{Pasado} Ya no sangro, sello el dolor | Heras
#1
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Hace 1 año — 7 pm.

Paré mi andar cuando llegué a la salida del bosque, justo donde la planta de mis pies descalzos sintió la arena blanca de la playa, a unos kilómetros del puerto principal, cerca de la orilla del mar donde, más allá, se veían algunas rocas altas. "Ahí será perfecto. Si tengo suerte claro." pensé, encaminando mis pasos un poco más allá de la orilla del bosque.

Coloqué un gran tronco que me serviría de silla en la suavidad de la arena, frente a él, comencé a armar una pequeña fogata, nada demasiado extravagante; junté hojas, ramas y, con un par de rocas y un tronco, hice fuego en menos de una hora.
Una de las ramas largas me sirvió como lanza luego de afilarla un poco con algunas conchas y piedras que me encontré en la orilla; con suerte, aplicar la suficiente fuerza me serviría para atravesarlos.

Dejé mi capa de lobo en el tronco, esperando que no hubiera nadie que quisiera robarme cerca en las próximas horas. Me quité la licra y el top y, así, quedando completamente desnuda, me metí al mar.
Mi cuerpo se estremeció ante la frialdad del agua salada; me sumergí completamente, en parte disfrutando un poco de la playa, en parte buscando el sitio perfecto donde pudiera cazar algunos peces, pues esa sería la cena.
Algunas horas después, lo logré.

Solo con mis manos y aquella lanza improvisada, tirándola al agua desde las rocas, logré asestar a varios peces de diferentes tamaños; "Tal vez", pensé "Si vendo algunos en el puerto, podría pagar una noche en una posada". La verdad era que —para dormir— no lo necesitaba, pero prefería enormemente poder bañarme a solas y en tranquilidad que entre un mar de gente en las saunas. Aunque eso también era divertido.
Cuando salí del agua, las luces del pueblo ya estaban prendidas; el fuego casi se había apagado, así que debía avivarlo de nuevo. Sin embargo, al observar hacia arriba, por un momento… olvidé muchas cosas.

Olvidé que estaba desnuda, que tenía hambre y que no tenía un hogar; olvidé a mi madre y olvidé mi pasado. Solo existía ese momento: estaba presenciando la vida misma avanzar en el tiempo, como los destellos de las luces cálidas del pueblo que se perdían colina arriba empezando desde el puerto, con el faro a lo lejos como testigo, el repicar y el canto de las aves costeras, con el crepitar de mi fogata y los peces que estaba a punto de comer.

Inhalé fuerte y me dirigí a la orilla, pisando con decisión y levantándome del agua con la lanza llena de peces en una mano.
Caminé hasta mi fogata y me senté sobre las rodillas, inclinándome hacia delante para avivar las llamas, soplando poco a poco y colocando algunas ramas sobre las brasas. El cabello me cayó sobre los hombros, tapando parte de mi cuerpo desnudo. Pero entonces… escuché algo que me hizo pensar que mi tiempo a solas se había terminado. Levanté la vista, como un animal alertado por un depredador.

—¿Quién anda ahi? —pregunté, en espera de una respuesta.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#2
Me encanta la tranquilidad que me da esta isla, comienzo a pensar que es mi favorita. Siento la tranquilidad, me encanta, soy muy feliz aquí con la tranquilidad de esta ciudad pesquera. Poder desplegar mis alas en las noches se ha vuelto una actividad que me encanta, también tiene sus cosas negativas, el frío, el olor a pescado constante, la poca variedad de actividades poco estéticas, nada deja buen dinero. Todo se compensa, ciertamente desde que me fuí de allí no puedo negar que tener un itinerario libre me hace muy feliz. 

Sin tener que atender clientes que no deseo, sin tener que ser castigado por desear estar fuera, ver hermosos pétalos florecer. La luz deformarse en un arcoiris en la lluvia. Bañarme en la intemperie, conectar con la naturaleza. No paraba de pensar en lo positivo, aunque el hambre es algo que no siempre puedo lidiar bien. Hay días en los que puedo comer bien y hay dias que un bocado no está permitido. Pero hoy estoy de suerte pues en mi vuelo nocturno en el que estoy retomando mis practicas de vuelo puedo notar que allí hay algo. 

Una luz, una que me llama, puedo verla desde los metros y a pesar de que las brisas me hacen planear y no me puedo acercar directamente, veo ese fuego solo. Es innegable que acercarme podría darme ventaja, seguro un pescador andaba perdido, podría ayudarle y conseguir donde dormir sin tener que colarme en algún establo, molino, o granero de maneras no legales. Yo soy bueno para ubicarse así le puedo llevar a las personas a sus destinos. Puedo ver bien y puedo saber donde están los puntos cardinales. 

El viento sopla a mi favor y me acerca a la brasa que arde y lucha contra el clima. Deja de ser un punto opcional y comienza a llamarme el fuego y la imaginación de estar cerca de un ardor cálido que aleje al frío de mi. Entonces es cuando la ví, mi aguda y felina visión me permite ver aquella obra de la naturaleza. Puedo ver su caminar su silueta, me desconcentran, ella no sabe de mi, pero está bien pues no es el pescador que esperaba encontrar. Stendhal me recuerda que soy mortal y débil ante lo que impacta en mis ojos y se graba en mi mente. Me aturde un instante y me hace caer, imagina que un ave olvidó cómo volar, como una gaviota que hace algo estupido y hace que las otras de su especie se burlen de ella. 

Mi aterrizaje menos prolijo ha llamado la atención. No fuí sutil, no me encanta cuando llamó la atención así. Me habría gustado poder ver un poco más antes de ser percibido, pero ahora ya no puedo mantenerme detrás del manto que me hace invisible en el anonimato y tengo que reponer la compostura y levantarme. Sacudirme y dejarme bien, sacudo bien mi cabello oscuro y lo cuido bien para que no se noten aquellas canas plateadas. Espero que ella no las vea esta noche, arruinan todo.


—Buenas noches.— Digo antes de aparecer en escena, recojo las notables y negras alas para conservarme en un perfil controlado. De cerca, con la luz a favor, la braza que reavivada llega a crepitar, de sus destellos etéreos que se convierten en ceniza al vuelo y el remanente de las gotas de su piel que reflejan su silueta. Fornida, tersa, pero no demasiado curtida por venir del agua. Cabello que aprovecha el color del fuego y su postura de rodillas. ¿Qué está pasando por mi cabeza ahora mismo? Por un instante he perdido el control y creo que he perdido un segundo eterno admirándola. 


  —Me vi atraído por el fuego. Pensé que encontraría pescadores. No a la doncella de la bahía. — Se me escapa, costumbre del edificio adular primero y preguntar después. Ni me he percatado que ella podría estar a punto de golpearme. Soy descuidado, no lo medito y tuve el momento para hacerlo pero mi razón tampoco dijo nada para detenerme.   —Me llamo Heras.— Seguido de un ademán formal al llevar mi pierna hacia adelante y una reverencia que he entrenado repetidas veces. Mi mano se mueve como si me quitara el sombrero, me presento como si fuera su mosquetero personal.

—No deseaba tomarla por sorpresa. Solo venía de mi paseo nocturno y pensé que alguien podía necesitarme. — El sonido en mi cabeza me dice que guarde silencio, no es algo real es algo que yo imagino y entonces le sonrío y vuelvo a mi postura luchando y mirando a sus ojos directamente. Aunque mi postura en la que veo desde arriba no me está ayudando en nada ahora mismo.
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#3
Un aleteo que parecía el de un gran ave fue lo que escuché antes de levantar mi cabeza y en ese momentos, cerré los ojos para calmarme, deseando y esperando que fuera un animal, algo tan grande como las aves gigantes de Torino, pues, de ser caso contrario la tranquilidad habría terminado para mí. Aún así; mi semblante no mostró perturbación alguna más que para observar el gran tamaño de aquel hombre al aterrizar, definitivamente no esperaba que un Lunarian me visitara a altas horas de la noche. 

"¿Qué es esto, se cumplirá algún deseo?", pensé, aunque no tenía ninguno. 

Me erguí aún sentada sobre la arena y ladee un poco la cabeza, sin preocuparme de que pudiera ver mi cuerpo desnudo, aunque mi cabello largo y mojado se deslizaba cubriendo mis pezones y mi entrepierna, goteando todavía el agua salada y mojando la arena alrededor de mis piernas. Y como se daba el caso de que la situación en la que me encontraba era demasiado irónica, decidí simplemente tomarmelo con calma. 

—HahahaHAHAHA —la risa que comenzó como una sonrisa se convirtió en una pequeña carcajada cuando al verlo fijamente me percataba de que era solo un muchacho. 
—Ven, siéntate aquí, tengo comida y bebida, también hierba —le dije llamándolo con la mano al tiempo en el que me ponía de pie y colocaba mis manos en la cintura, mirándolo hacia arriba debido a la diferencia de alturas, tenía una sonrisa en el rostro, divertida. —No hagas eso, no te inclines, no necesitas impresionar a nadie, ya eres bastante imponente por ti mismo —dije, mientras sacudía la arena se mis manos y piernas —Además, no soy una noble ni nada parecido —comenté mientras que me colocaba la ropa interior como si nada hubiera pasado. 

—Mucho gusto Heras, ¿gustas pescado? —pregunté, a pesar de lo que decía, su comportamiento no me parecía del todo el de alguien que buscaba ayudar a los demás, no de una mala manera por supuesto, sin embargo, me le quedé viendo durante varios segundos. Tomé el cuchillo que llevaba en la parte trasera de mi piel de lobo y uno de los pescados que había capturado. —Te diré qué —hice una pausa —Si me ayudas a limpiarlos, puedes quedarte con la mitad —dije, con tono austero y negociador pero al mismo tiempo divertida, para tratar de hacer más ameno el tiempo de espera hasta que estuvieran bien asados para poder comerlos.

Luego de ello, y sin esperar realmente que me siguiera, camine hasta la orilla, y fue entonces cuando el sol tuvo sus últimos minutos en el cielo, ocultándose poco a poco detrás del mar, como si se cobijará con él. Me tomé un minuto antes de cortar el pescado para limpiarlo con el agua salada. El mar me invitaba a meterme dentro de él con el va y ven de la marea y el aire salado me hizo respirar hondo dejando que el viento me secara el cabello. —Aah.. de esto se trata la vida.—dije, al aire.
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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#4
Acomodo mi ropa sacando los restos de arena y reviso mi cabello con cuidado de no tener cabellos blancos visibles. Tengo que dar mi mejor impresión delante de ella y me doy una acomodada final. Ya que no quieres la reverencia.

Su manera de recibirme me hizo sentir un hombre lleno de fortuna. Me sacudí la arena tras esas palabras y le miré con suma atención. No escuchaba palabras así desde que había estado en esa aura de comodidad hace mucho tiempo. —Vale, siempre estoy encantado de una buena compañía en la playa. — La compañía pasó de ser un lujo a ser algo que me tendría que ganar. Lo pensé por un pequeño instante y le miré la mano extendida para coger el mango de la hoja que había escapado.

No soy muy dado a la cocina, no puedo ocultar eso, pero, no creo que esté en posición de desaprovechar una oportunidad como esta. Entonces agarré uno de los pescados que es necesario descamar. Con agarrarlos ya entiendo lo que tengo que remover. Esa sensación es escamosa. Aunque conmigo no cargo ni un cuchillo ni nada. Francamente no tengo ni donde caerme muerto.

No es como que sea un genio, pero lo más justo es ayudarla con esto si me está ofreciendo un beneficio. Entonces me puse manos a la obra buscando una roca y caminando hasta la orilla para lavar la arena y usarla de tabla para tener allí los pescados. Entonces la oí. Solo sonreí, yo no tenía la respuesta para ello ya que mis momentos de libertad no son tantos como se esperaría. Hice lo mismo con los pescados y los puse arriba de la piedra y uno por uno los fui sacando las escamas.

Me senté junto a ella en la arena y mis alas buscaron una postura natural cómoda, me cubrían un poco de la brisa marina que ya para esta hora comienza a estar fría. —Bueno, preste ese cuchillo… Madam. — Usando el filo en el sentido contrario a como van las agujas. Básicamente de la cola a la cabeza fuí removiendo las escamas. No soy experto y no tengo soltura en esta actividad, pero era lo único que se me ocurría para hacer esto. Era como la manera básica. Las escamas saltan y van saliendo una tras otra. No tengo una técnica pulida para hacer esto y al principio lo hago con notorio temor de mi propia fuerza de no deformar el pescado.

—Curioso, aun no huele como el pescado suele hacerlo.— Ya se que es algo redundante, porque están frescos, pero son pequeños detalles que se te escapan. Conforme quité la primera mitad de uno de los pescados, al darle la vuelta me costó un poco menos. Soy lento y es que voy paso a paso para asegurarme de quitar todas las escamas de los pescados. Tenganme paciencia, no soy demasiado experto en estas cualidades que me piden destreza en las habilidades culinarias.

Te veo y mi ala también te cubre ligeramente de la brisa marina. —¿Eres toda una experta viajando? Estoy seguro de que no te había visto antes.—  Ya quisiera yo tener ese tipo de habilidades que me darían la independencia para no tener que amarrarme a ningún lugar. —Ha de ser genial viajar por tu cuenta, te debe dar un visión de la libertad unica.— Cambio de pescado y sigo descansando.


Con el sol ya en su punto más bajo y el cielo con esos tonos naranjas que cambian a ese oscuro. Recordé aquella canción que escuché en uno de los muchos bares para los que servía y me pareció correcto y ameno, mientras iba tarareando antes comenzar a recitar buscando llegar a un tono que no era para mi. Eso ayudaría a que no me diera asco el pelar los pescados

Todo parece que será fácil pero en la última estrofa me detengo pues el pescado se descama mal y parecía que se iba a desarmar.  —Ah, no ha quedado tan bueno.— Lo extiendo, no es como que espere un visto bueno, pero podemos ir preparando que comeremos o si haremos algo más.
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#5
Sonreí ante la reacción positiva del nuevo invitado y me dispuse a quitarle las escamas, luego de tenderle el cuchillo al hombre. Por alguna razón, casi se veía tierno sosteniendo un pescado del tamaño de su pulgar entre sus grandes manos.
—¡No te preocupes! La comida sabe mejor cuando se la prepara uno mismo —dije simplemente, abriendo con agilidad el que sostenía en la mano, mientras el atardecer seguía cayendo sobre nuestras cabezas.
—Y no creo que huela así pronto, estarán en nuestra pancita —añadí mientras limpiaba las tripas y vísceras, dejando que la corriente se llevara toda la sangre y demás.

Salí del agua y me dirigí a la fogata. Con el mismo cuchillo comencé a pelar la punta de varias varillas y a ensartar los pescados uno a uno, atravesando la piel y el músculo. Luego clavé los pinchos en la arena de cara a la fogata, la cual avivé soplando un poco más y agregando unas ramas.
—¿Eh? —
—Bueno, es verdad que no me quedo mucho tiempo en ningún lugar, pero no diría que soy una experta —contesté mientras terminaba de colocar el último pez y lo esperaba sentada en aquel tronco.

La conversación se había tornado amena.
—Mh, tiene sus riesgos, más siendo mujer, pero trabajando he podido viajar de aquí para allá, criarme a mi propio estilo y vivir; a veces solo sobrevivir, pero, como ves, no está mal. Aunque no se tenga un techo, si aprendes a observar y escuchar, la naturaleza puede darte más de lo que necesitas —contesté, sacando mi pipa casi como un movimiento automático desde la piel de lobo que yacía a mi lado sobre el tronco.

—Este atardecer merece un poco de hierbas mágicas antes y después de comer —dije mientras tomaba un pequeño palillo de la fogata, colocaba la hierba en el cuenco y lo encendía. Di una calada y luego la ofrecí al hombre.
—¿Gustas? —pregunté, exhalando el humo hacia el lado al que soplaba el viento, mientras lo escuchaba tararear aquella canción.
—Es una bella melodía, ¿te sabes la letra? —comenté.

—No te preocupes, ha quedado genial —dije, tomando el pescado con la otra mano, esperando que él tomara la pipa para poder ensartarlo en el pincho de madera.
—Por cierto, ya me has preguntado muchas cosas y no sabes mi nombre, son Lan, Lan Caihe —comenté simplemente mientras que le dedicaba otra sonrisa y ponía el pescado en el pincho junto a la fogata a la par en la que comenzaba a darle vuelta a los que ya estaban cocinándose.
—¿Qué hay de ti?, no estás muy acostumbrado a viajar, ¿o sí? —pregunté, curiosa.

Off
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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#6
Ella se porta cómo una persona encantadora. Estos momentos me traen una sensación agradable que hace tanto tiempo no percibía. Me acerco al fuego cuando ella lo hace. Escuchar de su vida en el mar me llena de ilusión. mi experiencia hasta el día de hoy no ha sido tan libre, ni tan tranquila. De hecho busco la manera de librarse de ataduras constantemente. 

—Me fascina eso, ya veras que pronto me uniré a esa vida, pronto. Solo estan en el amplio mar es como una sensación fabulosa y libre. A mi me encanta.— Por reflejo propio sin desearlo mis alas se extendieron al emocionarme al igual que mi tono de voz lo deja expresar fácilmente y veo el cielo que está terminando su transición a nocturno y pronto esos destellos blancos se comienzan a dejar ver.. 

¿Magia? Mi expresión es de sorpresa y cuando la veo ya me estaba extendiendo su pipa.  —No me encanta el olor del tabaco, ni el humo ciertamente.— Soy preciso con ella, aunque la agarró con cierto cuidado pues no quiero romperla. Es ese tipo de pipas que lucen muy elegantes, algunas de las mujeres con las que compartí vida pasada usaban pipas como estas y muchas veces me obligaban a fumarla, pero ciertamente tener un cuarto con olor a humo de tabaco me es desagradable. 

Entonces cuando la veo soplar el humo, puedo sentir un olor curioso. No es el típico cigarro con olor a tabaco y alquitrán. Mi cara no está encantada pero es curioso.  —Bueno. Una calada de la pipa de la paz.— Hice uso de la pipa, fumé un poco, y percibí esa sensación amarga, era mucho más amarga de lo usual y se siente como si estuviese atascado ese sabor en la garganta. 

Ruidos para aclarar mi garganta tras respirar y sentir como lo caliente llega hasta mi pecho y vuelve a salir con el humo. Lo exhalé por la nariz, aun soy muy novato en esto de fumar, entiendan que no me encanta. Le extendí la pila de vuelta.  —Sí, ya veo, no es tabaco.— Digo con dificultad antes de toser un poco. Me tapo los labios.  —Lo siento, gracias.—

Tras respirar un poco siento que aquello amargo subió un poco por mi cuello y se sentía un pequeño hormigueo en la parte trasera de la cabeza. Y comencé a olvidar que tendría que regresar y buscar asilo. Olvidé si tenía alguna preocupación y mis hombros comenzaron a relajarse poco a poco cada vez más.  —La escuché un par de veces. Habla sobre el mar. Pero el canto no es mi fuerte.— Expresé sin temor ya que era una canción bonita.

Te veo y tu sonrisa me induce a sonreírle de vuelta.  —Lan Kaije. El placer es mío.— Creo que estoy como muy relajado por lo que no dejo de verte en ningún momento y mi sonrisa es juguetona. Me muerdo el labio inferior, pues mi cabeza está inhibida.  Me acerco un poco más al fuego y a ella. —No si ya verás que cuando esté viajando será en un gran barco y te invitaré a que viajes conmigo.— Estoy seguro en mis palabras, no tengo ningún temor de ello. Ya que si para ser libre el viajar en un barco es lo ideal. Conseguiré uno o alguien con que pueda viajar y no me quiera estafar. 

—Lan, la fuerte, la bella. ¿Te gustaría que te cante la canción?— Me acerco a ella y me pongo de manera de que podamos ver ambos el mar. Comienzo a recitar con mi voz grave y me acerco a ti hasta poner mi mano en tu espalda mientras señalo la infinidad del mar.  —En el canto de las olas, encontré un rumor de luuuz— Hago un ademán hacia lo alto y se ven las típicas aves que abundan en el puerto. —Por un canto de gaviotas, supe que allí estabas tuuú—
Busco tus manos para tomarlas, a pesar de que las mías son más grandes y que mis pulgares caraciciaran el dorso de tus manos. — Despidiendo últimamente, todo lo que sucedió —Dejo de ver tus manos para verte directo a los ojos. —Hoy, saludo mi presente,  y gusto de este dulce adiós —

Cómo si hiciera una especie de obra luego la suelto y camino mientras comienzo a recitar con mi voz grave buscando un tono adecuado miro ahora el mar y extiendo mis alas en su total envergadura. 

—Voy a navegar en tu puerto azul
Quisiera saber de dónde vienesa tuú
Vamos a dejar que el tiempo paaaree
Ver nuestros recuerdos en los mares
Y esta soledaaaad taaan profundaaa...—

Mis pies llegaron a mojarse donde terminan las olas con sólo espuma. Hago una pausa y mientras sigo recitando en el mismo tono voy dando pasos hacia tí. Igual estoy poniendo mucho empeño por alguien que acabo de conocer.


—Que en el canto de las olas
Me quisiera sumergiiiir
Embriagándome en su aroma
Algo nuevo descubriiir—
[...]
—Voy a navegar en tu puerto azul
Quisiera saber de dónde vienesa tuú
Vamos a dejar que el tiempo paaaree
Ver nuestros recuerdos en los mares
Y esta soledaaaad taaan profundaaa...—


Cada vez más cerca busco ver directo tus ojos, que para mí brillan, pero puedo estar siendo engañado por la hoguera. y su fuego. Cada verso estoy ya cada vez más cerca y terminó por dejar mis dos rodillas frente a ti, suficiente para tomar tus manos nuevamente.

—Que me cante el maaar
Un bolero de soledad
Que me cante el mar
Que ando sola, con soledad—

Una pausa pues he terminado mi actuación. No quiero soltarte la mano y siento que mi corazón late acelerado por dedicar este bolero tan precioso. Aun para mi que estoy acostumbrado a la desnudez siento que me abrí más de la cuenta.
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#7
Aquella sí que era una persona curiosa. Me parecía que, de todos los viajeros que había conocido hasta ese momento, este era uno de esos en los que se podía ver más de lo que se aparentaba; la manera en la que se movía y hablaba al hacer uso de la pipa, y el hecho simplemente de pronunciar su límite al tabaco, fueron algo que me quedó claro. Aunque, antes de que pudiera retraer el brazo, cuando solté aquella calada y el humo se fue suavemente, tomó la pipa y le dio él mismo una calada. Lo miré con una sonrisa que se convirtió en carcajada mientras palmeaba una de mis rodillas, ahí sentada en el piso, viendo al enorme desde abajo, cómo tomaba suave y delicadamente la pipa.

—¡HUHUHYYAAAHYYAAA! —me carcajeé divertida—. Bueno, siempre pudiste negarte, no hay ningún motivo por el que tengas que fumar —dije, mientras me encogía de hombros y tomaba la pipa de vuelta. En lo que él hablaba, volteé otra vez los pescados, que ya iban tomando tonalidad de cocido.
—Paciencia en la forja. Agradezco la bienvenida; espero que algún día puedas llegar a hacerlo. Si es tu sueño, ve y persíguelo —dije simplemente, estando relajada y sonriente, aunque atenta. No parecía mal chico. ¿Desconfiaba? Claro. Al final del día, aunque yo podría ser considerada una pirata, ni siquiera tengo precio por mi cabeza, y hay todo tipo de gente en este mundo.

—¡Sería un placer escucharla! —proferí, y casi inmediatamente la canción comenzó a salir de su boca. Cuando Heras comenzó a cantar, interpretando una suerte de actuación para mí que me pareció muy entretenida de ver y encantadora, me reí entre parte y parte mientras me apoyaba en mis rodillas y daba otra calada de mi cosecha especial. Mis ojos comenzaron a ponerse un poco rojos.
Cerré los ojos, disfrutando un poco, hasta que sentí su mano en mi espalda.
“Wow”, pensé, “este chico…”. Seguí observando cada gesto, cómo acariciaba el dorso de mi mano, y aunque cualquier otra pudo haberse desprendido de ser tocada por un extraño, por alguna razón tuve la sensación de que iba a divertirme si dejaba que continuara hasta ver a dónde llegaba.

La letra de la canción era hermosa; definitivamente era alguna de aquellas canciones de romance que se cantaban en altamar por las mujeres. Cuando lo vi estirar sus alas negras, dándole la espalda al último rayo de sol, se me escapó un:
—Es hermoso —.
Las notas las traía el viento hasta mis oídos y, mientras, mi mente era maravillada por el espectáculo que estaba viendo.
Él volvió a tomarme de la mano; yo no las quité.

—Estuviste estupendo —le dije—.
Puedo ver que sabes cómo entretener y encantar a las mujeres —agregué. Mi mirada centelleó; era algo picante y salvaje, pero no había intenciones malas ni en el comentario ni en cómo lo observaba.
—Fue una canción fabulosa —miré hacia arriba, esperando que soltara mis manos antes de acomodar la pipa—. Nunca la había escuchado, y además puedo decirte que cantas ciertamente mejor que muchos, mejor que yo, eso seguro. HAHAH —comenté, ahora sí despegando mis manos para dar una vuelta a los pescados y entonces tenderle uno que ya estaba en su punto—.
—Te ha quedado exquisito, Heras —le sostuve la mirada fijamente, genuinamente dedicando aquel cumplido.

—Ahora que lo pienso, no estoy acostumbrada a ese tipo de música —analicé un momento—, aunque me ha encantado.
—En mi pueblo las canciones suenan un poco diferentes. Yo no era de las mujeres que sabían cantar precisamente, aunque hacía algunos sonidos que acompañaban al grupo —esbocé una sonrisa melancólica por el recuerdo feliz—.
—Sonaba algo así como…


Comencé a dar golpes en la arena que sonaron como un pequeño tambor, a la par que daba palmadas en mi muslo.

Los sonidos y las palabras salieron de mi boca en el idioma de las Kuja, mientras la fogata chisporroteaba y los pescados se cocían.
Eché hacia atrás tomando aire fuertemente; mis mechones de cabello se deslizaron conmigo, algunos cayendo hacia enfrente, otros hacia atrás, despejando mi frente y los costados del rostro.
Miré a la luna, y luego de encontrar el ritmo, la voz salió por mi garganta.

No era una voz para cantar del todo armoniosa; era un canto ceremonial tradicional. Sonaba profunda, pero un poco rasposa, golpeada, pero progresivamente melódica, acompañada de un ritmo hipnotizante.
Comencé a mecerme adelante y atrás, como si estuviera cantando una canción de cuna a mí misma.
De mi estómago salió el sonido de un ave, un chillido agudo armónico que acompañó al párrafo varias veces.

Y poco a poco, fui callando la voz, hasta terminar la canción.
—Era una canción que cantábamos en las ceremonias del pueblo —comenté—.
—Lo bonito era cantar juntos.
—¿Está bueno el pescado?
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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#8
Que bonito se siente cuando te hacen ese tipo de cumplidos, creo que muy pocas veces ha llegado a mi ese tipo de frases, que no sea bueno por ese trabajo antiguo que yo ejercía. Se sintió agradable en el centro del pecho, tanto que me descolocó. Solté sus manos sin darme cuenta que probablemente duré mucho tiempo con sus manos agarradas, entonces corté el trance que tenía esa mirada de fuego que me estaba haciendo sonreír enternecido. No hay que abusar tampoco.  —Si. Claro. Bueno. Gracias, gracias.— Sus palabras me hacían sonreír más. No tienes ni idea de lo que se hacer para entretener a una mujer. Jadeo un poco pues recitar por un momento casi me deja sin aliento, pero pronto me calmo y veo el fuego.

Los pescados se ven deliciosos. No puedo evitar frotar las palmas, las estoy disfrutando cuando me son presentados. Ciertamente ahora que los veo quizá son un poco más pequeños que antes, pero lo importante es no irnos a dormir con el estómago vacío.  Sin dudarlo demasiado me acomodé el cabello pues el moverme tanto aflojó ligeramente la cola de caballo que ata mi cabello blanco como la luz reflejada por la luna. —Hmm~~ Sí. ¿Qué música es de las tierras que provienen? — En este momento comencé a comer el pescado agarrando el palito que la atraviesa y permitió el asarlo, lo orienté de manera que lo largo del pescado estuviese en horizontal así lo soplaba ligeramente y una mordida medida retira la carne dejando la mayoría de las espinas pegadas al pescado. 

La parte dos del espectáculo fue distinta a la mía. Tribal, cargada de una energía cruda que llena a cualquiera y me incita a aplaudir mi palma contra mi muslo oscuro cómo la noche. Ella en parte parece que estaba solo emitiendo ruidos pero estos mismo te van diciendo donde está el compás. Cómo si estuviese destinada a ir acompañado de un tambor aquella canción, no es un ritmo perfecto el mío, yo no soy musico, solo me estoy dejando fluir mientras disfruto del pescado asado y su sabor suave y de la piel algo tostada que le da esa sensación salada que busco. 

Más duró la canción de los que me duró pescado que me ofrecieron. Así que pude desocuparme las manos para aplaudirle de vuelta. —Si que llevas tus raices bien pegadas a ti. Se siente la pasión.— Igual y por eso su música es de ese estilo, no está hecho para ser afinado ni melódico, pero yo no soy artista de este rubro. —Seeh. Estan buenos, toma ese que ya se ve que está listo.— Señaló inmediatamente uno que si se descuida comenzar aa ponerse negro del o quemado. 

—Debe ser bonito poder llevar eso aferrado contigo a todas partes. Yo no recuerdo mucho sobre de donde provengo ni nada deso.  ¿De dónde eres? Veo que tienes esos recuerdos contigo.— Me quedé expectante un rato para saber un poco de su historia. No quise incordiar demasiado pero como ya me había acabado uno decidí tomar uno después de ella para seguir cenando. No es que fuera confianzudo, pero el hambre actuó por mi, alterné entre el fuego y ella para seguir volver a comer. 

Conforme más la observo en un pequeño momento que compartimos el silencio de la comida, comienzo a notar que somos como diferentes ella y yo. Su tez, sus raciales, no conozco así gente que tenga la piel de mi color y comienzo a preguntarme si ella y yo somos iguales. Pero es algo vago pero lo esfumo al agitar un poco mi cabeza en negación. —Ya tienes pensado donde nos, ejem, ¿Donde dormiras? conozco un sitio donde podemos col, donde podemos quedarnos pero es un poquito silencioso.—
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#9
—¡Gracias! —dije encogiéndome de hombros mientras soltaba otra calada y sentía los efectos en mi estómago de aquellas hierbas mezcladas con el hambre. Pronto tomé el pescado que me decía antes de que este se quemara por completo y le di una gran mordida. Para mí aquello era bastante grande; no me llenaría con uno, pero me preocupaba que el grandote no quedara satisfecho tampoco.
—Me alegro de que te haya gustado. Come cuantos quieras, por favor —le dije después de tragar aquella mordida, para luego morder otro pedazo automáticamente, concentrándome en lo delicioso que sabía el pescado fresco, casi babeando aunque ya estaba comiendo visiblemente hambrienta.

Tanto, que tardé un poco en procesar lo que me preguntaba. Sonreí con cierta tristeza ante su pregunta.
—Bueno, ya que estamos comiendo juntos, puedo contarte un poco de mí —dije, desbloqueando de mi psique algo de lo que no hablaba. Y aunque habían pasado demasiados años, el recuerdo de mi madre vino a mi mente—. Vengo de una isla en el North Blue, aunque mi madre era una Kuja del Calm Belt… —Solo esa frase ya revelaba muchas cosas. Traía a su mente recuerdos del pasado que pinchaban su corazón con un alfiler de tristeza, pero que pronto desaparecían con una sonrisa hacia el moreno gigante frente a ella.

Lo observé por un momento mientras terminaba de devorar el pescado y lo escuchaba.
—¿Dónde dormiré? —repetí con una sonrisa en los labios—. Aquí.
Miré al cielo un poco.
—No se ve que vaya a llover pronto —señalé el negro despejado del techo del mundo, que mostraba una ventana estrellada y mil constelaciones.
—Yo creo que después de comer, este es el lugar perfecto para dormir, ¿no lo crees? —pregunté, mientras el viento acariciaba mi piel aún de manera cálida.
—Sin embargo… si tú quieres —señalé el poblado—, hay un buen hostal en el puerto que tiene habitaciones para ti. Si les llevas algo de pescado, tal vez lo acepten a cambio de una noche —dije, tratando de encontrar una solución si es que no quería dormir a la intemperie. El clima aún no estaba del todo frío como para que tuviera que buscar un lugar cerrado que me protegiera de morir mientras dormía.

—Pero oye… ya he hablado demasiado de mí. ¿Y tú? ¿Qué hace un lunarian en los Blues? —pregunté, directa.
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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
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#10
Estoy sorprendido cuando me hablan un poco de su historia. Yo lo que menos me imaginaba era que ella tiene un recorrido tan largo. —Es impresionante.—En eso ella dijo algo que me dejó impresionado. Una isla en Calm Belt. Por un instante no la miré directamente, estoy atrapado en la sorpresa. Entonces ella tampoco es como el resto. Vi el fuego que se mantiene pero si no lo alimentamos poco a poco se apagará. 


¿Cómo una mujer tan hermosa va a dormir aquí afuera? Lo pensé, lo pensé demasiado, ellas no me lo perdonarían. No puedes quedarte así, no puedes dejarla así. No me gustó para nada que ella quisiera pasar la noche afuera, aquí es tranquilo y se puede acampar, pero no va a dejar que alguien que le ha tratado tan bien simplemente pueda quedarse a la intemperie y pueda enfermar. La debería hacer pasar por el filtro pero ella de buenas a primeras le recibió y le dio su comida, no todos se van a quitar la cucharada de la boca para alimentar al prójimo. Ya pensaré en algo.


Hice un buffido, casi me ahogo en el proceso. ¿A quien le podría interesar la historia de un negro? Nadie nunca se lo ha preguntado jamás y mira que mucha gente le ha dirigido la palabra, compartido con él, aprovechado la oportunidad, pero nadie nunca le ha preguntado sobre quién realmente es. —Jah ¿Que dices?, yo soy un hombre como cualquier otro. No es la gran historia tampoco. No diferente al resto. Yo solo recuerdo un circo, ahí estuve mis primeros años, con otros tipos raros, si, las burlas y las risas para entretener a otros, después me cambiaron de dueño. The red, the queen bed, Okamis, lugares a los que no quiero regresar. — No me gusta cuando la cosa se pone personal y yo realmente estoy muy tranquilo junto a ella. Miro al otro lado, al océano. También es necesario saber que yo no sé a qué se refiere ella con que soy un Lunarian, solo soy un poquito diferente a los otros hombres.


No todos los saben pero cualquier pirata hombre, heterosexual y mujeriego, sabe que esos son nombres de prostibulos. Un par de ellos famosos por hacer de todo lo necesario para que el cliente afloje el dinero. Me sentí expuesto, desnudo, y no de la manera que me acostumbre a disfrutar. —Si bueno, al final me escapé y me vine aquí. A inventarme.— Claro que no le contaré de qué hacía yo en esos lugares, seguro sentirá asco de tenerme cerca. Dar más detalles sería como abrir mi alma y esa exposición me hace un nudo en el cuello. Hablé, si, pero, ella merece que le diga una historia también, me contó sobre su vida también, parley.  


—No soy muy parecido a los otros hombres, digo, mira este tono y estas alas, pero no conozco otra cosa. Aunque conocí a una gigante muy parecida a mi. Ya sería el colmo no solo verse diferente si no ser realmente el adefesio del circo. — No deseaba ser llamado de nuevo de esa manera, se sentía extraño, no es como que te dijeran habitante de sorbet o baquello. Es como si te dijeran, perro, gato, insecto. No se, no me ha caido muy bien esa palabra Lunarian. 


—Igual lo importante no son las desgracias. Menos mal que me fui, así pude cruzarme contigo.— Mis alas se extendieron moviendo la arena. Se siente un poco como si fuese la primera vez que alguien me hace hablar de lo pasado, me hacen tener que abrir el pecho. Una primera vez siempre duele, lo sé por mucha experiencia. Ya no tengo que seguir siendo ese. 


—Tu no eres más esa mujer del océano del norte, yo no soy más ese Heras. Ahora somos esto nuevo. Y este nuevo yo no quiere que duermas afuera. se va a meter la arena en ese bello culo. Mejor pasa la noche conmigo. yo nos conseguiré un lugar donde por lo menos podamos sacarnos la sal y duermes en una cama de paja.— Me puse de pie y limpié la arena que se pegó de mi ropa y de mis piernas. 


Le extendí la mano. —Concédame esta pieza y bailemos en la playa.— La invité dispuesto a seguir improvisando junto a ella que me permita seguir disfrutando de su cercanía.
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