17-11-2025, 06:52 AM
Sanemi pudo llegar al puerto del Reino de Sorbet. Estaba ya despierto y pudo presenciar como el navío anclaba en el puerto. Se puso su habitual capucha de color negro que de largo llega hasta la altura de sus pantorrillas. El sol se mostraba magnánimo en la cima. El cielo estaba despejado con unas cuantas nubes que casi se mimetizan con el celeste. Se puede sentir por ratos ligeras ráfagas de viento que hacen el ambiente se sienta algo fresco. Los tripulantes comenzaban a moverse de un lado a otro llevando cajas, recogiendo velas y tirando ancla. Muchos de ellos con vendajes producto de la pelea anterior, estos eran los que estaban más concentrados en reparar las partes dañadas del navío.
El médico, o intento del mismo, se acercó lentamente, estiró el brazo derecho y dejó notar una pequeña bolsa transparente que mostraba en el interior medicamentos -Sigue las instrucciones y deberías estar bien en dos días ¿Está bien? -Sanemi recibió la bolsa. Sin esperar el médico dio media vuelta y comenzó a caminar, mientras levantó su brazo izquierdo para moverlo de derecha a izquierda en señal de despedida -Gahahaha… -Río el de cabello blanco. Le pareció bastante curioso cómo se resolvieron las cosas al final. Con medicamente o no, seguramente se recuperaría, pero comprendía que era la voluntad de alguien que se mostraba gradecido por sacarlos de una situación complicada.
Toge comenzó a caminar en dirección a la rampa de salida. Muy a su estilo, sin decir nada comenzó a bajar solo para con su mano derecha despedirse del capitán del barco. Se puede decir que, de alguna manera, la deuda entre ambos está más que saldada y, de quedar algo pendiente, seguramente es en favor de nuestro protagonista. Una vez pisó tierra firme pudo apreciar mejor la composición de la isla. La estructura de los edificios suele tener puntas ovaladas y con un diseño algo oriental. Tiene, al menos en el lugar donde se encontraba, mayor composición de terreno despejado, que es acompañado por una vegetación algo disminuida en comparación.
Sus pasos lo llevaron hasta un bar. Por lo genera este es su punto de partida ya que los dueños o cantineros suelen tener información general bastante valiosa. Entro a uno de estos lugares y se sentó en la barra pidiendo una cerveza helada y algo de carne para poder desayunar -Oe… viejo ¿sabes donde puedo encontrar un alojamiento… cómodo? -No buscaba un lugar lujoso, ni mucho menos, era desperdiciar dinero y aún no conoce la cantidad de días que se quedaría en dicha isla -Curiosamente tengo disponible una habitación al fondo -Señaló con su pulgar justo detrás de su espalda -Tendrás que limpiarlo un poco y pagaras un monto mínimo, si estás de acuerdo con ello, es todo tuyo.
Sanemi se levantó de su asiento y fue a instalarse. Limpió todo, abrió la ventana y dejó caer su pequeña bolsa en el suelo. La habitación solo contaba con una cama, una lámpara de aceite y así comenzó su estadía. En los primeros días aprovechó para explorar el lugar y curarse completamente. Al tercer día, se encontraba almorzando en la misma taberna donde se aloja, cuando pudo escuchar que el dueño conversaba con un joven quien tenía un visible tono de incomodidad en sus palabras -El capitán Morsen vendrá mañana a cobrar la cuota -Entendió de forma inmediata que este era el tributo para que no los molestaran y dejaron trabajar. Algo escuchó del personaje, un marine.
Dando un último bocado a su comida se levantó de su lugar para luego retirarse a su habitación, de la cual no salió sino hasta el día siguiente. Ahí está el peliblanco sentado en una taberna totalmente vacía, mesas vacías, nadie discute, nadie bebe. El dueño se encuentra visiblemente nervioso limpiando un blanco que se romperá de tanto pulirlo. Sanemi no piensa involucrarse, solo fue en ese momento por mera curiosidad, saber cómo es que actúa la Marina en ese territorio. Minutos después pudo escucharse el sonido de varias botas coordinadas en tonada militar, los mismos que entraron rápidamente en la taberna para hacer una especie de pasillo a quien claramente era Morsen, un sujeto flaco, con gafas oscuras y una sonrisa de dientes descuidados. En su andar pateó una de las mesas solo porque sí.
Otro de los marines, uno de menor rango, pasaba de mesa en mesa recolectando dinero de los comensales, eventualmente llegaron hasta el lugar de Toge. El Marine, al ver sus cicatrices se puso nervioso y tartamudeó un poco – T-Tú… ¿vienes a pagar la cuota? -Comentó torpemente y sorprendido- Oe… yo no vivo aquí -Respondió sin levantar la mirada. Morsen escuchó todo y sin dudar se acercó a ver todo de forma más cercana, con aires de prepotencia. Abrió la boca para disparar sus primeras líneas -Forastero… En Sorbet, todos pagan por la seguridad que les ofrecemos, a ti también te cuidamos -Sin responder Sanemi se levantó, no quería ocasionar problemas a quien le brindaba alojamiento. Pasó por el costado de Morsen, ignorando completamente sus palabras -Pagarás, es una orden -El pirata regresó su mirada afilada -No estoy interesado
Esto enervó aún más al Marine -Traigan al viejo… -Enojado. Sus subordinados agarraron al dueño de la cantina a tropezones -El pagará tu cuota también -Volvía a dirigirse a Sanemi quien frenó su andar y aún de espaldas se dirigó a Morsen -Si quieres cobrarme, hazlo tú. Marine de mierda -Un silencio incómodo inundó el lugar. La tensión estaba en tal punto que podría cortarse con el más mínimo movimiento – Soy un capitán de la Marina, tienes que… -Antes de que pudiera seguir con su monólogo fue interrumpido -No me importa quien seas. Cuando quieras alago de mí, vienes y me lo pides -Los otros “justicieros” levantaron y tensaron sus armas apuntando al forastero -Esto no se va a quedar así -De un momento a otro todos se retiraron.
Tras unas cuantas horas la noche llegó. La taberna comenzaba a tener algo más de vida. Sanemi se encuentra en su habitación hasta que un silencio incómodo llamó su atención. Morsen regresó y estaba gritando tan alto que podía escucharse hasta el cuarto alquilado -Si pretendes contratar forasteros para interferir con mi autoridad, te haré un ejemplo para todos -Comenzaba a tirar algunas jarras de cerveza y desperdiciar barriles de licor -La justicia no es para débiles. La justicia es para quienes pueden imponerla.
Sanemi no es un justiciero que va por ahí defendiendo a los más vulnerables, pero si algo es capaz de enojarlo y hacerlo tomar acción es el falso sentido de justicia que promulgan los autoproclamados defensores del mundo actual. Tras unos cuantos segundos se apareció por la puerta trasera de la taberna. No llevaba su capucha. Su mirada era fría. Sus pasos casi pueden escucharse retumbar en cada uno de ellos. Sus puños están cerrados. Las venas de su cuerpo resaltan furiosas –¿Ahora sí pagarás? -Morsen pensaba que sus actos y presencia lo llegarían a cumplir con su objetivo, humillar a quien horas antes ignoró su orden y lo dejó mal parado. El pirata se paró justo delante del Marine. Abrió sus ojos un poco más y dejó notar un poco sus dientes mientras los apretaba ligeramente. Sin esperar nada usó su mano derecha para sujetarlo del cuelo y levantarlo del suelo -¿La justicia no es para débiles? -Una vez más toda su pandilla elevó las armas y las apuntaron contra el pirata, pero sin la valentía para disparar. Morsen comenzó a hablar -Dis…- Sin embargo, la mano de Toge apretaba cada vez más sin dar oportunidad a que pudiera dar alguna indicación.
El pirata dejó de apretar el cuello un momento, liberando la presión lo que hizo que por unos breves segundos el Marine se pudiera relajar… antes de que tuviera la mano de Sanemi en su rostro. Para cuando pudo darse cuenta su cabeza impactó contra el suelo. El cuerpo del peliblanco se encontraba ligeramente hacia adelante, empujando la cabeza de Morse contra el suelo. Su mano izquierda estaba un poco girada producto del mismo movimiento -Oe viejo… Mi estadía termina aquí -Dicho estas últimas palabras se repuso sobre sus piernas para correr en dirección a una de las ventanas y salir por la misma usando sus brazos en forma de equis para que no se cortara.
Siguió su camino hasta el puerto. Ese accionar seguro jalaría cola durante un tiempo por lo cual salir de la isla, en ese momento, es prioridad. Pudo observar que un pequeño barco estaba sin cuidado por lo cual, sin pensarlo dos veces, se subió en el mismo para poder huir. Se pudo escuchar, después de un minuto en el mar, como una sirena comenzaba a sonar en señal de alerta. Comenzaban a buscarlo por lo sucedido. Su primer viaje a Sorbet terminó siendo algo accidentado al final.
La seguidilla de sus acciones, al ser menores, no ocasionaba que lo persigan o inicien una persecución contra él. Lo sucedido sirvió para que Toge pudiese darse cuenta de como es que las islas donde existe influencia de la Marina, está podrida por el sistema que juran defender como correcto.
