Un posible último adiós [Fic][Pasado]
#1

La luz de la lámpara asomaba bajo la puerta, tenue, pero perfectamente visible en la oscuridad.

―¿Se puede?
―Sabes que tú siempre puedes.

Una tenue sonrisa asoma en mis labios antes de empujar la puerta para entrar. Cuando lo hago, lo veo sosteniendo un libro con esas características gafas que siempre usa para leer. Enseguida, sus iris dorados quedan iluminado por la suave llama al volverse hacia mí.

―He notado que no podías dormir, así que te he traído un té ―anuncio al tiempo que avanzo los pasos que nos separan y dejo la bandeja en su escritorio, entre los dos.
―Sí, te he escuchado en la cocina ―comenta Ritsu mientras guarda su libro en la estantería que tiene detrás―. Conociéndote, no habrás dejado ni una cebolla sin cocinar.

El suspiro de una carcajada escapa ligero de mis labios mientras me siento en el sillón que hay cerca del escritorio.

―Bueno, yo parto mañana con mi tripulación, y tú irás pronto a ver a Sandy y Georgy. No podemos dejar que se estropee la comida hasta que vuelvas.

«Hasta que vuelvas». Mis propias palabras me pesaron. ¿Yo volvería?

―¿Qué tal es tu tripulación?

La sonrisa se me amplía y subo los pies al asiento para poder abrazarme las rodillas.

―Mucho mejor de lo que esperaba. Creo que podré hacerme amiga de todos.
―¿Ya los conocías de antes? ―Asiento con un brillo travieso en la mirada.
―De la única de la que no sé nada es Choi, pero parece simpática. Con Kael coincidí un par de veces en el pasado. No sé mucho de él, pero una vez me ayudó con el sargento Mayson. Y… también está Dimitri.

Al ver que no continué hablando, quedó un par de segundos confundido.

―¿Dimitri?
―¿Recuerdas al chico que nos ayudó con todo lo que pasó con Sandy?

Su sorpresa fue tan grande que me fue imposible evitar reír. Después de todo, ¡ella había puesto ese nombre a su hijo por él!

―¿Dimitri St. George? ¿ESE Dimitri?
―¡Síii! ¡Se ha hecho marine! ¡Y está en mi tripulación!
―Fíjate, quién lo iba a decir, ese muchacho… Y habéis vuelto a coincidir. Casi parece el destino.
―¿Verdad que sí? ―inquiero felizmente, con la cola aún golpeando la zona baja del asiento por la emoción―. Aún no he podido volver hablar con él a solas, pero yo creo que a lo mejor se hizo marine para ayudar a personas como Sandy. ¡¿No es supervaliente y superguay?! ¡Le va a encantar cuando se lo cuentes!

Una carcajada se le escapó por la nariz.

―Supongo que sí. ―Admitió antes de volver a mirarme con calma pero en un gesto progresivamente más serio―. Me alegra que parezcan ser buenas personas, Nyra… Espero que sí podáis ser amigos, porque la convivencia os lo puede permitir, pero recuerda que sois parte de la Marina. Las leyes son las que son; no reveles fácilmente tus intenciones o podrían informar a vuestros superiores y considerarte una…
―También está Shin ―lo interrumpí, sabiendo ya lo que me iba a decir―. Quiere acabar con la esclavitud desde dentro, igual que yo.

Sus ojos se abrieron un poco más. Durante varios segundos, sus pupilas siguieron analizándome, pero mis aguamarinas devolvieron un brillo de tranquila seguridad.

―¿Quién fue el primero en decírselo al otro?
―Fue él. ¡No tuvo el menor miedo en decir que quería salvar a los cientos de miles de esclavos alrededor del mundo! ―exclamé abriendo mucho los brazos, como si pudiera abarcarlos a todos con ellos―. ¡Y delante de Glinda, nada menos!
―… ¿La señora que confecciona trajes para la Marina?
―¡Sí, ella! ―respondí alegremente, nuevamente emocionada.
―… ¿Y a ti se te ocurrió decir delante de ella que estabas de acuerdo con él?

El movimiento de mi cola se detuvo y mis orejas se volvieron gachas mientras sonreía con nerviosa timidez.

―… ¿Sí…?

Ya sabía que iba a quitarse las gafas y pinzarse el puente de la nariz antes de que lo hiciera.

―Por Dios, Nyra… Tienes suerte de que esa mujer seguramente no vaya a tomaros en serio a ninguno de los dos. ―Enlazó las manos sobre su regazo y cruzó las piernas, mirándome con absoluta seriedad―. No vuelvas a actuar de una forma tan imprudente sólo porque otro lo hace. Si se busca problemas por bocazas es asunto suyo, pero si os atrapan a los dos, ninguno lo va a poder cumplir. Además, si no fuera porque lo dijo delante de ella, bien podría haber sido algún tipo de trampa para saber cómo de leal eres a la Marina.
―Lo sé…

Mi mirada permaneció un rato sobre mis rodillas, abrazándome con fuerza las piernas, hasta que el suspiro de Ritsu rompió el silencio.

―Toma.

Mis aguamarinas se alzaron y dieron con un cuaderno de tela azul con adornos blancos.

―Sé que tienes memoria de sobra… pero he escrito aquí las enseñanzas que te he dado a lo largo de los años. Seguramente me falte alguna, pero espero que leerlas te ayude a pensar con calma cuando te superen tus emociones.
―Gracias...

Mis manos lo tomaron con cariño y pasé algunas páginas. Sobre el impoluto blanco, su pulcrísima caligrafía destacaba en tinta azul. Entonces, mis dedos me llevaron hasta la primera página.


«Querida Nyra:

Espero que estas palabras puedan ayudarte a encontrar tu camino cuando te sientas perdida, pero sé siempre fiel a tu criterio y convicciones.

Conserva la amabilidad de tu madre y la integridad de tu padre. Ambos estarían muy orgullosos de ti. Yo ya lo estoy.

Recuerda siempre quién eres y por qué haces lo que haces.

Tu maestro,
Ritsu Watanabe».


Las lágrimas ya se escapaban por la comisura de mis ojos mucho antes de terminar de leer, pero con las últimas palabras no pude sino levantarme casi de un salto y sentarme sobre sus rodillas para poder abrazarme a su cuello, igual que cuando era una niña.

―¡Nyra, Nyra! ―intentó apartarme, pero no lo dejé―.¡Nyra Kuroshiro!
―Ritsu, ¡te quiero muchísmo, te voy a echar muchísimo de menos y no quiero que te pase nada malo y te voy a echar muchísimo de menos y voy a hacer lo que pueda para ayudar a todos y voy a intentar volver lo antes posible para poder verte otra vez y ver lo mucho que ha crecido Georgy y ver cómo está Sandy y así poder dejar de seguir echándote de menos!
―Nyra, ¿te parece esta forma de tratar a tu maestro? ―se quejó, aunque se rindió casi al principio y ya hacía unos segundos que había apoyado una de sus manos sobre mi cabeza.
―¡Me da igual!

Una carcajada mal disimulada se notó en su pecho antes de que empezara a acariciarme el cabello. Creo que yo era una niña la última vez que había tenido aquel gesto.

―Pues si tanto vas a echarme de menos, entonces haz exactamente eso: esfuérzate para poder volver lo antes posible.

Su voz se quebró por un momento. Sabía tan bien como yo que la supervivencia, y mucho menos el retorno, no siempre era posible cuando uno partía al Grand Line. Sobre todo, cuando mis objetivos eran hasta cierto punto dispares de los de la Marina y los intereses de tantos poderosos.

―Sí ―dije sin embargo.

Ahora mismo solo quería pensar en volver.
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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