[Pasado] Ups, I did it again ✦ Social
#1
Día 19 ✦ Otoño ✦ Año 15

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El sol apenas se estaba poniendo tras el horizonte. La suave brisa zarandeaba sus cabellos y el eco de sus pasos resonaba en las a esas horas desoladas calles. No había un cómo ni un por qué, simplemente quería disfrutar de los pocos días que le quedaban en aquella isla antes de emerger uno más de sus viajes, ¿y qué mejor manera que despedirse con una copa? Una bebida que la alejara por un instante de sus pensamientos, un método para calmarse, relajarse y tomarse un pequeño respiro ¿qué tenía eso de malo? Un último recuerdo.

El sonido de la puerta cerrándose tras de sí se hizo presente mientras se adentraba en la taberna. Pasó desapercibida -o quizás no tanto como ella creía-, y con pasos ligeros se inmiscuyó en el interior. En los lados del establecimiento habían grupos de marineros, gritando, riendo e incluso cantando con una jarra de alcohol en la mano, ¿un buen día de pesca? ¿Algún tipo de festividad? ¿O qué estarían celebrando? No era realmente de su incumbencia pero era inevitable que la curiosidad creciera en sus entrañas como una hiedra que se aferraba a cada uno de sus músculos. Pese a todo, siguió sin voltearse, decidida a llegar a su destino.

Se sentó en uno de los taburetes frente a la barra, acomodando a la perfección sus prendas sobre el amaderado asiento. Inclinó el cuerpo hacia adelante y esperó a que el barman se acercara a tomarle la orden. Mientras tanto, se quedó observando el establecimiento. El olor a alcohol, de la madera y la cera quemada inundaba sus fosas nasales, otorgándole una sensación de paz. La cálida luz del local también le ofrecía una calma que no en demasiados lugares conseguía hallar, ese destello dorado y anaranjado que ofrecía la pequeña llama que coronaban las velas era demasiado agradable.


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—¿Qué va a tomar, señorita? —Aquella voz la hizo voltear el rostro, dirigiéndose al barman con una expresión neutra—. Tengo entendido que la cerveza de aquí es bastante buena. —El barman sonrió, orgulloso del rumor—. ¡Por supuesto! ¡Es nuestra especialidad! —tamborileó sobre la madera de la barra con apenas la punta de sus uñas—. Entonces tendré que probarla, ¿no? —En sus labios emergió una aspirante a sonrisa mientras el camarero se dirigía a servir su bebida.

No tardó demasiado en traerle la jarra. El brebaje dorado oculto bajo una capa de espuma. Sostuvo el recipiente por el asa y lo acercó a su nariz para olerlo, no tardó demasiado en notar el olor a malta tostada, madera vieja, un poco de mar y un fondo dulce de fermento. Sin más dilación tomó un primer pequeño sorbo. La espuma tocó los labios primero, ligera y con el toque salino del ambiente. Entraba fresca, con una textura densa pero no pesada. En el paladar aparecía un sabor profundo y cálido, con un leve amargor de la madera húmeda del barril. Poseía ese punto rústico, casi ahumado, como si la cerveza hubiese viajado semanas en un barco pirata. Al tragar, quedó un regusto amargo y seco. No empalagaba, más bien invitaba a otro trago.


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Estaba por tomar un poco más cuando sintió una mano en su espalda baja, acercándose peligrosamente a su cintura—. Por todos... los mares... si fueras un navío, me harías naufrag- hic -ar feliz. —Dejó escapar una risa incrédula mientras volteaba la mirada, de golpe el pestilente olor del ron se sintió como una bofetada en el rostro, haciendo que arrugara el puente de la nariz con evidente disgusto y molestia—. Seré directa... No me toques y aléjate, o no tendré piedad ni siquiera por tu... —Paseó su ojo a lo largo y alto del hombre, juzgándolo con la mirada—, lamentable estado. —Con un suave golpe apartó la mano ajena de su cuerpo, pero era de lo más insistente. Lejos de aceptar el rechazo dio un paso adelante, aproximándose más a ella mientras esta vez la rodeaba de la cadera— ¡Oh vamos, no seas... así, siren-ita! —Antes de siquiera permitirle terminar de hablar volvió a apartar su mano con un golpe aún más agresivo que el anterior, los nudillos chocando contra su muñeca—. Última oportunidad, querido. Me vuelves a tocar y tú y yo tendremos un problema.

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Se hizo silencio un instante en la taberna. Él la miró, tambaleante, y por primera vez pareció medir las consecuencias, pero tal parecía que poco le importaron, pues volvía a alzar su asquerosa mano hacia ella. Exasperada y agotada de su insistencia, exhaló un suspiro—. Lo advertí —susurró mientras bajaba del taburete de un salto. No le importó que fuese más alto, más fuerte, más grande... le era irrelevante. Con suma destreza le encajó el puño derecho en la mandíbula, haciéndolo retroceder del propio golpe. Si hubiese estado sobrio lo hubiese aguantado sin problema, pero el alcohol en su sangre estaba causando estragos y el golpe de Liora le hizo tambalearse hasta hacerle caer contra el suelo, no tanto por la fuerza del impacto, sino por su incapacidad de coordinar dos pasos con firmeza.

Y entonces una voz más se alzó— ¿Se puede saber qué diablos acabas de hacer? —Otro marinero se le encaró, también parecía víctima del alcohol y por su manera de hablarle o era muy amigo del otro hombre o no se había enterado de absolutamente nada de lo ocurrido. En cualquiera de los casos se alzó y se dirigió hacia ella...

Tal parece que se metió en un buen problema.



— [ Outfit ] ❜ ༗
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#2
¿Sabes lo impactante que es para unos borrachos que venga una mujer atractiva en un vestido con zonas traslúcidas? Claramente no, los murmullos comienzan a rodar desde que entras, las voces ruedan, se siente como si estuviese ocurriendo un espectáculo en el que todos están poniendo sus ojos. Desde las sombras soy un mas de los que se percató de su llegada. Te ví, pero no captaste del todo mi atención, digamos que tenía la mente en otros asuntos. 



Pero en cuanto ocurrió el asunto del borracho de turno queriendo apropiarse es cuando ahí si todos te vimos. Un silencio después de que comenzaran a soltar vítores y silbidos luego de que de un golpe hiciera caer a un tipo que fácilmente le triplicaba el peso y le sacaba el alto. Viejo seboso. Claro a mi me da risa pues estar en una cantina y que los viejos quieren propasarse con las chiquillas es el pan de cada día, que la chiquilla se defienda siempre es razón para burlarse. 


Aquella no es tan grande como para tener así meseras igual de bonitas. De hecho esta taberna es el lugar perfecto para que estas situaciones se den. Heidy una buena conocida del pueblo por tener esta taberna y un esposo pesquero saltó a auxiliarla a ver si estaba bien. Ella siempre sale a intervenir en todo tipo de situaciones de la taberna. Cuando las palabras comenzaron a salir de entre las personas comentarios de otros borrachos. 


—Que les he dicho de acosar a las chicas. Comportense, nada de estar molestando.—


—Pero si es un pibonazo. Que nos muestre algo. —


—¡Que la dejen!— Sus palabras no llegaron mucho a las personas, pues comenzaron a soltar más risas que otra cosa, en conjunto con silbidos intencionados con llamar la atención de la mujer. El borracho que se paró no dudo en ir a probar suerte con la mujer de cabello aguamarina. El borracho iba galante de sus habilidades con una jarra de madera que va con espuma hasta arriba. 


Lo vi y me sentí mal por él pues sería mi señuelo. Una zancadilla sutil, de una pierna larga y oscura, pierna que pasó a recogerse inmediatamente. El borracho se cayó y rodó no solo basándose en su propia cerveza si no que pasó a ser la burla de todos que ya de por sí es decir bastante. Los ojos le quedaron viendo el cielo solo se percató de que pasaba cuando ya las risas eran demasiadas. 


Pero no quedó ahí. Se levantó y sin dar lugar a miramientos se puso de pie con todo tipo de amenazas. —¿Quién fue? No eres tan valiente para hacerme nada a la cara.— Las risas no tienen que detenerse ante un borracho payaso que puso la mano en su pistola que no podía desenfundar de la ebriedad en su cuerpo. 


Ahora es cuando se escucha el rechinar de la banqueta que pierde el peso que tiene sobre ella. Una sombra de altura hizo que todos callaran un instante, como muchos están sentados solo pueden verse sorprendidos ante tal presencia magnífica. Mi vista café se posa sobre la del borracho y en eso mis alas hacen gala y aletean agitando el aire de la taberna. Varios cuidan sus tragos para que no les caiga nada encima. 


—Ten cuidado. No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir.— Mi cabeza lo ve hacia abajo, como un insecto y hasta se le puede ver su pantalón tomar un tono más opaco de lo que se espera. Entonces la huida fue la solución del borracho que sin pagar solo pudo verse perseguido por Heidy hasta la puerta de la taberna pues ella tiene que cobrar lo que todos beben a final de cuentas. 


Una mirada a los demás e inmediatamente decidieron seguir en sus asuntos. No como si nada hubiera pasado, pero sorprendidos de que. Pasos sólidos me permiten abrirme paso con elegancia hasta llegar a la Barra con aquella mujer de un ojo. No es necesario mencionarlo pero ahora se siente un silencio un poco incómodo así que modulé mi voz para que fuera tranquila. —¿Estas bien? ¿Se puede?—Pregunté de forma genuina antes de tomar lugar junto a ella con mis tatuas bien expuestos, mi piel azabache marcada con  tatuajes. Una mirada tranquila hace un ademán elegante en saludo antes de tomar asiento junto a ella. 


—Dame uno igual al suyo. Veamos que estas bebiendo.— Enseguida una jarra danzó por la barra hasta llegar a mis manos. Le di un trago y sentí aquella sensación amarga pero agradable. Cerveza. Recargo de nuevo la jarra y la veo fijamente, a su ojo gris si me permitía verlo. Hace un tiempo no veía a nadie tan problemático. Me da un poco de risa que venga en este empaque tan delicado.
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#3
El torso inclinado, las rodillas ligeramente flexionadas y sus dedos, con yemas crepitantes necesitadas de moverse sobre el mango de su siempre fiel daga. Preparada para pelear, preparada para cualquier acontecimiento que se quisiera presentar. El miedo no iba con ella, no en ese instante. Si le doblaban la altura o triplicaban su peso, no importaba. Era menuda, ágil y rápida, solo una neurona funcional y sería capaz de derrotarlos con un mínimo esfuerzo, no necesitaría más, ¿qué batalla podían ofrecer un par de borrachos que a duras penas lograban decir dos palabra seguidas sin que sus repugnantes lenguas tropezaran en el proceso?

Le vio acercarse, amenazante, furioso. Una amalgama de coraje y ebriedad conviviendo en un cuerpo tambaleante ahogado en alcohol. Pero si algo había aprendido en su vida en soledad era a no temer, a buscar las debilidades, los puntos flacos de quienes se veían superiores. Hundir el dedo en las heridas, añadirles sal y dejar que su propio ego y orgullo terminara de hacer el resto. No fue distinto con quien ahora lamía el suelo con hambre obligada. Ni con quien había aterrizado con sus posaderas sobre el parqué antes que él, cortesía de la defensa de Liora. Porque sí, nunca fue su intención atacarle, ella estaba tranquilamente tomando algo y se vio en la obligación de defenderse. A sí misma, a su orgullo, a su cuerpo, su propio templo... nadie lo profanaría con callosos y grasientos dedos hinchados. No.


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Una sonrisa ladina se posó en sus labios. Altiva, orgullosa, digna. El pecho hinchado con aire contenido y una risa socarrona escapó para soltarlo. Demasiado patéticos, demasiado humillados. Uno hasta había evacuado en sus propios pantalones, dejando en ellos el cerco de la deshonra, de la vergüenza. ⊰ Patético ⊱, pensó. Casi se relamió los labios saboreando el dulce gusto de la victoria, el honor de ver su orgullo descender a los infiernos, tragado por la tierra.

Y su ojo lo vio, un Lunarian. Tez morena, níveos cabellos y poderosas alas. Un cuerpo musculado e inmenso que destacaba entre la multitud. Imposible pasarlo por alto, pero ella lo hizo. Al menos hasta que vio en sus ojos un destello de diversión. Contuvo una sonrisa, no tenía pruebas, ni siquiera le había visto actuar, pero estaba convencida de que él había tenido algo que ver en la humillación del segundo alcoholizado. Pero eso no le hacía estar en deuda con el Lunarian, en lo absoluto. De hecho el favor se lo había hecho a quien decidió huir sin pagar, pues si realmente se hubiese acercado a ella su destino hubiese sido mucho más oscuro, mucho más sangriento... seguramente menos vivo. Al menos podía usar sus piernas para escapar de un cruel final.

La Diosa de la fortuna había sonreído a su favor.

Satisfecha y con su orgullo enaltecido alzó el rostro. Con la frente en alto y con el ego por las nubes, volvió a sentarse. El taburete otra vez frío por la falta de contacto, de su calidez. Volvió a su bebida, mucho más tibia que antes. Había perdido el frescor, esa temperatura que invitaba a más tragos. Pero no iba a desecharla por eso. La alzó con su diestra y volvió a reposar el borde de la jarra en sus labios, tomando un largo sorbo del dorado contenido. El calor se deslizó por su garganta, calentándola por dentro, cuanto antes la acabara antes podría pedir otra.

Sus sentidos siempre apunto, sus instintos a flor de piel. No le hizo falta voltearse, ni verlo. Lo sintió, lo escuchó. El sonido de sus pasos, de su ropa rozando apenas su cuerpo por el simple hecho de andar, una fragancia que aunque diferente, era atrayente. Finalmente la sombra se sentó a su lado.

Ocultó la sonrisa bebiendo de nuevo.


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—Claro, siéntate. —Invitación o no, no le iba a prohibir acomodarse a su lado. No era su salvador, al menos no lo consideraba como tal, pero compartían cierto gusto por la humillación de aquel hombre, y solo por eso ya era digno de quedarse a su lado. O quizás era el alcohol que comenzaba a correr por sus venas que la hizo más dócil, más agradable... quién sabe.

Dejó la jarra en la mesa, el regusto amargo y seco de la bebida persistía en su boca. Lo saboreó con gusto antes de voltearse a verle con el único ojo previsto de visión.

—Sabe mejor de lo que esperaba. —Guardó silencio unos segundos, no por no saber qué decir, sino por dejar que la calma reinara unos segundos entre ellos. En muchas ocasiones era más oportuno callar, observar y dejar que el simple correr del tiempo hiciera lo propio.

—¿Siempre socorres a damas en apuros, querido? —Apoyó el codo en la barra y sostuvo su cabeza con la mano, observándole con notable interés. En pocas ocasiones había tenido la oportunidad de conocer a un hombre que en un lugar de mala muerte como aquel, decidía ofrecer un brazo en lugar de sumarse a la turba.

—Le salvaste, porque juro que no iba a tener piedad con él por mucho que me besara los pies. —Su siempre puesta máscara haciendo acto de presencia, su orgullo liderando para evitar que cualquier otra emoción decidiera tomar las riendas.

Instintivamente llevó una mano a uno de sus pendientes, acariciándolos con una ternura que contrastaba con su habitual frialdad. Siempre un muro de hielo. Juraba por activa y por pasiva que era difícil de derribar, casi imposible. Se negaba a aceptar que una simple flama de calidez era suficiente para resquebrajarlo cual glaciar. Y quizás el Lunarian había logrado hacerlo con su movimiento aparentemente desinteresado.

—Si no te convence la cerveza pídete lo que quieras. A esta ronda invito yo. —O más bien una pobre alma que resultó saqueada hacía apenas unas horas. Era su manera de demostrar control, de mostrar poder. Podía ser delgada, ligera, pequeña para algunos incluso... Pero eso no la hacía débil, y muchos lo habían aprendido a las malas. Al menos él tendría la fortuna de aprenderlo siendo invitado a tomar unas copas, definitivamente no podía quejarse.

—¿Y cuál es el nombre de tan noble caballero? El mío es Liora.
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#4
Me saca una sonrisa de sus palabras, sin conocerla y solo con observar su lenguaje corporal ya me da a entender que podemos ver lo mismo de dos maneras diferentes. —Con el tiempo he aprendido que las damas son las más peligrosas. Solo hice lo necesario para preservar la paz. Alguien tiene que hacerlo.— Me sacó una risa mis propias palabras, una rosa corta y seca. No lo decía con machismo, pero desde su experiencia pude conocer lo peligrosas que son. 


Me di un trago con la jarra de cerveza, que bien me quedaba algo pequeña en la mano, me di un trago, no es lo mejor, pero mi paladar se adapta a las bebidas. Tel miré, con bastante atención, no por su físico femenino, o su cabello que ya tiene un color muy exotico, además de que está bien cuidado. Es como apreciar la línea de una daga bien afilada, te emociona a pesar de que sabes que es mortal. Más allá de lo que adorna es más por sus propiedades y por el cuidado de la misma. 


—No me queda duda que podrías haber hecho morder el suelo a cada uno de los borrachos, pero no necesitas pelear con todos a la vez. No cuando quieres ser una sombra. — Fue un consejo, si bien ella aun no me muestra nada. Noto que toma uno de mis pendientes, claramente es un atrevimiento que ella decida invadir mi espacio de esa manera, al momento de percatarse la mano estaba muy cerca ya. No reaccioné, salvo para inclinar mi cuello y que pudiera ver que estaba confeccionado con un adorno que retrataba un amanecer.  


—¿Te gustan? Los conseguí de unos viajeros bohemios que dicen ser de Wano. Es muy lejos de aquí tengo entendido. — Cuando los soltó me puse un poco más de frente hacia ella, con un ademán de un hombre que se quita el sombrero ante una dama y lo lleva a su pecho en señal de respeto. —Heras, para servirte. Me gusta tu nombre, Liora, Liora, parece mujer para hacerle un poema.— Señalé, buscaba en mi cabeza palabras que rimaran con su nombre. ¿Misteriosa? No. Llora, Ahora tengo para pensar. 


—¿Hace mucho tiempo que llegaste? Tengo que admitir que parece que viniese a hacer un negocio importante.— Ya que nos hablamos un poco por no compartimos un poco el uno del otro así cubrimos esta pequeña piquiña de la curiosidad. Una chica como ella es mucho más interesante que la mayoría de los borrachos que puedes encontrar en esta taberna ahora mismo. Borrachos que pronto comenzaron a tocar el piano y a cantar en ritmo de taberna coros graces perfectamente desafinados. 


Antes quería pasar desapercibido pero ahora que tengo su atención, no quiero perderla, como actores tenemos que conocernos un poco antes de montar una obra.
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