25-02-2026, 06:30 PM
Día 22 de Verano, Año 17
Partida el 20 desde Samba y llegada el 22 a Baterilla
Partida el 20 desde Samba y llegada el 22 a Baterilla
La puerta se abrió y escuché unos pasos cerca de donde me encontraba durmiendo, envuelta en una manta, abrí los ojos lentamente cuando sentí la luz entrar por las ventanas que han sido abiertas por la persona que estaba paseándose de allá para aca. Vi a una de las monjas estar abriendo esas ventanas y luego se acercó ante mi —Buenos días, querida Lana—. Saludó. ¿Ya era de mañana? —Buenos días, preciosa, me siento tratada como una princesa, me gusta. Miau. Muack— Le lancé un beso sin querer. Me giré con la manta para verla, me sentí muy tranquila al despertar, mi cuerpo había descansado bien y no tenía ganas de ser tan pesada. Estiré mis brazos, mis piernas, todo mi cuerpo, más unos cuantos bostezos. —Te ves bien, nos alegra que descansaras, una persona valiosa merece cuidado— Decía la monja, y sus palabras hicieron que aceptara el afecto. Tal vez no odiaba tanto aquello de lo que huía, del cuidado, que pense que era el problema, pero puede que no.
Otra monja apareció poco después con la ropa del día. Ayer habia imaginado un vestido distinto, pero lo que trajo fue la típica túnica, un habito. Sin embargo, aunque no extrañaba esta vestimenta, la tela era distinta a la ropa que estaba usando, es más fina, de mejor calidad, porque podía llevarla por días y no se ensuciaba tanto. Ayer también había comido bien, hoy sueño bien, pensé que no servía demasiado siendo independiente, me cuidaba fatal, ya no sentía la urgencia por robar, es incomodo admitir que prefiero seguir siendo cuidada por estas monjas, hasta las dejaría seguir vistiéndome y bañándome como una muñeca de trapo. Pero ellas no insistieron en ayudarme a vestir, sino que salieron y cerraron la puerta, un gesto que significaba que ya no iba a ser invadida. Pude cambiarme sola, me costó demasiado cambiarme la ropa, tanto… pero estaba feliz mirándome frente al espejo viendo como la tela limpia y fresca estaba sobre mi piel.
Cuando salí, fui al salon, donde se escucha ruido, murmullos y en el fondo las vi a ellas, junto a una ventana. Sin dudarlo, caminé hacia ellas y me instale con ellas, ¿quien iba a pensar que iba aceptar estar con estas mujeres y quizá, incluso, volver a la iglesia? Me acomodé y las observe a cada una cómo tomaban y comían sus sándwiches, tan ordenadas, con movimientos tranquilos y copié las acciones, sujetando el pan con cuidado, mordiéndolo sin exagerar, sin devorarlos y tragármelos como antes… hace tan solo unos días atras, lo hacía. Aprendía sin sentir la exigencia. —Te demoraste horas en vestirte, mi niña— Una monja comentó el tiempo que me tomó en vestirme y se reía con una suave sonrisa. Mientras conversaban entre ellas o me decían algo, miré alrededor, a los pasajeros que también estaban comiendo algo.
Tras terminar nos levantamos y cogimos nuestras cosas, aunque yo no llevaba nada, solo algunas pocas pertenencias, como la ropa. —Lana, ¿sabes que te boté la ropa que llevabas antes? Pero te limpie el sombrero, toma— Me lo entregó en las manos y se lo agredecí con un abrazo, ¿yo abrazando?. Y por sorpresa, por primera vez en mucho tiempo no estaba pensando en escapar. Salimos, y quería conocer la nueva tierra.
Detalles del viaje
