Strike of Luck [pasado][Priv.Lana & Tatián.]
#1


Ah… Samba.

No era un lugar que sorprendiera, la verdad. La ciudad se mostraba humilde, casi resignada a su propia precariedad: calles mal iluminadas y construcciones levantadas con maderas cansadas que pavimentaban los caminos, dejando oír el rechinar de algunas tablas deformadas por la humedad, crujientes como huesos secos roídos por carroñeros. Extrañamente, aquella esencia decadente de la ciudad le despertaba un sentimiento de nostalgia, muy similar al de su ciudad natal, donde la flora de la selva parecía tragarse lentamente las construcciones precarias, como si la naturaleza intentara reclamarlas como suyas.

Confieso que la nostalgia me golpeó. No una tristeza amarga, no… sino de esas que invitan a brindar por lo que ya no existe. Me recordó a los manglares profundos de mi tierra, a los rincones donde mi gente curaba con aquello que el mundo civilizado llamaría superstición… y que, aun así, nos mantenía con vida.
Mi estancia aquí debía ser breve. Muy breve.

Pero los barcos, al igual que las personas, tienen el mal gusto de romperse en el peor momento. Y mis finanzas —qué sorpresa— decidieron evaporarse entre tragos, favores mal pagados y algún que otro lujo innecesario.
(¿Quién hubiera dicho que beber licor y comprar baratijas brillantes sería una combinación tan cruel para el bolsillo?)

No obstante, en las zonas más alejadas del río podía observarse la otra cara de los habitantes de aquella isla: pueblos más pulcros y elegantes, edificados con piedra alisada y de un aspecto mucho más limpio que el de sus vecinos ribereños. Fue allí donde nació el interés de Bones por aquellos sectores más refinados de la isla, pues en una de esas zonas existia un bar clandestino que parecia de alta gamma pero que en el interior de una supuesta bodega tenia un fondo falso de puerta giratoria en donde los piratas, ricachones ludopatas y bandidos de mala clase podian acceder a las apuestas llamado "Golden Luck".

Sabía bien que las cuentas estaban escasas, pero el médico brujo no podía evitar sentirse atraído por las apuestas. Era como una polilla hipnotizada por un foco brillante en medio de la oscuridad; simplemente no podía resistirse a probar su suerte cuando la ludopatía ebullía en sus venas, palpitando con cada paso que daba hacia una mesa de juego.

Asi fue como se dirigio a aquel bar en donde diferentes tipos de personas se juntaban por el amor al juego, siendo algo asi como un bar que se mantenia su secreto bien resguardado bajo aquella fachada de otro de los varios bares que habian por la zona, sin mucho que destacar ni demostrar a los curiosos que no entenidan el secreto detras de sus paredes.
Imagen interior del "Golden Luck"Mos


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La clave variaba del dia para mantener un codigo mas cerrado dentro de los interesados, cosa que Bones se habia comseguido con un comeriante adinerado que se habia ido de boca gracias al alcohol have un dia atras que la palabra para entrer en esos dias era "Flamingo", no teniendo problemas cuando entro con propiedad al bar seguro de decir la palabra clave como un invitado mas.

Al cruzar sus puertas, el aire cambió de inmediato. El olor a madera encerada, perfumes caros y metal pulido desplazó al de la humedad y la selva. El murmullo constante de conversaciones bajas, fichas chocando entre sí y risas medidas se entrelazaba con una música suave, lo suficientemente elegante como para no distraer, pero lo bastante presente como para envolverlo todo en una ilusión de control. Aquel lugar no gritaba vicio; lo susurraba con refinamiento.

Bones avanzó con paso seguro, observando con atención quirúrgica cada rincón del salón. Las mesas estaban dispuestas con una precisión casi ritual, iluminadas de tal forma que los rostros quedaban parcialmente cubiertos por sombras calculadas. Vio comerciantes bien vestidos, marineros con manos ásperas intentando parecer caballeros, y rostros tensos que delataban a quienes ya habían apostado más de lo que podían permitirse perder. Todos compartían la misma mirada: una mezcla peligrosa de deseo, ansiedad y fe ciega en la fortuna.

Le resultaba fascinante. No muy distinto a una sala de operaciones improvisada, pensó. Personas entrando enteras, saliendo rotas… o no saliendo en absoluto. Cambiaban carne por monedas, esperanza por probabilidades. El azar como bisturí, y el casino como médico indiferente.

Las luces doradas resaltaban los detalles de su vestimenta mientras caminaba entre las mesas, y Bones notó cómo algunas miradas se posaban en él con curiosidad, otras con incomodidad. No era difícil entender por qué. Su presencia contrastaba incluso allí, entre plumas, joyas y trajes caros. No obstante, lejos de incomodarlo, aquello le arrancó una sonrisa sutil: la incomodidad ajena siempre había sido una herramienta útil.

Se detuvo un momento, dejando que el ambiente lo envolviera por completo. Aquel lugar respiraba riesgo, y él se sentía en casa. El Golden Luck no era solo un casino; era un punto de encuentro entre la avaricia y la desesperación, un espacio donde la suerte decidía quién vivía una noche más soñando… y quién aprendía, demasiado tarde, el verdadero precio de tentar al destino.

Y Bones, por supuesto, estaba más que dispuesto a pagar… o a cobrar.
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#2
Caminaba por una calle de Salsita, acompañada de mi túnica de monja y del crujir de las cosas en el suelo, del aroma, oh bueno, algo parecido y con una botella de vidrio en la mano, con la mitad del liquido. La otra mitad me lo tomé en todo el camino.

Es que todavía no había encontrado las botellas que esconden en la iglesia y solo me queda por tomar alcohol para hidratarme después de estar todo el día con este horrible calor. El alcohol ayudaba a pasar el rato más tranquila, sin ningún pensamiento, sin preocupaciones. Me detuve cuando pasé frente a caballo, alto de cabello corto color negro que estaba parado en una esquina de uno de los bares.

—Miau. Hola caballito. Mierda. ¿Sabes dónde puedo encontrar mucho dinero?— Hice una pequeña reverencia, una de esas que vi haciendo una monja frente a alguien que parecía importante, lo estaba haciendo para saludarlo, luego alcé la mirada, lo observé, tenía ojos profundos, negros, no hacia nada, ningún ruido, solo pestañeaba y respiraba en su mismo sitio.

De repente… el caballo iba a decir algo, parece que eso iba a hacer… Escuché entonces una voz profunda, de un hombre —Más allá, hay un bar, ahí encontraras tu plata, billetes verdes, o si te gusta fumar… también puedes encontrar esas cosas. Para entrar tienes que decir “Flamingo”— ¿esa es la voz del caballito?

—Que ronca voz caballito, ¿qué donde, por qué no me llevas a ese lugar que me dices?— le pregunté sin siquiera mirar por donde venía la verdadera voz, que era de un hombre que estaba a unos metros de nosotros. No tenía idea del tipo, pero su información era valiosa, así que la tomé.

Observé mejor al caballo y este ya llevaba encima una montura, lo que para mi fue como una bendición encontrar un animal en medio de tanta fealdad. Caminé al rededor, llevando mis manos a su lomo para comenzar a hacerle cariño. Tan pronto que el caballo agarró confianza conmigo, me acerqué a la silla, allí tenía colgada un sombrero de vaquero, el cual me lo coloqué y ya preparada me subí sobre el caballito.

—Muack— lancé un beso y este comenzó a andar solo por la calle.

Pero por alguna razón la voz que me había dado la idea del bar comenzó a gritarnos —¡Hey! ¡Es mi caballo!— pero el caballo no se detuvo, de hecho se puso a correr hasta alejarnos y no saber más de la voz extraña. Dejé que el caballo me llevara por el camino hasta la vuelta de la esquina. Por donde íbamos se escuchó agua, entonces el caballo se detuvo y en cuanto me bajé de él, se puso a buscar de donde venía el agua para poder tomar de ella. No se si era una rica agua después de todo lo que había visto de las bebidas y cochinadas que se pueden encontrar en Salsita

Mientras el caballo estaba en las suyas, vi un extraño lugar donde se escuchaba ruido y las personas se veían muy felices. En la entrada quise entrar con mi caballo, pero nos detuvo alguien, un señor, un viejo, canoso, gordo, que limpiaba un plato con una toalla se detuvo en la puerta para decirme —Sin animales— Pero no podía dejar que el caballo se quedara solo.

—¿Qué? ¿Cómo que animal? No, no es un animal, es un amigo mío de esos que son como los animales, pero… tienes que respetarlo como los humanos, si lo vez en cuatro patas es que le gusta caminar así. Él me dijo que aquí podría… entrar si digo “Flamingo” y que también encontraría plata— lo ultimo lo susurré.

—Como sea, ¿quieres plata? Pasa, pero que tu amigo no moleste. Bienvenida—  El señor suspiró y dio un paso para abrirnos la puerta.

Agarré mi caballo para llevarlo dentro del lugar, estabamos contentos porque al menos podíamos pasear como queríamos. Por mi parte comencé a caminar por donde escuchaba a la gente hablar y reir, mientras que el caballo se quedó allí, viendo como tonto todas esas luces. No le insistí en moverse o en seguirme, yo quería ir hasta una mesa donde tiraban cartas con números, símbolos y colores dibujados en ellos. Me quedé allí, parada, con mi sombrero de vaquero, observando qué era eso.
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