegar a tres cavernas similares en dimensiones.
 
Cada una de las cavernas en las que cayeron los presentes mantenían una luz natural, aunque difusa, gracias a numerosos agujeros diminutos que, además de posibilitar la visión dentro de las mismas, cargaban consigo el preciado oxigeno que todos los presentes necesitarían para sobrevivir. Las mismas miden cincuenta metros de diámetro y cincuenta metros de altura en forma de cúpula peraltada dándole una forma alargada a cada una de ellas. El variopinto grupo que cae en esta caverna lo hace, milagrosamente, sin ningún rasguño o herida evidente a pesar de la caída pues la misma no se hizo en línea recta hasta el fondo si no, mas bien, cayeron rondando en un plano lo suficientemente inclinado para descender – el cual se cerró detrás de ellos dado el derrumbe de la cueva principal – hasta acabar en el fondo de la caverna y pegados a la pared de la misma.
 
Junto con ellos cayo uno de los tres cazadores, aunque los mismos no se hayan identificado como tales, quienes descubrieron que la comunicación por Den Den Mushi se había cortado dadas las dimensiones del derrumbe, aunque, para ellos, era algo secundario pues tenían un objetivo claro y un plan que poner en marcha.
 

 
Resumen

Situacion

Tiempo de posteo
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#2
Atributos Personaje


¿Por qué todos ven mal querer ayudar a ese pobre hombre? A Mika realmente le emociona la idea de hacer más amigos y tener aventuras. De hecho, nunca puso en tela de juicio que Hanma y Vesper se unan a ellos tras ser reclutados únicamente por Road. — Le preguntaré a Pucca luego. Creo que ella tampoco está tan convencida. — Se cruza de brazos y ladea la cabeza mientras medita, en lo que sigue escuchando, o al menos intenta, lo que Berachiah intenta replicar. — Una confederación… Es que nuestras tripulaciones sean amigas, ¿no? No le veo lo malo. Seguramente quedarán encantados cuando vean a una mujer increíble como yo cantando de su lado. — Lamentablemente, el tiempo de pensar se acabó.

De un momento a otro, lo que parecía ser una fiesta —llena de insultos, pero debe ser normal cuando hay tanto pirata involucrado— se convierte en una película de terror. — ¿Eh? — Cree que vio mal. Lo cierto es que en Kutsukku le ha costado encontrar una cama lo suficientemente cómoda para ella. — Sí, debe ser eso.

No, Mika. Realmente ha explotado la cabeza de Berachiah enfrente tuyo.

— ¡Bobi! — Exclama con fuerza, haciendo notar su voz incluso entre la multitud. La aparición de tres individuos de dudosa procedencia sobre el escenario los tacha como los principales culpables, aunque, rápidamente, uno de ellos confirma ser el autor. O, al menos, es lo que transmite al amenazar al resto con sufrir el mismo destino. Es en este momento que da un paso al frente, para así situar a sus compañeros detrás, queriendo hacerles de escudo y protegerlos. — ¡Mondongo tú, bobi! — La mano diestra se dirige hacia su espalda con la clara intención de tomar una de sus armas, lista para iniciar un combate en cualquier momento.

No es la más inteligente, pero obviamente estos tipos no vinieron hasta acá a proponer una alianza tal como el tipo que acaba de perder la vida. Y si le buscas pelea a Mika Reze, ten por seguro que la encontrarás.

Lamentablemente para todos, la explosión que culminó con la vida del moreno borrachín tiene un efecto adverso. Parece que su asesino golpeó tan fuerte que causó una onda expansiva, o más bien, la explosión causó un retumbar que se aprovecha del mal estado en que se encuentra la cueva. En cuestión de segundos, todo se viene abajo.

— ¡Mierda, no se separen! — Es lo único que alcanza a gritar a los suyos. Quizás Road con sus alas pueda tomar a alguno y salvarlo, esperando que sea a Eele o a Pucca. Ella puede aguantar. Hanma también. Espera que Vesper también.

El suelo cedió y el escenario, tanto así como sus protagonistas, cambiaron bastante.

La caída no fue tan dura como esperó, pues cayó rodando por una zona inclinada. Su piel sufrió algunos cortes ignorables, pero nada que vaya a afectar su hermosa figura. Aun así, la cabeza le da vueltas. Todo fue muy rápido. ¿Será que los piratas están acostumbrados a este tipo de cosas? — Ya pensaré en ello más tarde. Esto es emocionante, pero igual me preocupo. — Se le nota la falta de experiencia, pero se pone de pie y estira los brazos

Pero primero lo primero: sus compañeros.

— Bobis, ¿están bien? — Mira a su alrededor y de sus amigos, solo ve a uno. — ¡Eele! ¿Cómo estás? ¿Te duele algo? ¿Quieres golpear a alguien? — Pues ella sí, así que lo más seguro es que estén compartiendo el deseo.

A pesar de que se encuentran en otra cueva, entra luz desde el cielo, uno que está bastante alto otra vez, pero que les permite tener visibilidad sobre lo que hay alrededor. Se comprueba la presencia de más personas, pero se descarta que haya más Hijos de la Libertad presentes. — Nos separamos del resto, pero no estamos solos. — Acto seguido, deja caer, tras estirar los brazos hacia atrás, la chaqueta color rosa que llevaba, quedando con su torso vistiendo únicamente un bikini rojo. Eso sí, puede destacar también, sobre cada pecho, la presencia de una pequeña concha marina, las cuales antes pasaban desapercibida debido a la prenda que vestía.

Ambas alabardas siguen colgadas en su espalda, pues el bikini posee un broche especial para ellas. El hecho de que se haya puesto “más cómoda” es porque desconfía de la posibilidad de paz. Entre los presentes, reconoce a uno.

— ¡Eh, tú! ¡Estabas ahí, yo te vi! — Ventajas de estar en primera fila, aunque, aparentemente, todos pudieron verlo. — ¿Eres amigo o enemigo de mí, la talentosa y hermosa artista pirata, Mika Reze? — Le apunta con el dedo índice de la mano izquierda, tras estirar el mismo brazo hacia el frente. — ¡Ese hombre solo quería ser feliz como pirata! ¡Estoy enfadada!

Hay mucho espacio frente a ella, 48 metros para ser exactos. A su espalda la separan solo dos metros con el muro más cercano, mientras que de laterales se encuentra justo al medio, teniendo 25 metros tanto para su derecha como para su izquierda.

El que abre este spoiler es bobi
[Imagen: KcSumiI.png]
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#3
Atributos Personaje



Las palabras de Eele fueron desatendidas por los presentes, o tal vez no fueron escuchadas. Esto atacó directamente al ego del gyojin, el cual levantó una de las comisuras de su boca con la intención de mostrar los dientes. El gesto no fue a más, pues antes de que llegase a pronunciar palabra, el viejo sobre el escenario comenzó a hablar de nuevo. El navegante no entendía por qué había tantos de los presentes que se negaban a aquella unión. El hombre no había hablado de subordinarse ni nada parecido, tan solo de colaborar. El viejo parecía pensar igual que Eele, y remarcó que había propuesto una confederación. Puede que Mika y Road no sean los únicos analfabetos-ring. El gyojin, que había vuelto a mirar hacia aquel improvisado escenario, permanecía con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras atendía a lo que hacía el tal Berachiah. El hombre, arrebató su botella a un desconocido de primera fila, uno que estaba a unos pocos metros de los Hijos de la Libertad, continuó con su discurso y entonces dio un trago a la botella. Eso fue lo último que hizo.

La cabeza del hombre estalló de repente y su cuerpo inerte cayó con un estruendo sobre los tablones de madera. Eele reaccionó apretando sus puños y levantando la guardia, como si el estallido hubiera sido la campana del ring. La cueva se estremeció y se desprendieron unas columnas de arena del techo aquí y allá. Eele miró a un lado y a otro buscando al causante, pero rápido unos hombres saltaron al escenario. Alas negras igual que Road. El otro mascando chicle igual que Mika. ¿Ya nos salieron imitadores? No creo que ninguno esté a mi altura. Uno de ellos soltó lo que parecía una amenaza y comenzó con el gesto más característico de la capitana de los Hijos de la Libertad. Cuando la pompa de chicle estalló, también se vino abajo la estructura que los resguardaba. El suelo comenzó a temblar a la vez que lo hacían todas las paredes. Las grietas que ya había presentes en el terreno, comenzaron a agrandarse, a recorrer el suelo como si fuesen serpientes en busca de una nueva presa. Eele bajó la mirada. El suelo se abría ante él a gran velocidad. Cuando quiso reaccionar, ya se estaba deslizando por una pendiente rocosa y oscura.

Sus pies perdieron el sustento y su cuerpo comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Tras algún revolcón, Eele extendió sus brazos y abrió sus piernas para comenzar a descender con la parte baja de su espalda. Mira, Pucca, como cuando éramos críos, pensó al recordar como jugaba con sus amigos de pequeños. Y es que no se sabe cómo funciona el cerebro, ni cuando o por qué te va a traer un recuerdo a la mente. El descenso duró poco, aunque fue mucho más de lo que le hubiera gustado al gyojin. Su cuerpo se detuvo contra el suelo con una sacudida que lo hizo deslizarse un par de metros. Alzó la mirada y vio alguien familiar, en todos los aspectos de la palabra, que lo llamaba.

—Maldita cueva. Maldita isla. Y maldito viejo bastardo-ring —dijo mientras se levantaba y levantaba la guardia—. Si no hubiese perdido la cabeza, te juro que se la pisaría yo mismo hasta aburrirme —se sacudió el polvo del chaquetón y el pecho—. Estoy bien, Mika. ¿Y tú? —puso la mano junto a la boca—. ¡Oi! Road, Pucca, ¿estáis ahí?

Sus ojos buscaron por la cueva a sus amigos. También escudriñaron la oscuridad en busca de Hanma y Vesper, pero eso es algo que no querría admitir. El gyojin atendió a la advertencia de su amiga. Cuando ella se quitó la cazadora, supo que él debía estar preparado. Levantó la guardia y se situó junto a su capitana, un metro a su izquierda. Mostró los dientes, afilados, en la dirección que apuntaba el dedo de Mika. 

—¿Fuisteis vosotros, bastardo-ring? El viejo solo quería ser libre —hizo crujir sus nudillos unos contra otros—. Parece que llegó la hora de los puños.



Rincón de Eele
[Imagen: QI2awp1.png]
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#4
Atributos Personaje

Magnus miró a Erastus mientras este intentaba explicar de nuevo lo de la confederación. Por lo visto, no quería ser su jefe sino asociarse sin ninguna jerarquía vertical poder, al fin, llegar al Grand Line.
"Igualmente un coñazo. Yo veo al pelirrojo aquel muy seguro de sí mismo, y además yo soy formidable. Podríamos hacerlo sin ayuda al primer intento", pensó Magnus.
Estaba llevándose el cigarro a la boca cuando la cabeza de aquel pirata estalló.

Se quedó con la mano a medio camino, con la boca un poco abierta, lista para recibir el preciado cigarro. 

Miró el cuerpo desplomarse sobre los tablones y después volvió la cabeza hacia Taito.
—Cuando decía que lo acabaría matando, me refería a largo plazo. Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Bajó despacio el cigarro. Tres apolíneos individuos estaban ahora sobre el escenario, y el buccaneer se tomó un momento para mirarlos de arriba a abajo. Uno de ellos puso el pie sobre el cadáver del viejo, como si fuera el responsable de aquello.

"Vaya gesto feo. Pero feo feo"

A continuación, el misterioso asesino amenazó a todos los presentes, cosa que terminó de enfadar a Magnus.
—¿Mondongo? Escúchame, motherfucker, voy a matarte y a fo-

Se fue de culo.
—¡Pero me cago en…!

Magnus bajó deslizándose por la conveniente rampa, con las piernas por delante y una mano levantada para mantener el cigarro lejos del suelo. Importancia a lo importante. Intentó frenarse con la otra mano, pero solo consiguió llenarse la palma de tierra.

Las irregularidades de la rampa hicieron que el camino fuera bastante desagradable. Botes, raspones... En fin.
A esas alturas estaba bastante claro que quien hubiese diseñado aquel tobogán no pretendía probarlo en sus propias carnes.

El buccaneer terminó sentado al fondo de una nueva caverna, junto a la pared, en una pose muy poco sofisticada. Se quedó quieto durante unos momentos, tratando de recuperar la compostura, y miró a ambos lados.

Se levantó y comenzó a sacudirse los pantalones tranquilamente. No parecía haberse roto nada. Se palpó un poco en general para ver si se había hecho daño y de paso comprobó que seguía teniendo todas sus pertenencias. 
"Cigarros. Libreta. Pluma. Encendedor. Está todo lo importante."

Finalmente abrió la mano derecha, donde tenía el cigarro que se estaba fumando.
Se quedó unos segundos mirando fíjamente su cigarro roto. Como de luto.
Había mantenido el brazo levantado durante todo el descenso. Se había esforzado mucho para salvarlo.
—Había barcos sin vigilancia, Taito. Barcos. Y nosotros aquí, haciendo fucking espeleología.

Buscó al pelirrojo con la mirada, pero no parecía estar.
Buscó también a Krave, que era fácil de ver por su color y tamaño. A Wheke, con sus inconfundibles tentáculos. A Vixen, con sus inconfundibles... orejas. Entonces vio a Centella.
—¡Eh!

Se acercó unos pasos hacia ella, repasándola de arriba abajo para comprobar si tenía algo fuera de sitio.
—¿Estás entera? Pareces estarlo. No podríamos permitir que la emisaria de la justicia sufriese una lesión. ¡Gurororo!

Se sacudió un poco de polvo del culo antes de continuar.
—Dime, por favor, que sabes dónde estamos. Pero piénsatelo antes de contestar, que te conozco.

Echó otra mirada a su alrededor, buscando al primo al que la había visto agarrar antes del colapso.
—¿Y tu nuevo colega? No me jodas que ya has perdido al chaval. Te ha durado una barbaridad.

Las voces de una mujer y un gyojin que hablaba de una forma muy divertida llamaron su atención. También estaban buscando a sus compañeros, aunque parecía que habían tenido una suerte similar. 
Magnus volvió su cabeza hacia Fumi e hizo un gesto en dirección a ambos, intentando ser disimulado.
—Voy a ver qué dicen estos.

Comenzó a caminar lentamente hacia ellos mientras miraba la caverna tranquilamente.
Parecía bastante amplia, tanto en superficie como en altura. Lo único que no le gustaba es que, al menos desde ahí, no era capaz de ver ninguna salida.

Al llegar cerca de la pareja, levantó una mano a modo de saludo y se detuvo a unos cuatro metros a la derecha de la mujer.
—Buenas tardes, motherfuckers. ¿Vosotros también habéis venido por lo de ir al Grand Line ese? Porque a mí me parece que por aquí no es.

Miró un momento al gyojin y después a ella.
—¿Estáis bien? Yo venía con un pelirrojo, un pulpo, una coneja, un señor bastante grande y la justiciera de ahí. Si veis caer a alguno más decídmelo.

Fue entonces cuando siguió la dirección en la que ambos estaban mirando.
—¿Hay alguien ahí o qué?

Off
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#5
Atributos


No tardó en pedir un poco de orden y silencio, justo tras darse tremendo trago de vino, para continuar con su discurso, esta vez pareciéndome que había sido razonablemente receptivo a las críticas que habíamos expresado, aunque con formas más bien dramáticas. Pero igualmente cerró con un exceso de confianza desmedida ya proclamando que esta vez lo lograría…Y al segundo después de que levantó su botella…explotó, no de rabia ni alegría ni nada de índole emocional, literalmente, había explotado, como si hubiera sido una bomba de las potentes, y había sido desde adentro, decir que me había quedado de piedra no hacía justicia a mi reacción ante aquella escena.

Entonces, aparecieron en el escenario, pisoteando lo que quedaba del cadáver de Berachiah, uno de ellos aterrizando al vuelo, presumiendo de unas alas negras como el carbón..* ¿Un…Lunarian?* Los recordaba de cuando me encontré a uno en Baterilla, y como no reconocerlos, sobre todo por las llamas en su espalda. Se le sumaron otros dos, y parecían presumir descaradamente de su extraño porte, el cual en otro contexto no me los tomaría en serio…pero, por como se había desarrollado todo, daba a entender que había sido cosa suya lo que al final resultó ser un explosivo asesinato. Había entrado en un estado de guardia máxima a la que se le sumaba un inmenso pavo, al punto de agarrar mi espada con todas mis fuerzas…y al escuchar las palabras del que estaba tomándose un chicle, declarando que ahora era nuestro turno, ahora sí que tenía una expresión para describir mis sensaciones: mi sangre se había helado.

Entonces, todo empezó a temblar, muy intensamente, y el suelo bajo nuestros pies empezó a agrietarse muy rápidamente, al punto de que, para cuando quise avisar al resto de que salieran rápido de aquí, el piso al completo se desplomó, enviándonos hacia abajo, a las profundidades. -!!!PREPÁRENSE PARA LA CAÍDA!!!!- Lo único que sí pude hacer era intentar que se mentalizaran para intentar aterrizar lo mejor posible, no había sido el único en avisar de ello, así que habían mayores posibilidades de que no acabase en desastre, o al menos no por la caída…Pero, por suerte (o eso quería pensar), lo que pensaba que sería un brusco descenso de profundidad indefinida, acabó siendo una especie de cuesta deslizante que nos llevó a varios de los presentes al fondo de una sección inferior…No había recibido daño alguno más allá del escozor/ardor por el rozamiento con la superficie…y algún que otro rodamiento de mi cuerpo durante la bajada cuesta-abajo. - Auch…vaya con el tobogán…- Repentino, pero igual de rápido que surgió este dolor, igualmente se esfumó.

Miré a mi alrededor para cerciorarse de quienes estábamos aquí abajo, llegando a  escuchar la conversación entre dos, de los cuales reconocía a una por el periódico y su wanted: a Mika (capitana de Hijos de la Libertad) [La cual también se había desvestido…Ya en este punto dejé de preguntarme de dónde surge esa tendencia, y en el contexto actual me convenía suprimir hasta mis sonrojes)], mientras que el otro era un…¿’’hombre anguila’’? Por la confianza con la que se trataban, me sugería que podría ser un miembro de su tripulación,  Magnus también se acercó al parlanchín par, ‘’Centella’’ estaba pegada a la pared, al igual que yo, a uno llamado Finn (acompañado por el mismo perro con el que salía en su portada)…y una mujer pelinegra que, no se si para bien o para mal, no me sonaba de nada…*La mayoría ya tienen algo de renombre…* ¿Acaso acababa de sentir un poco de celos? ¿Cuando hace un momento no le veía beneficio alguno tener recompensa por mi captura? Bueno, era algo de lo que yo mismo era ‘’culpable’’, no había hecho algún crimen o acto notorio como para ello todavía.

Me dirigí hacia ellos tres antes de hablar. -Bueno…me da que ese gusto se lo llevaron ellos, y no se quedaron llenos, que digamos.- No era mi conversación, pero ya mi curiosidad de base me impulsó a darle una respuesta a…¿Cómo le digo?...¿’’Peter el anguila’’? No, mejor me espero a conocer su nombre, de llegar a revelarse, claro. Entonces, desde la posición opuesta a la nuestra, empezó a revelarse una figura…y, como no podía ser de otra manera, se empezaron a preparar para lo peor, y yo no haría menos.-Os advierto, lo que vais a ver no es muy….bonito, que digamos…-Entonces, mi apariencia empezó a cambiar paulatinamente: mi cuerpo creció y se fortaleció proporcionalmente, dos afilados colmillos empezaron a brotar de mi mandíbula inferior, mis pies pasaron a ser unas pezuñas partidas, y se desarrolló un pelaje negro como mi cabello, y la mitad superior de mi rostro cambió totalmente, destacando una nariz totalmente cambiada a la de un hocico porcino…Todo esto era el resultado de la fruta del diablo que ingerí en el pasado. - Los tres de antes no disimularon que iban a darnos caza, así que...que no os extrañe que hayan bajado hasta aquí.- Con esa advertencia quería concienciar a quien todavía no se hubiese preparado todavía...pues de seguro la situación se iba a torcer aún más si cabe.

OFF
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#6
Atributos


39 de Otoño, Año 18 ❥ Kutsukku

Suck up for that quick reward boy
Suck up for that quick reward they said

─ ♚ ─

Esperaba algo.
Si.
Pero no algo como aquello.

Después de un discurso vacío, que solo los incautos serían capaz de comprar, la cabeza del pirata se deshizo frente a los ojos de todos, esa era la señal inequívoca de que todo acababa de torcerse. Su cuerpo, entrenado para la violencia explosiva, reaccionó antes de que su lógica terminara de procesar el resto de carne, sangre y otros, que había saltado sobre la primera fila; tensó los hombros con esa rigidez de un depredador que acababa de oler la sangre de su presa, mientras sus manos se posicionaban sobre el mango de sus katanas dispuesta a utilizar su propio acero contra la muerte que rondada sobre sus cuellos.

Hasta que descendió sobre la tarima ese eclipse de alas negras y a su lado, dos más decidieron subir a disfrutar de la gloria de mirar a otros hacia abajo.

Dulce nectar, que la Archeron, conocía bien.

La declaración de guerra fue seguida del temblor de esa caverna y luego, el suelo desapareció bajo los pies de Nyx.

No consiguió reaccionar a tiempo cuando la tierra los engullo, y en sus palabras relucía ese instinto que doblegaba su orgullo y la hacía gritar sus nombres a la oscuridad…palabras que finalmente, fueron tragadas por el ruido del derrumbe; sus manos solo consiguieron alcanzar el vacío que habían dejado las figuras de Alex y Sera a su lado cuando la tierra decidió transportarlos a sus entrañas y el mundo se vio reducido a golpes, rasguños, al polvo y al oxido en la garganta. Se había transformado en un cuerpo que no era capaz de detener la caída que parecía dirigirla al centro del mismísimo infierno.

Ah. La muerte.
Pegada a ella como una maldición.

Su espalda impacto con fuerza en el suelo de piedra y la inercia la llevo a golpearse contra una de las paredes de roca, su pecho amplio subió y bajo en búsqueda de ese bien preciado, pero parecia que el aire había decidido quedarse fuera y que sus costillas aun no estaban preparadas para volver a retomar el ritmo. El cuerpo de la Archeron tardo media fracción de tiempo en recuperar no solo la respiración, tambien la logica de que estaba entera.

Por suerte.

El latigazo de dolor que recorrio de sus costillas hasta el centro de su columna al erguirse, fue contenido por la línea de su mandíbula tensándose bajo el peso de su orgullo y caracter. Acción vieja, aquella que le permitía sepultar el dolor sin dejar de recordarle que era humana; mostrar debilidad frente a un grupo de desconocidos en una ratonera en medio de las entrañas de la tierra, era un lujo que no estaba dispuesta a concederles. El mar de sus ojos se deslizó por el lugar, otras personas que estaban allí con ella parecían tener la suerte de haber caído con una cara conocida. Palpo sus katanas que aun seguían seguras en su cinto, al menos a ella, aun le quedaba su acero.

Escuchó el intercambio de palabras antes de comenzar a avanzar hacia el grupo, solo para notar como el hombre que se habia acercado antes, ahora, acababa de transformarse en un jabalí – No importa que sea bonito – La mirada gélida cayó sobre el jabalí. No habia amabilidad en su mirada. No era personal.

Rara vez lo habia.

– Importa que sea util – Aseguró. Sus dedos se deslizaron hacia la empuñadura de sus katanas para afianzar el agarre, en ese gesto que revelaba la precisión de quien lleva tiempo envainando y desenvainando un arma – Ellos lo han dicho – respondió esta vez al otro hombre, ese que hablaba de venir con un pelirrojo, un pulpo y una coneja – Uno de esos ha caido con nosotros, la pregunta es cual – Y el mar de sus ojos se deslizó para clavarse hacia la figura en la cueva.


Good day to be alive, he said
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#7
Atributos Personaje
Mi mente distraída no tardaría en volver al escuchar el fuerte sonido de una explosión, girándome rápidamente en busca de la fuente del sonido, y quedando boquiabierta al encontrarla. Me topé con el cuerpo sin cabeza aún humeante de aquel anciano maleante de poca monta. ¿¡Quien coño ha hecho eso!?.

Mis pregunta no tardaría en encontrar respuesta, tres hombres, estrafalarios como ellos solos, entraron en escena. Siendo uno de ellos el que llevo mi paciencia al límite, pisando sin respeto alguno el cadáver de aquel hombre, mientras comenzaba a amenazarnos con ser los siguientes — ¿¡PERO QUIEN OS HABEIS CREIDO!? ¡MALDITOS COBARDES! ¡ATACANDO A UN ANCIANO POR LA ESPALDA Y YENDO DE CHULOS! — Porque estaba agarrando a Marcos, que si no ya me hubiese lanzado a por ellos. Pero, antes de que pudiera continuar, el suelo bajo nuestros pies comenzó a desplomarse. Vamos no me jodas, pensé antes de caer junto con todo el mundo a las profundidades.

La caída fue ligeramente frenada por un descenso rocoso, el cuál, era casi como una perfecta rampa. Intente recolocarme mientras caía, tratando de deslizarme sobre mis piernas, tropezando numerosas veces y terminando conmigo cayendo hacia delante, comenzando a rodar sobre mi misma cual armadillo furtivo hasta ser detenida por una amable pared. — Pa un día que no me subo a un tejado…— Me senté en el suelo tratando de comprender la situación, cuando alce la mirada al lugar del que caí, topándome con una figura familiar de unos cinco metros de alto a punto de caer donde me encontraba.


— ¡Voltereta táctica! — Grité, rodando sobre mi misma hacia un lateral, esquivando por poco al grandullón de Brangus. Me levanté llevándome una mano al pecho, tratando de recuperar el aliento que acababa de perder de la impresión. Y acto seguido comencé a desempolvarme el traje, siendo ese el momento en el que el buen poeta Brangus Prand se acercó, preguntándome cómo me encontraba. — No te preocupes, este casco me ha salvado de más de un buen coscorrón JAJAJAHIIIJAJA — Dije golpeando mi casco con unos suaves toquecitos. Acto seguido, me lleve la mano a mi barbilla. Ahora que lo dice, ¿Dónde diantres estamos? Analice con toda la capacidad de mi gran intelecto la situación antes de responder: — Tiene pinta de que estamos en una cueva ¡AHÁ! — ¿Colega? ¿De que está hab-? Pensé antes de darme cuenta de a qué se refería, llevando mi mirada a toda velocidad sobre mi muñeca, la cual, se encontraba ahora vacía. — ¡No me jodas! — Me llevé las manos a la cabeza — ¡MARCOOOOOOOS! ¡NOOOOOO! — Grité preocupada, mi primer secuaz y ya lo había perdido a los dos minutos, no podía andar muy lejos, aunque más importante que eso — ¿BunnyVi? ¿¡Estás aquí!? — Grité mientras inspeccionaba el terreno en busca de mi amiga, viendo a más personas con nosotros pero ninguna cara conocida.

Al parecer, mientras me preocupaba Brangus se había ido a hablar con otros sujetos, entre ellos una chica rosa que le rivalizaba en tamaño al grandullón, a la cual, no pude evitar quedarme un segundo embobada mirándola antes de centrarme de nuevo, para volver a embobarme al vislumbrar a otra mujer, esta vez por lo hermosa que era. Me di una palmada en la cara, céntrate Fumi, toca presentarse ante la gente, era mi momento de brillar.


Fui a toda velocidad hacia el grupo corriendo con mis preciosas piernas y mis ya no tan deslumbrantes botas nuevas, volviendo a pisar mi capa y cayendo de cabeza contra el suelo… O eso es lo que un novato diría, porque antes de terminar por comerme una roca puse mis manos contra el suelo, impulsándome para realizar una increíble voltereta voladora que me dejaría de pie elegantemente frente a Brangus con los brazos elevados hacía el aire. — ¡NO TEMÁIS! ¡LA GRAN EMISARIA DE LA JUSTICIA CENTELLA SE ENCUENTRA ANTE VOSOTROS! JAJAJAHIIIJAJA — Mientras dejaba notar mi presencia recoloqué mis brazos en posición, mostrando mi pose número seis del repertorio “buen rollito” tratando de expresar que venía en son de paz.


Pero al parecer mi presencia fue opacada por otra no tan bien recibida, ¿¡Como!? ¿¡Uno de esos desgraciados se encuentra en esta cueva!? Nada más darme cuenta, me puse frente a los demás, para ser exactos frente a la muchacha de pelo rosa que se encontraba en el medio, dandoles mi espalda — ¡AHÁ! ¡Podéis estar tranquilos, porque yo estoy aquí! — Les dije, girándome ligeramente hacia ellos y mostrándoles mi pulgar levantado con una sonrisa deslumbrante.


Tras la capa
[Imagen: bpP6EeU.png]
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#8
Atributos Personaje

Todo iba de maravilla, o en realidad no, estábamos en no se donde, haciendo no se que, para no se quien, y encima era un paquete, que rebotar siete veces no es determinación, es ser pendejo… Pero bueno, si tenía los medios y fondos para lograr usarlo como transporte, jalaba… Aunque jaló él, al cielo… Y lo vi en primera plana… En un momento había cabeza, al otro momento pues no, solo sangre y humo, y para colmo parecía que todo se desmoronaria… Quizás podría robarle el barco, vaya uno a saber… Tampoco es que pude pensar mucho en ello, pues, al final de cuentas, esos tipos con cara y pose de afeminados, no solamente eran afeminados sino también violentos…

Que va… No es que me asustara, siempre listo para una gresca, como debe ser, pero se veían bien raros. Aunque para hacer justicia se veían estupidamente fuertes, y no podía tomarlos a la ligera… No obstante tampoco pude enfocarme mucho en ello, pues antes de poder decir algo o tomar acción todo se fue a la puta, y yo no fui la excepción…

Un poco de rodar, un golpe acá, un golpe allá, un raspón por acullá, algo de polvo y no tenía ni puta idea de donde estaba ni donde había caído… Lo primero que hice fue ver si Jake se encontraba bien, y en efecto lo estaba. Seguía en la mochila. ¿Mis armas? Justo donde las dejé también. Todo estaba en orden, osea no en realidad teniendo en cuenta que acababa de sobrevivir a un derrumbe en algún remoto lugar cochino y habían tres amanerados violentos que habían básicamente dicho que irían a por las cabezas de cada uno de los que estabamos allí, algo pretencioso pero contemplando con que facilidad habian tomado la de Goldut era algo a no ignorar… Pero más allá de eso, sí, todo estaba en orden…

Por inercia hice un paneo general y me acerque a la prominente mujer gigante que andaba con poca ropa y mucha carne y el sujeto azul que le acompañaba. Aun no decía nada, poco a poco aparecieron más en escena, al menos no había sido el único en caer.

Luego apareció el otro con mucho swing, y flow, que parecía estar igual de perdido que yo…

—Sape yo también buscaba el grand line y en efecto, creo que no era por acá— contesté riendo levemente. Mientras tomé mis armas y las empuñé —No es nada personal saben, soy amigo, sape, pero si no son amigos entonces no lo soy… Pero hay tres afeminados locos queriendo matarnosy yo tengo un perro, no puedo morir jiajiajia— concluí riendo.

Y de pronto… UN JABALÍ.

—Sapeeee mira ese cerdo, que hambre viejo, y justo un jamón— dije mirando con tristeza al peculiar humano jabalistico porcino. Aunque seguía ahí, a dos metros de la enorme mujer que aun no conozco pero rompiendo la cuarta pared diría que se llama Mika.

—Soy Finn por cierto… ¿Alguien tiene idea ee como nos vamos de aquí? Tengo que alimentar el peludo— concluí de manera que todos oyeran, en tono amistoso.

Hora de aventura

off
[Imagen: 4ZOZ7IA.jpeg]
~Pensamiento~—Hablar—
[Imagen: PuthOpc.gif]
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#9
Aquello sí que no me lo había visto venir. Aquel viejo hijo de puta había elegido un lugar de lo más acorde para cometer sus fechorías. Resultaba irónico que el sitio donde llevarían a cabo sus sueños hubiese resultado ser tan frágil, derrumbándose tras la primera explosión de cambio tras un sorbito de su bebida de preferencia. Antes de caer, se me vino a la mente que quizá hubiese una analogía enormemente profunda en lo paradójico de aquello, pero tampoco era cuestión de flexear alfabetización también, así que había preferido dejarlo estar. En aquellas me encontraba cuando me di cuenta de que, tras pasar por lo que decidí bautizar como el tobogán infernal (y que puso en serio peligro mi cutis), estaba a punto de caer al suelo.

Antes de que la desagradable aspereza del suelo pudiera siquiera plantearse mancillar la perfección de mi epidermis, desplegué dos magníficas alas negras, deteniendo mi descenso en seco y permaneciendo suspendido en el aire. Los campeones vuelan. Simultáneamente, una espléndida llamarada se manifestó tras mi espalda, iluminando la totalidad de la penumbrosa cueva y recortando mi excelsa silueta contra su resplandor. Era una imagen de belleza difícilmente reproducible, y, para ser honestos, el mérito era todo mío. Qué privilegio para aquella cueva, qué visión para aquellas rocas. Sus miles de años de existencia la habían conducido a albergarme a mí. Pasé mi mano por mi frente, quitándome el sudor de la misma. Fruncí los labios, marqué la mandíbula y ladeé imperceptiblemente mi rostro para ofrecer mi mejor perfil, mientras reparaba en que varios piratas habían dado a parar a aquella misma cueva. Los observé. Ante mí se congregaba una multitud de invididuos pintoresca, pero ciertamente desafortunada en el reparto de las virtudes estéticas. Una chica con una cabellera rosa de gusto cuestionable; un sujeto de aspecto ictiológico cuyo aroma debía de hacer justicia a lo extraño de su apariencia; un viejo que debía de haber sobrevivido a sus mejores años por casualidad, y cuyos pectorales solo debían colgar más bajos que sus propios testículos; un muchacho de facciones tan visiblemente poco agraciadas en lo intelectual que apenas merecían comentario alguno; una mujer cuya exhuberancia anatómica constituía un atentado contra los más básicos principios de la proporción y, finalmente, una desubicada que había tenido a bien combinar unas plumas con un casco, y cuyos amigos no habían tenido el valor de decirle nada. Arqueé mis cejas ligeramente, mostrando una pequeña sorpresa sin que ello rompiese la simetría de mi cara ni lo terso de mi expresión. Conseguí contener mi risa. Perfecto. Otra vez perfecto. Nadie en aquella cueva tenía más aura que yo. Seguía siendo el campeón indiscutible. Mogeados una vez más. Jamás habían tenido una sola oportunidad.

[Imagen: VEly7qg.jpeg]

En cualquier caso, no debía perder de vista mi auténtico cometido (ni, por supuesto, permitir que se notase en mi cara que todo lo posterior a la explosión me había pillado ligeramente desprevenido; era imprescindible continuar granjeando la presencia que otros pasaban sus vidas intentando cultivar sin éxito): acabar con sus miserables vidas. Un campeón nunca pierde de vista su objetivo: el mogeo definitivo. Sacar sus cabezas de allí en un saco, cobrar jugosas recompensas y continuar mi imparable ascenso a través del gremio. Mentalidad ganadora. Hasta hacía unos instantes, antes siquiera de que mis llamas bañasen la cueva, algunos de ellos habían estado dando voces en la oscuridad (voces que yo a duras penas había podido oír debido al constante derrumbe de rocas, mal que me pesase). Comprensible, claro; tal era el instinto natural de las formas de vida condenadas a ser mogeadas, de aquellos que se enfrentaban a su Eclipse. En términos de presencia, la diferencia era simplemente obscena. Yo también gritaría si tuviera que enfrentarme a mí mismo. Aunque, ahora que lo pienso, los dos seríamos guapos... ¡Qué disyuntiva tan complicada! Saqué el enorme kanabo de mi espalda, pasando a sujetarlo con la mano derecha, permitiendo que colgase libremente, su parte más gruesa apuntando hacia el suelo.

Mi mirada se clavó entonces en el joven que había quedado más cerca de mi posición; contemplé cómo se volvía aún más espantoso que sus compañeros, adquiriendo las facciones de una especie de cerdo. Su auténtica naturaleza, probablemente. Una media sonrisa de proporciones estrictamente áureas se dibujó sobre mi semblante, permitiendo que el blanco perfecto de mi dentadura los deslumbrase aún más que las llamas de mi espalda. No me apetecía nada charlar con ellos, ¿por qué no pasábamos directamente a la acción? Además, hablar conformaba un peligro estético del que ellos seguramente no estuviesen al tanto: podría causar que mi cara fuese menos fotogénica durante las milésimas de segundo que durase el movimiento de mis músculos faciales. Músculos faciales, por otro lado, que debía mantener perfectamente tersos, y labios que debían permanecer en una disposición óptima para el mogeo.

—¡Siu siu siu! Estupendo. Que dé un paso al frente el primero —dije con mi tono de mogear (el único que sabía emplear), no sin cierto nerviosismo, y a continuación señalé con el kanabo hacia el hombre porcino—. ¿Tú, guarrindongo...? ¿Eh? Decidamos ya quién tiene toda la presencia. Aunque ya conozcamos el resultado, l-lo importante es participar.



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#10
Magnus levantó la vista hacia Legend el vanidoso y permaneció unos instantes admirando su figura. Las alas negras, las llamas de su espalda, el garrote… Desde luego, parecía que se había esforzado en crear una imagen digna de ser vista. 

Todavía sostenía el cigarro roto entre los dedos. Bajó la mirada hacia él y apretó los labios. Había invertido mucho esfuerzo en vano para intentar que permaneciese intacto. Sin embargo, el cabronazo de las alas se había ahorrado la caída.

Tiró los restos del cigarrillo roto al suelo y volvió a mirar al lunarian mientras sacaba otro de la cajetilla que tenía en el bolsillo de su chaqueta. Estaba señalando al chavalito que se había convertido en jabalí, invitándolo a enfrentarse. 
Magnus no encontraba ningún motivo para concederle aquel gusto. ¿Por qué acercarnos de uno en uno pudiendo hundirle el pecho entre todos? Así es como se forjan las amistades más bonitas, en su experiencia.

Había algo particularmente irritante en tener que levantar la cabeza para mirar a alguien. No estaba acostumbrado y no pensaba acostumbrarse aquella tarde. "¿Serán fáciles de arrancar esas fucking alas? Me gustaría comprobarlo", pensó Magnus.
Además, seguía sin saber dónde estaban los demás. No tenía tiempo para estar perdiéndolo con aquel sabroso maleante.
La única solución que se le ocurría era darle de hostias hasta que no pudiera moverse. La verdad es que estaba acostumbrado a solucionar así los conflictos.

Entonces miró a Centella. Parecía entera y conservaba aquel entusiasmo tan característico, claramente inmune a desgracias como la que estaban viviendo. A Magnus le caía realmente bien aquella emisaria de la justicia. 

Le vendría bien que emplease alguna de sus poses para levantarles el ánimo antes de que empezasen los golpes.

Magnus corrió hasta sobrepasar a Centella, colocándose entre ella y Legend, privando a este de ver una pose tan motivadora, y dándole la espalda, manteniéndose de frente al grupo. "No creo que ese capullo se merezca estos glúteos que me ha dado la madre naturaleza, pero no me queda otra", pensó Magnus resignado.

Centella quedaba frente a él. Magnus adoptó una pose normal y se cruzó de brazos, esperando al espectáculo. ¿Le haría caso su compañera?
Tras terminar de colocarse, expandió una cúpula invisible para el resto de sus compañeros que haría que solo Fumi o quien se encontrase a un metro y medio o menos pudiese escuchar lo que iba a decir:
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto —Dijo Magnus, en su actitud perezosa habitual de cuando se encuentra en una situación en la que tiene que hacer un esfuerzo. —Centollo, dedícanos una de esas poses tan molonas que sabes hacer tú. Cuando el winged motherfucker se acerque le hacemos papilla. ¡Gurororo! 

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