Jensen Valentine
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C. de Haki
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Mucho antes de que Jensen Valentine fuera un notorio pirata era una persona normal, viviendo una vida normal en una isla tan normal como Baterilla. En esta pequeña isla tenía un amigo, el viejo Hank quien a veces le pedía ayuda con pequeños trabajitos aquí y allá, no todos eran legales, pero si todos daban una buena recompensa monetaria para poder sobrevivir tranquilamente.
Aquella mañana estaba en su lugar favorito de toda la isla, el faro del pueblo que ayudaba a marineros perdidos entre la neblina a encontrar su camino hasta el puerto. Jensen, vestido de negro bajo su gran capucha roja, pensaba que ser un maestro farolero no estaría tan mal para ganarse la vida.
Entre esas cavilaciones se encontraba el de la capucha roja cuando el viejo Hank llego con un carromato tirado por caballos. –Tengo trabajo para ti muchacho, necesito que vayas al mercado – dijo el viejo Hank abriendo la puerta del carromato. Dentro había sacos de papas, lechugas, tomates y manzanas. Naranjas, pomelos y repollo. Zanahorias, coles de Bruselas y limones. Básicamente todo lo necesario para hacer a un vegetariano muy feliz.
-Doña Gertrudis espera sus verduras para vender en su puesto en el mercado local, debes quedarte hasta que venda todo y te de la mitad de la paga, luego tu vuelves aquí y nos dividimos el dinero. Lo haría yo, pero me duele la espalda, tu sabes por la edad.
Jensen resoplo, cada vez que el viejo Hank debía hacer algo aburrido culpaba a achaques de la edad, pero para estar montando a caballo o bailando y perreando hasta el menos dos no se quejaba, convenientemente en esas ocasiones sus achaques de la edad se le olvidaban. El pelinegro partió en el carromato rumbo al mercado a entregar las frutas, y como la señora Gertrudis tenía sus años le toco cargar todo hasta su puestito en el mercado. En eso estaba cuando dejó caer una bolsa de patatas al ver la figura de una mujer hermosa.
Era una mujer de piel blanca como la porcelana. Su cabello rosa era unos tonos verdes en las puntas. Tenía la cara más hermosa que Jensen hubiera visto en su vida, el pelinegro miro los ojos verdes de la mujer sintiendo que ya no era la gravedad lo que lo ataba a la tierra sino ella, era como si su vida ya no fuera suya, sino de la mujer de cabello rosa. El de la capucha roja sentía que lo único que podía hacer era acercarse a ella y entregarle su corazón, su vida entera. Jensen reunió valor y se acercó a ella. –Discúlpeme señorita, pero es usted la mujer más guapa que había visto en mi vida, mi nombre es Jensen Valentine, es un gusto conocerla.
Trixxie Pappitson
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C. de Haki
C. de Akuma
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Ah Baterilla qué lugar tan encantador.
Desde que puse un pie en esta islita, sentí una paz distinta, cálida, como si el aire mismo quisiera abrazarme. Es una de esas islas pequeñas que dan gusto visitar, donde cada sonrisa parece sincera y los días huelen a mar y pan recién hecho. La gente aquí es amable, de esas personas que te saludan sin conocerte, que te ofrecen agua antes de que la pidas y que hablan con esa calma de quien no tiene prisa por huir de nada.
Hay algo hermoso en eso, en su bondad tan simple, tan genuina. No sé si es la brisa o su forma de vivir, pero se siente honesto. Sí, esa es la palabra. Honestidad. La misma que intento llevar conmigo, aunque a veces me cueste entender este mundo fuera de la isla de las mujeres.
He decidido quedarme unos días aquí, antes de seguir navegando hacia otras tierras. Quiero escuchar sus historias, probar sus frutas dulces, aunque mi gusto no sea el mejor, jejeje, y mirar el atardecer desde sus acantilados. Quizá hasta encuentre a alguien dispuesto a enseñarme una nueva receta o una forma diferente de bailar. Mi instinto me dice que cada isla tiene algo que enseñarme y si todas son como Baterilla, puede que este viaje termine siendo más hermoso de lo que imaginaba.
Y parece que mi instinto no me fallaba, Mientras paseaba por el mercado de Baterilla, dejándome llevar por el bullicio alegre y el aroma a frutas frescas, algo curioso sucedió. Yo solo buscaba algo nuevo que probar, algún dulce típico, quizá, o un pan con ese toque casero que tanto me gusta, cuando sentí una mirada fija sobre mí. No era hostil, no, era esa mirada curiosa, casi traviesa, que uno nota incluso antes de girar la cabeza.
Entonces apareció él. Un chico de cabello negro, de esos que caminan con paso decidido, aunque los nervios les tiemblen por dentro. Se acercó a mí con la valentía torpe pero encantadora de un niño que ve algo que le fascina y, sin pensarlo mucho, me dijo que yo era la mujer más guapa que había visto en su vida. No pude evitar sonreír. Su sinceridad fue tan repentina, tan limpia, que me tomó por sorpresa. Pocas veces alguien me habla con esa franqueza y menos aún sin intención de presumir. “Jensen Valentine”, dijo llamarse. Qué nombre tan curioso, ¿no? Tiene ritmo, como una melodía elegante. Incluso suena coqueto, debo admitirlo.
—Trixxie Pappitson, Exploradora Kuja del mar Azul— Un titulo largo si, pero así me habían enseñado a presentarme. —Gracias por tus hermosas palabras Jensen, tú también eres un hombre muy guapo y sobre todo valiente. — No cualquiera se acercaría a una mujer como yo, algunos prefieren solo lanzarme piropos sin sentido, sin tener la voluntad suficiente para acercarse hablar, pero este pelinegro parecía ser diferente.
Jensen Valentine
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Jensen Valentine era un firme creyente de que la voz era como un retrato del alma. Al oír las voces de la gente con suficiente cuidado uno podía hacerse una idea de cómo era el carácter de las personas y lo que el de la capucha roja sentía respecto a la mujer de cabello rosa es que su voz indicaba que ella era salvaje como un incendio, afilada como un cristal roto, dulce y limpia como un trébol de cuatro hojas besado por la lluvia. Solo por su voz Jensen sabía que todo su mundo podía volverse el lugar más hermoso de la existencia o un completo infierno si ella decía las palabras correctas. En definitiva, Jensen estaba cautivado por la hermosa voz de Trixxie y se sometía completamente a su voluntad.
-Su voz es la más armoniosa que he escuchado en mi vida, suena como un coro de ángeles – dijo Jensen rebuscando entre la fruta sacando varias uvas, duraznos, fresas y manzanas, para luego echar todo en una bolsa. –Tengo que terminar de ayudar a doña Gertrudis, pero tome esto, corre por mi cuenta, si quiere puede esperarme y luego podemos ir al faro de Baterilla, el lugar más romántico de toda la isla y podemos hacer un picnic con las frutas que he escogido para usted– dijo perdiéndose en sus ojos verdes que brillaban como un par de invaluables esmeraldas. –Por favor espéreme Señorita Trixxie.
Sin mirar atrás el pelinegro se echó al hombro los sacos de fruta y corrió donde doña Gertrudis quien lo miro de reojo al verlo tan agitado. Hicieron falta tres viajes para que terminara de abastecer el puesto de la anciana con todas las frutas y verduras, Jensen estaba ansioso por que le pagaran para buscar algun obsequio para regalarle a la exploradora Kuja, seguro asi podria abrirse paso en su corazon. Jensen sentia que ella tendría muchas historias fantásticas que contar y eso le atraia mucho, una mujer de mundo era lo que el necesitaba.
Trixxie Pappitson
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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—No me digas esas cosas que te las creo — le respondí cuando Jensen dijo que mi voz era la más armoniosa que había escuchado. Ese chico tenía un aire de romeo desde el primer momento, y para ser honesta me gustaba más de lo que debería. Su forma de hablar era tan directa y dulce que me hacía sonreír sin querer, como si llevara el don de desarmar a cualquiera con solo abrir la boca.
De repente, como si no fuera suficiente con los halagos, comenzó a rebuscar entre sus cosas. Pensé que sacaría un arma, un mapa o algo importante, pero no. Sacó frutas. Frutas hermosas, frescas, brillantes, como si las hubiera escogido con cuidado solo para mí y me las ofreció sin decir mucho, así, con esa naturalidad encantadora que lo hacía todavía más irresistible. —¿Para mí? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Y él solo sonrió, qué peligro tienen algunos hombres, una se descuida tantito, y ya está sonriendo como una boba con un puñado de frutas y un corazón latiendo más rápido de lo necesario.
Se despidió diciendo que tenía que terminar de ayudar a una señora del mercadillo, y lo dijo con esa voz tranquila que hace difícil negarle algo, pero antes de irse, me pidió muy amablemente, casi con un toque tímido que lo esperara para hacer un picnic en algún sitio de la isla. Un lugar que yo no conocía en absoluto, pero que él sí y como una completa tonta, simplemente suspiré y le dije que sí, sin pensarlo demasiado, como si la idea misma me hubiera dejado sin defensas.
Cuando se marchó, me quedé allí un momento, sintiendo cómo el corazón me hacía un sonido extraño, como si quisiera escaparse. Terminé sentándome en un pequeño local a tomar café, intentando parecer tranquila mientras esperaba que Jensen volviera por mí. Era una sensación extraña, casi incómoda, yo no solía hacer este tipo de cosas. No solía aceptar invitaciones, ni esperar a ningún hombre, ni dejar que alguien me revolviera el pecho con un par de sonrisas bonitas, pero este chico, este romeo improvisado, me ponía más rápida que un tren bala y por primera vez en mucho tiempo, no me molestaba en absoluto.
Jensen Valentine
Fuerza
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Cuando Jensen termino sus mandados busco con la vista a la bella mujer de cabellos rosa, Trixxie la exploradora Kuja. Jensen moría de ansias para poder conocerla mejor, quizás incluso llegar a entablar una relación con ella. La ubico en el local de café del señor Alexander, una cafetería donde podría encontrar todo lo que necesitaba para poder cumplir con la idea que tenía.
-Señor Alexander, buenas tardes. ¿Podría usted ayudarme? – pregunto el de la capucha roja al dueño de la cafetería mientras miraba de reojo a la chica dueña de su corazón. Le explico su idea al señor Alexander quien sonrió y le guiño un ojo haciéndolo pasar a la parte de atrás de la cafetería. Ahí Jensen tomo una canasta y un mantel además de frutas de la estación, panecillos, dulces y botellas de cerveza de raíz, posteriormente se acercó a la bella chica de cabello rosa y la miro con una sonrisa antes de ofrecerle la mano. –Mi bella dama, ¿me haría el favor de acompañarme? Le prometo que valdrá totalmente la pena – dijo tomando la mano de Trixxie mientras empezaban a caminar alejándose de la cafetería del señor Alexander.
Jensen se sentía pletórico, entusiasmado de poder caminar al lado de la mujer más bella que había visto en toda su vida. Quería preguntarle tantas cosas, pues siendo ella una exploradora seguramente tenía mucho conocimiento del mundo, el pelinegro pensaba que ella tendría muchas cosas interesantes que contar.
-Es por aquí, te mostrare mi sitio favorito – dijo Jensen cuando llegaron a las cercanías del faro. Guio a la mujer hasta un sector rocoso, con una hermosa vista al mar y bajo la canasta extendiendo el mantel en el piso. –Este es mi lugar especial, donde vengo para relajarme y desconectarme un poco del mundo – explico Jensen. – Si observas puedes ver el mar en toda su extensión además de los barcos que pasan entrando y saliendo de la isla, el atardecer se ve hermoso desde aquí y en la noche la luz del faro ilumina toda la bahía – diría mientras ponía las provisiones ordenadas en el mantel antes de ofrecerle un panecillo de vainilla a la pelirosa – Eres la primera persona que traigo a este sitio, y lo hago porque se nota que eres muy especial, espero que podamos conocernos mejor – diría con una sonrisa sintiendo el corazón latiéndole desbocado en el pecho, la bella chica le hacía perder el aliento.
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