Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
303
268
73
73
300
290
73
135
144
0
16-01-2025, 01:05 PM
(Última modificación: 17-04-2025, 02:31 PM por Fuguwu.)
Dia 21 de Otoño, Año 14.
Grand Line, Paraíso, Corriente Akai.
El buque acorazado de la marina rumbo al archipiélago Sabaody, a un día de distancia de la isla Chika, atraviesa una fuerte tormenta que amenaza con querer voltear el navío timoneado por el comandante Apolo Bahia apoyado por varios marines.
El viento rugía en las velas del barco de la Marina mientras nos adentrábamos en las agitadas aguas que nos llevarían hacia nuestro siguiente destilo, el archipiélago Sabaody. Hacia un día que habíamos dejado atrás la isla Chika. Yo, de pie en la cubierta, observaba las olas gigantes que golpeaban con furia el casco de la embarcación, creando una sinfonía caótica y ensordecedora.
Para muchas de las personas que se conformaban con vivir sus simples y mundanas vidas en alguno de los cuatro Blues, el archipiélago Sabaody era un mito o una historia de fantasía que los mantenía alejados del Grand Line. Pero para mí, esto era más que una leyenda: era la puerta que me llevaría más cerca de mi objetivo de rescatar a Fugowo.
El barco se movía con fuerza bajo mis pies, recordándome el poder indomable del océano. Incluso para un Gyojin como yo, que se sentía en casa en el agua, respetaba el poder del mar y su capacidad de hundir hasta el más grande de los navíos. Aunque mi naturaleza acuática me hacía uno con el mar, sabía que no podría enfrentarme solo a estas corrientes furiosas. Aquí, un buen navegante era la diferencia entre la vida y la muerte, por suerte nosotros contábamos con quien muy probablemente sería uno de los mejores, Apolo Bahía.
“El navegante es la brújula viviente de un barco. Sin uno, no importa cuán hábil seas en combate, el océano te tragará sin pensarlo dos veces,” me habían dicho alguna vez, algún compañero el cual ya no recuerdo ni su nombre, mientras viajábamos hacia el Archipiélago Notice. Ahora, estas palabras resonaban en mi mente. Frente a la inmensidad de las olas que se formaban en el mar, comprendía más que nunca lo vital que era tener a alguien experimentado a cargo.
Acordándome a donde se encontraba Apolo liderando la navegación, miré a uno de los soldados que igual fungían como navegantes del barco, pues una sola persona no lo puede hacer todo el solo, un hombre de rostro curtido por el sol y las salpicaduras saladas del mar, que se movía con precisión y confianza. Su voz se escuchaba por encima del tumulto del mar, dando órdenes a la tripulación sin un rastro de duda. Las órdenes del navegante eran prioridad para todos, incluso los de más alto rango, mientras se estaba en el mar. Con cada ajuste de las velas, cada maniobra que dirigía, el barco se mantenía en curso, desafiando las violentas corrientes que intentaban arrastrarlos.
“Que espectáculo…” murmuré en voz baja, básicamente para mí mismo, mientras sentía cómo el barco ascendía por la montaña, impulsado por la fuerza de las aguas. A pesar de la tensión en el ambiente y los gritos de la tripulación trabajando para mantener el barco a flote, había una calma en el navegante que nos transmitía a todos los tripulantes una extraña sensación de seguridad. Sin este hombre al timón, cualquiera se daría cuenta de lo fácil que sería perder el control y ser arrastrado a un destino incierto.
Las olas a las que nos enfrentábamos no era solo un desafío físico; era un recordatorio de la fragilidad de la vida en el mar. Aunque la gran mayoría de los marines estábamos entrenados en el combate y en la resistencia, no podíamos evitar sentir una pequeña dosis de ansiedad. Este no era un campo de batalla donde podíamos depender de los puños y nuestra destreza en combate, ni siquiera habiendo aprendido múltiples técnicas del Gyojin Karate. Aquí, en las fauces de la naturaleza, nuestra fuerza física quedaba relegada a un segundo plano.
El verdadero combate en el mar es contra las corrientes, las olas, el viento y la intemperie, incluso contra uno mismo pues no podías permitir que te traicionara la mente y sucumbir ante el pánico que imbuía la inmensidad de las olas. Cada barco tiene en su navegante un guerrero único capaz de sortear los peligros impuestos por la naturaleza viva del océano.
Conforme el barco ascendía por las olas del mar, el viento se hacía más fuerte, y las corrientes amenazaban con empujarnos cerca de unas rocas que flanqueaban el estrecho camino, seguramente indicios de una civilización perdida en este bravo mar. Alguien como yo, que había visto la tranquilidad de las profundidades marinas, igualmente se sorprendería ante la violencia de las aguas superficiales.
Era una experiencia humillante. Aquí, donde el agua no era aliada de los Gyojin, donde las olas nos empujaban en direcciones impredecibles, comprendía lo vulnerable que era cualquier ser, incluso uno como yo. Me pregunto si habrá técnicas secretas que permitan dominar este tipo de mares, o al menos hacer de la convivencia con el algo mas ameno.
Mientras veía cómo la tripulación y el navegante trabajaban al unísono, me di cuenta de que aquí, en el infinito azul, no importa qué tan fuerte seas; necesitas a otros para sobrevivir, particularmente ahora que llevamos tiempo navegando una de las corrientes del Grand Line.
Finalmente, tras lo que parecieron horas, el barco alcanzó la cima de la última ola que Poseidón tenía preparada para nosotros el día de hoy. El aire se calmó momentáneamente, como si nos permitiera tomar un respiro antes de despedirnos de cabeza hacia debajo de regreso al océano. Una extraña mezcla de alivio y expectación se sintió por unos breves segundos en el ambiente. Sabíamos que la verdadera prueba aún estaba por venir. Todavía quedaban varios días en altamar para llegar a nuestro destino y aquí, en el Grand Line, nos esperaban todo tipo de peligros impredecibles y oportunidades sin igual.
Con un último crujido de la madera ante el empujón que el viento generaba en las velas, el barco comenzó su descenso. Las aguas, aunque todavía salvajes, nos guiaban hacia adelante aumentando la aceleración de nuestro descenso a cada metro que avanzábamos. Manteniendo la mirada fija en el horizonte, consciente de que este era solo el primer paso de muchos en mi camino hacia nuestro siguiente destino, el archipiélago Sabaody, contemplaba expectante el ancho mar que se mostraba delante de mí.
En ese momento, mientras las aguas comenzaban a calmarse y Apolo soltaba un suspiro de alivio, no pude evitar sentir respeto por aquellos que, aunque no luchaban con sus puños, eran guerreros en su propio derecho. Era gracias a toda la tripulación que había seguido las ordenes del navegante sin poner en duda ninguna de ellas que habíamos sorteado esta marea capaz de devorar a un rey marino.
Un buen soldado es tan valioso como cualquier guerrero, incluso más, pues la vida de decenas depende de la habilidad aquellos capaces de seguir ordenes en el océano, pensé aun contemplando el horizonte, mientras el viento comenzaba a amainar y el sol se asomaba tímidamente entre las nubes.
A medida que el buque acorazado de la marina avanzaba hacia su destino, no podía evitar sentir una mezcla de anticipación y calma. Habían pasado varias horas desde que atravesáramos aquella marea destructora de navíos y, por fortuna, no habíamos encontrado ningún peligro en el mar. La capa de Kairoseki que revestía el casco del barco hacía imposible que los monstruos marinos se acercaran, una precaución que permitía a toda la marina viajar sin grandes sobresaltos en lo que a las amenazas del océano respecta, parte de los aportes del científico más reconocido del mundo.
Aun así, todos sabíamos que el mar era impredecible, y en cualquier momento las cosas podían cambiar. Era más que sabido que, al encontrarnos en un barco de la Marina, podríamos ser un blanco constante para piratas o enemigos del Gobierno Mundial (como los Revolucionarios), lo que significaba que siempre había que estar preparado. Además, nuestro destino final (o al menos de momento), el archipiélago Sabaody, era el punto de inflexión y encuentro para todo tipo de tripulaciones buscando continuar su viaje hacia el nuevo mundo, por lo que las oportunidades de perder la vida en aquellos manglares estaban a la orden del día.
En lugar de esperar pasivamente el próximo conflicto, decidí centrarme en lo que mejor sabía hacer además de pelear: preparar el equipo médico. Si algo había aprendido desde que me uní a la marina, era que la preparación era clave para salvar vidas en el campo de batalla. Ahora que formaba parte de la división 21 había ido formando lazos de amistad y camaradería con la gran mayoría de sus integrantes durante nuestro camino y estancia en la isla Chika, por lo que era para mi aun mas importante tener estas preparaciones listas a nuestra llegada a Sabaody.
En la pequeña enfermería del barco, me puso manos a la obra. El espacio era reducido pero eficiente, con varias camillas de metal y estantes llenos de suministros básicos: vendas, alcohol, agujas quirúrgicas, y hierbas medicinales que yo mismo había ayudado a recolectar durante mi estancia en la base del G-22 en el Archipiélago Notice. Observando todo aquello, sentí una especie de familiaridad. Si bien no había combatido con la tripulación en un enfrentamiento directo, sabía que mi papel como médico sería igual de vital en el caso de ser necesario.
La preparación lo es todo. Por lo cual, aunque al final nos fuéramos a separar, durante el trayecto me dedicaba a preparar kits médicos para la tripulación. Los pequeños botiquines médicos que organizaba contenían vendas, agujas, hilo para suturar, pinzas y un pequeño vial de ungüento hecho a base de algas curativas que recogí tiempo atrás. Sabía que, en el calor del combate, la rapidez era esencial. Las heridas debían tratarse de inmediato para evitar que empeoraran y, aunque no esperaba enfrentarme a una batalla en el mar abierto, prefería estar preparado.
Mientras trabajaba, me percaté de cómo mi entorno había cambiado desde que comencé este viaje. A pesar de mi naturaleza pacífica, siempre me sentía mejor cuando estaba ocupado. Me permitía controlar la ansiedad que el viaje dentro del Grand Line y el haberme unido a la División 21 provocaba. Aunque la Isla Gyojin se encontraba cada vez más cerca de mi destino, la sensación de ansiedad que me provocaba recordar a mis padres y su estado de salud (física y mental) tras los sucesos que nos arrebataron a Fugowo se veían reducidos gracias a sentirme parte de algo mucho más grande que yo.
Estar en la marina, o formar parte de la división 21 significaba una cosa, una única cosa por encima de todas las demás. Somos la justicia, aquellos quienes desinteresadamente (pues no cobramos recompensa alguna por ello) protegemos a los más débiles y nos enfrentamos a adversarios que muchas veces están muy por encima de nuestras posibilidades y habilidades derrotarles. Pero somos más, somos la justicia, y la justicia prevalecerá a pesar de todo.
Con cada kit médico que preparaba, sentía que estaba haciendo una pequeña contribución a la seguridad de la tripulación. Aunque no eran camaradas cercanos como mis compañeros de división, había una especie de entendimiento entre todos los que viajábamos juntos. En el mar, las rivalidades internas o los egos quedaban en segundo plano. Todos dependíamos unos de otros para regresar a salvo.
Mientras envolvía cuidadosamente uno de los viales de ungüento en una fina tela para evitar que se rompiera, un joven marinero entró en la enfermería. Parecía nervioso, y al levantar la vista, me percaté de cómo el muchacho evitaba hacer contacto visual.
Según lo que me había dicho, uno de los sargentos que viajaban junto con nosotros y el resto de los 250 soldados le había pedido que fuera a buscar suministros médicos a la sala donde me encontraba preparándolos. Aquello lo dijo con una voz temblorosa, gracias a mi entrenamiento en el Waki de Observación pude sentir claramente su miedo hacia mí, seguramente influido por su falta de experiencia en el mar la cual ha permitido a muchos conocer seres de múltiples razas además de los humanos.
Sin prestar mucha atención a la razón de su nerviosismo asentí, y con movimientos fluidos, le entregué un par de los kits que había estado preparando. Recomendándole que se asegurase de que los guarden bien, pues nunca se sabe cuándo se van a necesitar le mire directamente a los ojos con una mirada que intentaba radiar calma.
El joven asintió torpemente y se giró para marcharse. No pude evitar preguntarme si ese muchacho estaba listo para lo que podría enfrentar en el archipiélago Sabaody. Si la figura de un Gyojin, incluso aliado, le ponía nervioso, ¿qué pasaría cuando se enfrentara a peligros reales? Para ser sincero, ni yo mismo sabía si estaba listo para lo que se avecinaba, pero sabía que prepararme era la única forma de enfrentar lo inesperado.
Mientras el barco seguía su curso, me permití un breve descanso. Observé el mar desde la pequeña ventana de la enfermería, las aguas ahora calmas bajo el cielo despejado. Era extraño pensar en lo que podría encontrar al llegar a Sabaody. Era por todos conocido que las condiciones en muchas de las islas del Grand Line eran extremas, y que la fauna y la flora de cualquier isla podían ser tan mortales como los enemigos humanos. Sabía que la División 21, a la cual pertenecía, era conocida por sus difíciles misiones y la capacidad de operar en condiciones casi imposibles, inimaginables para el marine promedio.
Mientras me volvía a centrar en mis tareas pensé que lo único que podía hacer era intentar estar listo para las múltiples situaciones a las que me enfrentaría en este lado del mundo. Al final del día, esto era lo único que podía controlar: mi preparación. Además, incluso sin contar de momento con nuestro líder, Joe Joestar, la persona (Oni) que había quedado al mando era igual de buena en mi opinión. La comodoro Karlglass había demostrado ser un gran líder sustituto y era una persona a la que le debía todo mi respeto.
Con ese pensamiento en mente el cual me hizo esbozar una sonrisa, decidí hacer algo adicional: revisar el equipo quirúrgico del barco. A medida que organizaba el instrumental, me di cuenta de que algunas herramientas estaban desgastadas. Las pinzas y los bisturíes habían visto mejores días. Tomé nota mental de solicitar nuevos suministros cuando llegáramos a puerto. Una vez nos separáramos, no podía permitirse trabajar con equipo que no estuviera en condiciones óptimas.
Cerca de terminar el día de trabajo, uno de los encargados de la enfermería se me acerco para registrar todos los botiquines médicos que había fabricado. Estaba tan impresionado con mi labor, que me ofreció quedarme con un par de los botiquines médicos que había fabricado como recompensa. Con cierta falsa modestia, me negué inicialmente a la oferta, comentando que esta era una tarea más dentro de las muchas que se me asignaban en mi día a día, sin embargo, esperaba dentro de mí que me insistiera a tomar dicho botiquín.
Para mi fortuna, la insistencia llego tras mi falsa negativa. Asegurándome el encargado que lo reportaría como parte de los recursos asignados a la División 21 (aunque claramente algunos de los integrantes ni siquiera necesitarían de estos gracias a las habilidades curativas de la líder temporal), me extendió un par de los botiquines que había preparado los cuales acepté con agradecimiento.
A medida que el sol se acercaba al horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rojos, terminé mi trabajo en la enfermería. Me quité los guantes de trabajo y salí al exterior del barco para disfrutar de un momento de paz. El viento era suave, una caricia sobre la piel, y el sonido del agua contra el casco me resultaba tranquilizador. Y, aunque el trabajo en aquel acorazado era interminable, se podía respirar aquel momento de paz como si se estuviera en una iglesia.
Mirando al horizonte, supe que el día había sido bien aprovechado. Me sentía satisfecho por haber contribuido, incluso de una manera que no involucraba combate directo o apoyo para hacer la navegación fluida. Sabía que mi verdadero valor no residía solo en mi habilidad para luchar, o en mi nula capacidad de navegar, sino en mi capacidad para mantener a otros vivos, para asegurar que tuvieran una oportunidad de regresar a casa. Y aunque algunos no quisieran aceptarlo, lamentablemente la muerte en estos mares es tan común o más como la vida.
Cené esa noche junto a los demás soldados pues no encontré a ninguno de mis compañeros de división cerca, el ambiente relajado por la falta de peligro inmediato. Comí en silencio, mis pensamientos ya centrados en lo que podría esperarme en el archipiélago Sabaody. Anteriormente había sido feliz con poder navegar los mares por mi cuenta, nadando entre isla e isla. Pero en ese momento, mientras el barco seguía su curso bajo las estrellas, me sentí agradecido de no ser nunca más un lobo de mar solitario.
No había ni avanzado 500 metros fuera de las ruinas donde había entrenado con Trident Glam cuando una música algo psicodélica llego a mis oídos. Lo raro, es que venia justo de la zona donde había entrenado y no fuera de ella, ¿qué había cambiado en los escasos 10 minutos desde mi despedida con el maestro?
“Esto será problemático” – pensé en voz alta. “Pero no me puedo quedar con la curiosidad de saber que está pasando.”
Dando marcha atrás active mi Haki de Observación el cual me permitió confirmar a mitad de camino que solo se encontraba el maestro en el centro de la zona de entrenamiento. A medida que avanzaba la música se hacia mas y mas fuerte, por lo que la respuesta era lógica, esta música la había puesto el maestro, pero ¿con que motivo? Igual y estaba sobre pensando las cosas y no hay otro motivo mas que este es el tipo de música que le gusta escuchar, pero es que no va en nada con su estilo característico.
El maestro Trident Glam, durante estos días que pase junto con él, se había mostrado reservado. Siempre envuelto en una manta que le cubría todo el cuerpo y que sombreaba hasta su cara por lo cual solo había podido apreciar su voz y la musculatura de sus brazos y piernas al entrenar, pero poco más. Estaba claro que era un Gyojin al igual que yo pues las aletas en sus pies en lugar de dedos lo dejaban en evidencia. Pero, fuera de eso, no había sabido nada mas de su aspecto, ni había preguntado sus gustos. Había estado tan enfocado en el entrenamiento que había olvidado la mas importante de las lecciones de casa, el ser educado. Por supuesto, había sido cordial y respetuoso con el maestro, faltaba más, pero no había mostrado interés alguno en el incluso cuando el mostro muchísimo interés en mi y me ayudo con el tema de Fugowo.
Bueno, esta era mi oportunidad de enmendar aquel error. Igualmente creo que aun tengo tiempo para quedarme, al menos un día o dos más, antes de tener que volver con mis compañeros de la división 21 en el manglar 70 donde se encuentra el cuartel de la marina, por lo que, aprovecharía este par de días para descubrir lo máximo que pudiera de mi maestro, Trident Glam. De momento ya empezaba con un dato que desconocía totalmente, le gusta la música psicodélica ¿o la odiaba y se estaba castigando? Gowowo wowowo, eso no tenia sentido, seguro le gustaba, ya empezaba a sobre pensar las cosas de nuevo.
La música por cierto es bastante buena, el ritmo que traía se sentía como si observara cientos de vibrantes luces chillonas que prendían y apagaban en un constante ritmo frenético que da pie a un espectáculo grandioso. Iba fuertemente marcada por el compás de un sintetizador que despierta sensaciones de estar en un desfile futurista de modas, con todas esas pasarelas iluminadas y los flashes de las cámaras parpadeando uno tras otro. La melodía estaba cargada de una estructura electrónica que hacia pensar que los desfilantes en aquella pasarela de modas imaginaria se enfrentarían en un combate donde la vanidad y el glamour lo son todo y el sudor es solo un reflejo del esfuerzo por derrochar gracia y no por el esfuerzo físico que también conlleva este tipo de eventos.
Llegue al final del pasillo que conducía de regreso al corazón de las ruinas con clara felicidad por aquella música que sonaba a todo volumen alrededor, haciendo eco en toda el área y mandando vibraciones por todas las paredes, techo y suelo. Al centro de la cámara se encontraba quien supuse era mi maestro – pues el haki así me lo confirmaba – de espaldas a mí, quien por fin había perdido aquella aura de misterio. Llevaba una capa roja en un tono carmesí y en su cabeza podía ver claramente como una corona posaba sobre ella, bastante ornamentada, parecía ser de oro en su mayoría.
“Gowowo wowo, maestro, he vuelto. Tengo tantas preguntas que no se ni por donde empezar, a decir verdad.” – salude feliz de haber tomado la decisión correcta de volver.
“Fuguwu, ¿has vuelto tan pronto? – contesto Trident con un tono de voz juguetón, algo burlón, que me decía que estaba claro que esperaba que volviera – Me da alegría verte, pero también me causa curiosidad saber que ha pasado, ¿no era tu plan regresar con tus nakamas de división y reportarte al cuartel de la marina de Sabaody?”
“Bueno si, ese era el plan, pero en el camino de regreso me di cuenta de que fui un grosero con usted y no tuve ni la decencia de aprender más de usted, no de sus técnicas o como pelear, si no de usted como persona.”
“Ya veo.” – contesto Trident, aun de espaldas, tomando una pose dramática llevando su antebrazo izquierdo hacia su cara tapando su rostro a la altura de sus ojos mientras extendía el otro brazo mostrando la palma de su mano completamente extendida también – “Voy a ser completamente sincero contigo, Fuguwu, al inicio no suelo confiar en nadie, y podía notar que había algo que escondes en tu interior lo cual me hizo más difícil abrirme contigo. ¡Sin embargo! Cuando marchaste me di cuenta de que estaba siendo un necio, que solo escondías el dolor de haber perdido a tu hermano y que podía confiar en ti, y por eso se me ocurrió poner esta música a todo volumen, la cual me representa en todo mi esplendor y gracia.”
Así que era eso, tenía sentido, no podía esperar o exigir confianza a alguien con quien yo no había sido completamente honesto y abierto. Y esta realización no solo aplicaba para con mi maestro, si no también para con mis compañeros de división a quienes tampoco les había dicho todo sobre mi pasado. Apenas había comentado por encima a Apolo y a Ryze que había perdido a un hermano, pero eso fue en un bar y no estoy seguro de que lo recuerden pues lo que aconteció después fue mucho mas memorable.
“Espero estes preparado para verme en todo mi esplendor, Fuguwu, pues esta belleza ha llegado a azotar los corazones de muchos.” – dijo mi maestro y, seguidamente, empezó a girar rápidamente sobre su propio eje formando un torbellino de colores rojos, dorados, blancos y verdes a su alrededor, hasta que súbitamente paro de golpe extendiendo sus brazos hacia el cielo (o el techo en nuestro caso) levantando su cara de forma dramática, como si estuviéramos en una obra de teatro y el fuera el actor principal. Al verlo ahí, de pie, me quede sin palabras. Yo era consciente de que el maestro Trident era alguien fuerte, pero lo que emanaba de su figura gritaba a todos los cielos una sola palabra: poder.
Sus piernas eran enormes, y al igual que sus brazos, mostraban una cantidad de músculos impactante, como si fuera una escultura que había sido tallada en mármol. Su abdomen tenía tantos músculos que posiblemente se podrían usar para lavar la ropa y que saliera impecable. De sus enormes pectorales asomaban dos corazones en el punto donde un humano suele tener los pezones y su cara iba completamente maquillada, con los labios pintados de morado y sus ojos y cejas de un rojo que combinaban perfectamente con su capa, corona y bañador. No llevaba otra ropa mas que ese bañador, la capa y la corona. Tenia el porte de alguien que, si se te aparecía de noche por la calle, le darías todas tus cosas y le pedirías perdón incluso sin saber si es buena o mala persona. Era alguien imponente.
“Maestro Trident, estoy perplejo, anonadado, estoico, me he quedado sin palabras. Creo que es usted la definición del Gyojin supremo, el Gyojin Apex, el Alfa. Le debió haber costado infinidad de horas y toneladas de entrenamiento alcanzar tal musculatura, ¿verdad?”
“¿Te refieres a esto?” – dijo Trident Glam mientras posaba contrayendo sus enormes bíceps – “¿o quizás a esto?” – continuo, esta vez mostrando sus poderosos triceps mientras sacaba el pecho – “¿probablemente te estes refiriendo a esto, o esto otro?” – dijo seguidamente mientras contraía su abdomen reforzando aun mas aquellos cuadritos marcados y luego las piernas que parecían explotarían en cualquier instante. “JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, pues la verdad es que no, aunque no lo creas, todo este glamour es natural, he sido bendecido con buenos genes, aunque por supuesto que entreno, pero no es la razón principal de mi hermosa figura.”
Me acerque hasta mi maestro, quedando a poco menos de 2 metros de distancia de él, y juntando los brazos hacia mis costados realice una reverencia. Después, levante la cabeza y al ver que mi maestro sonreía levante mi brazo derecho con la palma de la mano abierta devolviendo igualmente la sonrisa y esperando me concediera aquel saludo mas informal. Para mi buena suerte si que lo hizo, manteniendo ambos aquellas sonrisas que estaban llenas de dientes afilados.
“Ya que estas aquí por al menos un tiempo más, ¿te gustaría aprender otra técnica del Gyojin karate?” – me pregunto el maestro Trident mirándome crípticamente, casi estudiando la reacción de su estudiante, mientras se pasaba la lengua por los dientes – “Ha decir verdad, muchos aprendices del Gyojin karate dejan su entrenamiento hasta el punto que tu has alcanzado, pero es la primera vez que siento que alguien es capaz de llegar a dominar esta otra técnica la cual, aunque tu estilo de pelea esta más enfocado en ataques cuerpo a cuerpo, requiere de mayor grado de Fuerza y Agilidad para poder dominarla.”
Me quede un momento sin contestar, pensativo, mirando fijamente a la corona que portaba mi maestro como si esta tuviera la respuesta a la pregunta que me había planteado. Por supuesto que quería aprender una nueva técnica del Gyojin karate, pero el hecho de que mi maestro haya matizado la necesidad de Fuerza y Agilidad me daba a entender que Trident Glam esperaba que lo considerara seriamente, no que simplemente saltara de alegría ante la idea de aprender nuevamente bajo la tutela del Gyojin Apex sin ninguna consideración de por medio.
“Antes de contestar a su pregunta maestro, me gustaría saber más sobre el Gyojin karate, ¿me podría sacar de la oscuridad en la que me encuentro respecto a este tema?” – dije con voz calmada, liberando la mano de mi maestro y tomando una pose seria. Tenía ciertas reservas sobre la forma en que planteo la pregunta, no quería sonar pedante, tan solo quería demostrarle que tenía la capacidad mental que se necesita dominar para tan solo aspirar a ser un aprendiz decente del Gyojin karate.
“Encantado de sacarte de las profundidades de ese océano en la que tu entendimiento sobre el Gyojin karate se encuentra, alumno.” – contesto Trident, cambiando por completo su actitud y tono de voz, mientras le miraba de forma pícara, casi burlona, como si intentara imitar mis gestos y postura.
“Por supuesto que se iba a dar cuenta” – pensé sin decir nada más, esperando pacientemente a que el maestro continuara, manteniendo la sonrisa que este agradable momento reflejaba en mi cara.
“Como ya sabes” – acentuó Trident Glam, dejando de lado el tono de voz pícaro mientras se acomodaba la corona sobre la cabeza con ambas manos – “El secreto del Gyojin karate radica en el dominio del agua en las inmediaciones de un usuario, usando su poder para enviar poderosas ondas que impactan el agua dentro del cuerpo de un oponente. Debido a que cada ser tiene un alto porcentaje de agua dentro de su cuerpo.” – prosiguió Trident – “Grandes maestros también mostraron que este estilo de pelea se puede usar de manera efectiva fuera del agua, ya que se puede manipular el agua de la atmósfera y usarla para atacar. Este arte marcial nació en la Isla Gyojin, específicamente en el Dojo del karate Gyojin, y existimos pocos maestros dispersos por el mundo dispuestos a pasar los conocimientos en este estilo de pelea a aquellos quienes estén interesados en aprenderla. En realidad, no es necesario ser Gyojin para aprender este estilo, pero sólo nosotros los Gyojin podemos usar su efectividad al 100%.”
Esta revelación me dejo en estado de shock haciendo que casi me atragante con el montón de baba que estaba a punto de tragar pues se había acumulado en mi garganta, por alguna razón a la cual no le busque explicación.
“¿Entonces, cualquiera puede aprender el Gyojin karate? ¿Incluso los humanos? ¿Incluso los piratas?” – pregunte alarmado, poniendo énfasis en su última pregunta. Estaba claro que mi rencor por los piratas estaba lejos de ser olvidado.
“Es correcto, cualquiera puede aprender estas técnicas. Y, adelantándome a lo que seguramente estás pensando, la respuesta es sí, he enseñado estas técnicas a humanos, algunos de los cuales se convirtieron en piratas eventualmente. Esto es algo que seguiré haciendo para futuros interesados en el Gyojin karate, particularmente con los humanos porque soy de la idea de que esta es una forma en la que ambas razas podemos llegar a convivir.”
Contesto Trident Glam sin alterarse, mientras imitaba diferentes posturas del gyojin karate como si estuviera en medio de una lección. Pero yo sabía que estaba nadando en corrientes peligrosas, tendría que ser cuidadoso con mis siguientes palabras. Ambos quedamos en silencio por un tiempo. Tras retomar la calma, respirando lentamente y contando hasta tres mentalmente, logre controlar mis emociones que amenazaban en emerger como lava de un volcán en erupción cosa que seguro hubiera sido contraproducente.
“Agradezco su honestidad, maestro.” – dije, rompiendo el silencio de forma calmada, a lo cual proseguí no sin antes soltar un suspiro – “Pensaba que me causaría conflicto saber que mi maestro podría potencialmente darles armas a mis enemigos, pero esta forma de pensar es errónea. Usted no decide quien será mi enemigo y quien no. Sería injusto e ilógico de mi parte que le atribuyera esta responsabilidad. Yo también he sido honesto con usted, y aunque en mi mente mi camino antes estaba plagado de venganza y odio, usted vio más allá de esto y me acogió como su aprendiz a pesar de todo. Creo completa y ciegamente en usted maestro.”
Trident soltó un grito de triunfo mientras dramatizaba como había ganado aquella lección imaginaria que estaba impartiendo.
“Veo que nos entendemos Fuguwu. Como te comentaba, el Gyojin karate es un estilo de combate que se especializa en utilizar y dominar el agua para atacar y defenderse.” – prosiguió mi maestro, teniendo un ligero cambio en su tono de voz siendo este un poco más alegre nuevamente. “Existen al menos 10 técnicas en el Gyojin karate, y una extra, que deben ser dominadas para poder considerarse un maestro de este estilo de pelea. Para realmente poder dominar las técnicas cuerpo a cuerpo que más se acoplan a tu estilo de pelea, esta vez debes aprender la técnica Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») la cual es incluso capaz de derrotar a tus enemigos de un solo golpe. El Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») es estrictamente un puñetazo que manipula el vapor de agua para que el golpe atraviese al oponente.”
Mientras escuchaba detenidamente la explicación de mi maestro, me empecé a sentir anonadado. Era increíble que una técnica así existiera, solo necesitaba aprovechar y saber manipular el vapor de agua, cosa que existe siempre en el ambiente. Seguro el sudor serviría igualmente, o mejor aún, el veneno que se secreta de sus nudillos con forma de pico característicos del Gyojin pez globo.
“Ahora entiendo porque se necesita Fuerza y Agilidad para dominar dicha técnica maestro, es una técnica increíble.” – afirme con voz emocionada por la idea de poder disparar lo que básicamente serían balas de veneno, cosa que claramente no practicaría frente a Trident para evitar tener que prometer algo que no cumpliría igualmente en el futuro.
“Decidido, a partir de mañana iniciamos el entrenamiento, estoy convencido que dominaras la técnica antes que pase el temporal. Ya luego hablamos sobre el tema que te trajo de regreso, ósea yo.” – contesto Trident Glam volviéndose a colocar la corona sobre su cabeza pues se había movido tras la lección imaginaria que había impartido.
“¡Claro que sí, maestro!” – dije asombrado, se me había olvidado completamente de la razón inicial por la que había regresado, absorto en la emocionante idea de aprender una nueva técnica del Gyojin karate.
“No te preocupes, enfócate en tu entrenamiento y ya te iré dando detalles de mi grandiosidad, en realidad ya has presenciado de esta escultural figura y mi cara angelical, así que ya vas de ganancia. Un problema a la vez.” – concluyó mi maestro.
“Entendido maestro” – asevere con energía.
Este segundo entrenamiento comenzaba con un aire diferente. No era mi primera vez en estas ruinas ni bajo la tutela de Trident Glam, pero esta ocasión tenía un propósito aún más profundo, debía conocer mejor a mi maestro y dominar una nueva técnica, todo en tiempo récord. Debía perfeccionar mis habilidades, y Trident, con su sabiduría, había decidido que era el momento adecuado para enseñarme una técnica que requería un nivel avanzado de control, el Samegawara seiken. En la primera mañana tras mi regreso, me presente nuevamente ante Trident en el mismo lugar en ruinas donde había aprendido el Yonsenmaigawara seiken. Esta vez, sin embargo, la atmósfera era diferente. Las sombras que se desprendían de los pilares de las ruinas parecían más alargadas, como si alguien hubiera pasado toda la noche montando un escenario colgando luces en el techo para que las lecciones parecieran una puesta en escena. A pesar de lo extraño que podría sonar la situación, me sentía más en sintonía con este entorno de lo que había llegado a imaginar, mi cuerpo y mente afinados por semanas de reflexión tras su primer entrenamiento.
Trident, en esta nueva faceta que me mostraba de maestro, me explico de forma breve que siempre había querido tener la oportunidad de participar en una obra de teatro, y por eso puso la zona de entrenamiento como una puesta en escena.
"Has regresado buscando perfeccionar tus ataques." dijo Trident Glam, apagando las luces del escenario, manteniendo solo una de ellas prendida la cual le enfocaba directamente. "Y sé que estás listo para aprender una de las técnicas más difíciles de nuestro arte. Esta técnica no solo pondrá a prueba tu fuerza, sino que te enseñará a usar el agua no como un torrente, sino como una herramienta de destrucción interna."
Tras decir esto, cambio las luces del escenario esta vez manteniendo una segunda luz enfocada directamente en donde me encontraba parado, como si fuera mi línea de entrada a la escena que había montado. El Yonsenmaigawara seiken me había dado la fuerza y confianza que necesitaba para enfrentarme a enemigos poderosos, pero sabia que el Samegawara seiken sería diferente. Me permitiría convertir el vapor de agua en un arma que dependía de su habilidad para controlar cada pequeño movimiento, desde el lanzamiento del golpe hasta su impacto. Por lo que, sin dudarlo, di un paso al frente y adopté una posición de combate.
Las primeras horas del entrenamiento fueron sorprendentemente lentos. Había esperado que Trident me empujara rápidamente hacia los movimientos avanzados, pero en lugar de eso, el maestro me llevó a un pequeño claro fuera de las ruinas, donde un arroyo artificial que imaginaba él había construido corría suavemente entre las rocas.
"Antes de poder lanzar usar este ataque con precisión, debes primero aprender a entenderlo." me dijo Trident. "El agua no solo fluye sin control; puede ser guiada, moldeada y utilizada en su forma más pura. Tu tarea, Fuguwu, es aprender a sentir cada gota de agua como una extensión de tu propio cuerpo."
Ok, demasiado teatral quizás. Esta afirmación, especialmente la parte de entender el agua, me irrito ligeramente puesto que, siendo un Gyojin al igual que mi maestro, por supuesto que entendía el agua. Por un momento pensé en reclamar y entrar en discusión, pero rápidamente borré esa idea de mi cabeza. Estaba aprendiendo a no saltar conclusiones, particularmente si estaba siendo enseñado por alguien como el maestro Trident Glam. “Entendido maestro”, contesté sin rechistar.
Durante esas primeras horas, pase la mayoría del tiempo en el arroyo, con las manos sumergidas en el agua. El ejercicio parecía simple a primera vista: mover las manos lentamente, sintiendo la corriente, observando cómo reaccionaba el agua a cada pequeño gesto. Pero a medida que avanzaban los minutos, me di cuenta de la dificultad real del ejercicio. Necesitaba no solo mover el agua, sino sentir su flujo, entender cómo la más mínima alteración en la presión de mis dedos cambiaba su dirección y velocidad. Era parecido de cierta forma a lo que se hacia con el haki y la energía, solo que esa era mi energía, y esta no es mi agua. El objetivo de Trident era que comprendiera cómo controlar el agua sin esfuerzo visible. El maestro me explicaba que Samegawara Seiken no era una cuestión de fuerza, sino de agilidad también. Era como un arquero que, antes de disparar una flecha, debe estar en completa sincronía con su objetivo. Al terminar esta primera fase del entrenamiento, me surgió curiosidad sobre cómo se diferencia el entrenamiento del Gyojin karate entre las diferentes razas de seres que buscan aprenderla.
“Maestro, cuando ha tomado a alumnos de otras razas bajo su manto para aprender el Gyojin karate, ¿es diferente el tipo de entrenamiento que ellos realizan?”, pregunte con un tono un poco apenado, manteniendo el enfoque sobre la tarea que traía entre manos.
“Lamento tener que ser ambiguo Fuguwu, pero me atrevo a decir que la respuesta es tanto si como no”, contestó mi maestro con aquella teatralidad que ahora le caracterizaba. “Es innegable que a nuestra raza se les facilita más entender varios conceptos del Gyojin karate por su estrecha relación con el agua. He igualmente, y seguramente por la misma razón, lo llegamos a perfeccionar más que otras razas.” – continuo Trident con su monólogo haciendo gestos exagerados y caminando de un lado al otro. “Sin embargo, he de confesar que he visto a muchos usuarios del Gyojin karate de nuestra raza tener menos control de las técnicas sobre lo que he visto dominan humanos, skypeanos, tonttata, por nombrar unos cuantos”.
“Entiendo; creo que debo aprender sobre otras razas y sobre todo no subestimar a mis rivales independientemente de su origen, ¿le comenté que hay un tonttata en mi división?”, respondí animado recordando a Ryze y a los demás. El maestro Trident asintió en silencio y ambos continuamos con el entrenamiento que nos traía a este punto. Después de un tiempo, Trident llevó el entrenamiento a un nuevo nivel. Había aprendido a manipular el flujo del agua en el arroyo, pero ahora debía concentrarme en una tarea mucho más precisa. El maestro colocó un cuenco lleno de agua en una mesa y, frente a él, alineó una serie de pequeñas piedras.
"Tu tarea", dijo Trident, "es lanzar una sola gota de agua y derribar esas piedras. Cada piedra debe ser golpeada sin que ninguna de las otras se mueva. Esta es Uchimizu en su forma más básica y te ayudara a dominar el Samegawara seiken, debes hacerlo claro sin utilizar el Uchimizu que es otra técnica la cual imagino ya conoces."
El desafío parecía simple, pero cuando intente lanzar la primera gota de agua, la realidad de la tarea se hizo evidente. La gota no tenía suficiente fuerza ni precisión, cayendo inofensivamente al suelo antes de llegar siquiera a las piedras. Tras varios intentos fallidos comprendí que necesitaba más que solo fuerza para lograrlo; debía dominar el control sobre cada aspecto del lanzamiento. Durante las horas siguientes, trabaje incansablemente en perfeccionar mi habilidad para lanzar la gota de agua. Trident me guiaba en cada paso, enseñándome a sentir el peso y la densidad del agua en mi mano antes de lanzarla. Debía concentrarme en cada pequeño movimiento, desde la tensión en mis dedos hasta el ángulo exacto en que liberaba la gota. Con el tiempo y ayuda de mi maestro empecé a mejorar. Mi precisión aumentaba lentamente, y aunque al principio solo lograba golpear una piedra de cada tres intentos, al final del medio día ya era capaz de derribar una piedra con cada gota lanzada. Pero aún quedaba un largo camino por recorrer antes de que pudiese ejecutar Samegawara seiken en una situación real de combate.
Tras un corto descanso, Trident llevó el entrenamiento a un nivel aún más avanzado. Dado que ya había dominado la técnica básica de Samegawara Seiken en un entorno controlado, tocaba ahora aprenderla a usarla en movimiento. El maestro diseñó una serie de ejercicios que implicaban lanzar golpes al aire aprovechando el vapor del agua mientras corría alrededor de ese escenario, esquivaba y saltaba entre obstáculos. El golpe debía ser lanzado con precisión milimétrica, sin importar cuán caótica fuera la situación. Tenía que aprender a mantener el enfoque y control incluso en las condiciones más difíciles. En estos ejercicios, sentí la verdadera dificultad del Samegawara seiken. Cuando mi cuerpo estaba en movimiento, era mucho más difícil concentrarse en el vapor del agua. Mi precisión se veía afectada por la velocidad y el esfuerzo físico, y muchas veces sus lanzamientos fallaban.
Sin embargo, Trident mi alentaba a continuar. "El agua es fluida, como la música, Fuguwu. Debes aprender a ser igual de flexible, a adaptarte a cualquier cambio en el tiempo que marque la banda. No importa lo que esté pasando a tu alrededor, tu control sobre el agua debe ser constante."
“Este ejercicio es demasiado desafiante maestro”, me queje por un momento, no siempre se puede ser relajado. “No solo necesito la Fuerza para utilizar el vapor del agua, sino que también la Agilidad para atinar al objetivo. Todo esto mientras estoy en movimiento.”
“Es correcto Fuguwu”, contestó el maestro Trident. “Es de suma importancia que domines esta parte del entrenamiento para poder emplear la técnica en combate. Te aseguro que tus objetivos, por no llamarles enemigos, no serán blancos estáticos. Particularmente si son piratas.” El maestro Trident dijo esta última frase con un tono que me sonó como una invitación de desafío, no de forma grosera o pretenciosa, sino alentándome a aceptar el desafío y superarlo. Inspirado por las palabras del maestro, entrene aún más duro. Cada hora que pasaba, los ejercicios se volvían más complejos, y mi cuerpo, aunque cansado, se adaptaba a los nuevos desafíos. Al final la tarde ya era capaz de lanzar Samegawara seiken en cualquier situación: en movimiento, mientras esquivaba ataques imaginarios, y con una precisión que había sido inalcanzable al principio del entrenamiento.
Fue durante esta fase del entrenamiento que me di cuenta de que sería muy viable el utilizar Samegawara seiken con mi veneno, sin embargo, presentaría un gran desafío. El principal problema que notó es que la densidad del veneno es diferente al del agua, así como su viscosidad, y otros atributos físicos y químicos de ambos líquidos, por lo que debería trabajar en esto. Durante esa última tarea, me toco enfrentar pruebas aún más exigentes. Trident organizó desafíos donde debía lanzar Samegawara seiken desde diferentes ángulos y posiciones inusuales, a veces en medio de intensas simulaciones de combate. No solo debía mantenerse en control de la técnica, sino también evitar cualquier tipo de distracción que afectara su enfoque. Una de las pruebas más difíciles fue una sesión donde Trident me llevó a un área de las ruinas llena de niebla espesa. Allí, debía detectar las pequeñas gotas de agua en el ambiente y lanzarlas con precisión a objetivos ocultos en la oscuridad. La visibilidad era nula, pero el objetivo de la prueba era que aprendiera a sentir el agua sin depender de mis ojos y tomando en cuenta que no podía usar el haki de observación, era todo un desafío. Debía confiar en mis otros sentidos y en su capacidad de conectar con su entorno de una manera profunda.
“Dominar esta técnica es imposible”, exclame con frustración, pues quedaba poco para que terminara el día. “No entiendo como debo ser capaz de detectar las gotas en el ambiente. No es tan tangible como lo es el agua en un arroyo, riachuelo o lago. Ni que decir del agua de mar.”
“Fuguwu, recuerda que el agua se encuentra en todos lados, en todos los seres, en todo el ambiente”, dijo pacientemente el maestro Trident, ajeno a su nuevo comportamiento. “Esta parte del entrenamiento es vital para poder dominar el Samegawara seiken a la perfección. Estoy seguro de que te encontraras en múltiples situaciones donde no dispondrás de una fuente de agua directa a la cual acudir para realizar la técnica. Es, por tanto, de vital importancia que aprendas a detectar la presencia del agua en el ambiente.”, sentenció Trident.
Aunque los primeros intentos fueron desastrosos (fallaba constantemente, incapaz de localizar los objetivos en la niebla), con la orientación paciente de Trident, comencé a entender la clave del ejercicio, era cuestión de concentración y adaptabilidad. El agua, como me había enseñado mi maestro, fluía en cualquier situación, y yo debía aprender a hacer lo mismo. Después de horas de esfuerzo, finalmente logre lanzar un golpe usando el Samegawara seiken con éxito, golpeando a mi objetivo oculto en la niebla con precisión.
“Gowowo wowo ¡Lo he conseguido!”, celebre con emoción.
“Felicidades Fuguwu, has trabajado muy duro y tus esfuerzos han pescado resultados”, dijo Trident saltando de un lado al otro, más feliz que yo al parecer de haber completado el entrenamiento. “Seguro que tienes el potencial para aprender a usar el Haki de Observación a un nivel más avanzado”, comento Trident observándome detenidamente.
“¿Haki aún más avanzado? No lo creo, he conseguido algo nuevo con el de armamento, pero no con el de observación, es muy complicado”, exclame un poco cansado tras el esfuerzo de todo el día, lo que menos necesitaba era una segunda puesta en escena esta vez enfocada con el haki.
“El Haki, estimado alumno, se encuentra en todos los seres al igual que el agua en el ambiente como bien ya sabrás. Sin embargo, como bien indicas, me temo que es demasiado pronto para mejores tu haki de observación, continua tu entrenamiento pues te aseguro que tienes potencial”, dijo Trident terminando la conversación de forma abrupta, como quien cerrara el telón de una escena a la que no tenía acceso aún.
Intrigado, tome nota mental de sus palabras, quizás de nuevo estaba sobre pensando las cosas. Seguro que en mis siguientes encuentros con sus compañeros de división podría discutir si creían que era posible para mi alcanzar un estado de dominio mayor al haki de observación. Cuando llegó la noche recogí mis pocas cosas y me preparé para marchar de regreso al cuartel de la marina. De igual forma, Trident me observó con satisfacción, al parecer había estado a la altura de sus expectativas. Sabía que yo, su alumno, estaba listo para seguir adelante, y también sabía que mi viaje junto con mis compañeros de división en la marina me llevaría a enfrentar nuevos desafíos.
En la mañana, después de un desayuno particularmente grande, Trident me llevó al borde del archipiélago, donde una vieja barca descansaba sobre las ahora calmadas aguas marinas. Aunque desgastada por el tiempo, la barca estaba bien mantenida, con cuerdas firmes y madera robusta. "He observado tu crecimiento, Fuguwu", dijo Trident, con una sonrisa leve pero sincera. "Has dominado el Samegawara seiken, y tu destreza ha alcanzado un nivel digno de los mejores guerreros del Gyojin karate. Entiendo que tu viaje debe continuar, es hora de que continúes tu camino junto con tus nakamas, pero si lo ves a bien, me gustaría despedirte hasta la orilla del cuartel."
Mire la barca y luego a mi maestro. Ahora entendía porque el maestro Gyojin me había acompañado hasta este punto. Juraba que aún me quedaban al menos un par de horas más de camino solitario, si no es que incluso un día completo, para poder proseguir mi camino cosa que no me apetecía demasiado.
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