[AVENTURA T1 AUTONARRADA] En la selva, la oscura selva dormido está...
#1
ATRIBUTOS DEL PERSONAJE

Día 3
Invierno
13:37
 
Un rugido altero el ruidoso silencio de la selva. Era el sonido de un estómago.
- Mierda, tengo hambre – se escuchó después, una bestia despertaba tras su siesta entre la espesura de la maleza de aquella inhóspita selva, su nombre era Ashura.
Se encontraba en un pequeña claro, no era natural, era un círculo imperfecto donde el diámetro a veces llegaba a ser de 12 metros y otras de 9. Estaba acostado sobre el cadáver de un mamífero de grandes dimensiones, demasiado devorado como para identificar su raza. Los enormes insectos empezaban a acercase para comer las sobras de aquel desagradable festín, no había signos de putrefacción en él cadáver, todavía. Aquel pequeño claro mostraba signos de combate: árboles partidos, levantamientos de tierra, la flora del suelo mostraba signos de haber sido pisoteada y la gran mayoría de la vegetación de alrededor tenía un moteado marrón, fruto de la sangre que ya se había secado.
Ashura intentó incorporarse, puso una mano sobre un tronco partido por la reciente batalla, el tronco cedió y con un tímido sonido cadente se resquebrajo, Ashura perdió el equilibro y no pudo incorporarse.
Miro el tronco, todavía desde el suelo, como si le hubiera decepcionado, con cara de asco le escupió.
- Puto tronco de mierda; no serviste como árbol, no serviste como apoyo y no sirves como amigo - hizo un leve ejercicio abdominal y se incorporó, quedando sentado con las piernas cruzadas, miró atrás y vio el cadáver del mamífero - ¿Y ahora dónde cojones la he puesto? – Levantó ambos brazos buscando algo en su costado, pero no encontró nada – Ah… Es verdad – Suspiró, mientras apoyaba su mano derecha en el suelo, incorporándose y poniéndose de pie. La enorme bestia muerta le llegaba a la altura de la cintura, dio un par de pasos y se acercó a ella. Introdujo la mano en un orificio enorme que tenía aquel pobre animal en el costado y sacó su espada acompañada por el gutural sonido de las entrañas revolviéndose – Tú te comes mi espada, yo te como a ti – Ley de vida.
Ashura miró a su alrededor, desde la vista de pájaro aquel pequeño claro era como una calva en la frondosa selva que se encontraba. Suspiro. Empezó a andar, adentrándose en la selva.
- Estoy hasta la polla, estoy cansado de estos putos bichos de mierda, de estos putos animales de los cojones, necesito matar cosas con sentimientos, con esperanzas y que lloren, no más gruuu ni ñiuu ni awww ni uuuuuu – intentaba imitar el sonido de los animales al morir – Quiero oír cosas como: “no por favor tengo hijos” o gritos de ayuda o “te daré todo lo que tengo pero no me mates” o “tú no sabes quién es mi padre” y contestarle “tu padre puede comerme las pelotas por debajo del culo” mientras le clavo mi espada en la garganta, incluso echo de menos a los que solo lloran y no dicen nada porque están acojonados... – Empezó a recordar porque estaba varado en aquella isla - Me cago en la puta madre del cabrón que me dijo que me iba a llevar a una isla llena de niños indefensos para que los matara, hijo de puta tú e hijo de puta tu barco, ojalá se hunda en un nido de esos bichos marinos enormes y devoren hasta tus ideas de mierda – masculló mientras levantaba la katana al cielo – Ahhhh – suspiro exasperado mientras sus resquebrajada voz sonaba como la lija y sus brazos caían haciéndole parecer alicaído -  No me gusta la gente pero estoy hasta los putos cojones de no poder matarla, si pudiera matar a una persona aunque fuera, lo haría lento, porque solo el demonio sabrá cuando saldré de esta puta mierda de isla – Miro a su alrededor, como si esperara que por arte de magia apareciera alguien, una triste alma a la que despojar de su cárnica cárcel. Volvió a suspirar viendo que no aparecía nadie. Su tripa volvió a rugir. No tenía hambre o por lo menos no en el sentido literal de la palabra, estaba hambriento de matanza. Con su mano libre, pues en la otra llevaba la espada, se atusó la barbilla, pensativo.
Ashura conocía un poco aquel lugar, había perdido la cuenta de los soles que había visto dormir y de las lunas que había visto despertar, pero la isla la conocía, eso desde luego. Había visto un grupo de monos, era monos más grandes de lo normal, pero no tan enormes como las bestias grandes que había allí, en términos de la isla, serían fáciles de masacrar. Matar por matar es algo divertido, es más divertido cuando es difícil, pero dudaba que nada en aquella isla pudiera hacerle daño, así que, lo mejor que podía hacer era matar en grandes cantidades.
- Ya sé, voy a intentar extinguirlos, eso generará un desorden, así los bichos grandes, tendrá menos comida, saldrán con más frecuencia, se pelearan entre ellos para comerse y será más fácil encontrarlos para matarlos – Una idea macabra – Puto viejo marinero, juro por el demonio que el día que te encuentre me voy a disfrutar de nuestro encuentro. Primero te desollaré, luego te sacaré un ojo para que puedas ver cómo te ves sin piel, después sacaré uno de tus pulmones para que veas tu frenética respiración ante tu inevitable muerte y después te meteré tu propio corazón por el culo – Asintió satisfecho, para después negar con la cabeza – Estoy divagando, hora de masacrar a esos pobres monitos, ay que pobrecitos – dijo intentando poner una voz de pena sarcástica, que sonaba mucho más macabra de lo que debería – HArHArHAr – Rio ronco con su distintiva carcajada.
 
Ashura, llevaba tiempo en esa isla solo, así que estaba a escasas semanas de agarrar un coco, pintarle una cara y pedirle que suplicara por su vida si no quería que le cortara la cabeza, aunque solo fuera cabeza. Este ejercicio de masacre  no era más que un simple motivo para mantenerse cuerdo, si es que ese adjetivo podía ajustarse a él. Sabía muy bien como encontrar a esos babuinos. Existía un pequeño lago, un cúmulo acuático de los bastantes que hay en la isla, este estaba en una zona cercana a las playas del noroeste, la más tranquila, había otras con serrados acantilados, dónde el mar bramaba como un dragón herido. Era de los menos peligroso, por así decirlo, aunque en aquella isla hasta los escarabajos eran peligrosos, había escarabajos del tamaño de la cabeza de un humano con cuernos duros como la infancia de un Gyojin en Tierra Santa, aunque las cosas peligrosas de verdad estaban en el interior, dentro de las cavernas, o custodiando zonas de agua más extensas y privilegiadas, o en las copas de los árboles, diablos, había unas serpientes en las copas de los pinos capaces de matar pájaros del tamaño de un velero. Esa isla era bastante salvaje, de no ser porque Ashura era ducho en el arte de la espada y por alguna que otra de sus características especiales lo habría pasado realmente mal.
Caminó hacia dicho lago, de camino retumbaban sus pisadas, mezcladas con el piar de las aves, el siseo de las alimañas en los matojos, escondiéndose ante depredadores más fuertes, algún que otro bramido de mamíferos que avisaba a la manada de un peligro inminente y de fondo muy de fondo el chillido de los babuinos. El momento se acercaba. Un ser de semejantes dimensiones no es sigiloso, ni pasa desapercibido, aunque allí la flora era brutal y mortal a partes iguales, no servía como camuflaje, así que lo único que quedaba era correr.
 
Ashura empezó a correr con un trote leve, suspiro, zancada, suspiro, zancada. A medida que la respiración se aceleraba la marcha aumentaba, cada vez más rápido, un físico lo llamaría inercia, un soñador ambición, Ashura denominaba a esto el imán de la vida: “Tú estás vivo, él se mueve hacía ti para que dejes de estarlo” Los chillidos empezaron a sonar más fuertes, los babuinos se habían percatado, empezaron a entrar en alerta, las madres bajaban al lago recogían a sus crías que jugaban con el agua y volvían a los árboles, parecían dudar entre si defenderse o huir. El ambiente empezó a ser un poco más húmedo, Ashura se acercaba. Ese leve momento de duda en los primates fue el primer paso para su perdición.
 
Ashura destrozó la maleza entrando al claro del lago, sombreado y acogedor, las ramas de los arbustos que había destruido a su paso salieron despedidas, cayendo al agua y generando un leve chapoteo, una última sombra saltó en dirección al interior de la selva. Dirección al oeste, Ashura, empezó a seguirle. Aquel curioso explorador fue el segundo paso para la masacre, empezó a seguirlo, frenético, con una sonrisa aterradora en su cara, disfrutando de la cacería. No le perdía la pista, las ramas parecían ignorar a la bestia sangrienta de sangre, el babuino seguía corriendo, alguien lo suficientemente entrenado podría oír que su corazón latía tan rápido que estaba a punto de colapsar, presa del miedo. Para el mono fue un suspiro, pero para Ashura aquella carrera se sintió como una vida, fruto de su impaciencia. Instantes después llegaron. El mono salto, pensando que se había salvado, al llegar con su grupo y defenderse en los árboles, los depredadores solían retroceder, pero ese fue el tercer y último paso para su perdición… Porque esta vez era distinto. Empezaron a atacar a Ashura más de 100 cabezas de monos, algunos le lanzaban ramas, otros su propia mierda, otros le lanzaban piedras. Este aluvión era más que suficiente para hacer retroceder a los animales hostiles, pero esta vez no era un simple animal ni era simplemente supervivencia.
 
Ashura golpeo unos de los árboles cercanos propinándole una patada con la planta del pie, el árbol se estremeció por la fuerza del golpe y se bamboleo, el súbito movimiento hizo que muchos de los animales que en el estaban subidos, se precipitaran, fueron 10. Mientras caían partió a 3 por la mitad con su espada, agarro a otro por el cráneo antes de que tocara el suelo y lo aplastó con una fuerza brutal, la sangre le salpicó la cara y Ashura se relamió su moflete izquierdo mientras sonreían. Avanzo a por dos que habían caído cerca de él, a uno le pisó el pecho y lo aplastó con su peso, al otro lo pateo como a una pelota mientras intentaba levantarse. Ambos murieron en el acto por la brutalidad de los golpes. Solo 2 de los 10 que habían caído con vida seguían en pie, intentaron trepar por el árbol que habían caído, Ashura se acercó rápido al tronco, cortando por la mitad a uno de los 2, la katana se paró a mitad del tronco por la fuerza emitida. El último, vio su final aplastado de una bofetada, como si fuera un simple insecto, sus sesos se esparcían en el tronco y su cuerpo se escurría poco a poco hacia el suelo. Los chillidos cesaron por un segundo, los babuinos observaban atónitos. Había diezmado una décima parte de la colonia en escasos segundos, el simple cerebro de los animales no lo comprendía ¿Por qué? Mientras miraban a su cazador este se bajo los pantalones y empezó a orinar sobre los cadáveres cercanos, en señal de humillación, mientras que con una mano agarraba su katana y con la otra sacaba el dedo a el público que observaba desde el palco. La imagen era estremecedora, un Oni de 4 metros y medio con la cara salpicada de sangre mientras meaba sobre los cadáveres de unos simples animales. Se subió los pantalones y desencajó su la katana por la que no se mea del tronco.
Los siguientes cinco minutos son tan gores e innecesarios que simplemente me los saltaré. Al terminar la matanza, el lugar que una vez fue una colonia de babuinos ahora apestaba a sangre y humo, como huele el mismismo Ashura, los cadáveres se esparcían halla dónde miraras, vísceras y huesos sembraban un huerto de malvas. Algunos partidos, otros aplastados, otros simplemente habían muerto por infarto, fruto del miedo sus corazones se habían parado, crías y adultos habían muerto por igual, no quedaba ni un solo babuino con vida.
Ashura clavó su katana en el suelo y se sacudió las manos, goteaba sangre, estaba bañado en ella. Observo a su alrededor, se sentía orgulloso, su sonrisa era terrible, consideraba aquello una obra de arte. Los brazos apuntados sobre las ramas eran para él como los pájaros para las personas normales, los regueros de sangre eran riachuelos risueños, las vísceras eran flores y los cuerpos sin vida para el eran más necesarios que el dinero. Aquel día, aquella raza de babuinos habría sido extinguida por un simple capricho. Sin embargo, la vida se abre paso y es mucho más caprichosa que un simple mortal. En la zona del sur de la isla, que es un poco más fría, había montanda una orgía de casi 50 babuinos adultos, dónde independientemente del género daban y recibían. Aquel curioso método de apareamiento grupal había salvado de la extinción a aquella peculiar raza, dado que se alejaban de la colonia principal para tener algo de “intimidad”. Pero lo que yo me pregunto es: ¿qué pensaran cuando vuelvan y vean aquel macabro escenario?
Un rugido altero el completo silencio que había en el claro, un silencio que era consecuencia de una masacre. Era el rugido de un estómago.
- Sigo teniendo hambre – Dijo Ashura enfadado.



ACLARACIONES
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#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:

  • 5 Mugiwaras.
  • 10.000 berries.
  • 10 + 15 (Popularidad y Fama) = 25 Reputación

Nota: Hiciste bien. Para reclamar recompensa por autonarración es añadiendo el link y petición Administrativa. No te preocupes por saturación y parecidos. Para eso estamos. Un abrazo.
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