[FIC - Salto temporal] La nueva sensación del Distrito del Placer
#1
Cualquiera podría decir que viajar a las mismas profundidades del océano y quedarse viviendo durante un moderado tiempo, podría ser toda una odisea y un verdadero suplicio. Estar alejado de la luz solar, de la fauna y flora de la superficie, además de no sentir la brisa marina acariciando tu piel para estar, en cambio, en un lugar de plena oscuridad y dónde las condiciones y calidades de vida eran paupérrimas, no era algo fácil de sobrellevar. Algo que a lo más frágiles de mente y alma podía afectar considerablemente.

Sin embargo, durante toda su estancia estando 10.000 metros por debajo de la superficie del mar, Garnet había aprendido y conseguido sacarle partido a las pocas actividades que podía tener en un sitio tan limitado como el que era el Distrito Gyojin. ¿Que no había demasiado por hacer? Ningún problema. Era la oportunidad perfecta para aprovechar ese gran hueco en su horario para seguir entrenando, fortaleciéndose y seguir puliendo y mejorando sus capacidades como artista. No había día en el que el pelirrojo no pusiera a prueba sus aptitudes físicas, las cuáles consideraba que necesitaba mejorar con más urgencia al igual que su fortaleza de su espíritu. La paliza que recibió por parte del cazarrecompensas Sohem, además del entrenamiento que realizó junto a su buen amigo Panda, le dejaba claro que eran aquellas facultades las que debía poner más a tono.

Era por ello que, los días que no ponía en forma al diamante en bruto que era Kenzo, llevaba a cabo su propio crecimiento personal. De su efímero enfrentamiento contra Sohem, Garnet sacó en claro varios aspectos que le dieron al cazarrecompensas la absoluta victoria de aquel encuentro. No sólo se trataba del sofocante calor que era capaz de emitir por su cuerpo - bien fuere por una fruta o por alguna de dial o tecnología que el skypiean desconocía -, ni de la increíble potencia y rapidez con la que empuñaba y manejaba su herramienta bélica, sino de lo poco que había podido aguantar Garnet en pie. Si bien era cierto que, si hubiera tenido completamente dominado sus dos hakis, el resultado podría haber sido diferente, también era verdad que, si hubiera tenido más resistencia y más voluntad, habría podido anteponerse con mayor facilidad a los devastadores ataques del cazarrecompensas. Durante todo el descenso desde Sabaody hasta Gyojin el pelirrojo ya sentía que había conseguido llevar su valor y su capacidad de aguante espiritual a un nivel más allá pues, el no haber caído rendido a sus demonios internos e inseguridades por la tremenda papeada que se llevó, ya hablaba mucho de la fortaleza mental y espiritual que había adquirido el músico de los Alas Negras, si lo comparábamos con anteriores acontecimientos. Sin embargo, sí que sentía que su capacidad física aún tenía mucho margen de mejora, capacidad física que, además, ayudaba a endurecer con una mayor tenacidad su armadura proveniente del busoshoku. Si quería estar listo para los peligros del Nuevo Mundo, no le quedaba otra que aumentar su resistencia y durabilidad.

Estando, por tanto, ya asentados en el Distrito Gyojin, fue que Garnet inició su entrenamiento personal, compaginándolo con los que combates que realizaba intermitentemente con su pupilo, Kenzo. Cada día, durante horas, se limitó a hacer una cantidad exagerada flexiones, sentadillas y abdominales, además de correr por las abandonadas calles del Distrito Gyojin para poder mejorar las condiciones de su ya tonificado cuerpo. Al principio, se notaba enormemente la dejadez que tomó durante la estancia en Isla Chika, hasta el punto que, aunque poseía una buena musculatura, no tenía el fondo y aguante que, en otras ocasiones, pudo tener, como cuando se dedicó a entrenar, día tras día en las orillas de la isla Elíseo. Para Garnet, llegar a ser fuerte no era un don, ni mucho menos un talento. En sus inicios, ni siquiera poseía una fruta increíblemente versátil o poderosa, como podía ser una que podía controlar la mismísima gravedad, o una que te permitía convertirte en el fuego y generarlo a voluntad. Ni siquiera, por más que lo intentaba emitir ni por más que lo intentaba comprender, era capaz de sacar aquel extraño poder que había visto poseer, de primera mano, a Ikirami, Sohem, Kenzo y Don Bambú. Garnet había sido bendecido por su nacimiento por muchas cosas, como un cuerpo y una cara de escándalo, pero en lo que respectaba a su fuerza, cada vez tenía más claro que, si quería mantenerse en forma y poder medirse de tú a tú con lo que se avecinaba, debía esforzarse el doble, o incluso el triple, de lo que ya hacía. En Sabaody, si no ocurrió ninguna tragedia, fue un milagro, y no podía dejar que se repitiera un Toko 2.0.

Pero algo que le había enseñado la cruda experiencia, es que de poco servía matarse y esforzarse a hacerse más fuerte si es que luego no era capaz de disfrutar de la vida y darse unos descansos bien merecidos. Era por ello, que cuando no estaba ejercitando sus músculos, no faltaban ni los conciertos improvisados en el escenario del Solar Karma, ni los continuos intentos por seguir mejorando sus dotes culinarias, un arte que cada vez le apasionaba más al pelirrojo, hasta el punto de que empezaba a pensar si existiría una forma de crear una disciplina que unificara por completo la música con la comida. Lo más lejos que había llevado este pensamiento, era tocarle alguna pieza a sus amigos mientras comían algunos de sus deliciosos platos, para hacer más placentera su experiencia durante la consumición. Y hablando de arte, también, ya habiendo pasado más de un año desde que pasó por el último bache, Garnet apartó a un lado aquella dejadez que le caracterizaba por mantener el pelo más grasiento y su rostro sin ningún ápice de maquillaje para reconciliarse con su lado más “coqueto y presumido”. Ahora se tomaba también sus tiempos en cuidarse rutinariamente, manteniendo de esta forma un pelo sedoso y deslumbrante, además de ir variando entre distintos eyeliners, sombras de ojo e incluso pintalabios que le permitían seguir combatiendo contra los cánones impuestos por la sociedad, como otrora comenzó a hacer. Y qué narices, si esos nuevos looks le hacían destacar - aún más - y tener más facilidad para ligar con las “tatianas”, mejor.

Fue gracias a sus conocimientos en la disciplina artística de la música y de la gastronomía que Garnet aprovechó para hacer más amena y llevadera las vidas de algunas de las personas que vivían discriminadas en el Distrito Gyojin. Después de un primer encontronazo con uno de sus grupos, Garnet hizo migas con ellos y, en especial, con un gyojin merluza llamado Mario Luzu. Mario era el cabecilla de una especie de pseudo-comunidad que vivía en los barrios bajos del reino submarino y que, en una primera instancia, había mostrado un carácter más borde y escéptico ante el comportamiento del pelirrojo, y aún más cuando, de su entrenamiento con Bambú, algunos edificios salieron - aún más - mal parados. No obstante, tras hacer claras sus genuinas intenciones, el carácter despreocupado y la música de Garnet caló hondo en el interior del gyojin, haciendo que éste lo aceptara, al igual que su pequeña comunidad. Dispuesto a ayudar a esta gente marginada, el pelirrojo iba un día a la semana aproximadamente a visitarlos, cargado con comida preparada por él mismo, además de con muchas nuevas canciones para mantenerles entretenidos y hacer que se olvidaran, momentáneamente, de la situación en la que se encontraban. Aún seguía sin convencerle demasiado lo de que el propio ejército Revolucionario permitiera una diferenciación tan bestial como aquella, pero tampoco le quiso dar demasiadas vueltas por su amistad con Panda y el infinito respeto que le profesaba. El caso era que, en una de esas visitas que hacía el pirata, uno de los residentes se encargó de llevar una buena reserva de alcohol o, mejor dicho, de garrafón del bueno, montándose una verdadera fiesta de verdad. Y es que, y en relación con el entrenamiento personal de Garnet, ¿qué mejor manera de medir el aguante que viendo hasta cuanto podía beber sin perder el conocimiento? Entre la mejora física que estaba presentado, junto a los continuos combates que tenía contra el propio alcohol de Kenzo, el pelirrojo creía que sería capaz de soportar con absoluta facilidad entrar en el estado de embriaguez. Pero nada más lejos de la realidad.

Absolutamente confiado en que su aguante y su hígado eran imparables, Garnet se excedió exageradamente - por más que mucho de los presentes le instaban a que parara - bebiendo de aquel “refrigerio cachondo”, hasta el punto de caer desmayado, perder el conocimiento y pasarse un día entero durmiendo la mona. A la mañana después de ese día, la resaca era tan bestial, que Garnet no era capaz ni de abrir los ojos ni con la conciencia recuperada. El más mínimo hilo de luz que entrara por sus ojos, era más que suficiente para producirle un dolor craneal comparable a que metieran tus sesos en una trituradora. Estaba tan jodido, que ni siquiera se dignó a pensar en como había llegado a su camarote, cuando lo última que recordaba era que estaba borracho en mitad de una plaza del Distrito bailando breakdance mientras potaba - el famoso movimiento del “aspersor” -. Además, la pérdida de conocimiento había sido tan bestial, que sentía que su cerebro había decidido prescindir de algunos conocimientos y experiencias, como el horripilante sabor y textura de las alcachofas, o un par de técnicas - e incluso apúrame a decir tres - básicas de artes marciales.

El tiempo siguió transcurriendo con su ritmo y paso natural, tiempo en el que el pelirrojo, iba presenciando sus propias mejoras físicas y musicales. Además, conforme más tiempo pasaba curtiendo y puliendo sus habilidades usando su fruta, más afín a ella se sentía lo cual era extraño pues, habiendo pasado más tiempo de su vida siendo usuario de su anterior poder, con la fruta del Dientes de Sable, era como si pudiera sacar más partido de su lado más salvaje, primitivo, pero sin llegar a perder el conocimiento. En ocasiones, era incluso capaz de imaginarse - o ver en sus pensamientos - al propio Seandass brindándole más coraje y otorgándole más control sobre su forma animal y transformada, facilitándole así el dominio de la fruta. A veces no podía evitar pensar que estaba loco, pero si aquella especie de visiones le ayudaban a transformarse y moverse entre formas con mayor facilidad, bienvenido sea.

Finalmente, pasado algo más de un año, los Alas Negras decidieron abandonar la isla submarina para poder adentrarse así en el Nuevo Mundo. Garnet confiaba plenamente en que, estando bien preparados, no había nadie que los hiciera frente. No era solamente él quién había estado dejándose las uñas en Gyojin, cada uno de sus amigos, se había estado esforzando como nadie en pulir al máximo sus fortalezas y suplir sus debilidades. Si que hasta el Solar Karma se había visto mejorado, gracias a las capacidades disuasorias y mercantiles de Sasha, haciendo que al fin, el Solar Karma tuviera una cocina en condiciones para que Garnet pudiera ejercer correctamente su arte culinario. Por otro lado, el crecimiento más notorio de la banda era el de Kenzo, sin ninguna duda. El aclamado por todos “niñato de la banda”, con cada combate que tenía con Garnet, demostraba aún más que el músico no se equivocaba con él en lo que a potencial respecta, superando por completo sus expectativas. Si a eso se le sumaba, el estirón que dio y la hercúlea musculatura que ganó, hacía del más joven de la banda a alguien a quién tener en cuenta en el futuro. A menudo, cuando le miraba, el skypiean no podía evitar pensar en cuál sería la reacción de Yojimbo cuando viera por primera vez al crecido Kenzo, del mismo modo que también pensaba en cómo le iría al capitán. Sólo sabía que estaba aún con vida, pero no sabía ni dónde ni cómo se encontraba. Sin embargo, todo aquello, unidos y bajo las incuestionables órdenes de Triana, cambiaría en el Nuevo Mundo.



Después de alrededor un día de ascenso seguro, gracias a las increíbles maniobras de su compitruena y timonel, Sasha, los Alas Negras emergieron al otro lado de la imponente Red Line, alcanzando de una vez por todas el tan respetado y temido Nuevo Mundo. Y el renombre que había en esos mares no era para menos pues, si te descuidabas y cerrabas los ojos, la climatología del lugar cambiaba de forma abrupta, agresiva y repentina. En más de una ocasión, los poderes de Tobías fueron más que cruciales para impedir que una tormenta huracanada se llevara volando a Jolyne, quien se dedicaba la mayor parte de su tiempo entrenando a la gallina para sendos concursos que solo ella conocía.

Durante una noche más despejada, en la que la luna y las estrellas brillaban hermosamente, estando en alta mar, rumbo hacia el destino que marcaba en la curiosa y estrafalaria brújula que portaba la semioni, Garnet se encontraba en la cofia, atumbarrado como era habitual en él mientras tocaba a su Sabertones en un slip de color morado que le acentuaba - aún más - su prominente paquete. Estaba enfrascado en sacar algún tema nuevo cuando, de la nada, un grito femenino desde la lejanía invadieron sus oídos.- ¿Eso ha sido una pibita? ¿A estas horas? - Pensó sobresaltado el pelirrojo, poniéndose de pie, mientras miraba en su derredor para ver si veía algo desde la altura, hasta que a sus 9:00, pudo divisar, gracias a su visión nocturna, la silueta de un barco, algo más pequeña que el Solar Karma, a unos 20 metros de distancia. En ese momento, hizo uso de su haki de observación, extendiéndolo hasta un radio de 50 metros, y pudiendo percibir las auras y presencias que se encontraban en el navío que estaba viendo. De ahí, Garnet podía detectar que había 34 personas, cuyas energías y vitalidad le decían que tres de ellas estaban inconscientes, una emanando miedo en cada rincón de su alma, y las otras treinta con intenciones hostiles. Si el grito que había escuchado era sobre esa aura atemorizada, no podía dejar pasar aquello. Si una mujer le pedía ayuda, lo menos que Garnet podía hacer era primero ayudarla, luego pedirle que se acostara con él por el favor inicial y por último llevarse un bofetón por sus segundas intenciones.

Sin pensárselo dos veces, el pelirrojo saltó de la cofia, aterrizando en la cubierta de manera estruendosa, y quedándose de cuclillas.- ¡PEÑA! ¡ME LAS PIRO UN MOMENTO! - Gritó a los cuatro vientos, sin importarle a Garnet si sus camaradas seguirían despiertos o no, a la vez que se ponía de pie y se dirigía hacia la barandilla de estribor, dirección en la que se encontraba el dichoso barco.- ¡EL DEBER ME LLAMA! - Volvió a vociferar, subiéndose a la barandilla y flexionando sus dos piernas con tal fuerza que hacía crujir la madera del barco para, acto seguido, extenderlas súbitamente para impulsarse, como un resorte, hacia el navío donde estaba la damisela en apuros, avanzando horizontalmente y casi paralelamente a la superficie del mar a una velocidad de escándalo, recortando los 20 metros que le separaban del Solar Karma en un abrir y cerrar de ojos. Para no precipitarse al océano y garantizarse una muerte segura - al ser incapaz de nadar -, agarró firmemente con sus dedos la barandilla de babor de aquel barco. Durante el efímero trayecto, había podido vislumbrar que la embarcación poseía una madera de tonos rojizos, como la arcilla, además de poseer dos mástiles en la proa y otro en el centro, con enormes velas de telas gruesas de color granate unidas mediantes juncos, dotándole de un aire oriental.- A ver que se cuece por aquí… - Pensaba el skypiean, conforme iba haciendo fuerza en sus brazos para alzarse por encima de la barandilla, hasta finalmente subirse a ella y quedarse en cuclillas. En esos momentos, en la cubierta, y a unos cinco metros de Garnet, podía observar alrededor de una treintena de hombres armados con espadas y pistolas que, por sus ropajes, bandanas y sombreros en mal estado, debían ser unos piratas de tres al cuarto. Y vaya que si eran piratas pues, al estribor de ese mismo navío, se podía ver otro barco amarrado al oriental mediante varios ganchos y tablillas, siendo claro que se trataba de un claro ejemplo de abordaje. Por si fuera poco, efectivamente, aquellos desalmados - que no desarmados, pues recordemos que iban con espadas -, estaban rodeando a alguien que, por el número de personas - y debido a que algunos medían cerca de los dos metros - era imposible de identificar pero que, por su aura, debía ser la doncella en apuros que había gritado por su rescate, mientras que tirados en el suelo, se encontraban tres hombres de mediana edad que, por contexto, Garnet podía discernir que debían de tratarse de personas que defendieron a la mujer a cambio de caer completamente derrotados. No era de extrañar, siendo tres personas contra treinta piratas pero, el nivel de poder de estos bucaneros era de risa.- ¿Quién cojones va por estos mares con este nivel, huh? - Se suponía que estaban en el Nuevo Mundo. Un lugar terrorífico infestado de criaturas y piratas con un poder aterrador. Era una locura navegar por estos mares con una protección de ese calibre si es que querías salir de ahí con vida. El pelirrojo suspiraba. NI siquiera ninguno de esos bandidos de alta mar se había percatado de su presencia, ¿es que ninguno tenía siquiera el Kenbunshoku Haki? Podría aprovechar el factor sorpresa para derrotar a todos ellos en un abrir y cerrar de ojos… Pero no era el estilo de Garnet.

- ¡EH! ¡Vosotros, peña! ¡Apartad vuestras sucias manos de la pibita! ¿Es o no es? - Gritó, buscando llamar la atención de todos los presentes, quienes se giraron ipso facto para encarar al pirata, mostrando en esos momentos una clara y evidente confusión. Uno de ellos, hediondo y pestilente como él solo, con un sable en su mano, dio un paso hacia el músico de los Alas Negras. Por su aura, debía de tratarse del capitán de la tripulación, al ser quién más poder tenía de la treintena. Además, si su poder era directamente proporcional a los días que llevaban si ducharse, aquel hombre se llevaba la palma. - ¿Y tú quién eres? ¿Y cómo has llegado aquí? - Cuestionó, con cierto nerviosismo, mirando en dirección a Garnet y, en ese momento, viendo a lo lejos el Solar Karma.- Espera, ¿vienes de ese barco? - Preguntó, mientras señalaba en aquella dirección.- Pues ya ves. - Afirmó, al mismo tiempo que daba un pequeño salto para poner sus pies sobre la cubierta.- Venga, troncos, poned vuestros rabos entre las piernas y aquí paz… - Empezó a formular la frase, pensando en que si se hacía el héroe delante de la señorita, igual caía una buena recompensa.- Y después gloria, ¿es o no es? Pueje pueje puejeje. - Prosiguió, con la lengua fuera en señal de su pura perversión y lascivia. Sin embargo, el pirata, con la percepción de la realidad completamente alterada, rechazó completamente la pacífica oferta del músico.- ¿Nosotros? ¿Retirarnos? ¿De un hombre que va en ropa interior? - Preguntó retóricamente, mientras miraba a sus muchachos con complicidad, tras lo cuál comenzó a reírse como un descosido.- ¡ESMEHAHAHAHAHA! ¡No me hagas reír! - Soltó una sonora carcajada, que fue acompañada por las risas de los miembros de su tripulación.- ¿Es que no sabes quién soy yo? Estás ante el pirata Rikie Song, el capitán de la tripulación Esmegma. - Proclamó, clavando su fétido sable en la propia cubierta. Garnet, por el cambio, se mostraba impasible ante tal presentación.- No sólo no vamos a irnos, sino que, después de que hagamos de ti comida para tiburones y nos hagamos con este barco, también nos quedaremos con las pertenencias del tuyo ESMEHAHAHA. - No tibubeó ni un ápice.- Corsarios, ¡a por él! - Extrajo su sable de la madera, terminando por apuntar con él al pelirrojo mientras todos sus hombres, siguiendo las órdenes de su capitán se dirigían hacia él al unísono, en un grito de guerra que, en una primera instancia, incluso podía resultar intimidante.- El menda lo ha intentado… - Se lamentaba, tras un suspiro, a la par que se crujía el cuello moviéndolo intermitentemente de izquierda y derecha. En esos momentos, uno de esos lobos de mar alcanzaría la distancia de Garnet, lanzando un espadazo vertical descendente que, sin ninguna complicación el pelirrojo esquivó sin mucha complicación echándose hacia su derecha, asestándole con codazo con su brazo izquierda en su cara que lo dejó inmediatamente fuera de combate.- ¡Bastardo! - Insultó uno de sus compañeros, ubicado a las 1:00 de Garnet, buscando aprovechar esa posible apertura que había propiciado el skypiean para propinarle un barrido con un bastón, a la vez que otro de los piratas, situado más en la retaguardia, aprovechaba su posición para disparar un proyectil a la pierna de Garnet quien, en esta ocasión, en vez de intentar esquivar los ataques, permaneció quieto, encajando tanto el disparo como el corte con una entereza absoluta y sin inmutarse.- ¿Huh? - Pronunció, ante el hecho de salir indemne de aquella mediocre ofensiva.- ¿Qué narices? - Se sobresaltó el pirata del espadazo, antes de que Garnet le pasara a agarrar con su diestra su cabeza, levantando al hombre por encima del suelo y lanzándolo con extrema violencia hacia el grupo de asaltantes, derribando a una veintena de sus hombres como si se tratara de una partida de bolos.- Vamos no me jodas, ¿cómo coño habéis sobrevivido de una pieza hasta entonces, huh? - Se regodeaba, agitando la muñeca de la misma mano con la que acababa de lanzar al pirata.

En esos momentos, con más de la mitad de la banda pirata en el suelo, la silueta perteneciente a la mujer que andaba en peligro - quien hasta hace unos momentos estaba acorralada junto a la pared de la caseta de los camarotes de su propio barco-, observó aquella escena, clavando sus ojos directamente en los de Garnet.- Acaso ese no es… - Pensó aquella misteriosa mujer, justo cuando uno de los bandidos marinos, como si hubiera leído sus pensamientos, cayera en la misma cuenta.- C-capitán, c-creo que d-deberíamos huir… - Propuso su subordinado, quien temblaba como un flan al darse cuenta contra quién se estaban enfrentando.- ¿H-huir? - Hasta el propio Rikie se mostraba dubitativo sobre su plan inicial.- S-sí… Si no me equivoco, estamos ante uno de los peces gordos de la banda de los Alas Negras, c-capitaneados por Triana Tempesta. - Informó a su capitán quién, al escuchar el nombre tanto de la banda como de la pirata, empezó a temblar aún más del pavor.- ¿¿L-los Alas Negras?? - Preguntaba retóricamente, al mismo tiempo que pasaba de sostener su arma con una mano a agarrarla con inseguridad con sus dos manos, observando como, mientras hablaba con su subordinado, el resto de su banda - incluyendo con el miembro de su banda con el que estaba hablando - yacía inconsciente en el suelo.- Que no se diga que no os he avisado, ¿eh? - Comentó, pasando a dirigirse a toda velocidad hacia el capitán de la patética banda pirata, extendiendo su brazo derecho hacia atrás, terminando por liberarlo y desatarlo con furia hacia Rikie cuando estuvo a su alcance, desembocando en un puñetazo directo a su rostro.- ¡ORRYAAAAAAAAA! - Acompañó al golpe con aquel grito que reverberó en todo el navío, no pudiendo evitar el capitán pirata caer al suelo inconsciente tras haber sido consciente de una fuerza abrumadora a la que, ni por asomo estaba preparado.- Eso te pasa por no hacer ni pajorero caso al menda y por intentar hacerle daño a una pibita, ¿es o no es? - Le escupió, para más inri, en la cara con descaro, tras lo cuál enfocó su mirada hacia dónde debía estar situada la mujer a la que había ido a rescatar.- Que hablando de la pibita… Puejeje… - Comentó, empezando a apreciar la delgada silueta de la persona, e imaginándose como de bella podría ser aquella mujerona.- No tienes nada de lo que rayarte, tiarrona, el menda es Garnet Matlock y había venido a rescatarte, ¿está todo nasti de plasti? - Se preocupó por el estado de la mujer, quién empezó a acercarse y, por ende, a revelar su apariencia, dejando cada vez más anonadado al pelirrojo por cada paso que daba.- Y una polla… - Comentaba boquiabierto y pálido Garnet, ante el aspecto que presentaba. Llevando un lujoso kimono de colores cálidos, y siendo particularmente alta, lejos de ser una joven la señorita a la que había salvado, la cantidad de arrugas que poseía aquella mujer delataba su longeva edad. Poseía rasgos afilados, tanto su barbilla como sus ojos, que se acentuaban gracias a un maquillaje atrevido a la par que salvaje. Su pelo canoso estaba recogido en un moño gracias a una horquilla de plata y con algunas piedras preciosas incrustadas en ella. La mujer se seguía acercando hasta el pelirrojo, hasta quedar a algo más de un metro de él, momento en el que dio una calada a su refinada pipa que portaba con su diestra. Garnet seguía observando la escena con asombro, hasta que no pudo aguantar más.- ¡Pero si eres una vieja! - Exclamó, con dientes afilados y con sus ojos saliéndose ligeramente de sus cuencas. La señora, quién se tomó aquellas palabras como un ataque, no dudó en cesar de fumar para, seguidamente, aporrear en la cabeza a Garnet con su pipa.- ¡Agh! ¡Oye pero qué! - Se quejó del golpetazo, sintiendo incluso más dolor que cuando le dispararon y le cortaron los piratas de antes.-  ¿A quién llamas vieja tú? Habrase visto, ¡si estoy en la flor de la vida pipiolo! - Estaba que echaba humo la señora.- Eh eh, ¡qué maneras son estas de tratar a quién te ha salvado, huh? - Recriminaba Garnet a la mujer, poniéndose de morritos y frunciendo el ceño.- ¿Salvarme a mi? ¡Há! Podría haberme sacado las castañas del fuego yo solito, mocoso. - Se puso digna la anciana, poniendo sus manos sobre sus caderas, en forma de jarra.- Pues bien que habías gritado y que estabas cagada de miedo… - Refunfuñó entre dientes, mientras observaba como le daba otra calada a su pipa la vieja del kimono.- ¿Has dicho algo? - Exhaló el humo hacia el rostro de Garnet adrede.- Tch, nada, señora. - Sentía como cada vez más perdía la paciencia el músico de los Alas Negras, por lo que dio media vuelta y se dirigió hacia la barandilla por la que había aterrizado.- Me las piro vampiro, buena suerte limpiando este desastre tu solita. - Comenzó a andar en la cubierta hasta que, la longeva doncella le interrumpió.- ¡Espera! - Exclamó, extendiendo su mano izquierda hacia Garnet, quien se detuvo y giró levemente su cabeza hacia la anciana, pudiendo verla de reojo.- ¿Qué pasa ahora? - Dijo de mala gana, pasando la vieja a llevarse su zurda a la boca para exhalar una pequeña tos.- Admito que me has sacado de un buen apuro, joven. - Recapacitó, aunque con un tono soberbio, mirando, a continuación de arriba a abajo al pelirrojo.- Además de que te ves tremendamente bien. - Se detuvo en su pronunciado paquete.- Por no hablar de esa bestia, madre del amor hermoso. - Se llevó la mano a la cabeza, mientras que Garnet se mostraba completamente confuso a la par que sonrojado.- ¿H-huh? Para el carro, ¿le estás tirando los trastos al menda? - Preguntaba con incredulidad el skypiean.- Piénsalo joven... - Volvió a fumar de la pipa, esta vez de manera más sensual, para exhalarle el humo directamente a la cara de Garnet.- Te tengo que recompensar de alguna forma, y da la casualidad que estas noches las estoy pasando muy solas en mi cama. Créeme que te lo pasarás muy bien. - Dijo de forma muy sugerente, colocando su siniestra sobre su cadera, moviendo esta última hacia fuera, para pronunciar sus escasas curvas, mientras situaba el dedo índice de su mano derecha sobre los labios del pirata, dedicándole a la vez un guiño con su ojo izquierdo. A pesar de que no le gustaba demasiado la idea de hacerlo con una momia, la cabeza de Garnet echó humo ante la soberana seducción de la experimentada mujer.- Eh… - Se quedó completamente pillado, pasando a ser ahora el propio Garnet quien miraba de arriba a abajo a la mujer. Ciertamente, a pesar del evidente paso de la edad que había sufrido, la señora conservaba estupendamente sus encantos femeninos. Y si a eso le sumaba la cantidad ingente de tiempo que llevaba el pelirrojo sin ponerla, hacía que la oferta de la mujer fuera tentadora.- Nanai, nanai - Negaba con la cabeza, con un notorio nerviosismo, pasando a clavar su mirada en las distintas personas que yacían inconscientes en el suelo, además del barco pirata que aún tenían amarrado a su estribor.- Al loro, te ayudo a limpiar este desastre, y santas pascuas aquí, ¿es o no es? - Propuso ayudar el pelirrojo a la anciana, comenzando a caminar hacia los distintos piratas, cogiendo uno a uno y lanzándolos sin escrúpulos a su propio navío.

Sin embargo, cuando se quiso dar cuenta, Garnet se encontraba tumbado en la cama de la curtida mujer, desnudo y tan sólo tapado por unas finas sábanas de un llamativo color rojo. A su derecha, estaba la anciana, también desnuda, fumando aún de su pipa.- ¿Qué cojones acaba de pasar? - Se cuestionaba perplejo el skypiean, llevándose las manos a la cabeza mientras no paraba de mirar de reojo a la mujer. Lo peor de todo, es que la anciana se había desenvuelto terriblemente bien, joder, si parecía que tenía aún 20 años.- Joder, creo que ha sido el mejor polvo que me han echado. - Seguía alucinando Garnet, aún no se creía que de su boca hubieran salido aquellas palabras, pero así era. Cuanto más arrugada la fruta, más sabroso su jugo, o algo así decían. El dominio sexual que tenía la mujer era barbárico, muchísimo superior incluso que el de Ikirami, y eso era mucho decir.- Sí, sí, no ha estado mal supongo. - Añadió, con cierta decepción.- ¿Cómo que no ha estado mal, huh? - Se ofendió el pelirrojo, pasando a encararla directamente.- Pues que para el tamaño de tu miembro, esperaba otra cosa. He podido acostarme con más de dos mil hombres y mujeres, así que sé de lo que hablo chico. - Al escuchar aquellas palabras, Garnet se sobresaltó, hasta el punto de ponerse de pie sobre la cama.- ¿¡Dos mil!? ¡Si tú apenas eres la tercera piba con la que me enrollo! ¡Vaya mala bestia! - Le señalaba con su dedo índice, alterado. En cambio, la anciana seguía mostrándose impasible y sin inmutarse lo más mínimo.- Algo harás mal si solo te has acostado con tres mujeres con ese físico. En cuanto a mi, es normal que me haya acostado con tantas personas, dime, ¿te suena el nombre de Ting Lao? - Preguntó, quedándose en silencio y esperando a que el pirata respondiera.- Nanai, no me suena de na’… Y oye,  como que hago algo mal, ¡si soy la polla! - Se ofendió por las primeras palabras de la señora mayor.- Ting Lao es como se llama la que fue una vez una cortesana bastante popular del Distrito del Placer, del Bajo Mundo. Muchos hombres y mujeres de todos los rincones del mundo pagaban con tan sólo tener su mera compañía. - Dio una calada más, mientras Garnet escuchaba atentamente a sus palabras.- Resulta que esa cortesana soy yo, aunque ya me retiré hace mucho y ahora me dedico a instruir a jóvenes promesas, no te preocupes, no te voy a cobrar WI HI HI HI - Bromeó. Por su parte, Garnet se quedó asombrado ante la revelación que le acababa de realizar la vieja Ting.- ¿Cortesana? La polla, eso no me lo esperaba. - No podía evitar recordar alguna conversación que había tenido con Ikirami dónde le explicó que, en su juventud, cuando llegó a Oykot, para sobrevivir tuvo que estar trabajando en un burdel, dónde aprendió el arte de la seducción.- Irá del palo, digo yo. - Pensó, aunque no le quiso dar muchas más vueltas.- ¿Y qué es eso del Bajo Mundo y del Distrito del Placer? - Se interesó por esa parte, que era completamente desconocida para el músico.- ¿Eres un pirata, estás en el Nuevo Mundo y no sabes sobre el Inframundo? Habrase visto. Así en resumen, es una especie de sociedad encubierto y conformada por varios peces gordos del mundo dónde se llevan a cabo todo tipo de negocios y actividades cuanto menos, poco éticas. - Explicó, sin ningún tapujo y sin miedo pues, la mujer ya sabía que estaba hablando con uno de los piratas de los Alas Negras.- Hay varios distritos y en concreto, yo trabajaba en el del placer. La verdad, aunque puedes tener más soltura, con algo más de experiencia podrías tener un buen futuro allí. - Pasó a mirarle la zona de la entrepierna, tapada por la sábana de la cama.- Desde luego que tienes lo que hay que tener. - Añadió, sugerentemente, volviendo a dirigir su mirada hacia la cara de Garnet.- El caso, aún sigo manteniendo contactos con algunos cargos del Distrito del Placer, podría hablarles de ti y que abrirte un hueco en el mercado, ¿qué te parece? - Propuso Ting, haciendo que el pelirrojo se llevara su diestra a la barbilla.- A ver si me estoy coscando… ¿Estás diciendo que el menda podría entrar en el Distrito del Placer como una especie de gigoló, y así llevarme una buena tajá a cambio de hacerle el delicioso a todas las pibitas que me quieran? - Preguntó, recibiendo el asentimiento de la cortesana retirada.- Joder, si es que lo haría gratis, no paro de estar en sequía sexual. Eso sí, ¿no habría en ese distrito que dices algún hueco de entretenimiento para tocar conciertos de puta madre? Ya sabes, uno es músico y quiere que sus obras de arte lo peten en cualquier lugar, ¿es o no es? - Intentó ahondar más en el tema del Distrito del Placer. Si era verdad que ese lugar estaba plagado de peces gordos, estaba claro que era la oportunidad perfecta para que la música de Garnet se diera a conocer aún más.

Sin embargo, la negación de Ting Lao fue más que clara, no existía un campo enfocado al entretenimiento musical como tal.- Pues vaya mierda. - Se quejó el skypiean, poniéndose completamente de morritos.- Eso sí, joven, ten en cuenta que no todo el que pida tus servicios va a querer tener una noche desenfrenada contigo. Hay muchas personas que lo único que quieren es la compañía de alguien. Puedes aprovechar esos momentos para tocarles esa música de la que tanto haces alarde, ¿no te parece? - Explicó más detalladamente la vieja, explicación con la que Garnet obtuvo otro punto de vista más esclarecedor.- Ahí tienes un punto, que no se diga, ¡está bien! ¡El menda acepta! Puede estar divertido, ¡por qué no PUAJAJAJA! - Soltó una estruendosa carcajada.- ¡Eso sí! Que quede claro que si hay algún cliente que ni me va ni me viene sudaré por completo de él o ella, ¿es o no es? - Dejó las cartas sobre la mesa el pirata.- Veré que puedo hacer… Eras hmm… Garnet Matlock, ¿verdad? Suelo leer los periódicos, así que estoy al tanto de tu identidad. Cuando sepa algo, te llamaré, ¿tienes tu número de Den Den Mushi a mano? - Buscó la cortesana su caracolófono, que se situaba en su mesita de noche, a su derecha. Con él, el pirata finalmente le dió su número de contacto, levantándose a continuación de la cama y, ayudando a despertar a los tres sujetos que se habían quedado inconscientes durante el asalto de los piratas. Tuvieron la consideración de acercarles al Solar Karma, que no andaba demasiado lejos afortunadamente y, con ello, quedaron en que Ting Lao le llamaría en los próximos días para comentarle si tenía ese trabajo o no. Una vez que estuvo en el barco, Garnet explicaría la situación que se había dado, mostrando cada uno una reacción más bizarra que la anterior pero, al final del día, recibiendo el apoyo de su familia, al fin y al cabo.



Dos días pasaron y, finalmente, los Alas Negras arribaron a una isla completamente tropical y, aparentemente, desierta, por lo que no vieron una mala idea hacerla su propio territorio si es que así era el caso. Como llevaban unos días en alta mar, el primer día, Garnet recorrió toda gran parte de la selva para recolectar el mayor número de alimentos que podía, centrándose sobre todo en los distintos tipos de frutas que crecían desde los enormes árboles. Fue esa misma noche que, el pelirrojo, por fin recibiría una llamada por parte de Ting Lao, informándole de que, en efecto, había conseguido convencer a alguien del Distrito para el que pudiera trabajar. Para su desgracia, y por cuestiones que no entendía del todo, el nombre e identidad de su jefe era todo un secreto, declarando que, en el momento en el que hubiera algún cliente interesado por él, recibiría una llamada.

Fue al día siguiente que, siguiendo explorando la isla, aunque parecía estar completamente inhabitada, que encontraron algo que les haría cambiar de parecer. En lo más profundo de la selva, se toparon con una serie de instalaciones que resultaban de lo más sospechas, teniendo en todas las puertas que veían las señales “Peligro, no pasar”. ¿Qué hacían esas edificaciones en mitad de la jungla y por qué tanto esmero por mantener alejadas a las personas con tanto cartel? Desde luego que, si con aquellas señales, el responsable quería mantener alejados a todos los curiosos, habían conseguido el efecto completamente opuesto. Con el propósito de prepararse, ese día, los Alas Negras se retiraron. No sólo debían ir cargados con toda su armamentística y utensilios, sino que debían trazar un buen plan por si de verdad se topaban con un verdadero peligro si se adentraban allí. Aunque luego alguno fuera a pasar olímpicamente del plan, desde luego.

Día 56 del año 16, Primavera

Y así, llegó el día esperado Garnet, pensando en los posibles desafíos y obstáculos que podían resguardar un edificio con sendas señales de peligro, se preparó poniéndose de inmediato sus guantes y punteras molonas. Metió todo lo que pudo considerar necesario y de vital importancia en su zurrón, así como se colgó, como no, su inseparable guitarra eléctrica, Sabertones, no sin antes, grabar en su dial de sonido, una melodía que era capaz de animar tanto al oyente hasta el punto de dotarlo de una fuerza sobrehumana, pues nunca se sabía cuando una ayuda extra podía hacer falta. Pero no solo yendo preparado para la batalla se rompía la tarima, por lo que, haciéndose con sus gafas de sol de lente morada y con forma de estrella, y con su tanga azul marino con las palabras, “rock” y “roll” en cada uno de sus glúteos, Garnet se sentía más que listo para seguir explorando aquella zona que, hasta ahora, era todo un misterio para ellos. De esta forma, es que el pelirrojo, junto a su familia, los Alas Negras - a excepción de Sasha, que se quedó custodiando el Solar Karma -, se hallaba frente a la puerta de la instalación que le separaba de ese interior aún desconocido.

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