May the sea breeze welcome you [Presente absoluto]
#1
37 de verano, año 17

Y lo fue.
 
El primer día transcurrió con esa lentitud pegajosa que solo el mar sabe ofrecer. El barco crujía como si estuviera recordándole al mundo que era de madera y no de hierro, y cada ola parecía una respiración profunda que nos mecía sin pedir permiso. Yo me instalé donde corría mejor la brisa, apoyando la lanza contra mi hombro como si fuera un cetro temporal y no un arma con la que ya me había ganado un precio en el periódico.
 
La chica ingenua resultó ser, en efecto, ingenua… pero no estúpida. Lo suficiente para entretenerme, no lo suficiente para dejarse arruinar por completo. Conseguí un par de bebidas gratis para sentir que el viaje no era una pérdida absoluta y una historia sobre su padre comerciante en el South Blue que no me interesaba en lo más mínimo. Asentí, sonreí, dije cosas vagas sobre destinos y oportunidades. Cuando me cansé, me retiré con elegancia.
 
Cuando me aburrí, la dejé con una sonrisa ensayada y regresé a cubierta.
 
El mar era amplio, exageradamente amplio. Azul hasta donde dolía la vista. El viento movía mi ropa con más intensidad de la que yo hubiera aprobado, pero al menos le daba dramatismo a la silueta. Saqué el periódico otra vez, desdoblándolo con cuidado casi religioso. Ahí estábamos. Mi tripulación ilustrada como si fuéramos una banda callejera con demasiado tiempo libre.
 
[…]
 
Cerca del mediodía comenzaron los murmullos. —Ya se ve tierra. —Me acerqué con calma a la borda, apoyando el peso en la lanza y entrecerrando los ojos. Y entonces la vi.
 
Baterilla.
 
Compacta. Viva. Con el puerto lleno de movimiento, gritos de marineros, comerciantes esperando carga, banderas agitándose como si saludaran mi llegada sin saberlo. Había algo en esa isla… algo que olía a historia, a secretos, a dinero mal guardado.
 
Me acomodé los lentes. Ajusté el cuello. Enderecé la espalda.
 
El barco disminuyó la velocidad y el impacto suave contra el muelle resonó bajo nuestros pies. Cuerdas volando, órdenes gritadas, madera contra madera. Dos días de viaje resumidos en un solo sonido. Esperé a mis compañeros cerca de la entrada. —Llegamos, es una lástima, desperdicié mucho tiempo… me equivoqué de persona ¿me entiendes? — Cuando el flujo fue más ordenado avancé, descendiendo por la pasarela con paso firme, cada golpe de la lanza marcando mi ritmo contra la madera. Sin apresurarme. Sin mirar atrás. Era un nuevo inicio.
 
Karmas
#2

La bruma salina en el ambiente acaricia los pómulos de la extasiada amazona. ¡Baterilla! Las voces murmuran hasta explotar dando la noticia del pronto arribo a tierra. ¿No es contraproducente sonreír con tanta animosidad? ¿Las mejillas no quedarán doloridas? ¿Desde cuándo la expectativa alimenta los sonoros pasos de la fémina? Desde la primera gota de agua que acarició su cuerpo al amanecer; desde el instante en que arregló su equipaje e instó a su serpiente a ejercitarse después de dos días alimentándose de la mano de Barald; desde que la mirada chocolate no deja de observar el den den mushi, sabiendo que no necesitará usarlo con prontitud.

Runin Kitay siente un especial cariño hacia Baterilla.

Y un cariño particular por la idea de volver a encontrarse con Ryota, de demostrarle que la nueva tripulación ha logrado mantenerse unida; que, aunque algunos aún parecen tener reservas, otros han estrechado notables lazos de amistad.

La fémina se toma los últimos minutos para terminar de arreglar la vincha sobre su cabello antes de salir a observar la inmensidad del mar y la cercanía de la conocida isla. ¿Ryota ya habrá llegado como habían conversado? ¿Estaría huyendo de sus padres? Le gustaría visitar a Lalani, pero sabe que no es muy prudente de su parte. ¿O si? Runin jamás ha sido realmente cauta. Ríe pensando en lo incómodo que puede poner al castaño si se le ocurre visitar a su madre. Incluso Cardan parece entusiasmado ante la idea de desembarcar.

—Tranquilo, cariño. A nadie le gustan las serpientes evidentes. Debes hacerte desear, fufufu. —Bromea con la inocente criatura, quien termina pidiendo con un gesto que su dueña lo suba hasta sus hombros. Ella lo hace de buena gana, si, está de muy buen humor. Relame lentamente sus labios, lista para molestarlo. —Te ví muy cercano a Barald. ¿No te cansas de serme infiel? —Cardan reniega con ojos saltones mientras la mujer vuelve a reír; en el proceso detiene a un joven camarero para quitarle una copa de vino y beber del contenido.

—Tú y yo navegaremos lejos, muy lejos… Llegaremos un día a nuestro hogar. —La criatura acaricia los hombros de Runin, acomodándose mejor. —Pensé que lo haríamos solos, pero henos aquí. —Buscando con la mirada encuentra a sus compañeros que lentamente empiezan a reunirse mientras el barco llega a su destino.

—¿Estás listo? —Cardan asiente uniendo su rostro al de la fémina en algo parecido a un beso en la mejilla. La amazona sonríe, acariciando a la serpiente antes de encaminarse junto a Tezca, a la espera de Wyatt y Barald. Terminando el contenido de la copa antes de lanzar el recipiente al mar.



—Espero que no se les quede nada, porque ya no hay vuelta atrás.


Bolsa de Estrellitas: Karmas
[Imagen: MQT49Lq.png]
#3

Era de ese tipo de personas que no se retractan cuando toman una decisión. La suya había sido clara, abandonar Sorbet y embarcarse en un nuevo viaje para conquistar los mares junto con su tripulación los Hanu Mahana. Lejos de dudar ni un solo segundo optó por atar cabos y “huir” de su destino una vez más en su vida, esta vez persiguiendo un nuevo sueño que yacía dormido en su interior. Durante el viaje leyó aquel libro desde la primera página hasta la última, sobrealimentó a Cardan todo cuanto pudo, disfrutó junto a sus compañeros en aquella cena y se divirtió matando el tiempo entre diferentes juegos de cartas y la compañía de diferentes personas del barco que al igual que él, viajaban hasta la isla de Baterilla; donde los sueños que un día tuvo de niño con un poco de suerte llegarían a hacerse realidad.

Todavía se mantenía sentado en uno de los mástiles más altos del Barco, disfrutaba de las vistas del amplio mar en plena travesía marítima. Fumaba tranquilo, en paz, sin que nadie le perturbara desde las alturas. Su tic nervioso volvía a aparecer desde las alturas, algo le decía que iba a pasar algo, aunque no sabía el que ni porqué. ¿Estarán listos los Hanu Mahana para aquello que el destino les tiene preparado? eso lo descubrirían pronto. A lo lejos podía divisar las costas de la isla a la que estaban a punto de llegar. Desde las alturas, incorporó su cuerpo para quedar de pie sobre el mástil con ambas manos apoyadas en su colgante atado al cuello mientras con detenimiento, observaba la majestuosidad del volcán que se elevaba a 2000 metros de altura de la isla. Tras llegar al puerto, Barald descendió del mastil agarrado al poste, deslizandose por el mismo hasta llegar a tocar el suelo de madera de la proa. Sería el más rezagado de los Hanu en salir del barco. Con la diestra apoyada en la empuñadura de Nishiki caminaba tranquilo, dejando tras de sí el aroma de su inconfundible perfume y una decisión clara de que hacer con su vida, se había cansado de huir, era hora de afrontarlo todo.

[Imagen: ETN6uiH.jpeg]
- Te veré pronto, eso es seguro. -

Habló en voz alta, aunque aquello no sería escuchado por nadie más que por el mismo, pues sus compañeros se encontraban más adelante, a punto de descender. Una vez llegó hasta ellos, saludo. Su diestra apoyada en Nishiki mientras que con su mano izquierda, sujetaba aquel maletín ¿ahí es donde guardaba todo su dinero y por eso nunca se desprendía de el? quien sabe. - Tengan cuidado, ahora tenemos recompensas. Seguro el Ryota va fardando de que le pusieron una recompensa por su cabeza y lo capturan si no le buscamos pronto. Lleva demasiado tiempo haciendo lo que le da la gana, espero no se meta en lios. - Tras aquellas palabras se encendió un cigarrillo, el último cigarro que se encendería en aquel barco. Dio una calada, exhalando el humo hacia un lado a lo que continuó junto con sus compañeros, bajando aquella rampa que conectaba el barco con el puerto y poniendo sus pies en tierra. Señoras y señores, una nueva amenaza había llegado a estas vuestras costas, pero no os daríais cuenta todavía.

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#4
Dormir, dormir y más dormir. Y sus sueños de libertad se replicaban en su cabeza una y otra vez en aquella travesía onírica que tuvo, que le duró prácticamente todo el viaje. Desorientado por el paso de las horas, el Goldstar despertó de golpe, sintiéndose totalmente descansado pero en otra realidad paralela.

Vio el periódico junto a él, y el bullicio del crucero le anunció que, a las claras, ya estaban por desembarcar en Baterilla. Se alistó, se cambió y se colocó su buen traje de estrellas. Ajustó las correas de su revólver, el cuál martilló y volvió a asegurar simplemente por placer —. Bueno, a ver qué tiene Buenastrilla para nosotros. — de nueva cuenta, cambiaba el nombre de la isla a la que llegaban. Chequeó el nombre de sus compañeros y los comparó con sus rostros en su hoja del periódico. Ellos no se decían mucho por su nombre, salvo por el buen Cardan, a quien ya le había cogido un poco de cariño. No todos los días se veía a una mascota tan peculiar, y para colmo él tenía una gran debilidad por la fauna.

Oh, pero se tuvo que apurar cuando notó que, además de desembarcar, debía estar allí para el desembarco de Tocho Morocho, su buen caballo color café. Así que, apurado, fue a cubierta y se reunió con el grupo. Oyó las palabras de Barald mientras la madera bajo ellos tocaba la embarcación, y por fin podía decirse que estaban en tierra firme. Un nuevo destino que ahora pertenecía a su alma, y el alma de Wyatt pertenecía tanto a Baterilla como a Sorbet. ¿Su casa estaba allá? Claro, o lo que quedaba de lo que algún día llamó "casa", pero el mundo mismo era su hogar, y aquél primer destino importante desde donde comenzaría su viaje con aquél grupo, era sin duda una huella que quedaría marcada a fuego en su corazón.

— Oh, sí. ¡Los vi! Los felicito, todos salieron muy bien, así que eligieron fotos que les hacen justicia. Nyojojojo... — no era de sonreír mucho, pero le causaba emoción poder reconocer el rostro de cada uno de ellos, pese a que todavía tenía que chequear un poco para dirigirse a ellos por su nombre. Al que sí recordaba plenamente era a Ryota, a quien todavía no había podido volver a ver. Pero pronto se reencontrarían.

 — Me adelantaré un poco, tengo que buscar a mi caballo en el desembarque de carga. — comentó despidiéndose con su mano mientras se apresuraba a bajar, haciendo fila primero que su grupo. Luego de unos minutos, a paso apresurado y abriéndose paso entre la gente, por fin llegó a visualizarlo, y no pudo evitar sonreír aliviado.

Un suspiro escapó de sus labios mientras observaba a un empleado del crucero, impaciente, tomando por una soga a su caballo —. Bingo. Ahí estás, viejo amigo. — comentó mientras levantaba su mano, anunciándose con el hombre.

Y así, subido de nuevo a su montura, emprendió rumbo a salir del puerto y encontrar a su grupo.

KARMAS
#5
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)