[Pasado] Fantasías vs. Realidad
#1
Fecha: Día 20 Verano del año 17

Se acomodó dentro del agua, habiéndose asegurado lo suficiente para no tener otro accidente, sintiéndose con el paso de los días y estaciones, algo más segura de sí misma, eso sí, se aseguró de meterse al mar, estando el agua más o menos tranquila, con su arco y flechas en las manos, mientras sentía el calor del sol sobre su piel, quedándose todo lo quieta que podía, decidida a entrenar un poco y utilizar a los escurridizos peces cómo diana de práctica, despertando temprano para ello, aunque de seguro que quizás despertó a todos de manera accidental en el lugar que se hospedada, al sin querer, tropezar y rodar un par de escaleras abajo, provocando un montón de ruido.

No pudo evitar sonrojarse y sacudir su cabeza de manera algo exagerada, ya demasiado acostumbrada a esos momentos torpes de su parte, no obstante, eso no significaba que le gustasen, pensando que sería una buena idea el sugerirles a la tripulación que tal vez hicieran el barco a prueba de Seraphine, que la pobre ya se veía cayendo por la borda de manera accidental, soltó un suspiro, buscando apartar aquellas imágenes patéticas de sí misma y concentrarse en su intento de caza, sabiendo muy bien que en el futuro, participará en algún que otro trabajo para la revolución, junto al fin de confirmar la creación de la tripulación Corriente Libre, era hora de empezar a tratar el arco cómo si fuese una extensión más de sí misma, buscando abandonar la emoción de miedo al imaginarse ella misma en la arena, haciéndole daño a los demás y recibiendo daño.

Se mordió el labio inferior, odiando por unos instantes el haber pensado durante aquellos ocho años en cautiverio que, apenas saliese de su celda, Seraphine tendría un montón de aventuras dignas de los exploradores de aquellos libros que no recordaba en qué momento leyó, donde los problemas se resolvían con solo pensar de forma positiva, sintiéndose algo estúpida y no pudo evitar sonrojarse, tensando sus dedos y soltó la cuerda, disparando en dirección al pez más cercano.

—Debo volverme más fuerte— Cerró sus ojos al ver que no acertó, caminando hacia su flecha anclada en la arena, metida en el agua hasta la mitad. —La vida no es una fantasía.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#2
La roca en la que llevaba media hora sentado era lo suficientemente ancha para contenerlo, aunque sus diez metros hacían que sus rodillas quedasen casi a la altura del pecho, una postura que en cualquier otro habría parecido incómoda pero que en Kazan era simplemente la forma que tenía su cuerpo de descansar donde el mundo no había sido construido para él. Sus pies descalzos reposaban en la arena húmeda de la orilla cada vez que cambiaba el peso los dedos se hundían mas. Fumaba, como siempre, la pipa llevaba encendida desde antes de que el sol terminara de asomarse sobre el horizonte y el humo ascendía en volutas lentas mezclándose con el olor a sal y a verano temprano. Y luego estaba ella que la había escuchado llegar mucho antes de verla.

El estruendo en las escaleras algo rodando algo golpeando la secuencia inconfundible de un cuerpo encontrando cada peldaño con más generosidad de la prevista, una caida, lo había sacado de su meditación sin alarmarlo. Conocía ese sonido, por desgracia, no era el sonido del peligro. Era el sonido de Seraphine despertando al mundo con toda la discreción que podia. "Ga-ha..." El inicio murio antes de seguir porque algo en el ritmo posterior, los pasos rápidos hacia el agua unido a la determinación silenciosa con que empuñaba el arco le dijo que esta mañana ella no estaba de humor para bromas.

Así que esperó y observó. La vio meterse hasta la cintura y la vio detenerse, entonces tensó el arco. La flecha se clavó en la arena. Kazan sacó la pipa de entre los dientes y expulsó el humo por la nariz, despacio. Cuatro metros de Skypean parada en el agua, mirando una flecha inútil, sin saber realmente lo que estaba pasando por esa cabeza.

Llevó los dedos a un cuerno, sin darse cuenta. Los dejó ahí un momento. Hay una diferencia entre entrenarse y castigarse. Y no siempre es fácil saber en cuál de los dos estás. Volvió a ponerse la pipa en la boca. Se puso de pie y crujió levemente su cuerpo. Cada paso hacia la orilla hundía la arena en huellas hondas y anchas charcos pequeños que el agua llenaba al momento. Se detuvo a unos diez metros de donde Seraphine había disparado. No habló enseguida, no quería molestarla. Le dio ese espacio que solo Kazan sabe dar pese a su tamaño. Luego, cuando consideró que el silencio ya había dicho lo que tenía que decir, sacó la pipa y habló, con la voz baja. -Por las profundidades... llevo un rato viéndote desde esa roca.- Una pausa. Contempló la flecha clavada en la arena, a unos tres metros de donde ella estaba de pie. -La flecha no llegó al pez. Eso ya lo sabes. Lo que me pregunto...- Volvió los ojos pequeños, casi entrecerrados bajo la luz del amanecer, hacia ella. -...es qué imagen tienes en tu cabeza para necesitar entrenar con tanta premura. Qué ves exactamente.-

No añadió nada más. Volvió a fumar, y esperó.
  Responder
#3
Pudo percibir la llegada de Kazan gracias al movimiento del agua y en especial, cuando de pronto, el sol parecía encontrarse de pronto desaparecido por la sombra del mayor, debiendo de alzar su mirada para verlo y no pudo evitar morderse el labio inferior, con cierta frustración, quería disculparse con él por lo ocurrido con Mizuki, cuando era el hombre que debía de ser la estrella de aquella reunión, se sintió como si hubiesen pronunciado más el nombre propio que el de él, hizo puños, teniendo la intención de corregir aquello en el futuro.

Con tranquilidad, cogió la fecha, teniendo la mirada algo cabizbaja al ser pillada en ese momento, dejando escapar un pequeño suspiro y de pronto, se quedó congelada en una posición algo extraña, con su pie en el aire, a punto de dar otro paso y su espalda algo arqueada, sintiéndose como una cría pillada en medio de una mala travesura, ¿La estuvo vigilando? ¿Por cuánto tiempo? El corazón de Seraphine latió demasiado deprisa, sonrojada ante la segura imagen absurda que debía de estar dando, pasando sus manos por su cuerpo en búsqueda de su libreta, que no llevaba consigo en ese momento al no querer que se mojase una vez dentro del agua.

Y observó de reojo sus pertenencias que se encontraban en la arena, una toalla y sus métodos de comunicación, levantando su rostro, lo miró directo a los ojos y de pronto, infló sus mejillas, teniendo lo que parecía ser una rabieta y se sumergió en lo profundo del agua, pudiéndose observar un par de burbujas en el lugar donde anteriormente estuvo en la superficie, quedando unos minutos así, con su largo cabello flotando a su alrededor, pareciendo una medusa y pegó un grito, agradeciendo que nadie pudiese escucharla en ese momento.

Prefirió nadar un poco antes de comunicarse con Kazan, con la intención de gastar algo de energía, apareciendo un par de metros de distancia y respirando el aire, con su arco detrás de la espalda, levantó un dedo, haciéndole señal de que esperase. —Debo volverme más fuerte— Lo miró directo a los ojos, levantando un poco su libreta para que la viese bien. —O me quedaré atrás— Se relamió los labios, volviendo a hundirse dentro del agua, sujetando su libreta y lápiz en una mano, que sostuvo bien alto para evitar que se mojase y pudiese peinar su cabello mojado hacia atrás, con intención de ver mejor.

Al salir, se le escapó un estornudo.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#4
Las burbujas subieron despacio hasta la superficie, una después de otra, y el pelo de Seraphine se extendió por el agua como los tentáculos de una medusa enorme. Kazan observó desde donde estaba, con los pies todavía hundidos en la misma arena de antes, sin moverse. La pipa seguía encendida. El humo subía recto en el aire quieto de la mañana de verano. Algo en su pecho cedió. Lo que Seraphine estaba haciendo en el fondo de ese mar le resultaba demasiado familiar para reírse. Él también había bajado al fondo a gritar cosas que no podían escucharse. Deja que salga.

Esperó.

Cuando ella reapareció a unos tres metros, el brazo en alto para salvar la libreta del agua, Kazan se agachó levemente. No para parecer menos grande, sino porque la distancia que sus diez metros imponían a cada conversación era una distancia que él podía reducir si hacía el esfuerzo. Aun así, sus rodillas casi rozaban la arena húmeda y el desplazamiento de su peso envió una pequeña ola hacia donde ella estaba. Levantó un dedo y por ende esperó. Leyó la libreta.

*Debo volverme más fuerte. O me quedaré atrás.*

La leyó dos veces. La primera para entender las palabras. La segunda para entender qué había detrás de ellas. Llevó los dedos a un cuerno sin darse cuenta, presionando levemente, mientras el humo de la pipa se deshacía entre él y ella. La primera frase es una decisión. La segunda es un miedo. No son lo mismo, no no. Entonces ella estornudó. -Ga-ha-ha-ha...- La risa salió breve, casi contenida, y murió antes de convertirse en el trueno habitual. Apoyó la mano libre en la rodilla doblada y la miró directo, con esos ojos pequeños que esta mañana no tenían furia. -Por las profundidades... esas dos frases no dicen lo mismo, Seraphine.- intentó trazar en su cabeza el plan para ayudarla -"Volverse más fuerte" es una dirección. Puedes caminar hacia ahí toda la vida. Pero "quedarse atrás"...- La miró. -Eso es otra cosa. Eso tiene un nombre detrás. Algo o alguien de lo que tienes miedo de alejarte, o de no alcanzar.-

No añadió la pregunta todavía. La dejó implícita en el silencio, en el espacio entre los cuatro metros de ella y los diez de él. Sacó la pipa de la boca. Señaló con ella, suavemente, el arco que ella llevaba a la espalda.-Vuelve a donde estabas. Coge el arco.- Su tono no cambió. Seguía siendo el de la marea en calma. -Esta vez cuando vayas a disparar cree en ti de verdad, no en el miedo de quedarte atrás. Y cuando lo hagas...- Sus ojos se posaron en ella con algo que no era evaluación ni instrucción. -...ambos discutiremos eso de quedarte atras.-
  Responder
#5
A diferencia de antes, Seraphine ni pestañeó cuando Kazan se agachó, más concentrada en que la ola que produjo con sus movimientos no la tumbase, dio un pequeño salto, cayendo firme sobre sus dos pies, relamiéndose sus labios, dibujando una pequeña sorpresa en su rostro al percatarse que ahora era más segura de pie, cosa que antes no lo conseguía, dandose tumbos incluso con su propia sombra y cerró sus ojos, contando hasta diez, sintiendo en su interior, burbujear algo que no la abandonaría con una simple charla.

Y alzó una ceja cuando lo escuchó reírse, pasando sus manos por sus largos cabellos, creando pequeños remolinos, sus dedos, adquiriendo otro color por culpa de la fuerza empleada, sin saber muy bien que hacer a continuación, una parte de ella quería golpear al Wotan, mientras que la otra, quería agradecerle por todo lo que hizo por ella, mientras que una, escondida en la profundidad de su interior, quería pasarse horas observando una pared, sin pensar nada, dejando que el tiempo pasase, el resto de la tripulación tuviese que enfrentarse a los malos de turno y ella solo tuviese que entrar en acción para curar sus heridas.

Es que…
¿Qué valor tenía ella?

Apenas podía protegerse a sí misma, menos a los demás, Kazan podía tumbar al resto con solo mover un dedo; Mizuki, era una piraña, mordisco y adiós extremidad, ¿Seraphine? Bailaba, ¿qué cojones servía eso de ayuda? Sin darse cuenta, su respiración se acelera, destacando la palidez de la joven skypean, mirándolo directo a los ojos, separando sus labios y volviendo a cerrarlos. —¡Oh, venga ya!— Hizo unos puños. —¡Cómo si volver a coger el maldito arco, pudiese cambiar el hecho de que soy un lastre para toda la tripulación!— No, ella ni siquiera se merecía un puesto así de importante en la Corriente Libre, teniendo intenciones tan nobles. —¿Creer en mí? ¿Miedo? ¡Es verdad!— Juntó sus nudillos entre sí, frotando con intensidad. —Fui una estúpida al pensar que cuando saliese de aquella celda sería diversión pura; todo… parecía tan fácil dentro de mi cabeza.

No pudo odiarse un poco al ver su reacción, dándole la espalda, no queriendo que Kazan la viese así.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#6
El estallido llegó sin aviso, como una ola que recorre toda su extensión y te azota sin haberte dado cuenta. Kazan lo supo desde el primer momento, algo que no era lenguaje que no podía serlo porque Seraphine no tenía lenguaje de ese tipo. Lo que salió de ella era otra cosa, aire y tensión y años comprimidos en una garganta dañada. Sin embargo entendió todo. La respiración acelerada. La palidez que le borró el color a los pómulos. Los nudillos frotándose entre sí con una intensidad que no tenía nada que ver con el frío. Y al final, la espalda. Ese gesto específico, darse la vuelta para que él no la viese, que no necesitaba traducción de ningún tipo. No se movió. Sus pies seguían exactamente donde los había plantado, hundidos en la misma arena húmeda. El instinto protector empujó, siempre empujaba, era una corriente constante por debajo de todo lo demás pero lo dejó pasar. Acercarse ahora sería equivocado. Esto necesitaba espacio, no presencia. Y espacio era una de las pocas cosas que él podía dar sin que le costase nada.

La pipa se apagó sola en algún momento mientras la observaba. No la recargó. Conozco ese cuerpo. Ese movimiento. Esa forma en que alguien se dobla hacia adentro cuando lleva demasiado tiempo cargando algo que no pidió cargar. Sus dedos buscaron el cuerno izquierdo. Se posaron ahí. Él también la había tenido, a esa sensación me refiero. Esa imagen específica de lo que vendría después de las cadenas, vaga y luminosa y completamente inútil cuando llegó el momento de vivir en lugar de sobrevivir. La primera misión revolucionaria en la que participó, dos meses después de ser aceptado formalmente, terminó con él sentado en el barro de una isla que no recordaba el nombre, convencido en silencio absoluto de que el líder había cometido un error al incluirlo. Que él era demasiado circo, demasiado gladiador, demasiado arma sin propósito propio para ocupar un lugar entre gente que luchaba por algo verdadero. Nadie le había dicho eso. Él solito lo construyó, ladrillo a ladrillo, con paciencia y eficiencia notables. Le habló a su espalda. Sin pedirle que se girase.

-Hubo un año... el segundo que pasé con la Revolución...- Su voz bajó un escalón. -Completé cada misión que me dieron. No fallé ninguna. Y cada noche me quedaba despierto convencido de que en algún momento alguien iba a darse cuenta de que me habían confundido con otra persona. Que yo era el error en el conteo.- Pausa. -No lo digo para comparar. Lo digo porque ese pensamiento...- Sus ojos se posaron en la espalda de Seraphine, la línea de sus hombros, la tensión que los sostenía hacia arriba como si esperase un golpe que no llegaba. -...ese pensamiento miente con mucha convicción. Por las profundidades, es el mentiroso más convincente que he conocido en cuarenta y cinco años.- No añadió nada más.

Se quedó ahí, quieto, con la pipa apagada entre los dedos y el mar de verano alrededor de sus tobillos. Sin moverse. Sin exigir nada.
  Responder
#7
Cerró sus ojos y se mordió el labio inferior al escuchar su historia, sin saber muy bien cómo sentirse al respecto. Una parte de ella quería abrazarlo, mientras que otra, que no pudo evitar sentirse algo frustrada, quería seguir quejándose, decir malas palabras, pero temía el hacerle daño, siendo algo que nunca se perdonaría.

¿Mentiroso?

Movió su cuello hacia atrás, sus largos cabellos impactando contra su espalda mientras lo miraba, pareciendo un búho extraño y cerró sus ojos, pensando que quizás a lo que no se acostumbraba serían a los curiosos ojos de Kazan, en vez de verlo inclinarse hacia abajo y dejó escapar un suspiro, girando su cuerpo, en dirección a él, Seraphine se acercó, con pasos nerviosos y rápidos, subiéndose a uno de los pies, dejando que su arco impactase contra el montón de arena y apoyó su frente contra la parte de la pierna más cercana.

No supo cuántos minutos se quedó así, buscando ordenar sus pensamientos mientras lo tocaba, gritando todo tipo de palabras despectivas en su cabeza, pronunciando dentro de su mente las cuales no se atrevió a escribir y hundió sus dedos en la piel de Kazan, incluido sus uñas y arañó, moviendo sus dedos hacia abajo, creyendo que el hombre, apenas podía sentir la diferencia, sin darse cuenta del temblor de su cuerpo, pero aquello parecía funcionar y soltando un par de suspiros, dio un paso hacia atrás, cayendo en la arena, esta vez de una manera, menos elegante.

—Todavía me debes un abrazo— No pudo evitar arrugar su nariz, haciendo un pequeño puchero, estirando sus brazos hacia él. —Solo me diste uno cuando estuvimos hablando con Mizuki, en vez de dos— Existía algo en aquella simple acción que parecía calmarla del todo; a veces no era algo que le agradaba, un simple apretamiento en su cuerpo y Seraphine se volvía un fideo o se derretía; no obstante, le tocaba jugar con las cartas que le dieron.

Peinó unos cuantos mechones hacia atrás, fulminando su arco con la mirada, siendo en ese momento que se dio cuenta de un corte en su palma, siendo para la suerte de Seraphine, no muy profundo. Miró el pie donde antes se encontraba y, en efecto, una manchita roja, debió de cortarse al sostener la flecha.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#8
No lo esperaba.

Eso era lo que había que decir. Kazan llevaba décadas siendo el objeto más grande en cualquier habitación, en cualquier cubierta, en cualquier orilla, y con los años había aprendido a anticipar cómo reaccionaba el mundo a sus diez metros el retroceso, la distancia calculada. Lo que no había aprendido a anticipar era el peso pequeño y decidido de Seraphine subiéndose a su pie como si fuera la cosa más natural del verano. Se quedó quieto. No por instinto sino por elección. Su pierna era exactamente lo que ella necesitaba que fuese en ese momento. Bajó los ojos hacia ella despacio. Presión y descarga. Aquello era la válvula que encuentra la forma que puede. Funciona. Sea lo que sea que está haciendo, funciona. No dijo nada. Cuando ella dio el paso atrás y cayó en la arena sin elegancia, con la honestidad total Kazan esperó a que sacase la libreta. *Todavía me debes un abrazo. Solo me diste uno cuando estuvimos hablando con Mizuki, en vez de dos.* Lo leyó una vez. Lo leyó dos veces.

Y entonces salió. Entera, sin contención, sin la media versión que había guardado antes la risa le salió del pecho. -¡Ga-ha-ha-ha-ha!- El sonido rodó por la orilla y se perdió mar adentro. Kazan se limpió el ojo con el dorso de la mano, todavía con la pipa apagada entre los dedos, y miró hacia abajo donde Seraphine seguía sentada en la arena con los brazos extendidos y el puchero perfectamente sostenido. Lleva la cuenta. Por las profundidades, lleva la cuenta. Fue entonces, mientras ella tenía los brazos hacia él, cuando lo vio. La palma de su mano una línea fina, pequeña, del color equivocado cruzando la piel clara. No profunda él conocía los cortes profundos, sabía exactamente qué aspecto tenían pero ahí estaba, con su mancha roja discreta y su origen probable en la flecha que había sostenido hace unos minutos. La risa no desapareció del todo, pero se asentó -Por las profundidades, Seraphine...- Dijo su nombre con el tono específico que reservaba para cuando algo era serio sin ser catastrófico. Luego le ayudo a levantarse de la arena de forma lenta y cuidadosa. La acercó al pecho, el abrazo de Kazan era enorme y raro. Ella cabía entera entre sus dos manos juntas.

Se quedó así, sin hablar, mirando el horizonte por encima de su cabeza mientras el sol de verano seguía subiendo sobre los dos.
  Responder
#9
Abrió y cerró su palma, una parte de ella estuvo tentada a meter sus dedos en la herida, agrandarla, pensando que aquello quizás le diese una verdadera razón para estar agitada, en vez de una simple mentira, pero necesitando sus manos para su arco, Seraphine decidió que no era la mejor decisión, eso sí, necesitaría desinfectarla cuanto antes para evitar que se infectara, algo que ahora mismo, la chica no tenía a mano, se mordió el labio inferior otra vez y dejó escapar un pequeño estornudo, temblando un poco, a contrario de Kazan, la mujer de cabellos bicolores, no estaba hecha para resistir al agua y se encontraba, ahora mismo, mojada de los pies a la cabeza.

Llevó unos cuantos dedos a su rostro, frotando un poco contra sus ojos, sintiéndolos algo irritados y no pudo evitar alzar un poco sus cejas cuando lo escuchó reír, sin entenderlo del todo, ¿Hizo algo gracioso? Miró el suelo, sin poder evitar inflar aún más sus mejillas, pero al mismo tiempo se acordó, que Kazan se reía por casi todo y aquello la hizo relajarse un poco, no sabiendo en qué momento, de haberse vuelto libre, que Seraphine perdió un poco de aquella chispa para encontrarse en ese estado o será que nunca lo tuvo, cerró sus ojos, contando hasta diez y buscó calmarse, aunque le resultó ser algo difícil, sus preocupaciones que llevaban días merodeando en su interior, no iban a desaparecer con tanta facilidad, sin embargo, reconocía que se sentía un poco más calmada de poder mostrarse así, dudosa, de poder esquivar por unos minutos el papel en que ella misma se metió.

Cuando escuchó su nombre, sintió un signo de interrogación sobre su cabeza, algo dudosa, y alzó su rostro, sonriéndole, dejando que la ayudara a llegar a su pecho, ya que de otra manera la Skypean no llegaría, y estiró sus brazos para apretarlo con toda la fuerza que podía, no siendo demasiada, y frotó su rostro contra los músculos, quedando más despeinada aún, con algunos mechones esparcidos sobre él, a lo que no tardó demasiado en intentar quitarlos de encima.

—¿Cómo te sientes?— Ladeó la cabeza, sonrió y miró en dirección al agua. —Llevamos más de un año conociéndonos, pero hasta el día de hoy, nunca pasamos un día, de manera apropiada, en la playa— Entrecerró sus ojos; en realidad, la pregunta de cómo se sentía abarcaba muchas cosas, pero decidió que fuese Kazan el que eligiese la verdad detrás de este. —Cuidado donde pisas, que ahí abajo está mi arco— No pudo evitar mostrarse algo sobreprotectora de este, haciendo una pequeña mueca.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
  Responder
#10
El temblor llegó antes que cualquier otra cosa. No lo vio, lo sintió. Directo contra las palmas como quien esta cogiendo un perro y lo siente temblar, una vibración pequeña y constante que no tenía nada que ver con el llanto ni con el miedo sino con el frío simple y físico de un cuerpo que llevaba demasiado tiempo dentro del agua de verano. Para Seraphine, mas que mojada, empapada de raíz a punta, con los ojos irritados y los mechones repartidos sobre su pecho con la geometría caótica que solo consigue el mar cuando se lo propone. Hay que sacarla del agua. Lo registró como dato. No como alarma, el temblor no era de los que encendían el instinto protector de forma urgente, Kazan estaba tratando de dejar atras aquello, sino como elemento práctico que había que resolver antes que cualquier conversación. Mientras ella intentaba retirar los mechones de su pecho con los dedos, con esa mezcla específica de torpeza y determinación que era completamente suya, Kazan la sostuvo con la misma quietud de antes. Dejó que terminara de arreglarse el pelo. No ayudó sus dedos eran demasiado grandes para esa tarea y los dos lo sabían.

Luego leyó. ¿Cómo te sientes?. Él la conocía suficiente para saber que había elegido las palabras más pequeñas posibles para contener algo mucho más grande y que le estaba dando la llave para que fuese él quien abriese la puerta que quisiese. Miró el horizonte por encima de su cabeza. El sol ya estaba más arriba de lo que había estado al empezar la mañana, y la luz le daba al agua ese color específico del verano avanzando. -Como un mar después de una tormenta.- Lo dijo despacio, sin apartar los ojos del agua. -No en calma todavía. Pero la tormenta ya pasó. Y el fondo... el fondo está más tranquilo que antes de que empezara.- Bajó los ojos hacia ella. La segunda parte de la libreta esperaba. Llevamos más de un año conociéndonos, pero hasta el día de hoy, nunca pasamos un día, de manera apropiada, en la playa. Sus dedos tocaron el cuerno izquierdo un momento.-Dime qué sería un día apropiado en la playa para Seraphine Soyer.-

La pregunta salió con el tono pausado que usaba cuando le interesaba genuinamente la respuesta. Fue entonces cuando miró abajo. Sus propios pies. La arena. El arco tirado a unos dos metros, vulnerable y sobreprotegido en partes iguales. Kazan lo evaluó con la seriedad de un hombre que ha calculado distancias de combate durante décadas, trasladando esa misma precisión a la trayectoria de sus pies descalzos. Dio un paso lateral. Lento y deliberado. -A salvo.- Dijo en dirección al arco, como si le debiese la explicación. Luego volvió a Seraphine y el tono cambió -Escucha bien... antes de cualquier otra cosa.- Se agachó de nuevo, ofreciéndole la mano abierta. -Estás temblando y tienes un corte en la palma. Las dos cosas tienen solución, pero ninguna de las dos se soluciona dentro del agua.-

Sus ojos pequeños señalaron la orilla con la brevedad de quien no necesita señalar dos veces -Sal primero. El resto puede esperar dos minutos.-
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)