La luna llena se alza majestuosa sobre las colinas del sur del Reino de Sorbet, su luz plateada filtrándose a través de la densa vegetación tropical que abraza la Iglesia Austro como un manto viviente de sombras danzantes y destellos misteriosos. La brisa nocturna arrastra consigo el aroma dulce de las flores que solo abren sus pétalos bajo la oscuridad, mezclándose con el perfume embriagador de las frutas maduras que cuelgan pesadas en las ramas y el incienso que se escapa en volutas fantasmales desde el interior del templo. El coro nocturno de grillos y ranas tropicales crea una sinfonía constante que abraza el aire húmedo, mientras que ocasionales graznidos de aves nocturnas añaden notas dramáticas a la composición natural que envuelve el sagrado recinto. Las nueve de la noche han transformado la Iglesia Austro en un espectáculo de luces y sombras que parece sacado de un cuento de hadas gótico, su estructura de madera noble de veintitrés metros de ancho por treinta y cinco de profundidad proyectando una silueta imponente contra el cielo estrellado del South Blue. Los tablones envejecidos, tallados a mano por generaciones de carpinteros locales, brillan con un lustre plateado bajo la luz lunar, cada veta y nudillo de la madera contando historias silenciosas que cobran vida bajo la oscuridad protectora de la noche. La torre campanario, alzándose dieciocho metros hacia las estrellas, se recorta contra el firmamento como una lanza de madera que desafía a los cielos, mientras que la campana de bronce verdoso permanece silenciosa, guardando su voz melodiosa para el momento perfecto. Antorchas se alzan como centinelas luminosos alrededor del patio de cuarenta y dos metros de diámetro, sus llamas naranjas bailando hipnóticamente al ritmo de la brisa nocturna y creando círculos de luz cálida que se extienden como charcos dorados sobre el suelo de tierra compactada. Las palmeras de coco, convertidas en gigantes sombríos bajo la luna, proyectan sombras intrincadas que se mueven como dedos esqueléticos sobre el área de competencia, mientras que los árboles frutales del perímetro posterior susurran secretos nocturnos con cada movimiento de sus ramas cargadas de tesoros comestibles.
La transformación del espacio sagrado en arena culinaria nocturna ha creado una atmósfera mágica donde al menos cincuenta lugareños se mueven como sombras danzantes entre las estaciones de cocina, sus rostros iluminados intermitentemente por el resplandor de los braseros que arden con intensidad renovada bajo el manto estrellado. Diez puestos de cocina se distribuyen estratégicamente alrededor del patio listos para recibir a los diez cocineros que participaran en la contienda, cada uno iluminado por una combinación de antorchas laterales y el fuego central de sus braseros de hierro forjado, creando islas de actividad luminosa que parecen flotar en un mar de oscuridad tropical. Las lonas que los techaban durante el día han sido retiradas para permitir que la luz lunar bendiga directamente los alimentos que se preparan, mientras que faroles de papel cuelgan de postes improvisados, añadiendo toques de color suave a la paleta nocturna dominada por dorados, naranjas y plateados. Los braseros arden con llamas azuladas y naranjas que lamen el aire nocturno como lenguas hambrientas, su calor creando ondas invisibles que distorsionan ligeramente la vista y añaden un elemento hipnótico a cada movimiento de los cocineros. El humo aromático se eleva en espirales perfectas que se disuelven en la oscuridad estrellada, llevando consigo promesas de sabores exóticos y especias misteriosas que hacen que los estómagos rujan en anticipación y que las bocas se llenen de saliva involuntaria. Ollas de barro de todos los tamaños imaginables brillan como joyas de terracota bajo la luz vacilante de las llamas, algunas tan pequeñas que parecen recipientes para pociones mágicas, otras tan grandes que sus sombras proyectadas sobre las paredes de la iglesia parecen gigantes dormidos. Los utensilios de cocina destellan como armas encantadas cada vez que la luz de las antorchas los alcanza, desde cuchillos de acero forjado que brillan con filo letal hasta cucharones de madera cuyas superficies pulidas reflejan las llamas como espejos curvos. Cestas tejidas rebosan de ingredientes que parecen haber sido tocados por la magia de la noche: tubérculos que brillan con humedad nocturna, frutas cuyos colores se intensifican bajo la luz de las antorchas hasta parecer gemas comestibles, hierbas aromáticas que liberan sus esencias más potentes bajo la frescura nocturna y especias molidas que desprenden aromas tan intensos que parecen materializarse como pequeñas nubes visibles en el aire.
Contenido Oculto
Los 50 espectadores y los 10 cocineros que participaran forman dos hordas, una rango 5 y otra rango 1 como se plantea en la guía de sistemas de hordas. En caso de que Sam sea hostil a ellos es muy probable que ellos ataquen pues ya están borrachos como para tomarse a bien cualquier hostilidad.
Desde el interior de la iglesia, donde velas crean un ambiente de catedral gótica que contrasta dramáticamente con la festividad exterior, emerge una figura que parece haber sido diseñada específicamente para ser el maestro de ceremonias de este aquelarre culinario nocturno. Sprite, el aprendiz del pastor, camina con pasos que han ganado confianza adicional gracias a las sombras protectoras de la noche, su túnica marrón ondeando como el hábito de un monje medieval mientras que su cabello revuelto y sus mejillas permanentemente sonrosadas lo delatan como el responsable de las actividades clandestinas que han precedido a este evento. En sus manos sostiene una bandeja de madera tallada que bajo la luz de las antorchas revela intrincados diseños florales que parecen cobrar vida con cada movimiento de las llamas, sobre la cual reposan al menos veinticinco vasos de vidrio soplado a mano que contienen un líquido cristalino que destella como mercurio líquido bajo los destellos dorados de la iluminación nocturna.
“¡Bendita sea esta noche sagrada, devotos cocineros y hambrientos espíritus!” – grita Sprite con una voz que resuena por todo el patio y se mezcla con el coro de insectos nocturnos, su tono alegre adquiriendo matices místicos bajo la luz de la luna llena – “He preparado agua bendita especialmente consagrada bajo la luz purificadora de nuestro satélite celestial, para que vuestras almas se eleven hacia las estrellas antes de que os embarquéis en esta noble competencia culinaria nocturna.” – se aproxima al primer puesto con pasos que intentan mantener la solemnidad clerical pero que no pueden ocultar completamente el bamboleo característico de quien está esperando con ansias las festividades nocturnas desde horas antes al evento, extendiendo la bandeja hacia un hombre corpulento cuyas manos callosas brillan con sudor nervioso bajo la luz vacilante de las antorchas.
Contenido Oculto
Los vasos que lleva Sprite y que estará repartiendo toda la noche contienen un alcohol que es muy dulce al gusto, pero extremadamente poderoso para emborrachar a cualquiera en la mitad del tiempo requerido. En caso de que Sam llegue a probar la bebida durante 2 turnos, entrara en el estado Ebrio, sufriendo una pérdida de 20 puntos en todos sus atributos, como indica la guía bélica avanzada.
“Una sola gota de esta bendición lunar y sentiréis como los espíritus de todos los grandes chefs que han cocinado bajo las estrellas descienden sobre vuestras recetas, transformando ingredientes terrestres en manjares dignos de los dioses nocturnos que gobiernan los cielos” – continúa Sprite mientras el hombre acepta el vaso con reverencia genuina, llevándoselo a los labios mientras las sombras danzantes ocultan la sonrisa traviesa que se extiende por el rostro del aprendiz. El líquido desaparece en un trago, y Sprite continúa su recorrido sagrado como un druida moderno distribuyendo los vasos entre los comensales, deteniéndose en cada puesto para repetir su ritual de bendición nocturna con variaciones creativas que incluyen referencias a constelaciones culinarias inexistentes y milagros gastronómicos que habrían hecho que la mismísima luna se sonrojara – “Recordad, queridos hermanos y hermanas en la fe gastronómica nocturna que cocinar bajo las estrellas no es simplemente mezclar ingredientes terrenales, sino comunión directa con las fuerzas cósmicas que gobiernan el universo culinario, y qué mejor manera de alcanzar la iluminación celestial que con un pequeño... eh... impulso espiritual que os conecte directamente con la sabiduría ancestral de los cocineros estelares.”
El murmullo de conversaciones nocturnas se intensifica gradualmente conforme más lugareños emergen de la oscuridad circundante, sus voces mezclándose en una sinfonía de dialectos locales salpicados de risas que suenan más libres y espontáneas bajo el manto protector de la noche. Madres que han dejado a sus hijos bajo el cuidado de abuelas comprensivas llegan cargadas con canastas cubiertas por telas blancas que brillan espectralmente bajo la luz lunar, saludando a pescadores nocturnos cuyas manos aún huelen a sal marina y a trabajadores de plantaciones que han cambiado sus ropas de trabajo por vestimentas más limpias que reflejan la seriedad con la que toman esta competencia culinaria nocturna. Adolescentes que normalmente estarían durmiendo a esta hora corren entre los adultos como pequeños duendes nocturnos, sus susurros emocionados añadiendo una nota de misterio juvenil a la atmósfera festiva, mientras que los ancianos del pueblo se han situado estratégicamente cerca de las antorchas más grandes, sus rostros arrugados por décadas de sabiduría iluminándose intermitentemente como máscaras ancestrales cada vez que las llamas se avivan con la brisa nocturna. Los efectos de la alegría colectiva manifestarse gradualmente en forma de sonrisas más amplias que brillan como medias lunas humanas bajo la luz de las antorchas, movimientos ligeramente menos coordinados que añaden un elemento de comedia física involuntaria a los preparativos culinarios, y conversaciones que fluyen con una libertad que solo la noche y ciertos líquidos misteriosos pueden proporcionar. Algunas risas espontáneas estallan como fuegos artificiales de alegría pura, mientras que otros participantes comienzan a canturrear melodías tradicionales que se mezclan armoniosamente con la sinfonía natural de la noche tropical. La luz de la luna llena, que había comenzado su reinado nocturno con timidez plateada, ahora se derrama generosamente sobre la escena como pintura luminosa, bañando la madera envejecida de la iglesia con un resplandor que la hace parecer construida con plata pura y transformando cada superficie en un espejo suave que refleja la luz celestial. Las sombras se alargan dramáticamente, creando un teatro de siluetas que danzan y se entrelazan con cada movimiento de los participantes, mientras que los contrastes entre las zonas iluminadas por las antorchas, donde los colores parecen más vibrantes e intensos que durante el día, y los rincones bañados únicamente por luz lunar, donde todo adquiere tonalidades azuladas y místicas, crean una atmósfera que parece sacada de una pintura romántica.
Es en este momento de perfecta armonía entre lo sagrado y lo festivo, cuando el evento ha encontrado su ritmo natural nocturno y los efectos de las bendiciones líquidas de Sprite han creado una atmósfera de camaradería universal que solo las noches especiales pueden generar, que todas las miradas convergen hacia el sendero principal que serpentea desde el pueblo hacia la iglesia. Una figura se aproxima caminando entre las sombras alargadas de los árboles tropicales, su silueta recortándose contra el fondo estrellado como una aparición salida de las leyendas que las abuelas susurran a los niños durante las noches sin luna. Sam Bernard avanza por el sendero de tierra que bajo la luz lunar parece un río de plata líquida, con pasos despreocupados que crean un ritmo hipnótico que contrasta dramáticamente con la energía desbordante pero relajada del patio iluminado. Su kimono verde esmeralda ha adquirido tonalidades más profundas y misteriosas bajo la noche, la tela de calidad superior absorbiendo y reflejando la luz de manera que parece cambiar de color con cada paso, creando un efecto caleidoscópico que hipnotiza a quienes observan su aproximación. Las mangas acampanadas capturan la brisa nocturna y la transforman en pequeñas danzas de tela que parecen tener vida propia, mientras que los detalles dorados y rojizos en los extremos brillan como constelaciones en miniatura cada vez que los rayos lunares los alcanzan directamente. Su melena anaranjada se ha transformado bajo la noche en una cascada de fuego líquido que parece brillar con luz propia, cada mechón moviéndose con un ritmo hipnótico que no sigue completamente los patrones del viento nocturno, como si respondiera a fuerzas místicas que solo él puede percibir. La masa de cabello crea un velo misterioso que oculta parcialmente su rostro mink, añadiendo un aura de enigma que resulta casi magnética para los presentes, quienes se encuentran incapaces de apartar la mirada de esta figura que parece caminar entre dos mundos. La katana que cuelga a su costado ha adquirido bajo la luz de las antorchas un brillo siniestro que hace que las marcas en su hoja desgastada parezcan más pronunciadas y amenazadoras, como si la oscuridad hubiera despertado la memoria de todas las batallas que ha presenciado. El arma se balancea sutilmente con cada paso, su presencia añadiendo una nota de peligro contenido que contrasta perfectamente con la atmósfera festiva pero que no la contradice, sino que la complementa con la promesa silenciosa de que este mink puede ser tanto protector como destructor según las circunstancias lo requieran. El collar de pelaje espeso que rodea su cuello y cubre parte de su pecho superior brilla como plata pura bajo la luz lunar, cada hebra individual captando y reflejando la iluminación celestial de manera que todo el accesorio natural parece vibrar con energía contenida. Sus orejas caídas, características de su naturaleza de Saint Bernard, se mueven sutilmente captando no solo los sonidos audibles de la celebración, sino también las frecuencias más bajas que revelan el estado emocional de los presentes, mientras que su hocico, parcialmente visible bajo la cascada de cabello anaranjado que se mece como llamas líquidas, muestra una expresión serena que no revela nada de sus pensamientos internos pero que sugiere una comprensión profunda de todo lo que está ocurriendo a su alrededor.
El murmullo de reconocimiento que se extiende por el patio como ondas en un lago nocturno confirma que su reputación ha viajado más rápido que él mismo hasta este rincón aparentemente olvidado del Reino de Sorbet. Voces susurran su nombre con una mezcla de respeto reverencial y curiosidad apenas contenida, mientras que algunos de los presentes intercambian miradas significativas que brillan como secretos compartidos bajo la luz vacilante de las antorchas, hablando sin palabras de historias que han comenzado a forjar la leyenda de este mink misterioso cuyas hazañas recientes han empezado a tejer una reputación que precede su presencia física como una ola invisible pero poderosa. Sprite, que había estado concentrado en su labor de animar a los asistentes y organizar el evento, se detiene abruptamente al percibir el cambio sutil pero inconfundible en la atmósfera del patio. Su bandeja llena de bebidas tiembla ligeramente en sus manos como una hoja al viento mientras sus ojos se fijan en la figura que emerge de las sombras danzantes del sendero, y una sonrisa aún más amplia que todas las anteriores se extiende por su rostro sonrojado como la aurora boreal de la alegría pura – “¡Por todos los santos nocturnos y sus recetas secretas bañadas en luz de luna!” – exclama con voz que mezcla admiración genuina con el entusiasmo ligeramente alterado de su estado actual – “¡El mismísimo Sam Bernard ha venido a bendecirnos con su presencia bajo las estrellas! Esto sí que es un milagro culinario nocturno en proceso, una señal de que los dioses de la gastronomía han decidido favorecer nuestro humilde concurso con la presencia de una leyenda viviente.”
Sprite se acerca a Sam y le extiende un vaso de la bandeja que lleva consigo invitandole de esta forma a tomar parte de las celebraciones de la iglesia esta noche tranquila.
Datos de la Aventura
Ubicación: Iglesia Austro, Reino de Sorbet. Tiempo: Templado, es una noche de verano, despejado, son las 09:00pm. Datos importantes:
-Se plantea el escenario de la aventura, el patio de la iglesia con 50 espectadores y 10 cocineros que se han apuntado al evento de cocina.
-Sam, siéntete libre de interactuar como mejor veas conveniente, puedes participar en el concurso (veo que tienes de oficio cocinero), o puedes ofrecerte de juez como se plantea inicialmente, puedes pasar de largo de esta gente, aunque quizás hieras su orgullo jaja, o puedes ir con calma e interactuar con ellos a ver si tienen algo que decir, pues en realidad no te han invitado a nada, solo te han reconocido de momento. En fin, que eres libre básicamente.
-El tema de que te reconozcan no es random, la razón es la siguiente: como puedes ven en la guía de facciones, jerarquías y reputación al tener 370 puntos de reputación se te considera un Novato, por lo que ya se empieza a hablar de ti en Sorbet donde haz hecho una aventura anteriormente.
Cita:Novato (301~600): Se habla de ti, algunos te tienen en cuenta si andas cerca.
Sprite
OFF
Bienvenido a esta aventura T2, Sam, espero la disfrutes, a ver que sacamos entre los dos jajaja.
Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos.
05-09-2025, 09:09 PM (Última modificación: 05-09-2025, 09:10 PM por Sam Bernard.)
Mis pasos resonaban con calma sobre la tierra húmeda, acompañados por el rumor constante de insectos y el crujir sutil de la madera vieja que enmarcaba el recinto, sentía las miradas sobre mí, pesadas como piedras lanzadas en silencio, aunque ninguna me incomodaba. Estaba acostumbrado a eso, a ser observado, a ser juzgado, a que me colocaran en un pedestal que nunca pedí o que incluso me lanzaran piedras que jamás acepté. Caminaba igual que siempre, con la tranquilidad de quien no tiene prisa, de quien sabe que la noche no corre, sino que permanece paciente sobre todos los presentes. Sprite apareció frente a mí, su voz vibrante rompiendo el murmullo colectivo como un campanazo nocturno. Había algo en él que me causaba cierta simpatía y aquello era que su entusiasmo no era impostado, era genuino, como un niño que aún no conocía el peso de las derrotas, ni la crudeza de lo inevitable. Sostenía aquel vaso con ambas manos como si fuera un tesoro, ofreciéndomelo como quien comparte el secreto más sagrado de la noche. Entonces me detuve frente a él, y por un instante el bullicio se deshizo en un silencio expectante, mis orejas se movieron apenas, captando el palpitar nervioso de varios corazones, el roce de cuchillos al dejarse sobre las tablas de cortar, el chasquido de las llamas que aún seguían vivas en los braseros, todo se sentía demasiado solemne para lo que en verdad era, un festival, un concurso de cocina en una iglesia disfrazada de arena. Incliné la cabeza hacia Sprite, aceptando el vaso con una mano firme, mis dedos envolviendo el cristal soplado que reflejaba destellos lunares como si guardara estrellas líquidas en su interior. —No soy más que un viajero, Joven Sprite —dije con voz grave, tranquila, sin alzar demasiado el tono, aunque lo suficiente para que las primeras filas alcanzaran a escuchar. —Si mi presencia significa algo para ustedes, es solo porque han decidido darle un valor que yo nunca pedí. — El aprendiz sonrió aún más, quizá sin comprender, quizá simplemente negándose a dejar que ninguna sombra opacara la luz que emanaba de su entusiasmo. Llevé el vaso hacia mis labios, probando aquel líquido que brillaba como mercurio bajo las llamas, frío, puro, agua, la saboreé con calma, como si bebiera un vino de gran linaje, no importaba lo que fuese en verdad, importaba el ritual, la intención. —El agua no necesita adornos —continué, bajando el vaso lentamente — Ella misma es bendición, sin ella no hay vida, ni cosecha, ni cocina. —Hice una breve pausa, observando a los rostros atentos que se reflejaban en el fuego. —Pero a veces es necesario recordarlo y tú lo has hecho bien, Sprite. — Hubo un murmullo, un ligero asentimiento colectivo que se esparció como brisa entre los presentes, no era un aplauso, pero tampoco un silencio incómodo, era reconocimiento, uno que no estaba dirigido solo a mí, sino también al aprendiz que temblaba entre emoción y nervios. Respiré hondo, el aire estaba cargado de especias, de humo, de fruta madura. Era como caminar entre memorias de infancia y promesas de futuro al mismo tiempo. —He venido porque la comida también es revolución, Joven Sprite —dije finalmente, dejando el vaso sobre la bandeja que Sprite sostenía. —No lo olviden chicos, cada plato que comparten une, cada sabor que transmiten lleva consigo un mensaje más fuerte que mil discursos. Una familia se construye en la mesa, y un pueblo se mantiene vivo cuando cocina en conjunto. — Mis palabras no buscaban ser poesía ni sermón, simplemente eran verdad desnuda, como el filo de una katana bien cuidada. —No soy juez, ni héroe, ni maestro en esta noche —añadí, girando apenas el rostro hacia los puestos de cocina donde los cocineros se alistaban —Solo soy un comensal más, alguien que agradece la hospitalidad y el esfuerzo. Cocinen como si fuera la última vez que tendrán la oportunidad. Hagan de esta noche un recuerdo imposible de borrar. —Dejé que un silencio se instalara después, sin necesidad de rematar con algo grandilocuente, sabía que la pausa misma sería interpretada como parte del mensaje, luego asentí levemente hacia Sprite y avancé despacio hacia el patio, buscando un lugar apartado desde donde observar. Los murmullos crecieron otra vez, esta vez más cálidos, como brasas avivadas por un soplo invisible. No necesitaba escuchar las palabras exactas; bastaba con la vibración en el aire para comprender que la atmósfera había cambiado, me limité a sentarme en un banco de madera cercano, cruzando los brazos sobre el regazo mientras la luna seguía bañando la iglesia en plata líquida, sería testigo de la competencia, no protagonista y eso, en esa noche, era suficiente.
Un instante de silencio siguió a las palabras de Sam Bernard el cual se esparció por el patio como ondas en agua quieta, los cincuenta espectadores procesando la sabiduría simple pero profunda que acaba de compartir mientras las llamas de las antorchas parecen inclinarse reverentemente hacia el mink que ahora busca su lugar entre las sombras protectoras del perímetro. Sprite permanece inmóvil durante unos segundos eternos, su bandeja temblando ligeramente no por nervios sino por una emoción que amenaza con desbordarse como agua hirviendo, sus ojos brillando con una mezcla de admiración y comprensión que trasciende su estado ligeramente alterado por sus propias creaciones líquidas.
“¡Que las llamas eternas de la cocina sagrada bendigan tus palabras, noble viajero!” – exclama finalmente Sprite antes de girar hacia los diez puestos de cocina donde los participantes han permanecido suspendidos en un momento de respeto colectivo – “¡Habéis escuchado al maestro! ¡Adelante pues, mostradnos qué magia podéis crear con vuestras manos y vuestra alma! ¡Que cada llama que avivéis y cada gota de sudor que derraméis sea una ofrenda a los dioses de la gastronomía!”
Los diez cocineros, que habían estado observando la interacción con una mezcla de fascinación y nerviosismo, explotan en un murmullo de energía que se extiende por el patio como un incendio controlado de entusiasmo culinario. El primer puesto estalla en movimiento cuando una mujer de unos cuarenta años agarra su cuchillo de acero forjado como si fuera una extensión natural de sus brazos, sus manos callosas por décadas de trabajo en la tierra atacando un montón de verduras con la confianza de quien podría hacerlo con los ojos cerrados. El cuchillo danza entre zanahorias, cebollas y pimientos rojos, transformándolos en cubos perfectos que caen sobre su tabla de cortar como lluvia colorida mientras ella tararea una melodía que solo ella conoce. En el segundo puesto, un pescador de mediana edad cuya piel bronceada brilla bajo las antorchas manipula un pescado de escamas plateadas que aún conserva el brillo de su frescura en su superficie resbaladiza. Sus manos, marcadas por cicatrices de anzuelos y cuerdas, trabajan al pescado con una fluidez inigualable, cada corte revelando la carne nacarada interior mientras el aroma salado se mezcla con el humo de su brasero y crea una nube aromática que transporta directamente a las costas del Reino de Sorbet. El tercer puesto vibra con la energía incontrolable de un joven que no puede tener más de veinte años, sus ojos brillando como estrellas mientras ataca una montaña de frutas exóticas que se apilan como una montaña frente al joven y entusiasta chef. Mangos cuya pulpa dorada gotea entre sus dedos, papayas que revelan centros rosados que parecen puestas de sol atrapadas en forma sólida, y frutos de la pasión que explotan en sus manos liberando aromas tan intensos que llegan hasta las filas más alejadas de comensales.
Los efectos de las bebidas que reparte Sprite y la algarabía del evento se manifiestan en sonrisas que aparecen en los rostros de todos los presentes, en risas que emergen cuando alguien derrama accidentalmente un ingrediente y descubre que el error ha creado una combinación completamente nueva, y en conversaciones que fluyen entre puestos vecinos como si las barreras invisibles de la competencia hubieran sido disueltas por algún hechizo nocturno benévolo. En el cuarto puesto, una anciana de cabello plateado que podría ser la bisabuela de medio pueblo mueve especias entre sus dedos arrugados con la sabiduría de setenta años de experimentación constante, midiendo cantidades que no necesitan cucharas porque su experiencia le susurra exactamente cuánto curry en polvo, cuánta canela molida y cuántos granos de pimienta negra requiere cada creación que sale de sus manos como si hubiera nacido allí. Su olla de barro burbujea con un guiso que desprende un aroma tan seductor que varios espectadores se encuentran caminando hacia su estación sin darse cuenta, como zombies atraídos por la delicia de la comida. El quinto puesto presenta a una pareja de hermanos que parecen compartir el mismo cerebro dividido en dos cuerpos, uno estirando y amasando una masa con movimientos rítmicos que podrían ser los pasos de alguna danza mientras el otro prepara un relleno que combina carnes ahumadas con vegetales que han sido asados hasta ese punto mágico donde los sabores se funden sin perder su personalidad individual. Trabajan sin hablarse, sin mirarse, como si llevaran décadas practicando esta coreografía culinaria que parece haber sido diseñada por los mismos dioses de la gastronomía.
Sam Bernard observa desde su banco de madera que protesta suavemente bajo su peso, sus ojos ocultos tras la cortina anaranjada de su melena pero que no pierden ni el más mínimo detalle de lo que ocurre en cada estación culinaria. La katana a su costado descansa silenciosa, como si incluso el arma comprendiera que esta noche es para crear, no para destruir, mientras que su collar de pelaje se eriza cada vez que algún aroma particularmente interesante llega hasta él transportado por la brisa nocturna que parece haber sido perfumada por los dioses. Frente a él, un nuevo vaso de aquella bebida que reparte Sprite aparece nuevamente, y puede notar que no es agua común, si no una variante con un ligero toque dulce, bastante agradable al paladar.
Los espectadores han abandonado cualquier pretensión de orden y ahora circulan libremente alrededor del perímetro como planetas en órbita caótica, formando pequeños grupos que se disuelven y reforman constantemente mientras comentan en susurros las técnicas que observan y especulan sobre sabores que aún no han probado pero que ya pueden imaginar. Algunos niños que deberían estar profundamente dormidos se escabullen entre las piernas de los adultos como pequeños ninjas en misión de reconocimiento, sus ojos absorbiendo lecciones culinarias que sus madres les han negado durante años y que ahora obtienen gratis bajo el manto protector de la noche rebelde. Sprite se ha convertido en una especie de maestro de ceremonias improvisado, moviéndose por el patio con su bandeja vacía balanceándose en sus manos como un péndulo borracho mientras grita palabras de aliento que suenan como conjuros mágicos – “¡Que el fuego sagrado avive vuestros sabores hasta el cielo!” – brama hacia el sexto puesto donde una joven lucha con una masa rebelde que se niega a cooperar – “¡Recordad que los dioses de la cocina aman a los audaces!” – grita hacia el séptimo puesto donde un hombre mayor intenta encender su brasero con más entusiasmo que técnica. La noche avanza, la luna llena desplazándose por el firmamento como un ojo gigante que observa con curiosidad la escena mientras baña cada movimiento de los cocineros en luz plateada que los convierte en actores de un escenario. Los aromas que emergen de los diez puestos comienzan a fusionarse en una sinfonía olfativa que cuenta historias de tradiciones familiares guardadas como tesoros, secretos culinarios transmitidos en susurros de generación en generación, y esa creatividad salvaje que solo surge cuando manos expertas se encuentran con ingredientes perfectos bajo la inspiración de una noche que promete ser inolvidable.
Datos de la Aventura
Ubicación: Iglesia Austro, Reino de Sorbet. Tiempo: Templado, es una noche de verano, despejado, son las 09:30pm. Datos importantes:
-Sam acepta participar como comensal y se sienta en un taburete donde puede observar como la comida es preparada.
-La bebida no es agua nada más, tiene un ligero toque dulce, pero es agradable al paladar.
-En el patio de la iglesia hay 50 espectadores (sin contar a Sam ni a Sprite) y 10 cocineros que se han apuntado al evento de cocina.
Sprite
OFF
Seguimos, perdona si divagué en este post, estuve fuera el fin de semana, pero no quería dejarte sin post hoy. De momento no pasa nada relevante o notorio en la aventura fuera de que la gente se pone a cocinar.
Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos.
El taburete de madera crujió suavemente bajo mi peso cuando me acomodé. No era un asiento especialmente cómodo, ni necesitaba serlo. Lo importante era la vista: desde allí podía abarcar los diez puestos de cocina, los rostros tensos, las manos veloces, los cuchillos que brillaban como pequeños rayos de luna cada vez que cortaban en ángulo perfecto. La noche era templada, y el aire llevaba en su caudal un sinfín de aromas que parecían disputarse el derecho a entrar en mis sentidos. Tomé el vaso que alguien había dejado frente a mí. La bebida brillaba bajo las antorchas, y al llevarla a los labios descubrí que no era agua pura, sino algo más, un ligero dulzor, sutil, que no entorpecía la frescura, sino que la embellecía. Bebí despacio, dejando que la lengua registrara la nota oculta antes de que se deshiciera. Pequeños detalles como ese me recordaban que, en ocasiones, la sencillez era suficiente para sorprender. No dije nada. No había necesidad, El bullicio de la gente llenaba el aire con suficiente energía como para sostener el festival por sí mismo, Los cincuenta espectadores se movían de un lado a otro, algunos acercándose demasiado a los puestos como para robar un vistazo, otros comentando entre susurros, como si estuvieran en una obra de teatro que no querían interrumpir, yo observaba, con el mismo interés con el que observo un mar en calma o un campo recién sembrado, la cocina es eso, vida que florece bajo presión, disciplina disfrazada de creatividad. Mis ojos se detuvieron en la mujer de manos curtidas que atacaba las verduras con la serenidad de quien lleva haciéndolo toda la vida, sus movimientos no eran apresurados ni nerviosos; había en ellos una cadencia aprendida en las rutinas de la tierra y cada cubo caía idéntico al anterior, como si el cuchillo no lo manejara ella, sino la memoria misma de los campos que trabajó. Más allá, el pescador trabajaba con su pieza recién salida del mar, había en él un respeto particular, la manera en que deslizaba el filo, evitando desperdiciar incluso lo más mínimo, hablaba de alguien que sabe lo que cuesta obtener el alimento, el olor salado se mezclaba con el humo del brasero, y por un momento pude imaginarme de nuevo en las costas de Sorbet, donde el océano impone su voluntad y enseña humildad. El joven de las frutas, en cambio, parecía otro mundo, su energía era tan explosiva como el jugo que chorreaba de las papayas y mangos, cada corte era un destello, y aunque la técnica era imperfecta, había algo en su entusiasmo que convertía los errores en parte del espectáculo y te juro que me hizo pensar en los reclutas jóvenes de la revolución, tan llenos de ímpetu, muchas veces desordenados, pero con un fuego que podía mover montañas si se les daba el cauce correcto. Bebí otro trago, el dulzor leve de la bebida parecía acompañar la escena, como un coro discreto que no reclamaba atención, pero sin el cual la melodía se sentiría incompleta. El murmullo de los espectadores me alcanzaba en fragmentos. especulaciones sobre quién ganaría, exclamaciones ante un corte limpio, risas cuando alguien dejaba caer un ingrediente por accidente, me descubrí relajando el gesto, no hasta sonreír, pero sí lo suficiente como para sentir el peso de la noche transformarse en algo más ligero. Los cocineros no competían entre sí, no de verdad. Lo que veía frente a mí era colaboración disfrazada de duelo, cada aroma se mezclaba con el siguiente, cada técnica sumaba al espectáculo común, la anciana de las especias agitaba su olla de barro, y el guiso que brotaba de allí parecía contar historias que ningún libro podría retener, en la otra esquina, los hermanos trabajaban en silencio, sus movimientos tan sincronizados que uno terminaba el gesto que el otro había comenzado, eso no era competencia, era unidad. Bajé la vista hacia el vaso vacío. Lo dejé con cuidado sobre la madera del taburete, inclinando apenas la cabeza. —El hambre no distingue vencedores — murmuré, sin alzar la voz, aunque sabía que quienes estaban más cerca me oyeron —Al final, todos comemos del mismo fuego. — No era un juicio ni una lección, solo una verdad, simple, que flotó en el aire igual que el humo de las brasas. Después volví a cruzar los brazos, dejando que la katana descansara muda a mi costado. La noche seguía, y yo seguiría allí, observando, hasta que los platos llegaran a la mesa y la revolución se sirviera en forma de alimento compartido. Sin embargo, tenía que hacer que las cosas se complicaran un poco, al final de cuentas no seria una competición si no hubiera retos. —Se que todos podemos cocinar si tenemos fuego, pero, ¿Quién puede hacerlo sin él? — Me levanté y di varios pasos hacia los cocineros, tocando levemente las mesas en donde se encontraban sus estufas y congelando cada una de ellas, puede que se molesten, o puede que se rían, pero si logran cocinar aun en la adversidad habrán ganado algo mucho mas grande que dinero u objetos, habrán ganado el conocimiento de cocinar en cualquier lugar, en cualquier momento, con cualquier utensilio, porque todos cocinamos en la comodidad de una cocina, pero ¿quién sabe utilizar leña? ¿Quién conoce las técnicas de cocina fría?, habrá que verse.
Resumen
Puedo ver a los participantes emocionados utilizando cada una de sus tecnicas mientras bebo de aquel liquido, sin embargo, aunque todo se ve bien, me aburre un poco ver la competicion sin ningun reto asi que procedo a congelar las estufas para ver que tecnica utiliza cada uno de los cocineros.
Hie Hie no mi
Logia
5
La Hie Hie no mi es una fruta del diablo tipo logia que permite al consumidor transformarse de manera total o parcial en hielo.
Especificaciones
La fruta Hie Hie no mi otorga a su consumidor un gran poder ofensivo y destructivo, además de las características comunes a todas las logias, esta fruta cuenta con la peculiaridad de no convertirse en un elemento inmaterial, si no en asumir los impactos fragmentando su cuerpo en bloques o astillas de hielo que puede regenerar desde el cuerpo, quedando las partes rotas como bloques de hielo con la forma previa que tuvieran. El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en hielo, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse. Una vez el usuario llegue a 80 Puntos en Control de Akuma, el personaje adquirirá control de su cuerpo y será capaz de no transformarse con el contacto físico. Se podrán transformar extremidades o partes del cuerpo por un coste de 25 de energía por turno. Con 240 puntos en Control de Akuma el usuario la dominará por completo y podrá transformar parte de su cuerpo o su cuerpo entero por un coste de 70 de energía. La velocidad de expansión del hielo es igual al 80% del CA del usuario. Cualquier contacto con tu hielo utilizado de forma pasiva, en transformaciones o intangibilidad, implicará el efecto frio durante dos turnos completos. Si el contacto se prolonga un turno completo aplica congelación de grado 2 a quien le esté tocando.
Control de Akuma: • 80 CA: El usuario puede transformar partes de su cuerpo por 25 de energía y causa congelación de grado 1 al contacto directo. •240 CA: El usuario puede transformarse parcial o totalmente por un coste de 70 de energía y causa congelación de grado 2 al contacto directo de más de un turno completo.
Ventajas:
• El usuario es inmune a todo tipo de daños físicos no imbuidos en haki.
• El usuario es inmune a todos los daños elementales gélidos, y a los efectos quemadura, congelación, calor y frío.
• El usuario daña aplicando el efecto frio de forma pasiva en todos sus ataques con fruta y daña reduciendo la resistencia pasiva del objetivo al 50%
• El usuario puede expandir su hielo y controlarlo siempre que permanezca conectado a él, a razón de 1 metro por cada 20 puntos de Control de Akuma, a una velocidad del 80% del Control de Akuma.
El aire del patio se congela instantáneamente cuando los dedos de Sam tocan la última estufa, como si el invierno hubiera decidido visitar el South Blue en plena noche tropical. Un silencio absoluto reemplaza el bullicio constante de la competencia, roto únicamente por el sonido cristalino del hielo expandiéndose sobre el metal caliente de los braseros, creando una sinfonía de chasquidos que resuena como huesos rompiéndose bajo presión extrema. Los cincuenta espectadores permanecen inmóviles como estatuas de sal, sus respiraciones visibles ahora en pequeñas nubes de vapor que se elevan hacia las estrellas como ofrendas involuntarias a los dioses del frío. Los diez cocineros observan sus estaciones con expresiones que oscilan entre la incredulidad total y la fascinación pura, sus herramientas de cocina brillando ahora bajo una capa fina de escarcha que las transforma en artefactos mágicos extraídos de algún cuento de hadas nórdico. La mujer de manos curtidas toca su brasero congelado con la punta de los dedos, retirándolos inmediatamente mientras sus ojos se abren como platos y una risa nerviosa escapa de sus labios como vapor – “Por todos los santos” – susurra, su voz temblando no por el frío sino por la emoción pura de presenciar algo que trasciende cualquier experiencia culinaria previa. El pescador de mediana edad contempla su estación helada con la expresión de quien acaba de presenciar un milagro, sus manos aún sosteniendo el filete de pescado que ahora parece más fresco que cuando salió del océano horas antes – “Esto es increíble” – murmura, su mente ya trabajando a velocidad vertiginosa mientras considera las posibilidades que este desafío inesperado le presenta. Sus ojos brillan con la intensidad de quien acaba de recibir la inspiración divina disfrazada de obstáculo aparentemente imposible. El joven de las frutas exóticas se queda mirando su brasero convertido en escultura de hielo durante varios segundos antes de estallar en una carcajada que suena como campanas repicando en catedral vacía – “¡Esto es mejor que cualquier aventura que pudiera imaginar!” – grita, su entusiasmo juvenil multiplicándose exponencialmente ante la perspectiva de un desafío que ningún libro de cocina podría haber preparado. Comienza a dar saltitos de emoción mientras su mente creativa explora mil posibilidades diferentes de preparar frutas sin necesidad de calor directo.
La risa suave que escapa de los labios de Sam se congela en el aire nocturno como cristales de hielo que tintinean al caer sobre el suelo de tierra compactada. Sus ojos, ocultos tras la cortina anaranjada de su melena, pierden gradualmente el enfoque mientras la segunda dosis de alcohol de Sprite comienza a recorrer su sistema nervioso como un río de fuego líquido que contrasta violentamente con sus poderes helados. El control cuidadoso que siempre mantiene sobre su fruta del diablo se desvanece como humo en la brisa nocturna, y lo que había comenzado como un desafío culinario elegante se transforma en una pesadilla ártica que amenaza con convertir la celebración en tragedia. El frío se extiende desde Sam como ondas concéntricas de muerte blanca, mucho más intenso y descontrolado que el hielo quirúrgico que había aplicado a los braseros. La temperatura del patio se reduce descomunalmente en cuestión de segundos, transformando el aire húmedo del lugar en una atmósfera polar que hace que cada respiración se convierta en dagas de hielo que penetran los pulmones como cuchillos afilados. Las antorchas del perímetro parpadean violentamente antes de comenzar a apagarse una por una, sus llamas ahogándose bajo el asalto glacial que convierte el oxígeno mismo en un enemigo traicionero.
La mujer de manos curtidas, que segundos antes había estado riéndose del desafío helado, no tuvo oportunidad de reaccionar a la situación, el frío le alcanza primero por estar más cerca del epicentro de la catástrofe. Sus pies se congelan instantáneamente al suelo, el hielo trepando por sus piernas como serpientes cristalinas que buscan paralizar cada músculo de su cuerpo. No tuvo oportunidad ni de hacer escapar un grito de su garganta pues fue congelada en un instante, quizás el final más benevolente para ella, los demás lo tuvieron mucho peor. El pescador de mediana edad logra lanzar un grito al aire al ver como su compañera había terminado completamente congelada y al verse congelado en un instante hasta la altura de las caderas, el hielo había congelado sus botas al suelo helado y siguió extendiéndose rápidamente hacia arriba por sus piernas como garras invisibles que buscan arrastrarlo hacia una muerte blanca y silenciosa. Sus gritos desesperados resuenan por el patio como campanas de alarma que despiertan el pánico dormido en los corazones de todos los presentes, mientras que sus manos buscan desesperadamente algo, cualquier cosa, que pueda ayudarlo a liberarse de la trampa helada que lo mantiene prisionero. El joven de las frutas exóticas, cuyo entusiasmo había sido contagioso minutos antes, ahora lucha contra el hielo que trepa por su cuerpo como una enfermedad cristalina que busca convertirlo en estatua de terror eterno. Sus movimientos se vuelven cada vez más lentos y torpes mientras el frío penetra sus músculos y adormece sus nervios, transformando su energía juvenil en una letargia mortal que promete robarle la vida gota a gota. Las lágrimas que brotan de sus ojos se congelan antes de tocar sus mejillas, creando pequeños diamantes de desesperación que brillan como joyas macabras bajo la luz de la luna que ahora parece fría e indiferente.
Los cincuenta espectadores, que habían estado disfrutando del espectáculo culinario con la despreocupación de quienes se sienten seguros en territorio familiar, explotan en pánico absoluto cuando comprenden que la muerte blanca se acerca hacia ellos con la inevitabilidad de una marea cósmica. Gritos de terror desgarran la noche tropical como cuchillos que cortan el aire, mientras que madres buscan desesperadamente a sus hijos entre la multitud que se agita como un mar humano en tormenta. Padres cargan a niños pequeños en brazos temblorosos mientras corren hacia los senderos que conducen de vuelta al pueblo, sus respiraciones creando nubes de vapor que se congelan parcialmente antes de disiparse en la oscuridad amenazante. El caos se desata como una bestia liberada de sus cadenas cuando la masa de espectadores se convierte en una estampida humana que busca escapar del área de influencia del poder descontrolado de Sam. Cuerpos se empujan unos contra otros sin consideración por la cortesía o la humanidad básica, la supervivencia transformando a vecinos amigables en competidores desesperados por alcanzar la seguridad que prometen las sombras más allá del patio. Algunos tropiezan y caen, siendo pisoteados por otros que corren ciegos de terror, mientras que gritos de dolor se mezclan con sollozos de miedo puro que crean una sinfonía macabra que reemplaza la alegría festiva que había dominado la noche hasta ese momento.
Sprite, cuyo estado de ebriedad avanzada había sido hasta ese momento una fuente de entretenimiento inocente, siente como la sobriedad lo golpea como un martillo helado cuando comprende la magnitud de la catástrofe que se desarrolla ante sus ojos. Su túnica ondea dramáticamente mientras se lanza hacia la multitud en pánico, extendiendo los brazos como si fuera un pastor tratando de contener un rebaño enloquecido que ha olvidado completamente su domesticación – “¡Calma, hermanos míos!" – grita con voz que se quiebra por la desesperación – “¡El pánico solo empeorará las cosas! ¡Mantened la fe y la cordura!” – pero sus palabras se pierden en el rugido ensordecedor de la estampida humana, como susurros en medio de un huracán que arrasa todo a su paso. Los espectadores en fuga lo atropellan sin piedad ni reconocimiento, sus cuerpos impactando contra el aprendiz del pastor como proyectiles humanos lanzados por catapultas de terror puro. El primer golpe viene de un hombre corpulento que huye llevando a su esposa en brazos, su hombro impactando contra el pecho de Sprite con la fuerza de un ariete y enviándolo tambaleándose hacia atrás varios pasos mientras lucha por mantener el equilibrio. El segundo impacto es aún más brutal cuando una mujer desesperada que busca a su hijo perdido en la multitud lo golpea con el codo en las costillas mientras pasa corriendo como una exhalación humana, el dolor explotando en el torso de Sprite como fuegos artificiales de agonía que le roban el aliento y lo doblan sobre sí mismo. Sus manos buscan instintivamente el punto de impacto mientras trata de recuperar la respiración que se ha escapado de sus pulmones como un fantasma huidizo. El tercer golpe viene desde un ángulo que no puede anticipar cuando un adolescente aterrorizado lo embiste desde el costado, enviándolo rodando por el suelo helado que ahora cubre gran parte del patio como una pista de patinaje mortal. Sus manos se raspa contra la superficie cristalina mientras trata de encontrar algún punto de apoyo que le permita ponerse en pie, pero el hielo es implacable y traicionero, negándole cualquier tracción que pueda ayudarlo a recuperar su posición vertical. Cuatro, cinco, seis impactos más lo golpean en rápida sucesión mientras la multitud lo pisotea como si fuera un obstáculo más en su camino hacia la salvación, sus cuerpos desesperados ignorando completamente su humanidad en su búsqueda frenética de escape. Sangre comienza a brotar de su nariz rota cuando el pie de alguien lo alcanza en pleno rostro, mientras que sus costillas protestan con dolores punzantes que sugieren fracturas múltiples resultado de ser tratado como alfombra humana por una multitud enloquecida.
Sam Bernard, que ahora está rodeado por un círculo perfecto de hielo que se extiende en todas direcciones como una corona de muerte cristalina, observa la escena con ojos que luchan por mantener el enfoque mientras el alcohol continúa nublando su juicio y saboteando su control sobre sus poderes diabólicos. Sus manos tiemblan no por el frío que él mismo ha creado, sino por la comprensión gradual de que su pérdida de control está causando exactamente el tipo de sufrimiento que siempre ha tratado de evitar a lo largo de su existencia. La anciana de las especias, ahora completamente inmóvil con el hielo alcanzando su cintura como un abrazo mortal de cristal, observa con ojos llenos de lágrimas congeladas cómo sus vecinos se destrozan unos a otros en su desesperación por escapar de una muerte que quizás nunca llegue pero que ya ha causado más daño que cualquier batalla que haya presenciado en sus setenta años de vida. Sus labios murmuran oraciones silenciosas que se pierden en el aire glacial, pidiendo a dioses que parecen haber abandonado este rincón maldito del Reino de Sorbet. Los hermanos cocineros, congelados hasta las rodillas pero aún conscientes, se sostienen mutuamente con la desesperación de quienes saben que estos podrían ser sus últimos momentos juntos, sus respiraciones creando pequeñas nubes de vapor que se elevan hacia las estrellas como almas liberándose prematuramente de cuerpos que ya no pueden proteger. Sus ojos reflejan no solo miedo por sus propias vidas, sino horror profundo al presenciar cómo su comunidad se autodestruye bajo el peso de un pánico que ha transformado a amigos en enemigos y vecinos en obstáculos que deben ser eliminados a cualquier costo.
La luna llena, testigo silencioso de esta tragedia nocturna, continúa derramando su luz plateada sobre la escena como si fuera un director de cine cósmico que se niega a cortar una toma que se ha vuelto demasiado real, demasiado visceral, demasiado honesta en su retrato de cómo la civilización puede colapsar en cuestión de minutos cuando el miedo primitivo toma control de corazones que creían haber evolucionado más allá de sus instintos más básicos y destructivos.
Datos de la Aventura
Ubicación: Iglesia Austro, Reino de Sorbet. Tiempo: Templado(¿?), es una noche de verano, despejado, son las 09:35pm. Datos importantes:
-La bebida en realidad era alcohólica, más explicación en el siguiente off.
-Sam pierden el control de sus poderes y todo a su alrededor se empieza a congelar.
-En el patio de la iglesia hay 50 espectadores (sin contar a Sam ni a Sprite) y 10 cocineros que se han apuntado al evento de cocina. Los diez cocineros han sido congelados.
-A Sprite le ha pasado encima una horda Rango 5, más información en el siguiente off.
Sprite
Aclaraciones
Empecemos por el principio: Revelo los hides iniciales del tema explicando que las bebidas contienen alcohol, los diez cocineros forman una horda rango 1 y los 50 espectadores una horda rango 5.
Dado que Sam tiene el karma de bebedor novato, el efecto negativo del estado Ebrio aumenta en un 50% y necesitas 2 turnos onrol para activar el estado. Has estado bebiendo justo en los dos turnos anteriores. El estado Ebrio reza lo siguiente:
Cita:Ebrio
El personaje sufre una pérdida de 20 puntos en todos sus atributos. Ocurre si bebes durante 3 turnos on-rol.
En tu caso dos turnos por el karma bebedor novato, y además, pierdes 30 puntos en todos tus atributos. Es esto ultimo lo que hace que pierdas el control sobre tu akuma pues, como indica la tabla de tu fruta del diablo:
Cita:El usuario no podrá dominar sus poderes básicos hasta alcanzar 80 Puntos en Control de Akuma (CA), esto implica que cualquier contacto con su cuerpo acabará con este transformado en hielo, ni si quiera será capaz de darle la mano a alguien sin transformarse.
Finalmente, la horda rango 5 le hace un daño a Sprite de 250PVs al salir todos los espectadores de forma despavorida del recinto.
OFF
He de confesar que esto me tomo por sorpresa, estuve buscando que hacer con el tema del estado ebrio y al final salió esto que lees, espero lo disfrutes y encuentras la forma de salir de ello.
Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos.
El sonido del hielo al formarse se quedó clavado en mi pecho como un latigazo sordo, cada chasquido era una frase que yo mismo había pronunciado y que ahora resonaba como una condena. Caminé entre estatuas heladas y gritos ahogados, sintiendo el peso de cada respiración ajena como si fuera culpa sólida que me golpeaba en el rostro, no había héroe en esa escena, solo un mink que había traído el invierno donde debía reinar la comida y la risa. Intenté detenerlo, primero con la voluntad. Cerré los ojos e invoqué el control que tantas noches me había costado dominar, apreté los dientes para poner orden a la fisicidad de mi akuma. Pero la borrachera, esa niebla dulce y traicionera que Sprite me había ofrecido en un vaso de apariencia inocente, había corroído la fibra de mi autocontrol. Mis manos temblaban; mis sentidos malinterpretaban lo que el frío hielo debía hacer, cada intento por retraer el avance helado se deslizaba por mis dedos como agua entre rocas, el hielo obedecía, pero ya no a mi mando, obedecía al pánico que había instalado en mi sangre. Vi a la mujer de manos curtidas, la anciana de las especias, alzando una mirada que ya no podía sostener y sus ojos eran dos lunas pequeñas heladas. El pescador luchaba por liberar sus botas de la trampa cristalina. El joven que había reído como campanas trataba de mover un dedo y la vida se le escapaba como vapor, entonces los gritos procedían de todas partes; gritos que buscaban culpables y no soluciones, cada grito era una aguja en mi conciencia. Me arrodillé en el suelo. Mi palma apoyada sobre la tierra helada me devolvía una respuesta trivial, el frío seguía subiendo desde mi propio cuerpo, intenté concentrarme en algo tangible, en la respiración, en el peso del kimono sobre los hombros, en el latido de mi corazón, nada bastó, mis pensamientos se atropellaban y una imagen fija me atenazó, pequeñas manos que ya no abrazarían a nadie, bocas que no volverían a probar un ramen caliente, vidas que yo había puesto en riesgo por un orgullo torpe y una copa de más. Lo intenté otra vez, más fuerte. Extendí las manos como queriendo arrancar el mismo cielo y, por un instante, creí sentir una respuesta tímida, una débil reacción del hielo ante mi deseo de controlarlo, pero la euforia de la multitud en fuga, el estruendo de cuerpos que se arrojaban entre sí, la presión del momento devolvió mi poder a un lugar hostil, fuera de mi alcance, fue como intentar contener una ola con las palmas, imposible. La confusión me devoró. Un pensamiento irracional surgió, primitivo, el dolor podría traerme de vuelta. Si no era yo, si mi mente estaba demasiado herida para imponer orden, quizás el dolor físico sería el lazo que me anclara a la lucidez. No fue orgullo ni valentía, fue desesperación, pura y cruda. Me incorporé con dificultad y busqué una estructura cercana, encontré una mesa de trabajo derribada, un taco de madera que sostenía los utensilios y di un paso, y con mi cabeza golpeé el borde con fuerza buscando ese soplo de realidad que a veces proporciona la concentración de la carne. El impacto me dejó aturdido, con estrellas danzando en la visión, un golpe que me hizo sangrar de inmediato, pero no fue suficiente, esperé la claridad, pero no vino, el mareo persistía, la culpa seguía caliente, la borrachera seguía tan presente como el olor del incienso mezclado con sangre y hielo. Mis manos, temblando, buscaron la empuñadura de mi katana, mi fiel compañera que siempre estaba a mi costado. No porque quisiera acabar, sino porque necesitaba volver a sentirme dueño de algo, aunque ese algo fuera mi propio dolor, entonces tomé la hoja con los dedos torpes y la acerqué a la palma izquierda, no dije una palabra; no había poesía en aquello, solo un hombre que trataba de traer su mente de vuelta de cualquier manera y te aseguro que clavar la hoja en la carne no fue un acto teatral, fue un acto íntimo, brusco, una medida tomada en un minuto donde la razón discutía con el instinto de supervivencia y coño, sentí el ardor, el calor inesperado de una reacción que no había previsto, el rojo apareció donde antes solo había blanco y plata, un ruido agudo, contenido, escapó de mi garganta y no describiré la herida, no es necesario, lo importante es lo que viene después. El dolor fue un tránsito, no solucionó todo al instante, pero la punzada rompió la niebla momentáneamente, la lucidez volvió como un viento cortante, claro, despiadado, pero sobre todo suficiente, suficiente para darme cuenta de lo mal que estaban las cosas. El mundo recuperó contornos y, con ellos, la urgente necesidad de enmendar lo que yo mismo había iniciado. No podía revertir la muerte con una media hora de sobriedad recuperada, no pretendí tal cosa, pero sí tenía el plan de contenerlo. Concentré lo que quedaba de mi control, no para levantar llamas y derretir todo ese hielo, esa no era mi naturaleza, yo soy el frio, el hielo más bien, la intención era forzar un equilibrio en mi akuma, dejar de expandir el frío y buscar la manera de hacer que el mismo comenzara a desaparecer del entorno y sobre todo de las personas, cada esfuerzo costaba como si cada músculo fuese una cuerda tensada al límite, mis dedos sangraban por la herida que me había infligido, y el rojo sobre mis manos me recordaba que estaba vivo, que aún podía sentir, que aún podía hacer algo. Colocando mis torpes manos en la ahora congelada anciana buscaba hacer que todo el hielo que la cubría desapareciera volviendo hacia mis manos, con movimientos cuidadosos, evitando el espectáculo y priorizando la vida, no eran acciones gloriosas, eran simples, pragmáticas, era un mink buscando solucionar el problema que el mismo provocó. Ayudé a desprender el hielo que oprimía el cuerpo del pescador hasta que pudo mover la pierna con dolor, pero moverla al fin. El joven de las frutas tras ser descongelado por mis ensangrentadas manos tosió, sus lágrimas heladas se derritieron poco a poco en gotas que parecían latidos. No pude deshacer todo, ni a todos en tan poco tiempo, no era gestor de milagros, era responsable de la emergencia y, por tanto, debía cumplir como tal. Los ojos de Sprite hallaron mi rodilla y fue entonces cuando lo vi entre tropiezos, sangrando, golpeado por la estampida, con la respiración rota y caminé hacia él, le sujeté la cabeza con manos manchadas y por alguna extraña razón sus ojos buscaron los míos con la furia de quien esperaba una excusa que no existía, no le ofrecí palabras grandes ni consuelo barato, solo dije lo que sentía, la verdad, pura y cruda. —No tengo excusas para esto —murmuré. —Acepto toda la culpa. Perdóname. — No tenía derecho a exigir perdón, pero necesitaba decirlo, Sprite tosió, asintió con esfuerzo, y me ofreció con una boca sucia de barro unas palabras, un gesto mínimo que fue más que un perdón, fue una orden para seguir. Seguí trabajando, intentando descongelar a todos mientras buscaba concentración para que el maldito hielo no se expandiera cada vez más, hasta que llegaron manos que sabían curar; llegaron voces que organizaron la retirada segura de quienes aún podían andar, llegaron quienes, con frío en los dientes, empezaron a ayudar a los congelados en silencio, con la práctica de una gente que había aprendido a sobrevivir, y yo estaba más que agradecido, no tenía que lidiar totalmente solo con toda la situación que mis propias habilidades habían causado. Me quedé sentado después, exhausto y sangrante, sosteniendo la espada ennegrecida en el regazo, alguien, que ni siquiera miré a los ojos por la vergüenza había vendado mi mano izquierda con mis propias mangas. Miré al cielo y no encontré respuesta, encontré, en cambio, la tarea de reparar, pagar, enmendar hasta donde mis fuerzas lo permitieran, no habría absolución rápida, tampoco la merecía, solo había trabajo, y yo era quien lo había generado, había llegado a libertar al oprimido, y terminé causando mas daño que cualquier gobierno.
La katana de Sam atraviesa su palma como si fuera humo solidificado, la hoja pasando completamente a través de su carne sin encontrar resistencia alguna, como si intentara cortar la niebla matutina con un cuchillo de mantequilla. Su estado de logia descontrolado por el alcohol ha convertido su cuerpo en hielo puro que no puede ser dañado por armas físicas, negándole incluso la posibilidad de usar el dolor como ancla hacia la sobriedad que desesperadamente necesita. La frustración se dibuja en su rostro parcialmente visible tras la cortina anaranjada de su melena, mientras que el frío continúa extendiéndose desde su posición como ondas de muerte blanca que amenazan con convertir toda la celebración en una tumba cristalina.
Sprite, tirado en el suelo helado del patio cuadrangular de diez metros por diez metros que ahora parece más una arena de combate que un espacio sagrado de celebración, observa la escena con ojos que arden de furia pura. Sus costillas fracturadas protestan con cada respiración laboriosa mientras sangre gotea de su nariz rota, pero el dolor físico es nada comparado con la traición que carcome su alma como ácido líquido. El dolor de haber sido pisoteado por la multitud enloquecida ha actuado como una bofetada de sobriedad que corta a través de la neblina etílica, revelando no solo la magnitud de la catástrofe sino la realidad brutal de que su ídolo ha resultado ser un monstruo descontrolado. Sus manos temblorosas buscan a tientas entre los pliegues de su túnica marrón desgarrada, sus dedos encontrando finalmente lo que prácticamente era una reliquia: el dial de agua que había estado guardando como tesoro personal durante años. El artefacto ancestral brilla bajo la luz de la luna llena cuando lo extrae de su persona, su superficie azulada mostrando las grietas y desgastes de décadas de antigüedad, los bordes astillados testimoniando batallas olvidadas donde había almacenado agua de mar pura. Es una reliquia que había heredado de su padre adoptivo, cuento que por desgracia no viene a cuento con lo que hoy pasa pero que forma parte de la historia propia de Sprite, y la ironía de usarla contra quien había venido a bendecir su celebración no se pierde en él a pesar de la furia que nubla su juicio.
“¡Maldito seas, Sam Bernard!” – grita Sprite desde el centro del patio cuadrado, su voz destilando veneno puro que resuena contra las paredes de madera de la iglesia – “¡Te recibimos como a un héroe y nos pagas convirtiendo nuestra fiesta en un maldito cementerio!” – sus palabras cortan el aire helado como cuchillos afilados, cada sílaba cargada de una traición que duele más que todas sus heridas físicas combinadas, mientras sus manos ensangrentadas apuntan el dial agrietado hacia la figura del mink con odio concentrado que podría derretir el hielo por sí solo. El dial se activa con un rugido que resuena por todo el espacio cerrado del patio como mil océanos liberando su furia contenida, expulsando una masa de agua de mar comprimida que se expande inmediatamente hasta formar una columna líquida salada de cuatro metros de diámetro la cual es capaz de avanzar hasta 20 metros de distancia, pero dada las dimensiones del patio y la posición de Sprite en el centro del mismo no se lograría distinguir dicho efecto. El torrente atraviesa el patio cuadrangular con la velocidad de una bala de cañón, su contenido salino brillando como diamantes disueltos bajo la luz lunar mientras lleva consigo toda la ira y decepción de un aprendiz que ha visto cómo su fe se transforma en cenizas. La amplitud del torrente marino es devastadora en el espacio confinado del patio, y su radio de cuatro metros atrapa no solo a Sam sino también al pescador de mediana edad que había estado congelado a apenas dos metros de distancia del mink, así como a la mujer de manos curtidas que se encontraba un metro del epicentro helado proveniente del mink. Los tres cuerpos son engullidos simultáneamente por la masa de agua salada que los levanta del suelo como muñecas de trapo misma que los arrastra inexorablemente hacia la pared frontal de la iglesia.
El impacto es triple y brutal cuando Sam, el pescador y la mujer golpean la pared de madera de la Iglesia Austro con la fuerza de una locomotora marina, el contenido salado neutralizando instantáneamente la intangibilidad logia del mink mientras convierte su cuerpo de hielo de vuelta en carne y hueso vulnerable. Los tres cuerpos empapados se estrellan contra los tablones envejecidos con un estruendo que resuena por toda la estructura como el rugido de bestias gigantescas, la madera protestando violentamente bajo el impacto múltiple mientras algunos tablones se astillan y otros se cuartean completamente. El agua de mar penetra por cada poro de la piel de Sam, cada gota salada actuando como un pequeño exorcismo que expulsa tanto el alcohol como la pérdida de control de su sistema, devolviéndolo bruscamente a la sobriedad completa con la eficiencia de una bofetada cósmica. El pescador y la mujer, liberados instantáneamente de sus prisiones heladas por el contacto con el agua marina, se desploman junto a Sam contra la base de la pared, sus cuerpos empapados y magullados pero finalmente libres del hielo que había amenazado con convertirse en sus ataúdes cristalinos. El dial, habiendo liberado décadas de agua marina comprimida en un solo torrente devastador, se parte en dos y pierde toda funcionalidad en las manos de Sprite. Los pedazos brillan momentáneamente antes de perder su lustre mágico y convertirse en simples trozos de concha que testimonian el sacrificio de un artefacto ancestral usado contra quien debería haber sido un ser protector.
El agua de mar se esparce por todo el patio cuadrangular como una explosión líquida salada que comienza inmediatamente a derretir el hielo supernatural que había cubierto cada centímetro del espacio sagrado, liberando a los cocineros restantes que huyen inmediatamente hacia los límites abiertos del patio como ratas abandonando un barco que se hunde. El pescador y la mujer se incorporan tambaleándose, intercambiando miradas de terror puro antes de dirigirse hacia uno de los lados abiertos del patio, sus pasos apresurados resonando como acusaciones silenciosas mientras buscan escapar de este lugar que ha sido maldecido por la presencia de un demonio con apariencia de salvador. El silencio que se instala sobre el patio cuadrangular cuando los últimos supervivientes desaparecen entre las sombras es tan completo que solo queda el sonido de la respiración laboriosa de dos figuras solitarias: Sprite en el centro del espacio empapado, y Sam desplomado contra la pared frontal de la iglesia como un dios caído que ha perdido toda pretensión de divinidad.
Sprite, utilizando la furia pura como combustible para superar el dolor de sus heridas, se las arregla para ponerse en pie en el centro exacto del patio de diez por diez metros. Sus manos buscan los bolsillos internos de su túnica desgarrada con movimientos que tiemblan no por miedo sino por ira contenida, extrayendo un shuriken de acero que brillan bajo la luz lunar como amenaza de venganza justificada el cual lanza a la vez que grita en lo que parece un alarido desgarrado de furia.
“Tatoebanashi II”
El shuriken se libera de su mano derecha y es lanzado como un proyectil que describe una leve parábola que asciende sorteando las estaciones de cocina que habían sido empujadas por el agua del dial junto con Sam y los cocineros buscando impactar en el mink para luego descender buscando impactar en el hombro izquierdo de Sam.
“¡Levántate, maldito hipócrita!” – grita Sprite, su voz destilando un odio tan puro que parece materializarse en el aire húmedo como vapor tóxico – “¡Hablas de comida y revolución, de unir familias, y luego casi matas a toda la maldita gente que te admiraba!” – sus palabras resuenan entre las paredes de la estructura sagrada como blasfemias dirigidas directamente al corazón de quien se había atrevido a predicar sobre comunidad antes de convertirse en la amenaza más grande que esta comunidad había enfrentado jamás.
Dos nuevos shuriken tiemblan en sus manos no por nerviosismo sino por la intensidad de su traición, mientras evalúa la distancia de cinco metros que lo separa de la figura empapada que yace contra la pared dañada. Sus ojos, completamente despejados del alcohol por la adrenalina de la traición, se fijan en Sam con una intensidad que podría quemar agujeros a través del acero – “¡No te muevas ni un maldito músculo!” – grita mientras adopta una postura de combate que habla más de desesperación vengativa que de entrenamiento formal – “¡Si intentas usar esos poderes diabólicos otra vez, te juro por todos los santos que existen que te convertiré en un alfiletero humano antes de que puedas parpadear!”
Datos de la Aventura
Ubicación: Iglesia Austro, Reino de Sorbet. Tiempo: Templado(¿?), es una noche de verano, despejado, son las 09:40 pm. Datos importantes:
-Sam intenta recuperar el control sin éxito. Sprite usa un dial de agua (el cual se rompe luego de su uso) con el cual descongela a los cocineros, saca del estado de ebriedad a Sam y lo vuelve tangible.
-El patio de la iglesia, el cual mide 10 x 10 metros, queda completamente solo fuera de Sam y Sprite.
-Sprite se encuentra en el centro del patio y Sam contra la pared de la iglesia en la esquina inferior derecha.
Aclaraciones
Primero que nada, aunque fue un gran intento el salir del estado de ebriedad usando el dolor, no te es posible Sam porque al haber perdido control sobre tu akuma eres intangible incluso a tus propios intentos. Sin embargo, con el uso del dial de agua, al estar cargado de agua de mar se te permite salir del estado de ebriedad a la vez que te vuelve tangible a los ataques. Es por esto que tu turno se ve cortado en cuanto te clavas la katana en la mano y todo lo que narras después no ocurre (tranquilo, esto es normal que pase en aventuras y temas que incluyen bélico u otro uso de karmas que pueden cortar una oratoria u otras acciones).
Dado que en los turnos pasados nadie definió el escenario ni especifico las posiciones, como indica la guía bélica básica“...cualquier detalle dejado al azar o incompleto puede ser rellenado por tu oponente.” puedo hacerlo yo. Es un escenario simple, un patio de 10 x 10 metros, Sprite esta en el centro del patio y Sam se encuentra en la esquina inferior derecha al ser empujado por la masa de agua del dial. Además, las estaciones de cocina fueron empujadas con dicha masa de agua y se encuentran igual en la esquina inferior derecha generando una especie de barricada de no mas de un metro de alto que es fácil de sortear.
Belico
Primero está el tema del dial. Dado que Sam se encuentra intentando recuperar el control de sus poderes se me haría raro que sea capaz de ver venir esta jugada de Sprite pues el activa el dial justo cuando Sam está clavándose su espada en la mano. Como indica la guía de diales el dial de agua es un dial T2 el cual emite una masa de agua de 4 metros de diámetro y que avanza 20 metros, produciendo el efecto "Empuje".
El efecto Empuje, según la guía bélica avanzada, considera lo siguiente: “El empuje se ve reducido 1 metro por cada 40 puntos de la suma total de tu Fuerza y Resistencia.” Al Sam tener en este tema 55 de Fuerza y 35 de Resistencia puede resistir de base 2 metros de dicho empuje, sin embargo, debido al estado Ebrio que tiene antes de usar el dial de agua estos atributos se ven reducidos a 25 y 5 por lo que no puede resistir ni un solo metro. En ambos casos, al estar la pared de la iglesia a solo 5 metros de distancia y el dial empujar 20, Sam se ve empujado fuertemente contra la pared junto con los otros dos cocineros que son alcanzados por el diámetro del torrente de agua y las estaciones de cocina.
Ahora, tus atributos regresan a la normalidad al perder el efecto Ebrio, pero eres tangible al estar empapado en agua de mar. Sprite te lanza el siguiente ataque:
Tatoebanashi II (Parábola)
Armas a Distancia
3
Información
Requisitos: Armas a Distancia 2 | 60 Precisión
Daño: Arma + 1,5 x Precisión
Coste: 40 de energía
Efecto:
Permite sortear un obstáculo.
Enfriamiento:
Un turno
Lanza un proyectil describiendo una leve parábola para impactar en el objetivo si el objeto lanzado lo permite.
Código: tatoebanashi002
Este, viaja a 70 de Precisión lo cual no puedes ver venir teniendo 32 puntos de Reflejos como indica la guía bélica avanzada pues la diferencia es de más de 21 puntos (incluso si usaras tu karma Cámara Lenta siendo la diferencia mayor a 10 y el ataque no abarcar 20 metros ni estar a 10 metros de distancia no puedes reaccionar). Aunque en mi narración no doy por sentado que impacta (pues lo correcto es nunca asumir que las acciones ocurren) creo que es casi indiscutible que sí que lo hará. En caso de impactar el daño se calcula de la siguiente forma:
Con tus 35 de Resistencia no mitigas daño pasivo pues necesitas mínimo 50 para mitigar pasivamente (guía bélica avanzada) por lo que tendrías que asumir los 169 PVs de daño. Esto es mucho mayor a 5x tu Voluntad por lo que se corta cualquier transformación fruto de tu akuma y entrarás en el estado Desorientación/Confusión durante tres segundos (luego de esos 3 segundos ya puedes reaccionar durante tu siguiente turno, diria que logras escuchar las palabras de Sprite luego de su ataque ya estando fuera de ese estado incluso).
Erudito Nivel 1: Conoce la historia básica del mundo y las debilidades básicas de las Akuma no mi (por esta razón es que sabe que usando el agua de mar te puede hacer tangible).
Peso pluma: Tu cuerpo es excepcionalmente liviano y aumenta tu capacidad de salto en un metro extra por cada metro de salto que ya tengas. [Incompatible con Pesos pesados]
Karma: +1 Determinación: Te otorga un último turno consciente extra cuando deberías estar inconsciente o muerto, pero solo para hablar o realizar acciones no ofensivas.
Karma: +2 Ambidiestro: En caso de usar dos armas, permite mantener el porcentaje de escalado de destreza de armas duales intacto. [Incompatible con Descordinado]
Karma: +2 Borracho acostumbrado: Eres un bebedor nato, por lo que el efecto negativo del estado Ebrio se reduce en un 50% y necesitas 4 turnos onrol para activar el estado. [Incompatible con Bebedor novato]
Karma: +2 Rivalidad extrema: El personaje atacará de manera inmediata a alguien de determinada facción. La única salida posible es su muerte o la de su enemigo. Tienes que especificar con qué facción. (Piratas)
Karma: -3 Charlatán: En todos los posts donde tu personaje hable, deberá pronunciar al menos una frase de como mínimo diez palabras. Si en el post no dice nada, no es necesario.
Karma: -2 Épico: Tienes que decir en voz alta el nombre de tus técnicas antes o mientras la estás realizando.
Karma: -2
Total: +/- 7
Inventario
No tiene gran cosa el buen Sprite, solo sus 10 Shurikens y el dial de agua que despues de este turno pasa a mejor vida.
Shuriken
Objetos bélicos
3
Especificaciones
Requisitos: 5 FUE / 10 DES / 10 PREC
Resistencia: 1500
Daño: 15
Escalado: 0,4 DES / 0,3 PRE
Alcance: 18
Unidades de peso: 1
Berries: 100000
Descripción: Pequeñas armas de arrojadiza con puntas afiladas y bordes dentados. Son usadas por ninjas y en el entrenamiento de artes marciales.
shuriken003
Dial agua
Diales
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: 20
Unidades de peso: 1
Berries: 0
Descripción: Emite una masa de agua de 4 metros de diámetro y que avanza 20 metros, produciendo el efecto "Empuje". Un uso por tema y, tras su uso, se deberá justificar mediante un post su recarga.
dialagua001
OFF
Espero te guste este turno, si tienes alguna duda del bélico o las aclaraciones házmelo saber.
Respecto al orden de posteo propongo 48 horas entre cada post, pero si por alguna razón necesitas más tiempo házmelo saber y lo ajustamos.
Sprite permanece en el centro del patio empapado, su figura iluminada por la luna llena que parece haber aumentado su brillo queriendo ser testigo de lo que está a punto de ocurrir. Sus manos tiemblan mientras extrae más shuriken de los bolsillos ocultos de su túnica desgarrada, uno tras otro hasta que diez estrellas metálicas brillan en sus palmas ensangrentadas. El agua salada que cubre el suelo del patio cuadrangular refleja la luz lunar convirtiendo el espacio en un teatro donde la traición se encuentran bajo la mirada indiferente de las estrellas. Sam Bernard permanece desplomado contra la pared dañada de la iglesia, su kimono verde esmeralda empapado y manchado, su melena anaranjada pegada a su rostro. La sobriedad forzada por el agua de mar ha devuelto la claridad a sus sentidos, y con ella viene la comprensión completa y devastadora de lo que sus poderes descontrolados han causado. Sus orejas caídas captan el sonido de la respiración furiosa de Sprite, el tintineo metálico de los shuriken chocando entre sí, y el silencio absoluto que rodea el patio ahora que todos han huido dejándolos solos en este escenario de pesadilla.
El primer shuriken vuela por el aire con un silbido que corta la noche como un grito metálico, su trayectoria perfecta gracias a la distancia corta de ocho metros entre el lanzador y su objetivo. La estrella de acero se clava en el hombro izquierdo de Sam con un sonido húmedo y definitivo, atravesando la tela empapada del kimono y penetrando la carne vulnerable que ya no puede convertirse en hielo intangible para evitar el daño. Sam gime de dolor pero no se mueve, aceptando el castigo como quien sabe que ha cruzado un punto de no retorno – “¡Esto es por la mujer de manos curtidas que trabajó toda su vida en los campos y casi muere por tu estupidez!” – grita Sprite mientras el segundo shuriken sale de su mano clavándose en el muslo derecho de Sam y arrancándole un grito ahogado que se mezcla con el sonido del agua goteando. El tercer shuriken encuentra su hogar en el abdomen de Sam, justo debajo de las costillas, y el mink se dobla ligeramente sobre sí mismo mientras su respiración se vuelve laboriosa y entrecortada – “¡Esto es por el pescador que solo quería compartir su captura del día!” – grita Sprite, su voz quebrándose no por tristeza sino por la intensidad de su furia, mientras que el cuarto shuriken vuela inmediatamente después del tercero, clavándose en el hombro derecho – “¡Esto es por todos los niños que ahora tendrán pesadillas durante meses!” – el quinto shuriken atraviesa el brazo izquierdo de Sam, haciendo que su mano se contraiga involuntariamente contra la madera astillada de la pared. La katana a su costado permanece en su vaina, inútil y silenciosa, como si incluso el arma comprendiera que su portador ha elegido no defenderse porque no hay defensa posible para lo imperdonable. Sprite avanza otro paso, acortando la distancia a seis metros mientras las lágrimas comienzan a mezclarse con la sangre en su rostro magullado – “¡Te admiraba! ¡Creí en cada palabra que dijiste sobre la comida uniendo a las familias!” – el sexto shuriken se clava en el costado izquierdo de Sam, entre las costillas. El séptimo shuriken vuela hacia el muslo izquierdo – “¡Esto es por mi padre adoptivo que me enseñó a creer en la bondad de la gente!” – grita Sprite, su voz alcanzando un tono casi histérico mientras el octavo shuriken sale disparado de su mano, clavándose en el antebrazo derecho de Sam y haciendo que su cuerpo se estremezca contra la pared como una marioneta sacudida por hilos invisibles – “¡Esto es por la Iglesia Austro que abrió sus puertas a un monstruo disfrazado de salvador!” – el noveno shuriken atraviesa el pecho de Sam, peligrosamente cerca del corazón. Sprite sostiene el décimo y último shuriken en su mano temblorosa – “Y esto” – susurra Sprite con voz que apenas es audible, cargada de una tristeza que trasciende la furia – “esto es por todos nosotros que nunca volveremos a confiar en nadie de la misma manera.”
El décimo shuriken vuela en cámara lenta a través del aire húmedo, su trayectoria llevándolo directamente hacia el cuello de Sam Bernard, donde se clava de forma que corta la arteria carótida y sella el destino del mink que había venido a juzgar comida pero que terminó siendo juzgado por sus propios demonios internos.
Datos de la Aventura
Ubicación: Iglesia Austro, Reino de Sorbet. Tiempo: Templado(¿?), es una noche de verano, despejado, son las 09:40 pm. Datos importantes:
-Sam muere al ser impacto por 10 shurikens al estar empapado con agua de mar.
Belico
Sam es tangible al estar empapado en agua de mar. Sprite te lanza una ráfaga de 10 shurikens que lleva en el inventario.
Estos viajan a 70 de Precisión lo cual no puedes ver venir teniendo 32 puntos de Reflejos como indica la guía bélica avanzada pues la diferencia es de más de 21 puntos (incluso si usaras tu karma Cámara Lenta siendo la diferencia mayor a 10 y el ataque no abarcar 20 metros ni estar a 10 metros de distancia no puedes reaccionar). Al impactar el daño se calcula de la siguiente forma:
Arma x 10 = (15 + 0,4xDestreza + 0,3xPrecisión) x 10 = (15 + 28 + 21) x 10 = 64 x 10 = 640 PVs.
Con tus 35 de Resistencia no mitigas daño pasivo pues necesitas mínimo 50 para mitigar pasivamente (guía bélica avanzada) por lo que tendrías que asumir los 640 PVs de daño que sumados a los 169 PVs del turno anterior hacen un total de 809 de daño acumulado. Esto te deja en -59 PVs lo cual es mayor a 3x tu Voluntad. Según la misma guía bélica avanzada si tu vida entra en un valor negativo igual o superior a dos veces tu Voluntad, tu personaje muere.
Shuriken
Objetos bélicos
3
Especificaciones
Requisitos: 5 FUE / 10 DES / 10 PREC
Resistencia: 1500
Daño: 15
Escalado: 0,4 DES / 0,3 PRE
Alcance: 18
Unidades de peso: 1
Berries: 100000
Descripción: Pequeñas armas de arrojadiza con puntas afiladas y bordes dentados. Son usadas por ninjas y en el entrenamiento de artes marciales.
Erudito Nivel 1: Conoce la historia básica del mundo y las debilidades básicas de las Akuma no mi (por esta razón es que sabe que usando el agua de mar te puede hacer tangible).
Peso pluma: Tu cuerpo es excepcionalmente liviano y aumenta tu capacidad de salto en un metro extra por cada metro de salto que ya tengas. [Incompatible con Pesos pesados]
Karma: +1 Determinación: Te otorga un último turno consciente extra cuando deberías estar inconsciente o muerto, pero solo para hablar o realizar acciones no ofensivas.
Karma: +2 Ambidiestro: En caso de usar dos armas, permite mantener el porcentaje de escalado de destreza de armas duales intacto. [Incompatible con Descordinado]
Karma: +2 Borracho acostumbrado: Eres un bebedor nato, por lo que el efecto negativo del estado Ebrio se reduce en un 50% y necesitas 4 turnos onrol para activar el estado. [Incompatible con Bebedor novato]
Karma: +2 Rivalidad extrema: El personaje atacará de manera inmediata a alguien de determinada facción. La única salida posible es su muerte o la de su enemigo. Tienes que especificar con qué facción. (Piratas)
Karma: -3 Charlatán: En todos los posts donde tu personaje hable, deberá pronunciar al menos una frase de como mínimo diez palabras. Si en el post no dice nada, no es necesario.
Karma: -2 Épico: Tienes que decir en voz alta el nombre de tus técnicas antes o mientras la estás realizando.
Karma: -2
Total: +/- 7
Inventario
10 Shurikens que lanza Sprite en este turno.
Shuriken
Objetos bélicos
3
Especificaciones
Requisitos: 5 FUE / 10 DES / 10 PREC
Resistencia: 1500
Daño: 15
Escalado: 0,4 DES / 0,3 PRE
Alcance: 18
Unidades de peso: 1
Berries: 100000
Descripción: Pequeñas armas de arrojadiza con puntas afiladas y bordes dentados. Son usadas por ninjas y en el entrenamiento de artes marciales.
shuriken003
OFF
Cerrando la aventura y el triste fin del revolucionario Sam. Siempre te recordaremos.
Sam se deslizó por la pared astillada de la iglesia. La madera vieja crujió bajo su peso mientras dejaba una mancha roja que bajaba irregularmente hasta el suelo. Su cuerpo cayó pesado sobre las piedras mojadas del patio, salpicando agua salada mezclada con sangre. Los diez shuriken sobresalían de su kimono. El metal brillaba bajo la luna llena, clavados a diferentes profundidades en su torso y espalda. La tela se oscurecía rápidamente alrededor de cada herida. Sus brazos colgaban inertes a los lados, la mano derecha todavía cerca de la katana que nunca llegó a desenvainar.
Sprite seguía parado en el centro del patio de 15 metros cuadrados. Sus manos vacías temblaban ligeramente a los costados. No había expresión de victoria en su rostro, solo miraba fijamente el cuerpo del mink que yacía a 4 metros de distancia. El agua salada que cubría el suelo empezaba a teñirse de rosa alrededor del caído, formando pequeños charcos que se expandían lentamente hacia los desagües. El patio estaba en completo silencio. Los puestos de cocina abandonados seguían donde los habían dejado los vendedores al huir. Tres braseros yacían volcados, su carbón esparcido y empapado. Platos rotos y comida pisoteada marcaban el camino de la estampida. Todo quedaba como evidencia de una celebración que había terminado en tragedia. La katana de Sam permanecía en su vaina, el mango apenas visible bajo su cuerpo. Incluso al final, no había intentado defenderse. Había aceptado cada shuriken sin moverse, sin gritar. Como si supiera que después de lo que casi le hace a toda la aldea con sus poderes descontrolados, esto era lo que merecía.
Sprite caminó lentamente hacia el cobertizo de herramientas ubicado a 8 metros del cuerpo. Sus pasos chapoteaban en los charcos, rompiendo el silencio con un ritmo irregular debido a sus visibles heridas que dejo atrás la turba de gente que escapo de la escena antes de que los trágicos hechos de la noche ocurrieran. Abrió la puerta de madera, que chirrió sobre sus bisagras oxidadas. Dentro había herramientas de jardinería incluyendo rastrillos, azadas, y al fondo, una pala de mango largo. Tomó la pala. El metal estaba frío y húmedo por la brisa marina que entraba por las grietas del cobertizo. Pesaba unos 3 kilos, pero apenas sintió peso alguno. La arrastró de vuelta al patio, el metal raspando contra las piedras con un sonido áspero que resonaba entre las paredes de la iglesia. Eligió un lugar detrás de la iglesia, donde la tierra era más blanda y no había piedras grandes. A 10 metros de él se encontraba el cuerpo de Sam inerte, sin vida. Comenzó a cavar. El primer golpe de la pala penetró 20 centímetros en la tierra húmeda. Sacó la tierra y la depositó a un lado, formando un montículo que crecería con cada palada.
El trabajo era metódico. Hundía la pala, levantaba la tierra, la tiraba al costado. Una y otra vez. No había prisa en sus movimientos, pero tampoco vacilación. Cada palada profundizaba más el hoyo, 30 centímetros, 50, 80. La tumba tomaba forma lentamente bajo la luz de la luna. Mientras cavaba, el cuerpo de Sam seguía inmóvil. La sangre ya había dejado de fluir. Los shuriken brillaban menos ahora, cubiertos parcialmente por la tela empapada del kimono. Un revolucionario que había ganado fama reciente, ahora reducido a un cadáver en el patio de una iglesia. No habría canciones sobre esta muerte. No habría gloria. Solo un hoyo en la tierra y el recuerdo de una noche que salió terriblemente mal. Sprite continuó cavando. La tumba ya tenía un metro de profundidad. Necesitaría al menos medio metro más. Sus manos empezaron a ampollarse por el mango de madera, pero no se detuvo. El montículo de tierra a su lado crecía constantemente, tierra oscura y húmeda que pronto cubriría al mink que casi destruye todo lo que Sprite había jurado proteger.
No había testigos más que la luna. No había nadie que recordara este momento excepto el joven que cavaba y los muertos que no podían hablar.
OFF
Aquí termina la trágica aventura. Para aquellos ojos curiosos, he pedido permiso a la administración para terminar la aventura.