Cao Guojiu
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07-08-2025, 04:34 PM
(Última modificación: 13-08-2025, 06:11 PM por Cao Guojiu.)
día 80 de primavera año 16
La soledad podía parecer algo abismal para las personas que no habían tratado con sus propios pensamientos, no era el caso de Cao Guojiu que solía trabajar en su propia mente a diario y por eso ahora se encontraba en un pequeño bosque en la montaña alejado de la población con un único fin, disfrutar de la sombra de un árbol y fumar de su pipa con tranquilidad.
Usualmente podías encontrar a Cao en posiciones o muy estrictas de las cuales se notaba su nobleza o muy relajadas, y este era el caso, se encontraba acostado en el césped, con la espalda ligeramente apoyada en el árbol mientras daba pequeñas caladas a su pipa de oro llena de las hierbas relajantes que solía consumir, mientras expulsaba el humo de sus pulmones no podía evitar ver formas en este.
Lo que vemos reside en el sentido de la vista ... ¿O es una percepción única de lo que nosotros percibimos como vida? Comenzó a juguetear con su mano libre con el humo, intentando darle formas mientras pensaba en la profundidad de lo que había dicho, en lo que su yo más profundo quería discernir, a veces ese tipo de soledad era necesaria para acabar entendiéndonos.
Sí fuera así solo significaría que la vida es el conjunto del pensamiento de todos y que debería existir un pensamiento intrínseco conjunto ...o quizás solo me está afectando de más el humo en mi cabeza... esbozó una sonrisa seguro de si mismo mientras entrecerraba los ojos levemente, comenzó a respirar profundamente sintiendo la humedad natural de la isla, las brisas así como la calidez del sol en sus rayos.
Volvió a dar una calada mientras escuchaba el sonido de algunos pájaros, eres interesante notar como cuando más ausente te volvías del mundo común más notabas lo vivo que está el mundo que te rodea.
Espero algún día ser tan libre como esos pájaros, romper las cadenas de este mundo corrupto y liberar el corazón de todos los que pueda con mis manos... Musitó de manera tenue como para sí mismo, ¿Era normal hablar solo? Bueno, para Cao sí, y que más da lo que pensase el resto , al final estaba solo, acostado, nadie lo estaba viendo... ¿O sí?
Heissiani
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El sendero no estaba marcado. No porque nadie lo hubiese recorrido antes, sino porque el bosque no tenía interés en recordarlo. Cada rama crujía con el peso de la humedad, cada hoja susurraba viejos secretos y, en medio de todo, una figura blanca parecía danzar sin alterar el ritmo del entorno.
Heissiani caminaba descalza entre raíces y piedras, como si la tierra la reconociera. El borde oscuro de su túnica rozaba el suelo, manchándose de verdín y barro sin que a ella pareciera importarle. Na’ali, su serpiente blanca, se deslizaba entre la vegetación a poca distancia, invisible para ojos comunes. Cada tanto, la joven Kuja pausaba su andar, entrecerraba los ojos y aspiraba el aire con suavidad, como si pudiera oír lo que no se decía. La brisa le devolvía fragancias: corteza, savia, humo… ¿hierbas?
La noche anterior, había soñado con un árbol que sostenía el cielo. Y aunque no recordaba con precisión sus hojas, sí había sentido su sombra. Fue esa intuición —una que no cuestionaba— la que la guió hacia esas montañas boscosas en el norte del Reino de Sorbet. Aquel reino era amable, en apariencia, pero debajo de las sonrisas de mercado y las fuentes de agua, había tensiones larvadas que Heissiani percibía con nitidez. La gente hablaba mucho, pero decía poco.
Ella buscaba silencio real.
Y entonces lo encontró.
El claro se abría como una exhalación entre los árboles: un espacio donde el sol se filtraba apenas, y el musgo cubría la tierra como un lecho preparado para un dios dormido. Y allí, recostado bajo el árbol —no cualquiera, sino aquel del sueño, lo supo de inmediato— estaba él.
No hizo ruido. Se detuvo entre los arbustos, Na’ali enroscada en su brazo. Su tic la traicionó: empezó a trenzar un mechón de su cabello con lentitud, una y otra vez, mientras lo observaba. Era innegablemente hermoso, pero no en un sentido superficial. Había una simetría en su postura entre la quietud y la tensión, como un hilo que podía romperse o afinarse para emitir una nota perfecta. Sus manos, pese al refinamiento de su atuendo, estaban marcadas. Guerrero, pensó. Pero en paz.
La pipa dorada, el humo danzante, el murmullo filosófico que rompía la soledad: Heissiani no solo lo vio, lo sintió.
Ella no hablaba si no era necesario. Pero las señales eran claras: su cuaderno de sueños —oculto dentro de la faja en su cintura— vibraba, y el mar, desde lejos, había cambiado su tono. Este encuentro no era casualidad.
Dio un paso al frente, dejando que la rama crujiera bajo su pie. Lo suficiente para que supiera que no estaba solo.
— Perdona la interrupción — dijo con voz baja, armoniosa — Este árbol… me llamó.
Sus palabras eran pocas, pero no banales. No pedía permiso ni ofrecía explicaciones vacías. Simplemente compartía un hecho: había sido guiada allí.
Na’ali rozó su cuello en un gesto de alerta, pero ella no retrocedió. Lo miró a los ojos con una serena claridad, sin rastro de amenaza, solo una especie de verdad que no exigía nada.
— No tienes por qué creerlo. Pero a veces, alguien que no esperabas aparece justo cuando no sabías que lo necesitabas.
El loto había flotado hasta la sombra.
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Mientras el humo hacia siluetas sinuosas en el aire una voz melodiosa lo sacó de su trance, al fijar claramente la vista en ella sus ojos de esclerótica negra e iris dorado comenzaron a abrirse de par en par ¿Lo que estaba viendo era real o producto de haber consumido demasiada hierba?, jamás había visto una mujer con una belleza tan profunda era algo de otro mundo, su silueta sugerente era perfilada por unas telas blancas, sus pies descalzos rozaban el césped de tal manera que parecía que las briznas del mismo se arrodillaban ante ella, su rostro parecía sacado de alguna obra de arte, aquella belleza no sé explicaba con meras palabras, trascendía lo terrenal al punto de que por primera vez en toda su vida , su corazón se aceleró y comenzó a mostrar un ligero rubor en sus mejillas...
Quería responderle pero si voz de había atenazado por un instante, un hombre como él que se jactaba ampliamente de ser un gran orador y pensador se había quedado absolutamente mudo ante tal belleza, por suerte así como el resto de sentimientos poseía una mente capaz de tranquilizar las aguas más turbias de su psique.
Respiró un segundo, con tranquilidad, con calma y entonces la seguridad volvió así mismo incorporándose ligeramente mientras observaba como la delicada belleza de la mujer iba acompañada del peligro de una serpiente de colores hermosos.
Disculpa por ser tan primitivo, pero tú belleza me había dejado sin palabras ...ella hacía alusión a qué aquel árbol le había llamado, vivíamos en un mundo tan complejo, extraño y peligroso que no le parecía disparatado que algo así sucediera , su siguiente frase le produjo mucho interés.
Tampoco tengo por qué no creerlo, negar la posibilidad de que eso pase en un mundo tan basto sería como proclamar a los cuatro vientos mi estupidez dijo mientras sonreía tiernamente a la joven, haciendo un gesto con su mano libre por si quería sentarse a su lado, esperaba poder aguantar la presión pues sí bien estaba calmado aún notaba su pulso vibrar.
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Heissiani dejó que la sonrisa del hombre se instalara en el claro como un gesto más del paisaje. No la devolvió con vanidad ni con coqueteo; la recogió como quien acepta un ofrecimiento de paz. Sus manos, ligeras, siguieron con la tarea que su tic le pedía sobre el mechón como si con ese ritual expulsara la tensión del aire. Na’ali se deslizó hasta su lado y se enroscó en su muñeca, como aprobando en silencio.
Se acercó al árbol con pasos medidos, como si cada huella pudiera ser una pregunta que no quería interrumpir. Observó la pipa, las cicatrices en las manos, el palo dorado en su moño: señales de vida que hablaban más alto que las palabras. Ella vio nobleza y costumbre, obtuvo también la nota de una disciplina que convivía con la suavidad; no juzgó, solo registró.
— No es necesario que te disculpes — dijo, su voz apenas una onda — El mundo guarda razones que a menudo nosotros no alcanzamos a entender.
Se inclinó un poco, gesto que para ella era tanto reverencia por el árbol como por quien lo habitaba en ese momento. Del interior de su faja rozó el borde de su cuaderno de sueños, sintiendo el cuero contra la palma. No lo abrió; bastaba con saber que allí estaban escritos los nombres de cosas que aún no comprendía del todo.
— Veo que gustas de pensar en libertad — añadió, con una curiosidad sin prisa — Es raro encontrar a alguien que hable consigo mismo sin miedo a las respuestas.
No quiso tomar la invitación con ligereza: sentarse a su lado implicaba un contacto —no físico necesariamente, sino una presencia compartida— que ella meditaba antes de aceptar. Finalmente, se dejó caer sobre la hierba, cruzando las piernas con la simpleza de quien no necesita adornos para estar cómoda. La tela de su túnica susurró contra el musgo; el colgante con la flor de loto descansó sobre su pecho, reflejando un punto de luz.
— Si te parece bien — continuó — no buscaré cuestionar tus motivos. Estoy aquí porque algo me guió. Si este lugar te trae paz, puedo permanecer en silencio. Pero si tu corazón quiere hablar, escucharé.
Sus palabras no buscaban halago ni manipulación; eran una oferta genuina: presencia desarmada y escucha atenta. Na’ali, advertida de una mínima perturbación en la brisa, rozó nuevamente su cuello y emitió un susurro apenas audible. Heissiani sonrió con ternura y, como quien comparte una promesa sin pronunciarla, murmuró:
— A veces las coincidencias son señales. Hoy, la mía te trajo hasta aquí.
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No sabía que era más hipnótico si ver como la serpiente la rodeaba con sumo cuidado siseando quizás algo que solo ambas podían entender, o por otro lado la forma que tenía de jugar con su pelo, por un momento dudó en sentarse, era lo normal ante la incógnita de quien era Cao, cuando finalmente se sentó la piel se le erizó al ex-noble era absurdamente hermosa sin importar que hiciera, pero es que además de poseer un atractivo que podría considerarse casi divino tenía una manera de hablar tímida pero muy elocuente.
No puedo negar que últimamente siento que el destino comienza a enlazarme con cierto número de personas todas con una forma peculiar de ver la vida , algo que despierta en mi un profundo interés.
Cao quizás no tenía un atractivo tan feroz como el de ella pero sabía usar las palabras darles las entonaciones perfectas para que despertasen el interés de aquellos que escuchaban , su padre alguna vez le dijo que tenía un pico de oro, dió otra calada y como si estuviese seguro de que el destino había hecho con su idioma invisible que ambos se encontrasen decidió cederle la pipa por si ella quería fumar. Son hierbas relajantes y me ayudan a relajarme y divagar , no temo a encontrarme con mi mente por eso hablo solo a menudo, creo que el autoconocimiento es él único camino que libera el corazón de los seres vivos, así como un ciervo aprende a caminar al poco de nacer, nosotros aprendemos a pensar y meditar, un hábito que se pierde conforme crecemos ¿No te parece irónico?.
Quizás se estaba excediendo con la conversación, después de soltar aquella frase larga con el humo contenido en su pecho, exhaló dejándolo libre mientras inevitablemente con su vista mejorada analizaba cada centímetro de la mujer, notando así la posesión de dicho cuaderno. Ten cuidado con la pipa por favor... Es un regalo de los aldeanos de mi tierra natal, no quisiera perderla pero confío en tí, por alguna razón comienzo a creer que no caí en esta isla por azar, siento como si hubieran fuerzas superiores a nosotros que han decidido enlazar nuestros destinos para algo mayor... Quizás estaba divagando demasiado, pero no le hacía ascos a la idea de que el destino le tuviera preparado una gran reunión con diferentes "monjes vagabundos" que había ido encontrando a lo larga de esa tierra.
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No tomó la pipa de inmediato. La observó en la mano del hombre como se examina un objeto que guarda más que su función: la memoria de quien lo ha sostenido, la intención de quien lo entrega. El humo aún flotaba en el aire, con formas que parecían querer retenerse antes de disiparse.
— Las ironías suelen ser espejos — dijo suavemente, como si respondiera a una idea que él hubiera dejado caer más que a una pregunta directa — Cuando niños, somos libres para escuchar lo que pensamos. De adultos, necesitamos aprender de nuevo a callar lo que sobra para escuchar lo que importa.
Sus dedos tocaron apenas la pipa, no para reclamarla, sino para establecer un puente invisible entre su calor y el propio. Luego la tomó con lentitud, como quien recibe una ofrenda que exige respeto, la acercó a sus labios y aspiró con mesura. No buscaba el efecto inmediato de las hierbas, sino probar el ritmo de su humo, como si pudiera leer en él lo que aquel no había dicho todavía. Exhaló despacio, y el aire entre ambos se tiñó de volutas pálidas que parecieron flotar con la lentitud de un pensamiento maduro.
Na’ali, curiosa, alzó la cabeza para seguir con la mirada la espiral que ascendía. Heissiani la acarició distraídamente, acomodándose un poco sobre la hierba sin perder esa distancia prudente que no era rechazo, sino un pacto silencioso de respeto mutuo.
— Si hay fuerzas que nos enlazan — continuó, sin dramatismo — no necesitan de nuestra comprensión para obrar. Pero a veces nos dejan señales para que sepamos que no caminamos a ciegas.
Se permitió mirarlo un momento más, no como se mira a un desconocido, sino como se reconoce a alguien que ya ha estado en otra historia. La pipa, aún en su mano, descansó sobre la hierba entre ambos, como un objeto compartido que no pertenecía ya a uno solo.
— Tal vez no sea casualidad que hablemos aquí, bajo este árbol, y no en ninguna otra parte.
Una sonrisa leve, el silencio que dejó después no fue vacío: era un espacio abierto para que él decidiera si quería llenarlo con palabras… o con la quietud que ambos parecían comprender.
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No pudo retirar la mirada cuando los labios de ella rozaron con lentitud y cierta ternura su pipa de oro, se sonrojó levemente, la joven compartía una forma de ver la vida similar a él o al menos así lo parecía cuando empezó a hablarle sobre la infancia y los niños, luego observo como expulsaba el humo con delicadeza como si aquello fuera algo habitual que hacía o quizás era un don normal en ella, cuando Cao fumó por primare vez recordaba la tos y como la garganta le raspaba así que probablemente ella ya lo había hecho antes.
Lo cierto es que era algo escéptico sobre el destino hasta que he llegado a esta isla, poco a poco he visto como si un plan superior estuviera actuando y manejando los hilos de mi vida, no puedo quejarme solo sentirme guiado por ello, gracias a este plan estoy reuniéndome con gente tan interesante como tú, por cierto mi nombre es Cao Guojiu.
Al fin tenía la mente más centrada y embrujo de su belleza ya no le nublaba tanto la mente, recogió con sutileza su pipa de Oro observando como la serpiente se movilizaba como si fueran un solo ser , Cao le dió otra larga calada y cerró brevemente los ojos mientras se dejaba llevar por la posibilidad de que su vida fuera solo un largo destino escrito, tenía que dejarse fluir .
Sí el destino nos tiene que unir, que así sea no puedo preocuparme por lo que viene pero si dar forma a mis acciones para cómo enfrentarlo , además amo la sensación de encontrarme personas interesantes como tú.
Volvió a abrir los ojos y expulsó el humo con tranquilidad, entonces miró a la chica directamente¿Ella también sentía entonces como fluía el destino? Era difícil de explicar, se sentiría ella como si alguien estuviera escribiendo la historia de su vida... quién sabe, lo importante era dejarse llevar.
Entonces sacó una carta de su kimono,y se la dejó en el césped a ella, era una invitación a una fiesta del té, algo que estaba planeando de hace tiempo y que había escrito unas cuantas invitaciones las cuales aún tenía que entregar, y por alguna razón sintió que ella debía ser invitada.
Heissiani
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14-08-2025, 02:59 PM
(Última modificación: 14-08-2025, 03:16 PM por Heissiani.)
No tomó la carta de inmediato, como tampoco había hecho con la pipa. La observó sobre la hierba, permitiendo que el viento jugueteara con uno de sus bordes. Las invitaciones, pensó, son como semillas: algunas germinan, otras esperan, y algunas viajan más lejos de lo que quien las ofrece imagina.
Na’ali, siempre atenta a lo que no podía explicarse solo con palabras, se deslizó desde su brazo hasta la carta, rozándola con la lengua bífida. La inspeccionó con calma, siguiendo el borde del papel, como si pudiera detectar en él huellas invisibles: la calidez de las manos que lo habían escrito, el perfume de un lugar que aún no conocían, el leve pulso de una intención sincera. La joven Kuja observó el gesto sin apartar la vista de Cao, como si la reacción de su compañera formara parte de la respuesta. Solo cuando la serpiente relajó su postura y regresó a enroscarse en el antebrazo de su dueña, Heissiani extendió la mano.
— Heissiani —dijo por fin, presentándose con la naturalidad de quien entrega un nombre como una llave, no como una etiqueta — Kuja de nacimiento, viajera por elección… y, al parecer, invitada por destino.
No se apresuró a abrir la carta. La colocó sobre su regazo, apoyando una mano sobre ella como si fuera una piedra caliente recogida de la orilla — No acostumbro a aceptar invitaciones que no entiendo… pero esta no necesita explicación.
Con el cuidado que se reserva a un objeto frágil, Heissiani deslizó la uña bajo el sello y abrió la carta, dejando que el aroma tenue del papel envejecido y la tinta fresca la envolviera. Sus ojos recorrieron las líneas con la calma de quien degusta cada palabra, y una ligera curva suavizó sus labios al descubrir la invitación: una fiesta de té. Las frases estaban trazadas con delicadeza, prometiendo no solo el sabor de las infusiones, sino también la compañía de almas afines, en un encuentro que parecía hecho para su espíritu errante.
Hubo un silencio breve, un espacio de observación mutua, antes de que añadiera — Iré. No porque crea que debamos forzar un lazo… sino porque si el mar pone una botella en mis manos, sería una necedad no abrirla.
Sus palabras fueron acompañadas de una mirada directa, sin velos, donde la serenidad y la firmeza se encontraron. Luego, sin dramatismo, volvió a recostarse contra la base del árbol, dejando que su hombro rozara apenas la corteza.
Cerró y guardó la carta con cuidado dentro de su faja, junto al cuaderno de sueños, como si ambas cosas formaran parte del mismo hilo invisible que la había conducido hasta ese claro. Na’ali acomodó su cabeza junto al loto de su colgante, en una quietud que parecía un sello de aprobación.
—El destino… — murmuró, con un dejo de reflexión — a veces es un mapa sin letras. Y hoy, parece que caminamos en la misma dirección.
Su mirada se alzó nuevamente hacia las ramas del árbol, como si buscara en ellas la siguiente señal.
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Cao observó con tranquilidad como la joven tomaba aquella carta con delicadeza sosteniéndola durante unos instantes con cierta delicadeza, eso le hacía pensar que ella valoraba las cosas, valoraba ese tipo de gestos , esperaba que guardase la carta con cariño y no sé olvidase que aquella carta era una promesa no escrita de volver a verse, una promesa escrita de qué el destino aún los juntaría y sobretodo una declaración de intenciones, pues Cao pensaba que tanto ella como el resto podrían ser buenos aliados.
Tú serpiente y tú sois prácticamente un único ser, espero que ella también esté en la fiesta del té diría con sinceridad pues no pensaba por asomo separar tal amistad para entender a Hei tenía que aceptar que ella eran dos, Cao volvió a acostarse en la hierba, estirándose y relajándose ahora que había entregado la carta pues ya poco importaba las siguientes palabras si ambos estaban destinados a unirse ella iría a la fiesta y conocería al resto , quizás el destino era tan caprichoso que los había juntado al reste antes tambien, desde luego la isla de Sobert guardaba un sin fin de posibilidades para aquellos que mantenían el tiempo suficiente en ella.
Tu forma de expresarte es ciertamente un asombrosa, emanas una sabiduría que habla más por los silencios en los que meditas que vas a decir que por lo propio que dirás que no es poca cosa además.Cao admiraba profundamente aquellos que guardaban tiempo para si y sus pensamientos, entonces no pudo volver evitar a fijarse en su belleza natural durante unos segundos mientras el sol se filtraba entre las hojas del árbol y realzaba el brillo de su piel con cuidado, como si pudiera permiso No sé qué es una Kuja, pero desde luego deberías explicármelo, contarme tú historia... Pero quizás en otro momento, ahora mismo me gustaría descansar. Diría no como una invitación a que se marchase si no como una certeza de lo que pretendía hacer , él había ido al árbol a relajarse y meditar, había cumplido lo segundo más no lo primero y por cualquiera de los dioses que gobernasen el cielo que lo iba a hacer, cerró los ojos lentamente mientras sonreía, hoy había sido un gran día.
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