[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 1)
#1
Venimos de este post.
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Si caer insconsciente ante el Haoshoku Haki se había sentido como si el mundo mismo colapsara, despertar no resultó mucho más agradable. La realidad fue volviendo a todos los presentes en aquel lugar con lentitud, como si a sus cerebros les costase volver a poner todas las máquinas debidamente en funcionamiento, como si todo a su alrededor no tuviese más remedio que desvelarse poco a poco ante sus ojos, aún incapaces de enfocar correctamente. Lo surrealista de la situación, naturalmente, tampoco ayudaba. ¿Qué era aquel lugar?

Semi sepultados, recuperaron el pulso, que parecía casi haberse extinguido tras el impacto de aquel haki monstruoso bajo el que habían sucumbido. A medida que despertaban, sus fosas nasales parecieron encender todas las alarmas mucho antes de que pudieran hacerlo los ojos, aún acostumbrándose a la escasa luz del lugar. Aquella estancia, fuese lo que fuese, estaba impregnada de un repugnante hedor en que se mezclaban olores de restos de comida, carne en descomposición, fuertes residuos químicos y muerte. Todos ellos estaban cubiertos casi por completo de basura en diverso estado de conservación, prácticamente sepultados en un enorme mar de restos de toda clase. El silencio era absoluto, más allá de algún pedazo de basura que se desprendía de cuando en cuando y rodaba ladera abajo por aquel enorme montón; ni siquiera había moscas, probablemente espantadas por el fuerte hedor químico del aire.  La única fuente de luz era una puerta a uno de los lados de la sala, un gran portón acorazado con un volante que, al girarse, debería permitir su apertura.

A medida que despertaban, el horror de aquel lugar no fue lo único que se les vino a la cabeza, sino, con aún más fuerza, aquel Haoshoku al que habían sido expuestos, como si hubiera ocurrido apenas un instante atrás, como si aquella figura en la bruma aún estuviese allí. No lo estaba, claro, pero el terror que su presencia había invocado en ellos seguía vigente tras recuperar el conocimiento.


Resumen

Información importante
#2
Atributos Personaje




Desperté aquejado por un ataque de tos. Una sensación asfixiante que me hizo aferrar la camisa con fuerza, justo a la altura del pecho. Creí que moriría. Si es que no lo había hecho ya y estaba atrapado en mi propio infierno personal. Primero pensé que el mundo temblaba. Después fui consciente de que era yo el que tiritaba, ajeno al terror visceral que se había colado entre mis entrañas. Así debían de sentirse los marineros que caían a las turbulentas aguas de una tormenta, con los pulmones encharcados de agua y una sensación gélida constriñéndoles el cuerpo.

Arañé bocanada tras bocanada de un aire rancio; demasiado putrefacto para que pudiera suponer un alivio aspirarlo. Igual que arañé el terreno para librarme de aquello que me cubría. Fue entonces cuando empecé a cobrar consciencia de lo que me rodeaba. Los párpados me pesaban. Las punzadas en la cabeza se acentuaron aún más que en el barco.

«El barco…»

Lo último que recordaba era esa presencia que todavía se hacía eco de mis músculos. Esa mirada que parecía enredarseme en la nuca, siseo de una amenaza silente.

—Ángel…

La recordé a ella y el modo en que había caído abrazado a su cuerpo sobre la cubierta. Hae-won fue probablemente la única razón por la que, a pesar de sentir que todo me consumía, logré semi incorporarme a gatas. Bajo mi cuerpo, la montaña que identifique como restos de basura (siendo generosos) amenazó con ceder. Por eso aguardé allí, barrí el resto de la estancia como pude con la mirada.

—¿Dónde estás…?

No voy a mentir ni a hacerme el valiente. En aquel momento, mientras poco a poco serenaba la tos, por mi cabeza se sucedían un millar de recuerdos. Todos ellos tenían que ver con celdas, cadenas y pestilencia. El corazón triplicaba latidos, la piel me ardía por los nervios y clamaba un sinfín de silenciosas maldiciones.

«Otra vez igual».

No sé en qué momento descubrí que mis dedos se habían aferrado a la llave que pendía de mi cuello. Esa que representaba mi única victoria: mi marca de libertad. Guardé la cadena por debajo de la camisa para protegerla. Quise creer que mientras la llevará conmigo me daría suerte.

Había detectado otro puñado de cuerpos más, entre ellos el que reconocí como la cantante de la División ochenta. Sin embargo, al único que me acerqué a gatas, con sumo cuidado, fue al de Hae-won. Por fortuna, la tenía lo bastante cerca para no desestabilizar aquel terreno movedizo, cerca del lateral izquierdo de la pared. La cabellera plateada cubierta de mugre, resaltaba entre el resto de desechos.

—Ángel, despierta. —Tiré de ella con cuidado. Lo justo para atraerla hacia mi cuerpo—. Tenemos que irnos.

Le acaricié el rostro con dulzura, para despertarla. Otro ataque de tos me hizo cubrirme las vías respiratorias con el antebrazo libre. No lo retiré de esa posición, mientras me fijaba en el resto de presentes. Proyecté la voz lo más clara y suave que pude, en un intento por no llamar la atención de cualquier enemigo que pudiera haber al otro lado de la puerta.

—¿Os encontráis bien? —pregunté, analizando las paredes, los excrementos y restos putrefactos que nos envolvían y esa puerta que parecía alzarse como única oportunidad de vivir—. Escuchad, estoy convencido de que el aire de esta sala es tóxico. —Por eso también reacomodé a Hae-won contra mi pecho para evitar que lo inhalara de forma directa—. No sabemos lo que hay al otro lado, pero tampoco podemos permanecer aquí. Los movimientos bruscos podrían causar un derrumbe, así que avanzad de rodillas y, si es posible, pegaros a las paredes. Intentaremos reagruparnos cerca de la salida, pero distribuyendo el peso para que no ceda bajo nosotros.

No tenía ni idea de quiénes eran las otras dos personas, aunque intuí que serían pasajeros del ferry.

—Lo más importante es que mantengamos la calma e intentemos no llamar la atención.

Porque no solo no teníamos ni idea de quién era el enemigo, tampoco sabíamos por qué nos habían llevado hasta allí ni que aguardaba al otro lado.

Y yo ni siquiera había sido capaz de dejar de temblar… mientras la visión se me nublaba de nuevo.

Disclaimer
#3
Atributos Personaje


Mientras estaba fuera de sí, recordaba aquella pelea en ese bar contra esa tripulación de piratas estafadores que se habían llevado una reliquia familiar muy importante... y donde también su hermano menor perdería la vida. El recuerdo era aún bastante claro como para recordar con detalle cada momento, incluso cuando recogió las pequeñas plumas negras que ahora llevaba consigo en aquél pequeño camafeo que se colgaba del cuello. Escuchaba la voz de su hermano menor llamándola a gritos y gritándole que se levantara, que aún no había encontrado el lugar que le había prometido, donde podrían ser realmente libres. Y en medio de esos gritos también podía escucharse a sí misma, como si estuviera llamándose para recuperar el control de sí misma y darlo todo por su sueño.

Recuperando la consciencia, lo primero que sentiría es el olor desagradable y asqueroso. Olía a todo lo malo que se pudiera imaginar y sus ojos finalmente pudieron ver la luz. Y desearía no haberlo hecho. ¿Qué estaba pasando allí? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era estar en la cubierta del ferry compartiendo el rato con Tocho Morocho y con Wyatt, quien le había ofrecido una chamarra para el frío justo antes de... eso. Y entonces se incorporó de golpe.

—¡Wyatt! ¡Tocho Morocho! ¿...D-dónde están..? ¿Donde... estoy?

La cabeza le dolió de inmediato. Se sentía que volvía a caer bajo el efecto de antes, el corazón le latía tan rápido que hasta parecía que se le iba a salir del pecho. Pero no tenía tiempo para ello. No podía dejarse atrapar de esa sensación. Había despertado. Y tenía consigo todas sus pertenencias. La mochila pesaba aún igual que antes, por lo que cargaba allí sus pistolas. Y el camafeo aún le colgaba del pecho. No sentía ningún dolor en el cuerpo y podía mover los brazos, las piernas y hasta las alas con tranquilidad... aunque iba a necesitar limpiar las plumas. Vaya asco que daba. Ahora quería saber quién la había dejado en ese lugar tan asqueroso. ¿Era un basurero?

Fue entonces cuando escuchó una voz, la de alguien más que había quedado allí con ella. Y luego de mirar y escuchar, pudo notar que estaba allí Wyatt. Ignoraría a los marines por el momento, aunque al que había hablado le lanzó una mirada de desprecio que no había soltado nunca antes, casi rompiendo la apariencia de la niña bonita que llevaba con ella.

—¡Wyatt! ¡Wyatt...! Despierta, mi niño... ¿Estás bien? Mírate, todo sucio...ciertamente. —Vadeó entre la basura, aprovechando su ligero peso y luego levantando a su compañero en un abrazo maternal.

¿Qué habría pasado con el resto de sus amigos? ¿Dónde estarían? Tenía que encontrarlos. Pero primero se aseguraría de que el rubiecito hermoso estuviera bien. Lo revisó rápidamente y trató de incorporarlo. Y de paso buscarle si había algo que pudiera "cuidar por él"... unos berries sueltos o lo que fuera. y que sí, que no estaba del todo bien que le sacara cosas a sus amigos. Pero así era Yuuki. Y si la descubrían, simplemente se reiría y dejaría de andar de manos largas.

Abrió la mochila y sacó sus pistolas luego de ver que nada le había pasado a Wyatt. Y entonces le hablaría al chico y también a los tres marines que estaban con ella.

—No voy a recibir órdenes de la Marina. Mi amigo aquí y yo nos sabemos cuidar solos y bastante bien. —Suspiró y miró a su revólver, Quicksilver—. Pero estoy de acuerdo en que es una situación extraña. Imagino que ninguno sabe nada tampoco, ¿Verdad?

Las puntas de sus dedos rebotaban en un tamborileo incesante sobre el mango del revólver y se cubrió la boca y la nariz con el codo del brazo izquierdo. Reducía un poco el olor nauseabundo. Pero no podían quedarse allí mucho tiempo tampoco. Era asqueroso.

Había una persona con alas más allí, portando uniforme de la marina, además. Yuuki miró entonces de forma directa al que había hablado y que llevaba a otra marine contra su pecho. Y volvería a hablarle después de la pregunta que hizo antes.

—Estoy de acuerdo en que hay que salir de aquí. Imagino que tanto ustedes tres, como nosotros dos, tenemos amigos y personas importantes que pueden estar en algo similar. Aún así, sólo me importan mis amigos, no esperen nada más de mi, marines. Y te puedo apostar cien berries a que tu harás lo mismo.

Y dicho aquello, se movió a un punto alto entre las montañas de basura y echó una mirada a los alrededores. No había ventanas ni entradas o salidas distintas de aire... tan solo la puerta sencilla que estaba en la pared a la derecha de ella.

—Wyatt. Encontraremos a nuestros amigos. Saldremos de aquí y luego te prometo que vamos a tomar el mejor té de todos los Blues. Tendremos que colaborar con los marines un rato... pero eso será solo porque no podemos morirnos aquí sin saber qué le pasó a nuestros amigos. ¿De acuerdo? —Dijo finalmente girándose hacia el rubio y sonriéndole de la mejor forma que pudo, queriendo inspirarle confianza a su compañero.

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
#4
Atributos Personaje


Me sentía asqueado, tesoro, como si todo a mi alrededor estuviera cubierto de porquería invisible que se pegaba a la piel y se colaba hasta en los pensamientos y de pronto, la respiración volvió a mí de golpe, brusca, obligándome a inhalar, pero ese fue un error, un muy grave error. El olor me golpeó sin piedad, era descomposición, comida podrida, desechos de toda índole mezclados en una fragancia tan ofensiva que ni siquiera mi lavanda podía defenderme. Esto sí que es un atentado contra el buen gusto. Me incorporé de inmediato, sacudiéndome con una mueca evidente mientras mis alas se tensaban con incomodidad, intentando inútilmente apartar ese aire infernal.

Mis ojos se adaptaron poco a poco, y entre aquel escenario indigno distinguí rostros conocidos. Dimitri y Hae-won, otros marines, sí, pero no de mi división, sino de la 75. Qué coincidencia tan poco elegante encontrarnos en un basurero. —Intenten no respirar demasiado de este aire, tesoros, porque si seguimos así voy a terminar ofendido a nivel espiritual y eso ya es bastante más grave de lo que parece —dije mientras me llevaba una mano al rostro, intentando filtrar el hedor sin mucho éxito. Mi cuerpo se fue acomodando al entorno, aunque mi expresión dejaba claro que aquello estaba muy, muy lejos de ser aceptable.

Miré alrededor con evidente desagrado, pero sin perder la compostura del todo, porque sí, esto era asqueroso, indigno, absolutamente falto de glamour pero seguía siendo una situación que requería cabeza fría. —Ay, tesoro, de todos los lugares posibles a los que podían lanzarnos, tenían que elegir este montón de desechos sin una pizca de respeto por la estética ni por nuestras narices, pero bueno, supongo que tocará arreglar esto sin perder el estilo, aunque el entorno claramente no esté colaborando en lo más mínimo —añadí con un suspiro, si esto era un tipo de prueba de la marina era demasiado desagradable.

Cuando intenté avanzar hacia ellos, mi cuerpo se heló de inmediato, tesoro. No fue una duda normal, fue algo más profundo, como si la memoria de ese estallido de energía siguiera adherida a mis músculos, recordándome que algo no estaba bien. Sabía que frente a mí no había nada visible, nada que pudiera señalar con el dedo, pero aun así ahí estaba. Ese miedo insistente, incómodo, recorriéndome por dentro y apretándome el pecho como si quisiera robarme el aire otra vez. Qué sensación tan desagradable. Tenía miedo, claro que sí, no voy a fingir lo contrario, pero también sé quién soy. Soy un marine. Mi cuerpo fue entrenado para mantenerse en pie incluso cuando la mente duda, y no pensaba dejar que ese temblor me definiera.

Me di cuenta un poco tarde de que había civiles cerca, y eso fue suficiente para obligarme a moverme. Porque si algo puede más que mi miedo, es mi necesidad de proteger, escuché la voz de una de ellas y, aunque cada paso me costaba más de lo que debería, avancé hasta acercarme. Mis manos aún temblaban ligeramente, pero aun así tomé una de mis maracas y, con cuidado, le di un suave golpecito en la cabeza, más gesto que impacto. —No seas terca, tesoro, porque aunque este lugar sea un desastre absoluto y mi cuerpo esté temblando más de lo que me gustaría admitir, nosotros seguimos siendo la Marina y no vamos a permitir que nada les pase, así que respira despacio y confía en nosotros aunque ahora mismo todo se sienta fuera de control —le dije con una sonrisa que logré mantener firme, incluso con el corazón latiendo a mil.

Caminé nuevamente entre las montañas de desechos, tesoro, cada paso acompañado de ese olor insoportable a putrefacción que se me metía directo a los pulmones como si quisiera instalarse ahí para siempre. Qué falta de respeto tan grande hacia mi refinado sentido del olfato, aun así, no me detuve. Esto no era un lugar para quejarse más de la cuenta, era un lugar para actuar, porque al final del día somos tres marines y hay civiles detrás de nosotros que no pueden defenderse solos, y eso pesa más que cualquier incomodidad. Mi cuerpo todavía arrastraba ese temblor incómodo, ese residuo de miedo que no terminaba de irse, pero lo ignoré lo mejor que pude. No iba a permitir que eso me frenara ahora. Avancé hasta la puerta, apartando un par de restos con mis alas antes de inclinarme ligeramente. Mis alas se tensaron a mi espalda, como si también estuvieran en alerta, y llevé el oído contra la superficie, concentrándome, el mundo se redujo a sonidos, respiraciones, movimientos, cualquier cosa fuera de lugar.

—A ver, tesoro, coopera un poquito conmigo porque si del otro lado hay algo moviéndose, respirando o siquiera pensando en causar problemas, necesito escucharlo antes de que decida aparecer sin invitación y arruinar aún más este día tan poco glamuroso —murmuré en voz baja, más para mí que para los demás, mi oído afinado se enfocó por completo.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 + 0 = 512
Energia: 510 + 12 = 522
Espiritu: 102 + 0 = 102
#5
Atributos Personaje


Desorientado era poco. La sensación de despertarse en un lugar que uno no reconoce como familiar es tremendamente desesperante, pero peor aún es para la gente como el rubio, que lejos de tener el sueño ligero, para peor que sus compañeros, no había recobrado la consciencia ni aún ante el ambiente tóxico y nocivo para las fauces de los humanos.

Recién al ser tocado de nueva cuenta por su compañera, Yuuki, Wyatt abrió sus ojos de a poco. Despersonalizado por completo, no pudo entender siquiera sus palabras cuando le habló y le comentó lo sucio que estaba. Se apoyó en ella de todos modos para incorporarse, pero su mirada estaba en otro lugar, por completo —. Yo... ¿Qué sucedió? Tsk. — chasqueó la lengua molesto, agarrándose la cabeza con ambas manos. Sentía que le pesaba más de lo normal, y la jaqueca que sintió justo antes de desmayarse volvió, a la vez que un nudo en el pecho volvió a hacérsele — No puedo...-- — ni siquiera podía completar una frase. Elevó la mirada hacia la pelirrosa e hizo una seña en su cuello, indicando muerte, o que mínimamente no estaba muy bien... Y el gesto de morirse fue lo más cercano a poder expresar cómo se sentía.

La apartó de un manotazo luego de que esta, con éxito, logró quitarle algo de su dinero, aunque entre otras cosas, logró tomar el papel de entre sus ropajes. El papel que el Goldstar había atesorado tanto desde que lo encontró en Baterilla. Pero no la apartó por querer quitarle sus cosas, sino porque el putrefacto hedor se impregnó tanto en él, que las náuseas no pudieron evitar hacer estragos en su sistema. Hizo su cabeza hacia un lado y... bueno, dejó su humanidad allí, tras un par de arcadas. Avergonzado, sin recordar siquiera cómo se llamaba Yuuki, supo de todos modos, ahora con un poco de mayor claridad, que era una compañera.

— Tú... Perdón, trae eso aquí. — se incorporó un momento y le arrebató el papel de las manos. Abrió su hoja de periódico con los wanted de los Hanu Mahana, y allí, al final, la anotación marginal que rezaba "Rosada ---> Yuuki". Sonrió, aún entre tanta desgracia y humillación. Por fin se orientó un poco, y la miró, con su rostro lleno de basura y mierda que había por allí tirada, y sus mechones rubios totalmente desastrozos, impregnados de un líquido viscoso y marrón que goteaba sobre su mismísima frente —. ¡Bingo! ¡Yuuki! Me alegra estar contigo, ¿qué demonios pasó? Yo... Estábamos con... ¡TOCHO MOROCHO! — gritó desesperado. Pero el esfuerzo de elevar la voz le dio una nueva puntada en la sien —. Tskkk. ¡Mierda! — desefundó su revólver S&W y lo martilló. No entendía qué estaba pasando, el pulso le tembabla, el pecho le presionaba y sentía un miedo infundado que parecía que iba a hacerlo desmayar de nuevo en cualquier momento, pero...

Recuperó las fuerzas por sus compañeros, al oír las palabras de la birkiniana, y sobre todo por su amigo equino. La prioridad número uno era encontrarlo.

— Confío en Ryota y los demás, así que sé que pueden estar bien. Pero él... No lo sé, Yuuki. ¡El no puede pensar como nosotros! ¡¿Y si no sobrevivió?! — silbó en llamado a su caballo, poniéndose de rodillas —. ¡TOCHO MOROCHOOOOOOO! — gritó. Esperaba que su caballo, si estaba en el lugar, lo oyera e hiciese algún sonido para ubicarlo. Pronto un poco de basura se desprendió y él cayó un par de metros, rodando entre bolserío y residuos apestosos. El derrumbe no fue lo suficientemente grande como para dañarlo, pero sí lo hizo sobresaltar aún más.

Ahora, prestó atención a las palabras de Dimitri y de los... ¿marines? Lo que faltaba. Suspiró, harto de su vida, y deseó que algo horrible acabase con ella en ese preciso instante —. Está bien... Saldremos de aquí, sí. — escupió a un lado un pedazo de metal que se le había metido en la boca, y arrugó los ojos. La vista le ardía, y comenzaba a escocerle la nariz por el aire putrefacto.

— Yuuki, hay que avanzar hacia la puerta. Salgamos de aquí a como dé lugar. No me importa quienes sean estos tipos. Sus uniformes están tan impregnados de mierda como nuestra ropa. Creo que estamos de acuerdo que... todos somos iguales aquí, ¿no es verdad? — inquirió hacia los uniformados que pudo observar con la escasa luz. Sabía que, además, ellos eran simplemente empleados del gobierno y cumplían órdenes, por muy cuestionable que fuera para él alistarse a servir a una causa tan de mierda como la del gobierno. Pero bueno, no eran su enemigo principal, sino otras víctimas de éste, así que se aguantaría sus ganas de escupirlos y cooperaría por el bien de su tripulación y sus amigos, además de su caballo. Además, no podía evitar querer ayudar a los demás, sean del grupo que sean, y ahí estaban todos igual de jodidos.

Y así, comenzó a reptar lentamente, de rodillas, hacia la gran puerta de la sala, a ver si podían escapar de ese basural.

BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
#6
Atributos Personaje


Esto debe ser el génesis de una absurdidad.

Eran pocos los momentos en los que Hae-won cantaba o hacía algo artístico. Cuando ella lo hacía, las palomas escapaban y los animales cercanos empezaban a aullar por lo horrible de su actuación. A diferencia de ella, su querida hermana, Ji-won, era talentosa en todas las artes escénicas. Era perfecta cantando, bailaba maravillosamente, y su belleza siempre deslumbró a todo aquel que la vio de primera mano. Esa hermosura la puso en muchos aprietos siendo aún una pre adolescente.

Hae-won, por otro lado, siempre fue la más fría, la más analítica, la más seca y seria de ese par que conformaban. Se especializaba en números y memorizaba las cosas de tal forma que, quisiera ella o no, jamás podría borrarlas de su mente. Sabía a ciencia cierta que sus padres jamás tuvieron la intención de entregar su mente prodigiosa a otros, a diferencia de Ji-won, que sí valía dinero rápido y era más efectiva en áreas que ellos veían inservibles o poco aprovechables.

No le tomó demasiado sacar la verdadera conclusión a todo aquel desastre de su pasado: Choi Sun-won, su padre, y Choi Hae-ra, su madre, querían hacer de Hae-won su heredera. El asunto, para ellos, era que no dimensionaron el nivel de impiedad y desprecio que ella adquirió por sus acciones al vender a su hermana. Los resultados hablaron por sí mismos, y todo adquirió un verdadero dramatismo cuando fueron entregados a las autoridades, bajo la mano de la persona a la que más subestimaron.

Sin embargo, esa valentía que adquirió, regresó a modo de terror en el instante en el que recordó las miradas asesinas de sus padres hacia ella el día del juicio y posterior encarcelamiento. Tomó muy personal ese reto; ya no los amaba, así que se convirtieron en enemigos mortales desde el momento en el que separaron sus caminos. Privados de su libertad, ¿qué podrían hacer?

No lo sabe, pero esa sensación de terror es la que persiste ahora. Es una constante que revive recuerdos en los que ella se acurrucaba en un rincón de las tiendas de sus padres luego de saber lo ocurrido con Ji-won. El temor a ser vendida; el terror al pensar en los piratas que se llevaron a su hermana; el abandono y la negligencia. Todo eso vuelve a su mente en forma de un tamborileo incesante que comienza a afectar físicamente, con un par de espasmos con los que lucha, a medida que la voz de Dimitri la trae de nuevo a esa realidad.

El aroma nauseabundo tampoco ayuda.
Aún puede sentir el peso de su collar. Se aferra a él, de manera inconsciente.

—… Hmmm…

De a poco, recupera el conocimiento. Resguardada en el pecho de su compañero, ella lentamente empieza a adquirir la compostura necesaria para mantener a flote sus pensamientos y razonamientos. El aroma fuerte y rancio, lejos de atontarla, la despierta lo suficiente como para abrir los ojos y mantener la entereza, aunque la sensación alarmante de un terror que atraviesa su cuerpo de pies a cabeza retiene la entera libertad que necesita en esos momentos.

Su arma está al alcance, por lo que, separándose por unos momentos de quien la resguarda, la toma entre sus manos. La bolsa con sus elementos esenciales está aún resguardada en su cuerpo; eso la tranquiliza.

—Gracias por todo, Dima —La mirada de la joven, deslucida por la situación, se encuentra con el azul ajeno—… Te debo una por contenerme de esta manera, en verdad, lo estaba necesitando.

El terror sigue, pero las pesadillas ya no forman parte del repertorio que acentúa esas sensaciones ominosas e insoportables.

Tiene que admitir que, lejos de pensar en todo lo que está viviendo allí mismo, su mente está vagando por los rostros del resto de sus compañeros, a los que busca entre los desechos y podredumbre. No los halla. No suspira ni respira profundo, aunque quisiera hacerlo; ni siquiera se atreve a tragar saliva con la situación como está —no cuando no sabe si tenía la boca abierta o cerrada—, y no puede negar que su hermoso e impoluto uniforme está hecho un asco. Malditos mil veces los que se atrevieron a arrojarla a la basura.

—Ahora mismo, no me veo muy hermosa que digamos, ¿cierto, cariño? —Le sonríe, para tratar de traer su mente al presente, al real de que están pasando por esto y a que, en efecto, no está solo—. Venga. Hay que centrarse, aunque… cueste, y bastante.

No puedo negarte, mi estimado lector, que la situación presente es surrealista en todo sentido. Sin embargo, sus primeros instintos están en afilar su mirada, agudizar su oído, y memorizar todo el entorno en el que están. Localiza con la poca luz que viene de la única abertura visible en el lugar, una montaña inmensa de basura que tiene diferentes tipos de relieves en su estructura; un vertedero en toda regla, vamos.

Al estar dicha montaña en el centro, ellos podrían utilizar los laterales para moverse y acercarse a la puerta —y así, evitar que la montaña de basura los vuelva a sepultar—, aunque toda la superficie esté cubierta de desecho podrido. Puede localizar a dos civiles y dos miembros de la marina, contándola a ella. Trata de memorizar sus rostros y afinar sus oídos para tratar de rastrear cualquier anomalía visual o sonora entre toda la pila de basura.

Maldita sea, es extremadamente difícil hacerlo cuando la cruenta sensación del terror la invade y no parece dar tregua.

—Hay que salir de aquí y poner a resguardo a estas personas, chicos —Habla con sus compañeros, tratando de permanecer fuerte, aunque la voz le flaquea y una de sus manos se aferra con fuerza a su rifle—… ¿Alguno de ustedes está herido? ¿Tiene algún impedimento para moverse?

¿Sienten el mismo miedo que a ella le invade ahora mismo?

El aroma es insoportable. No puede evitar las arcadas, aunque no haya nada que pueda vomitar en ese instante. Ni siquiera se da la libertad de suspirar. Se mantiene prácticamente al lado de su pareja; no se mueve de allí.

—Hay que buscar a nuestros compañeros y a los civiles que abordaron el ferry —La real sospecha de que los organizadores del evento tuvieron algo que ver en esto sigue presente en su mente—… Pero para eso, hay que salir de aquí.

Disclaimer

#7
Tan solo habían pasado algunos instantes desde que aquel pequeño e intrépido grupo despertarse en aquella especie de colosal basurero, o lo que fuera aquella enorme sala. El hedor resultaba insoportable, y se sentía como si aquel aire tórrido y maloliente se volviese casi líquido en sus sistemas respiratorios, en una sensación repugnante que hubiera hecho querer vomitar al más pintado. Pese a lo innegablemente espantoso de la situación, aquel variopinto grupo había empezado a planificar, a figurarse exactamente cómo salir de allí y vivir para contarlo. A medida que se desplazaban por el lugar, cada pisada y movimiento provocaba pequeños desprendimientos de basura y despojos, que rodaban colina abajo, o se deshacían en asquerosas virutas, o simplemente se convertían en polvo. Resultaba difícil saber cuánto podían llevar aquellos restos, orgánicos e inorgánicos por igual, allí, pero parecía haber de todo, y nada que les pudiese resultar realmente útil.

Se mascaba, sin embargo, la tensión en la sala. No era, desde luego, por los comentarios que los allí presentes se lanzaban entre sí. Tal vez fuese por el extraño silencio que reinaba allí, en que todo sonido, o amago del mismo, quedaba inmediatamente acolchado y ahogado por las toneladas de basura que impregnaban el lugar. La casualidad quiso, además, que, en el momento en que Masato colocó su oreja sobre la fría superficie metálica de la puerta. Podría haber intentado abrirla, claro, pero eso la hubiese hecho encontrarse de bruces con la figura que se encontraba al otro lado, haciendo exactamente lo mismo que ella. En su lugar, justo mientras intentaba escuchar qué pasaba al otro lado, oyó repentinamente un fuerte chasquido metálico que resonó como una explosión dentro de la propia puerta, y vio cómo el volante de cierre giraba hacia la derecha, acompañado del golpeteo de varios cerrojos metálicos en su interior. Algo los había oído.

—¡Los hijos de puta están vivos! —gritó una voz desde el otro lado de la puerta, que solo fue audible para la propia Masato y para Wyatt, que se encontraba lo suficientemente cerca de la misma— ¡Traed a las escuadras, panda de gilipollas!

Daría igual que intentasen abrir la puerta ahora, claro; había sido cerrada a cal y canto. Durante los siguientes segundos, tanto Wyatt como Masato pudieron percibir cómo, al otro lado de la puerta, empezaba a formarse un gran estruendo de pasos sincronizados, como si una gran multitud se aproximase hacia aquel lugar. Gritos y órdenes se sucedían entre decenas de voces, antes de que, una vez más, se hiciese el silencio. Los segundos se sucedieron con una tensión creciente, con un murmullo que parecía gestarse al otro lado de la pesada puerta. Finalmente, se oyó un grito marcial, y la puerta, pese a su pesadez, se abrió de sopetón, casi como con un estallido. Una gran humareda inundó el lugar, haciendo aún más denso el ya de por sí cargado aire de la estancia. Cuando el humo se disipó, un gran número de figuras uniformadas habían irrumpido en la sala, interponiéndose entre nuestros protagonistas y la única salida. Todos llevaban trajes de aislamiento de alguna clase de material sintético, conscientes de la posible toxicidad de aquel lugar, armados hasta los dientes. Debían de ser un par de centenares y medio de soldados, que se distribuyeron con eficacia militar por el terreno. Los más cercanos a la puerta, un centenar, estaban armados con todo tipo de largos rifles y otras armas de fuego, colocándose en posición para disparar. A no mucha distancia, entre ellos y nuestros protagonistas, se interponía otro centenar de soldados, estos fuertemente acorazados, armados con escudos y vistiendo placas metálicas por encima de sus trajes. Los otros cincuenta, situados no lejos del primer grupo, habían comenzado a prepararse para disparar una serie de cañones, que habían comenzado a colocar en fila. Resultaba evidente que no tenían intención de dejar títere con cabeza en aquel lugar, y habían puesto toda la carne en el asador para que el error no se repitiera; ya no los darían por muertos, sino que se asegurarían de que lo estuviesen.



Contenido Oculto

Información
#8
Reptando, logró abrirse paso hasta la puerta, entre la repugnante cantidad de basura y mierda tóxica desperdigada. Logró reincorporarse para, a la par que Masato, oír una voz del otro lado. Se volteó de inmediato, y chasqueó la lengua molesto, retrocediendo un par de pasos —. ¡Mierda! Hay que esconderse. ¡Rápido! — expresó con apuro, mientras se tambaleaba y se echaba atrás, cayendo involuntariamente. Se sostuvo con sus palmas entre la basura, y levantó la mirada buscando a Yuuki, aunque permaneció allí unos instantes, como si estuviese un tanto desorientado o bloqueado.
Contenido Oculto

Y se reincorporó, volteándose y alejándose de un salto de la zona de la puerta metálica, hacia un lado, allí donde Yuuki se encontraba (a la derecha de la pared de la puerta), y luego corrió un poco más, intentando acercarse. Pero de camino, su silbido anterior fue respondido por un relinche —. ¡Bingo! ¡Tocho Morocho! — exclamó emocionado, aunque todavía tembloroso. Pese a su malestar, le alivió el corazón saber que su corcel estaba cerca suya. Oyendo de dónde venía, le bastó con mirar para abajo para, tras un montoncito de basura, observar al caballo medio atrapado entre trozos de chatarra y demás residuos.

Wyatt se puso manos a la obra y, en un instante, comenzó a escarbar entre la mugre para sacar a su corcel de ahí y que no se siguiese quedando aplastado por la basura que caía de los montones más elevados. Así, logró ponerlo un poco más a salvo. Le dio una caricia y se quedó junto a él, cuerpo a tierra, tras una pila de basura que cubría la visual que desde la puerta metálica tendría cualquiera sobre él. A sus espaldas: Yuuki, su rosada compañera, podía verlo junto al equino, tirados a resguardo.

El Goldstar aprovechó y, aunque con su pulso temblando, echó mano a los equipamientos que su caballo tenía, rebuscando entre la bolsa y haciéndose de una munición especial que cargó en su revólver, el S&W que mantenía en la zurda, martillándolo nuevamente y dejándolo listo para la acción, mientras sentía y observaba, intentando permanecer más o menos oculto, al igual que su caballo al que obligó a tumbarse y serenó acariciándolo y apaciguándolo con un rechistar de labios, cómo la sala apestosa y tóxica comenzaba a llenarse de quienes serían sus enemigos, o eso creía —. Tranquilo, amigo, todo estará bien. — intentó serenar a su compañero en voz baja mientras le hacia una seña con la derecha a su compañera de tripulación para que esté tranquila y no avance. Seguramente todo ese batallón tendría que ver con la razón por la que terminaron en esa sala de mala muerte, y debían averiguarlo si querían salir con vida de ahí.

BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
#9
Atributos Personaje


¿Se había atrevido a golpearle en la cabeza? ¿Y esas confianzas? Yuuki quiso apuntarle con las dos pistolas y darle un par de tiros en las rodillas, a ver si con eso aprendía la lección. Ella no iba a hablarle amistosamente a un marine nunca; y si lo hizo en el pasado, sus razones siempre las tendría. No iba a confiar en un perro uniformado. Nunca. Y primero iba a estar muerta antes que siguiendo órdenes. Si los marines querían sentirse bien por jugar a ser los protectores, que empezaran por saber protegerse a ellos mismos.

Pero entonces estaba ahí. El rubiecito. Tan bello él. Yuuki le sonrió y quiso hablarle, abrazarlo y decirle que tanto Tocho Morocho como el Señorito Cardan estaban bien. Porque ella sabía que estaban bien. Lo sentía en su corazón. Tenían que estar bien. Y más le valía al mundo entero que lo estuvieran. O no le iba a importar esta vez matar a cualquiera.

Por lo visto, los cinco estaban de acuerdo en que tenían que salir de allí. Que había que buscar cada quien a los suyos. Y si el propio Wyatt no estaba soltándoles disparos a los marines, ella iba a cooperar. Al menos en lo mínimo, lo haría.

Seguía sintiéndose aterrada. Incluso cuando ya había un plan en ciernes. ¿Qué había ocurrido exactamente? ¿Porqué seguía preguntándose eso y sintiendo el pecho explotar solo de recordar haberse desmayado?

Wyatt se acercaba a la puerta y después de un rato en el que ella bajó la guardia un momento, escuchó el estruendo venir de la puerta. Se abrió de golpe, y justo después de eso, humo.

—¡¡¡WYATT!!! —Yuuki gritó con toda la fuerza de sus pulmones, aquél grito, cargado de desesperación y miedo, fue seguido por un quejido de la pelirrosa—. Wyatt...

Solo podía llamar a su compañero mientras sacudía sus manos y veía cómo se disipaba el polvo. Y entonces los vio. Vestían trajes que los protegían de los vapores nauseabundos de aquella sucia sala. Y eran un montón. Iban en cantidades absurdas. ¿Eran esos cañones? Por lo visto los querían bien muertos. Y a la birkaniana esto la hizo entrar en cólera. Una que solo iba a hacerse notar con el rugido de sus pistolas.

Pero no iría a atacar aún.

En medio de todo, parecía que Wyatt finalmente encontraba a Tocho Morocho. Yuuki dejaría entonces salir una sonrisa. Uno menos. Ahora faltaba solo el resto de la tripulación.

Echaría una mirada rápida a cada uno de los cuatro que estaban allí con ella, y a Tocho Morocho, por supuesto, y mientras ponía las pistolas atrás en su pantalón, haría distancia con un salto, teniendo las manos levantadas y poniendo la sonrisa amable y bonachona que ella sabía poner. Aunque tampoco fue tonta, no se quedó a simple vista, sino que usó algunos de los motones de basura para atrincherarse ligeramente. No dejándose ver propiamente, pero revelando que estaba por allí al tener las manos arriba.

—Oigan. ¡Esperen! ¡No disparen! ¿No les parece algo excesivo? Digo. Somos solo cinco don nadie... Y un caballo. ¿En realidad vale la pena gastar tantos recursos en solo nosotros? Ciertamente, No hemos hecho nada para que merezcamos ser arrojados a este lugar y pasar así nuestros últimos momentos. Es más, creo que están perdiendo un gran potencial. Podemos ser mejores de lo que creen, no somos basura.

Hablaba con las manos levantadas, oculta detrás de un montículo de basura a unos quince metros de los escuderos. Y mientras estaba oculta, hacia gestos con la cara a los otros para que se pusieran a cubierto también y se alejaran lo suficiente como para estar fuera de alcance.

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
#10
—Retrocedan de inmediato — del otro lado había voces tensas, nada felices de que siguiéramos respirando — Escóndanse como puedan— Mi cuerpo reaccionó antes de pensarlo. Salté hacia atrás con un movimiento rápido, casi elegante dentro de lo desesperado, y me deslicé detrás de una de las enormes montañas de basura. El impacto del olor fue inmediato, más fuerte, más cercano absolutamente ofensivo, de verdad, tesoro, esto ya roza lo personal. Apreté los labios un instante, conteniendo una queja mayor mientras me acomodaba lo mejor posible entre aquel desastre.
 
El corazón seguía latiéndome con fuerza, pero mi mente ya estaba más clara. Ya no era solo miedo, ahora había información, voces, intención, hostilidad directa y eso, dentro de todo, es más fácil de enfrentar que lo desconocido. Asomé apenas un poco la cabeza, lo justo para ubicar a los demás sin delatarme, mis alas pegadas a la espalda para no llamar la atención. —Ay, tesoro, parece que no somos precisamente invitados de honor, y por cómo suenan esas voces, diría que están bastante decididos a terminar el trabajo que no pudieron antes, así que más nos vale mantenernos con vida y no hacer movimientos torpes, aunque este lugar huela como el peor error del mundo —susurré, lo suficientemente bajo para que solo los cercanos pudieran oírme.
 
Cientos eso habían dicho, cientos, tragué saliva, dejando que una pequeña sonrisa apareciera, casi por costumbre. —Fufufufu, bueno, supongo que esto dejó de ser un mal día y pasó a ser un reto interesante —murmuré, el estruendo fue tremendo, tesoro, la puerta prácticamente dejó de ser una puerta y lo que vino después fue peor. Mucho peor, la cantidad de desgraciados que entraron era absurda, exagerada hasta el punto de rozar lo ridículo todo eso solo para acabar con cinco personas. ¿Qué tan importantes éramos para ellos? La pregunta se formó sola en mi mente mientras observaba en silencio, conteniendo incluso el sonido de mi propia respiración.
 
Mis ojos recorrieron la escena con rapidez, obligándome a procesarlo todo, aunque una parte de mí quisiera simplemente negar lo evidente. Al menos cien con armas de fuego al frente, otros cien con escudos formando una muralla casi impenetrable y detrás, oh, tesoro. Cincuenta cañones, aproximadamente, perfectamente alineados, listos para disparar sin dudarlo un segundo, aquello no era una emboscada común, era una ejecución preparada con un nivel de detalle que resultaba hasta insultante, incluso sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
 
Aprovechando que me encontraba detrás del montón de basura, tesoro, y que una de las civiles comenzaba a hablar lo suficientemente alto como para desviar un poco la atención, decidí que ya era momento de dejar de jugar bonito. Cerré los ojos un instante, inhalé lo justo lo menos posible en este infierno de olor y dejé que mi cuerpo hiciera lo suyo. La transformación comenzó de nuevo, pero esta vez no fue inmediata ni elegante fue lenta, pesada, como si cada parte de mí tuviera que recordarse a sí misma cómo cambiar. Sentí mis piernas ceder primero, debilitándose hasta desaparecer mientras se fundían en una sola estructura que se alargaba hacia atrás, formando esa gran cola serpentina que se extendió entre los desechos con un leve arrastre. Las escamas comenzaron a brotar sobre mi piel, una a una, cubriendo mis piernas inexistentes, subiendo por mis caderas, abrazando mi torso con ese tono ocre que reflejaba la poca luz del lugar.
 
Mi cuerpo ganó altura, elevándome ligeramente por encima del nivel anterior, obligándome a encorvarme un poco para no delatar mi posición. Sentí el peso aumentar, la fuerza redistribuirse, la estabilidad cambiar por completo. Mis dedos se tensaron cuando los colmillos descendieron suavemente, ocultos pero listos, mientras mi lengua rozaba el aire cargado, ahora percibiendo mucho más que antes incluso entre ese hedor insoportable, mi cola se acomodó con cuidado, evitando hacer ruido innecesario.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 + 0 = 512
Energia: 522 - 18 = 504
Espiritu: 102 + 0 = 102


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