[P.R] Back to our Countract | [Priv. Kiyoshi]
#1
Día 60 Otoño.
Año 17.
9:32pm. Algún lugar de la Isla Jaya.

En cuanto al fin el Jagd Hund terminó el viaje, antes de cualquier cosa, sin siquiera consultarlo con nadie, tampoco es que le hiciera falta, hizo ademán de hacer su “tour” por la nueva isla. El motivo era sencillo, ahora tenía otros asuntos que atender fuera del Goldreich, algo que no incumbía a nadie que perteneciera a ese barco. Habían pasado demasiado tiempo con el calor agobiante de Arabasta y encontrarse en un lugar nuevo había resultado cuanto menos refrescante, algo que él mismo agradeció en silencio. Quién sabe cómo se encontraría la persona que había compartido su intimidad en su camerino. Tampoco es que tuviera que hablarle a nadie de cada mínima cosa que hacía. No era Raigo tampoco.

El Den-Den Mushi, sin embargo, sí fue utilizado por el yakuza. Sus ojos exploraron el objeto, ahora más lejos del barco, con la información que había estado esperando hasta su llegada. No es que hubieran tantos contactos en Jaya como podía presumir en los blues, eso era otro asunto. Aprovecharía su estadía para conseguir a algunos que pudiera convencer. Tiempo tenía de sobra. No sabía qué tanto, pero suficiente. Si algo tenía que agradecer a Raigo, su “antiguo” jefe, era específicamente conseguir tener algún que otro contacto que pudiera investigar lo que hasta entonces había querido. Quedadas con personas sin rostro o, más bien, prefirió no ponérselos dado a l poco contacto que iban a tener, días en los que trataría de adaptarse a la isla, conocer mejor los lugares y, por supuesto, procurar evitar cometer el mismo error que, en su momento, cometió con aquella joven. Increíblemente, Elena pesaba sobre su consciencia más de lo que hubiera querido admitir. Todavía tan joven, con una larga vida por delante e involucrada en un asunto que no debió ser. El destino de los padres tampoco es que hubiera sido algo agradecido para ellos, algo que prefirió guardar como otros tantos secretos que poseía. 

Y allí estaba, una vez más, después de todos esos días sin cesar, yendo de arriba abajo, con pequeños y sutiles descansos que utilizaba para hablar con cierta persona, se encontraba con su Den-Den Mushi. Esta vez sí, dentro del barco, en su propio camerino, a puerta cerrada. Sabía que nadie lo escucharía, sabía que los tripulantes de ese barco en ese momento no se encontraban en el lugar. La llamada fue directamente hacia alguien que ya conocía de sobra. ¿Le respondería? La fortuna lo llevó a una respuesta positiva. No quiso hablar demasiado, una frase iba a ser suficiente para poner todo en un solo lugar y sentido. Su rostro se veía serio mientras el intérfono del caracol se encontraba entre sus labios, con el cigarrillo terminando de consumirse.

—Sé dónde está Brandon Lee.

Casualidad, o quizás no tanto, se encontraba en esa misma isla. Para ponerlo mejor, el propio Kiyoshi parecía también encontrarse en Jaya. El destino parecía haberse puesto de acuerdo para que ambos tuvieran la oportunidad de hacer lo que debían hacer. Lo citó en el lugar que el contrario prefiriera, o donde se sintiera más seguro. Con él, llevaría cosas que había preparado con antelación en forma de hojas de documentos, recopilaciones de movimientos, informaciones y avistamientos de dónde se encontraba el hombre que había mencionado.

Y allí estaba, ahora de camino, en un horario poco concurrido. No era aleatorio, buscaba un lugar lo más privado posible para los asuntos que fuera a atender con el médico. Por una vez, intentó terminarse el cigarrillo antes de encontrarse con el joven, esperando no tener que encender otro más adelante... Quién sabe, posiblemente sí, se esperaba estrés, mucho por delante. La temperatura no era una molestia, ahora en comparación parecía agradable. Estaba seguro de que el médico lo reconocería al instante una vez lo pudiera ver. Esperó pacientemente al momento del encuentro hasta que sus ojos pudieron alcanzar a verlo. Su altura no es que pasara por alto cuando era un humano.

—Me alegra verlo de nuevo, joven Maeda.

Allí ya no estaba en un barco, no estaba dentro de terreno enemigo, ni donde pudiera ser atacado, no hacía falta volver a llamarlo “señor” como entonces. Tampoco existía su sonrisa confiada, sino más bien la seriedad con la que se estaba tomando ese asunto. —Lo veo bastante mejor que la última vez. — Omitiendo, por supuesto, lo último que recordaba después de haberlo visto. Palpó la suavidad y la amabilidad, era lo mejor por el momento. —¿Cómo se encuentra el joven Focalor? — Esperó primero a encontrar un lugar al que acomodarse, lanzar la información sin ton ni son en medio de su encuentro, teniendo una carpeta en su brazo, dudaba que fuera lo más recomendable en ese momento.

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#2
Al final hay calma, al fin hay tranquilidad. La primera etapa en Jaya fue demasiado estresante, turbulenta, con exceso de presión en cuanto a responsabilidades. La grave enfermedad de Eros lo tomó con la guardia baja, pues fue muy repentina. Se asegura de que seguido se le apliquen chequeos médicos a los tres compañeros que tiene en el barco y, hasta ese momento, ninguno presentó síntomas de alguna enfermedad que pudiera derribarlo por tanto tiempo. Curiosamente, el único enfermo era Kiyoshi, quien sigue usando su inhalador cada 8 horas para el tratamiento paliativo del asma. Fuera de eso, está cada vez mejor. Afortunadamente, y tras una verdadera guerra que debió tener con un conocido y temido médico de la isla, se las arregló para conseguir el ingrediente necesario para preparar la medicina que le permitió despertar al capitán. Ahora, con él tomando nuevamente las riendas del grupo, Kiyoshi ha logrado relajarse. Incluso se tomó una semana de vacaciones, algo atípico en él, quien parece estar siempre motivado para trabajar.

Para cuando sucede la historia que ocurrirá a continuación, Kiyoshi se siente como nuevo. Su mente ha descansado, también su cuerpo. Batirse a duelo en aquella cantina le dio un impulso anímico y de confianza digno de mencionar, pues le hizo entender que, por muy difícil que sea el desafío que tiene por delante, está consiguiendo obtener la fuerza que escaseaba antiguamente en él para hacerle frente a viento y marea. No está viajando gracias a sus compañeros, sino que lo está haciendo junto a ellos. En un principio, cuando la travesía apenas empezó con la anterior tripulación de la cual formó parte, solo se vio como un médico que, a cambio de sus servicios, dependía de que el resto lo defienda en esta larga y peligrosa aventura. Sin embargo, muchas cosas han pasado, y él también se puede incluir en el grupo de los que han crecido y evolucionado, siendo una persona totalmente distinta a la que se puede recordar en el lejano South Blue.

Eso sí, por mucho que la historia se escriba hacia delante, imposible es olvidar el pasado. El objetivo de su vida no ha desaparecido de su mente, y la llamada por Den Den Mushi con mensaje específico lo deja más claro que nunca. Aquel tipo, a veces más o menos detestado, confiesa tener información clave para la investigación, una que se había dejado de lado, pero que seguía latente en la retina de sus protagonistas. — Voy. — Y cómo no. Está solo en este momento, pero si alguien pudiese verlo, notaría el radical cambio en su mirada, que pasó de verse relajada y calmada, a enseñar unos ojos llenos de vida, pero también odio.

¿Dónde está ese maldito?

Ya es de noche, y por mucho que uno creería que las calles estarían más vacías que durante la jornada diurna, la verdad es que esa regla no se cumple. Al ser una isla de piratas, durante la noche se ven conflictos, fiestas, encuentros, de todo un poco. Hay mucha vida nocturna, por esto, y para poder tener un poco de silencio —si es que es posible—, el encuentro entre pirata y banquero se realiza en la terraza de un bar. En este sitio no hay tanta luz, solo la justa y necesaria para no quedar ciego. Abajo, en la primera planta, los bebedores son bastante tranquilos. Generalmente esta cantina es usada por gente más pobre por la nula calidad de sus tragos, logrando que el lugar sea evitado por aquellos piratas más fuertes, pudientes y, por consiguiente, altaneros, que llaman la atención.

Tose dos veces, siendo esta la señal que le permite a Jin saber la llegada de Kiyoshi. Este se deja ver desde los cinco metros de distancia, vistiendo elegante como siempre, y llevando aquel peculiar rifle en la espalda, objeto que no puede faltarle a un tirador como él, el cual fue debidamente cargado antes de salir. Los pasos frenan todo su cuerpo cuando solo los separa un metro.

— Has tardado bastante en llegar hasta Jaya. Llegué a pensar que un tonto como tú habría muerto en Arabasta después de la última vez que nos vimos. — Cierto es que los Sepultura llevan ya varias semanas en esta isla, y nunca vio a Jin. Por consiguiente, infiere que ha llegado hace poco. Puede equivocarse, pero lo duda. — Es curioso que me preguntes por él, pues hay algo que debo preguntarte antes de que hablemos para lo que me llamaste. — Interiormente, le cuesta elegir qué tema es más relevante. El misterio de sus padres es su objetivo de vida, pero el otro es uno que no puede ignorar y dejar pasar así como así.

— Cuando peleaste con él, ¿usaste un tipo de veneno o algo así? La última vez te confirmé que te vería como un aliado, así que espero que me respondas con sinceridad. — Tose una vez más, pero ayudado por el cubrebocas que lleva puesto. — De lo contrario, deberé romper ese tratado. Eros estuvo enfermo, mucho, desde aquel día en que peleó contigo. — La mano zurda la tiene en el bolsillo correspondiente de su pantalón, pero la derecha se encuentra fuera y con amenaza de moverla, quizás para tomar el arma en su espalda. — Por supuesto que ya lo he tratado. Pero conocer el motivo de todo me ayudará a prepararme mejor para la próxima, así que responde, Onizuka Jin.
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Hablo | Pienso
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#3
El encuentro fue el esperado ya conociendo al médico frente a él. Elevó sus hombros, de forma despreocupada por el comentario y comenzó a caminar, por el momento, hasta una de las mesas más apartadas. Había decidido una zona privada, en la misma terraza del Bar, donde nadie pudiera escucharlos ni verlos, mucho menos llamar la atención. —Por desgracia no siempre puedo elegir cuándo podemos zarpar, y al dueño del barco le ha tomado algo de tiempo decidirse. Después de llegar también estuve ocupado, he atendido asuntos importantes que tenían que ver con lo que acordamos. — Al fin llegaron a la zona privada, sentándose, dejando lo que traía en el brazo a un lado cerca de él. Una pequeña carpeta.

La pregunta del Capitán de los Sepultura le hizo arquear una ceja, en un inicio confundido por buscar cuestiones con él respecto a alguien a quien probablemente no conocería tanto como el propio médico. Antes de hablar o contestarle, señaló con un cabeceo el asiento frente a él sin verse afectado.

—No sé de qué me hablas.

Ahora, sin embargo, la explicación le resultó cuanto menos, extraña. Arqueó el entrecejo incluso de forma más exagerada, claramente extrañado de lo que le estaba explicando el médico. —Repito, no sé de qué me estás hablando. A duras penas conseguí tocarlo, y no tengo venenos encima. Solo uso esto para pelear. — Extrajo la katana, con vaina incluída, para apoyarla a un lado de la mesa, y lo mismo con la otra katana. —El veneno ni es mi estilo, ni es algo que me guste usar en combate. — Quizás sedantes, u otras cosas, pero de eso se encargaba que fuera de forma más discreta, pero no durante un combate. —Ni siquiera se tomó el agua que le ofrecí. Sea lo que sea que le haya pasado a tu Capitán, te garantizo que no he tenido nada que ver. Tampoco tengo razones para mentirte cuando hay un trato de por medio.

Ahora sí, sin saber si su sinceridad le llegaría o volvería a decaer en la desconfianza, decidió usar sus dedos contra la carpeta que hasta entonces había estado a un lado, y la extendió por la mesa, empujándola de forma suave, hasta donde se encontraba el médico. —Mientras tanto, en estos días que llegué a la isla, conseguí algo de información para ti. Puedes mirarlo si así lo quieres.

El contenido de la carpeta, si lo abría, existía una foto de Brandon Lee. Un hombre de facciones similares al propio Jin, con excesiva confianza, sonrisa confiada, algunas canas y ojos dorados. No podía apreciarse demasiado la ropa, pero claramente usaba ropa cara, característica en las personas de clase alta. En la imagen claramente había sido captado sin ser visto. Por otro lado, un par de documentos con información de a dónde se encontraba el varón en ese momento, las implicaciones que había tenido... Si es que se disponía a leerlo todo, por supuesto. Esperaría el tiempo que necesitara, o quisiese antes de retomar la palabra para hablar.

—Como ve, joven Maeda, hice los deberes.

Cruzó de nuevo los brazos, en un aire más serio. Sintió la urgencia de volver a encender un cigarrillo, pero trató de controlarse, descruzando los brazos y sin apartar la mirada del joven. —No hace mucho que ha llegado ese hombre a la isla. Parece que es temporal, así que el tiempo que tenemos es limitado. Una semana, quizás dos si las cosas se le alargan. Está huyendo, y por ahora es quien más información nos puede dar de lo que pasó con tus padres.

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#4
Sinceramente, siempre lo supo. El hecho de preguntarle a Jin lo hizo únicamente con el propósito de sentir no ha olvidado ese suceso tan complejo. Nunca dará con la respuesta al malestar que complicó a Eros durante tantas semanas, y siempre supo que Jin no era el responsable, pero no hay pecado en preguntar, en sentir que no ha cerrado la carpeta de ese caso tan grave. — No te preocupes, te creo. Es solo que… — Mueve la cabeza hacia los costados en reiteradas oportunidades, buscando, de esa forma, apartar esos pensamientos de su cabeza para así centrarse en lo que hoy les compete. Desde hace mucho que no tiene información nueva sobre el caso de sus padres, por lo que echar a perder esta oportunidad es algo que no se puede permitir.

Un leve gesto de manos es el que hace para indicarle al contrario que puede guardar sus armas. Ya ambos están sentados, y el rifle de Kiyoshi ha sido puesto a su costado, con el cañón apoyado en el piso y la culata afirmándose en su hombro. No lo deja fuera de acción del todo porque, si algo le ha enseñado Jaya, es que no puedes bajar nunca la guardia. Nunca sabes qué codicioso y peligroso pirata te acecha. — Te creo. Continúa con lo que quieres decirme.

Frente a él se deposita una carpeta que no tarda en tomar, siempre con las manos enguantadas, procediendo a abrirla y observar las fotografías. Aparentemente, son del tal Brandon Lee. Su rostro le suena haberlo visto en esas reuniones que había en su casa hace muchos años, de las cuales él siempre era dejado de lado debido a su edad y como medida de protección. No olvidemos que siempre fue un niñito mimado y sobreprotegido, pero, aun así, la curiosidad de un infante siempre podía más y, en uno de esos momentos de ponerse escurridizo, lo observó desde la distancia.

— Ya veo, se encuentra en esta isla. — Jin no puede verlo debido a que la mascarilla oculta parte del rostro de Kiyoshi, pero este se muerde el labio inferior con fuerza, casi que llegando a sangrar, deteniéndose en el último momento para así no ensuciar la prenda que le protege de gérmenes. Lo que sí es visible es la fuerza con la que sus dedos aplastan la carpeta, casi llegando a rajarla. Kiyoshi siempre se ha caracterizado por ser un tipo relativamente tranquilo, pero aquí están tratando un tema bastante sensible para él. El Yakuza ya ha sido testigo en el pasado de cómo puede ponerse el médico cuando están involucrados en este caso que estuvo cerrado tantos años, y fue cuando ambos se conocieron que pudo abrirse la causa para iniciar una investigación que pudiese llevarlos a una respuesta, o, precisamente, llevar a Kiyoshi a conocer el verdadero motivo por el que sus progenitores se encontraron cara a cara con la muerte.

— Has hecho una investigación bastante completa. Aquí incluso se mencionan sitios en los que se le ha visto los últimos días. Estoy bastante conforme con tu trabajo, Onizuka Jin. — Suelta el material y lo empuja para que se deslice por la mesa y regrese a su dueño. Lo normal es que se lo quede él, pero está a punto de romper cada uno de los papeles solo de la cólera que comienza a sentir. En el pasado, siendo débil, muchas veces se dejó llevar. Pero ¿cómo será ahora que ha habido un notorio cambio en su fuerza? Por lo mismo es que, a pesar de no encontrarse 100% sereno, maquina un plan B. — ¿Y qué se supone que estamos esperando? Las noches son el momento adecuado para buscar y reunirse con gente. La oscuridad se presenta como tu mayor aliado. — ¿Una semana o dos? ¿Qué diablos dice el Yakuza? Por supuesto que no se tomará esto con calma. Kiyoshi quiere actuar ya.

Se coloca de pie y toma su rifle, apoyando el mismo en su hombro y manteniéndolo siempre sujeto con la mano zurda. — Levántate, tonto. No hay tiempo que perder. No siempre tengo mucha paciencia.

Alrededor de veinte minutos les toma llegar al primer sitio a buscar. Se trata de una posada que frecuentan viajeros y piratas con buen capital económico. De camino hacia acá, modificó la munición de su rifle, colocando una normal. El hecho de ir equipado con su menor potencia tiene un motivo, el cual es revelado a Jin antes de entrar al edificio. — Escúchame, Jin, debo pedirte un favor. Lo importante es sacarle información, pero si no logro controlarme e intento matarlo, haz lo que sea necesario para detenerme. — No le da tiempo a asimilar lo que le dice, pues ingresa sin complicaciones. En el interior se encuentra una recepción custodiada por un tipo de unos 50 años, bajito y delgado, con cara de asustado. Probablemente se trate del dueño, y seguramente sea el típico que se ve abusado por todos sus clientes el tratarse de tipos peligrosos.

— ¿Quiénes son ustedes? Por favor, señor, baje el arma. — Se lo dice a Kiyoshi, quien ya tiene bien sujeto su rifle, como si estuviese listo para dispararle al primero que se lo merezca. — No me molestes, tonto. — Es lo único que le responda y pasa de él, acercándose a la escalera que hay en el costado izquierdo del lugar. En la carpeta de Jin estaba indicada la tercera planta, habitación 20. No pierde tiempo y se dirige hacia la misma, llegando en cuestión de segundos. Ya plantado frente a la puerta, vuelve a recordarle al Yakuza. — Recuerda, mantente atento. Haz lo que tengas que hacer.

De una patada derriba la puerta e ingresa al cuarto, el cual resulta ser bastante amplio, con algunos muebles y una cama. Y aunque dentro hay un hombre, no se trata de Brandon Lee. Un varón y una dama, ambos desnudos, cubriéndose con una manta. Ella parece no entender qué sucede, él parece más pillo. Se le nota el enojo y el miedo en la cara, ambos sentimientos. — No está aquí. — Da un fuerte pisotón a modo de enojo. — ¿Este tipo es uno de sus hombres? ¿Lo has visto alguna vez, Jin? — Se posiciona a los pies de la cama y apunta con su rifle a la frente de aquel tipo, calvo por lo demás. Debido a la extensión del arma, siente el cañón rozando su piel. La mujer a su lado no puede más del temor, pero eso poco le importa a Kiyoshi. — ¿Dónde está Brandon Lee? Y será mejor que me respondas pronto, tonto, porque tengo muchas ganas de vaciar el cargador en tu sucia cara.

OFF ROL
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#5
Pudo percibirlo, la preocupación por la persona a la que ya no solo se trataba de su capitán. Quizás entre aquel hombre topo y él había una amistad o, quién sabe, quizás algo similar a lo que pasaba entre el rubio y él mismo. Cerró los ojos, negando tranquilamente con la cabeza. —¿Al menos está consciente? Os lo dije, a los dos, Eros no me desagrada, es un tipo directo, y bastante maduro. — Por las preguntas que habían caído sobre él, comprendió que desde ese día algo habría ocurrido. No supo describir el qué, solo sabía de ese “enfermo por mucho tiempo” y se le ocurrió algo. Era otoño, y no sabía bien cómo era la sensación de una fruta Zoan. —¿Y no has pensado que quizás fuera su parte animal hibernando? Tengo entendido que los animales hibernan, quizás sea un efecto así. — Sacando conclusiones de donde le daba la gana. Pero como bien dijo el médico, no era demasiado importante, si le creía, ya era suficiente por el momento.

Retoma las armas, no las desenvaina, solo las reacomoda de vuelta, las dos katanas, una en cada lado de la cintura al momento que ve al joven revisar todo lo que había hecho en el tiempo que desembarcó en Jaya. Asintió con la cabeza como respuesta a la confirmación del propio médico. No le hizo falta ser experto ni ver la expresión bajo la mascarilla, la forma de arrugar y casi rasgar el papel le dijo todo lo que necesitaba saber sobre las emociones de Kiyoshi. Se cruzó de brazos, con aire calmado y tranquilo. —Me ha tomado unos días intensos sin parar conseguir todo eso. 

Descruzó sus brazos, manteniendo la misma calma inicial pese a la furia del contrario, contenerse nunca era bueno, en ningún aspecto. Podía llevar a errores durante cualquier momento que pudiera ser vital.

—Kiyoshi... No olvides que no sabemos si es un responsable directo.

Por mucho que viera la impaciencia, alguien quien consideraba mucho más paciente que él... Si no fuera por el momento de Elena. Quizás eso lo hubiera hecho tomar una mayor furia, muy probablemente. Cerró los ojos, suspirando. Tomó la carpeta, no porque la necesitara, sino porque dejarla allí o cerca podría ser un error y desbaratar sus planes. En otro momento se encargaría de destruirlo si fuera necesario, solo si se encontraban con Brandon. Les esperaba un largo camino por delante. Se puso en pie, ahora sí, listo para el movimiento. Pretendía tener más planes que solo tener que ir a buscarlo a escopetazos, pero dudaba seriamente que ese hombre se paseara sin protección alguna.


[***]

En su caso guiaba al joven hasta los lugares, al menos uno donde podría resultar ese día, a esa hora, o tal vez más tarde, a menos que hubiera o existiera un imprevisto. La petición de Kiyoshi fue imprevisible, pero, por otro lado, en parte esperable. Después del último episodio y pese a ser ahora un pirata, dudaba que quisiera matar sin compasión y sin una razón plausible. Solo siguió el camino, con calma, al momento de llegar al exterior del lugar. Por fortuna podía pasar sin tener que dar demasiadas explicaciones, pronunciando que Kiyoshi sería su acompañante para no tener que alertar a nadie. —Si es necesario devolverle el favor para hacerle entrar en sus cabales y que se controle, lo haré. No se preocupe. — No deseaba llegar hasta ese punto, pero si era necesario, lo haría, quizás con satisfacción, o tal vez sin ella, tuvo que tener suturas por un par de días después de esa lluvia de golpes. Pero ese hombre ya se había adelantado, adiós a su plan inicial. Rodeó los ojos, esa impaciencia terminaría por matarlo.

Al momento de ver a Kiyoshi con el arma apuntando nada más al primero que se encuentra lo hace suspirar, con su diestra sobre la empuñadura, apoyando su propia muñeca para no revelar al menos por ahora intenciones demasiado hostiles. Solo observó, escuchando órdenes que ni siquiera necesitaba. —Sé lo que hago, el que no parece saber eres tú, estás yendo demasiado rápido.

Y de nuevo, la pierna golpeó una puerta que revelaba un escenario que él mismo ya vivía prácticamente a diario. Nada que lo espantara a esas alturas de la vida. La mujer comenzó a chillar al inicio, claramente no comprendiendo la situación, desesperada por cubrir su porpio cuerpo ante los dos que acababan de entrar y, al ver el arma en la frente de su acompañante, comenzó a sollozar, suplicando que la dejaran ir. El yakuza se mantuvo impasible, acercándose hasta estar al lado del hombre.

—Traidor...

Jin no se inmutó, pero supo qué ocurría. Volvió la mirada hacia el joven Kiyoshi. Los ojos azulados del varón brillaban en furia, un hombre con demasiada seguridad y ego en su cuerpo para siquiera plantearse su existencia adecuadamente. —Por supuesto que lo conozco. — admitió el yakuza de la cicatriz, sin desenvainar el arma. —Trabaja para Brandon.

—Se suponía que no tenías que hablar de él, maldito traidor.

—Igual que se suponía que no debisteis meteros con mi clan.

Su voz sonó calmada, ahora siendo él quien desenvainaba su katana de forma más lenta. —Favor por favor, lo llamamos. Te garantizo que si no quieres un agujero en tu cráneo, respondas a las preguntas del joven.

—Ni que un maldito crío tuviera que decirme qué hacer. — Esta vez los ojos volvieron directamente a Kiyoshi, con expresión asqueada. Su calvicie ahora más marcada al arrugar su frente y los ojos en una expresión molesta. —Si vas a vaciar ese cargador, no podrás sacar una mierda de mí y todo este show no te habrá valido de nada. — La sonrisa se ensanchó con confianza, sin temor alguno. —¿Qué? ¿Vienes a buscar a uno de mis clientes? Me importa poco y menos. Oblígame. Odio que me interrumpan en mitad de la diversión. 

Jin fue quien actuó en esta ocasión, elevando la katana y poniéndola boca abajo después del desenvaine, clavando la katana sobre la pierna del individuo, quien comenzó a gritar. —Créeme, este jovencito es capaz de vaciar el cargador.

—¡SOLO ES UN MALDITO NIÑO! ¿POR QUÉ HACES CASO A UN PUTO CRÍO?

—Porque me da la gana. — su voz, esta vez, pese a la sorprendente calma, provocó escalofríos en el hombre. —Y porque no me gusta que se juegue conmigo ni con Raigo. — Sin apartar la katana de la pierna del hombre, la retorció, haciendo que emitiera un grito de dolor de nuevo. —Tengo todo el tiempo del mundo, pero él no. Sé que querrás conservar tu vida, así que habla.

—¡N-No lo sé! ¡Maldita sea! ¡No sé dónde está Bran-...! — Volvió a retorcer la katana, dejando que gritara de nuevo de dolor. La mujer, presa del pánico, se encontraba ahora acurrucada y asustada a un lado de la pared, con ambas manos sobre la cabeza. —Miente. Joven, ¿qué tal te sabe dispararle en el hombro? — Ahora parecía más bien divertido mientras el individuo negaba con la cabeza.

—¡No se atreverá! ¡Es solo un niño!


Cajita de Tabaco
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