05-03-2026, 03:55 PM
Día 37 de Verano | Año 17
Un día más en una de las Islas más concurridas de todo el sur. Si fuera completamente distinto, podría relajarse por un momento y disfrutar del paisaje que le ofrece Baterilla. Supone que muchas personas ya conocen el modo que ella tiene de trabajar y la forma en la que se la puede incentivar para ello. Por supuesto, es un asunto primordial y altamente importante cuando se tiene en cuenta que debe mantener una imagen y una reputación.
Demasiados cambios muy bruscos y rápidos se dieron en lo que se refiere a su vida personal, pero el entorno laboral no ha cambiado en absoluto. No le molesta, la monotonía de un trabajo bien remunerado es algo que tiene que agradecer, a pesar de que el pueblo a veces no es tan agradecido como ella quisiera.
—¡A veces los ciudadanos pueden ser frustrantes! —Las palabras de uno de sus compañeros resuenan en la mesa del comedor. Hae-won no puede evitar escuchar en silencio, a pesar de que no tiene nada que ver en ello—. Si tan solo pudiera explicarles que hacemos las cosas para su bien… Estarían más agradecidos, ¿no lo creen?
—Hmmm… Yo no diría lo mismo —Además de cotilla, Hae-won es metiche cuando algo le llama la atención—. Perdón que me meta, pero, ¿has pensado en que, tal vez, ellos no han tenido una buena experiencia con los Marines que han conocido?
El grupo se mantiene en silencio y sus rostros apenas parecen cambiar. Sí. Les arruina la comida y no se inmuta ni un poquito.
—En vez de quejarte, trabaja para cambiar la imagen negativa que tiene la gente de aquello a lo que representas —El suspiro nace con el cansancio de quien dice el abecedario por vigésimo cuarta vez—. No seas tonto. Trata de mantener la compostura, o harás que sean más duros contigo.
Sabe que ese comentario no gusta en absoluto y, aun así, ella mantiene esa mirada fría que les manda a callar y reflexionen. Cuando acomoda un mechón de cabello tras la oreja y se marcha del lugar, lo hace ante la mirada seria de sus compañeros. La semilla estaría allí, plantada, martilleándoles el cerebro, y ella no podría estar más orgullosa de ello.
Por lo general, los conflictos que trata la Marina están relacionados con piratas y revolucionarios. Ella es altamente leal a su facción y a lo que representa el ideal base de esa gloriosa organización, por eso condena muchas veces las acciones deleznables de las personas que utilizan el poder de la facción para cometer sus atrocidades contra el pueblo. Eso no quiere decir que pueda fraternizar con piratas, en absoluto. Por más buenos de corazón que sean los grupos que se encuentren, ella nunca los mirará bien en su totalidad; tiene que ser consecuente con todas las cosas que he vivido por causa de la piratería.
Y es por eso que ahora mismo se está preparando para poder salir. Al parecer, un pequeño grupo de revolucionarios que van en contra del gobierno se han Aliado a otro grupo de piratas para iniciar una especie de protesta. La Marina no tendría que intervenir en semejante locura porque es algo que está mucho más ligado a la policía y las entidades gubernamentales de tierra, pero pidieron un soporte y un apoyo de su propia facción para poder lidiar con esta situación. Y es por eso que ella acude... Aunque sus ganas de dormir una siesta son mucho más grandes que su afición al trabajo.
—Soldado Choi —Oh, no, ese idiota también estaría en la misión—… ¿En serio no cambia su manera de ser? ¿Por qué se enlista en la Marina, si va a tener ese tipo de actitud?
—Le seré sincera: no pensé que sería tan exigente… Pero, supongo yo, que las cosas se dan así por alguna extraña razón del destino —Suspira, con bastante liviandad—. Agradezco que no debo llevar el arma a la misión, aunque ya la estaba preparando.
—Será violento igualmente, soldado. Así que tenga cuidado en cómo procede —El soldado Ratnik no cambia en su manera de ser.
—Lo tendré, Ratnik —Ella hace un ademán de manos para relajar la situación—. Lo tendré, sin problemas.
Todavía tiene que reparar un barco y eso va a llevar más tiempo de lo que ella misma puede creer. Después de haber evaluado los daños del navío que ellos pudieron comprar hace poco, nativo completo del costo más el tiempo que debería dedicarle. Por lo general a ella le gusta trabajar en eso a pesar de la ingratitud que representa el oficio en sí mismo, pero su capitán no le dio el dinero suficiente y ella tiene que hacer malabares con lo poco que puede juntar para poder trabajar y comprar lo que falta. Es también uno de los motivos por los cuales acepta este trabajo, no vamos a mentir.
Mucho de su carácter está condicionado no solamente a su memoria, también a todo lo que tiene que ver con su capacidad de captar «información» que viene del aire. Ese yo chismoso que tanto la llama me permite enterarse de cosas que pueden llegar a ser útiles, cómo el hecho de saber que hay bastantes piratas en la zona a pesar de que la isla es una base oficial de la marina, o al menos tiene una de las bases más grandes del sur.
Le sorprende, bastante. Aun así, se lo veía venir de alguna manera. Se habla de eventos grandes a punto de ocurrir en la zona; se habla de atracos e incluso golpes de estado o toma de la base. Puede esperarse cualquier cosa de esa gente, aunque no cree que sean lo suficientemente tontos como para meterse con el resto de Marines que están en este lugar.
De lejos puede ver a la división ochenta, ¡y esa es una agradable sorpresa! Agradece tener rostros conocidos y bien reconocidos en la sociedad. No iría a molestarlos para pedirles ayuda con este trabajo tan nimio, pero tampoco puede negar que le vendría bien una mano. También podría avisarle a cualquiera de los miembros de su división, aunque cree que están bastante ocupados como para poder hacer algo. No puede negar que la situación es bastante complicada, sin embargo, no se va a cortar luego de terminar todo su trabajo: Probablemente vaya a molestar a varios de los miembros de su división para que la apapachen.
... No, eso es demasiado ya.
Por eso, cuando carga su arma consigo y lleva a su pequeño Mushi recién adquirido, lo hace con la firma creencia de terminar con todo esto de manera rápida para poder trabajar en el bendito barco. Respira. Trata de calmarse y relajarse. Medita un par de minutos antes de salir para no mandar a la mierda a cualquier persona que se le cruce por delante. Tampoco ha dormido lo suficiente como para que ella pueda estar de excelente humor.
Cuando llega a la zona junto a sus compañeros, puedo notar una presencia moderada de miembros de la marina patrullando el lugar. Al parecer no es algo tan grave ni tan grande como para involucrar a mandos más fuertes, y lo agradece. No es divertido lidiar con asuntos más abarcativos de los que puede llevar; el hecho de que haya una buena cantidad y no sean solamente cuatro o cinco, como ocurrió en La misión que tuvo con Dimitri, quiere decir que es un grupo revoltoso y numeroso. No va a decir demasiado cuando, por el momento, debe concentrarse en lo que tiene delante.
Algunos de sus compañeros fueron asignados al pueblo Baquella para tratar con los civiles que pudiesen haber encontrado o visto algo sospechoso. Otros, como ella, fueron asignados a custodiar las orillas para saber si podrían encontrar algún tipo de navío sospechoso o alguna agrupación que actuara de manera particular o extraña. Todos tienen equipados sus comunicadores vivientes; ella al fin puede utilizar a Panaberto en caso de que lo necesite.
Panaberto... Qué nombre tan raro le puso.
Recordar las características físicas de los sospechosos que fueron descritos por los encargados de la misión no es realmente un desafío para su memoria. A pesar de esa facilidad, tampoco puede permitirse a sí misma olvidar detalles extremadamente importantes, esos que no se pronunciaron durante la entrega de la misión: Cuántas armas pueden tener, qué tan armados pueden estar en lo que respecta a organización, o qué tan inteligentes pueden llegar a ser para poder suscitar emboscadas.
La respiración es pesada al momento de escuchar las palabras de sus compañeros cuando hablan de las diferentes tripulaciones que hay conformadas. Curiosamente, agradece no escuchar nada de la división setenta y cinco, que es a la que ella pertenece. No obstante, el desgraciado que estuvo quejándose de los ciudadanos debido a la supuesta ingratitud se recibe como respuesta a sus acciones supuestamente encomiables, la mira con atención desde su lugar. A ella no le importa demasiado; tiene cosas mucho más importantes de las que preocuparse en ese momento.
Generalmente, el precio de ser un miembro de la marina es tan caro como pesado, y de ellos se da cuenta cuando empieza a recorrer el lugar y un par de miraditas de civiles parecen escudriñar cada uno de sus pasos. Los están midiendo; los están observando. Es incómodo, pero forma parte de la idiosincrasia en la región. El suspiro que nace al empezar a patrullar refleja el hastío de esos pequeños momentos, tampoco dice nada más porque no lo cree necesario.
Sabe que, el momento de que se desate un conflicto puede estar mucho más cerca de lo que ella cree.
Hay momentos en los que realmente odia tener razón. Todo empieza con una simple bala dirigida de forma directa a los pies de quien estaba liderando al grupo. No fue tan rápido como ellos pensaban, pero fue contundente el abordaje del enemigo hacia ellos. Por un momento, los miembros del grupo dudaban de que algo pudiese pasar en realidad y algunos bajaron la guardia en consecuencia. Hae-won no fue una de ellas, mas tampoco iba lo suficientemente preparada como para vaticinar el disparo y los posteriores golpes que vendrían.
—¡Maldita sea!
—¡Alto, en nombre de la marina!
—Depongan las armas y ríndanse.
Demasiadas voces en un ambiente cargado de tensión. Personas que, por obvias razones, no van a obedecer. Piratas que blanda en su bandera con una fuerza que ni a ella le puede ser indiferente. Toma con fuerza el relicario que tiene colgado en su cuello para ganar ánimos para enfrentar lo que se viene, y corre junto a sus compañeros para tratar de reducir al grupo enemigo. Recibe golpes, en particular, uno que va directamente al costado izquierdo de su cuerpo, donde la herida permanente late con fuerza y la desestabiliza por unos cuantos segundos.
—...
Si bien la batalla podría haber sido en extremo épica, es mucho más lamentable de lo que parece. Varios de los miembros, tanto propios como ajenos, son muy jóvenes como para saber cómo lidiar con situaciones de alta presión. Algunos de ellos ni siquiera están allí porque quieren, y a pesar de eso, Hae-won tiene que cumplir con su deber por mucho que le pesara. Por un momento se pregunta qué tan importante es hacer algo así, hasta que se da cuenta de que varios civiles parecen estar aterrados por la situación.
Ella, en esos instantes, no dice nada. El rostro de sus compañeros refleja el cansancio de la trifulca, porque eran débiles, mas el número de ellos es preocupante.
Cuando su grupo logró reducir al conjunto enemigo, pidieron refuerzos a través de los comunicadores para que pudiesen ser provistos de las esposas que faltaban. Algunos rostros se veían un tanto rígidos; otros, en cambio, mostraban la hostilidad marcada en el semblante. En ese entonces, ella se dio cuenta de que varios de los que fueron apresados allí fueron, en realidad, influenciados por aquellos que realmente Tenían un rencor latente hacia la facción que representa la ley.
Ella, cuando entrega su testimonio y redacta su informe con detalle, habla con aquel que la miraba extraño Durante los patrullajes.
—... Por algo te digo que hay que mejorar la visión que la gente tiene de nuestra facción —La mirada de la muchacha se afila en ese instante—. Si no, personas inocentes podrían llegar a ser influenciadas por mentes más dominantes y pasan cosas como las que vimos hoy. Hay que saber establecer una mirada justa para qué cosas como estas no vuelvan a ocurrir.
El caballero no dice nada. Ella simplemente hace una ligera inclinación de su cabeza, y se retira a la enfermería por el golpe que recibió en el costado izquierdo.
... Luego de reparar el barco, tendrá que molestar a Dimitri. Lo va a necesitar.
Demasiados cambios muy bruscos y rápidos se dieron en lo que se refiere a su vida personal, pero el entorno laboral no ha cambiado en absoluto. No le molesta, la monotonía de un trabajo bien remunerado es algo que tiene que agradecer, a pesar de que el pueblo a veces no es tan agradecido como ella quisiera.
—¡A veces los ciudadanos pueden ser frustrantes! —Las palabras de uno de sus compañeros resuenan en la mesa del comedor. Hae-won no puede evitar escuchar en silencio, a pesar de que no tiene nada que ver en ello—. Si tan solo pudiera explicarles que hacemos las cosas para su bien… Estarían más agradecidos, ¿no lo creen?
—Hmmm… Yo no diría lo mismo —Además de cotilla, Hae-won es metiche cuando algo le llama la atención—. Perdón que me meta, pero, ¿has pensado en que, tal vez, ellos no han tenido una buena experiencia con los Marines que han conocido?
El grupo se mantiene en silencio y sus rostros apenas parecen cambiar. Sí. Les arruina la comida y no se inmuta ni un poquito.
—En vez de quejarte, trabaja para cambiar la imagen negativa que tiene la gente de aquello a lo que representas —El suspiro nace con el cansancio de quien dice el abecedario por vigésimo cuarta vez—. No seas tonto. Trata de mantener la compostura, o harás que sean más duros contigo.
Sabe que ese comentario no gusta en absoluto y, aun así, ella mantiene esa mirada fría que les manda a callar y reflexionen. Cuando acomoda un mechón de cabello tras la oreja y se marcha del lugar, lo hace ante la mirada seria de sus compañeros. La semilla estaría allí, plantada, martilleándoles el cerebro, y ella no podría estar más orgullosa de ello.
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Por lo general, los conflictos que trata la Marina están relacionados con piratas y revolucionarios. Ella es altamente leal a su facción y a lo que representa el ideal base de esa gloriosa organización, por eso condena muchas veces las acciones deleznables de las personas que utilizan el poder de la facción para cometer sus atrocidades contra el pueblo. Eso no quiere decir que pueda fraternizar con piratas, en absoluto. Por más buenos de corazón que sean los grupos que se encuentren, ella nunca los mirará bien en su totalidad; tiene que ser consecuente con todas las cosas que he vivido por causa de la piratería.
Y es por eso que ahora mismo se está preparando para poder salir. Al parecer, un pequeño grupo de revolucionarios que van en contra del gobierno se han Aliado a otro grupo de piratas para iniciar una especie de protesta. La Marina no tendría que intervenir en semejante locura porque es algo que está mucho más ligado a la policía y las entidades gubernamentales de tierra, pero pidieron un soporte y un apoyo de su propia facción para poder lidiar con esta situación. Y es por eso que ella acude... Aunque sus ganas de dormir una siesta son mucho más grandes que su afición al trabajo.
—Soldado Choi —Oh, no, ese idiota también estaría en la misión—… ¿En serio no cambia su manera de ser? ¿Por qué se enlista en la Marina, si va a tener ese tipo de actitud?
—Le seré sincera: no pensé que sería tan exigente… Pero, supongo yo, que las cosas se dan así por alguna extraña razón del destino —Suspira, con bastante liviandad—. Agradezco que no debo llevar el arma a la misión, aunque ya la estaba preparando.
—Será violento igualmente, soldado. Así que tenga cuidado en cómo procede —El soldado Ratnik no cambia en su manera de ser.
—Lo tendré, Ratnik —Ella hace un ademán de manos para relajar la situación—. Lo tendré, sin problemas.
Todavía tiene que reparar un barco y eso va a llevar más tiempo de lo que ella misma puede creer. Después de haber evaluado los daños del navío que ellos pudieron comprar hace poco, nativo completo del costo más el tiempo que debería dedicarle. Por lo general a ella le gusta trabajar en eso a pesar de la ingratitud que representa el oficio en sí mismo, pero su capitán no le dio el dinero suficiente y ella tiene que hacer malabares con lo poco que puede juntar para poder trabajar y comprar lo que falta. Es también uno de los motivos por los cuales acepta este trabajo, no vamos a mentir.
Mucho de su carácter está condicionado no solamente a su memoria, también a todo lo que tiene que ver con su capacidad de captar «información» que viene del aire. Ese yo chismoso que tanto la llama me permite enterarse de cosas que pueden llegar a ser útiles, cómo el hecho de saber que hay bastantes piratas en la zona a pesar de que la isla es una base oficial de la marina, o al menos tiene una de las bases más grandes del sur.
Le sorprende, bastante. Aun así, se lo veía venir de alguna manera. Se habla de eventos grandes a punto de ocurrir en la zona; se habla de atracos e incluso golpes de estado o toma de la base. Puede esperarse cualquier cosa de esa gente, aunque no cree que sean lo suficientemente tontos como para meterse con el resto de Marines que están en este lugar.
De lejos puede ver a la división ochenta, ¡y esa es una agradable sorpresa! Agradece tener rostros conocidos y bien reconocidos en la sociedad. No iría a molestarlos para pedirles ayuda con este trabajo tan nimio, pero tampoco puede negar que le vendría bien una mano. También podría avisarle a cualquiera de los miembros de su división, aunque cree que están bastante ocupados como para poder hacer algo. No puede negar que la situación es bastante complicada, sin embargo, no se va a cortar luego de terminar todo su trabajo: Probablemente vaya a molestar a varios de los miembros de su división para que la apapachen.
... No, eso es demasiado ya.
Por eso, cuando carga su arma consigo y lleva a su pequeño Mushi recién adquirido, lo hace con la firma creencia de terminar con todo esto de manera rápida para poder trabajar en el bendito barco. Respira. Trata de calmarse y relajarse. Medita un par de minutos antes de salir para no mandar a la mierda a cualquier persona que se le cruce por delante. Tampoco ha dormido lo suficiente como para que ella pueda estar de excelente humor.
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Cuando llega a la zona junto a sus compañeros, puedo notar una presencia moderada de miembros de la marina patrullando el lugar. Al parecer no es algo tan grave ni tan grande como para involucrar a mandos más fuertes, y lo agradece. No es divertido lidiar con asuntos más abarcativos de los que puede llevar; el hecho de que haya una buena cantidad y no sean solamente cuatro o cinco, como ocurrió en La misión que tuvo con Dimitri, quiere decir que es un grupo revoltoso y numeroso. No va a decir demasiado cuando, por el momento, debe concentrarse en lo que tiene delante.
Algunos de sus compañeros fueron asignados al pueblo Baquella para tratar con los civiles que pudiesen haber encontrado o visto algo sospechoso. Otros, como ella, fueron asignados a custodiar las orillas para saber si podrían encontrar algún tipo de navío sospechoso o alguna agrupación que actuara de manera particular o extraña. Todos tienen equipados sus comunicadores vivientes; ella al fin puede utilizar a Panaberto en caso de que lo necesite.
Panaberto... Qué nombre tan raro le puso.
***
Recordar las características físicas de los sospechosos que fueron descritos por los encargados de la misión no es realmente un desafío para su memoria. A pesar de esa facilidad, tampoco puede permitirse a sí misma olvidar detalles extremadamente importantes, esos que no se pronunciaron durante la entrega de la misión: Cuántas armas pueden tener, qué tan armados pueden estar en lo que respecta a organización, o qué tan inteligentes pueden llegar a ser para poder suscitar emboscadas.
La respiración es pesada al momento de escuchar las palabras de sus compañeros cuando hablan de las diferentes tripulaciones que hay conformadas. Curiosamente, agradece no escuchar nada de la división setenta y cinco, que es a la que ella pertenece. No obstante, el desgraciado que estuvo quejándose de los ciudadanos debido a la supuesta ingratitud se recibe como respuesta a sus acciones supuestamente encomiables, la mira con atención desde su lugar. A ella no le importa demasiado; tiene cosas mucho más importantes de las que preocuparse en ese momento.
Generalmente, el precio de ser un miembro de la marina es tan caro como pesado, y de ellos se da cuenta cuando empieza a recorrer el lugar y un par de miraditas de civiles parecen escudriñar cada uno de sus pasos. Los están midiendo; los están observando. Es incómodo, pero forma parte de la idiosincrasia en la región. El suspiro que nace al empezar a patrullar refleja el hastío de esos pequeños momentos, tampoco dice nada más porque no lo cree necesario.
Sabe que, el momento de que se desate un conflicto puede estar mucho más cerca de lo que ella cree.
***
Hay momentos en los que realmente odia tener razón. Todo empieza con una simple bala dirigida de forma directa a los pies de quien estaba liderando al grupo. No fue tan rápido como ellos pensaban, pero fue contundente el abordaje del enemigo hacia ellos. Por un momento, los miembros del grupo dudaban de que algo pudiese pasar en realidad y algunos bajaron la guardia en consecuencia. Hae-won no fue una de ellas, mas tampoco iba lo suficientemente preparada como para vaticinar el disparo y los posteriores golpes que vendrían.
—¡Maldita sea!
—¡Alto, en nombre de la marina!
—Depongan las armas y ríndanse.
Demasiadas voces en un ambiente cargado de tensión. Personas que, por obvias razones, no van a obedecer. Piratas que blanda en su bandera con una fuerza que ni a ella le puede ser indiferente. Toma con fuerza el relicario que tiene colgado en su cuello para ganar ánimos para enfrentar lo que se viene, y corre junto a sus compañeros para tratar de reducir al grupo enemigo. Recibe golpes, en particular, uno que va directamente al costado izquierdo de su cuerpo, donde la herida permanente late con fuerza y la desestabiliza por unos cuantos segundos.
—...
Si bien la batalla podría haber sido en extremo épica, es mucho más lamentable de lo que parece. Varios de los miembros, tanto propios como ajenos, son muy jóvenes como para saber cómo lidiar con situaciones de alta presión. Algunos de ellos ni siquiera están allí porque quieren, y a pesar de eso, Hae-won tiene que cumplir con su deber por mucho que le pesara. Por un momento se pregunta qué tan importante es hacer algo así, hasta que se da cuenta de que varios civiles parecen estar aterrados por la situación.
Ella, en esos instantes, no dice nada. El rostro de sus compañeros refleja el cansancio de la trifulca, porque eran débiles, mas el número de ellos es preocupante.
***
Cuando su grupo logró reducir al conjunto enemigo, pidieron refuerzos a través de los comunicadores para que pudiesen ser provistos de las esposas que faltaban. Algunos rostros se veían un tanto rígidos; otros, en cambio, mostraban la hostilidad marcada en el semblante. En ese entonces, ella se dio cuenta de que varios de los que fueron apresados allí fueron, en realidad, influenciados por aquellos que realmente Tenían un rencor latente hacia la facción que representa la ley.
Ella, cuando entrega su testimonio y redacta su informe con detalle, habla con aquel que la miraba extraño Durante los patrullajes.
—... Por algo te digo que hay que mejorar la visión que la gente tiene de nuestra facción —La mirada de la muchacha se afila en ese instante—. Si no, personas inocentes podrían llegar a ser influenciadas por mentes más dominantes y pasan cosas como las que vimos hoy. Hay que saber establecer una mirada justa para qué cosas como estas no vuelvan a ocurrir.
El caballero no dice nada. Ella simplemente hace una ligera inclinación de su cabeza, y se retira a la enfermería por el golpe que recibió en el costado izquierdo.
... Luego de reparar el barco, tendrá que molestar a Dimitri. Lo va a necesitar.
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