Un viaje movido // Llegada a Little Garden // Presente absoluto
#1
Año 16
Día 34 de Invierno
17:05 Hrs



Habían vivido una tormenta hace tan solo unas horas, un capricho de la naturaleza que casi se lleva sus velas y los obligó a refugiarse dentro del barco para que ni una corriente de agua salpicara a los usuarios de fruta y terminaran con una tragedia muy similar a la que vivió otra tripulación durante su llegada al Grand Line. Aún así, él único que se mantuvo firme y en su lugar, más por obligación que por un deseo propio, fue el navegante del barco, quien no dejaría que ese mar traicionero le ganara la batalla.

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Ahora, ningún rastro de ese clima infernal. El sol lo golpeaba con fuerza mientras navegaba, tanto que tuvo que quitarse la camiseta para no sufrir de más por el calor, dejando ver una serie de parches y vendas que tapaban heridas que aún no habían sanado del todo. Si, su estancia en Whisky Peak tampoco fue tranquila.

El Grand Line lo confundía cada vez más, y esos cambios tan radicales entre los climas de las islas, y del mismo océano, así como las aguas tan salvajes solo conseguían inyectarle más preocupación. Iban a tener que reparar al Last Whisper, él mismo iba a tener que aprender a recorrer esas corrientes de mejor manera, pues ese era su trabajo.

Aún así, sabiendo que era su trabajo navegar y llevar a salvo a los tripulantes, una ayuda no vendría mal. Jensen y Kiyoshi habían abandonado la tripulación, no encontraba aún a Owen - pese a que algo en su mente le dijera que estaba bien - y ahora debía llevar a dos personas que tampoco pertenecían a su grupo, ahora reducido. - ¡En 15 minutos estaremos en el puerto, así que prepárense! -. Gritó para que cada persona encima del barco lo escuchara, se encontrasen donde se encontrasen.

Había divisado la isla a la que se dirigían, Little Garden, desde hace varias horas. Era imposible pasarla por alto, de “Little” no tenía nada debía decir, con ese tamaño que dejaba en vergüenza a algunas que Uker había tenido que pisar. - ¡Maki, encárgate de las velas! -. Si no las bajaban, la velocidad a la que iban a entrar al puerto iba a ser suficiente para considerarlos terroristas. - ¡Jin, prepárate para bajar el ancla! -. Si, viajaba con Jin. No, no le agradaba para nada. Si, si no le hacía caso iba a usarlo a él como ancla.

Lo bueno es que no tuvo que compartir espacio solo con el yakuza, pues también viajaba con ellos la oni integrante de la tripulación de Ashveil. Habían llegado a un acuerdo para mover a algunos de sus miembros hasta la siguiente isla, mientras el resto compraban un barco y no debían de preocuparse por el espacio, al menos hasta que se reunieran aquí. - !Odeth, las amarras! Te ayudaré en cuanto coloque el barco en una buena posición -. Cosa que dudaba que fuera a suceder antes de que tengan que comenzar a atarlo. Al menos lo tranquilizaba el pensamiento de que el tamaño de la mujer la haría poder maniobrar las sogas con más ligereza.
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#2
Su suerte estaba a tope, pero su animo no. el destino la había puesto en una licuadora y le había escupido a donde nadie mas pudiera encontrarla, junto a un grupo de otros piratas había logrado salir adelante. Aun así se sentía golpeada, agotada y confundida, había comprendido que debía ser mas fuerte, muchísimo. No podía dejarle todo el trabajo al capitán, a los tiradores y mucho menos al idiota de Owen… de echo ni siquiera se había venido con ellos. y Kiyoshi, a quien había pactado proteger, al parecer había encontrado un amante o algo así… no sabia y no le podía importar menos… En su camarote se agarraba el estomago, le dolía de nervios quizás. No sabia pero lo que si sabia era que casi había perdido a aquel que admiraba. A Rackham Uker, aquel a quien seguiría a pesar de su propia vida. Recordó como lo perdió tan fácilmente por su debilidad. Se encogió en posición fetal y apretó su espíritu… se sentía enferma no sabia por que.

Ahora se dirigían a otra isla y sus recuerdos de la anterior isla si que eran difusos, confusos y como si los hubiera vivido en un sueño. Era extraño. Aun la sombra de la gran tormenta detrás del viaje hacia este lado del mundo le causaba estragos y solo deseaba algo de paz, a pesar de su corazón guerrero… se levanto… se sentó en la cama… no tenia demasiado animo el día de hoy… se arrodillo en el suelo y comenzó su rutina… primero sus palmas en el suelo y 1… 2… 3… 4…

Después de una media hora de ejercicios acondicionadores busco entre sus cosas en el pequeño armario un par de pesas… debía mantenerse en forma aunque estuviera de mal animo. Nadie le diría jamas que no era el escudo que su capitán necesitaba. Una, dos, tres series, cada uno de los levantamientos provocaba un mejor animo en ella. cambiando su semblante… y una vez termino… se vistió dirigió a la ducha… una rápida, no se podía desperdiciar el agua para nada en alta mar, sobretodo la que era apta para beber. Se vistió apropiadamente con algo provocador. Pues incitar y poner incomodo al capitán era otra de sus aficiones. Un bikini que dejaba poco a la imaginación… un sombrero para el sol y estaba casi lista para salir a bañarse con el sol, aquel radiante señor que era el único sobre su amado señor del Last Whisper, quizás podrían zambullirse un rato juntos… antes de salir… miro su cajón de diversión… se relamió los labios… y rebusco. Si… le quedaban unas pastillas… de esas divertidas.

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Se bebió un poco de agua y salio a cubierta… en la ultima parada no recordaba pero entre sueños sentía que alguien mas había abordado al barco… sera alguien conocido? Uker no solía llevar gente por que si. Maldición.. si era alguien que peligroso…. Woa… Los colores comenzaron a mezclarse y los sonidos a lanzarse poco a poco en su mente. JAJAJAJA que buenas pastillas… Maki sonriente se tambaleo y quiso salir por la puerta de los camarotes pero se dio en la cabeza con el dintel al mal apuntar sus pasos… maldición… escucho entones una algarabía en el exterior… cuando salio, le pego en la vista el sol… se calzo los lentes y miro alrededor… ahí estaba de pie sin camisa su dios… su amor, su adonis… su aliento en la mañana y su atardecer por las noches. Aquel que la dotaba de una voluntad tan poderosa que sentía que solo la muerte podría apartarla de verle y tocarle… como dominada por una magia inexplicable se lanzaba a toda velocidad a abrazar aquellos músculos de acero pero solo era en apariencia pues en realidad caminaba a tiendas, mareada y medio babeando… completamente dopada.

Su orden la sorprendió… miro arriba… que?... que es una vela… joder… mal momento para un viaje… y quien son estos tontos?... miro a la mujer… Wooaaaaa… era enorme… y dios… era lo mas hermoso que hubiera visto después de su mejor amiga la sirena mas psicodelicamente tierna de los mares. Puso su mano sobre su frente a modo de visera y su sombrero casi se cayo al alzar la vista y verla ahí… que?... que es ese aroma a colonia barata? La reconocía pero no sabia de donde… que no había perfume de hombres? Los hombres debían oler a ron y sal. Ahí lo vio… un tipo random igual que cualquier otro random… quien putas era… tenia cara de que no había tocado un barco en años… un novato jejeje… novato… es como lobato, por ello quizás les decían novato a los lobatos o era al revés jajjajajsjdasd… que tonto…

LAS VELAS!!!.... mierda… Maki como pudo se tambaleo de un lado a otro y llego hasta las amarras de las velas para comenzar a alzarlas lentamente, no debian perder el viento… cerro y abrio lentamente los ojos como quien le cuesta ver o despertar por la mañana… —Las izadas capitan estan Uker velas… osea… Demonios!!!… eso que me mando a hacer digo!— Le dijo poniéndose firme para que le notara mejor.

De pronto vio a su capitán hablando mucho con la oni y la maquiavelica mente de Maki se volvió sombría… sabrá nadar?... ♫Mas te vale no te acerques a mi capitán zorra!!♫ Pensaron las drogas en lugar de Maki.
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#3
Año 16
Día 34, Invierno

Cosas que surgieron, acuerdos que terminaron con él en el Last Whisper, compartiendo el mismo hueco que, irónicamente, dos de las personas que no aguantaba. Sin embargo, por el bien de la tripulación y por petición del propio Hyákinthos, había accedido con el pequeño temor de encontrarse con Owen, no iba tampoco a comunicarse con él… Y sin embargo, su sorpresa fue de alegría cuando descubrió que, por algún motivo y justo en ese momento, el joven no se encontraba allí. Era mejor de ese modo, y más cuando sus heridas todavía no habían terminado de sanar del todo, algo que el propio Jin ocultó bajo las capas de su traje, como de costumbre.

Pese al pésimo primer encuentro con Maki y a la desconfianza que tenía en Uker debido no solo al conocimiento de cierta muchacha, sino en la ausencia de una respuesta que nunca llegó, lo llevó mejor de lo que creía. Respecto a la Oni, apenas la conocía, solo por su peso no podían usar el barco y accedió a estar juntos. Su calma era increíblemente inquebrantable, incluso tras el encuentro de los dos mencionados. Sabía que debía, por el bien propio y lo demás, mantenerse aislado dentro de lo que cabía. Era sencillo, teniendo en cuenta que ahora también contaba con el propio Owen para obtener la información que necesitara. Preguntar por él sabía que no era buena idea, por ello desde el inicio fingió desconocer la existencia del joven con semejante energía. Se observaba en el espejo en ese mismo instante, el agua ahora perlando su cuerpo tras una ducha. Por supuestísimo que se había tomado la libertad, antes de subir al barco, de pasar su “buen rato” con un acompañante nocturno. Su cuello todavía tenía las marcas de algunos besos, incluso mordiscos que no pasarían hasta pasados algunos días más. Su abdomen, sin embargo, estaba cubierto por los vendajes que había tenido que utilizar como recambio, revisando sus heridas. Todavía tenía que recuperarse y fue afortunado en no haber mostrado esas heridas a los miembros de la tripulación en la que se encontraba. El tatuaje del nombre de su propio clan se hacía claramente visible a sus espaldas, algo que rara vez se veía a relucir a menos que tuviera algún acompañante nocturno que lo viera desde atrás. Pocos conocían de la existencia del mismo.

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Pasó una mano por sobre su cabeza, ahora sí, desde otro ángulo, pudiendo apreciarse que el cigarrillo estaba entre sus labios, un vicio que claramente no iba a quitarse de encima. Tomó el mismo con los dedos, paseando su mano por su cabello semi-húmedo y soplando el humo de sus pulmones en el aire del dormitorio improvisado que ahora poseía hasta que se volviera a separar de aquel grupo. Tenía que mentalizarse, calcular bien sus movimientos. A saber qué iba a hacer aquella loca impulsiva en cuanto volviera a verlo. No había provocado problemas por ahora y no planeaba hacerlo él tampoco, menos cuando estaban haciéndole un favor temporal que ya vería cómo devolver. El humo viajó de entre sus labios, la mirada ligeramente elevada sin emoción alguna

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—Solo un poco más...

Ahora sí, terminó de vestirse correctamente, dando la última calada mientras reacomodaba su abrigo, siempre procurando evitar que las heridas fueran visibles. Sí, vendría un calor insoportable, pero prefería estar bien oculto. No se había duchado antes de salir del camarote por nada, aunque probablemente pronto el calor lo iba a golpear nuevamente. Por supuesto, su propio jefe estaba al tanto de lo ocurrido con aquel viaje, el barco comercial habiéndose hecho añicos… Todo había salido peor de lo que imaginaba en un viaje que solo planeaba ir de un punto a otro. Demasiadas explicaciones para un hombre al que conocía su infancia… Y el silencio que ambos guardaban de sí mismos, pero esa es otra historia.


Salió finalmente para que el calor lo golpeara. Maki, por un lado, parecía claramente ida. Había estado suficiente en el mundo del tráfico de drogas para saber que esa mujer se habría tomado algo, fuera lo que fuere. ¿Importante? En absoluto, eso significaba que podría hacer su travesía sin la constante amenaza en la mirada de la mujer en el cogote. De hecho, la ira parecía ir directamente hacia Odeth, la Oni que lo había acompañado. No tuvo ni tiempo de dar una vuelta para disfrutar de la brisa marina cuando Uker ya le daba una orden. El tic en su ceja fue palpable, sus ojos claramente molestos y, sin embargo, mantuvo la calma. No habló, no respondió tampoco, solo se limitó a caminar hasta donde sabía que se encontraba el ancla, encendiendo un segundo cigarrillo. Incluso así, procuró hacerse visible para evitar conflictos, o que Uker pensara en desobediencia. Solo se acercó a las cadenas, preparando el ancla para que en cualquier momento pudiera ser bajada sin problema alguno. Solo debía esperar el momento idóneo para hacer el gesto, no era tan difícil, lo difícil era recibir órdenes. Ah mierda, cómo odiaba recibir órdenes, sobre todo de personas que no le inspiraban confianza, y viceversa. Cerró los ojos, con un solo pensamiento en mente, buscando auto convencerse de que todo iba a salir bien, un diálogo que solo iba a sonar dentro de su propia cabeza. 

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"Aguanta, Jin. Aguanta."
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#4
Miré a Uker. Su voz sonaba como fuerte , aunque no por eso dejaba de ser firme. Había algo en él que llamaba la atención: un chico guapo, de rasgos definidos, aunque ligeramente pequeño en comparación con mi tamaño. Aquello me hizo reír para mis adentros. Sin decir nada más, seguí la orden que había salido de sus labios apenas unos segundos antes no quería enfadar a nadie .Tomé las amarras y empecé a colocarlas en su sitio, ajustándolas con cuidado, intentando que todo quedara exactamente como debía.
Por fin habíamos terminado aquel pequeño calvario. Sentía el cansancio acumulado en cada músculo, pero aun así me sorprendí a mí misma sonriendo. Me alegraba haber vuelto a ver caras conocidas; después de tanto tiempo lejos, reencontrarme con ellos me daba una calidez.  Hablando de calor… hacia demasiado. Me desabotoné el kimono y me lo quité, quedándome con el mono ajustado y corto que llevaba debajo. Al menos así podía moverme mejor y no sentir que me derretía.
Respiré hondo y observé cómo los demás terminaban sus tareas. No tenía prisa. Había algo raro en aquel momento: verlos trabajar, escuchar el murmullo tranquilo de las voces, sentir el barco mecerse de una manera que sinceramente me gustaría que fuese más tranquila. La paciencia me volvió al cuerpo poco a poco, como si por fin pudiera soltar toda la tensión que venía cargando.
Sabía que llegaríamos dentro de muy poco a nuestro nuevo destino, y esa idea me llenaba de una calma extraña, como si el simple hecho de avanzar me diera un motivo para mantenerme firme. No tenía del todo claro qué nos esperaba, pero por primera vez en días, sentí que estaba preparada.
#5
Los tres siguieron sus órdenes, como  si todos en ese barco fueran miembros de su tripulación y no estuviera simplemente sirviendo de transporte para la mitad de ellos. Notar como la velocidad del barco descendía mientras más se acercaban al puerto era suficiente para sacarle una sonrisa, por lo que miró en dirección a Maki, esperando agradecerle su trabajo. Fue en ese momento que la vio.

Se tambaleaba, sus palabras se entrecruzaban y dejaban de formar oraciones claras, su actitud era volátil - más de lo habitual - y todo eso le decía algo. - ¡Bien hecho, Maki! -. La felicitó, es cierto, pero porque no podía desconcentrarse en ese momento. Sus manos hicieron girar el timón, el barco comenzó a adoptar la posición perfecta, por lo que levantó su mano y giró su rostro en dirección al yakuza. - ¡Bajala! -. Una orden simple, básica. Si el hombre la cumplía, se detendrían sin problemas en el lugar perfecto.

Al asegurarse de que eso efectivamente sucedía, volvió a sonreír. Su mano acarició la madera del vehículo mientras se alejaba del timón y bajaba hasta la cubierta, en dirección a Odeth y las amarras. - Bien hecho, muchas gracias -. Dijo, hablándole al transporte más que a cualquiera de los tripulantes. El Last Whisper había conseguido volver a dejarlos a salvo en tierra firme, pero algo le decía que necesitarían repararlo un poco. - Muchas gracias, Odeth, espero que el viaje haya sido de tu agrado -. Ahora sí se dirigió a la oni, ya estando a su lado y extendiendo la mano a modo de saludo. Era alta, bastante alta, sus manos seguramente opacarían las suyas con facilidad, pero no se le ocurrió que otra forma podría usar para saludarla.

Se aseguró de que los nudos estuvieran firmes, así como de también atar los extremos contrarios al propio muelle. Al terminar, se dirigió ahora hacia Jin, con un semblante mucho menos amistoso que el que mostró hacia la mujer. - Bueno, eso es todo lo que haré por ustedes -. Solo traerlos a la siguiente isla, mientras los demás compraban un barco. - Te diría que tengas cuidado, pero me da igual -. Mientras hablaba, comenzó a ponerse su camiseta, la misma que antes se había quitado. Pese al calor insoportable, la piel comenzaba a arder, por lo que mejor se tapaba un poco antes de quedar tan rostizado como un pavo.

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- Asumo que tienes el den den de los de tu tripulación, podrán comunicarse así, así que no me necesitas -

Terminó por alejarse, sin despedirse, simplemente esperando no tener que ver al hombre en mucho tiempo.

Ahora sí, sus pasos lo llevaron hacia Maki. - Bien, llegamos a Little Garden. Aparte de buscar a Owen, ¿hay algo que quieras hacer? -. Se recostó en una barandilla cercana, palpando con sus manos sus bolsillos, sin encontrar eso que estaba buscando. ¿Dónde estaban sus cigarrillos? - No tengo nada planeado, aunque… -. La miró de arriba a abajo rápidamente, adquiriendo un tono rojo en sus mejillas que hasta podría confundirse con una quemadura por estar bajo el sol mucho tiempo. - No estaría mal ir a nadar, hace mucho calor, ¿no? -.

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¿Por qué se ponía así al verla? La había visto desnuda, incluso lo habían hecho, un traje de baño no era diferente. ¿Verdad?
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#6
Ambientación musical


En el momento en que el barco tripulado por los infames piratas Olvidados y Dead Man's Hand hubo echado marras y se hubo detenido definitivamente en la costa de Little Garden, un hombre emergió de entre la frondosidad de la jungla a velocidad vertiginosa.

La figura, vestida de impecable uniforme blanco, se situaba con excepcional gravedad frente al lugar en que el Last Whisper había atracado, observando el barco como si se midiese con él, como un depredador que se medía con una bestia. El Marine Stroud Redgrave, que parecía haber estado esperando la llegada de aquel navío, se detuvo a apenas diez metros del agua, a unos diecisiete del propio barco. Sus ropajes lucían impecables, uniformado como quien está a punto de asistir a una cena de gala, incluso con gemelos dorados finamente engarzados en los puños de su camisa blanca. No había nada estrafalario ni poco ortodoxo en su atuendo: vestía con una formalidad intachable. Colgando de sus hombros, el pesado y pulcro abrigo de Marine ondeaba ligeramente con la brisa propia del mar, como una bandera blanca que refulgía al reflejar el brillo del sol.

Se encontraban en lo único que en Little Garden se asemejaba, si eso, a un puerto, pareciéndose más bien a una cala y un conjunto de rocas en que los barcos podían detenerse, más por gracia de la geografía que otra cosa, a resguardo de las corrientes que asolaban la isla. Era un fondeadero habitual para exploradores despistados, rodeado de parajes más elevados, en el que resultaba sencillo fondear. A los lados, únicamente playa de arena blanquísima y abrasadora, caliente bajo el sol, y que solo terminaba con los enormes acantilados que abrazaban la bahía, y, apenas unos cinco metros detrás de Stroud, la densa jungla de la que había emergido momentos atrás, que, tras unos metros, era abruptamente cortada por otro acantilado. Durante los días previos, él y la variopinta tripulación con que había desembarcado en Little Garden habían establecido una pequeña base en los límites de la densa jungla, no lejos de allí, en un claro ligerísimamente elevado, poco frecuentado por insectos, que habían encontrado ideal para sus fines. Desde allí, habían tenido ocasión de mantenerse relativamente bien aprovisionados, al mismo tiempo que habían tenido la oportunidad de tener vigiladas las costas de Little Garden. En aquel campamento reposaba el periódico en que Stroud había estudiado nuevas amenazas, las nuevas caras de la piratería y la infamia en el Grand Line. Sabían que era cuestión de tiempo empezar a divisar velas hostiles en el horizonte, y no les había faltado razón. Desde el instante en que el Last Whisper había hecho su aparición en la lejanía, los fríos ojos de Stroud no le habían perdido la pista.

La sorpresa del Marine fue mayúscula cuando divisó no solo a piratas de la tripulación de los Olvidados, sino a algún que otro miembro de los Dead Man's Hand. Parecía que lo sucedido en Cabos Gemelos pudo haber desembocado en extrañas alianzas entre lo más bajo del Grand Line. Mejor aún. La Justicia no debía limitarse a una única tripulación. A bordo del Last Whisper, la mujer de las cicatrices parecía completamente fuera de sí. En caso de tratarse de ebriedad, tal imprudencia podía pagarse muy cara en mares como aquel.

La postura de Stroud era, como de costumbre, marcial, firme, digna de un desfile o de cualquier otra ocasión protocolaria. Sus manos enguantadas reposaban tras su espalda, fijas como listones de hierro; su mentón, ligeramente elevado. Sus ojos grises, entornados y oscuros incluso bajo la intensa luz del sol, contemplaban con una inquietante mezcla de frialdad e interés a los recién llegados sobre la cubierta. Desde el exterior, era complicado acertar a adivinar qué pasaba por su cabeza, más que una cosa: deber. Deber para con la Justicia. La Marina debía empezar a atajar aquella crisis antes de que fuese demasiado tarde. Se había permitido demasiado a los piratas, durante demasiado tiempo. Terminaba el tiempo de la impunidad: si el viaje había sido movido, la llegada prometía serlo más. Aquel día, se escribiría un nuevo capítulo en la historia del Grand Line.

"Alto, en nombre del Gobierno Mundial," exclamó en cuando se detuvo frente al barco, en una voz llena de autoridad, firme, elevada, pero completamente monótona, dirigiéndose a los presentes en la cubierta del barco. Sabía que venderían caro el pellejo. "Por los crímenes que pesan sobre vosotros, quedáis sentenciados a muerte. ¡Venid y pelead! Que sea la Justicia la que os juzgue."

Información
#7
Moja acababa de regresar al improvisado campamento que habían levantado en Little Garden, un claro amplio entre árboles gigantescos donde la tripulación había establecido una base temporal mientras reparaban el Royal Quiver. Tras varios días de esfuerzo constante, las labores de restauración habían concluido con éxito: el casco había sido reforzado, los desperfectos del timón solucionados y las velas dañadas reemplazadas. Moja, orgulloso de su trabajo, apenas había tenido tiempo de dejar sus herramientas cuando notó cómo el ambiente del campamento cambiaba repentinamente.

Los marines y cazarrecompensas, que hasta entonces conversaban de manera relajada o descansaban tras la jornada, comenzaron a tensarse y adoptar posiciones defensivas. Algunos señalaron hacia la distancia con una mezcla de alerta y determinación. Moja alzó la vista instintivamente y siguió la dirección de las miradas de sus compañeros, descubriendo lo que había provocado el repentino nerviosismo: a lo lejos, sobre las aguas calmas del otro extremo de la isla, un barco se aproximaba lentamente, cortando el horizonte como un filo amenazante. Y sobre él, ondeando con orgullo y desafío, flameaba una bandera pirata.

El corazón de Moja dio un vuelco. No necesitaba más señales: aquello podía significar problemas graves.

Sin perder un instante, se equipó sus viejos guantes de combate. Los nuevos permanecían en su bolsa, intactos y tentadores, pero Moja todavía no dominaba por completo la fuerza de aquel material desconocido ni la potencia de su nuevo diseño. Usarlos ahora, sin estar seguro de controlar plenamente su poder, podría convertirse en un error fatal tanto para él como para sus compañeros. Con los viejos guantes, en cambio, sabía exactamente hasta dónde podía llegar.

-No es momento para arriesgar- murmuró para sí mientras apretaba los nudillos cubiertos por el cuero endurecido.

Sin más dilación, se unió al movimiento general, avanzando con paso rápido pero silencioso hacia la playa contraria de donde el Royal Quiver permanecía anclado. El sonido de la vegetación siendo apartada acompañó su marcha mientras él se internaba entre la densa maleza. Se movía como sombras, aprovechando la espesura de la jungla para tomar posiciones sin ser visto, preparado para observar la situación desde un punto estratégico antes de intervenir.

Desde su escondite entre troncos y helechos gigantes, Moja pudo ver cómo el contramaestre Stroud emergía de entre los árboles y caminaba con firmeza hacia la playa abierta, decidido a enfrentar a los recién llegados con la autoridad que la Marina le confería. Su voz, fuerte y clara, resonó por encima del romper de las olas.

La escena estaba lista, como si el aire mismo se hubiera tensado a la espera de un inevitable choque. Y Moja, se preparó para intervenir en cuanto la situación lo requiriera. Dentro de su pecho, el instinto de la pantera y el deber del marine se mezclaban, afilados y en guardia. Algo le decía que lo que estaba por ocurrir marcaría otro capítulo importante en su viaje por el Grand Line.

Contenido Oculto


OFFROL
*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#8
El ruido de la propia jungla y la densa vegetación ocultaban mi posición y me convertían con ello en un cazador invisible a ojos de nuestras futuras presas, esperando pacientemente como buen francotirador, acuclillado sobre una enorme rama de uno de los arboles que deban a la costa, con la llama de mi espalda apagada y masticando tras mi calavérica máscara una gomosa babosa, autóctona de aquella salvaje isla.

- Por su bandera diría que son los Olvidados. Puedo divisar 4 figuras, aunque es posible que haya alguno en el interior del barco. -Advertí al resto de mis compañeros tras apreciar la bandera de aquella todavía lejana tripulación pirata que se iba acercando cada vez más a las costas verdes y salvajes de Little Garden. - ¡Shipy!. - Exclamé, con tono normal mientras mi voz se perdía junto al ruido de la selva y el romper de las olas en la costa, observando la situación desde mi elevada posición, con unas finas y afiladas cadenas saliendo de mis antebrazos y dirigiéndose a su objetivo.

Contenido Oculto


Los minutos siguientes hasta que se pusieron a nuestro alcance se hicieron eternos, como si hubiesen pasado días enteros desde que divisamos aquél barco por primera vez. Pero, de un momento a otro, todo se aceleró en cuanto se pusieron a tiro, con Stroud apareciendo ante ellos de forma imponente.

-Alto, en nombre del Gobierno Mundial. Por los crimenes que pesan sobre vosotros, quedáis sentenciados a muerte. ¡Venid y pelead! Que sea la justicia la que os juzgue.

4 eran los piratas que habían llegado a las costas de Little Garden y habían recibido su sentencia por parte del Contramaestre Stroud Redgrave, líder de la división marine 84 con la que Krysser y yo estábamos colaborando para devolverles el favor por el transporte y, de paso, hacer de este mundo un lugar mejor.

Rackham Uker, el capitán de aquél grupo y "conocido" de Krysser con 106'9M; Maki D. Zenin, la pirata llena de preciosas quemaduras y de un carácter que Krysser y yo ya pudimos comprobar meses atrás lo explosivo que era con 50'8M; Onizuka Jin, alguien bastante desconocido para mí y del que no tenía datos con 49'25M y, por último, una completa desconocida de unos 6 metros de altura y curioso aspecto completaba ese grupo que, ya antes del incidente de los Cabos Gemelos, contaban con más de 200M de recompensa.

- No son malas piezas para una caceria. - Pensé, aprovechando mi posición para analizar los movimientos de los piratas y notar, entre otras cosas, que su navegante era Uker y que Maki parecía estar bajo los efectos de alguna extraña sustancia. Aunque eso no consiguió que bajase la guardia ni un solo instante, apuntando con mis 2 armas a los piratas mientras notaba la cruz de mi madre en contacto con la oscura piel de mi pecho, oculta tras las múltiples capas de ropa que, pese al para otros agobiante calor de aquella isla, seguía manteniendo puestas.

Contenido Oculto


Su siguiente movimiento decidiría cual sería su destino. ¿Depondrían sus armas ante la presencia de la marina y aceptarían su destino?¿Tratarían de negociar con el implacable Contramaestre?¿Aprovecharían su aparente superioridad numérica para atacar? Todas esas preguntas no tardarían en responderse y yo me encontraba listo para cada una de esas posibilidades.

Pienso - Hablo
Off
#9
El pequeño campamento improvisado estaba silencioso aquel día, como si la selva misma contuviera el aliento. No era un silencio vacío, sino uno cargado de tensiones, audibles en el murmullo de hojas agitadas por criaturas demasiado grandes para este mundo, el goteo constante de la humedad cayendo desde los árboles colosales, y a intervalos irregulares, el rugido distante de algún depredador que recordaba, a quien quisiera oírlo, que Little Garden no pertenecía a ningún hombre. Aquel era un coto de caza para bestias fuera del entendimiento. Y Krysser era una de ellas.

Junto a sus compañeros marines, Fyodor y él habían desembarcado hacía apenas unos días, lo suficiente para reconocer dos cosas. La primera, que la isla no tenía ni un solo rincón verdaderamente seguro. La segunda, que no lo necesitaban, pues ellos eran también el peligro encarnado en aquel lugar.

Stroud lo había entendido también. El contramaestre marine había escogido como punto de espera la zona más accesible de toda Little Garden, un claro en la costa donde la vegetación se abría lo suficiente para permitir la entrada directa desde la playa, con casi un muelle natural donde fondear el barco. Aquello era una invitación para cualquiera que quisiera atracar, pero también una trampa cuidadosamente seleccionada. Un espacio abierto significaba líneas de visión, maniobra y, sobre todo, ventaja para los que estaban preparados para atacar desde las sombras.

Y ahí era justo donde el tigre quería estar.

Los piratas estaban en camino, la forma de navegar en aquel mar era clara, debían ir de isla en isla y debían llegar tarde o temprano a Little Garden. Solo quedaba esperar pacientemente, asentados y preparados, mientras trazaban planes y maniobras de combate cooperativo.

Stroud iría al frente, se adelantaría al resto. El rubio tenía una lengua afilada, más peligrosa que una espada en aquella situación. Krysser sabía el tipo de gente que eran aquellos piratas, había luchado hombro con hombro junto a alguno de ellos en aquella prisión de roca. Por eso sabía que no se echarían atrás ante un desafío.

Pero, además, era un marine. Su mera presencia sería suficiente para encender la arrogancia de cualquier pirata que pisara la arena. Ellos no verían un uniforme impoluto, sino un símbolo. Uno que se les oponía con violencia, un muro que debían superar para alcanzar la libertad que ansiaban.

Mientras él los provocara, junto a dos de sus más aguerridos hombres, los demás permanecerían ocultos.

El tigre se acomodó en cuclillas entre dos raíces enormes, de esas que brotaban del suelo como costillas de algún monstruo enterrado, que hacían de barrera natural sobre un risco. La luz apenas llegaba al suelo de la selva, lo cual jugaba a su favor. Sus oídos estaban atentos, sus pupilas dilatadas, y su nariz filtraba cada fragancia que el viento traía desde la costa. A pocos metros, escondido en alguna parte del follaje, podía sentir a Fyodor, o al menos, su olor característico. Era un buen compañero para estas cosas, el mejor que podía pedir.

Stroud ya había avanzando hacia la playa. A aquella distancia se le pudo escuchar salir, caminar con ese paso seguro de alguien que conoce su papel. Pero, sobre todo, se le podría oír hablar, lanzar su amenaza a aquellos piratas, aquel grito que daría comienzo a todo, siguiendo el plan.

La justicia estaba en su sitio, y aquellos criminales, justo donde los querían. Pronto empezaría la caza.

Off
#10
El grupo improvisado, formado por la división 84 que recién llega a Little Garden tras todo lo sucedido en los Cabos Gemelos y su paso por Whiskey Peak, donde el arquero deicidió hacerse con un nuevo arco, mejor preparado, más potente y resistente que el que llevaba durante esa durísima pelea contra el Sakana. Desde la partida de dicha isla, todos parecen seguir la misma ruta, siendo que eventualmente todos acabarían en esa isla perdida en el tiempo, donde al parecer criaturas hace milenios extintas siguen existiendo en ese pequeño jardín anclado en un pasado que nadie ha conocido jamás. En otras circunstancias el joven pelirrojo se tomaría su tiempo disfrutando de una buena temporada de cacería, además de rebuscar por nuevos materiales para sus futuras creaciones, sobre todo flechas y arcos, a excepción que algún compañero le pida ayuda con un arma, en cuyo caso, y si está dentro de sus capacidades, ayudará con sus armas, concretamente guantes y espadas para sus compañeros. De momento se limita a planificar futuras creaciones, centrándose en el diseño y los cálculos necesarios para lograr sus ideas, aunque de momento no es tan hábil con ello sí conoce bien las bases de sus planes, y se dedica a estudiar siempre que puede al respecto, idear diferentes tipos de municiones y arcos, teniendo ideas muy útiles, pero al mismo tiempo complejas, por lo que le llevará tiempo llevarlas a cabo.

Pese a querer dedicarse a buscar materiales, cazar los enormes animales de esa isla o planificar futuras creaciones, el deber le llama y al haber llegado antes que los piratas les da a los marines y cazadores la oportunidad de emboscarlos y arrestarlos, o matarlos dependiendo de su resistencia, en el mismo momento que pongan un pie en la isla. Durante los días previos el propio pelirrojo se movió por la costa, desde donde atracaron alejado de ese punto, dejando el barco fuera de la vista de los que llegan por esa zona y no sospechen de su presencia. El grupo se halla acampado cerca de una zona que puede funcionar perfectamente para atracar el barco y descansar mientras están en la isla. Los marines y cazadores se estaban preparando para su llegada cuando Fyodor y otros con la vista más aguda y un mayor alcance visual ven el barco de los piratas olvidados acercarse, por lo que es hora de moverse. Mientras el barco atracaba los marines y cazadores se movilizan tomando sus posiciones, siendo que justo en el momento que echaron amarras Stroud se hace visible saliendo de la frondosidad del bosque colocándose a una distancia prudencial del barco de los piratas y retándolos a bajar a pelear dejando que la justicia sea la que los juzgue. Tras él se acerca uno de los minks de la división, el cocinero Kibai, armado con su espada mientras que, en los árboles a unos 7 metros por detrás del contramaestre Redgrave, el arquero está con su arco en mano y una flecha preparada, moviéndose

Contenido Oculto


Desde la distancia, escondido en la jungla el marine sigue observando la playa, manteniéndose fuera del campo de visión, puede que no pueda ocultar totalmente su presencia, pero por lo menos haría que les cueste reaccionar a sus ataques aunque los anuncie, pues entre que mientras los árboles hagan de tapadera y que sus disparos van a una velocidad mucho más alta que en el enfrentamiento con el gyojin, no es sencillo poder seguir sus flechas. Es hora de que la justicia empiece a actuar, y estos serán los primeros en caer.

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