[Presente Absoluto - Intervención] Caminos entrelazados
#1
El viento rugió y el destino danzó entre sus huracanados movimientos. Aletee mientras que aquel pequeño desastre me hacía girar por los aires, tomando así, de nuevo el control en mi desplazamiento. Las casas debajo de mi pararon de convertirse en colores borrosos y la tierra empezó a engrandecerse a medida que caía. Antes de tocar el suelo otro leve aleteo que me hizo controlar la caída sin daño. Había caído en una de las calles al sur por las que subía hacia aquella plaza. El ancho de la calle abarcaba 20 metros de acera en acera, al final, la calle giraba a la derecha, luego a la izquierda, luego a la derecha, y tras una avenida de 200 metros llevaba hacia la plaza. Acababa de recorrer ese camino.

Enfrente de mí, a 10 metros dos cuerpos más cayeron. El primero, enorme, se precipitó llevándose por delante las cuerdas de un tendedero de una casa residencial de la calle, rompiendo el mismo a su paso y generando que toda la ropa tendida saliera disparada. Era el hombre que me quería sonar y que conocía. Mi haki se expandió 15 metros a la redonda, dejando que entendiera mínimamente las intenciones de aquel enigmático sujeto. Mientras se levantaba pude ver como en su cabeza una prenda de la colada había quedado atorada en su cabeza. Eran unas bragas de color rosa pálido con pequeños corazones, tan grandes como para que a aquel ser se le quedaran ajustadas en la cabeza como un gorro y dos grandes
mechones salían de los agujeros de las piernas como si fueran cuernos.

El otro, un tipo estirado, tonificado, todo lo opuesto a lo que yo representaba en este mundo. Aquellos que cuidan su fachada por dentro están completamente sucios. Rebotó contra el muro opuesto de la calle, chocando contra la pared, justo al lado de un ventanal. Su cuerpo después rebotó contra el suelo.

Entre ellos había 15 metros de distancia, haciendo los 3 un triángulo con nuestras posiciones.

Los transeúntes nos miraban atónitos, sin entender porque habíamos caído o como. Algunos cuchicheaban entre ellos sin ningún tipo de vergüenza otros seguían con su vida como si la lluvia de 3 personas no tuviera nada de raro o especial.

Descargué la tensión de mis brazos con un leve movimiento y troné los huesos de mi cuello con un movimiento de negación. Aparentemente ausente ante la situación, pensando en una única cosa.
Tenía que volver a la plaza, aquel viejo… Aquel hombre era una leyenda. Había oído de él, mi maestro lo reconoció como alguien capaz de ser digno de la fuerza, su heredero y señor, y aquello solo indicaba una cosa. Si era capaz de derrotar a la montaña podría convertirme en grano… Si era capaz de derrotar a aquel hombre podría demostrar que era digno. Si era capaz de derrotar al viejo líder, podría entonces consumir la Rikki. Entonces mi camino habría terminado, sería libre de las ataduras de mi peregrinaje y podría encontrar mis sueños, que siempre habían volado alto por encima de mis senderos, como aves que me observan desde lo lejos, aterradas de aterrizar por miedo a la incertidumbre.

Empecé a caminar ignorando a ambos y pasé por medio de ellos, con un paso tranquilo. Pues conocía el camino y el camino me llevaba a enfrentar a Akatora. Apretando con fuerza mi espada y con el haki activo, camine el sendero de la fuerza para encontrarme con mi destino.
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#2

Atributos Personaje


Hace unos minutos... Antes de volar:

Ubbe y yo no pasamos precisamente desapercibidos. Menos cuando se trata de atravesar una marea infinita de hombrecillos que se mueven como cucarachas de un lado para otro. Así que el enmascarado no tarda en detectar nuestra presencia desde la distancia. Tal vez medir 7 metros de alto y cargar semejante hacha de guerra le haya ayudado un poco. 
Nuestras palabras parecen encender en él cierto recelo. Normal, pues mi hermano es un buccaner curioso y yo un tío muy sincero, y la verdad duele. Le escucho hablar algo con su compañero, aunque no soy capaz de entenderlo del todo. Aún así, no tardo en entender la situación. Con un gesto amenazante, me apunta con su brazo de metal y me deja claras sus intenciones. Agarro a Yggdrasil con fuerza y esbozo una sonrisa macabra, de esas que hace tiempo que no pongo. Por fin algo de acción en esta maldita isla. 
El compañero fumador se suma a la conversación y delata al manco como su líder. Al parecer, el jefe tiene la intención de enfrentarnos solo y de salvar la vida de su camarada, sacrificándose. Eso lo respeto. Valiente, pero insensato. Que pena que cubra su rostro con un casco que da tanta grima, a los peleadores así de aguerridos vale la pena recordarlos. Como sea... ¡Hora de amputarle el otro brazo!

Para mí sorpresa, flanqueando desde varios metros, aparece un tipo tan petado como Ubbe, aunque incluso más alto. Comparte el mismo tono oscuro de piel que él y su pelo rubio, así que asumo que será otro Buccaner sureño, perdido por el mundo. Estoy tan centrado y eufórico en pelear con el hombrecillo, que no lo veo ni llegar. Soy consciente de su presencia cuando le escucho gritar cerca mío un nombre que ya mencionaba mi padre cuando era un crío incapaz de levantar un arma. El nombre de un guerrero legendario del pasado. -Akatora...- Mi cabeza recuerda ese apodo con miedo, pero no es capaz de ponerle rostro, todo queda en un susurro arrastrado por el viento.  
El pequeño bucanero se acerca más y no duda en insultarnos. Sí, es típico de los Buccaner comportarse de esta forma, pero nada me toca más la polla que me interrumpan un enfrentamiento. Giro el rostro en su dirección, y ya no hay sonrisa alguna, tan solo una mirada de odio profunda que desea arrancarle la cabeza y entender por qué narices ha mencionado ese maldito nombre. 
Pero no hay nada que hacer. Antes de que nos demos cuenta, un vendaval carmesí, nacido de ninguna parte me arrastra por encima del suelo y me hace levitar sin dificultad, lanzándome como una piña a tomar por culo.

En el presente:

No sé ni cuántos metros de altura estoy alcanzando ni a que distancia me encuentro de la plaza. Solo sé que estoy apunto de aterrizar en una zona residencial, en una calle alejada del epicentro del huracán. La caída es tan colosal como mis poderosos músculos, atravesando paredes y llevándome por delante todo lo que encuentro a mí paso, como una bola de demolición descontrolada. Consigo reducir la velocidad rodando por una serie de tendederos plagados de ropas y telas, que me envuelven junto a los cables donde cuelgan y me terminan frenado en mitad de la calle. 
De una bola de sabanas coloridas y ropa interior mojada, emerjo perplejo intentando entender que acaba de suceder. Miro atónito de un lado a otro, comprobando que lo llevo todo encima y no he soltado a Yggdrasil, pero que Ubbe no se encuentra conmigo. Me interrumpe el aterrizaje de otro tipo, diminuto como un humano. Este rebota con violencia contra la roca sólida y después contra el suelo. La ostia ha sido contundente, aunque parece resistirla sin daños, tan solo rasguños. -Vaya vaya... ¿Pero a quién tenemos aquí?- suelto con tono irónico, encarando al sujeto. Es el fumador, el esbirro del enmascarado. Ha tenido tanta mala suerte que ha aterrizado conmigo. -Veo que los vientos no juegan a tu favor, criatura ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me empiezo a descojonar, burlesco, mientras se incorpora, inconsciente de las pintas que llevo, aunque sintiendo una molestia en la cabeza.

Pero el viento, sabio como el solo, se ríe de mi por jugar con su nombre. Como si fuera una mala broma del destino, unos pasos silenciosos se acercan a nosotros. Pisadas formes, seguras, sin temor a cruzarse con una bestia colosal caída de los cielos. Mientras soy ignorante de las miradas ajenas de curiosos y testigos, solo una presencia capta mi atención lo suficiente como para dejar en paz a una posible víctima. -Valkyrja...- murmullo solemne, casi ahogándome de lo sorprendido que estoy. Ojos como platos y una mueca incapaz de cerrarse, que aún no asimila lo imposible de este encuentro.
Es él, sin duda. Porta un arma distinta, pero reconocería su aspecto en cualquier lugar del mundo. Sus alas, sus harapos, su temple imperturbable... Musashi, volvemos a cruzar caminos. Todavía no nos alcanza cuando me pongo en guardia rápido con el hacha, sosteniéndola con la izquierda desde la parte más cercana a la cabeza de los filos y la derecha en el mango, cubriendo mi cuerpo, esperando el ataque. Pero el ataque no llega. Voy rotando a medida que se acerca hasta que llega a cruzarse entre el fumador y yo. Mi cara cambia. Pasa de un fulgor emocionante que no termina de procesar la sorpresa a una mueca de desconcierto de no entender lo que pasa.
Y sigue con su paso. Ni siquiera me mira, tan solo sostiene su arma con fuerza y avanza firme, como si nada existiera a su alrededor. Cuando me cruza y se aleja un par de metros más, la ira me invade. Llevo demasiado tiempo esperando este momento para que ahora le dé al puñetero espadachín por pasar de mi cara. Con un gesto agresivo, arranco toda la ropa que llevo sobre la cintura, incluso los calzoncillos ridículos que me apretaban la cabellera. Dejo mi torso al descubierto, repleto de cicatrices y heridas que reclaman la sangre del mensajero de los dioses. Sobretodo la que cruza mi pecho de lado a lado, que arde con más fuerza que nunca.
Sigurd, cargado de ira

-¡¡¡Ángel de Metal, no te atrevas a ignorarme!!! - esta es la última vez que lo trato con respeto. Con el rugido, me deshago de la guardia y con un gesto feroz de muñeca clavo una de las hojas de Yggdrasil en el suelo, haciendo temblar el mismo y los cimientos de las casas a mi alrededor. El discurso no cesa ni por un segundo, cargado de una furia violenta marcada por la decepción. -¡¡¡He destruido islas a mí paso tan solo para dar contigo. Ahora date la vuelta y cumple con tu palabra!!!- no pienso atacar a traición. No a él. Puede que no me haya reconocido o qué tan solo esté bromeando, pero mis palabras rebotan con fuerza en los muros que delimitan la estrecha calle. Al momento, recupero mi arma arrancando un pedazo del suelo y dejando un boquete, que ahora se encuentra clavado en la hoja del arma como un peñasco rocoso. -¡¡¡Enfréntate a mí o te juro por los dioses que te pienso ensartar el hacha en la espalda por rechazar mi desafío!!!- recobro la guardia tal y como la tenía antes del oratoria. Y cojo aire para culminar...
-¡¡¡EL DESAFÍO DEL LEGÍTIMO HEREDERO DE LA FUERZA!!!-

En efecto, cajita feliz
#3
Atributos Personaje


Momentos antes...

Sus pasos tuvieron que frenar a medio camino, de repente parecía que iba a haber un espectáculo en el lugar. ¿Hablaban de cobardía con Sohem y osaban aparecer más personas? ¿Venían con esos dos? Si era el caso, era normal que se dieran esas estúpidas confianzas. Frunció las cejas, buscando con la mirada a su jefe en silencio. Mantuvo su Haki activo, buscando ver a los nuevos integrantes... También eran fuertes, aquellas auras flaqueaban con una fuerza única hasta la presencia de un último individuo. Sus ojos se abrieron de par en par, con sorpresa. No, ese condenado loco era demasiado fuerte. ¿Cómo habían encontrado alguien al nivel de Sohem? Incluso con lo poco que conocía sobre Haki todavía, lo sabía. Eso era DEMASIADO incluso para... 

—¿Qué demo-...?

Su instinto fue alzar los brazos cuando sintió cómo, de un momento a otro, su cuerpo se elevaba, alejándose de allí, lejos, lejos, no supo qué tanto, pero era demasiado para poder soportarlo él mismo.

Ahora... 

Sintió su espalda impactar contra algo y, a continuación, escuchar la sacudida del ventanal que había apenas a su lado antes de que su cuerpo cediera contra el suelo. Elevó su mano, impresionado de que el dolor no fuera tan intenso como para no poder levantarse. ¿Qué tan lejos estaba? ¿Estaría bien Sohem? ¿De dónde habían salido esos condenados tipos? ¿Qué tenían contra su nuevo jefe? Miró a su alrededor, viendo a los transeúntes confundidos, del mismo modo que probablemente lo estaba él. Elevó su mano tras su nuca, sacudiendo su cabeza.

En ese instante, como si fuera un déjà vu, sintió que el sol se cubría frente a él, en forma de una sombra enorme, elevándose a una altura muy superior a la propia. Bastante tenía con el calor como para encima tener que lidiar con problemas de ese tipo. ¿En qué mierda se había metido? Sabía que posiblemente tendría dificultades si se encontraba con Sohem, pero no esperaba a ese nivel. No es que no estuviera acostumbrado, mas no lo estaba ante adversarios con un poder tan sobreelevado. Solo supo lo insignificante que era y el largo camino que todavía le quedaba por delante. -Vaya vaya... ¿Pero a quién tenemos aquí?-

Al escuchar la voz del hombre, al fin termina de levantar la cabeza del todo, encontrándose con aquella figura de siete metros que acababa de ver con aquel de gafas de sol. Apenas ahora a escasos metros de él, pese a que inicialmente pudieron ser 15m, ahora podía percibirlo aproximadamente a 10m de él después de que se le acercara. No necesita ser listo para saber qué significan esas palabras que pronuncia a continuación: amenaza. Frunció las cejas, su diestra posicionándose a su cintura izquierda, con la mano en la empuñadura de la katana en posición de defensa, preparado para desenvainar de ser necesario. No sabía quién era, qué quería de Sohem, ni por qué diantres parecía tan obsesionado con buscar pelea. 

La interrupción, de forma fortuita, parece estar con ellos. Reconoce a aquel hombre de aspecto vagabundo de la plaza. ¿Ahora tenía que enfrentarse a dos hombres? Extendió su Haki, él solo... no podía contra ellos dos. Lo sabía bien, la lógica y el aura de ambos hablaba con demasiada claridad. Chasqueó la lengua, parecía que uno de ellos se conocía. Su mano se alejó de la empuñadura lentamente, retrocediendo unos pasos. 

Sus ojos ahora analizaron al nuevo individuo y al gigante frente a él. ¿No eran aliados? No, por lo que decía, aparentemente solo buscaba pelear. Frunció las cejas, tomando poco a poco más distancias, aprovechando la conmoción para mezclarse entre la gente. Él no pertenecía a esa batalla, y estaba seguro de que involucrarse con alguien que apenas lo acababa de amenazar no era la mejor de las ideas. Respiró pronfundo y calmado, ahora sí, dejando solos a los dos individuos. Si iban a enfrentarse, no iba a ser con él. No cuando había sido amenazado sin razón aparente. Lo mejor era saber si los chicos estaban a salvo y desear que Sohem estuviera bien. Todavía había viaje por delante. Los transeúntes se encontraban a menos de 20m de ellos, aprovechando para abandonarlos en aquella situación. La provocación del rubio hacia aquel extraño vagabundo no lo iba a incluir y no permitiría que fuera de ese modo. Además, en la Plaza había una orden clara de su nuevo Jefe, que era el propio Sohem: Irse. Y eso es lo que iba a hacer. Comenzó a moverse, aprovechando la distracción, alejándose a 23 metros de los dos individuos, mezclándose entre la multitud en absoluto silencio, perdiéndose entre la gente que todavía parecía conmocionada y confundida y alejándose de allí. Gracias a su maestría con el sigilo, no le resultó complicado pasar desapercibido. 

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
#4
Todas las auras en el interior de mi cúpula me hablaban sobre lo que sentían, los sentimientos de los demás eran igual de visibles para mi que el mismo suelo que ahora pisaba.

Los dos que han salido despedidos conmigo son fuertes, pero no más que el anciano. No más que una pérdida de tiempo. Interactúan entre ellos brevemente, la llama del belicismo se enciende, pero rápidamente se apagaba mientras paso entre ellos. A mi derecha el enorme fortachón me mira con sorpresa, lo siento. ¿Lo conozco? Lo suficiente como para saber que no hay nadie en mi camino. Mis pasos enmudecen cuando de repente su voz ronca se elevaba sobre los edificios vociferando su aura se astilla como colmillos hacia mi y siento su ira y acción hostil. Me giro hacia él.

Tras su rugido el suelo tiembla y su espada agrieta la acera, cargando ahora en ella un trozo de tierra. ¿Así trataba a su arma? La angustia por el hierro sagrado que la forma me retuerce el estómago como un nudo ardiente.

Mis pupilas se empequeñecen mientras mi espíritu se expande resquebrajando las losas del suelo y agrietando el suelo. Las ropas del suelo que ha desgarrado aquel ser salen disparadas, mi aura relampaguea a nuestro alrededor completamente desatada.

Mi haki del rey presiona su voluntad, mientras el viento aúlla escapando de mi como si pudiera gobernarlo.

La otra persona meramente interesante de la calle huye del combate, siento el miedo en él, sale del rango de acción de mi haki y desaparece entre la gente que también empieza a abandonar completamente la calle despavorida por la brutalidad de aquel gran hombre y mi haki desatado.

Su discurso termina. Se autodenomina heredero. Un aleteo. Me impulso con un salto horizontal, mis pies al ras del suelo hacen parecer que levito mientras cierro mi postura como si estuviera dando un abrazo a la nada, mi brazo izquierdo por encima del derecho y la espada empuñada en la diestra. La distancia se esfuma y recorro con un silbido silencioso los 7,5 metros que nos separan, mi espada describe un movimiento fugaz e impacta contra la mano con la que sujeta su arma, el sonido de un trueno estalla tras el golpe. Si no sabe tratarla no la merece, el acero de mi hoja secciona sus falanges obligando a que la suelte. Sigo avanzando, pues mis pies no han tocado el suelo y con un grácil giro mortal cambio la posición de mi cuerpo antes de impactar contra la pared.  Mis pies chocan contra la piedra a 2 metros y medio a su espalda. Aguanto la sacudida flexionando las piernas a la vez que recuperó la postura, mis pies retumba contra el muro que me soporta y el tiempo se para por un momento, dejándome completamente en horizontal contra el suelo, como si un extraño poder hiciera que la gravedad me ignorase.



resumen


Aclaraciones


belico


gastos


Turno de posteo
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6923 + 0 = 6923
Energia: 5789 - 377 = 5412
Espiritu: 1315 - 488 = 827
#5
Frente a mi, aquello que he estado buscando durante tanto tiempo, al hombre que ha invadido mis pensamientos y pesadillas por meses. Tan solo por la idea de enfrentarlo, he arrasado con ciudades enteras para captar su atención. Y ahora que lo tengo a escasos metros, parece que ni me reconoce. ¿Qué fue de aquel duelo en el interior del volcán? ¿Dónde ha quedado la solemnidad de nuestra promesa? ¿Acaso he estado perdiendo el tiempo? No, me niego a creerlo. Esto es tan solo una prueba más. Un desafío para mostrarme digno de llamar la atención de los dioses. No pienso huir de la batalla. ¡Pienso darte muerte aquí, Musashi!
Escupo mis palabras como un rugido de guerra, uno que dejaría temblando al peleador más valiente. Aunque para el espadachín tan solo es una advertencia de lo que va a suceder si no me respeta. No dejo de amenazarlo, sin embargo, siento algo que me acongoja y me presiona el pecho. Una sensación de alerta constante a pesar de ser yo quien lo está retando, como si en toda esta cacería, la presa fuera yo y él un depredador paciente. La mística de los dioses... El aura de un rey.
Aún y con esa sensación de incomodidad, las amenazas caen y mantengo la posición con entereza mientras los testigos huyen. Soy Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero. No pienso retroceder ante semejante presencia, al contrario. La pienso enfrentar con todo. 
Con una declaración de intenciones que hace retumbar el suelo y los alrededores, el ángel de metal me deja terminar el discurso, pero no tarda ni medio segundo en abalanzarse a por mi como una criatura salvaje. Apenas puedo ver más el brillo de su espada recortar la distancia que nos separa, fugaz como una centella aunque ligero como una pluma. El polvo del suelo todavía no se ha levantado cuando siento como mi mano derecha pierde fuerza y se ve obligada a abrirse. ¿El motivo? El hijo de puta me ha cortado con una precisión prodigiosa las falanges de los dedos, forzándome a soltar el mango de Yggdrasil. Con suerte la mano izquierda sigue en su sitio, en la zona alta del arma y puedo maniobrar con ella con facilidad. 
El dolor es intenso, pero me encuentro más vivo que nunca. Ahora sí, esto es lo que quiero. Recuerdo este movimiento cuando me finalizó en Little Garden. Rápido y letal, sonoro en el impacto como un trueno. Momentos así son los que me ponen a mil. En mi cara se muestra una mueca terrible, una mezcla de molestia con euforia y frenesí por la batalla.

El cabrón alado ha ejecutado un impulso tan brutal que supera mi marca y avanza en su desplazamiento. Pero este corte no ha sido suficiente para frenar a la raza más fuerte del mundo. Antes de que se estampe contra la pared, mientras no se ha dado la vuelta y no controla la frenada, arqueo la espalda lateralmente para lograr darme la vuelta, pivotando sobre mi pierna izquierda sin moverme del sitio. Se ha alejado más de un metro, separado ligeramente de mí y de la pared. Pero eso a sus escalas, donde queda fuera de rango. Pero Yggdrasil es tan masiva que le alcanza a él y a la casa que le precede. El tamaño sí que importa.
Sin perder un segundo, maniobro con la mano que sostiene el arma, la izquierda, basculando el equilibrio del hacha para alcanzar el rango deseado y que no se me vaya el ataque máxima distancia, para ejecutar un arco ascendente que colapsa en un movimiento en descenso absoluto sobre el cuerpo de la Valkyrja y el edificio que tiene detrás. 
-¡¡¡JJARRRRRUUUUULLLL!!!- 
Grito con violencia al ejecutar el movimiento, mientras clavo la hoja del hacha entre sus alas y lo aplasto contra la tierra. El suelo se agrieta con el impacto, y la pared del edificio de atrás sufre un corte brutal por donde Yggdrasil atraviesa, aunque no termina de derrumbar la casa.No hay tiempo que perder. Toda la carne está en el asador y he de aprovechar el momentum del impacto y la crudeza del mismo para ejecutar el siguiente movimiento. La verdadera batalla ha comenzado.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6089 - 1699 = 4390
Energia: 4428 - 410 = 4018
Espiritu: 1399 + 0 = 1399
#6
El tiempo se detiene. Ese enorme ser está girando. Agarra con fuerza su arma, se resiste a soltarla y veo la sangre caer de sus dedos. Mi presencia se desata, ante la ofensa y la defensa, y el poder de mi haki del rey se intensifica a la par que se cierra hasta los 7 metros mientras clavo mis ojos con furia en su tez, la cual expresa una mueca de euforia combinada con el dolor. Sin separar la mirada de su cara, en mi posición “antinatural” mientras mis pies deslizan sobre la roca de la pared, su hacha me asesta un golpe en el hombro izquierdo que me hace bajar aún con más fuerza y fiereza, la roca de las paredes se rasgan a su paso y me obliga a cambiar la postura con un leve movimiento muestras un pequeño aliento de dolor se escapa entre mis labios.

Mis pies se derrapan contra la pared mientras el arma se sigue clavando en la piedra y arremetiendo contra ella a su paso, pero la brutalidad del golpe me empuja antes de que su movimiento acabe, mientras sigo mirando su rostro, me impulso con el batir de mis alas y la fuerza de mis piernas, impulsando de manera diagonal mientras asciendo con una leve comba 7 metros de alto y los 2 metros y medio que nos separan. Salto entre la apertura de su brazo, el arma que impacta contra las piedras y él, entrando por ese espacio abierto y vacío hasta que asciendo a su cara.

El susurro de un arroyo acompaña al movimiento de mi mano que se cierra tensándose y cuando llego a la altura de su cara dispara la furia del caudal que llevo dentro en forma de puñetazo con mi mano izquierda mientras resoplo, el golpe suena seco contra su cara, en concreto contra su ojo, el cual le obligo a que cierre instintivamente mientras que con un leve giro cambio la forma de agarrar la espada, dejando que la hoja y el filo apunten hacia la carne de su hombro, la espada se clava tímidamente en su trapecio, con un movimiento de mi muñeca ayudándome a ampararme y mejorar mi agarre, quedándome completamente subido en su hombro mientras me acuclillo, mejorando mi superficie de agarre sobre el colosal hombre de aquel ser, domándolo en el proceso. El combate ya ha terminado pero él no lo sabe. Debo acabar rápido para llegar junto al anciano. Merezco la oportunidad de heredar la fuerza.

resumen


Aclaraciones


belico
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6923 - 1610 = 5313
Energia: 5412 - 404 = 5008
Espiritu: 827 - 193 = 634
#7
Outfits ---- Sigurd, furia del desierto

¿Qué esperar del Ángel de Metal? Es una criatura ágil y veloz como ninguna, con una precisión milimétrica y un dominio de la espada envidiable. Jamás he tenido un adversario tan formidable y por eso he de darlo todo en esta contienda. Ya no es una cuestión de vida o muerte, sino de orgullo y demostrarle al mundo que Sigurd Hakkon, orgulloso Bucanero es el terror de esta nueva era.

Su desplazamiento es fugaz y fulminante, alcanzando mi espalda y la pared que tengo detrás, pero lo masivo de Yggdrasil es una ventaja absoluta. Con un movimiento que tengo tan vívido desde mi paso por el volcán, pivoto sobre mi eje para asestar un hachazo descendente que arrasa con la pared y consigue abrir una herida en su hombro izquierdo, que comienza a sangrar. Pero no es suficiente para detener al espadachín.
Con una presencia sobrecogedora y un aura que sigue perpetuando una presión constante en mi espíritu combativo, se dispone a lanzar una segunda acometida. Como un rayo, vuelve a desaparecer frente a mis ojos, dejando tan solo una grácil nube de polvo tan liviana como él. Cuando me quiero dar cuenta, ya lo tengo encima. Lo veo, lo veo como si el cabrón se hubiera detenido en el aire para que presencie su golpe, para que sepa que estoy enfrentando a los mejores. Pero es tarde para reaccionar con movimientos masivos. Tan solo me limito a dejar caer el hacha mientras su directo de izquierda me conecta en el ojo con la velocidad de una bala y la fuerza de un cañón.
El párpado se cierra de forma instintiva. Siento el dolor y la quemazón en la retina, mientras se coagula la sangre y el ojo empieza a llorar. No puedo ver por el mismo, pero no es momento de lamentaciones, es una molestia más que soportable.
No te dejo maniobrar más. Sabiendo que te tengo en la cara y que tu ataque no es capaz de frenar a la raza más fuerte del mundo, es el momento. Ese puto momento que he sonado durante tanto tiempo. Es momento de presentarte la técnica que pude aprender de tí, de mi derrota. Aquella que derrotó a un capitán de la Marina, que practiqué con mi hermano de armas y que me ha enseñado que la fuerza descontrolada es divertida, pero que la fuerza enfocada gana batallas.
Esto lo aprendí de tí, Musashi. És mi regalo, tu sentencia final
Bilröst 
En un movimiento vertiginoso me hago con dos de los martillos gemelos, desenvainando de mi cinto tan veloz como el pensamiento mismo. Me gustaría que la hubieras visto de una forma más elegante, pero has recortado tanta distancia que me he de adaptar a tus movimientos. Con un arma en cada mano, arqueo los codos en un movimiento diestro y certero para que las cabezas de los martillos se cierren como un cepo que atrapa a un oso pero sobre tu cuerpo, aplastando tus brazos y hombros de cada lado contra el torso, como un sándwich, como quien mata una mosca aplastándola entre sus manos. Solo sé libran tu cabeza y tus pies de esta pinza tenaz, pero ya eres mi presa. 
Ayuda visual --- Sigurd ejecuta Bilröst

Y esto no acaba aquí, no sin uno de los dos siendo carroña para los cuervos del padre de todos. No dejo pasar ni un instante para completar el combo. Libero la presión de las mazas para alzarlas tanto como puedo, hasta más allá del cielo, y mientras caes desorientado y confuso, descargo los martillos sobre sendos hombros como un trueno asesino. El éxtasis que me invade es el más grande que he experimentado jamás. El ansia de violencia recorre todo mi cuerpo llevando mi ataque más allá de mis propios limites. Al menos en la mano izquierda, pues la derecha está marcada por el corte fatal de la katana del samurái. La ostia es tan brutal que te dispara contra el suelo y te ensarta contra el mismo como si fueras un clavo. En el primer movimiento te regalé la sutileza del aprendizaje. Con esto te demuestro lo crudo y salvaje que puedo llegar a ser, mientras descargo un rugido de guerra. 
-¡¡¡RRRROAAAAAHHHH!!!-

Caes a mis pies, a mí merced. Estás desarmado, sangrando de un hombro y con los brazos castigados. Te veo desde lo alto, pero no con la maldad y sadismo que me caracterizan, sino con seriedad y respeto. Te debo una... Eso está claro. Pero mientras sigas respirando, eres mi enemigo. Y esto todavía no termina, es el momento de cerrar el ciclo.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4390 - 1075 = 3315
Energia: 4018 - 773 = 3245
Espiritu: 1399 + 0 = 1399
#8
Antes de poder ayudarme de su carne para agarrarme, siento la presión del mundo apretar. Mis fuerzas palidecen ante la presión que siento y mis hakis se evaporan, dejando así de presionar contra su voluntad mientras aguanto la respiración. Siento el hierro frío y caliente a la vez ¿Con que me ha golpeado? Ni siquiera he sido capaz de reaccionar, confundido y desorientado la presión de los hierros se pierde y quedo suspendido en el aire. Jadeo mientras el aire vuelve a mis pulmones. Mi cabeza no puede pensar, no puede idear, por eso mi cuerpo actuó por instinto básico.

“Por los lados” Pienso mientras muevo mi mano izquierda intentando parar el siguiente golpe con su palma y el sonido de un trueno estalla contra su ojo izquierdo de nuevo. Mi espada se clava en su ojo con un movimiento punzante hundiéndose de manera visceral y salpicando con su sangre. Espero la colisión en el flanco derecho pero no llega. Elevo la mirada y veo los martillos suspendidos sobre mi cabeza, había fallado en la intención del golpe, pero mi corte le había parado en seco.

Saco con un movimiento de hombro sin tiempo a la espera la espada y vuelvo a caer mientras miro su rostro presa la gravedad hacia el suelo.  Mis hakis vuelven a reaccionar y mi alma explota de nuevo empujando contra su voluntad. El suelo se resquebraja mientras caigo sin perderle de vista a él o a sus manos, que sujetando los dos martillos con los que casi me parte a la mitad.

¿Es un hombre fuerte o una bestia débil? La respuesta es irrisoria, ese hombre ha parado mi camino y ahora él es el camino. Él es mi prueba y debo aceptarla. Los vientos me susurran algo y lo entiendo. Todavía no estoy preparado, no soy un heredero digno, la sola idea que he tenido me repugna por dentro. Me he sobreestimado y eso es una deshonra tanto para mi como para el maestro. Ahora soy el responsable de su vida, al igual que de su muerte y yo… Decidiré cuándo y cómo.

resumen


Aclaraciones


belico


gastos


Turno de posteo
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5313 - 1740 = 3573
Energia: 5008 - 1358 = 3650
Espiritu: 634 - 208 = 426
#9
Lo memorable del combate todavía está por llegar. El desenlace. Solo uno va a saborear la gloria, mientras que el otro va a caer en el recuerdo de aquellos que son testigos de una batalla tan formidable.  Y tengo claro que papel juego yo en todo esto. No pienso tropezar aquí, en el primer escalón, no una segunda vez contra el mismo oponente. No solo sería una derrota, sino una humillación. Y yo por ahí, no paso. Mis arnas claman sangre y estoy hambriento de victoria. Y... ¿A qué sabrá una Valkyrja?

La batalla continúa...

Ejecuto un Bilröst perfecto y los martillos de guerra cumplen con su función, atrapando en vuelo al ángel de metal. Sus diminutos brazos se contraen contra el torso y los huesos crujen, aunque el cabrón es incapaz de soltar su aguja. Lo libero de la presión rápido, buscando clavar su cuerpo en la tierra para sentenciar el combate. Alzo los brazos para ejecutar un doble Vanaheim demoledor, pero... Antes de llegar al máximo de mi amplitud de brazos, el samurái lanza su siguiente corte. Como si flotara en el aire como una pluma, desafiando a la gravedad, lanza un tajo preciso y certero al mismo ojo izquierdo que ya tengo herido, haciendo que sangre todavía más y prolongando la ceguera.
-¡¡AAAAGGGHHH!!-
Grito dolorido, incapaz de continuar con mi combo letal. El corte es tan bruto que me empuja la cabeza para atrás y arrastra mi cuerpo un par de metros.

Aún así, lo veo, no le quito el ojo, el único que me queda útil, de encima. Lo miro con esa ira asesina que siempre me acompaña, cargado de furia pese a que mi cabeza da vueltas. Mientras lo veo caer, peleo contra mi mismo para sobreponerme a la confusión y desorientación que padezco durante unos segundos. Siento la sangre que me brota del ojo caer por la mejilla, la promesa de que no voy a perderte de vista. Luego la de mi mano, que resbala por mis dedos y mancha el cuero del martillo de la sangre equivocada, la promesa de que con mis propias manos le daré final a esto.
Está aterrizando cuando nuestras miradas se matan en silencio, con esa mirada penetrante que te atraviesa el alma, que desafía el espíritu. Ya me la conozco. La vi en su día en Little Garden y la he visto hace un rato justo antes de cruzar aceros. Me hace vomitar del asco, con esos aires de grandeza semi divinos, como si se creyera superior a mí en algo. El suelo a sus pies cede ante una presión invisible, pero a mí me la pela lo más grande. Que pierda el tiempo mirándome, yo no pienso perder la oportunidad de demostrar porqué soy el terror de la Gran Line. A poco más de un metro en su caída, lo vuelvo a cazar.
Como un rayo, alzo los brazos de nuevo tanto como puedo, alcanzando al mismísimo Sol y eclipsando el cuerpo del espadachín con la sombra de mi inmensidad, como un presagio de muerte anunciada. Desde ahí, descargo con la fuerza de un trueno ambos martillos sobre sus hombros, machacando tanto como puedo sus extremidades más importantes. Lanzo este ataque con todo lo que tengo, con toda la energía que me queda y superando mis propios límites. La derecha, cortada y malherida, sostiene la maza como puede. Pero la izquierda presiona el mango de cuero con una fuerza que me sorprende hasta a mí, provocando un destrozo aún mayor.
Mientras ejecuto la técnica, al acercarme lo suficiente, siento la presión, aquella que ha destrozado el suelo con anterioridad. Ese aura divina que me ha estado doblegando durante toda la batalla, como un recordatorio de que no estoy enfrentando a un enemigo vulgar del mar, sino a un rival destinado a ponerme a prueba como una intervención enviada por los dioses. Pero ha dejado una apertura. Capaz le ha podido el orgullo de demostrar su poder, pero en el mundo de los mortales solo gana el acero y la fuerza.

Lo destrozo contra el suelo mientras lo doblego a mí merced. Si él hacía quebrar el suelo con su magia, yo creo un cráter por toda la calle. Los edificios tiemblan, los cristales explotan y los pocos valientes que observan el duelo huyen. En el epicentro de la masacre, me encuentro encorvado sobre el espadachín con la propia verticalidad del movimiento anterior, aplicando toda la fuerza que tengo con las mazas, que apresan sus brazos y los mantienen inmóviles contra la tierra.
Pero no es momento de vacilar. No ahora, no aún. No pienso generar ni aperturas ni momentos. Ya he tenido suficientes heridas causadas por la misma persona. Sin perder un segundo ni dejar que se recupere de Vanaheim, alzo mí brazo mano derecha, la ensangrentada, liberando su brazo izquierdo, para descargar un martillazo más contra su rostro, clavándolo más todavía en el suelo. Es un golpe seco, mudo. No es el más fuerte, ni el más técnico. Pero si definitorio. Va cargado de rabia, frustración y sadismo. La exaltación de una victoria ahogada que se ha postergado en el tiempo con una promesa presente. El Ragnarok es su estado más puro.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3315 - 2122 = 1193
Energia: 3245 + 0 = 3245
Espiritu: 1399 + 0 = 1399
#10
Los compases finales llegaban. Mis ojos se agudizaron mientras veían cómo sus pies rozaban en el suelo empujados por mi golpe. Pude ver la dirección al haberme fijado con anterioridad, y aunque mi mano izquierda se movió con una velocidad increíble mi mano derecha no fue capaz de seguir el ritmo.

Pare el martillo de su izquierda mientras el chasquido del dial de impacto que guardaba bajo mis vendajes absorbía el exceso de su fuerza. Sin embargo, el golpe que asestó contra mi flanco derecho me hizo flaquear, perdiendo de nuevo el dominio de mis hakis y haciendo que el mundo se emborronara. Aquel hombre golpeaba como un camión. Respiré con fuerza, aguantando las ganas de gritar mientras sentía la presión de su martillo izquierdo sobre mi y el suelo rechinar y astillarase bajo mis pies., un nuevo golpe del frío acero de la cabeza de su arma me volvió a golpear. Tenía que salir de allí. Salté hacia atras saliendo de su rango antes de que fuera capaz de reaccionar de nuevo. Mis pies se impulsaron contra el suelo agrietado del golpe que acaba de recibir y salí despedido alejándome 12 metros de él.

Su ojo sangraba con fiereza mientras mi hombro ardía. Desde los 15 metros de distancia que nos separaban le miraba mientras respiraba entre cortado. Me había confiado con él. Había intentado guardar fuerzas para pelear contra Akatora y casi había muerto. Había cometido un pecado.

Había sido soberbio. 
Había sido un engreído. 
Había dejado de ser digno.
Había dejado de merecer la fuerza. 
Había perdido el derecho de portarla.
Y él... Él había ganado el derecho de... 

- Tú - susurré a aquel hombre que casi me había derrotado. Mis recuerdos se entrelazan de nuevo. El azufre, el suelo negro un coliseo, la isla de las bestia. Yo conocía a aquel hombre. Me había alcanzado y casi… Casi me había superado - Tu… ¿Eres el heredero? - y antes de que la respuesta escapara por su boca mis pies traquetearon contra el suelo de la destrozada calle que había visto nuestro combate. Mis alas acompañaban cada zancada y el viento se convirtió en mi compañero. La distancia desapareció entre nosotros y le rodeé hacia su blanco izquierdo recorriendo de nuevo los 15 metros que nos separaban. Sin parar, un movimiento seco de mi hombro disparó mi brazo izquierdo y el dial se activó de nuevo - ¿Tú eres más digno que yo? - Terminé de preguntarle junto al click del artefacto.

Una poderosa ráfaga de viento se extendió desde mi palma y el cuerpo de aquel colosal enemigo salió despedido contra la pared que su hacha había roto al inicio de nuestra contienda. El edificio se rasgó con un boquete enorme perfectamente esférico mientras su cuerpo se estrellaba contra las paredes de la casa, partiendo una, dos y hasta tres paredes a su paso. El edificio quedó totalmente devastado por el paso de su enorme cuerpo y la violencia de el colosal empuje del artefacto de mi tierra natal. 

Suspiré mientras movía mi hombro derecho de manera rotativa  en busca de alguna lesión de gravedad. Él había ganado la prueba, no… Yo la había fallado. No era meritorio de la fuerza. Caminé entre la destrucción que su enorme cuerpo había generado, los cascotes caían a mi paso mientras la luz se filtraba por las roturas del edificio. Camine hasta que llegué a su cuerpo, estaba destrozado, completamente derrotado, en el suelo y sin mediar palabra con él agarré la fruta que guardaba desde que el maestro murió. Desde que la misión llegó a mi. Desde que empecé el camino. Por dentro de mi macuto, junto a la foto de mi antiguo maestro se encontraba la Rikki Rikki No Mi. La fruta que otorgaba la fuerza, introduje la mano con repulsión, sentía que no tenía derecho a tocar aquel regalo, que ya no era digno de ser su portador y mucho menos de su heredero.

Agarré a aquel hombre por el cuello y… Sin que pudiera evitarlo introduje la fruta por su gaznate y le obligé a tragar la fuerza.

Le miré con furia, resignación y vergüenza. Él se merecía algo que yo había perdido. Él había demostrado a los cielos que era un patético confiado, que mi obstinación casi había terminado mi camino. Y yo debía ser responsable y recuperar lo que me merecía, por eso… Yo le entregaría a él la fuerza, para que la portara, para que la guardase hasta que pudiera sentirme digno de nuevo para llevar esa misión.

- Yo… Volveré a por ella - susurré mientras apretaba con fuerza su cuello. Solté su agarré y dejé que se desmayara, los cortes de su ojo y su mano harían el trabajo que faltaba, si es que seguía consciente.

Salí entre los cascoquetes y el derrumbamiento. El sol y el viento volvieron a acariciarme mientras yo salía de la sombra de mis vergüenzas.

Primero tenía que volver a encontrarme, primero tenía que encontrar de nuevo mi camino y después… Después volvería a por él. Después de volver a merecerla… Volvería a por la fuerza. Salté sobre los edificios y me perdí entre los techos de Arabasta, camino hacia al desierto, en busca de mi perdón. En busca de mi propia fuerza.

resumen



belico


gastos


Turno de poste
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3573 - 1941 = 1632
Energia: 3650 - 296 = 3354
Espiritu: 426 + 0 = 426


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