Moonlight Drive (Pasado — Kay)
#1
Aunque la isla de Whisky Peak vivía siempre sumida bajo un clima que recordaba a un eterno verano abrasador, esa noche de otoño, más puntualmente...

El 33 de Otoño del Año 16

La isla en cuestión parecía haberse olvidado por un rato entregándoles a sus residentes, y visitantes un viento fresco y renovador que recorría las callejuelas del nido de cazadores de recompensa, arrastrando consigo alguna que otra hojita marrón que parecía haberse colado entre los cactus y plantas rodantes. Los pocos árboles que adornaban la ciudad parecían haberse puesto de acuerdo para entregarles una escena atípica a los desafortunados que llegaron días atrás desde los Cabos Gemelos, danzantes las ramas tan caprichosas como ese otoño inesperado que les regalaba la noche. Hace un par de horas que habían encendido las farolas de aceite que de a pares iluminaban las calles con una luz tenue y cálida. Era una noche tranquila en comparación al aire que oscilaba entre la violencia, y la algarabía constante que había podido ver el carpintero desde su llegada

Pero siempre hay calma antes de la tormenta

El carpintero del cabaret caminaba por la ciudad disfrutando el cambio de clima como bien alguien que padecía del calor del mediodía, pero sorprendentemente no parecía portar ese dejo melancólico y meditabundo que siempre llevaba consigo como quien naufragaba junto con la marea llevado por una introspectiva solemnidad. Esa noche su paso era más firme, su mirada se hallaba en lo alto y no sumida al suelo. Consigo, sobre su hombro derecho, llevaba una bolsa de arpillera que sobresalía por encima de su cabeza con el brazo derecho abrazándola cuidadosamente pues su contenido parecía ser importante, delicado o ambas cosas quizás. Sus ojos color ámbar estaban puestos en el camino apenas moviéndose de tanto en tanto para ver que su paso se mantuviese estable, sin tropezar o meter la pata tanto literal como metafóricamente. Era algo extraño en él, pero esa noche el carpintero que tendía a andar errante de aquí para allá parecía tener bien en claro a donde se dirigía.

Aunque uno propone, los mares disponen

La paz nunca duraba mucho, y Whisky Peak siempre era un hervidero de problemas a punto de explotar. A la distancia los observó, eran un grupo numeroso de aproximadamente cinco o seis piratas por lo que pudo notar. Usaban pañuelos del mismo color, definitivamente una banda que, o había llegado igual que el cabaret hace unos días, o ya se habían asentado en la isla sin estar dispuestos a seguir andando. Sin prestarles atención buscó pasar por un lado de ellos, pero parecían tener otros planes: Apenas se acercó lo suficiente, uno salió por su izquierda, otro que portaba una daga hizo un gesto con la cabeza y tuvo otros dos cortándole el paso mientras otro se ponía a su espalda. Pese a lo inesperado de su accionar no fue dificil detener el andar del carpintero, quien no hizo más que girar la cabeza de lado a lado buscando un espacio para escabullirse, quizás sin darse cuenta de lo que estaba pasando en verdad.

En un principio no lo reconocieron ¿Y cómo culparlos? Eros era un don nadie sin un nombre por si mismo, sin reputación o un wanted al que unir la cara con el nombre, para esas personas Eros era simplemente una bolsa de berries con patas, quizás su próxima victima o quien les pagaría la cena

El aparente líder del grupo avanzó un par de pasos. — Oye hermanito, te veo apurado... Danos unos berries si quieres pasar —El de la daga habló con una voz ronca mientras otros comenzaban a reír pensando que Eros reaccionaría asustado quizás, pero la respuesta fue relativamente distinta a lo esperado. El funebrero parpadeó un par de veces pensativo, cayendo en cuenta de lo que le estaban pidiendo tras unos segundos, parecía distraído y ahora obligado a interactuar pero definitivamente no había caído en cuenta de que esto que estaba pasando, era un robo.

—Ah, pues si estoy un poco apurado y he salido sin berries del barco a decir verdad... —respondió el muchacho con completa sinceridad causando cierta molestia aparente en los piratas que ya estaban listos para atacarlos pensando que, o estaba mintiendo, o se estaba resistiendo. Entonces interrumpió su propio silencio. — Pero puedo darles mis zapatos si quieren, veo que alguno de ustedes están descalzos. Hoy hace un poco de frio —Los piratas estallaron en risas cuando vieron que sin chistar se comenzó a sacar los zapatos, pero él no entendía que era tan gracioso en sus palabras. Con su mano libre, dejó los zapatos prolijamente en un costado, ladeando la cabeza con una sonrisa y dando un paso hacia adelante dispuesto a seguir andando.

Pero ellos estaban indispuestos


Lo que parecía ser un robo y una humillación se detuvo de repente, no estaban dispuestos a dejar ir a una víctima perfecta. Uno de ellos señaló la bolsa de arpillera con gesto brusco, acercándose con un ademán de la diestra que hizo notar al carpintero lo que estaba pasando: Se lo quería arrebatar. —Eso se ve pesado, déjanoslo que te lo cuidamos —Eros dio un paso hacia atrás esquivando el ademán del hombre, entonces dejó caer la bolsa cuidadosamente en el suelo pues bien sabía que un forcejeo podría poner en peligro su contenido. —Perdón pero esto no puedo dárselos —Aclaró disculpándose como si, efectivamente, le importase no poder ser dadivoso para con ellos. — Es que en realidad esto no es para mi—Los hombres se miraron, la violencia parecía ser inevitable ¿Verdad?

Se tomó un momento para respirar hondo. Eros no era un hombre violento, nunca la buscaba pero ella solía encontrarlo sin querer. Los analizó uno por uno, podía lastimarlos sin más seguramente pero esa noche verdaderamente estaba apurado. Perder el tiempo, poner en peligro la bolsa, la situación era como un reloj de arena que poco a poco lo iba poniendo contra la espada y la pared. En situaciones así el tiempo parecía pasar más lento, era la adrenalina quizás, los latidos de su corazón. Recordó su fruta del diablo, pensó en intimidarlos para salir de esa pero...

Verdaderamente no era un hombre violento


Chasqueó los dedos con una sonrisa nerviosa, tímida y temblorosa en su rostro. — Esperen, tengo una idea —Levantó la mano derecha que ahora estaba libre para calmarlos, buscando poner una pausa al conflicto que estaba escalando. — Les puedo dar mi abrigo, y mi camisa si quieren... Así no tendrán frio por la noche, se los prometo. También los pueden vender para conseguir unos berries, y con eso pagarse un alojamiento —Desde su perspectiva, la oferta parecía perfectamente razonable y esto, sumado a todas las interacciones que habían desembocado en ese momento hacía que el grupo de asaltantes se preguntasen si es que este hombre era estúpido, un cobarde, un bicho raro o simplemente todas al mismo tiempo.

— Es que de verdad, estoy apurado y no quiero herirlos —Eso fue como echar un cerillo a nitroglicerina, causando que uno de los piratas se lanzase desde su espalda con una patada en la parte trasera de su rodilla derecha. No cedió, no podía permitirse caer sobre la bolsa, solo sintió una segunda patada en su espalda y un puñetazo. Se mordió el labio, entre gritos vitoreándose los unos a los otros para comenzar la paliza, Eros escuchó las ventanas cerrándose en las cercanías.

A veces la paz no era una opción
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#2
El cigarro entre mis labios apenas se mueve, intento que se mantenga en su sitio mientras termino de revisar mi pequeña libreta negra. Vale, creo que he conseguido separar las categorías importantes y saber de qué conozco a quien y la razón de hacerlo.

Estoy dando uno de esos paseos para fumar que siempre digo que un día van a llevarme a la otra punta del mundo, tranquilo, relajado.

Expulso finalmente el humo, y el cigarro se va entre mis dedos, mientras escucho algo de revuelo por la zona en la que ando pasando. Alzo ambas cejas al reconocer al hombre, Alana me ha hablado de él e hice un dibujo según ella me contó y pude ver y recordar…Ahora, una cosa es lo que me cuentan, y otra la que veo, pero entiendo quizás la preocupación de la pequeña sobre el hombre.

-Mierda.-Es todo lo que digo, viendo la escena, antes de que un silbido de mi parte haga que aquel par de hombres mire en mi dirección, apartándose de él. Tiré el cigarro tras apagarlo a un lado, lo pise y me acerqué más hasta donde estaban ellos.

-Te prometo que cuando Alana me dijo que estaba preocupada por cómo le iría a un tal Eros, esto de aquí.-Señale el marco del asunto, los tipos abusando de él, mientras él intenta ser buena persona, ofreciendo su ropa.-Fue lo último que se me ocurrió.-Le dije al hombre de ojos claros con algo de queja, refunfuñando de forma suave, claramente esperaba muchas cosas.

Lo que acababa de ver, no era una de ellas.

-Y vosotros…¿No os da pena abusar de la amabilidad de alguien? Joder, que seguramente puede abriros la cabeza con ambas manos y no lo hace por ser buena persona.-Me interpuse entre ellos y él, con un paso en diagonal, mientras mis ojos claros se posan en ellos, fríos, impasibles.- Cosa que yo seguramente no soy.- Intento mediar, más o menos, que si el hombre no está siendo agresivo es por algo y tampoco voy a llegar yo a darme de hostias así como así.

-¿Nunca te han dicho que te ves más guapa callada? -Giré el rostro hacia el hombre, no es que sus palabras me afecten demasiado, pero suspiro con algo de queja. Me sobé el puente de la nariz, alzando un momento la mirada al cielo.- Te prometo que lo que voy a hacer, me duele más a mi, que a ti.- No, la verdad es que no. Mi mano abierta se estampa en la cara del  hombre, como una madre reprimiendo a su hijo, una buena y sonora bofetada.

Solo que tal vez una madre no levante tanto peso como yo, ni tenga las manos tan frías como las mías, pero se entiende el mensaje cuando el hombre se queda medio mareado, con una forma entre morada y azulada en la cara. Casi le cuesta respirar, pero entendible, tocar mi hielo no es nada saludable.

-Al suelo, de rodillas, vamos, que no tengo toda la tarde.- Señale a los ladrones, que obedientemente hicieron caso tras ver la expresión de su compañero herido, antes de girarme a mirar a Eros.- A ti no te pongo de rodillas porque no has hecho nada malo, pero joder Eros de mi vida, no puedes dejar que abusen de ti de esa manera.-Y eso que lo conozco de hace cinco minutos, pero que el hombre casi se desnuda en medio de la calle por unos extraños.

-No puedes desnudarte en medio de la calle por unos extraños cariño, que tú también sientes frío, se un poco más egoísta.-Dice la señora que no puede sentir frío en absoluto, lo se, bastante irónico lo sé- Y vosotros.- Me gire a los ladrones, cruzándome de brazos con algo de queja.- Cabrones, sed menos egoístas o a la próxima no seré tan amable.- El hielo sigue extendiéndose en el rostro del hombre al que golpee, le quema, puedo notarlo, el resto de ladrones también.

-...Anda, largaos.-Y no tardan en hacerlo, mientras me giro a mirar a Eros con una ceja levantada, esperando su parte de la historia.
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#3
El sepulturero sintió un galope en su pecho que peligrosamente aceleraba más y más, sentía como el calor subía desde su estomago hasta su garganta pues algo quería salir. La furia primordial que tamborileaba en su pecho lo llamaba a abrazar su instinto primario de defensa, pero su mente no quería escalar en violencia así tuviese que luchar contra todos los estímulos en pos de callar su naturaleza salvaje. Apretó el puño con determinación tratando de reprimir los impulsos que lo querían conducir a usar ese tenso mecanismo de guerra.

Entonces las escuchó


Su voz estaba repleta de la seguridad que a él le hacía faltaba, y su mera presencia parecía no encajar en el rompecabezas que ésta escena representaba. Giró la cabeza con lentitud y finalmente el foco estuvo centrado en ella. La albina se veía regia como una tormenta de invierno, Eros limitándose a observarla en silencio cuando desactivó la situación con justa represalia. Despues, apenas los asaltantes huyeron, del invierno pasó a la más cálida primavera preocupándose por él.

El muchacho permaneció rígido como una estatua durante unos segundos, respirando para tratar de acompasar el ritmo de sus latidos antes de recuperar completamente la calma que tanto le costaba mantener de a ratos. Bajó sus ojos ambarinos hasta sus pies descalzos y dejó salir un lento suspiro con el aire que tenía en el pecho. No dijo nada a su salvadora, pero se giró hacia ella regalándole una reverencia solemne en agradecimiento silencioso y con cuidado se puso los zapatos nuevamente.

— Con cuidadito... —Dijo para sí al agacharse para atar sus agujetas.

Con la prolijidad mecánica y simétrica que caracterizaba se anudó zapatos nuevamente antes de enderezarse lentamente tras los golpes, valiéndose de ambas palmas para sacarse el polvo de la ropa. Su mirada, no obstante, parecía analizar a Kay de arriba a abajo. No era por desconfianza pues ella acababa de salvarlo, o algo menos no conscientemente pues Eros lo que tenía de acérrimo guardián también venía en el paquete con su prudente timidez.

El silencio sepulcral en los que fueron sumidos por unos segundos se rompió cuando titubeo antes de decir unas palabras. — ¿C-Cómo sabe mi nombre? —Preguntó principalmente antes de negar con la cabeza, pues esa no era la prioridad. Tomó nuevamente el saco que había dejado en el suelo, y se lo cargó al hombro derecho con determinación en su mirada inexpresiva y serena.

No obstante las formas hacían al hombre


Pensó en seguir andando sin más pues era cierto que algo lo apremiaba desde un primer momento, como la liebre con el reloj en ese cuento que alguna vez había leído pero, incapaz de darle la espalda a quien acababa de poner en juego su propia seguridad por la suya nuevamente se giró hacia ella, regalando una vez más un tímido asentir con la cabeza gacha en agradecimiento. — Esta noche ha salvado vidas, y por eso le estoy agradecido... Si, mi nombre es Eros Focalor —No dijo su afiliación a la piratería pues asumió que cualquiera que supiese su nombre bien lo sabía, estaban en Whisky Peak despues de todo. La Grand Line representaba un punto de encuentro, o desencuentro para los novatos como él.

— ¿La puedo ayudar en algo? A decir verdad me dirigía hacia un lugar... Si me acompaña podemos hablar en el camino... En caso contrario puedo recuperar el tiempo perdido corriendo despues supongo —Efectivamente no era un esgrimista a la hora de blandir sus palabras, pero lo estaba intentando con la voz temblorosa y la mirada esquiva.
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#4
-...Oh claro, perdón mala mía.-Me apresuré a decirle al ver que me preguntaba con algo de duda, mirándome. Es verdad que la parte de presentarme hubiera estado bien, pero en medio de todo aquel caos es verdad que era un poco complicado. Ladee el rostro, rascándome la nuca con algo de queja, a mi comportamiento y forma de ser, claro, a veces se me iba la mano siendo tan impulsiva.

-Kayseira Ashter, soy de la tripulación de la Mano Vacía, Alana está viajando ahora con nosotros.-Y claro, como seguro que hay cientos de Alanas en el mundo, hice un gesto como de entre unos diez y quince centímetros, lo que media la susodicha mujer.

Vamos que con esas sabe quién tiene que ser, seguro.

-Ella me habló de algunos de sus compañeros tras lo sucedido en los Cabos Gemelos, la verdad es que no esperaba justo cruzarme contigo.-No pude evitar que sin duda había sido curioso, pero esas cosas a veces pasaban más de lo que me gustaría. Últimamente el destino tiene una manera muy curiosa de meter a gente en mi camino.

Y otra escalofriantemente efectiva de apartarlos de ella.

-Perdona, vamos, que te acompaño a ir a donde tengas que ir.- Vale, decir que el hombre era tímido sin duda se quedaba corto, pero no me molestaba la gente así. También es cierto que yo puedo hacer hablar a una pared, pero ese no es ahora mismo el caso de todo esto.

-¿Necesitas ayuda llevando algo? Tal vez pueda ayudarte.- Pregunté con algo de duda, aunque la verdad el hombre se veía bastante capaz de llevar aquello.-¿Puedo preguntar qué llevas en la bolsa? Parece importante.- Quizás me anda ganando en este momento lo cotilla, pero no puedo evitarlo estoy algo inquieta y cuando eso pasa tiendo a curiosear o intentar distraerme.

Al final terminó acompañándole casi como si fuera una especie de guardaespaldas, caminando a su lado mientras vamos en dirección a donde él manda. Él es el que tiene un destino fijo, yo simplemente he salido a matar al tiempo, a distraer unas manos y un cuerpo que siente que si se detiene, no podrá volver a ponerse en marcha.

-¿Llegasteis todos a Whisky Peak bien? Alana aun estaba algo preocupada por ti y por la muchacha llamada Gwen.-Al menos me consolaba saber que podría llevarle algo de paz a la mente de la mujer, que podría decirle que no estaban mal o que al menos estaban a salvo.

Bueno, mejor no adelantarse, a lo mejor había pasado algo al final de viaje y ahora tenía que llevarle yo la historia a la pequeña mujer... Mejor seamos positivos, al menos por ahora.
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#5
Eros escuchó la presentación de la mujer con serena impasividad, en un principio no se podía percibir muchas emociones más que el solemne respeto que le merecía. El nombre verdaderamente no le sonaba de buenas a primeras, y no era para menos pues poco sabía el carpintero que dentro de un mes ambos aparecerían en el periódico con nombre completo y recompensas a su nombre. — Hmpf... —Mantuvo silencio hasta que una palabra en particular hizo que ambos ojos resplandeciesen con cierta emoción, una chispa de energía resplandeció cuando ella mencionó a quizás una de sus únicas amigas. Entonces Alana estaba bien, contenta esperaba. Por un momento su sonrisa serena se desvaneció con agridulce tristeza pues, si bien Eros estaba acostumbrado al abandono que traía consigo la muerte, el abandono en vida era algo a lo que estaba tan tristemente acostumbrado que le frustraba el ser afectado por el mismo una, y otra vez.

Pero todos tienen un karma

Contemplando el cielo nocturno, infló el pecho para tomar el valor suficiente y musitar las palabras correctas en respuesta. — La verdad es que llegamos a duras penas a Whisky Peak... No se nada de Giyuu, Mercedes y Rosse, están encerrados en su habitación desde lo que pasó en los cabos gemelos y con la partida de Alana pues... Varo, Gwen y yo nos estamos ocupando de todo —Explicó suspirando con cierta pesadez antes de asentir, trataba de que su desanimo no fuese evidente. —Me alegra que Alana esté buscando un lugar al que pertenecer... Nosotros seguimos intentándolo. Aún deambulo por la noche, solo que no hablo con ninguna tontatta cuando me desvelo, y la enfermería vacía ya no se siente acogedora pero... Seguimos en la lucha —Siguió andando con un paso firme antes de negar con la cabeza pues, si bien la oferta de la gélida dama era loable, por la naturaleza de aquello que portaba en el saco no podría permitir que nadie más lo llevase. Era una suerte de sacrificio si sería, pues un olor a mar emanaba desde la bolsa de arpillera que aparecía humedecerse un poco en su base.

— La bolsa tiene comida —Explicó antes de señalar a un callejón en las cercanías, no hicieron más de dos calles antes de llegar a destino despues de todo. Eros parecía mejor dispuesto, una sonrisa ligeramente más marcada dibujo su rostro y su paso se volvió un trote antes de bajar la velocidad para acercarse al callejón. Dejó la bolsa en el suelo, y llevó sus ojos ambarinos hasta su cómplice poniendo el índice enguantado contra sus labios para llamarla a hablar en un tono bajo y acercarse.

No solo era amiga de Alana, también lo había ayudado en un momento de necesidad. Desconocía si era una buena, o mala persona, pero al menos por el momento no tenía motivos para desconfiar más de lo que solía desconfiar en las personas. — En unos días me iré a Little Garden, y quería traerles esto antes de partir Me los encontré antes —Susurró un preámbulo solo para ella, finalmente tomando la soga que ataba el saco de arpillera para abrirlo. En su interior había pescados ya desmenuzados y torpemente trozados, algunos embutidos que robó de la cocina del Crimson Stage y un par de botellas de metal que había comprado las cuales contenían leche.

Pues, en el callejón, una camada de aproximadamente seis cachorros de gato estaban perfectamente resguardados de la vista por cartones, cajas y algún que otro cesto de basura.

Con sumo cuidado, Eros movió las cajas más pesadas que había colocado a posta ahí para que nadie usase ese callejón por accidente. Entonces se movió consciente de su propia torpeza para acercarse a la camada que ya parecía reconocerlo en cuanto a olfato como para no sorprenderse, tomó un poco del pescado entre las manos y lo colocó cerca de la gata madre que ahora estaba ocupada amamantando a los pequeños.

— Volví —Susurró feliz.
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#6
Había algo amargo en las despedidas, una parte de mi sentía como si le hubiera quitado la amiga a alguien. Aunque se que las personas no se poseen, no puedo evitar pensar en lo importante que ella se había vuelto para mi y en lo triste que me pondría si tuviera que separarme de ella.

-Puedes venir a visitarnos cuando quieras, nuestra tripulación es pacífica y estoy segura de que Alana se alegrará de verte.-Puedo ver en mi mente la cola de la pequeña mujer moviéndose de la emoción en cuanto él vaya a verla.

No puedo evitar sonreír de forma suave ante eso, antes de mirarle extrañada al escuchar que aquello tenia comida.-¿Hum?...¿Comida? -Intente bajar el tono como él me pedía, pero spoiler, eso no iba a tener futuro alguno conmigo. Soy ruidosa, torpe, de hecho apenas tengo que evitar chillar tras casi darle una patada a una tabla.

-Mierda.-Maldije por lo bajo, antes de mirar a lo que se refería, viendo aquellos gatos corretear hacia el hombre. Los ojos se me iluminaron al verlos, y algo de nostalgia me inundó de pronto.- La última vez que ayude a un gato terminé encerrada en el tejado de un faro, tu fuiste mucho más inteligente.- Me senté con cuidado en el suelo, a una distancia segura para mirarles y no molestarles.

Con los animales salvajes siempre es mejor dejar que ellos marquen el ritmo y mientras Eros sigue dándoles de comer, miro por los alrededores.- ¿No has encontrado a nadie que pueda encargarse de ellos? Yo puedo echarles un vistazo, pero nosotros también iremos a Little Garden pronto.- Tal vez pudiera ver si alguien me hace un favor, al último gato acabé encontrándole una buena familia, pero estos son bastantes más y yo no puedo llevarlos conmigo.

-...¿Crees que los gatos son compatibles con un lagarto gigante con una neurona, un mono hiperactivo y una serpiente venenosa? -La pregunta sale de forma genuina en mis labios, aunque claramente se la respuesta, después de todo los barcos no son lugares apropiados para animales tan pequeños.

No pude evitar refunfuñar de forma suave, extendiendo la mano para que uno de ellos me pudiera oler. El pequeño de pelaje naranja me olisquea de forma suave, no puedo evitar sonreír, sin duda los de este color siempre son los más revoltosos y valientes.

-Me encantan los gatos naranjas, pero claramente no tienen muchas neuronas…Ven aquí pequeño.- Lo agarre con cuidado, el maulló, colocando las patas de forma indignada en la cara, demostrando que era toda una fiera. Le rasque la panza y se relajo al instante, antes de que lo bajara para que siguiera comiendo y explorando.

-Ojala llevarme yo alguno, pero no creo que la vida en un barco o la vida pirata sea para un gato.- Pase mis dedos por la nuca, entre mis cabellos claros, se de sobra que es algo que claramente es obvio. Pero una parte de mi se encoge al verlos así, tan pequeños y solos, abandonados en una esquina con su madre.

-¿Tu tienes alguna mascota Eros?-Le pregunté con curiosidad, nuestra tripulación tenía, aunque técnicamente no eran de todos al final nosotros cuidamos también de ellas. Larry, Silencio y Coatl no eran míos como tal, pero sin duda me preocupaba por ellos como si lo fueran.
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#7
— Me encontré a la madre embarazada hace unas semanas cuando conseguía tablones para reparar el Crimson Stage, entonces me quede una noche cuidándola, y desde que parió que he venido a visitarlos todos los días. No se porque está débil pero creo que si no le traigo comida se va a morir, y si se muere sus cachorros también se morirán... La muerte no es algo que me moleste normalmente, desde pequeño soy sepulturero como mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo... Pero desde que sali a navegar que me empiezo a cuestionar algunas cosas. Por ejemplo... Me gustaría que ellos puedan tener la libertad de crecer para ser fuertes, felices, activos —Quizás encontrar una buena familia humana que los cuidase, que nunca los abandonase.

La idea de visitar a Alana lo hizo sonreír mientras observaba como uno de los cachorros felinos caminaba con cierta torpeza hacia él para olfatearlo. Con serenidad Eros usó su índice para acariciar el lomo del mismo, pues un índice era más que suficiente visto el tamaño de los mismos y su fragilidad. — La verdad me daría mucha vergüenza ir a rodearme de desconocidos... No se me da bien socializar —Confesó avergonzado, sintiendo como el calor trepaba desde su vientre hasta su rostro ante la mera idea de subirse a un barco desconocido para reencontrarse con su amiga ¿Sería capaz de hacerlo por ella? Definitivamente, pero con todo el nerviosismo que implicaría para él y la torpeza que lo caracterizaba.

Sintió curiosidad ante la pregunta de la dama gélida ¿Qué clase de tripulación era esa que llevaba consigo animales tan variopintos? Por su parte solo pudo pensar en lo actoral que podría resultar Rosse, pero cierto era que desde la partida de los Cabos Gemelos el ánimo en el Cabaret era algo que venía en declive. No había noticias de sus amigos, Gwen y Varo eran los únicos que buscaban suplir las funciones vacantes de aquellos que habían estado desaparecidos en acción desde la llegada a Whisky Peaks con el carpintero teniendo que tomar funciones organizativas; quizás por ser el mayor, quizás por ser el más valiente, pero había sido encomendado con una responsabilidad que no había elegido más no rechazaría por aquellos que quería.

— ¿Por qué los gatos naranja son más tontos? —Preguntó curioso, pensando automáticamente en Owen. Si bien Owen era un buen muchacho era ruidoso, hiperactivo, honesto e impredecible. Asumió entonces que la gente pelirroja compartía esa naturaleza con los gatos. Sus dedos se movieron hasta sus propios mechones de cabello azulado que él todavía su vida había visto rubio por su daltonismo. — Yo soy rubio ¿También me faltarán neuronas? Soy bastante tonto, la verdad —Esa duda lo había hecho preocupar, era honesto despues de todo.

Entonces negó suavemente con la cabeza. — No, una mascota solo me hubiese hecho apegarme a la vida. Mi padre decía que está prohibido, por eso tampoco podía tener amigos, ni salir de mi casa si no era para trabajar "Porque el deber del funebrero impele a vivir al margen de la vida." —Sentado en el suelo, el gatito que había venido a saludarlo en primera instancia ahora dormía en su regazo con un ronroneo apenas audible por su pequeño tamaño, con sus patas ocultas bajo su cuerpo en lo que recordaba a una hogaza de pan recien horneado. — Pero bueno... Ahora también tengo amigos, quizás algún día pueda tener una mascota también. Debe ser lindo... ¿Y usted señorita? ¿Ha tenido mascotas?
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