Sueños Blancos | Pasado | Cill Blinton
#1
Día 42 de Verano, Año 17 / 11:50 pm
Corriente Akai, Isla Sabakun
Dunas de Shura (Zona Central) 



No hace mucho que llegamos a las Dunas de Shura y aún recuerdo el viaje en ferry como una experiencia aterradora y caótica, del haber ascendido en aquella montaña de agua para instantes después sentir el brusco descenso que nos arrastró hacia una corriente más lejos de los Blues. Esa noche permanece grabada en mi corazón, pues a pesar de tan mal pronóstico y de la hostilidad del mar embravecido, alcanzamos llegar a la primera isla que se nos presentó, la Isla Sabakun.

Al bajar de aquel navío casi desplomándose en el banco de arena, como si hubiese resistido todo este tiempo para traernos a salvo, lo supe, sobrevivimos al mal tiempo, al terror de casi perdernos en la nada, de naufragar en un destino trágico. Llegar a tierra firme solo fue el resultado de las plegarias de cada uno de los que estaban a bordo. Nos reunimos una vez más, casi en silencio, como si cada uno aún estuviera regresando poco a poco de ese viaje, pero no permanecimos juntos por mucho tiempo, cada quien, aferrado a sus propios pensamientos y creencias, tomaron el camino que creyeron más seguro, o quizás el menos incierto. La mayoría de los pasajeros terminamos coincidiendo en un mismo punto, un pasaje central que parecía ser el corazón de la isla, y allí, entre miradas curiosas y pasos cautelosos, encontramos pequeños negocios y humildes viviendas, no eran muchos, y los recursos claramente escaseaban, pero aun así, había vida ahí. Y de alguna forma, ese lugar, con todo lo poco que tenía, ofrecía justo lo necesario para quienes como nosotros llegaban sin nada más que el peso del viaje y la esperanza de empezar de nuevo.

Nuestra tripulación que en este momento es llamado como los Smokey Pirates, éramos precisamente tres almas compartiendo un mismo camino, cada uno con oficios diferentes, un navegante que era nuestro capitán, un Lunarian con conocimientos médicos, y una artista que encontraba en la música un mundo perfecto. Y aun así, la fortuna nos permitió encontrar un techo bajo el cual resguardarnos, encontramos una posada para ser precisos. En aquella zona desértica no era más que una estructura humilde con cimientos de roca blanca desgastada por el tiempo, paredes sencillas que resisten el calor implacable, y en sus techos de barro las coronaban con palmas secas, era un refugio común en lugares olvidados por la civilización, pero para nosotros, en ese momento se sintió como un verdadero hogar, hasta que tuviésemos que tomar camino y seguir navegando.

Han pasado tres días desde que nos establecimos pero siento como si aún siguiera atrapada en aquella misma sala, como si nunca hubiera despertado realmente de ese sueño de la muerte. Recuerdo abrir los ojos en aquella habitación casi sumida en la oscuridad, y encontrarlos a ellos, al Wotan azul, Kazan, a la Marine Nyra y la Gyojin medula, Melly. Mi sueños me remontan a ese momento que en mi cuello sostuve la prueba de que realmente existe ese mundo donde te arrebatan la libertad y juegan a ponerte precio, donde no existe tu nombre y solo te identifican con números como si fueras un ganado. Recuerdo ese sonido constante golpeando en mis oídos, como si en cualquier momento fuera a estallar. Sueño con ese frío que no se va de mi cuerpo y me arranca los alientos, aquella sensación caladas en mi huesos. Sueño con las palabras de Arnold, su voz jocosa y llenas de falsedad, invitándonos a poner fin a nuestra propia miseria destruyéndonos entre nosotros. Simplemente viene a mi cabeza el instante en que disparó las flechas en su contra con tal de protegernos, de sobrevivir, y cuando parece que estamos alcanzando hacerle daño, llega esa explosión de humo blanco, congelado, logrando tumbarme en el suelo helado, y cuando cierro los ojos… todo vuelve a empezar.

Despierto de nuevo en esa habitación oscura.

La primera noche tuvimos una celebración por estar vivos, por estar aquí, por habernos encontrado finalmente, una celebración por los Smokey Pirate,por atrevernos a soñar en grande otra vez, incluso yo también estaba feliz… al menos en la superficie.Porque mientras todos reían, mientras la vida parecía darnos una segunda oportunidad de tomar un respiro, algo dentro de mí empezaba a quebrarse en silencio, pedazo a pedazo. No lo demostré, no lo dije, solo seguí sonriendo y fingí totalmente que estaba bien. No quería preocupar a mis compañeros… mucho menos a Cill.

El segundo día, aunque salimos a explorar los alrededores, mi mente no estaba realmente allí. Caminaba, pero no veía. Escuchaba, pero no procesaba. Era como si mi conciencia estuviera atrapada en otro lugar, perdida entre los recuerdos de aquel día y pensamientos que giraban sin descanso en una encrucijada constante: el bien, lo correcto… y todo lo que debí haber hecho de otra manera. Apenas probé bocado, la comida se quedaba frente a mí sin lograr alcanzar el hambre, y terminé pasando más tiempo en la habitación de la posada que fuera de ella, intenté tocar música, de usar a Amphitrite buscando en él algo que me devolviera a mí misma, pero incluso las notas se torcía en mi mente, arrastrándome de vuelta aquella situación donde tocar el violín era parte de ejercer la lucha por nuestras vidas. Cada intento de escape me regresaba al mismo punto. Me estaba ahogando.

El día de hoy tampoco quise salir de la habitación, ni tampoco quise probar bocado, ciertamente no tenía apetito ni deseo de nada, así que dejé que Cill y Alek tuvieran la oportunidad de ir a hacer sus hazañas de apuestas, o de ir a liarse con alguien que quisiera darles batalla, después de todo, ellos sí parecen haber disfrutado el haber peleado y salir victoriosos de sus batalla.

Salí a la terraza de la habitación y me senté en el umbral de la ventana, observando el cielo nocturno que aquella noche se extendía hermoso sobre las viviendas del desierto. Vestía un short holgado rosa, una camisa blanca de mangas, y sobre mis brazos un cárdigan de color beige que me daba abrigo, el desierto era demasiado frío durante las noches a pesar que durante el día era infernal. Mis pies cubiertos por dos calcetines de lana de color blanco.

Estando sola en la oscuridad de la habitación, y con un cielo que prometía ser mi compañero, comencé a tararear una melodía suave, amena, amorosa, una canción de cuna que mi padre solía cantarme en Baquella, mi antiguo hogar. Sin embargo, a pesar de cantar con todo el cariño del mundo, en mi corazón llevaba una espina que no dejaba de sangrar, una espina nacida de aquel día que nos arrastró por sendas de muerte y odio.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#2
La emoción del momento había pasado, los ánimos se habían calmado y lo que era euforia y alegría había podido dar paso a la introspección y pensar, pensar en todo lo vivido, lo acontecido, y cuanto se había pasado… El peligro en que se habían visto envuelto otros por seguir mis caprichos y deseos. Casi habían muerto personas que siquiera debían estar en aquel lugar, como Miyori… La apreciaba, y se lo que le había prometido, más aún comprendía que yo estaba tomando un camino que sería cada vez más peligroso, un mundo al que ella no pertenecía. Yo venía del barro, ella no… Y no podría perdonarme poner en peligro a la pelinaranja por seguirme a donde nunca hubiera ido por su propia decisión sin influencia mía de por medio… Los días me habían dado tiempo a reflexionar… Y a pesar de lo que sentía, o lo que quería, lo justo era comprender que ella no merecía quedar expuesta a todo lo que seguía por delante… Pensaba en Akira, lo fuerte que era, Runin, tremenda mujer, Landon… Y comprendía que los peligros de aquí en adelante solo creerían…

Me sentía en una encrucijada, mientras exhalaba el humo por la boca dejando que se esfume en el aire. Sabía cual era la decisión correcta, más era difícil tomarla, pero, no era justo que alguien puro y sin maldad, sin violencia, se viera arrastrada al camino que yo tenía trazado en mi mente, donde sabía que solo sería cada vez peor… ¿Me dolía dejarla atrás? Seguramente sí, pero podía vivir con ello más no me podía arriesgar a ver como haría si tenía que cargar con la culpa de si a ella le pasaba algo por seguirme en un camino que nada tenía que ver con el suyo…

Confiaba en su sueño, y que encontraría aquella melodía y música que le llenara sus ojos… Mi camino, se abría en otra dirección, una que ni yo sabía que me depararía el destino, pero sabía que no podía arriesgarla a sentir que tenía que acompañarme… La decisión estaba tomada, solo me faltaba tomar el coraje pertinente… Terminé el cigarro, alargando su vida como quien quiere evitar lo que sabe que estaba por hacer…

Fuí en búsqueda de la pelinaranja, estaba allí en esa terraza, me acerqué por detrás, y apoyé mi palma derecha sobre su cabeza, y al voltear ésta, la recibí con una sonrisa melancólica y una bolsa de cuero en mi mano izquierda, la cual extendí a ella.

—Esto es tuyo, Miyori— le dije sin dar vueltas al asunto. —Han pasado muchas cosas… Y he tomado una decisión que en algún momento entenderás…— le dije alejándome unos pasos. —Desde éste punto seguiré solo, a donde voy, no podrás acompañarme, ni quiero que lo hagas, se que te prometí algo… Pero, los peligros de ahora en adelante en los que me adentraré, no son lo que te prometí— le comenté con seriedad. —Y no voy a permitir que te pudras conmigo… Creo, que aquí nuestros caminos se separan— le dije con una pequeña risa nostálgica y una sonrisa melancólica observándola a sus ojos. —Espero tus sueños se cumplan, y no tengas que volver a pasar algo como lo que pasaste por seguir a alguien como yo, aunque confío que estarás bien…— finalicé, prendiendo un cigarro y soltando el humo por la nariz. —Supongo que hasta aquí llegamos… Espero no tengas que cruzarme de nuevo, porque no quisiera verte en situaciones peligrosas nuevamente… Aunque una vez Smokey… Siempre Smokey, no te voy a olvidar…— le dije con una sonrisa. No esperé respuesta, le había dejado su dinero, y no me gustaban las despedidas… Salté directo de aquella terraza, y emprendí mi camino, sin mirar atrás. Paso a paso. Dejando en aquella terraza una parte de mí también.
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