Día 40 de Otoño, Año 14
Archipiélago Sabaody, Manglar 70.
Cuartel de la Marina, 2300 horas
Fuguwu dormía cómodamente en el cuarto que le había sido asignado dentro del cuartel de la marina en el manglar 70 del archipiélago Sabaody. Sin embargo, el placido sueño estaba a punto de convertirse en su peor pesadilla, con el recuerdo de los fantasmas del pasado que le han acechado desde aquel fatídico día en el cual lo perdió todo.
Nuevamente, sus apacibles descansos habían sido visitados por aquel cráneo humano visto de frente, con los ojos representados por puntos rojos brillantes. A través del cráneo, cruzando diagonalmente de arriba a abajo, un arpón metálico con púas sangrantes. El cráneo está flanqueado por ganchos de carnicero (en lugar de las tradicionales tibias cruzadas), y el fondo es negro con bordes irregulares teñidos de rojo, como si la bandera hubiera sido sumergida en sangre.
La sangre teñía el agua de carmesí, formando nubes que se expandían y diluían lentamente en la corriente como si la misma quisiera borrar la escena atroz que estaba ocurriendo a las afueras del centro de la isla Gyojin. Fuguwu, con apenas quince años, observaba paralizado la escena ante sus ojos, completamente negado a aceptar lo que estaba sucediendo. Este lugar, antes un refugio seguro en las profundidades de la Isla Gyojin en el cuales había pasado incontables horas junto con su familia, se había convertido en un escenario de pesadilla.
El ataque había sido brutal y repentino.
24 horas antes de la tragedia
Jardines de Coral Espiral
Jardines de Coral Espiral
Isla Gyojin
El sol matutino filtraba sus rayos (o la proyección de los mismos gracias al árbol de luz solar Eva) a través de las aguas cristalinas que rodeaban la Isla Gyojin, creando danzantes patrones de luz sobre los coloridos arrecifes. Era uno de esos días perfectos que quedaban grabados en la memoria; el tipo de día que, años después, Fuguwu recordaría con una mezcla de nostalgia y dolor punzante.
"¡Apresúrate, Fugowo! ¡Nos dejarán atrás!" gritó Fuguwu a su hermano mayor, quien se había detenido para observar fascinado a una medusa de colores brillantes que flotaba perezosamente cerca del camino de coral. Vestía un chaleco sin mangas de color azul marino con bordes amarillos, dejando al descubierto sus branquias laterales para facilitar la respiración, pantalones holgados estilo pescador que llegaban justo por debajo de las rodillas, de color beige con pequeños patrones de ondas azules en los laterales, un cinturón de cuerda trenzada de algas resistentes con un pequeño colgante en forma de pez globo, regalo de su madre en su último cumpleaños, en su muñeca izquierda llevaba una pulsera de conchas pulidas que había hecho junto con Fugowo, e iba descalzo, como la mayoría de los gyojin, para sentir mejor las corrientes del agua.
Fugowo, con sus dieciséis años y una curiosidad insaciable, siempre se distraía con las maravillas del océano. Su piel amarillenta con manchas características de los gyojin pez globo reflejaba la luz del sol mientras se giraba hacia su hermano menor con una sonrisa despreocupada. Vestía un chaleco sin mangas de color celeste claro con bordes en patrón de zigzag de color naranja, shorts cortos de color amarillo con bolsillos amplios donde siempre guardaba pequeños tesoros encontrados (conchas, piedras brillantes, trozos de coral), un pañuelo azul claro atado al cuello que flotaba graciosamente mientras nadaba, una pequeña bolsa de tela cruzada sobre el pecho donde guardaba herramientas para recolectar hierbas y especímenes marinos, imitando a su madre, y un anillo de coral pulido en el dedo índice derecho, regalo de su padre por su decimocuarto cumpleaños.
"¡Mira estos colores, hermano! Seguro que a mamá le encantaría usar estos tonos en sus tinturas medicinales," respondió, estirando su mano hacia la criatura marina sin llegar a tocarla. Fuguwu, quince años y ya mostrando el porte responsable que sus padres habían cultivado en él, nadó de regreso hacia su hermano.
A pesar de su impaciencia, no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo de Fugowo. "Si tanto te gusta, podemos volver otro día para recolectar algunas. Pero ahora debemos alcanzar a nuestros padres antes de que se preocupen," dijo, colocando una mano sobre el hombro de su hermano.
Adelante, Ryuwu y Nerina avanzaban a ritmo tranquilo por el sendero subacuático que conducía hacia su destino, unos jardines de coral que se extendían en espiral de forma hermosa y cautivadora, una zona relativamente apartada del bullicio central de la Isla Gyojin. Era un lugar especial para la familia, un refugio de paz donde habían pasado incontables días de descanso a lo largo de los años. Ryuwu, un gyojin pez globo de imponente presencia, cargaba una canasta tejida con algas marinas donde llevaban la comida para el día. Su piel, de un tono amarillo más oscuro que la de sus hijos, mostraba las cicatrices de una vida dedicada a la pesca y la protección de su comunidad. A su lado, Nerina nadaba con gracia, sosteniendo en sus manos una pequeña bolsa de conchas donde guardaba sus herramientas de recolección de hierbas medicinales.
"¿Crees que los niños estarán bien solos por un momento?" preguntó Nerina, mirando hacia atrás por encima de su hombro. "Sabes cómo es Fugowo cuando encuentra algo que llama su atención."
La madre de la familia traía puesto un hermoso kimono femenino de color turquesa con estampados de flores marinas en tonos púrpura y rosa, el cual llevaba en conjunto con un obi (cinturón ancho) de color lavanda recogido con un broche de concha nácar, el kimono es claramente de mangas amplias 9donde guardaba pequeños frascos con medicinas y hierbas), además, portaba una especie de delantal de tela resistente que usaba encima cuando recolectaba hierbas medicinales. El cabello lo traía recogido en un moño elaborado con horquillas hechas de coral y perlas, y también lucía un brazalete de perlas en su brazo izquierdo, regalo de boda de Ryuwu.
Ryuwu rio con calidez, un sonido profundo que parecía hacer vibrar el agua a su alrededor. "Fuguwu está con él. Ese muchacho tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros, cuidará de su hermano," respondió con orgullo paternal. "Además, este es un día para disfrutar en familia. Los ejercicios de responsabilidad pueden esperar hasta mañana."
Ryuwu, en conjunto con su esposa, llevaba un kimono tradicional gyojin de color azul profundo con patrones de olas blancas en los bordes, abierto parcialmente en el pecho mostrando un torso musculoso con algunas cicatrices antiguas. Un haramaki (faja) verde oscuro alrededor de la cintura donde solía guardar pequeñas herramientas de pesca completaba el conjunto. Además, portaba pantalones amplios recogidos a media pantorrilla con vendas tradicionales. En su antebrazo derecho llevaba un tatuaje tribal que representaba la historia de su linaje de pez globo. En el cuello lucía un collar de dientes de monstruos marinos que había vencido durante su juventud. Y, por último, en ocasiones como esta, añadía a su vestimenta un haori (chaqueta tradicional) ligero de color gris con el símbolo de su familia – un círculo que representa un pez globo visto de frente, con patrones geométricos de espinas estilizadas irradiando hacia afuera (simbolizando protección); en el centro del círculo, dos ondas entrelazadas que representan la unión familiar y la armonía con el océano. – bordado en la espalda.
Nerina sonrió, sus ojos brillando con el amor que sentía por su familia. Ella había sido una sanadora respetada en su comunidad antes de dedicarse principalmente a la crianza de sus hijos, aunque seguía preparando remedios para vecinos y amigos. Su brazo derecho, fuerte y hábil, era conocido por su destreza al mezclar ingredientes y aplicar vendajes. "Tienes razón, cariño. Es solo que últimamente he estado preocupada por como aumenta el flujo de desconocidos que pasa por la isla, hace poco he escuchado rumores sobre piratas merodeando cerca de nuestras aguas," comentó, bajando la voz instintivamente, aunque sus hijos estaban demasiado lejos para escuchar.
Ryuwu apretó suavemente su mano libre contra la de su esposa. "La Guardia Real patrulla estas zonas regularmente. Estamos seguros aquí," aseguró con convicción. "Y si algún pirata osara amenazar a nuestra familia, conocería de primera mano por qué los gyojin somos temidos y respetados en los mares."
Nerina asintió, dejando que la confianza de su esposo calmara sus preocupaciones. Pronto los muchachos los alcanzaron, Fugowo todavía parloteando sobre la medusa y sus posibles usos medicinales, mientras Fuguwu lo escuchaba con paciencia fraternal.
Los jardines – de nombre oficial Jardines de Coral Espiral pues era justo lo que representaban – eran una maravilla natural incluso para los estándares de la Isla Gyojin. Enormes formaciones de coral se elevaban en perfectas espirales hacia la superficie, creando un laberinto de pasajes y cámaras naturales. Peces de todos los colores imaginables nadaban entre las formaciones, y la luz que se filtraba desde arriba creaba un espectáculo de sombras y reflejos que parecía salido de un sueño.
La familia había encontrado su lugar favorito: una pequeña cámara natural formada por tres espirales de coral que convergían creando un espacio íntimo y protegido. El suelo estaba cubierto de arena blanca y fina, perfecta para descansar.
"¡El último en llegar es una babosa de mar a punto de estirar la cola!" gritó Fugowo, acelerando repentinamente hacia el lugar.
Fuguwu no pudo resistir el desafío y nadó tras él, ambos riendo mientras dejaban atrás a sus padres, que intercambiaron miradas divertidas.
"Algunos días me pregunto si realmente están creciendo o si seguirán siendo niños por siempre," comentó Ryuwu con una sonrisa.
"Espero que conserven esa alegría por muchos años más por venir," respondió Nerina. "Ya tendrán tiempo de sobra para ser adultos serios."
Al llegar al lugar, Ryuwu extendió una manta tejida por su esposa sobre la arena mientras Nerina comenzaba a sacar los alimentos de la canasta: algas marinas fermentadas, moluscos ahumados, y los onigiris de arroz rellenos que tanto les gustaban a los niños.
"Fugowo, ayúdame a servir la comida," pidió Nerina. "Fuguwu, ¿podrías acompañar a tu padre a buscar algunas frutas marinas frescas? Vi algunas madurando cerca de la entrada del jardín."
Dando el ejemplo de formar parte de una familia ejemplar, los hermanos obedecieron sin rechistar, Fugowo uniéndose a su madre con entusiasmo mientras Fuguwu seguía a su padre quien ya empezaba a avanzar en búsqueda de aquellas frutas. Estas pequeñas tradiciones familiares eran sagradas; momentos para compartir conocimientos, fortalecer lazos y crear recuerdos. Mientras recolectaban las frutas marinas, de brillantes colores púrpura y naranja, Ryuwu aprovechó para hablar con su hijo menor.
"Pronto cumplirás dieciséis años Fuguwu," comenzó, seleccionando cuidadosamente una fruta especialmente madura. "He estado pensando en comenzar a enseñarte más sobre el Gyojin Karate. Tienes potencial, hijo."
Fuguwu sintió que su pecho se hinchaba de orgullo. El Gyojin Karate era un arte marcial respetado y poderoso, y que su padre considerara que estaba listo para un entrenamiento más serio significaba mucho. Su hermano mayor, Fugowo, nunca se había interesado en realidad por dicho arte marcial, en realidad la cabeza de Fugowo era un misterio y entender lo que pensaba el mayor de ellos. Fuguwu, en cambio, siempre se había visto atraído por el mismo arte que entrenaba su padre, al igual que la medicina que desempeñaba su madre, esto a veces le hacía sentirse mal por Fugowo pues pensaba que lo dejaba en evidencia, pero su hermano mayor era ajeno a dichos pensamientos y le confirmaba a Fuguwu que no le importaba en realidad, el encontraría su propio camino, a su debido momento.
"Me esforzaré por ser digno de tus enseñanzas, padre, en el futuro me gustaría formar parte de la Guardia Real ya sea como médico o como protector" respondió Fuguwu con seriedad y añoranza en su voz.
Ryuwu le sonrió, colocando una mano sobre su hombro. "No se trata de ser digno, Fuguwu. Se trata de estar preparado para proteger lo que amas. Un día, podrías necesitar defender a tu hermano, a tu madre, o a tu propia familia. O más difícil aun, algún día podrías tener que defender a aquellos que te hicieron daño."
Fuguwu asintió solemnemente, sin entender en absoluto la última parte de lo que había dicho su padre, y sin imaginar cuán pronto pondría a prueba esas palabras.
De vuelta en su rincón privado, la familia disfrutaba de la comida entre risas y conversaciones. Fugowo contaba con entusiasmo sus planes de convertirse en un gran explorador que conociera todos los mares, todas las islas habidas y por haber, y a todas las especies y razas del mundo, mientras Fuguwu escuchaba atentamente las historias de su padre sobre sus días como pescador y defensor de su comunidad.
"¿Es cierto que una vez enfrentaste a tres tiburones ballena tú solo, papá?" preguntó Fugowo con ojos brillantes.
"Tu padre tiende a exagerar sus hazañas," intervino Nerina con una sonrisa pícara. "Fueron dos tiburones ballena, y yo estaba allí para sacarlos de apuros cuando se metió en problemas."
"¡Menuda ayuda!" protestó Ryuwu en broma. "Si mal no recuerdo, estabas demasiado ocupada gritándome por mi imprudencia, Uuuuu wuwuwu wuwuwu wuwuwu." rio el padre de los dos chicos.
“Gowowo wowowo wowo” – rio Fugowo.
“Guwuwu wuwu wu” – rio Fuguwu.
Nerina no rio, pero sonrió sin que le viera Ryuwu.
Mientras los demás estallaban en carcajadas, Fuguwu observó con calidez cómo su padre tomaba la mano de su madre, sus ojos llenos de amor después de tantos años juntos. Su madre, aunque genuinamente ofendida por el comentario, lo dejaba pasar por alto porque sabía que su esposo lo decía de broma y sin ánimos de lastimarle. Así era su familia: unida, amorosa, fuerte. Perfecta a su manera.
Después de comer, Fugowo convenció a todos para explorar una nueva sección de los jardines que, según el, había descubierto en su última visita. "¡Hay un pasaje secreto entre dos espirales que lleva a una cámara donde crecen anémonas luminiscentes!" explicó entusiasmado.
“¿No serán unas anemonas anónimas?” preguntó su padre con su pésimo sentido del humor al que todos ya estaban acostumbrados.
Nadie le contesto el chiste, pero Fuguwu volteo a ver a su madre con cara boba y la misma le devolvió el gesto con una sonrisa que valía más que mil palabras.
La tarde transcurrió entre exploraciones, juegos y momentos de tranquila contemplación. Fuguwu y Fugowo compitieron en carreras de natación alrededor de las formaciones de coral, mientras sus padres recolectaban hierbas medicinales y disfrutaban de su mutua compañía. Cuando el sol comenzó a descender, tiñendo las aguas de tonos dorados y rojizos, la familia recogió sus pertenencias para emprender el regreso a casa.
"Ha sido un día perfecto," comentó Nerina mientras guardaba los últimos recipientes en la canasta.
"Deberíamos hacer esto más a menudo," añadió Ryuwu, estirando sus músculos tras un día de relajación.
Fuguwu ayudaba a su hermano menor a recoger algunas conchas particularmente bonitas que había encontrado cuando notó un cambio sutil en la corriente. Era casi imperceptible, pero años de nadar en estas aguas le habían enseñado a reconocer cuando algo no estaba del todo bien.
"¿Padre?" llamó, mirando hacia la superficie lejana con un inexplicable sentimiento de inquietud. Ryuwu también lo había notado. Su expresión se tornó seria mientras escaneaba las aguas a su alrededor.
"Debemos volver a casa," dijo Ryuwu sin miramientos, con voz firme. "Ahora. No importa si dejan algo atrás, vámonos ya."
Nerina captó la tensión en su esposo y rápidamente hizo un gesto a los niños para que se acercaran. "Manténganse juntos," instruyó con calma, pero Fuguwu pudo detectar la preocupación en sus ojos. Los pensamientos de Nerina volvían a aquellos rumores sobre piratas que se paseaban a sus anchas por los alrededores de la Isla Gyojin.
Mientras la familia iniciaba el regreso, nadando más rápido de lo que habían venido, Fuguwu sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Algo no estaba bien. La paz del día parecía ahora un recuerdo lejano, reemplazada por una creciente sensación de peligro que hacía que su corazón latiera con fuerza.
No sabía entonces que ese sería el último momento de felicidad completa que su familia experimentaría. Que, al día siguiente, todo cambiaría para siempre cuando los piratas que navegaban bajo el nombre de Supremacía Humana destrozaran su mundo de manera irreparable.
Pero por ahora, mientras nadaban hacia casa en el atardecer, Fuguwu solo sabía que debía mantenerse cerca de su hermano menor, cumpliendo la promesa no hablada que había hecho siempre: proteger a Fugowo a toda costa.
Una promesa que, en menos de veinticuatro horas, sería puesta a prueba de la manera más cruel imaginable.
Día 41 de Otoño, Año 14
Archipiélago Sabaody, Manglar 70.
Cuartel de la Marina, 0600 horas
Archipiélago Sabaody, Manglar 70.
Cuartel de la Marina, 0600 horas
El sol se levantaba en el horizonte, tiñendo el mar de la vida que trae un nuevo amanecer, despertando a Fuguwu de aquella pesadilla.
Mientras se incorporaba y colocaba el uniforme, Fuguwu acarició la cicatriz que cruzaba su nuca, recordatorio permanente de su fracaso y de su promesa. "Te encontraré, Fugowo," murmuró para sí mismo. "Y cuando lo haga, no seré el niño impotente que una vez fui. Seré la justicia que nunca llegó a nuestra puerta aquella noche."
OFF

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