09-01-2025, 03:20 AM
20 de otoño, año 14
Isla Chika, Grand Line
21:46
Isla Chika, Grand Line
21:46
Los días seguían pasando lentamente en aquella isla. Días totalmente inútiles y aburridos, encerrados en aquel hormiguero humano y sin poder hacer mucho. No sabía muy bien por qué estábamos allí parados ni cuánto quedaría para irnos pero al menos agradecía el haber podido tener aquellos entrenamientos con Karl. Se podría decir que no todo el tiempo en Isla Chika había sido malgastado en vano, ya que por un lado aprendimos las extrañas técnicas del Waki y por otro la relación del grupo fue mejorando bastante, al menos por un lado. Fuguwu, Karl y yo fuimos creando un buen vínculo poco a poco, James se quedaba dormido en los entrenamientos y de los otros dos seguíamos sin saber nada.
Haber sentido cómo Karl pasó de despreciarme a sentir orgullo, hizo que poco a poco fuese cambiando el chip. Quizás merecía la pena y todo dar la cara por la Marina, o al menos por ella. Quizás merecía la pena seguir esforzándome en aumentar mis capacidades y ayudar a quién lo necesitase y mereciese, me seguía resultando un tanto extraño el haber recibido aquel ascenso pese a ser derrotado en Momoiro. Supongo que haber capturado en Ballywood a un contrabandista que explotaba niños y entregar a aquel violador de menores medio moribundo y casi disecado por completo habría ayudado, al menos yo sí hacía algo.
Todos estos pensamientos pasaban a través de mi mente mientras caminaba por los túneles y galerías de aquella ciudad subterránea. Era la hora de cenar y mis tripas rugían, así que iba de camino a la taberna en la que mi grupo y yo nos encontramos a aquel extravagante pirata pelirrojo y aquella joven semioni que se lo llevó. Quizás siendo piratas nuestro deber habría sido capturarlos pero como siempre digo, capturo a quién veo que merece serlo y yo no había visto que hubiesen hecho algo malo, así que mi mente estaba tranquila.
Entré en el establecimiento y pude comprobar lo apagado que estaba en ambiente, la ausencia de clientela hacía que el único ruido que se podía oír era el de mis botas pisando, haciendo crujir la madera. Saludé con educación al camarero y me senté en la barra, allí pedí mi clásico zumo de piña y una hamburguesa completa para cenar. Como mi transición a ser un Marine ideal estaba comenzando, para matar el tiempo cogí un ejemplar del periódico para poder estar informado de todo lo que sucedía en el mundo. No era algo que me ilusionase ya que mi vida siempre avanzaba con demasiado desdén en general, tomándome las cosas de forma muy relajada pero ya no era un recluta sin más, ahora era todo un señor comandante. Apolo Bahía, comandante de la Marina. Por mucho que lo repitiese, siempre me sonaba extraño de cojones.
Mientras mi cena estaba siendo preparada, el silencio en aquella taberna empezó a verse interrumpido por el sonido de las hojas del periódico pasar — Odki 'Akahige' Murray... no sé qué... territorios... Nuevo Mundo... yonko... vaya, creo que eso de los yonkos era algo importante — no estaba seguro de qué significaba eso pero juraría haber escuchado esa palabra en algún lugar. — Un cazarrecompensas capturó a un revolucionario... cómo está el mundo, me pregunto si habrá sido Marcia... — seguía pasando las páginas — Atentado naval... — seguía ojeando y pasando páginas sin prestar mucha atención — nuevos piratas... nueva reina Okama... un magnate petardo... no sé qué de una asociación... Perro Sanxe ésto y aquello... — y así seguí hasta llegar a noticias que llamaron más mi interés — miembros de los Zodiacool han fallecido y el tal Tucrow está convocando gente para su grupo... Zodiacool... nuestra División ha venido en ese barco, ¿nos habrán fichado? — haberme pasado todo el viaje en el camarote ignorándolo todo, había hecho que no supiese nada de ese grupo. Más noticias sobre la Marina llamaron mi atención — Han destruído la base G-65 y un tal Sephiroth ha muerto... comandante, el mismo rango que yo. Vaya. — por todas las noticias que leí por encima parecía que el mundo empezaba a volverse loco, estaba habiendo demasiados frentes abiertos y demasiadas guerras — Así que la base ha sido destruída por una banda de novatos... Ashura el capitán y Rapax Gin su protegido... es una pena que la gente intente ganarse un nombre de esa forma, supongo que muchos inocentes habrán muerto. — Hablaba constantemente para mí mismo, la cena habría sido más divertida si hubiese contactado con Fuguwu o Karl. Seguí pasando las hojas del periódico y con ello empezaron a aparecer los nuevos Wanteds. Entre ellos había un montón de nombres que ni me sonaban, también los de la banda que destruyeron el G-65... pero sólo hubo un nombre que me llamó la atención— ¿Zorak? ¿Pero qué cojones has hecho? — No me esperaba volver a ver su cara en aquellas condiciones, era un viejo conocido, el hermano de Powder. Encima 476 millones era un número demasiado alto por lo que tendría que haber liado una buena, sólo esperaba que no hubiese cometido ninguna estupidez ni me hiciesen tener que ir a por él. No sería una situación agradable.
Ya habían pasado muchos minutos desde que me puse a ojear el periódico, el camarero apareció con mi zumo y con mi hamburguesa. Una base de la Marina destruida, un almirante convocando a un grupo, otro llamando a los Siete Señores de la Guerra... entendí que tenía que dejar de perder el tiempo y aplicarme más. Seguír familiarizándome con el waki que Karl me enseñó, llevar más allá mi control sobre la arena y ser un luchador más capaz era mi objetivo en ese momento si no quería que mi nombre apareciese también en un periódico... o al menos no como ese tal Sephiroth.
Dejé unas monedas sobre la barra, cogí el zumo y la hamburguesa y salí de la taberna, esa noche iba a pasarla entrenando en el exterior de la isla. Fuera del refugio el ambiente era tóxico y demasiado agresivo pero por una noche no pasaría nada, quizás entrenar en situaciones complicadas haría que luego fuese más sencillo combatir en una normal. Por no mencionar que si me ponía a liberar mi fruta en esos túneles, podría hacer que el techo se viniese abajo y liar una de cojones... pero bueno, si llegase a tener algún problema podría decir que sólo seguía las órdenes de Joe, total no hemos sabido nada de él desde que llegamos y es el responsable del grupo.
Caminé bastante tranquilo por aquella ciudad subterránea, como era de noche no se veía ni un alma por la calle. Le di un trago al zumo y un mordisco a la hamburguesa mientras elaboraba el plan de entrenamiento en la cabeza de camino al exterior. De pronto noté como un perro me estaba siguiendo, el pelaje se le veía sucio así que tenía que ser un perro callejero. Me concentré en él intentando sentir su aura a través del waki de observación y, en efecto, pude notar como lo que le atrajo fue el olor de mi hamburguesa, estaba hambriento. La abrí, saqué la carne y se la ofrecí, la cual aceptó de mucho gusto sin dudar — Ya le puedes dar las gracias a Karl y su waki, amigo — Realmente no me importaba compartir mi cena, yo podría conseguir más. Seguí mi camino terminando de comer, de beber el zumo y tiré la botella en una papelera.
Una vez llegado al exterior comencé a notar el mismo puto picor insoportable en la nariz provocado por la irritación de los gases tóxicos. Por suerte esa noche no teníamos una de esas lluvias ácidas, si ya de por sí no me gustaba nada mojarme, imagina si encima ese agua venía acompañado de toxicidad. Transformé mi tren inferior en arena para desplazarme por el aire de forma rápida, el primer paso de mi entrenamiento era llegar al barco de los Zodiacool, así que me dirigí hacia allá.
No tardé en llegar y, como si de forma natural se tratase, la nube de arena volvió a recomponerse formando mis piernas, empezando mi camino por la cubierta del barco hacia el interior. Caminaba por los pasillos del barco con total normalidad, los reclutas de la Marina se cuadraban ante mí como muestra de respeto, lo cual seguía siendo super extraño pero a su vez era algo que me hacía gracia. Yo no le daba importancia. Avancé hasta la armería del barco, agarré la puerta por el pomo y... efectivamente, como me temía estaba cerrada con llave. Es una pena que mi plan no iba a fallar porque me convertí totalmente en arena y pude entrar en la sala colándome por debajo de la puerta. Una vez dentro empecé a echar un ojo por toda la sala... estaba llena de pistolas, rifles de largo alcance, balas de cañón, espadas... cosas que en mis manos no valdrían para nada. Sin embargo moviéndome por la armería pude ver como había bastantes guantes de combate y punteras de una calidad excepcional. — Bingo — Mis guantes estaban hechos un asco después de darles tanto uso así que cogí unos nuevos, me los puse y a continuación hice lo mismo con unas punteras, llevándolas por debajo del pantalón del uniforme de Marine — No creo que les moleste que me lleve prestado todo ésto — me encogí de hombros — al final servimos a la misma bandera — Iba a ponerme de camino a salir pero también me llamó la atención una estantería con un montón de Den Den Mushis. Cogí uno pequeño y me lo guardé por dentro de la camisa — Y me llevo esto también... quién sabe si algún día necesitan contactar conmigo — Salí de la armería de la misma forma en la que entré e hice el camino inverso para salir del barco.
Una vez en el exterior me dirigí hacia un recluta — Me voy de patrulla, no me esperes despierto — y sin darle opción a responderme, comencé a volar propulsándome con la arena de mi tren inferior, dirección al valle que había en la superficie de Chika. La irritación al respirar y el picor volvía a ser insoportable, no veía la hora en la que por fin nos pudiésemos largar de aquella isla pero ponerme en condiciones extremas me ayudaría. Tan sólo tenía que recordar lo que Karl nos había enseñado.
Sobrevolando la zona encontré un lugar que parecía idóneo. Había una pequeña llanura llena de chatarra, bidones llenos de saber qué y grandes piezas metálicas que parecían traídas de fábricas. Seguía sin entender cómo la gente en aquella isla podía vivir en esas condiciones o por qué les pareció buena idea maltratar el ecosistema de esa forma. Esa isla definitivamente parecía la némesis de Samba. Tras aterrizar en aquel valle me quité la camisa de Marine para entrenar mejor, quedándome únicamente con mi pantalón, una camiseta blanca interior de tirantes y la gorra. Me acerqué a una de las grandes piezas metálicas, la limpié lanzando arena a presión por el dedo índice de mi mano derecha y colgué mi camisa para que no se manchase.
Para calentar levanté un muro de arena y empecé a concentrar el waki llevándolo de mis puños hacia mis pies para patearlo, y de mis pies a mis manos para darle puñetazos. Allí me tiré varios largos minutos, el ejercicio salía de forma automática y el progreso respecto al día que Karl nos entrenó había aumentado mucho. Mis golpes se notaban más pesados, con más impacto y más firmes pero aún así, el waki hacía que el muro de arena no se rompiese. Seguro que si Karl viese eso fliparía.
Una vez lo consideré oportuno, pasé al siguiente ejercicio el cual consistiría en golpear las enormes piezas metálicas que había en aquel vertedero. Golpear el acero con las manos desnudas era demasiado incómodo, así que recubrí mis puños y mis piernas con arena, intentando mejorar mi control sobre la arena. Si podía seguir mejorando como usuario, no sólo esa protección me serviría de escudo, sino que también como arma. Como si de una coreografía de kickboxing se tratase, lanzaba puñetazos combinándolos con patadas, utilizando tanto mis extremidades diestras, como las siniestras. Entrenar en aquellas condiciones se sentía demasiado pesado, no podía respirar bien y eso afectaba negativamente al cardio pero tenía un objetivo marcado y durante esa noche no pararía.
Decidí que también era hora de llevar más allá mis poderes arenosos. Hasta el momento no había podido llevar el potencial de mi fruta al lugar que se merecía y eso tenía que cambiar. Karl me había dado ideas y me había dicho también que quizás el waki podría acompañar a mis poderes, así que no sólo entrené mis golpes físicos, sino que los acompañé con los poderes de mi Suna Suna. Tenía varias ideas pensadas y comencé a llevarlas a cabo. Las horas nocturnas pasaban y lo único que se podía oír en el exterior de aquella isla, eran constantes sonidos de impacto sobre el acero, como si alguien hubiese estado dando martillazos como un loco, además de grandes cantidades de arena salir por los aires en aquel vertedero.
Comenzaba a salir el sol. Respiraba con las pulsaciones muy altas debido al cansancio del ejercicio físico, usar mis poderes logia a la vez y con los ojos enrojecidos por la toxicidad del ambiente. Si hubiese una vista aérea del lugar, se podría ver como aquel valle había cambiado. Había montones de arena como si una tormenta desértica hubiese azotado el lugar. La chatarra del lugar había sido enviada a volar en círculos, cayendo en lugares aleatorios. El acero que golpeaba se encontraba abollado y en mal estado. Todos los destrozos y rastros de arena, formaban un círculo a mi alrededor, como si yo fuese el epicentro de todo. Era como si esa isla de repente hubiese colisionado contra un desierto, había dejado mi marca y empezaba a demostrar en qué consistía el poder de la naturaleza misma.
Me subí a una duna de arena que había formado, me senté en la cima y empecé a descansar admirando la salida del Sol. Por primera vez en mucho tiempo empezaba a sentir motivación por algo, empezaba a entrenar como hacía en Samba con mi madre. Llevaba mis capacidades físicas, mis poderes de arena y el waki al máximo, quería romper el límite y seguir creciendo. Empezaba a sentir que tenía la oportunidad de vivir un nuevo comienzo. El periódico me había alertado de que las cosas se estaban poniendo serias y que el Grand Line no era un patio de colegio, tenía que estar a la altura de las circunstancias, ser de ayuda para los míos y jurarme que lo de Momoiro no se iba a volver a repetir.
Resumen
Aclaración
