Batch Kalão / Jiho / Nian / Thrym / Ashveil
Día 9 de otoño, año 16.
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Primer Acto: El susurro de un coloso.
¿Qué sentido tenía la vida?
¿Alguna vez se lo preguntaron?
Porque ella… realmente nunca lo hizo.
La mestiza solo vivía un día a la vez.
En cuanto a su conducta, la dama podía tildarse de “Buena Persona”, no haría daño a niños, ancianos o personas indefensas… a no ser que se lo buscaran, aunque no era la más fuerte, sin duda lucharía con uñas y dientes por defenderse, claro… en el pasado nunca le había funcionado, siempre terminaba más hundida que saliendo a flote. Su vida, contrario a lo que pudieran pensar por su extrovertida y encantadora personalidad, no había sido sencilla. Dos tercios de esta estaban en blanco, no recordaba nada antes de los 13 años… ¿Quién era? ¿Cómo se llamaba? ¿Por qué estaba en un barco pirata? ¿Por qué sabía cosas que otros no: leer, escribir, hablar bien, modales? Todo ello vino configurado, posiblemente, de su vida antes de la pérdida de sus recuerdos. El otro tercio… el otro tercio había sido una aventura llena de… privación de libertad, prostitución involuntaria, pirateria por necesidad, y un sin fin de situaciones que para bien o para mal, la hicieron llegar a este punto… pero nunca, jamás… había aprendido a defenderse formalmente, sólo de manera empírica… con sus manos, con sus dientes, con cualquier cosa que pudiera cumplir la función de arma.
María Merlot, así la había bautizado el viejo pirata… un alcohólico adicto al vino que le permitió vivir en su prisión hasta el fatídico día en que todo se fue por una espiral hacia el desastre… pero es historia de otro día. La mestiza estaba acostada en su cómoda cama, mientras balanceaba su pierna derecha de un lado a otro y susurraba una suave melodía, un tarareo que poco a poco fue tomando forma de canción, con una letra que solo fluía sin intenciones pero que englobaba su cariño por aquellos que ahora la acompañaban en su camino, aunque estuvieran en barcos distintos…
Recordaré este momento…
Guardaré esta historia por siempre…
Voy directo hacia ti…
Tú brillas intensamente…
— Se fue a entrenar Karate Gyojin ¿Sabías, no? Dicen que hay un dojo en la montaña dónde enseñan eso… — comentó casualmente Thrym a su capitán, como si no hubiera sido el instigador a tal acción de la desorientada dama.
— ¿Qué? — respondió entre una mezcla de sorpresa, fascinación y preocupación… sabía que la cabeza de la mujer iba y venía de forma difícil de entender pero no imaginó que ella haría algo así… no tan pronto. ¿Estaba listo para dejar nadar a la preciosa semi-sirena por su cuenta? Si pero si no regresaba en un par de semanas, pondría esa montaña, y de ser necesario la isla, de cabeza para encontrarla. Y todo raíz del susurro de un coloso.
Segundo Acto: Sol y Luna. El camino a la desesperación.
Al adentrarse en el bosque de bonsáis gigantes tuvo tantas preguntas ¿Eran bonsai de gigantes? ¿Dónde estaba el gigante que los había creado cerca? ¿Por qué no veía ningún gigante? ¿Por qué Bonsais y no árboles frutales? ¿Los bonsáis podían ser de árboles frutales? No lo sabía pero sin duda le preguntaría a alguien, si encontraba a alguien a quien preguntar, o tal vez a Thrym cuando regresará al barco.
Con la mochila a su espalda, y la misma ropa con la que había salido esa mañana, seguía caminando, y caminando, y ¿dónde estaba? No lo sabía, solo veía esos árboles gigantes pero en teoría "enanos", vegetación por aquí, vegetación por allá, y arrozales que había pasado hacía mucho tiempo. El sol ya estaba bajando del firmamento, porque la luz comenzaba a volverse tenue. ¿Le tocaría acompañar? No le importaría dormir a la intemperie pero solo trajo ropa, pensó que en el dojo le darían una habitación, una cama mullida y esas comodidades que gozaba desde que se volvió parte de la tripulación de Ashveil.
De pronto el sonido del agua fluyendo llamó su atención, se acercó y descubrió un cristalino arroyo. Aprovecho el lugar para refrescarse, comer una de las manzanas que trajo consigo y apreciar el paisaje. Ciertamente, era un sitio muy natural, muy animal… aunque ella siempre preferiría el mar. Bostezo a la nada y terminó recostándose en el suelo. ¿Y si regresaba al barco? No sabía dónde estaba, ni siquiera sabía que buscaba en realidad ¿una casa? ¿un templo? ¿una pagoda? En definitiva, fue una acción precipitada de su parte lanzarse a esa aventura motivada por el fulgor en su corazón y la persuasión de Thrym.
— ¡Basta, María! — se regañó en un susurro levantándose de golpe, y cerrando los puños frente a ella — Tienes que encontrar lo que sea que sea el dojo, debes aprender el Karate Pez. Puño, patada, kung fu, samba, origami, kimchi… — empezó a recitar dando golpes, tan terriblemente mal ejecutados como solo un amateur podría, aunque ganaba puntos por entusiasmo — ¿Y si es así? Aprender el Karate Pez, es un camino de autosuperación que la montaña en sí misma te enseña mientras estás en sus interminables parajes. Golpe aquí, patada allá, así se va fortaleciendo tu cuerpo y mente. Es una prueba de superación personal llena de sudor, confusión y sangre… hambre y desesperación… — comentaba la celeste sin dejar de atacar el aire de manera muy… poco hábil.
— No, realmente no funciona así. Si hay un dojo, y un maestro que enseña Karate Gyojin… — una voz tranquila cortó su hipótesis, haciéndola detener y buscarlo con la mirada… y para su sorpresa se trataba, no de uno, sino de dos hombres increíblemente guapos y con rasgos de tritones… como ella. Uno era peliblanco, el otro pelinegro, parecían en conjunto el día y la noche, Sol y Luna — Se trata del Maestro Batch Kalão, y estas algo lejos del Dojo, Señorita — indico con respeto dedicando una sonrisa afable.
— ¿Maestro Bakalao? Wooow Suena a todos un Gyojin, puro, tan puro como sería un Gyojin de verdad — comentó luego del sujeto, llevando la mano a su mentón en forma pensativa, sin inmutarse porque habían dos desconocidos con ella en el medio de la nada — ¿Cómo que lejos? — le refuto cambiando su expresión a una muy desconcertada, si continuaba perdida, y alejándose del Dojo jamás lograría aprender nada.
— Es Batch Kalão, no Bakalao — corrigió el de cabello negro con cara de pocos amigos.
— Lejos, como de que estás al otro lado de la montaña, Señorita — le respondió el de cabello blanco con amabilidad., ignorando la intervención de su colega.
— ¿Y cómo llegó? Podrían decirme, por favor, necesito aprender Karate Pez, necesito el conocimiento y poder de mis ancestros para defenderme y defender a mis amigos... — rompió la distancia con el tritón bonachón, tomando sus manos entre las suyas mientras lo veía con ojos de cachorro bajo la lluvia.
— El maestro Batch Kalão jamás entrenariá a alguien que se mira tan inutil como tu. Vamonos Jioh, estamos perdiendo el tiempo. — sentencio el otro tritón, con una voz de desdén que a cualquier otra persona hubiera herido su orgullo pero María estaba acostumbrada al menosprecio, así que la mayoría de las veces, ese tipo de afirmaciones le daban igual…
— No digas eso, Nian. No trates de esa forma a los demás — lo regaño mirándolo sobre el hombro, la chica aun tenía sus manos sujetadas — Señorita, el entrenamiento es muy duro, y aunque el Maestro enseña a todo aquel que lo desea… quizás para alguien tan… delicada como usted, no sea la mejor opción. A veces la mejor defensa no es la violencia, no necesitas ser fuerte físicamente para defender a tus nakamas — habló, coincidiendo a su manera con su compañero, y haciendo énfasis en “delicada” con un apretón de sus manos para luego soltarlas — ¿Por qué no regresas a casa? Busca una forma más diplomática de apoyar a tus amigos, una manera que no ponga en peligro tu vida… — le explicaba con lentitud como si estuviera hablando con una niña pequeña. Ciertamente, la de hebras celestes no parecía una guerrera porque no lo era pero cómo iba a serlo si no comenzaba a intentarlo.
— … — Lo miro por un momento a sus preciosos ojos azules, luego inhalo y exhalo profundamente — Pareces buen primo pero no lo eres. Es cierto... soy… no soy… la más fuerte, hábil o precisa pero… pero tengo la voluntad de aprender, quiero ser enseñada… porque… — su voz se fue apagando, nadie lograba entenderla… Solo Ashveil lo hizo, él vio lo que su corazón anhelaba… y le dio lo que necesitaba: Libertad para crecer. No se la impuso, solo le mostró cómo se sentía… cuando otros a lo largo de su vida solo se lo imponían y se la exigían. Como estaba haciendo ese tal Jiho, condescendencia disfrazada de ínfulas de superioridad moral y bélica — … ¡Da igual! Igual conseguiré el Dojo, al Maestro Bakalao y aprenderé el Karate Pez — su voz volvió con su habitual entusiasmo, señalándolo para darse media vuelta y seguir su camino, camino que la seguía llevando en dirección contraria al Dojo.
— ¿Si soy una mala persona? — preguntó con un toque de preocupación a su amigo viendo a la señorita irse por el camino equivocado.
— Si, le intentaste cortar las aletas. Ha sido muy cruel Jiho. Yo por lo menos fui directo, tú lo disfrazaste con miel y azúcar — le reprocho negando con su cabeza y siguiendo la dirección por dónde se fue la muchacha — Parece decidida, dejemos que sea el maestro quien lo decida. Además si la dejamos sola, de noche, se muere. — reflexiono, estaba amargado con el mundo pero no era una mala persona como para dejar atrás a un inocente, y la chica, después de todo, parecía tener voluntad y una belleza difícil de ignorar.
Y así fue como los dos hombres del mar fueron tras María. Luego de un par de intercambios más, hicieron las paces, y fue cuando la muchacha descubrió que ambos eran discípulos del Maestro del Karate Gyojin. Iban subiendo al Dojo luego de completar una tarea que les había encomendado el misterioso maestro. Fue realmente toda una suerte encontrarse con ellos, porque luego del momento incómodo al conocerse, todo lo demás fluyo… y claro, con Sol y Luna, el camino a la desesperación sería menos traumático.
Tercer Acto: Maestro Bacalao.
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Había sido aceptada, estaba feliz y sus nuevos amigos también. Jiho y ella se abrazaron y Nian solo negó con la cabeza, era un Tsundere en toda la regla. Ahora además de amigos, eran compañeros de dojo y compartían como sensei al Maestro Bacalao.
Cuarto Acto: La desesperación de una mestiza.
Al llegar al patio principal, vio al Maestro Bacalao en una postura muy seria, y a su lado un tobo lleno de agua y un trapo. El sitio era amplio. Una superficie que le permitiría convertirse en toda una experta del arte del pez bélico. Estaba muy emocionada, tanto que correteaba por aquí y por allá esperando instrucciones, y aunque sus compañeros intentaron que se quedara tranquila, no lo hizo — Maestro Bacalao, Señor. Estoy lista para su ilustre clase de brutalidad acuática — le comento lanzando puños al aire y patadas a la nada, mientras Jiho sonreía preocupado y Nian negaba con la cabeza.
El sujeto de piel verde se mantuvo sereno, no volteo a verla. Y el silencio se hizo presente, María iba a volver a hablar pero Jiho la detuvo, e hizo un gesto para decirle que esperará, que tuviera calma. ¡Difícil! pero lo haría, los 2 minutos se sintieron eternos pero al final el hombre soltó un imperceptible sonido y se giró para encontrarse con sus aprendices — Jiho, Nian, hoy meditaremos… — le señaló sin adornos ni palabras de más, luego miró a la semi-sirena que le sonrió como si fuera el Kami que había dejado en Sorbet. Ella estaba lista, lista para fortalecer su cuerpo, alma, mente, lo que fuera — Tobo, agua, trapo… limpia la losa de este patio, quiero ver mi reflejo en él — dijo con su habitual seriedad.
— Si, maestro… si, también medit… — en medio de su emoción no había entendido sus palabras, luego se detuvo — ¿Qué? — balbuceo confundida… ¿limpiar era su entrenamiento? ¡Ese pez verde estaba de broma! ¿Verdad? — Ha ha ha ¡Pensé que no sabía bromar, Maestro Bacalao! Muy divertido. Ahora dígame de verdad qué haré... — solicito con una gran sonrisa llena de expectativas.
— No bromeo, y no repito las cosas dos veces… — sentenció, comenzando a caminar para irse a sentarse a meditar a la lejanía con los dos tritones, dejando a María en el medio del patio, con la cubeta, el agua y el trapo.
Él veía su reflejo.
Día #2. Sus ánimos estaban muy arriba, volvería a repetir el proceso, dónde contraia el estómago, dónde alineaba sus rodillas, dónde parecía que estaba haciendo sentadillas al agacharse y levantarse para limpiar el suelo. Al finalizar el día, el hombre verde volvió a resoplar — No veo mi reflejo —
Día #3. Se estaba frustrando, ella si veía el reflejo, el suyo, el de cualquiera que se pusiera ahí. ¿Por qué él no lo veía? Con el amanecer volvió a limpiar aquel patio, y cada metro cuadrado que lo conformaba. Sus músculos le dolían, sus manos estaban agotadas de frotar al norte, de frotar al sur. Por suerte tenía a Jiho y Nian animándola para no desistir. Cuando el maestro fue a evaluar al final del día, repitió las únicas cuatro palabras que parecía solo pronunciar ante ella — No veo mi reflejo — pero cuando ella estuvo a punto de decirle que si estaba ciego, recordó la condición de entrenarla: Si se quejaba, sería expulsada.
Día #4. No le quedaba de otra, limpiar y limpiar, entonces también canturreaba mientras “pulía un poco la cera”. Ahora más que nunca admiraba a sus nakamas, esto de ser un individuo fuerte requería paciencia y dedicación, disciplina. Ella preferiría estar en su celda. Contrario al primer día, y por consejo de Jiho, mejoró su postura para limpiar, así que sentía que trabajaba de forma más eficiente. Al venir el maestro indolente, ella ya sabía que diría así que no fue sorpresa cuando repitió su frase insignia — No veo mi reflejo —
Día #5. ¿Se repitió el proceso? Si, así fue. Mientras ellos meditaban, y hacían cosas geniales de karate, ella solo estaba ahí… “dando cera, puliendo cera” pero era optimista. ¿Si era una prueba? ¿Si él solo quería ver su reflejo, literalmente? Entonces… lo haría ver su reflejo. Al finalizar el día, cuando el maestro vino a ver el patio... María lo recibió con las manos detrás de su espalda, esperando su sermón de cuatro palabras — Mi reflejo… — no había terminado cuando la celeste sacó de detrás un espejo y se lo puso frente a su maestro.
— Su reflejo… — dijo con una gran sonrisa como si hubiera ganado algo, porque ahora él sí vería su reflejo. Quizás solo era narcisista.
— Iba a decir que ya lo veía pero por tu tonta broma limpiarás tres días más… — sentenció con una vena saltando de su cabeza mientras se retiraba.
— ¿Lo logre? — musito la chica abrazando el espejo que le había robado a Nian — Solo tres días más y podré entrenar Karate Gyojin… ¡Yuju! Muy bien María Merlot — se autofelicito, ignorando el hecho que si no hubiera hecho la broma… la limpieza fuera terminado esa misma tarde.
Luego de una noche de celebración con sus amigos tritones, y tres días más limpiando el patio… por fin llegó el día de aprendizaje formal. Entonces se dirigió con Jiho y Nian a un lateral del templo dónde se podían observar los bonsáis más de cerca. El sitio era muy bonito, dónde había una caída de agua en forma de hilo, y justo a su lado una especie de palo de bambú más ancho y alto que ella, el mismo se observaba inclinado haciendo que el hilo de agua cayera fuera.
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El serio hombre, nuevamente se dirigió primero a sus discípulos masculinos — Jiho, Nian, hoy comenzaremos a practicar la postura del Karate Gyojin… — les indico mientras María esperaba con ansias la lección de ella — Agua, bambú, lo sostendrás en la posición correcta hasta que se llene, luego llevarás el agua al Dojo hasta reponer todo el suministro de agua, en especial la piscina… — explico su nueva tarea con solemnidad.
— Si, si, Maestro Bacalao yo sostend… — se detuvo procesando las palabrasbras mientras una risita incrédula escapaba de sus hermosos labios. A esta altura, y luego de días trapeando el piso, sabía que el hombre verde no bromeaba, nunca — Ah… oh… uh — sus ánimos fueron demolidos, sin piedad. ¿Por qué le ponía a hacer cosas tan absurdas? Estuvo a punto de refutarle, tratar de persuadirlo pero recordó la penitencia, si se quejaba sería expulsada y estaba haciendo todo eso por sus amigos, pero empezó a dudar del sensei y sus ganas de ayudarla… a encontrar la libertad, libertad que le ayudaría a si misma y al futuro desconocido.
Motivándose mentalmente, la dama se acercó al bambú que la superaba en tamaño, pego sus palmas a la fría superficie y la empujo hasta hacer que el agua cayera en su interior. Era pesado ese palo hueco, y el agua caía lentamente. Abrió sus piernas para tener una mejor postura, al principio le costó mantenerla pero con unas indicaciones de Nian encontró la manera perfecta. Ahora solo le quedaba aguantar, cargar el agua y repetir el proceso.
La brisa soplaba, y a lo lejos veía de reojo a sus nakamas entrenando contra la nada golpes estilo karate mientras ella solo sostenía un bambú gigante en una posición “abierta” y sus palmas completamente estiradas contra la celulosa, podía sentir el agua en su interior y el goteo la calmaba, le gustaba mucho el agua, en todas sus formas y sabores; todo ser vivo estaba hecho de agua. Horas después, muchas horas después, y luego de varios intentos fallidos, porque obviamente mantener esa postura no era sencillo, logró que se llenara el bambú y procedió a con tobos ir llenando los sitios del templo que necesitaban agua… pero cuando vio la piscina más grande, donde imagino nadaba el hombre verde para recordar sus tiempos como un renacuajo, supo que estaría condenada más tiempo en esa tonta actividad pero viendo el lado positivo al asunto, cuando lograda la misión, quizás ahora si le enseñaría Karate Gyojin.
Así volvieron a pasar los días, entre sostener y reponer agua, agua que en aquella altura sin distracciones se sentía más real que nunca, como si estuviera entendiendo algo más universal. Cuando María termino de llenar la piscina, el Maestreo Bacalao le dio una lista más extensa de actividades: Lavar las sábanas de todo el Dojo, debía secarlas al sol sacudiéndolas no exprimiéndolas. Después pelar muchas papas ¿Para qué? ¡Nadie lo sabía! A la celeste le gustaban las papas pero luego de esa tarea no quería ver una en mucho tiempo.
— Usted… usted… es el peor maestro de todos los mares existentes. ¡Estoy harta, expulsame si quiere! Pero no ha intentando ni una sola vez, ni un solo día ayudarme a aprender Karate Gyojin, solo me ha ignorado y me ha hecho hacer sus tareas domésticas como si fuera Odeth en la cocina esclavizada cocinando para alimentar a Thrym. Yo solo quería aprender algo, aunque fuera pequeño, que me ayudara a defenderme, que sirviera más que gritar o patalear para apoyar a mis nakamas pero usted se ha burlado de eso, me ha estado haciendo perder el tiempo… Es el peor renacuajo color moco enfermdad que he conocido… — el estallido de furia de la joven sorprendió a todos.
Nian trago saliva.
— ¡Aaaaaaah! Si, me voy... me voy odiándolo tanto… tráguese su Hyakumaigawara seiken — soltó en su rabieta para luego tomando la postura que aprendió cuando sostenía el bambú, estirando las palmas como cuando enceraba y pulía el patio, y sintiendo las ondas del agua como cuando sacudía las sabanas... lo empujo con todas sus fuerzas, el hombre verde no lo vio venir y salió impulsado casi diez metros de distancia.
María veía las palmas de sus manos incredula…
Jiho aguantaba la respiración…
Nian tenía la mandíbula abierta por la sorpresa…
— ¿Acabo de hacer qué? — musito aun viendo sus manos y a los tres masculinos que la veían asombrados.
— El Hyakumaigawara seiken es parte del Karate Gyojin… Acabas de hacer una postura perfecta, empleaste la fuerza justa y necesaria y empujaste al oponente casi diez metros… ¡Fue increíble! — habló muy emocionado Jiho mientras Nian asentía con su cabeza totalmente de acuerdo con la afirmación del peliblanco.
— Si, definitivamente lo hizo pero aun le falta más. Cada discípulo es un individuo distinto de enseñar María… y tú eres el más peculiar que he tenido. La disciplina te hará perfeccionarlo. Si estás dispuesta a continuar, yo estaré dispuesto a seguir siendo tu maestro. El Karate Gyojin puede ser usado dentro y fuera del agua, y su esencia radica en utilizar ese porcentaje de agua que forma el cuerpo de cualquier ser vivo. Usamos nuestro elemento natural contra el objetivo — exclamó con solemnidad como si lo hubiera planeado todo desde un principio… ¿Acaso lo hizo? ¿O solo estaba fingiendo hacerlo? En este punto no importaba, la verdad.
Después de ese momento cumbre, la semi-sirena se disculpó. La verdad no lo odiaba, ya no porque ahora sentía que todo lo que le había puesto hacer tenía un sentido de enseñanza que ella como una simple mortal nunca visualizó. Lo siguiente fue entranar con las tejas, ahora si se sentía como toda una Karateca del Gyojin, rompiendo tejas mientras gritaba a todo pulmón “Hyakumaigawara seiken”.
El entrenamiento era agradable, y sus compañeros lo hacían más ameno. Cada vez rompió más y más tejas, con la palma abierta pero cuando formaba el puño era mucho más contundente. Siempre peleo con dientes y uñas para defenderse, nunca le funciono pero ahora sentía que tenía un arma real en sus manos, ahora sentía que aquella lejana conversación con Thrym tomaba más sentido que nunca.
Así fue como semanas después de llegar, y con ayuda de Jiho y Nian, descendió la montaña. Atrás quedaba el Maestro Bacalao suspirando por tremenda prueba de autodisciplina y resistencia mental que fue entrenar a esa menuda mujer, era encantadora pero… resulto ser todo un reto entrenarla, no podía usar métodos tradicionales, por eso le puso tareas que permitieran fortalecer su cuerpo y habilidades, mientras aprendía las posturas adecuadas y los golpes contundentes. Definitivamente debía comentarle a sus colegas de otros Dojo sobre esa irreverente mestiza; porque si quería seguir mejorando, debía visitar a los otros maestros. Por su parte, él visitaría a su medico de cabecera, sentía que su presión arterial se había visto afectada por la desesperación de la mestiza.
Quinto Acto: Regreso a casa con un final inesperado.
El Gigante solo se carcajeó con ella pero cuando la dejó sobre la cubierta del barco, y para sorpresa de María, le dio un beso (o eso intento) en su cabeza, como un padre a su hija luego de un difícil primer día de clases...
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