06-12-2025, 03:14 AM
(Última modificación: 06-12-2025, 07:09 PM por Ryota Miyamoto.)
¿Qué tal? Soy su amigable vecino, el Hombre Araña, y este… este es el primer capítulo de mi larga historia sobre cómo dominé mis superpoderes.
A diferencia de lo que cuentan los cómics, no obtuve mis maravillosas habilidades por la picadura de un insecto radiactivo. En realidad, fue un evento desafortunado (por no decir el peor error de mi vida) comí una fruta del diablo.
No sabía lo que era hasta que fue demasiado tarde. Esa misma noche, en un hostal de Isla Karate, sentí mi poder despertarse… y no recuerdo nada más. Al día siguiente, mis compañeros me encontraron tirado en el suelo del baño, con espuma en la boca. Creyeron que era solo otro sábado por la mañana, pero yo era el único que conocía la verdad de mi maldición.
Fue una sensación horrible, incluso peor que la pubertad. Y aunque intenté ver el lado bueno, o me imaginé un montón de buenos tíos diciéndome – Vaya amigo que genial, es tremendo poder, no es la fruta si no el usuario, pedazo de fruton colega. - francamente no pude hacerme a la idea, era como si mi peor pesadilla se hubiese convertido en mi realidad. Tenía que buscar ayuda… ayuda profesional para iniciar mi viaje a la iluminación...
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75 de Otoño – Año 16
02:00PM
La brisa soplaba sobre la cumbre de una pequeña ladera en la isla Karate. El sol, parcialmente oculto por un conjunto de nubes que actuaban como un filtro de luz natural, bañaba el lugar en un ambiente fresco y agradable.
Ryota estaba sentado en posición de loto sobre la cumbre, y frente a él reposaba tranquilamente un anciano maestro de la isla. Ambos parecían sumidos en la meditación mientras los suaves vientos hacían danzar los mechones del castaño y el frondoso bigote del maestro.
Pequeñas aves se posaban con delicadeza sobre los hombros del hombre de mayor edad y también sobre el llamativo peinado del más joven, señal de que llevaban allí, inmóviles, al menos un par de horas.
![[Imagen: mIwh6fG.jpeg]](https://i.imgur.com/mIwh6fG.jpeg)
El pacífico susurro del viento en sus oídos fue acompañado por la voz del anciano de escasa cabellera. “Bien, dime, que es lo que atormenta tu alma, chico…” Las avecillas reaccionaron al sonido, alzando vuelo de inmediato para perderse en el hermoso firmamento.
La respuesta del castaño brilló por su ausencia, razón por la cual el maestro abrió su único ojo funcional, solo para descubrir de primera mano que el joven frente a él dormía plácidamente, incluso dejó caer sobre el hermoso prado el masticado chicle que estuvo inflando en pompas los últimos minutos.
![[Imagen: oTtDqfE.png]](https://i.imgur.com/oTtDqfE.png)
“¡DESPIERTA MALDITO IMBECIL!” Reaccionó con un grito colérico al ver tal irrespeto, despertándolo en el acto.
“¿Ah que?” Abrió los ojos sobresaltado por el grito, indefenso y desorientado al principio. Sin embargo, recobró la compostura en cuestión de segundos, recordando dónde se encontraba y el motivo por el cual había ido a ver a aquel hombre. “Este, perdón bro, es que estaba todo tan chill que me quedé dormido.” Expreso con un gesto inocente al rascar la parte trasera de su cabeza mientras la agachaba en señal de respeto.
“Niño irrespetuoso, dime ¿Qué es lo que quieres?” preguntó el anciano con aparente molestia, tras dejar escapar un suspiro de desdén.
Percibiendo su error, Ryota retomó una postura más correcta antes de hablar. “Verá, maestro… escuché en el pueblo que usted era un hombre sabio, y mi abuelo, antes de morir, me dijo que si en mi vida tenía inconvenientes buscara un buen consejo de alguien sabio…” Su sinceridad rozó nuevamente el irrespeto, provocando otra mueca de enfado en el anciano.
“Pero como él ya palmó, no conozco a muchos ancianos sabios, así que pregunté quién era el más sabio del poblado y me dijeron que viniera a la colina para meditar con usted.” Trató de inmediato de corregir sus palabras, pues no hacía falta tener dos ojos para notar la vena de enojo que empezaba a marcarse en la frente del maestro.
“Tu abuelo, al igual que los habitantes del poblado, es astuto. He pasado los últimos veinte años de mi vida meditando para alcanzar la iluminación, así que, si mi guía puede serte de ayuda, haz tu pregunta.” Los halagos parecieron surtir efecto en el viejo; se notaba agradecido, al punto de bajar un poco más la guardia.
“He sido maldecido con una habilidad de akuma no mi.” Confesó aquello con el peso del miedo en cada palabra. Su expresión, normalmente serena, se mostró tensa e incluso asustada, pues la idea de recordar aquella forma… aquel momento… le producía una repulsión inmediata. “La forma que adquiero con esos poderes es la de un monstruo asqueroso. Solo pensarlo me aterra y hace que se me ericen los vellos “continuó, sin abandonar el gesto sombrío que revelaba cuánto lo afectaba la situación. “Normalmente no dejo que las cosas me afecten, tiendo a evitar responsabilidades. Pero esto… esto me supera. No puedo dormir bien, tengo constantes pesadillas y, cada vez que me miro al espejo, solo puedo imaginar que me convierto en esa cosa para siempre. Temo que eso ocurra…” Su voz se quebró a mitad de la frase. Reunió algo de valor para seguir hablando, bajando la mirada más y más, como si le avergonzara mostrarse vulnerable en lugar de lucir su sonrisa habitual.
“Ya veo” respondió el anciano. “Aborreces aquello en lo que te conviertes y crees que la gente te verá del mismo modo en que tú te ves ahora, ¿no es así?” La sabiduría del viejo, quien no se inmutó ni un poco al escuchar que era usuario de una akuma no mi, tomó por sorpresa a Ryota. El castaño levantó la mirada y asintió con el mismo malestar que evidenciaba desde que empezó a hablar.
“Es una situación horrible, joven” continuó el maestro. “Pero ¿por qué aborreces aquello en lo que te conviertes?”
“¿Por qué lo aborrezco…?” repitió Ryota, peinando hacia atrás sus cabellos y adoptando un semblante pensativo, como si buscara el origen exacto de sus miedos.
¿Cuándo había empezado todo?
¿En qué momento de su vida comenzó a ver a las arañas como algo malo… o aterrador?
“Creo que desde pequeño me asustaban”, admitió. “Su extraña forma, sus múltiples ojos, los vellos de su cuerpo… Solo imaginar que una de ellas recorra mi piel me espanta, y convertirme en una lo hace aún peor. Es como si quisiera escapar de inmediato de mi propia piel.” Su confesión hizo que el anciano negara un par de veces con su cabeza.
“No pregunte lo que te asusta, pregunte el motivo de tu aversión a esas criaturas arácnidas”. No era difícil deducir a qué animal se estaba refiriendo el chico. “¿No posees un motivo más allá de su apariencia? ¿solo te asustan porque se ven horribles?” Preguntó el anciano, abriendo un poco más sus ojos e inclinando ligeramente el torso en dirección al chico.
Ryota, por su parte, permaneció pensativo. No supo qué responder de inmediato; simplemente se quedó atrapado en la reflexión.
¿Cuál había sido el verdadero motivo por el que empezó a temerles tanto?
Escarbando entre sus recuerdos, encontró algo que creía haber olvidado hacía mucho tiempo: una escena de su infancia. Recordó cómo su abuelo, su padre y sus hermanos reaccionaron cuando una araña entró a la casa. Todos gritaron, corrieron y trataron de matar a la criatura. El animal, asustado, saltó de un lado a otro hasta que terminó posándose sobre su pequeña mano de niño.
En ese instante, comenzó a llorar desconsoladamente y la apartó de un manotazo, para después seguir llorando durante varias horas.
“Creo que… como todos las odiaban en mi casa, por eso mismo empecé a temerles”, confesó con cierta duda. ¿De verdad podía cargar sentimientos tan pesados por un motivo tan simple? ¿No debería haber tenido un trauma más grande? ¿No se suponía que debía haber quedado atrapado en una cueva llena de arañas, para luego ser rescatado y comenzar a odiarlas desde entonces?
“Pareces conflictuado ahora mismo”, señaló el viejo con una sutil sonrisa.
“Bueno, claro… o sea, es un motivo de mierda y eso solo lo empeora. Igual me siguen dando miedo” respondió Ryota, algo molesto consigo mismo, aunque agradecido por la calma del sabio.
“No, no es un mal motivo” negó el anciano. “Solo es un motivo.” Guardó un breve silencio antes de continuar. “Verás, es normal temer aquello a lo que nuestro entorno teme. Ellos son quienes nos cuidan y protegen, así que, al verlos temer algo, nosotros adoptamos ese miedo casi sin darnos cuenta.” El anciano sonrió levemente y, por primera vez, abandonó su postura rígida para relajarse un poco más.
“Y claro que ese miedo no va a desaparecer solo porque creas que el motivo es estúpido. Es algo que vivió contigo durante años. El sentir que ahora eres eso te atormenta… pero, chico, he vivido muchos años como para entender que solo los humanos deciden ser malos por naturaleza.” Dio un pequeño suspiro mientras los ojos ambarinos de Ryota lo observaban atentos.
“El hecho de que temas a algo no significa que ese algo sea intrínsecamente malo o que vaya a hacerte daño. Y el hecho de que te conviertas en ello tampoco te vuelve malo. Tú eres tú, e incluso en esta situación, eso que te aterra es parte de ti… y debes aprender a aceptarlo.” Al terminar su discurso, una brisa suave agitó los cabellos de ambos, como acompañando las palabras del anciano.
“Aunque diga todo eso, suena a una tarea muy difícil” se quejó el joven con desdén, frunciendo el ceño. “¿Cómo? ¿Cómo puedo llegar a aceptar que esta maldición es parte de mí? Y, aún más difícil… ¿cómo puedo enfrentarme a esto?”Lo dijo con molestia, casi con enojo; más que una pregunta, parecía una exigencia lanzada al viento.
“No es que puedas. Claro que no puedes.” la voz del viejo sonó firme, casi cortante. “Pero debes. No permitas que tu vida se rija por el miedo. Hazle frente, entrena y convierte ese miedo en el combustible de tu valor. Puede que hoy no quieras esta maldición, pero si algo he aprendido con la edad es que, tarde o temprano, todos debemos luchar con uñas y dientes para proteger a quienes amamos. Y, al final, ese también es un poder… uno que puedes usar para grandes cosas o para proteger a quienes te importan.”
Las palabras del anciano resonaron en la mente de Ryota, que quedó absorto escuchándolo. Una mezcla caótica de admiración, malestar, enojo, agradecimiento e incomodidad se agolpó en su pecho.
“Aunque para ti sea una maldición, es un gran poder, niño… y nunca lo olvides” sonrió con calidez, mirando directamente a los ojos ámbar del joven.
![[Imagen: JD8g8vf.jpeg]](https://i.imgur.com/JD8g8vf.jpeg)
“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”
Desde aquel día, y durante todo el tiempo que permaneció en la isla, Ryota visitaba al viejo cada tanto para entrenar. Su entrenamiento consistía únicamente en transformarse utilizando los poderes de su akuma no mi y tratar de meditar convertido en un híbrido entre hombre y arácnido. Era extremadamente difícil, normalmente desistía a los pocos segundos y el terror no lo abandonaba ni un poco, ya que al sentir, los colmillos rozarle los labios, los vellos recorrerle el cuerpo, lo extraño que era tener un abdomen arácnido… o seis brazos, simplemente terminaba por deshacer su transformación.
Pero, poco a poco, con el pasar de los días, al menos las pesadillas empezaron a desaparecer. Paso a paso, Ryota iniciaba su camino para enfrentar y vencer sus propios miedos.
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