[Autonarrada T5][Presente absoluto] (+18) Una verdadera ciudad sin ley
#1
Día 4 de Otoño Año 17 

Empieza a ser tarde. El Sol comienza a caer por el horizonte, más allá de las montañas rocosas de la isla. He estado avanzando durante horas por caminos empinados y llenos de grava, flanqueando el oeste geográfico y adentrándome en la mandíbula izquierda de la medialuna que dibuja la tierra sobre el mar. Las nubes del cielo delatan una lluvia inminente, pero el agua no se atreve a caer. Si alzas la cabeza ves el gris del diluvio con destellos dorados que se intentan escapar para avisar de los últimos minutos del atardecer. El clima es suave y tropical, sin mucho calor y algo de fresco. Se está agradable a temperatura ambiente. La fauna acompaña durante el paseo. Pequeños insectos y aves exóticas que sobrevuelan mis alrededores llenos de curiosidad... Como alcance a un pájaro me lo como.
Hace unos días que no veo a Ubbe y viajo solo. Tenemos la mala costumbre de separarnos y hacer nuestras mierdas de forma independiente, aunque eso algún día nos jugará algún susto. Por suerte somos precavidos y siempre llevamos el Den Den Mushi a mano por si la cosa se complica, poder acudir al rescate del otro. Aunque eso de rescatar al otro es un poco de nenaza, ya me rescato yo mismo con un hachazo en el pecho de lo que se ponga en medio, ¡¡JARUL JUL JUL JUL!! Yggdrasil reposa con calma en mi hombro derecho, mientras la sostengo por el mango de forma cómoda. Siempre presente y a la vista de todo el mundo, como una advertencia rápida y visual de que no es buena idea cruzarse en su camino. Sus hijas todavía tienen sangre seca en sus hojas desgastadas. Me parece una falta de respeto limpiar sus victorias y afilar su filo, pues así desgarra mejor la carne de los enemigos. En el cinto que aguanta mi pantalón llevo orgullosos a Sköll y Hati, ambos martillos gemelos, aunque necesitan un apaño. Están algo quemados de la última pelea. Por si acaso, llevo también un par más de mazas hermanas, por el que dirán. Cuantas más armas mejor, eso seguro.
El paseo se hace aburrido hasta que encuentro un desvío artificial que me lleva por un camino distinto. Uno que conduce a la única zona urbana de todo el islote, un yermo semitropical que a duras penas se puede llamar ciudad y parece más un pueblo fronterizo lleno de forajidos. Mock Town me da la bienvenida de la única forma que sabe.
Atravieso el arco de madera roñosa que me da acceso no solo a la entrada, sino a la calle principal. Es ancha y grande, capaz de albergar a criaturas más inmensas que yo. El suelo está cubierto de laminas de madera, puestas una tras otra, al igual que un parquet de casa lujosa pero de barrio. Cada plancha tiene un desperfecto distinto, una astilla punzante, una que no encaja bien con las demás, otra que tiene un clavo oxidado sobresaliendo... Aún así, ya es un esfuerzo que no sea un camino de tierra más, eso hay que dárselo. Además, la gente de aquí parece pisar fuerte y con seguridad, no son mojigatos del desierto o maricas de los blues. Solo con verles, se les ven duros. Gente afeada, con cicatrices en cada parte visible del cuerpo, armas a medio desenfundar y ropas gastadas por el tiempo de todos los rincones del mar. Estos tienen pinta de disparar primero y preguntar después, al menos aquellos lo suficientemente sobrios para presentar pelea, ya que la mitad están desperdigados por las esquinas o por los bares. Locales levantados en roca y madera, con materiales naturales y de baja estatura, de no más de dos pisos. Todos en un estado de conservación cuestionable pero que le da ese toque furtivo al lugar. Me gusta. Es probablemente el lugar más piratesco que me he encontrado desde que inicié mi travesía por la Gran Line. Aunque eso no significa que sea bien recibido por ello...
En mitad de caminata, en una intersección entre calles, un hombre que no levantará más de dos metros del suelo se atreve a cruzarse en mi camino. Lo hace de forma plenamente consciente, levantándose de una banqueta antes de tiempo para alcanzarme a posterior. Lo acompañan un grupo tan diminuto y desdeñable como él, todos vestidos de fugitivos de la ley y con aires de creerse los más malotes del mundo. Me detengo en seco, mirándolo a varios metros de distancia. No ya por la separación, sino por la altura. Mi rostro es serio, inexpresivo. Como aquél que se cruza una vaca en mitad del campo, le da igual. El maleante, que no debe de tener mucho instinto de supervivencia me devuelve la mirada con desafío, tomándose demasiado en serio su papel de mafioso intocable.
-¿Acaso buscas problemas, grandullón?-
Su voz es estridente y desagradable, aunque lo intenta disimular forzando la voz, al igual que los críos adolescentes que se hacen los machos frente a las mujeres. Se le ve muy seguro de si mismo, como si algo que sois incapaz de ver lo respaldara y defendiera de alguna forma. ¿Y si es usuario de algún poder especial? Capaz tiene algo entretenido que mostrarme. Sonrío vigorosamente mientras doy un pequeño paso al frente y me inclino sobre ellos levemente. Ya es de noche prácticamente, pero mi sombra se extiende por encima de ellos bajo la luz de los farolillos y la atenta mirada de los curiosos. Y completamente feliz, aunque con un aura vigorosa, respondo de forma despreocupada. -Oh, pues de hecho, sí... ¡Los estoy buscando!- Las caras de los piratas se desfiguran por completo en muecas de terror e incomprensión. Alguno, incluso, se cae de culo al suelo por el miedo. El insensato que me ha amenazado intenta reaccionar torpemente buscando su pipa guardada en el cinto de la cadera, aunque su movimiento es tosco y lento. No sé si reírme de él o llorar de la decepción. Le dejo confiar en su juego de manos y que alcance el arma, para cuando está por levantarla y apuntarme, descargar a Yggdrasil en un movimiento básico y descendente contra su muñeca. El arma cae con pesadez y cercena sin dificultad la mano del pistolero, que cae junto al hacha. El golpe es tan tenaz que el filo se clavan en la madera del suelo y se incrusta, manteniéndose firmo al soltar el mango.
El público se queda mudo por unos segundos, mientras son conscientes de lo que acaba de suceder. Al mismo tiempo, el hombro grita desesperado mientras sostiene su herida chorreando con la mano que le queda, incrédulo pero agonizante. Cae de rodillas al suelo, incapaz de soportar el dolor. No le importa la humillación de inclinarse, solo es consciente del río de sangre que está dejando a sus pies y de los dedos de la extremidad perdida, que todavía sostienen el gatillo del arma con fuerza. Es entonces cuando extiendo mi mano y sin mucho esfuerzo lo engancho por la cabeza, como si fuera un balón, y lo levanto del suelo varios metros hasta dejarlo a la altura de mi pecho. Mi mano recubre su cara y los dedos se extienden por su cabeza. La presión que ejerzo es terrible, impidiendo que se libere y que su cráneo empiece a crujir. Solo se escucha el lamento mudo que intenta escapar de mi mano tapándole la boca. -¿Esto es todo lo que tienes para ofrecer?- le digo casi apenado, mirándolo con la ceja arqueada y cara de desilusión.
-Espera amigo, porfavor...- salta uno de los hombrecillos que le acompañan. Uno chaparro, pero con diferencia el más valiente de todos. Va con los brazos en alto, desarmado y con la firme intención de convencerme. -El tipo este, aunque un poco idiota...- traga saliva. Parece que también le da miedo. Incomprensible. -Acaba de formar parte de la banda pirata Daten Shi. Es un soldado raso de poca monta, pero como lleva su bandera, puedes buscarte problemas muy serios...- palabras equivocadas con el tipo equivocado. Puede que eso hubiera hecho reflexionar a cualquiera, pero a mí solo me ha encendido la curiosidad. Además, estoy cansado de que no me reconozcan. De no salir en periódicos o de que no me tengan miedo al llegar.
En un gesto fulminante, aprieto lo suficiente para que mi mano se cierre por completo, estallando el cráneo del tipo. Los sesos y pedazos se desperdigan como si una bomba hubiera explotado desde el interior. El cuerpo decapitado y manco, se despolma a mis pies, asombrando a todo el mundo y dejándolos en un silencio perpetuo. Mi rostro está ensombrecido de frustración, y con una ira incontestable, grito al cielo. -¡¡Yo soy el Carnicero de Whisky Peak!! ¡¡Yo soy el Caníbal de Drum!! ¡¡Yo soy el puto terror de la Gran Line!!- mi VOZ resuena en cada esquina y hace temblar cimientos y vidrios. Es un rugido de guerra impertérrito, un reclamo de atención para los más fuertes. -¡¡¡SOY SIGURD HAAKON, ORGULLOSO BUCANERO!!! ¡¡Ahora ve corriendo a por ese capitán o a por quién te dé la gana. Pienso matarlo al igual que al resto que se ha cruzado en mi camino!!-
Arranco el hacha del suelo con un gesto furtivo de muñeca, la alzo al aire en un movimiento pendular y la dejo reposando de donde siempre, en el hombro, solo que ahora gotea sangre fresca. Restriego mi mano cubierta de restos de los órganos del otro sobre el pantalón, con cara de asco, y avanzo como si nada hubiera pasado, dejando atrás aquel merdero en cuestión de segundos. Es tarde, me apetece comer algo y follar. Pero sobretodo emborracharme.
Pasan unas horas y la noche ha caído por completo sobre Mock Town. Si antes había poca gente, ahora hay menos, y los que se dejan ver tienen peor pinta todavía. Traficantes en callejones oscuros, gente de compañía en las esquinas, todos los locales de entretenimiento abiertos... No sé quién será ese tal Datenchi, pero parece que lleva el lugar bastante bien, lo tiene todo muy bien montado. A mí gusto.
Me paseo poco a poco entre las fachadas de los garitos, inspeccionando que hay dentro y en cual me gustaría pasar la noche. Entre todas las cosas que este horario me puede ofrecer, tengo claro cuáles me apetecen más y cuáles menos, pero también me gusta que haya ambiente y sobretodo que no me saquen un riñón por querer divertirme. Y es entonces cuando lo veo, el establecimiento de mis sueños... Desde fuera, una especie de taberna acristalada para ver sus interiores, y dentro un conjunto de mesas con todo tipo de vicios y privilegios rodeando un cuadrilátero elevado con tipos peleando en él. En la entrada, un enorme cartel luminoso que explica:
"Participa en la pelea y llévate una cerveza gratis"
"Gana la pelea y llévate un menú completo"
Cojonudo, justo lo que necesito. Pelear, comer y beber... ¡¡GRATIS!! Me cago en la puta, es una fantasía hecha realidad. Solo por ganar, puedo comer lo que quiera. Imagínate lo que me pueden dar si mato a mi adversario. Capaz me dan una casa y todo, o un barco nuevo, o un montón de berrys. No lo dudo más y entro a participar en el desafío.
Cuando pongo el pié dentro y me muevo entre las mesas, no dejo indiferente a nadie. Están los que me miran con asombro por mi considerable tamaño, los que se les nota el temor en la mirada y aquellos que me encuentran como un rival a la altura. Estos últimos son mis favoritos con amplia diferencia. Por el momento los ignoro, aunque es imposible disimular una sonrisa ansiosa en el rostro, porque la emoción de la violencia es más fuerte que yo. Cruzo ágil hasta encontrar algún trabajador, al que le pido amablemente para apuntarme al reto que anuncian en la entrada. El tipo se alegra al verme tan decidido y me acompaña a una sala oculta apartada del escenario principal. Me comenta que el combate ha de ser sin armas, a puño limpio. Y que no puedo usar las ropas que llevo ahora mismo, sino que todos aquellos que se enfrentan en el ring, han de llevar las "vestimentas ceremoniales de la lucha". No le pongo ninguna pega y me desvisto ahí mismo. El nuevo equipamiento es de lo más cómodo, con un pantaloncillo amplio de caderas y que deja respirar a los muslos, con un grabado que no soy capaz de descifrar. Luego un conjunto de cuerdas ajustadas a modo de adorno, que presionan los músculos y los bombea para que se note más grandes. Torso descubierto, como a mí me gusta. El pelo recogido para que no me moleste a la hora de soltar leñazos y una cinta en la frente como un puto maestro de las artes marciales. Todo en rojo, como me gusta. Así sí, estoy listo para zurrarme con quien sea.
Outfit ---- Sigurd de Jaya

Al rato de cambiarme, escucho que me llaman por megáfono. Anuncian mi nombre con bombo y platillo, y salgo de salita para acceder al escenario principal como un rey. Altanero, orgulloso y con un ego desmedido. Con cada paso que doy hacia el cuadrilátero me siento más poderoso, me crezco cada vez más y más. Atravieso la fila de mesas y subo la pequeña escalera metálica hasta alcanzar mi esquina. En la opuesta, un tipo tan desarrollado como yo, con una envergadura similar y un tamaño envidiable. Me emociona por un segundo la idea de enfrentar a golpes a otro de los míos, pero me desilusiono rápido al ver una enorme cicatriz en su frente de cuernos arrancados. Un Gran Oni, nada de uno de la tribu más fuerte del mundo... Solo un segundos. No hay tiempo para pensar en estrategias y análisis, pues una voz suena por megafonía desde todos los rincones del local:
-Damas y caballeros, con ambos peleadores presentados, seamos testigos del combate de pesos pesados de la noche... ¡¡Que gane el mejor!!-
La voz es cortada y el gong da inicio a la pelea. Alzo los brazos en alto para buscar la guardia, al igual que mi compañero sureño, pero cuando trato de dar el paso para acercarme, el tipo ya me ha alcanzado. A pesar de su tamaño, es increíblemente veloz. Su agilidad supera por completo mi capacidad de reaccionar y en un intento fútil de bloqueo, me como el primer recto en el estómago. El golpe es suave, pero se nota la pesadez de sus nudillos. Lanzo rápido un contraataque, que es evadido con facilidad y responde con un gancho directo al mentón. Es rápido, demasiado. Me lanzo frustrado a intentar agarrarlo con un abrazo lento y pesado, aún así logra zafarse como una sanguijuela escurridiza. Y en el proceso de largarse, me conecta un par de directos y cruzados más.
Confundido, doy un par de pasos atrás, retrocediendo. Veo difuminada su sonrisa burlona, en mitad de una lluvia de golpes que no soy capaz de contener. Siento como el labio me sangra junto a la nariz, formando dos ríos que se mezclan hasta caer por la barbilla. El público ya no me aplaude, al contrario, me abuchea. En mi pecho siento una quemazón extraña. La presión de estar fallando de forma estrepitosa y de que están riendo de mi. Y eso no lo pienso tolerar. Nadie ni nada se ríe de Sigurd y sigue con vida. Con brutalidad, lanzo un volado de derecha que le obliga a pivotar hacia atrás. Su mofa sigue, pero me ha dado una pequeña apertura. El golpe no frena en él, no se recoge. Sigue su trayectoria curva hasta descender en un puñetazo contra el suelo. El escenario tiembla con una brusquedad insólita. He aplicado toda mi fuerza en el impacto , sabiendo que este iba a caer como un martillo de sentencia. Los pies del artista marcial tiemblan y se descompensa rápido, tropezando levemente hasta inchar la rodilla en el suelo para mantenerse estable. Es ahí cuando le doy alcance. Derribado, me impongo sobre el como un augurio de muerte, atrapando su rostro con furia buccaner. No como al hombrecillo de hace horas, pues era pequeño. A este lo agarro con la mano por la mandíbula, introduciendo mis manos por su boca e impidiendo que la cierre.
-¡¡AHORA SERÁS TESTIGO DEL HEREDERO DE LA VERDADERA FUERZA!!-
Sus ojos me miran una última vez. Están llenos de súplicas y clemencia. Ignorante hijo de puta. Esa es la última mirada que vas a echar en tu vida. Frente a un público que hasta hacía unos segundos no hacía más que abuchear, ejerzo toda mi fuerza en palancas opuestas, separando la carne de la criatura en dos mitades asimétricas. El precio final de combatir contra mí. A estas alturas, uno debe de estar dispuesto a morir si pretende ganar. Y la clemencia no tiene espacio aquí. Sus mitades se desploman una frente a la otra, en una lluvia de sangre jamás vista antes. Una prueba feaciente de la grandeza del poder que me ha sido otrogado... Y de lo destructivo que puedo llegar a ser si se tocan las teclas equivocadas.
La herencia del samurái en manos vikingas

La gente queda muda ante el espectáculo grotesco, incapaz de asimilar lo sucedido. No saben si han de aplaudir o de escapar para pedir ayuda. Les facilito la tarea cuando alzo los brazos victorioso y reclamo la gloria con un rugido de batalla y el cuerpo lleno de sangre, órganos y cicatrices. El público se anima tímidamente hasta entrar en una ovación forzada vitoreando mi nombre. Con el tiempo, se acostumbraban a mí violencia, pues he encontrado un lugar capaz de alimentarme mientras siga aquí. No tengo pensado quedarme mucho tiempo, pero este lugar puede competir por ser uno de los mejores del mundo.

Continuará...

Off
#2
✓
Aventura T5 Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 10

— Reputación: 25

— Berries: 20.000

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


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