06-12-2025, 01:24 AM
El firmamento se teñía de violeta cuando la noche se acercaba poco a poco a la isla de los cazadores de recompensa, una franja anaranjada sentenciaba el final de la jornada para muchos
Durante el atardecer el puerto de Whisky Peak parecía tener un nivel de movimiento que no había tenido hace tiempo ¿Por qué? Pues toda una generación de novatos había pasado a la Grand Line, y esto no era algo que sucediese todos los días; al menos cuatro tripulaciones de piratas se rumoreaba por las ramblas de los muelles según decían los residentes. Un farolero iba encendiendo uno a uno las lámparas de la calle para anunciar la llegada de la noche en breve, pero tras el caos que aconteció en los Cabos Gemelos, por la cantidad de embarcaciones que llegaron maltrechas e inclusive al borde del hundimiento, muchos eran los que en Whisky Peak buscaban carpinteros hábiles, y dispuestos. No había descanso en el puerto, donde decenas de personas gritando, yendo y viniendo con materiales, se mezclaban con el ruido de los pasos y las cajas siendo transportados desde y hacia los barcos. Verdaderamente todos deseaban partir lo antes posible, muchos tenían miedo a lo que la Grand Line suponía, otro sabían que Whisky Peak era un criadero de cazadores de recompensa esperando a los piratas desafortunados que acababan de cruzar la Red Line.
Entre todo el caos, un rumor comenzó a expandirse por lo bajo del muelle, los residentes comentaban ante la escasez de mano de obra que había un carpintero en particular que estaba dando la nota por un motivo en particular: Llevaba doce horas trabajando en barcos que no eran suyos. Algunos lo describían como un muerto en vida, de mirada apagada y cabizbajo que pese a su ímpetu para trabajar parecía tan tímido que era dificil acercarse a verlo trabajar. Cuando le hablaban no parecía propenso a la charla, rechazando tragos, comida y nada que lo distrajese de su trabajo pero sin duda lo que más llamaba la atención era algo que era raro de ver en estos mares: El demente lo estaba haciendo sin cobrar. Ya había reparado ocho barcos desde que comenzó su labor en la madrugada, sin pedir ningún tipo de pago a cambio y sin aceptar nada más que un poco de agua de tanto en tanto pues el calor parecía sentarle mal. Debía estar loco, murmuraban algunos.
Ese desconocido para casi todos que no era más que un susurro sin nombre, o una cara que lo delatase era Eros Focalor. Un vendaje cubría su ojo derecho, dejando ver moretones alrededor de las vendas por su enfrentamiento con el gyojin en los cabos gemelos. Sin embargo, pese a su aspecto maltrecho a la distancia, sus brazos no titubeaban a la hora de trabajar sin descanso y con sus vetas de perfeccionista siempre buscando que cada arreglo fuese suficiente para soportar los embates de la Grand Line.
En ese preciso momento se encontraba martillando el casco de una goleta con un ritmo sereno, de rodillas en el muelle con su camisa de algodón blanca arremangada hasta los antebrazos, y las herramientas a su alrededor esparcidas como un muchacho con sus juguetes, mientras que otras tantas reposaban en su cinturón de herramientas listas para ser usadas cuando fuese necesario. De a ratos se le escapaba algún que otro murmullo, palabras que nadie podía entender o escuchar más que él mientras tomaba las medidas correctas, revisaba el ángulos de las maderas, marcaba y martillaba con una concentración plena.
¿Qué pasaba por su cabeza? Mientras arreglaba los navíos pensaba, recordaba el combate, recordaba todo lo que había sentido. Pensaba de tanto en tanto en Kiyoshi, Gwen, Owen. Mercedes, Giyuu y Rosse estaban más distantes desde su partida, aparentemente Rosse había sufrido bastante en su combate ¿Y él? Todavía no comprendía por qué si sus garras habían puesto fin a la vida de su oponente, se sentía derrotado.
Tras unos momentos de silencio y donde sus movimientos se detuvieron abruptamente, el muchacho de cabellos violetas levantó la mirada hacia el horizonte para contemplar el cielo. Mamó los colores del crepúsculo como si fuesen un néctar, pues estaba vivo para verlo y eso debería ser suficiente consuelo ¿Verdad? Muchos otros habían caído, tanto otros. Con cuidado se levantó dejando el martillo a un costado de su cinturón de herramientas, sobre su derecha, respiró hondo inhalando la brisa marina y bostezó profundamente para entonces palmear la goleta que acababa de reparar. Sacó una pequeña agenda de su cinturón de herramientas, y un pedacito de carbón que siempre traía consigo para tomar notas.
En realidad estaba practicando, necesitaba poder reparar al Crimson Stage cueste lo que cueste y comprendía que aún escapaba de sus capacidades.
32 de Otoño del Año 16
Durante el atardecer el puerto de Whisky Peak parecía tener un nivel de movimiento que no había tenido hace tiempo ¿Por qué? Pues toda una generación de novatos había pasado a la Grand Line, y esto no era algo que sucediese todos los días; al menos cuatro tripulaciones de piratas se rumoreaba por las ramblas de los muelles según decían los residentes. Un farolero iba encendiendo uno a uno las lámparas de la calle para anunciar la llegada de la noche en breve, pero tras el caos que aconteció en los Cabos Gemelos, por la cantidad de embarcaciones que llegaron maltrechas e inclusive al borde del hundimiento, muchos eran los que en Whisky Peak buscaban carpinteros hábiles, y dispuestos. No había descanso en el puerto, donde decenas de personas gritando, yendo y viniendo con materiales, se mezclaban con el ruido de los pasos y las cajas siendo transportados desde y hacia los barcos. Verdaderamente todos deseaban partir lo antes posible, muchos tenían miedo a lo que la Grand Line suponía, otro sabían que Whisky Peak era un criadero de cazadores de recompensa esperando a los piratas desafortunados que acababan de cruzar la Red Line.
Todos necesitaban algo
Entre todo el caos, un rumor comenzó a expandirse por lo bajo del muelle, los residentes comentaban ante la escasez de mano de obra que había un carpintero en particular que estaba dando la nota por un motivo en particular: Llevaba doce horas trabajando en barcos que no eran suyos. Algunos lo describían como un muerto en vida, de mirada apagada y cabizbajo que pese a su ímpetu para trabajar parecía tan tímido que era dificil acercarse a verlo trabajar. Cuando le hablaban no parecía propenso a la charla, rechazando tragos, comida y nada que lo distrajese de su trabajo pero sin duda lo que más llamaba la atención era algo que era raro de ver en estos mares: El demente lo estaba haciendo sin cobrar. Ya había reparado ocho barcos desde que comenzó su labor en la madrugada, sin pedir ningún tipo de pago a cambio y sin aceptar nada más que un poco de agua de tanto en tanto pues el calor parecía sentarle mal. Debía estar loco, murmuraban algunos.
Pero todos estaban un poco locos
Ese desconocido para casi todos que no era más que un susurro sin nombre, o una cara que lo delatase era Eros Focalor. Un vendaje cubría su ojo derecho, dejando ver moretones alrededor de las vendas por su enfrentamiento con el gyojin en los cabos gemelos. Sin embargo, pese a su aspecto maltrecho a la distancia, sus brazos no titubeaban a la hora de trabajar sin descanso y con sus vetas de perfeccionista siempre buscando que cada arreglo fuese suficiente para soportar los embates de la Grand Line.
En ese preciso momento se encontraba martillando el casco de una goleta con un ritmo sereno, de rodillas en el muelle con su camisa de algodón blanca arremangada hasta los antebrazos, y las herramientas a su alrededor esparcidas como un muchacho con sus juguetes, mientras que otras tantas reposaban en su cinturón de herramientas listas para ser usadas cuando fuese necesario. De a ratos se le escapaba algún que otro murmullo, palabras que nadie podía entender o escuchar más que él mientras tomaba las medidas correctas, revisaba el ángulos de las maderas, marcaba y martillaba con una concentración plena.
¿Qué pasaba por su cabeza? Mientras arreglaba los navíos pensaba, recordaba el combate, recordaba todo lo que había sentido. Pensaba de tanto en tanto en Kiyoshi, Gwen, Owen. Mercedes, Giyuu y Rosse estaban más distantes desde su partida, aparentemente Rosse había sufrido bastante en su combate ¿Y él? Todavía no comprendía por qué si sus garras habían puesto fin a la vida de su oponente, se sentía derrotado.
¿Entonces no siempre gana el que sobrevive?
Tras unos momentos de silencio y donde sus movimientos se detuvieron abruptamente, el muchacho de cabellos violetas levantó la mirada hacia el horizonte para contemplar el cielo. Mamó los colores del crepúsculo como si fuesen un néctar, pues estaba vivo para verlo y eso debería ser suficiente consuelo ¿Verdad? Muchos otros habían caído, tanto otros. Con cuidado se levantó dejando el martillo a un costado de su cinturón de herramientas, sobre su derecha, respiró hondo inhalando la brisa marina y bostezó profundamente para entonces palmear la goleta que acababa de reparar. Sacó una pequeña agenda de su cinturón de herramientas, y un pedacito de carbón que siempre traía consigo para tomar notas.
En realidad estaba practicando, necesitaba poder reparar al Crimson Stage cueste lo que cueste y comprendía que aún escapaba de sus capacidades.
No podía dejarlo morir
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
