08-01-2024, 08:43 PM
Día 24, 22:17h, otoño, año 11
Ballywood Boulebard | Reino de Ballywood | West Blue
Iba paseando por las calles de Ballywood Boulevard y se me cayó un berrie. Me agaché a recogerlo y, de pronto, vi un reflejo en el envoltorio de un bollito que estaba en el suelo. Eran unos bollitos muy famosos en la ciudad aunque eran ilegales ya que los vendía un comerciante ambulante y no tenía los papeles correspondientes para la venta de alimentos, es más, dudo que tuviera el carné de manipulador de alimentos. En ese reflejo, noté unos colores llamativos. Tras recoger el berrie, no pierdo un berrie ni loco, miré hacia el sitio del que provenían esas luces de colores que iluminaban la calle, incluido el envoltorio. Era el cartel luminoso de un local nocturno. El local se llamaba “TaBEERna”. Con ese nombre ¿cómo no iba a entrar?
Me quité el polvo de mi abrigo y le di un repaso a la chaqueta americana. Cerré el primer botón de la misma recordando las palabras sabias del sastre que me lo hizo: “Nunca se abrochan los dos botones de una americana, sólo el primero”. Apreté el nudo de la corbata, recoloqué mis gafas aviador marca Carolina Perrea y comencé a andar en dirección al local. Iba con la cabeza alta, con cara de prepotencia, sintiéndome el más guapo del lugar y comiéndome el mundo. Todos me miraban por la calle. Yo les saludaba de forma chulesca. Sé que me miraban con caras incrédulas, como de ¿WTF, y este tío?, pero me daba igual, me sentía el rey de la noche. Paré en el carrito del famoso vendedor ambulante y le compré un bollito. Hostias, ya sé por qué eran tan famosos: estaba buenísimo.
Tras terminarme el preciado bollo, llegué a la puerta del TaBEERna y había un gorila. Pese a mis 3,30 metros de altura, el bicharraco me sacaba una cabeza. No me amedrenté y le dije al mostrenco:
- ¿Qué pasa, my friend? ¿Hay buen ambiente por aquí o qué? - El gorila me miraba como con desprecio. No sé por qué...
- Pues claro. ¿Vas a entrar?
- Pues claro. ¿Tú no?
Después de hacerle la típica gracieta de cuñado, abrí la puerta y entré al local. Tenía razón el colega, aquel sitio estaba bastante lleno y había mucho alboroto. Me fui a la barra y pedí una cerveza, cortita, una jarra de 1 litro.
Tras unos minutos noté que en una zona del local había mucho barullo. Me acerqué al corro de gente mientras iba bailando sutilmente y bebiendo de mi cerveza fresquita. De repente se cortó la música y dieron un mensaje por megafonía: “ATENCIÓN A TODOS. EL CONCURSO DE BAILE VA A COMENZAR. LA INSCRIPCIÓN SON 2000 BERRIES Y EL PREMIO POR GANAR ES UNA AKUMA NO MI”. Todo el antro comenzó a gritar y aplaudir. Del fondo, un señor con aires de gángster y que parecía ser el jefe del lugar, sacó un cofre y lo alzó para enseñarlo. Todo el mundo estaba enloquecido. El tipo llevaba un traje negro, camisa blanca y corbata roja. A su lado, una chica rubia, igual vestida que él pero le había añadido un sombrero borsalino de color rojo a juego con la corbata y sus labios. Parecían de una misma banda al ir vestidos con el mismo estilo. La mujer agarró el cofre y lo puso a su lado, protegiéndolo.
Obviamente me apunté, una Akuma no mi no se gana todos los días. Tras soltar el dinero de la inscripción me mostraron al contrincante. Sí, efectivamente, al contrincante, en singular, porque solo nos habíamos apuntado dos personas al concurso. Algo olía a chamusquina.
Dijeron mi nombre: “Dexter Minio, a la pista de baile”. Me coloqué en posición. “Paco Jones, a la pista de baile”, dijeron por los altavoces. Delante de mí apareció mi contrincante, el mismo notas que estaba previamente levantando el cofre. Mi puto rival era el mismo que lo había organizado... se iba a cagar igualmente.
- Te voy a reventar, my friend!! - le dije al tipo.
- Inténtalo, papanatas – contestó, chulesco.
Comenzó la música y era mi turno. Una música pop amenizaba el concurso. Mis pasos de baile eran dignos de cualquier gimnasta. La gente aplaudía efusivamente cada vez que hacía un paso con las piernas. La gente gritaba con cada paso de manos. La gente gemía de placer con cada movimiento de caderas. Obviamente, gané ese turno porque no podían parar de gritar mi nombre.
“Vamos, Paquito”, pensé, “no podrás conmigo, my friend”. Mi rival comenzó a bailar la misma música que me tocó a mi. Todo se jugaba a dos rondas con lo que, si el tiparraco este lo hacía mejor que yo, aún tendría otra oportunidad. Se acercó demasiado a mí mientras bailaba. Sus manos pasaban muy cerca de mi cara, de mis brazos, de mi cintura y de mis piernas con cada paso de baile que hacía. Pasos de baile, por otro lado, que eran ridículos. Parecía un mono con epilepsia más que un supuesto bailarín. Aún con lo ridículo del baile, la gente no paraba de vitorearle y aplaudirle. “¿Cómo puede ser que les esté gustando más esta mierda que mi baile? Esto no va a quedar así”, grité en mis pensamientos con la impotencia que me estaba produciendo aquel suceso.
Al acabar su truño, perdón, turno de baile, por megafonía indicaron que el ganador de esa ronda era Paco Jones, el rey del dance... una carcajada salió de mi boca sin poder evitarla: “JIIIIIAAAAAJAJAJA “. Cuando conseguí parar de reír, la mirada de Paco era más chula que cuando empezó el concurso. Me estaba cabreando mucho, con lo que decidí sacar mis pasos prohibidos.
Primeros compases de la nueva canción y llevé mis manos a los bolsillos de mi pantalón. Así empezaban los siguientes pasos de baile, solo con las piernas, pero noté algo raro. Me faltaban todas mis pertenencias de los bolsillos. Fruncí el ceño y miré a Paco, que seguía sonriendo con sinvergonzonería. “¿Este cabrón me ha robado mientras bailaba?”, pensé mientras revisaba disimuladamente todos mis compartimentos de la vestimenta al hacer distintos pasos de baile. Ahora era yo el que parecía una ardilla con la rabia mientras rebuscaba. “Pues sí, el hijo puta me ha robado todo... Ahora si que te vas a cagar, my friend”.
Me dirigí hacia él alternando pases ridículos, total, el concurso ya me daba igual. Comencé a hacer unos pasos de baile parecidos a los que me hizo para robarme, pero con una diferencia... le estaba partiendo la cara a la vez. Gracias a la oscuridad del antro, el ruido, los gritos y el gentío, nadie se enteró de que le estaba reventando hasta que paró la música y mi compañero de concurso cayó al suelo de espaldas. Los espectadores no se dieron cuenta de lo ocurrido, simplemente pensaban que el pobre Paco Jones se había desmayado con mis movimientos envolventes. Me agaché sonriendo a darle unas palmaditas sobre los costados. Parecía que me estaba riendo de él pero en realidad estaba recogiendo mis cosas, que eran pocas, pero eran mías.
Dejé al notas en el suelo y fui directo al cofre. Había ganado y me iba a llevar mi premio. La chica que estaba custodiando el cofre, temblorosa, me lo dio a regañadientes, ya que el plan no había salido como ellos querían. Obviamente, era su compinche en esta estafa.
La gente gritaba: “QUE LO ABRA, QUE LO ABRA”. Abrí el cofre como me solicitaba el gentío. Al hacerlo y mirar la Akuma no mi que había ganado, me quedé asombrado. Era magnífica, era impresionante, tenía un color verde que te dejaba anonadado, era redonda, era gigantesca, era... una puta sandía normal y corriente. “QUE SE LA COMA, QUE SE LA COMA”, gritaban los fans histéricos. Ellos no habían llegado a ver la fruta, con lo que no sabían que todo esto era una estafa. Sonreí a la gente y grité:
- Tranquilos, que esta akuma no mi se va a comer, pero bien comida.
Cogí la sandía y me dirigí al soplapollas de Paco Jones que se estaba despertando de los bofetones que le había dado bailando. Justo cuando se quedó medio incorporado, sentado en el suelo, una sandía golpeo su cara violentamente reventándose al instante (la sandía, no su cara... ojalá). Quedó inconsciente en el suelo de nuevo pero esta vez ahogándose en la sandía que le había entrado por la nariz y hasta la garganta. Me fui de allí sin mirar mientras iba gente a ayudar al pobre estafador desgraciado.
Salí del local cabreado pero relajado, le había devuelto a aquel gilipollas que me hubiera vacilado e intentado robar y me centré en llegar a otro local. Iba andando por la calle colocándome bien el traje, ya que todos aquellos movimientos me lo habían descolocado, cuando, de repente, vi dos carteles de se busca en una fachada. Eran mis dos nuevos “amigos”: Paco Jones y Elna Bogordo, buscados por pertenecer a la banda “Los Glandes”. Su recompensa no llegaba ni a 200 berries entre ambos. Es decir, unos mindundis me habían intentado estafar y robar. “Qué hijos de puta”, pensé. Quería quitarme a estos imbéciles de la cabeza cuando me di cuenta de una cosa... al final sí que me habían estafado, ya que se quedaron los 2000 berries de la inscripción y no los recuperé. "Mierda..."
