29-07-2025, 12:33 AM
— Ten cuidado de todos nosotros. Guíanos por sendas de justicia por amor de tu nombre. Aunque andemos en valle de sombra de muerte, no temeremos mal alguno, porque tú estarás con nosotros. Amén —oré en voz alta parafraseando un salmo bien conocido.
Extendí mis brazos estirandome placenteramente después de tantos días en el Grand Prix. Aunque mis nuevos compañeros me habían dicho que era un galeón imponente, yo solo podía imaginarlo.
La justicia de Dios había llegado al fin al Reino Mogaro. Pronto, la bandera de la libertad se alzaría en esta nueva isla.
Extendí mis brazos estirandome placenteramente después de tantos días en el Grand Prix. Aunque mis nuevos compañeros me habían dicho que era un galeón imponente, yo solo podía imaginarlo.
La justicia de Dios había llegado al fin al Reino Mogaro. Pronto, la bandera de la libertad se alzaría en esta nueva isla.
La salida de Korossasu.
Los designios de Dios eran muy curiosos. Jamás me hubiese esperado llamar tanto la atención dentro de la Armada Revolucionaria. Pero así pasó. El grupo de revolucionarios que nos encontrábamos en Korossasu comenzamos a viajar por todo el West Blue. En mi caso, me limitaba a quedarme dentro de la gran embarcación en la que navegábamos. Desde el interior de la embarcación recibía ingredientes para preparar grandes cantidades de comida. No hubo isla pobre que no fuese visitada por nosotros, y que no recibiera comida gratis de nuestra parte. Admito que me costó acostumbrarme a pasar tanto tiempo en alta mar. Ya me había acostumbrado a tierra firme.
Una orden sorpresiva de parte de quien sea que estuviera a cargo de las tropas del West Blue llegó un día de la nada. ¿De qué se trataba? Partir hacia la Grand Line. Que Dios se apiadara de nosotros. Había muchos rumores acerca del Grand Line, y todos me llenaban de ansiedad y preocupación. Un gigante ciego y desorientado en un vasto mundo desconocido, no era buena idea. Pero órdenes son órdenes.
No éramos solo nosotros, eran una gran cantidad de reclutas los convocados a la Grand Line. La Armada se preparaba para algo grande, quién sabe para qué cosa. El primer susto que vivimos fue el paso por los Cabos Gemelos. Nunca en mi vida temí tanto por mi vida, ni le pedí tanto a Dios por mi integridad. Muchos de mis compañeros se reían a carcajadas emocionados pero en mi ceguera yo solo podía tener incertidumbre y miedo.
Del otro lado de los Cabos, nos esperaban varias embarcaciones, cada una tomaria rumbos distintos. En mi caso, me tocó ir en la ruta hacia Baltigo. La primera asignación y el comienzo de la verdadera aventura.
Una orden sorpresiva de parte de quien sea que estuviera a cargo de las tropas del West Blue llegó un día de la nada. ¿De qué se trataba? Partir hacia la Grand Line. Que Dios se apiadara de nosotros. Había muchos rumores acerca del Grand Line, y todos me llenaban de ansiedad y preocupación. Un gigante ciego y desorientado en un vasto mundo desconocido, no era buena idea. Pero órdenes son órdenes.
No éramos solo nosotros, eran una gran cantidad de reclutas los convocados a la Grand Line. La Armada se preparaba para algo grande, quién sabe para qué cosa. El primer susto que vivimos fue el paso por los Cabos Gemelos. Nunca en mi vida temí tanto por mi vida, ni le pedí tanto a Dios por mi integridad. Muchos de mis compañeros se reían a carcajadas emocionados pero en mi ceguera yo solo podía tener incertidumbre y miedo.
Del otro lado de los Cabos, nos esperaban varias embarcaciones, cada una tomaria rumbos distintos. En mi caso, me tocó ir en la ruta hacia Baltigo. La primera asignación y el comienzo de la verdadera aventura.
Isla Toko
La primera isla en la que atracamos fue en Toko. Fuimos recibidos amablemente y en mi caso aprendí mucho acerca de nuevas formas de utilizar la carne, la leche y los cereales. Al mismo tiempo compartí mis conocimientos culinarios. Fue una visita fugaz, pero para mi, bastante provechosa.
En Toko comencé a vender mis propios platillos, empujado por la insistencia de mis compañeros revolucionarios. Una forma de hacer dinero, al mismo tiempo que creaba una fachada de un cocinero común y corriente.
En Toko comencé a vender mis propios platillos, empujado por la insistencia de mis compañeros revolucionarios. Una forma de hacer dinero, al mismo tiempo que creaba una fachada de un cocinero común y corriente.
Isla Eliseo
Tras salir de Toko, llegamos a la isla Elíseo, una isla cuyo principal atractivo y fuente de dinero es la vida turística. Es algo así como un lugar de descanso. Muchos decían que era un lugar hermoso, placentero y relajante, pero a mi no me constaba.
En Elíseo más que descansar, aproveche de ofrecer mis servicios como cocinero. Y fue una gran decisión. Mis platos se hicieron cada vez más conocidos en el lugar. Mi corazón estaba inflado de emoción y satisfacción por servir a cantidades enormes de personas. Todos se iban con sus estómagos llenos y con voces llenas de alegria. Era todo un placer que Dios usara mis manos para hacer felices a otros.
Lo mejor, y lo que no buscaba directamente, fue que hice una gran cantidad de dinero, algo que me serviría para bendecir a otros más adelante sin duda alguna.
En Elíseo más que descansar, aproveche de ofrecer mis servicios como cocinero. Y fue una gran decisión. Mis platos se hicieron cada vez más conocidos en el lugar. Mi corazón estaba inflado de emoción y satisfacción por servir a cantidades enormes de personas. Todos se iban con sus estómagos llenos y con voces llenas de alegria. Era todo un placer que Dios usara mis manos para hacer felices a otros.
Lo mejor, y lo que no buscaba directamente, fue que hice una gran cantidad de dinero, algo que me serviría para bendecir a otros más adelante sin duda alguna.
Isla Tamanegi
No podía ver la isla, pero por mis colegas sabía que era un reino afiliado al Gobierno Mundial, y el objetivo de la armada en esta clase de isla era simple: buscar aliados y entender las injusticias que se cocinaban bajo la aparente “pulcritud” de la isla. El primer contacto fue sencillo. Pasamos por los puntos de control con la historia de ser mercaderes errantes. Teníamos buenas referencias de ciertos personajes de la isla anterior, así que en principio nadie dudo de nuestra versión. Yo siempre me mantenía actuando no solo como ciego sino también como mudo, porque para mí mentir era imposible debido a mi fe.
El ruido de los mercados mas el chirrido de la maquinaria en las fábricas de cemento, todo era muy distinto a las dos islas anteriores. En mi papel de mudo, pude escuchar una gran cantidad de rumores, sobre todo que la gente humilde trabajaba duro para mantener la zona de los ricos. En casi todos los rincones había murmullos de descontento. Mis colegas revolucionarios investigaban y hacían preguntas un poco directas. La personas de bajos recursos rogaban por un cambio en el sistema, pero temían al Ejército Real y a la Marina, cuya base estaba cerca.
Lamentablemente, la discreción no era mi fuerte, y a menudo me metía en problemas. La manera en que mis oídos captaban los lamentos de los oprimidos, todo eso terminó por levantar sospechas. No tardó en llegar el rumor de un gigante extraño. Sentí la presencia de los soldados de la Marina y de los guardias reales rondando, cada vez mas cerca y con mayor frecuencia. No quisimos provocar un derramamiento de sangre innecesario; nuestro objetivo era la información y la posibilidad de una futura revuelta, no una confrontación abierta. Por lo que, cuando el Log Pose estuvo cargado, tomamos rumbo a una nueva isla, sin causar problemas.
El ruido de los mercados mas el chirrido de la maquinaria en las fábricas de cemento, todo era muy distinto a las dos islas anteriores. En mi papel de mudo, pude escuchar una gran cantidad de rumores, sobre todo que la gente humilde trabajaba duro para mantener la zona de los ricos. En casi todos los rincones había murmullos de descontento. Mis colegas revolucionarios investigaban y hacían preguntas un poco directas. La personas de bajos recursos rogaban por un cambio en el sistema, pero temían al Ejército Real y a la Marina, cuya base estaba cerca.
Lamentablemente, la discreción no era mi fuerte, y a menudo me metía en problemas. La manera en que mis oídos captaban los lamentos de los oprimidos, todo eso terminó por levantar sospechas. No tardó en llegar el rumor de un gigante extraño. Sentí la presencia de los soldados de la Marina y de los guardias reales rondando, cada vez mas cerca y con mayor frecuencia. No quisimos provocar un derramamiento de sangre innecesario; nuestro objetivo era la información y la posibilidad de una futura revuelta, no una confrontación abierta. Por lo que, cuando el Log Pose estuvo cargado, tomamos rumbo a una nueva isla, sin causar problemas.
Isla Hiho
Tras lograr huir de la marina, llegamos a una isla con aroma a uvas fermentadas. Todos hablaban de que la isla estaba envuelta en neblina, pero para mí, ese era el estado natural de todas las cosas. Lo que sí noté fue que el tipo de bullicio era distinto. Uno de los revolucionarios mas experimentados nos informó de que se trataba de una pequeña isla, regida por piratas, por lo que debíamos tener cuidado.
Desembarcamos con cautela. Según la información, había cuatro bandas piratas, cuatro capitanes y sus tripulaciones, conviviendo en una especie de paz incómoda. Para mi era extraño que una isla estuviera gobernada por piratas. Sabia que no todos los piratas eran malevolos, los habia buenos, como mi gran amigo y antiguo vecino Kelo. Sin embargo, no sabiamos que clase de piratas eran estos, y si eran mejores o peores que el mismisimo gobierno mundial. Por todo eso, el objetivo en este caso era reunir información y tratar de buscar alianzas en contra del Gobierno Mundial, aunque fuera a través de piratas.
En esta isla, no me involucro en nada más que cocinar para mis compañeros. Ya había tenido suficiente con la marina en Tamanegi. Dejé que los demás se involucraran con los miembros de la isla y me mantuve al margen.
Durante la estadía unos cuantos piratas trataron de convencerme de unirme a sus tripulaciones, pero rechace cada una de las ofertas, y me disculpaba preparandoles comida para los banquetes nocturnos, porque si habia algo que todos disfrutabamos de la isla, eran las celebraciones nocturnas.
Las noches eran el momento más activo. Las fogatas, el sonido de las risas y las historias exageradas se extendían por toda la isla cada noche. Conocí a grandes expertos viticultores que me enseñaron cosas interesantes acerca del uso del vino. Para los viticultores yo fui una bendición temporal porque de una sola pisada podía exprimir cantidades groseras de uvas.
Los piratas eran ruidosos, apasionados, y no se contenían al beber vino. Yo me limitaba a sentarme y escuchar sobre sus saqueos, sus aventuras en el mar, y también sobre sus frustraciones con el sistema que los forzaba a vivir al margen. Era un mundo lleno de forajidos que, a su manera, también luchaban contra el gobierno, y que buscaban su propia forma de libertad. Nuestro tiempo en Hiho nos sirvió para aprender y entender las dinámicas de aquellos que vivían fuera de la ley.
Para nuestra suerte, en esta isla, conseguimos un Eternal Log Pose que apuntaba directamente a Baltigo, por lo que, izando velas, retomamos nuestro viaje por el Grand Line.
Desembarcamos con cautela. Según la información, había cuatro bandas piratas, cuatro capitanes y sus tripulaciones, conviviendo en una especie de paz incómoda. Para mi era extraño que una isla estuviera gobernada por piratas. Sabia que no todos los piratas eran malevolos, los habia buenos, como mi gran amigo y antiguo vecino Kelo. Sin embargo, no sabiamos que clase de piratas eran estos, y si eran mejores o peores que el mismisimo gobierno mundial. Por todo eso, el objetivo en este caso era reunir información y tratar de buscar alianzas en contra del Gobierno Mundial, aunque fuera a través de piratas.
En esta isla, no me involucro en nada más que cocinar para mis compañeros. Ya había tenido suficiente con la marina en Tamanegi. Dejé que los demás se involucraran con los miembros de la isla y me mantuve al margen.
Durante la estadía unos cuantos piratas trataron de convencerme de unirme a sus tripulaciones, pero rechace cada una de las ofertas, y me disculpaba preparandoles comida para los banquetes nocturnos, porque si habia algo que todos disfrutabamos de la isla, eran las celebraciones nocturnas.
Las noches eran el momento más activo. Las fogatas, el sonido de las risas y las historias exageradas se extendían por toda la isla cada noche. Conocí a grandes expertos viticultores que me enseñaron cosas interesantes acerca del uso del vino. Para los viticultores yo fui una bendición temporal porque de una sola pisada podía exprimir cantidades groseras de uvas.
Los piratas eran ruidosos, apasionados, y no se contenían al beber vino. Yo me limitaba a sentarme y escuchar sobre sus saqueos, sus aventuras en el mar, y también sobre sus frustraciones con el sistema que los forzaba a vivir al margen. Era un mundo lleno de forajidos que, a su manera, también luchaban contra el gobierno, y que buscaban su propia forma de libertad. Nuestro tiempo en Hiho nos sirvió para aprender y entender las dinámicas de aquellos que vivían fuera de la ley.
Para nuestra suerte, en esta isla, conseguimos un Eternal Log Pose que apuntaba directamente a Baltigo, por lo que, izando velas, retomamos nuestro viaje por el Grand Line.
Kenbun en Baltigo
Baltigo era árido, caliente. Un amigo describió el lugar junto con llegar como una isla rocosa y desértica, un lugar donde incluso el eco de mi propia respiración se amplificaba. Habíamos llegado al corazón de la Revolución, un lugar oculto donde se forjaban los verdaderos cambios. Había más revolucionarios de los que jamás nadie podría imaginar.
Poco después de mi llegada, conocí a Hermágoras y a Euclides, dos hermanos con nombres bastante raros, ambos con mi misma jerarquia dentro de la revolucion, pero con mucha mas experiencia por su larga estadía en la isla.
— Beto… —comenzó a hablarme Hermagoras con su voz seria—. Eres un gigante, uno solo de ustedes es una fuerza de la naturaleza. Estoy seguro de que eres consciente de que tu tamaño y tu fuerza son un activo incalculable para la Revolución. No podemos permitir que te limites a ser un cocinero o un mero músculo. Hay que pulirte mi querido amigote.
— Tu ceguera te ha agudizado otros sentidos, Beto —añadió Euclides—. Pero hay algo más allá de lo que tus oídos o tu tacto pueden percibir. Algo que te hará ver sin ojos. ¿Suena raro verdad? Pero te doy mi palabra de que no te estamos mintiendo.
Los dos hermanos comenzaron a hablarme del Haki de Observación, una habilidad que, según ellos, me permitiría sentir la presencia y las intenciones de todo aquel que me rodeara. Tengo que confesar que la idea me intrigó bastante.
Al día siguiente, después de mucha insistencia para que me anotara a las clases, mi entrenamiento comenzó. En mi caso fui el único alumno bajo la tutela de un maestro revolucionario, un hombre cuya voz era tan tranquila como el desierto que nos rodeaba. Me llevó al Valle del Silencio, un lugar donde el viento hacia sonidos al tocar las rocas creando susurros y ecos engañosos.
— Olvídate de lo que crees que sabes, chico Matashita —me dijo el maestro—. Tu oído es excepcional, pero el Haki de Observación va más allá del sonido. Es sentir la voluntad, la intención, la energía vital de todo lo que te rodea. Asi que sigue cada una de las indicaciones que te haré…
Al principio, fue frustrante. Me sentaba en el suelo, intentando discernir la presencia del maestro, pero sus movimientos eran tan sutiles que apenas alteraban el aire. Intentaba adivinar dónde atacaría, pero todas mis predicciones eran erróneas. Yo estaba demasiado acostumbrado a depender del oido. El maestro me golpeaba suavemente con una vara de bambú, no para hacerme daño, sino para recordarme mi fracaso.
— No intentes ver. Siente —me decía una y otra vez cada vez que me golpeaba.
Días se convirtieron en semanas. El sol implacable de Baltigo me quemaba la piel, el viento me secaba la garganta, pero no me detuve. El maestro me hacía predecir la trayectoria de pequeñas rocas que lanzaba, incluso el movimiento de animales que pasaban lejos. También me obligaba a meditar en medio del Cañón de Marfil. Había momentos de desesperación, donde mi mente se sentía agotada, como si intentara agarrar el humo.
— Un gigante como tú, con esta habilidad, será imparable. No te rindas —trataba de motivarme.
Un día, mientras estaba en mi estado de meditación, sentí algo. No era un sonido, ni un cambio en el aire. Era una presencia, un color, una intención clara, la del maestro que se movía hacia mí con la vara levantada. Levanté mi brazo, y la vara golpeó mi palma, no mi cuerpo.
A partir de ese momento, algo hizo clic. Era como si el mundo me hablara en un coro de voces silenciosas, cada una con su propia historia, su propia intención. Mis ojos no pudieron evitar llenarse de lagrimas mientras mi mente se llenaba de colores, de presencias. Era algo hermoso y yo era ahora menos ciego
El maestro comenzó a moverse más rápido, a atacarme desde múltiples ángulos, a veces sin hacer ruido. Pero yo, por lo menos, ya podía predecir su ubicación. No era perfecto, todavía había errores, pero la mejora era innegable. Mi mente se sentía más clara. El entrenamiento fue agotador, física y mentalmente, pero cada gota de sudor valió la pena.
Poco después de mi llegada, conocí a Hermágoras y a Euclides, dos hermanos con nombres bastante raros, ambos con mi misma jerarquia dentro de la revolucion, pero con mucha mas experiencia por su larga estadía en la isla.
— Beto… —comenzó a hablarme Hermagoras con su voz seria—. Eres un gigante, uno solo de ustedes es una fuerza de la naturaleza. Estoy seguro de que eres consciente de que tu tamaño y tu fuerza son un activo incalculable para la Revolución. No podemos permitir que te limites a ser un cocinero o un mero músculo. Hay que pulirte mi querido amigote.
— Tu ceguera te ha agudizado otros sentidos, Beto —añadió Euclides—. Pero hay algo más allá de lo que tus oídos o tu tacto pueden percibir. Algo que te hará ver sin ojos. ¿Suena raro verdad? Pero te doy mi palabra de que no te estamos mintiendo.
Los dos hermanos comenzaron a hablarme del Haki de Observación, una habilidad que, según ellos, me permitiría sentir la presencia y las intenciones de todo aquel que me rodeara. Tengo que confesar que la idea me intrigó bastante.
Al día siguiente, después de mucha insistencia para que me anotara a las clases, mi entrenamiento comenzó. En mi caso fui el único alumno bajo la tutela de un maestro revolucionario, un hombre cuya voz era tan tranquila como el desierto que nos rodeaba. Me llevó al Valle del Silencio, un lugar donde el viento hacia sonidos al tocar las rocas creando susurros y ecos engañosos.
— Olvídate de lo que crees que sabes, chico Matashita —me dijo el maestro—. Tu oído es excepcional, pero el Haki de Observación va más allá del sonido. Es sentir la voluntad, la intención, la energía vital de todo lo que te rodea. Asi que sigue cada una de las indicaciones que te haré…
Al principio, fue frustrante. Me sentaba en el suelo, intentando discernir la presencia del maestro, pero sus movimientos eran tan sutiles que apenas alteraban el aire. Intentaba adivinar dónde atacaría, pero todas mis predicciones eran erróneas. Yo estaba demasiado acostumbrado a depender del oido. El maestro me golpeaba suavemente con una vara de bambú, no para hacerme daño, sino para recordarme mi fracaso.
— No intentes ver. Siente —me decía una y otra vez cada vez que me golpeaba.
Días se convirtieron en semanas. El sol implacable de Baltigo me quemaba la piel, el viento me secaba la garganta, pero no me detuve. El maestro me hacía predecir la trayectoria de pequeñas rocas que lanzaba, incluso el movimiento de animales que pasaban lejos. También me obligaba a meditar en medio del Cañón de Marfil. Había momentos de desesperación, donde mi mente se sentía agotada, como si intentara agarrar el humo.
— Un gigante como tú, con esta habilidad, será imparable. No te rindas —trataba de motivarme.
Un día, mientras estaba en mi estado de meditación, sentí algo. No era un sonido, ni un cambio en el aire. Era una presencia, un color, una intención clara, la del maestro que se movía hacia mí con la vara levantada. Levanté mi brazo, y la vara golpeó mi palma, no mi cuerpo.
A partir de ese momento, algo hizo clic. Era como si el mundo me hablara en un coro de voces silenciosas, cada una con su propia historia, su propia intención. Mis ojos no pudieron evitar llenarse de lagrimas mientras mi mente se llenaba de colores, de presencias. Era algo hermoso y yo era ahora menos ciego
El maestro comenzó a moverse más rápido, a atacarme desde múltiples ángulos, a veces sin hacer ruido. Pero yo, por lo menos, ya podía predecir su ubicación. No era perfecto, todavía había errores, pero la mejora era innegable. Mi mente se sentía más clara. El entrenamiento fue agotador, física y mentalmente, pero cada gota de sudor valió la pena.
Un segundo haki
Mi tiempo en Baltigo no terminó con el Haki de Observación. Si ya era una herramienta valiosa, la Revolución quería convertirme en algo más, algo irrompible.
El entrenamiento para el Haki de Armadura fue una total locura, mucho mas brutal, y muy diferente a la meditación silenciosa del de Observación. Este era un entrenamiento más físico y visceral. El mismo maestro me guio, pero ahora me hacía golpear las formaciones rocosas de la isla hasta que mis puños, a pesar de mi tamaño y fuerza, me dolieran. No era solo fuerza bruta; era canalizar mi espíritu, para envolver mis extremidades con mi propia voluntad. Una cosa de lo mas abstracta.
— No es solo endurecer la piel —me explicaba el maestro—. Es proyectar tu espíritu. Convertir tu intención en una defensa tangible o un ataque demoledor. ¿Si me entiendes?
Pasé incontables horas golpeando, defendiendo, sintiendo el daño contra mi piel. Al principio, era como chocar contra una pared; sentía dolor, pero no veía ningún cambio. El maestro me golpeaba con una fuerza terriblemente sorprendente a pesar de la diferencia de tamaño, y yo debía concentrarme, para resistir el impacto con pura voluntad.
Los sonidos de mis propios golpes contra la roca, los gruñidos de esfuerzo que escapaban de mis labios, todo era parte de mi entrenamiento. Poco a poco, empecé a sentir una densidad en mis puños, una sensación de invulnerabilidad cuando lograba concentrarme. No era algo que pudiera ver, pero lo sentía con cada fibra de mi ser. El impacto de los golpes del maestro contra mí disminuía cada vez más, y mis propios ataques dejaban muescas más profundas en las rocas. Mi cuerpo, ya de por sí formidable, se estaba convirtiendo en una verdadera fortaleza.
Una tarde, después de una sesión de entrenamiento particularmente extenuante, el maestro se acercó a mí con un presente.
— Beto, querido discípulo —dijo—. He sido testigo de tu avance, y puedo ver tu potencial como si pudiera ver el futuro. Considera esto como un presente de parte de personas que al igual que yo han reconocido tu potencial. Esto es una Akuma no Mi, por ahora, nadie sabe cuál será el poder que te confiera pero mantenlo en secreto y entrenalo sabiamente. No muestres tus habilidades a tus enemigos. Confíamos en que lo usarás para bien.
El entrenamiento para el Haki de Armadura fue una total locura, mucho mas brutal, y muy diferente a la meditación silenciosa del de Observación. Este era un entrenamiento más físico y visceral. El mismo maestro me guio, pero ahora me hacía golpear las formaciones rocosas de la isla hasta que mis puños, a pesar de mi tamaño y fuerza, me dolieran. No era solo fuerza bruta; era canalizar mi espíritu, para envolver mis extremidades con mi propia voluntad. Una cosa de lo mas abstracta.
— No es solo endurecer la piel —me explicaba el maestro—. Es proyectar tu espíritu. Convertir tu intención en una defensa tangible o un ataque demoledor. ¿Si me entiendes?
Pasé incontables horas golpeando, defendiendo, sintiendo el daño contra mi piel. Al principio, era como chocar contra una pared; sentía dolor, pero no veía ningún cambio. El maestro me golpeaba con una fuerza terriblemente sorprendente a pesar de la diferencia de tamaño, y yo debía concentrarme, para resistir el impacto con pura voluntad.
Los sonidos de mis propios golpes contra la roca, los gruñidos de esfuerzo que escapaban de mis labios, todo era parte de mi entrenamiento. Poco a poco, empecé a sentir una densidad en mis puños, una sensación de invulnerabilidad cuando lograba concentrarme. No era algo que pudiera ver, pero lo sentía con cada fibra de mi ser. El impacto de los golpes del maestro contra mí disminuía cada vez más, y mis propios ataques dejaban muescas más profundas en las rocas. Mi cuerpo, ya de por sí formidable, se estaba convirtiendo en una verdadera fortaleza.
Una tarde, después de una sesión de entrenamiento particularmente extenuante, el maestro se acercó a mí con un presente.
— Beto, querido discípulo —dijo—. He sido testigo de tu avance, y puedo ver tu potencial como si pudiera ver el futuro. Considera esto como un presente de parte de personas que al igual que yo han reconocido tu potencial. Esto es una Akuma no Mi, por ahora, nadie sabe cuál será el poder que te confiera pero mantenlo en secreto y entrenalo sabiamente. No muestres tus habilidades a tus enemigos. Confíamos en que lo usarás para bien.
Viaje a la isla Gyojin
No sé cuánto tiempo pasó, los ciegos no contamos los días igual que el resto. Solo sé que, el destino me llevó a estar viajando bajo el mar, rodeado de una burbuja o eso me contaron. Para mi ahora el mundo era distinto. Podia ver a las personas con siluetas y auras de colores, incluso a los animales. Incluso era capaz de ver aquellos con buenas intenciones y aquellos de mal corazon.
Fue en la Isla Gyojin donde fui asignado a un nuevo escuadron llamado “Los Toros Negros”, liderados por el Gran Lider Kisuke. Ademas, estaban Don Bambú y Oxxy. Todos tenian personalidades unicas y bastante graciosas. Comparados conmigo todos eran interesantes y veteranos.
Todos recibimos una misión, y gracias a los esfuerzos de algunos obtuvimos un barco suficientemente grande como para que yo pudiera navegar con ellos. Me arrugó el corazon ver que se preocupaban por hacerme un espacio en su tripulacion. Dios me habia puesto delante a buenas personas. El Grand Prix… ese nombre suena a algo grande, algo que va a dejar huella. Ese era el nombre del nuevo barco.
Fue en la Isla Gyojin donde fui asignado a un nuevo escuadron llamado “Los Toros Negros”, liderados por el Gran Lider Kisuke. Ademas, estaban Don Bambú y Oxxy. Todos tenian personalidades unicas y bastante graciosas. Comparados conmigo todos eran interesantes y veteranos.
Todos recibimos una misión, y gracias a los esfuerzos de algunos obtuvimos un barco suficientemente grande como para que yo pudiera navegar con ellos. Me arrugó el corazon ver que se preocupaban por hacerme un espacio en su tripulacion. Dios me habia puesto delante a buenas personas. El Grand Prix… ese nombre suena a algo grande, algo que va a dejar huella. Ese era el nombre del nuevo barco.
En Mogaro...
Ahora estamos en Mogaro, y Kisuke ha dicho que nos haremos pasar por científicos. Me reí un poco por dentro cuando lo dijo. ¿Un gigante ciego como científico? Sería divertido ver eso. Pero comprendo totalmente la importancia de la misión. No era un juego de niños el liberar a un pueblo de de una tiranía. Mucho menos si era una isla del Nuevo Mundo.
Solo queda ponernos en manos de Dios y prepararnos para lo que sea que venga. Si llegue hasta aqui, es porque Dios tiene un propósito más grande de lo que mi pequeña imaginación pudiera alcanzar a preveer.
Dios será nuestro escudo... Amén
