03-05-2026, 09:26 PM (Última modificación: 03-05-2026, 09:40 PM por Maki D. Zen'in.)
Año 16... o 17, da igual Maki no era esclava... a si... 16 había un calendario en la entrada.
La estación era una de sus favoritas donde las hojas caían por miles, creando una alfombra en el suelo.
El día?... mierda eso es mas complicado... 30?... si 33 había tocado mantenimiento de Rochallor hace poco.
Sentada en el bar bebía una de sus ultimas copas. La borrachera estaba ya en su punto más álgido, pero no le pegaba tan fuere, seguro en unas horas se le pasaba y a otra cosa mariposa… miraba desde hace mucho a un trio de jóvenes que parecían deleitarse con tonterías como apuestas de bar. Uno decía el típico apuesto que dejo un billete y nadie lo puede sacar sin levantar el vaso algo así… una estupidez claro. Deseaba algo más… contundente. Su tripulación estaba preparándose para irse a la siguiente isla, pero ella no quería. Quería quedarse en esta isla para cantar un poco, las estructuras de las casas y los grandes ranchos le fascinaban. Era seco, amaba el sol y el mar, por ello no deseaba cooperar para iniciar la salida de la isla.
—Que se pudra el puto Rackham yo me quedo en esta fabulosa isla donde hay duelos a disparos al atardecer… mierda… se me paso la hic!!... jejeje…. Hora de los duelos… chingada madre… hic…— El estado etílico una vez más le pasaba la cuenta, pero su sonrisa era completamente diferente a la cara de hija de puta de antes. Ahora ebria era social, amable y cariñosa… esperaba a los de su tripulación hermana, a las Death Hands, El doctor caramelo y a la niña atún… sus nombres? Que importaba.
Eran inútiles, les cito a las 5 de la tarde y ya siendo las 12 aun no llegaban. El bar tenia fama de abrir hasta las 4 de la mañana, pero ella no estaba dispuesta a esperarles tanto para ponerse al día con las noticias tras pasar esa horrenda escalada de montaña de mierda. Se giro en la silla de la barra y comenzó a inspeccionar a los asistentes… encapuchados en oscuridad, tenues luces y un aroma a caballo que no se soportaba. Le agradaba el lugar, no esas tonterías donde había que conservar la etiqueta ni nada parecido.
Nadie especial, aunque algunos de los asistentes eran verdaderos gigantes y había un chico fuerte pero pequeñito que hablaba de reclutar gente para una tripulación… o eso escuchaba con su agudo oído. Sentía que no había por que preocuparse. No es como si una partida de marines y cazadores le emboscarían claro. Maki deseaba ayudar a Merlot, estaba algo nerviosa por su recompensa y por los acontecimientos de la isla esa que se casi derrumbo. También necesitaban un barco para continuar con sus aventuras. No había rutas comerciales en esta parte como para usar el dinero para moverse así que solo les quedaba o robarse uno o… —Señorita… buenas noches… quisiera saber si…— Interrumpió sus pensamientos un tipo que tenia todo el aspecto de un pirata novato… pero Maki solo puso su dedo índice sobre los labios del joven… que parecía muy fuerte. —SHSHHHHHHHH… amigo… amigo… amigo…— deslizo su mano al hombro el joven y le hablo tan cerca que podría sin duda sentir el aroma a almendras de su perfume y el bourbon que bebía desde las 5 —No quiero que me hables basura… vete por donde volviste y no me ofrezcas unirme a tu cochina tripulación a menos que sea un hombre muy guapo… ahora… ALE!!! Largo…— Lo giro con su inmensa fuerza y lo empujo con su pie un poco, suavemente pero esto provoco que chocase con otro pirata que pasaba por ahí… sus miradas se cruzaron y los ojos de Maki se enardecieron… MIERDA… UNA PELEA!? SIIIIII
Pero no. ambos se disculparon y prosiguieron sus caminos desarmándose en disculpas. Los ojos de Maki se apagaron, se dio vuelta nuevamente a la barra y se hecho sobre ella para meditar todo lo que había pasado para llegar a este lugar, que canción cantaría?... le darían espacio para cantar aun borracha?
La luna llena…
Una corriente inversa…
Los gritos y el terror…
Varias caras…
La sangre en sus manos…
Los ojos de la mestiza se abrieron de golpe. La luz de la mañana la cegó por un momento. Las pesadillas mezcladas con los recuerdos iban disminuyendo, apenas dos días habían transcurridos desde aquella noche nefasta que acabo con cientos de personas y la hizo ser participe de un juego macabro orquestado por quien sabe qué organización sin escrúpulos. Se levanto con cuidado, recordando la habitación que ocupaba desde que arribaron a esa isla. Se había logrado reencontrar con sus nakamas, era lo único que importaba, en especial con Hyakinthos… su persona favorita del mundo.
Luego de estirarse, los grillos en su cabeza empezaron a despertar también, haciendo lo que mejor sabían hacer: gritar más alto que el dolor, chillar más fuerte que los recuerdos, anclarla al aquí y al ahora. Camino hasta el espejo de cuerpo completo, el reflejo que le devolvió era ella pero… ¿seguía sintiéndose como María Merlot? Ese viaje, aquella noche, algo trastoco en su interior, y aunque sus memorias sobre el evento eran confusas la sensación en su piel le decía que el mundo nunca dejaría la crueldad… y que ella siempre sería una hoja al viento en el vórtice de este, una muñeca más a merced del más fuerte, o de la compasión de alguien.
¡No!
Ya no
¿Verdad?
¡PLAS!
El sonido de su diestra impactar contra la propia mejilla retumbo por la habitación — ¡Basta! — se reprocho a sí misma, no podía permitirse caer en los brazos de la desesperanza ni el miedo. Había sobrevivido a los Piratas del Abismo, sobreviviría a cualquier cosa… ahora todo estaba bien, solo debía enterrar la cordura y dejar todo fluir, olvidar y disfrutar, sonreír y ser feliz con las pequeñas cosas que la vida le ofrecía — Estoy hecha un desastre… — comento viendo su reflejo mientras acariciaba la mejilla colorada: el cabello desordenado, la camisa ancha cayendo de sus hombros y mostrando las preciosas escamas de su herencia marina. La verdad, era una visión… de todo menos desastrosa.
Sin más se volteó, tomo el Den Den Mushi entre sus manos y llamo a su segunda persona favorita del mundo: Maki D. Zennin. Quedo con ella en verse en un bar a las afueras del pueblo, más cerca de la clandestinidad que de la sociedad de “bien” pero eso no lo sabía la semi sirena. Después de ello, bajo a desayunar con su tripulación, como siempre el buen pelirrosado estaba dormido. Fue por la tarde, cuando lo acompaño a “su desayuno” que le comento la cita con su hermana y lo invito a ir… ¿Por qué acepto? Todo un misterio misterioso.
Otoño 33 - Año 16.
Media Noche.
Hostal Random, Whisky Peak, Paradise.
El cielo despejado les brindaba la mas hermosa vista de las estrellas, en más de una ocasión los ojos ámbar de la mestiza se distraían con tal puesta en escena. No podía evitar pensar en las historias que Thrym le contaba sobre como navegaba siguiendo el rastro de aquellas linternas voladoras — ¿Crees que podamos tocar las estrellas, Algodón de Azúcar? — le pregunto en un susurro confidente al hombre que la acompañaba mientras ella alzaba la mano enguantada al firmamento intentando alcanzar lo inalcanzable.
Escucho su respuesta, el hermoso hombre de cabellera rosada le hablaba con una paciencia fraternal… él quien era el centro de su universo, la anclaba a la realidad de una manera dulce y armoniosa, aunque claro, ella lo idolatraba y podría estar pasando por alto banderas rojas que otros verían… pero ¿cambiara su opinión? Lo dudaba, estaba viva por él, y viviría para él.
¿Dónde estaban?
A las afueras del décimo sexto bar que visitaban esa noche, un nombre particular se alzaba sobre la puerta de la entrada: “Galeón de Espuelas”. Encontrarlo no fue difícil, si eran honestos, porque la mestiza solo tuvo que sonreírle con encanto a un hombre random y este los llevo sin perder tiempo al sitio en cuestión. Lo difícil fue enfocar la atención de María Merlot a las instrucciones que le había dado su hermana verde.
Bar…
Algún momento de la tarde…
O era finalizando la noche…
¿Siquiera era ese día?
Ya empezaba a dudarlo, porque luego de recorrer varios lugares no daban con la mujer y había dejado el Den Den Mushi en el hostal. Hyakinthos, aunque fuera un santo, parecía ir perdiendo la paciencia mientras murmuraba cosas para sus adentros. En un par de ocasiones, o mas bien en todas, la mestiza le sonreía apenada pero llena de determinación de que encontrarían el lugar donde verían a la Valquiria Besada por El Sol. En más de una oportunidad tuvo que volver a describírsela. ¿Cómo era posible que no la recordara?
Mas o menos de su altura.
Cabello negro verdoso.
Quemaduras por su cuerpo.
Plana de adelante. Comparada con ella.
Voluptuosa de atrás.
Mal carácter.
Con tendencia suicida.
Maki, su Unnie.
¿Quién podría olvidarla?
Al parecer Hyakinthos sí.
— Ummm creo que este sitio es el bueno… — comento dejando el tema de las estrellas para girarse y quedar de frente a las puertas del bar, con las manos en la espalda mientras se balanceada sobre sus pies — … parece un sitio donde estaría mi Unnie… comenzando por su aspecto de mala muerte, y huele a alcohol barato, y eso que va por allá es una… ¿rata? ¿O un conejo? ¡Que horrible lugar! — recito con una media sonrisa traviesa en sus labios — ¡Me encanta! — confirmo con alegría radiante juntando sus manos frente a la boca dándole una mirada de reojo al hombre — … sino es este, conseguiré un den den mushi y la llamaré… seguro le encantara — comento decidiendo entrar…
MUSIQUITA
Empujando las puertas bailarinas la hermosa mestiza ingreso al local. Un paso tras otro, cada movimiento un suave y fascinante vaivén como las olas del mar, que resaltaba su espectacular figura. Su cabello atado en un moño alto iba y venía con su bamboleo natural, y sus finos labios rosados mostraban una serena sonrisa. Solo cinco pasos dentro del local, fueron suficiente para llamar la atención de la mayoría…
Conversaciones…
Música…
Tragos…
… en trance momentáneo.
Varios suspiros…
Un silbido seguido de otro y otro y otro mas…
Le siguieron los piropos…
Y, por supuesto, no podían faltar las propuestas indecentes.
Misma reacción que en los bares anteriores, y misma reacción de la desorientada mestiza: sonreír y saludar — No, no, no, no, lo pensaré, no, no… ¿siquiera tienes edad para estar aquí? — le divertía la verdad, así que respondió a algunos piratas con simpatía.
— ¿Qué edad necesitas? La tendré por ti — comento el muchacho ella solo negó con la cabeza haciendo que su larga melena volviera a bailar antes de responderle pero con su buena vista encontró al objeto de su cruzada nocturna.
— ¡UNNIE! — la llamo, y aunque alzo la voz esta seguía sonando suave y aterciopelada, tan hipnotizante como las historias de las sirenas.
Sin pensarlo empezó a caminar hacia la peliverde, el camino sinuoso de los borrachos y maleantes, no fue fácil pero ella lograría su objetivo, o eso pensó cuando a mitad del recorrido hacia su hermana un tipo se le atravesó — ¿Te gustaría unirte una tripulación? — la propuesta llego envuelta en licor barato y tabaco asqueroso.
— No, gracias — dijo intentando pasar a su lado pero volvió a impedirle el paso el mastodonte ese.
— Respuesta incorrecta, primor. Solo hay dos opciones: tripulante o prisionera — la mirada lasciva la desnudo, pero la joven estaba mas pendiente de llegar a su hermana que del tipejo.
— Hmmp — musito la chica con picardía en sus ojos al escuchar al hombre. Esto ya había pasado antes, y nunca terminaba bien… no cuando su hermana estaba en un extremo, y al otro su adorado Algodón de Azúcar — … solo dos opciones… — se llevo la mano a la barbilla como si pensará el asunto con mucho cuidado, la verdad estaba contando gatitos, ya iba por el séptimo — No sé… — le respondió inclinándose hacia un lado, causando que el largo cabello cayera como una cascada en esa dirección, mientras buscaba una mirada directa con Maki — ¿UNNIE QUE ESCOJO: TRIPULANTE O PRISIONERA? — le consulto alzando la voz con un matiz divertido esperando la respuesta de la morena. Aunque no se olvidaba que Hyakinthos venia detrás de ella. ¿Qué respondería él?
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Resumen: María entiende mal las indicaciones de Maki (Sin orientación), por eso no encuentra el bar. Al entrar al lugar su belleza innata llama la atención de la mayoría de los npcs randoms (Belleza y Toque Divino). Como siempre le pasa saluda y responde con simpatía (Alegre, Extrovertida y Sintonía Natural) hasta que un tipo la intercepta para hacerla entrar a la tripulación, solo le da dos opciones así que le pregunta a Maki cual escoger.
Karmas usados en este post. Positivos: Belleza, Toque Divino, Alegre, Extrovertido, Sintonía Natural, Sentidos Aumentados (Vista). Negativos: Sin Orientación, Ignorante, Charlatana, Fanático (Hyakinthos).
ROPITA DE MM
¡Sorpresa! A diferencia de lo que ves en el avatar, María Merlot es de Cabellera Azul Celeste. Tiene escamas celestes en los hombros y la espalda. Su cabello es largo, le llega a los tobillos.
Alcohol para olvidar penas que su cerebro se encargaba de borrar por su cuenta.
Tipos con los que podía coquetear para pasar el rato solo por ser guapo.
Sí, la propuesta de Merlot le venía como anillo al dedo.
¿Por qué no aceptarla?
Le sonrío con gallardía, le dijo que la acompañaría hasta el fin del mundo si era necesario ¿Por qué no? Debía cuidar de que su mercancía de emergencia Merlot estuviera segura.
El problema es que, ahora empezaba a arrepentirse de haber aceptado.
¿Hace cuánto tiempo daban vueltas en círculos por las calles? Sus botas se desgastarían a ese paso, su perfume de menta se desvanecería y la esencia, de la misma planta, que cargaba consigo siempre, parecía estar disminuyendo su olor con cada inhalación desesperada que el pelirrosa le daba.
Al inicio fue paciente, respondió las preguntas de Merlot con la gracia y tranquilidad que lo caracterizaban, pero con el transcurrir del tiempo, menos fuerzas tenía para ocultar los refunfuños que salían de sus labios y el ceño fruncido que empezaba a notarse cada vez más y, lo peor de todo, se supone que hacían todo esto para ver a una mujer que él no podía recordar. ¿Quién era esa tal Mika? ¿Y desde cuando era hermana de la celestes cabellos? Creyó que ella solo tenía un hermano loco, no dos.
La única razón por la que no se había desesperado por completo, era porque en algún momento, ese hombre embobado que les servía de guía le había comentado que el licor de menta era una bebida disponible en varios establecimientos y él, como buen catador, por no decir adicto, de verdad deseaba probar aquel elixir que debía compararse con las bebidas de los dioses.
Entonces…cuando estaba a punto de soltar una insulto tan grosero que habría sonrojado a cualquier rudo marinero, la sirena se detuvo y, por consecuencia, él también.
Creyó que la situación mejoraría cuando la escuchó decir que ese era el sitio, pero… ¿Qué era ese lugar para citarlos a ellos dos? Ni siquiera las luces amarillentas y escasas de las lámparas de exterior fueron suficientes para disfrazar la expresión asqueada del pelirrosa al saber que tendría que entrar a un sitio tan…corriente.
Menos mal su olfato era terrible y, de paso, estaba amortiguado por el aroma a menta que venía inhalando durante todo el camino, porque si no, habría sentido el olor a estiércol de caballo y a orine de…mejor no saberlo.
—Sí…es…espantoso ¡Puaj! ¡Qué asco! ¿Qué sitio decente dejaría merodear ratas a su alrededor? —Ya se parecía a esas viejas y horrorosas tabernas en donde su antigua tripulación, varios años atrás, frecuentaban y, por consiguiente, él también se veía obligado a frecuentar. Creyó que más nunca tendría que pisar un lugar como ese, pero…parece que volver a la piratería tiene sus consecuencias. —Merlot, yo creo que deberíamos…ir…
No pudo terminar de hablar cuando notó a la mujer avanzando y entrando con confianza por aquel sitio que inspiraba cualquier cosa menos esa palabra. Soltó un suspiro pesado, se dio una palmada en la cara y no tuvo más remedio que seguirla.
Dentro las cosas no variaron demasiado, de hecho, empeoraron.
La música estridente, las conversaciones en voz alta, los borrachos pegándosele al cuerpo cuando tropezaban por no saber a donde iban y, sobre todo, esos silbidos y miradas a la mujer que lo acompañaba… ¿Qué se creían esos hombres? Ninguno de ellos tenía la belleza suficiente para respirar si quiera el aire que ella, mejor dicho…ellos, respiraban.
Tuvo que contenerse en varias ocasiones, apretar los puños y morderse con fuerza la piel del interior de su boca o si no…ya le habría estampado un puñetazo a más de uno…Chasqueó la lengua…ya estaba retrocediendo, como si solo entrar a ese lugar fuera suficiente para invocar al Hyak indecente, malhablado y problemático de hace 15 años, pero…es que esos tipos no colaboraban.
Menos mal que parecían haber encontrado a la mujer que buscaban…bueno, eso creía ¿Quién era Unnie? ¿No se llamaba Makarena? ¡Dios! Como lo confundían los nombres de las personas, pero no era el punto, si no que, sea como sea…ahora que la habían encontrado, podía proponer ir a un sitio más decente o…
Se detuvo en seco detrás de Merlot cuando un tipo les cerró el paso. Se dirigió a ella, a él lo ignoró por completo, pero…seguía ahí, como un guardián casi invisible y que, ahora, tenía muy poca paciencia.
El “no” de María lo tranquilizó, por una parte. Al menos la chica sabía poner límites, el problema es que sabía bien como funcionaban esos borrachos asquerosos y degenerados: No se rendiría ahí. Tanto su respuestas como esa mirada asquerosa se lo demostraron.
Respiró hondo y, entonces, escuchó la voz de Merlot levantándose por sobre las demás, haciendo una pregunta que no iba dirigida a él, pero que…sí, prefería tomarla como si fuera para él…Estaba harto.
—¡Hey! Ni tripulante ni prisionera, asqueroso animal de monte ¿O no escuchaste que ya rechazó tu oferta de unirse a tu grupo maloliente? ¡Ja! ¿Quién querría de todos modos? —Sorprendentemente para su físico, su voz era grave, así que no tuvo que hacer mucho esfuerzo para que el hombre lo escuchara. —Además, la señorita viene conmigo.
Levantó su cabeza y su mirada arrogante y altiva, se encontró con los ojos brillantes del borracho de casi 2 metros y medio que tenía frente a él; sin embargo, en lugar de un golpe o un intento de apartarlo, el tipo solo soltó una carcajada antes de mirarlo casi con la misma lascivia que a su compañera.
—No me van mucho los hombres, pero eres bonito y tienes huevos para entrometerte en mi conquista ¿Por qué no nos acompañas también? —El sujeto avanzó y, cuando iba a ponerle una mano encima al médico, que ya estaba acomodando sus guantes para golpear directamente a la sien del borracho, algo hizo que la mayoría en el bar voltearan hacia una dirección en específica. Como si todas las acciones hubieran quedado paralizadas por un par de segundos para centrarse solo en el estruendo que provenía de una esquina.
—¡NO LE RESPONDAS DE ESE MODO A TU CAPITÁN, NOVATO! —La tranquila mesa en donde un hombre pequeño y musculoso reclutaba gente, de repente se giró con todo y bebidas o cualquier cosa que estuviera sobre ella. Un hombre más alto, enfurecido, encaraba a un muchacho que sostenía un arma, apuntando directamente hacia el que le hacía el reclamo. —¡VAMOS! SI ERES TAN VALIENTE PARA DISPARARME ¡HAZLO FRENTE A TODOS ESTOS TESTIGOS!
Como por una presión social, el muchacho disparó el gatillo; sin embargo, aunque estaba apuntando al hombre que defendía al más pequeño, alguien más, desde su espalda, tomó su brazo a tiempo haciendo que disparara hacia arriba: un tiro al aire. Ahí empezó la locura.
La bala fue a parar a la cadena delgada de un candelabro viejo que cedió y, aunque no aplastó a nadie, el movimiento hizo que algunos corrieran y, en el momento, empujaron a otros que estaban más lejos…a otros lo suficientemente borrachos para tomárselo como una ofensa.
Fue un efecto dominó, uno que llegó en cuestión de segundos a donde estaban el borracho lujurioso, la sirena de azul celeste, la tal “Unnie” y el médico pelirrosa.
¿Qué fue lo que pasó exactamente? No estaba seguro, pero de un momento a otro alguien lo empujó contra el borracho, un gesto que hizo que este trastabillara y chocara su cabeza con una pesada mesa de madera. No volvió a levantarse, pero sus camaradas sí.
Enojados, se pararon de sus sillas gritando improperios, pero en lugar de ayudar al que llamaban “capitán”, se abalanzaron contra el grupo de las dos mujeres y del médico.
—¿Creen que pueden herir a nuestro capitán y salirse con la suya de esa forma? ¡MALDITAS ZORRAS! —Sí, incluían al pelirrosa en el paquete, tratándolo como si fuera una chica más. El médico chasqueó la lengua. Una cosa era pegarle a un solo tipo y otra cosa meterse en una pelea que solo se había descontrolado por alguien más.
—No, no, no…Merlot, sígueme y tu —. Señaló a la peliverde de cara quemada. —Tu…Sígueme también. Salgamos de aquí o escondámonos tras la barra o no…no sé, haz lo que quieras —. Con eso dicho, el pelirrosa arrastró a la semisirena, atravesando el caos de borrachos, empujándolos o dándoles patadas cortas para intentar llegar a la puerta, pero entonces…un trío de hombres les cerraron la entrada.
No tuvo más opción que, aun arrastrando a María de la muñeca, cambiar de dirección para acercarse a la barra en donde, un hombre enorme…en verdad… ¡ENORME! Estaba sentado ¿Quién era? No tenía idea, pero su gran físico seguro que resultaba un buen escudo.
—Sí alguien pregunta…no estamos aquí —dijo el médico mientras se acercaba a la barra y hacía que Merlot se escondiera tras el sujeto desconocido para luego él hacer lo mismo, pero…
—¡OYE! —Uno de los hombres del borracho lo vio antes de que pudiera esconderse también, aunque…sus palabras no fueran dirigidas a él. —¿Tú también estás con esos tres, grandulón? Si es así, que sepas que tu tamaño no nos intimida ni un poco —¡Genial! Había metido en problemas al que creía que podía servirles de escudo. Todo mal.
El tipo que gritaba, con voz chillona y demasiado aguda para ser de un adulto, no esperó respuestas del enorme hombre antes de lanzarse hacia él para intentar tirarle, sobre la cabeza una pesada botella de Whisky…¿Lo dejaría pasar o…la pelea solo empeoraría?
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
Karmas
-Belleza
-Sentidos atenuados: Olfato
-Vicio: olor a menta
-Sin Orientación
-Tic: Morderse el interior de la boca
-Olvidadizo: Para ese punto de la historia, Hyak no recuerda a Maki.
-Hablo- en negrita y rojo. "Pienso" en cursiva y naranja.
-¡CABRONES! ¡Desembarcar y desaparecer de mi vista!- Grito el capitán nada más tirar el ancla en el puerto de Whisky Peak. -Estaros atento al den den mushi, os avisare cuando tengáis que volver para embarcar.- Continuo diciendo mientras se adentraba a su camarote seguido del timonel.
Salte de la cubierta hacía el muelle del puerto con una sonrisa de oreja a oreja, no solo porque me encantaban esos días donde el capitán nos dejaba visitar la isla a nuestro aire, seguramente podría decir que eran unos de mis momentos favoritos, sino porque además aquella isla era bastante de mi agrado, al menos tenía muy buenos recuerdos de ella.
Aquella isla fue una de las primeras que visité después de unirme a los Piratas Mittsuami, bueno unirme... más bien desde que estos me liberaron, pesé a que mi vida no había cambiado mucho respecto a mi vida como esclavo, puesto que muchos de los adultos de la tripulación me usaban de saco de boxeo y de sirviente, aquellos momentos visitando solo las diversas islas eran una gran liberación, supongo que por ello tenía tan buen recuerdo de aquella isla.
Ahora a mis dieciocho años la vida había cambiado un poco, aunque algunos, los más fuertes de la tripulación, seguían tratándome igual, otros ya ni me tosían, puesto que les había demostrado que tanto mi fuerza como mi habilidad de combate había mejorado mucho, incluso aunque no era ningún coquito, es decir no era habilidoso en nada excepto en combate, había recorrido tantas veces el Grand Line de camino al nuevo mundo o a los mares cardinales, que había ido recolectando varios conocimientos, como por ejemplo, el porqué habíamos parado en Whisky Peak, a cargar el Log Pose para poder ir hacía la siguiente isla de la corriente.
Volviendo a lo que importa, me encontraba paseando por aquellas peculiares y entretenidas calles, repletas de vida y diversión, cuando un delicioso olor llego a mi olfato, el cual no era el mejor o más preciso, pero aquel olor a carne a la brasa era imposible no identificarlo y dejarse llevar por él. Sin darme cuenta acabe delante de un puesto andante donde una pequeña mujer se dedicaba a meter y sacar trozos de carne de una gran barbacoa.
Varias horas más tarde y con solo los calzoncillos puestos...
La energía de aquella isla y de su población me hizo estar entretenido todo el día, tanto que ya estaba oscureciendo, cuando me di cuenta que no había ido a reservar una habitación para pasar aquella noche, cuando me di cuenta me puse a buscar en todos los albergues y pub's buscando alguna habitación, pero todos los lugares estaban ocupados. Ya cansado y algo decaído por no encontrar lugar, acabe llegando a un callejón, donde había un Pub, el desde fuera parecía bastante dejado y oscuro, entre sin pensarlo, la verdad que me daba igual el lugar, solo quería un sitio donde pasar la noche, al entrar el lugar era peor de lo que parecía desde fuera.
Aunque era un local bastante dejado y asqueroso, la energía de este seguía siendo igual de energética que la de fuera, pero con un toque más estrafalario, la gente de su interior eran piratas, bandidos, gente de los bajos mundos. Vamos el lugar perfecto para pasar desapercibido, como esperaba allí si quedaban habitaciones disponibles, la reservé y aprovechando el momento y la hora pedí algo para cenar, en concreto unos trozos de carne a la brasa y un vaso de ron, al cual me había aficionado hacía poco.
Aunque con mi oído podía escuchar todo lo que sucedía en aquel pub, como el tipo que estaba reclutando gente, o una recién llegada que había atraído la atención de más de medio local, en ningún momento me giré a mirar, estaba concentrado en lo mío y aquello era el gran plato de carne a la brasa que tenía delante de la cara.
"Mmmmm... esto tiene una pintaza-don..." Pensé mientras agarraba uno de los trozos de carne babeando de gozo. Empecé a devorar cada uno de los trozos de carne, uno detrás de otro, pero entre medio iba dando largos tragos de ron. "El local es una mierda... pero la comida y la bebida estan deliciosos-don..." Seguí pensando con los ojos medio llorosos del gusto.
No había acabado de devorar el tercer trozo de carne cuando escuche a alguien que parecía estar dirigiéndose hacía mí, mi intención era ignorarlo, pero de repente note un fuerte golpe en la cabeza. Sin soltar la gran costilla que me llevaba hacía la boca con mi mano izquierda, me lleve mi mano derecha a la cabeza. "Parece que alguien me ha roto una botella en la cabeza-don..." Pensé al notar que tenía la cabeza mojada.
Sin cambiar mi pose, me levante mientras mee daba la vuelta. Enfrente mío me encontré a cuatro tipos malcarados, los cuales parecían estar bastante enfadados, pero ninguno de ellos llegaban a la altura de su ombligo. Sin dudarlo al primero de ellos, el que estaba más cerca de él lo agarro de la cabeza apretándosela con fuerza. Sin esperar a que este o sus amigos pudiese reaccionar lo lanzó contra sus acompañantes con todas mis fuerzas.
Cuando vi que los tipos que había utilizado como bola y bolos pasaban por encima de una mesa y caían al suelo junto a ella me volví a dar la vuelta y sentarme donde estaba, pero esta vez lejos de centrarme en la comida, primero miré a las tres personas que acababan de llegar a mi lado antes de que apareciesen esos tipos. Les hice un gesto con la cabeza en forma de salutación mientras sonreía ampliamente con la costilla aun en la boca.
Off
Resumen
Barto llega a la isla, al anochecer llega al pub en cuestión, al principio aunque se entera de casi todo se hace el loco y se centra en la comida, pero cuando recibe el botellazo en la cabeza no puede evitarlo, se levante y se enfrenta a los tipos que le han agredido agarrando a uno de ellos y jugando a los bolos con ellos.
16-05-2026, 10:35 AM (Última modificación: 16-05-2026, 10:43 AM por Maki D. Zen'in.)
Llevaba ya mucho tiempo esperando. Pero no era inesperado, el tiempo era algo irrelevante para ella tanto como el espacio para La Betta y el doctor cariño. El trio era tal para cual, despreocupados de cualquier cosa importante, se dejaban llevar tanto o mas que el viento mismo. En sus sueños incluso Maki podía verlos navegando por los mares sin rumbo y sin un navegante, solo risas, pasión, rosas y aventura. Era un sueño tonto de todas formas. Ellos nunca navegarían juntos mas que quizás como tripulaciones hermanas. Se sacudió la cabeza para sacar esa idea tonta y levantando dos dedos sobre su cabeza pidió una botella mas mientras suspiraba por el esfuerzo de estar viva.
No se iba a rendir, tanto o más que ellas. Claro. Eran ambos despistados, perdidos, pero si venia la sirena, no conformarían hasta llegar, aunque les costara media vida en hacerlo, por ello Ella simplemente esperaría, se distrajo en sus pensamientos de aventura, de canciones y de frescura mientras el licor le despejaba las neuronas… se hecho hacia atrás en su propio asiento después de despachar a aquel que le intento reclutar, era claro que después de pasar la montaña en reverso se habían o muerto muchos o se quedaban varados en esta isla. lo mejor era reclutar a otros. Pensó en sacar algo para fumar, le distraía el humo danzante en el ambiente tenue solo iluminado por lámparas de gas y risotadas de los clientes, entonces escucho la armónica y melodiosa voz de su diosa, la señora de sus sueños y fantasías. Había llegado, nunca dudo, pero nunca lo espero. María Merlot había hecho su entrada en esta taberna en el culo del mundo. Sin duda nunca más habría algún otro espectáculo tan hermoso como este en esta taberna, su suave caminar, su gracioso bamboleo. Solo los asistentes ese día tendrían sueños para siempre rememorando cada hebra de cabello de esa belleza que inundaría el ambiente con su suave aroma a frescura, sensualidad y deslumbrante regocijo.
A su lado la bestia bella, Hyakinthos?... sí, poco a poco recordaba su nombre mejor y mejor, a todos podía olvidarlos, pero a la graciosa crueldad y brutalidad aderezada por mala memoria y desdén de Cherry, el carnicero de las rosas. Ella le temía, se ponía nerviosa en su presencia, no por lo que hacía, porque era bastante macabro, sino por lo que podría hacer. Su potencial era inmenso y su crueldad y poder un misterio. Uno que Maki podía ver entre las sombras que apenas mostraba. Incluso a su propia tripulación.
Algo en su alcoholización le decía que no iba bien, escucho a su Unnie hablar, decirle algo, alguien se metía con ella?... que atrevimiento. Quien se metía con ella se metía con… … … Una muerte inminente. Sus ojos afilados se entrecerraron buscando la furia de su guitarra, su segunda empuñadura primero se cerro en el puño de su pensamiento pero antes de pensarlo el sonido de sus piezas encajándose una con otra, pedazos de acero quebrado dentro de su cuerpo comenzaron a golpear una con otra, una, dos, tes, mil veces, la hoja de los mil recuerdos rotos salió resonante, cantante, como un clamor del coro de furia salió disparada junto con su ira protectora.
Otra cosa le detuvo. Un disparo al aire que provoco que se agachase instintivamente, Maki era astuta en el combate, pero su oído sufría con esas cosas que tronaban tan fuerte. Una lampara de araña cayó al suelo como un estallido, el trueno que daba inicio a una carrera y el premio era un puñetazo. Alguien la empujo en su huida. Adelanto la mano hacia esa sombra que huía. —HEY ANIMAL... … …— Instantáneamente recibió un puñetazo en la mandíbula, el alcohol y que se distrajera por el inminente peligro de la sirena le tomo por sorpresa. El golpe solo hizo retroceder su mente, por que su cuerpo como dominado por un instinto automático se alzo tan alto como su pierna que golpeo al tipo haciendo que girara sobre si mismo para caer de bruces sobre la mesa de un trio de Minks.
Varios mas se lanzaron contra ellas y el doctor… la sonrisa de Maki se esbozo tan amplia como sus ganas de combatir. —BEBIDAS Y PUÑETAZOS? ES ESTO EL VALHALA O HE MUERTO Y LLEGADO AL PARAISO?? JAJAJAJAJAJA.— Esconderse?... por dios. Era Maki, mas pelea que persona. Se quedo detrás de sus amigos golpeando a uno, desviando un tiro WOAAaa… armas de fuego?... demonios. Esto se estaba poniendo peligroso para ellos… —Si… detrás de la barra… yo… yo tengo asuntos pendientes con gente que no conozco ni conoceré por que les partiré las piernas jajajaj— Recibió un nuevo puñetazo, pero este si no la movió. El hombre era grande pero no mas fuerte que ella… una patada en el pecho hizo que reconsiderara sus opciones. Cuando volvió con sus aliados, vio como un tipo como si fuera una bola de boliche salió disparado por la fuerza de… o dios que inmenso hombre… Maki trago saliva, quien o mas bien que era. Sus músculos, su porte, su aura animal parecían resaltar en el sitio. Como si no perteneciera a ese lugar. —Oye eso parece divertid… ahora yo!!! Vamos lánzame como ese tonto jajaja— no terminó su carcajada cuando sintió el frio acero cerca de su cuello.
Malas acciones y malas decisiones.
—Te rebanare el cuello insolente por patear a mi vicecapitán.— Fue instantáneo… Maki saco una especie de aura verde, esmeralda, escamas y garras, la cola y su tamaño casi del doble… y la daga no tuvo la suficiente fuerza para entra en su cuello. Maki agarro al hombre de su mano y con una especie de llave de judo… le tiro al suelo y sin soltarlo movió al hombre como si fuera una toalla en sus manos y con ella golpeo a otro que venía a su encuentro con una botella rota y un arma un tanto extraña como un kriss. —ANIMALES SI VAN A SACAR UN ARMA… MAS LES VALE QUE ESTEN DISPUESTOS A MORIR SINO NO DESENFUNDEN.— Rugió entre siseos amenazantes. Pesadamente avanzo contra uno de los aliados y agarrándolo de la mano y del cuello empequeñecido por la mujer iguana no se movió solo recibiendo un tremendo mordisco en el cuello… era vegetariana, pero en esta forma el hambre de carne la acuciaba el estómago… sin soltarlo y como si de un gato jugando con un ratón giro sobre si misma para lanzar al desgraciado detrás de la barra en un festival de sangre.
Este era el tipo de cosas que evitaba, por eso no frecuentaba esos lugares.
Primero que nada…Sus manos, su valioso instrumento de trabajo, podría ponerse en riesgo por este tipo de situaciones ordinarias y, segundo, su preciosa mercancía e ingreso de emergencia, podía resultar herida…incluso por él mismo.
Cuando se escondió detrás de la barra, su mano sujetó con fuerza la muñeca de Merlot. No pudo evitarlo, no porque tuviera la intención de lastimarla, sino porque creía que, si la soltaba, alguno de esos asquerosos tipos que se peleaban como animales rabiosos, podían a llegar a ponerle sus manos encima y eso sería, simplemente, asqueroso.
Por eso, la fuerza que ejercía con su agarre a la menuda mujer pasó a segundo plano, pues su mente estaba enfocada en la pelea que ocurría detrás de la barra…mejor dicho, justo detrás del enorme hombre del que decidió esconderse.
¿Cómo es que era tan enorme? No podía calificar como humano, estaba seguro de eso…Quería estudiarlo…No…Debía estudiarlo. Tenía que entender cómo es que una sola persona podía verse tan definida y, en apariencia, saludable…además…Para qué negar el atractivo que había en que… ¿De verdad acababa de mandar a rodar a un tipo como si se tratara de una bola de boliche?
Bien, el médico no solía fijarse en sujetos que fueran ni más grandes ni más fuertes que él, a menos que fuera para estudiarlos o venderlos por partes, pero… ¡Era humano! Era imposible que aquel ataque tan despreocupado no despertara nada en él.
Aun sosteniendo a Merlot, pero habiendo suavizado ya su agarre, abrió la boca en una perfecta “o” que denotaba su sorpresa y, de repente, sintió que el calor se apoderaba de sus mejillas en cuando, como si nada hubiera pasado, el desconocido se giraba hacia donde estaban ellos y los saludaba con un gesto por demás casual.
¿Qué hizo el médico en cambio?
Nada.
Intentó hablar, pero ninguna palabra salió de su boca…No sabía si por ver un acto tan varonil o por envidia, porque ¡Vamos! El también deseaba tener una fuerza que se equiparara…así las cosas serían mucho más fáciles para él y, sobre todo, para cuando tuviera que conseguir mercancía para su negocio.
Para ese momento, su mente iba a mil por hora…¿Qué podía preguntarle? ¿Cómo podía entablar conversación ahora? Antes se le había hecho muy fácil decirle que le sirviera de escudo, pero ahora…
Sus cavilaciones se rompieron de golpe cuando una voz femenina y, vagamente, reconocida se escuchó en el bar ¡Claro! La mujer verde…la chica lagarto ¡Ah! De nuevo olvidaba su nombre, de hecho, hasta ahora había olvidado que también estaba con ellos, aunque luego de su petición tan informal y divertida a su desconocido salvador, sería imposible ignorarla…El médico frunció el ceño y, por fin, soltó a Merlot, solo para cruzarse de brazos y llamar la atención de la chica.
—¡Oye, mujer lagarto! No seas tan confianzuda con el caballero aquí presente, primero agradece que nos haya…
Mierda.
De todas las personas involucradas en la pelea de ese bar de mala muerte… ¿Por qué tenía que ser justo a esa chica a la que decidieran amenazar?
—No ahora, por favor —. El médico, habiendo pasado su momento de inusual timidez ante el enorme hombre que los había ayudado —a menos desde el punto de vista del médico —, se bajó de la mesa, aunque no sin antes mirar a su compañera peliceleste para darle una simple orden que creía que ella podría cumplir bastante bien. —¡Merlot! ¡Oh no! Disculpa por tomarte tan fuerte del brazo antes, no quería que te separaras de mí, pero ahora…debes quedarte aquí ¿Sí? Debo encargarme de tu amiga verde o si no…
De nuevo no podía terminar de hablar, pues justo al lado de él pasó volando un tipo que se parecía demasiado al que había amenazado antes a Maki. La sangre salpicó su ropa y parte de su rostro y; sin embargo, tuvo suerte que no cayera en sus ojos, que pudieron ver con claridad como los meseros y cantineros se agachaban detrás de la barra para no quedar involucrados en una trifulca de piratas.
—¡Oye! ¡Eso no era necesario! ¿Quieres que nos maten por culpa de un don nadie? ¡Vayámonos de este bar...ahora!—Se giró para encarar a la chica, pero en su lugar, frente a él se atravesó un tipo que era casi tan alto como la chica iguana en su forma híbrida.
—¿Así que tu vienes con la que le hizo eso a mi hermano? —El hombre, cuyos nudillos lucían unas manoplas de un brillante acero, no esperó respuesta y tampoco a que el pelirrosa se volteara por completo cuando conectó un puñetazo que envío al médico a chocar contra la barra…claro…todo eso ocurría justo delante de María Merlot, a quien el tipo que acababa de golpear al médico miró de manera lasciva, casi ignorando que estuviera a un lado del enorme buccaner.
Mientras eso ocurría, Hyak sentía una cascada de sangre salir de su nariz. Aturdido, llevó su mano justo al sitio desde donde sangraba para intentar detener el sangrado que ahora se mezclaba con el del tipo al que Maki había mandado a volar. Le parecía asqueroso y, sobre todo…irrespetuoso…
Tenía paciencia…demasiada paciencia y, claro, evitaba irse a los puños para no sacar ese lado ordinario que inundó esa adolescencia suya en la que se crío con unos piratas de la peor calaña, pero…ese golpe era suficiente para hacer que su sangre hirviera.
Dejó escapar una risa burlona antes de limpiarse la sangre con el dorso de su mano enguantada y se levantó para encarar al tipo que lo había golpeado… ¿El problema? Ya no lo vio.
Sabía que tenía una mala memoria, pero podía reconocer al que tenía su sangre en sus nudillos, eso estaba seguro y sí…también entendía que el bar era un caos en donde todos estaban golpeando a todos, pero, había jurado que el sujeto estaba justo frente a él hace unos pocos segundos…Frente a él y a un lado de…Merlot… ¿Dónde estaba Merlot?
Miró al lado de la barra en donde se supone que había dejado a la sirena y… ¿por qué ella ya no estaba ahí?
—¿Es una broma? —El mundo se paralizó por un segundo, se olvidó de las peleas, solo buscaba, en medio del caos, una cabellera celeste con la que no lograba dar. —Ella…ella debería estar…
Un nuevo disparo resonó en el sitio y esta vez pasó mucho más cerca de él, tanto que sintió el aire que dejaba la bala a su paso. Miró hacia un lado y ahí se dio cuenta de quien era el que disparaba o…mejor dicho…a quienes amenazaban.
—¿Quién se crees ustedes, grandulones, para intentar intimidarnos? ¡Tu! —El hombre con el arma primero apunto directamente a donde el sujeto que parecía solo querer concentrarse en su comida. —¿Crees que tu tamaño me intimida a mí? Esos a los que lanzaste como si fueran una bola de boliche son mis compañeros —. El hombre soltó otro disparo que dispersó a los mirones que estaban alrededor, pero esta vez el disparo fue a dar al trozo de carne que el buccaner intentaba comerse.
—¡Y TU, IGUANA DEFORME! No le temo a ningún usuario de fruta —. Espetó de una forma que rayaba en la inocencia de alguien que no sabe lo que dice. —No creas que lo que hiciste es suficiente para intimidarnos… ¡Una bala es capaz de atravesar a cualquiera!
El pelirrosa notó al distracción del tipo, lo concentrado que estaba solo en Maki y en el otro hombre cuyo nombre no sabía, así que aprovechó para deslizarse hasta quedar atrás del sujeto armado y lo sujetó con una llave que parecía imitar al judo, aunque, lo cierto es que ni siquiera midió su fuerza y terminó quebrando el brazo del sujeto, quien dejó escapar un grito agudo y molesto que se silenció cuando el médico logró quitarle el arma y lo golpeó tan fuerte en la cabeza que el tipo cayó en el suelo, sin decir nada más.
La gente a su alrededor lo miró…y el pelirrosa quiso que se lo tragara la tierra, pero luego cada quien siguió en lo suyo…como si los disparos y el haberle quitado la pistola a un tipo desquiciado fueran suficiente para que el ambiente del bar, aunque aun tenso, empezara a regularizarse…aunque el médico seguía igual de alterado que antes.
Se quedó con el arma y se acercó tanto a Maki como al otro hombre…había superado la vergüenza de hablarle.
—¿La han visto? Chica iguana…ella vino aquí por ti… ¿La viste? ¿Dónde está Merlot? —Miró a sus alrededores, preocupado y luego alzó su cabeza para intentar mirar a los ojos del desconocido.
—Lo siento, sé que no te conocemos de nada…pero gracias por lo de antes, lo que hiciste fue… ¡No! Olvídalo, me desvió del tema…Estabas cerca de nosotros… ¿Viste hacia donde se fue la chica peli celeste? No puedo perderla…No a ella... ¡Agh! ¡Nunca debí venir aquí! —El pelirrosa se agarró la cabeza con ambas manos y sujetó su cabello, desesperado, antes de tomar aire para intentar pensar con más calma las cosas…
¿Qué había hecho Merlot antes? Sabía que le había coqueteado al hombre enorme o eso creyó escuchar o ver, luego él le dijo que se quedara en la barra y después…No…no había más…¿A dónde se había metido la semi sirena? No podía haber desaparecido sin dejar ningún rastro...¿O sí?
¿Le sorprendia?
No.
Lo cierto es que siempre sucedía.
¿Qué?
Atraer la atención por ser tan hermosamente eterea.
Largo, ondulado y sedoso cabello celeste.
Piel nívea como porcelana.
Ojos del color del buen whisky.
Figura tallada por los mismos Dioses.
Curvas correctas.
Sonrisa cautivadora.
Y sin una sola gota de desinhibición.
Una vez, su principal captor, se lo comento: Tenía lo mejor de ambos mundos, y eso la hacia la criatura más irresistible de la faz de la tierra y de las profundidades de los océanos, por esa razón estaba tan obsesionado con la mestiza, por esa razón un sujeto borracho en una taberna de mala muerte la quería llevar con él, aprisionarla y tenerla como un trofeo visual, como un objeto en su cama, no le sorprendía, más bien le divertía porque si algo le enseñaron sus nakamas es que ella ahora era dueña de su vida y de su cuerpo, que ahora la palabra NO que pronunciara sus labios se hacia cumplir, por las buenas o por las malas. Por ese motivo, y ahora en las mieles de la libertad, no tenía miedo, y no por soberbia, sino porque su hermana y su médico, jamás dejarían que nadie en esa taberna, o en el planeta azul, le tocaran un solo cabello sin consecuencias, sin hacer arder el mar...
Con las manos atrás y su encantadora sonrisa angelical, esperaba que la Valkiria Besada por El Sol respondiera desde la distancia. María continuaba inclinada hacia un lado, con el cabello sujetado cayendo como cascada, dejando la curvatura de su cuello y la preciosidad de su hombro lleno de escamas a la vista de todos.
¡Hey! Ni tripulante ni prisionera, asqueroso animal de monte…
Curiosamente, y para su grata sorpresa, fue Algodón de Azúcar quien intervino. Su voz, llena de desprecio e impaciencia, la hizo erguirse y girar a verlo. Al parecer sacaría su frustración contra ese mastodonte maloliente. La chica llevo sus manos a la boca, a modo de reflejar su sorpresa. Los insultos refinados encajaban a la perfección con el aura divino del pelirrosado, al que ella reconocía sin duda como un igual de belleza solo que masculina. Un hombre debería tener una belleza varonil pero cautivadora, su Algodón de Azúcar lo tenía, el Malvavisco de Karate lo tenía… pero también, y debía admitir, habían especímenes que por la crudeza de su presencia también eran… arrebatadores, aunque no bellos canónicamente.
Además, la señorita viene conmigo.
Con ese cierre los ojos ámbar brillaron como oro. La sonrisa en los labios de la dama se amplio transmitiendo la alegría que esas palabras le ocasionaban. Si era bella antes, el saberse que Hyakinthos gritaba a los cuatro vientos su posesividad con respecto a ella, la hizo sonrojarse… y ella no se sonrojaba nunca, pero sin duda sabia que lo estaba porque sus mejillas ardían. ¡Qué el objeto de su obsesión! ¡Qué el dueño de su vida! Dijera esas palabras la emocionaron sobremanera, tanto que quizás… podría haberse orgasmeado ahí mismo... si la cadena de eventos no hubiese interrumpido su efervescente momento, que solo pasaba dentro de su cabeza.
Lo siguiente que supo, fue que la mano de su médico la sujetaba y la hacía correr detrás de él. Por un momento odio llevar guantes, porque se perdió sentir su piel desnuda sobre la suya. María tenía una sola regla con respecto a Hyakinthos: NO LO TOCABA, porque podía ensuciarlo pero si él la tocaba primero ella lo disfrutaría como la más dulce, maravillosa y celestial experiencia de sus miseros 19 años de vida.
Una barra, otro gigante, la voz de su Unnie emocionada a lo lejos. Gritos, ruido, testosterona, estrógeno y olor a inmunice pirata, sin duda la noche pintaba de lo más divertida. La sonrisa de la mestiza se amplió, aunque ella seguía en las nubes por el toque del pelirrosado. Cuando el tipo: grande, masculino y sin una pizca de elegancia les hizo un gesto con la cabeza sonriendo con aquella costilla mal cocinada colgando de su bocota, María solo pudo sonreírle para proceder a morder su labio de forma coqueta: Un bruto, sin dudas. Grandote y bien formado, era evidente. Sin ningún tipo de modales… ¿Quién los necesitaba cuando exudaba hombría? Los orbes ámbar miraron de reojo a Hyakinthos, al parecer no era la única que reaccionaba hacia la testosterona que fluía del primitivo animal bípedo.
MUSIQUITA
¡Oye, mujer lagarto! No seas tan confianzuda con el caballero aquí presente, primero agradece que nos haya. Merlot! ¡Oh no! Disculpa por tomarte tan fuerte del brazo antes, no quería que te separaras de mí, pero ahora…debes quedarte aquí ¿Sí? Debo encargarme de tu amiga verde o si no…
El medico reacciono, saliendo de la barra… y soltándola en el proceso. Triste pero la vida continuaba, así que ella también se levantó, y procedió a sentarse en la barra, para luego subir sus piernas y tomar una pose como si estuviera en una tumbona en una playa de arenas blancas con el sol bronceando cada centímetro de su cuerpo. Las miradas de los más hipersexualizados volvieron a ella, que mordía sus labios pero esta vez sin dejar de mirar al cavernícola mudo — ¿Cómo culparla, Algodón de Azúcar? También quiero ser confianzuda… — musito bajando un poco la voz y llenándola de sensualidad con una mezcla de diversión al tiempo que alzaba la diestra y se abanicaba con coquetería — … ¿No quieres reclutarme? Es más, por el bien de tu ropa, y porque conozco a mis nakamas, sobre todo a mi hermana, deberías quitarte la parte de arriba y pelear con el torso desnudo… así nos das un mejor espectáculo a nosotras las indefensas demiselas de lo que es ser… — le propuso juguetonamente, con fingida preocupación por él mientras recorría con sus orbes ámbar el cuerpo lleno de músculos del masculino — … Un Macho— soltó sonriéndole y guiñandole con travesura sin dejar de abanicarse con la diestra, luego llevo la mano a sus labios y le lanzo un beso al bárbaro. Tal vez, tanto tiempo en compañía de la belleza delicada de Hyakinthos, estaba haciendo que reaccionara a la masculinidad troglodita de ese sujeto, y no era la única, porque por lo visto la Valkiria también lo sentía, o quizás lo de ella fue por el vislumbrar de una pelea.
La escena de trifulca continuo, María definitivamente no iba a participar en una lucha. No iba con ella, así que se sentó en la barra cambiando la pose de antes y cruzando una pierna sobre la otra, dejando a la vista, aun más, sus perfectas proporciones mientras seguía con los ojos a la peliverde, el pelirrosado y el castaño. Por un momento pensó en la noche que paso con el Capitán Uva, como había vuelto a ser dueña de su cuerpo… claro, también vino a su memoria que se había casado en el foso con un marine… por suerte para ella, le prometió fidelidad, igual, sus caminos nunca volverían a cruzarse. Solo debía cumplir la promesa de enviarle postales, después de todo, él ni siquiera la recordaría a esas alturas. En ese momento de introspección, alguien la sujeto desde atrás, poniendo un pañuelo con algo húmedo y con un olor muy fuerte sobre su nariz y boca, la chica quiso gritar, patalear pero sus parpados se volvieron pesados y sus extremidades no respondían… lo ultimo que vio fueron los puntos verdes, rosados y castaños divirtiéndose sin ella.
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Resumen: María casi se orgasmea al sentir la posesividad de Hyakinthos. Luego con las hormonas revueltas siente atracción hacia la masculinidad pura y sin destilar del desconocido. Después se queda viendo la pelea sentada en la barra pero alguien la secuestra, su mundo se apaga. ¿Dónde esta? Quien sabe.
EL MACHO, PURA ENERGÍA MASCULINA. OJALA MM SE ENTERE DE TU NOMBRE PARA QUE LO BAUTICE ONROL COMO BARTOLOMIAU GRRRR
12-06-2026, 11:03 AM (Última modificación: 12-06-2026, 01:40 PM por Bartolomeow Flint.)
Leyenda
-Hablo- en negrita y rojo. "Pienso" en cursiva y naranja.
Antes de mirar a las tres personas que se me habían colocado al lado, pensé que una de ellas era un hombre por su tono de voz, pero cuando las miré vi que eran tres mujeres, una peli azul, otra peli rosa y la última peliverde, todas con el pelo recogido en una coleta. Tanto la peli azul como la peli rosa eran bastante guapas, seguramente eran las que habían llamado la atención. "Seguro que estas son las que han provocado que estos neandertales se pusieran así-don..." Pensé mientras las seguía observando con atención. La peli azul no parecía totalmente humana o esa es la sensación que me daba, esas escamas azules que tenía en los hombros y la espalda descubierta no eran muy normales. Por otro lado, la peli rosa con gafas, además de parecer la más mayor y alta de las tres, parecía tener el gusto de vestir como un hombre, bueno... a medias, digamos que su vestimenta era algo estrafalaria. Por último, esta la peliverde o mejor dicho la chica quemaduras, casi toda la piel que se le podía ver estaba recubierta por cicatrices, las cuales por su forma y características parecían de quemaduras.
Al ver, las cicatrices me vinieron a la cabeza todas las que yo llevaba por mi torso, estás no eran iguales a las suyas, pero eran cicatrices también, provocadas por apuñaladas y cortes diversos. Tanto el visualizar aquellas cicatrices como el ambiente intento y ajetreado que se había apoderado del pub, provocaron que viejos recuerdos me viniesen a la mente. Como la primera vez que me apuñalaron en el estomago durante una de las peleas de esclavos con tan solo trece años, el día que me cortaron el costado cuando intenté esquivar una lanza también durante estas peleas y muchos momentos más los cuales me hicieron evadirme del presente, ignorando totalmente los agradecimientos de las tres muchachas y con la mirada perdida hacía la barra y sin dejar de comer, me sumergí en mis recuerdos más turbios y dolorosos.
Un olor muy intenso le despertó de su trance, justo en el momento que pudo ver como a su derecha un tipo golpeaba en toda la cara a la peli rosa y otro colocaba un pañuelo con alguna substancia. "Ese olor... es el que me ha vuelto a la realidad-don..." Pensé tranquilamente, la verdad que nada de todo lo que allí pasaba iba conmigo, ahora mismo me apetecía acabar de comer, ya que tenía bastante hambre y solo me encargaría de la gente que me molestase, sea quien sea.
Pude ver como un tipo se llevaba a rastas a la peli azul hasta la puerta, mientras la peli rosa se encargaba de su agresor y luego, varios tiros sonaron en el local. Ni me inmuté, la cosa no iba conmigo... o eso pensaba hasta que escuche otra vez una voz que se dirigía hacía mi y luego como un balazo se incrustaba en la costilla que me estaba comiendo. Miré primero la costilla y luego hacía la dirección de donde provenía el sonido del disparo.
Deje la costilla tranquilamente en el plato y luego me puse de pie. "Seguramente se deben pensar que soy un mindundi por ir vestido así-don..." Me dije al darme cuenta que me había dejado la camisa y el pantalón en la habitación que había arrendado. "Suerte que estos calzoncillos parecen pantalones cortos-don Vavavavavava" Pensé divertido con una sonrisa mientras me giraba hacía el tipo que había disparado el cual se encontraba sujetado por la peli rosa la cual parecía estar haciéndole una llave de sujeción para luego golpearle en la cabeza y dejarlo inconsciente.
Con aquella acción, el ambiente volvió a la normalidad, la trifulca parecía haber acabado. Tanto la peli rosa como la peliverde se acercaron a mí, la peli rosa le preguntaba a la peli verde por una tal Merlot. "Seguramente esa Merlot debe ser la peli azul-don.." Pensé mientras los observaba, luego se dirigió hacía mi primero pidiéndome disculpar por hablarme como me había hablado, cosa que si os digo la verdad, nunca le presté atención, seguramente me habían hablado mucho peor en algún momento de mi vida, luego me dio las gracias por ayudarles, otras de las cosas que había hecho sin buscar ningún tipo de agradecimiento, para finalmente preguntarme si había visto a la peli celeste, algo alterada, bueno alterado, porque justo en ese momento, me di cuenta que no era una mujer, sino un hombre con unos rasgos bastante femeninos, lo que le hacía un tipo bastante guapo.
-He visto como un tipo se la llevaba por la puerta después de ponerle un pañuelo en la boca y dejarla dormida-don- Exclamé con tranquilidad señalando hacía la puerta. -Y por cierto, no me debes dar las gracias, tu te has encargado del tipo que disparo hacía mis costillas... este echo a perder mi comida-don- proseguí mientras miraba de vuelta mi plato y por el camino veía la cara del dueño del pub, el cual me miraba con mala cara ordenándome que nos fuéramos del local. -Será mejor que vayamos tras vuestra amiga, antes de que perdamos su rastro-don- Les dije mientras empezaba a caminar hacía la puerta.
Resumen del post
Bartolomeow se pierde en sus pensamientos, hasta que vuelve en sí al oler el producto con el cual dejan inconsciente a Merlot, ve como golpean a Hyak y como raptan a Merlot, luego reacciona al disparo contra su costilla y como Hyak se encarga del tipo.
Karmas relevantes
Positivos:
- Sentidos aumentados: Vista y Oído.
Negativos:
- Charlatán.
- Muletilla.
- Risa Excéntrica.
- Exhibicionista.
Maki disfrutaba una pelea como cualquier pirata, pero ella era una artista y que la mirasen era algo que le encantaba. Cada giro, cada golpe, cada ridículo intento de vencerla siempre terminaba en nada mas que acciones infructuosas. Pero. Sin duda un punto débil en común que tenia con Hyak era sin duda la sirena. Si alguien le tocaba seguro que se volvía densa la cosa. Las acciones surgieron, los golpes volaron, los hombres aparecieron… wow wow wow… Maki se fijo en un tremendo hombre desnudo, cada musculo palpitante actuando sobre una acción en concreto. Destruir a sus enemigos, era simplemente una sinfonía de dolor que podría ver todo el día en acción pagando boleto de primera fila palco y platea.
Si no hubiera estado cubierta de sudor sangre y escamas podría haber intentado seducirlo, o quizás solo almorzarlo, pero cuando Hyakinthos indico la desaparición de su hermana esto se torció para el lado malo. DONDE ESTA MERLOT!!
Cada célula, cada sentimiento y neurona se ocupo de querer respuestas donde estaba… Se enfureció, pareció crecer aún más… miro a cualquiera, el que estuviera mas cerca, vio como el Doctor reducía fácilmente a otros y agarro a uno de ellos. —TU … Donde esta la sirena con cabello celeste… DONDE… o espera deja darte motivación para responder.— Enfundo su hoja rápidamente y agarrando al pirata que intento atacarla antes del cuello lo alzo y con su increíblemente gran puño le dio un puñetazo que hizo que sus dientes estallasen en un baño de sangre importante. El hombre se agarró la cara entumecida. Maki lo arrojo a una mesa y con rapidez recogió los dientes caídos.
—Ahora… dime donde esta la mestiza…— El primer diente en su palma golpeo el revés de la mano del hombre y estallo también en sangre… por qué?... Maki había incrustado los dientes caídos del hombre en la mano tan fuerte y tan profundo como clavos a la mesa. Desdentado… adolorido, horrorizado y con heridas horrendas en la cara y la mano… Maki no se detuvo ahí pues nada era suficiente, cada segundo era precioso para recuperar a su hermana. —Le conocen como… Billy… Billy he dicho… el dasdhfsd asdfsa asdasd feryhadefa— murmuro algo ininteligible por los borbotones de sangre espesa que salía de sus encías rotas. Entonces fue que el gigante encalzonado hablo.
Se había apresurado un tanto ajena a lo que Hyak intentaba indagar con el gigantesco exhibicionista. Eso fue todo lo que necesitó Maki para comprender lo que acababan de decirle.
La habían visto mierda!!, la habían tocado sin su permiso y se la habían llevado como monstruos en la noche… Maki emitió un rugido animal al torturar su mente. El bullicio del bar desapareció. Y los gritos, las quejas, el sonido de las mesas volteándose con dinero, alcohol y pecado y el murmullo de los borrachos quedaron reducidos a un ruido lejano, irrelevante mientras huían. Los ojos de la tostada se clavaron en la puerta señalada por el gigantesco desconocido y durante un instante no dijo nada pero su mente gritaba… Merlot… mierda… Pescado de los mil cojones donde estas… te matare si estas a salvo tomando el jodido te con tu secuestrador!!.
Quien conocía a Maki, la veía siempre cantando, bebiendo o fumando caca de caballo de algún vendedor astuto, pero tenía otra faceta que nadie… nadie debía ver. Esta era una de esas veces cuando tocaban sus cosas… no, cosas no, quiso decir amigos… si, amigos. Maki no era una persona especialmente paciente, ni inteligente, vamos apenas se contaba a ella misma como una persona racional. Siempre dominada por sus instintos y deseos más próximos al presente, pero cuando el silencio parecía que enfriaría el rastro, recordó al imbécil clavado… no estaba especialmente serena y era porque algo dentro de ella estaba intentando sacar una maldita tormenta sobre cada idiota que roso con la mirada a su hermana.
—Repítelo!!!— Su voz salió grave, estruendosa y con colérica emoción, casi como una mordida en la mente del pirata salto con sus nervios hechos pedazos, una amenaza como de “te voy a voltear las rodillas si no respondes claramente”. —¿Qué aspecto tiene ese salame!!?— El hombre solo sollozaba y no respondía a la pregunta, pero no era una interrogante, era una orden, necesitaba cada detalle, altura, ropa, dirección, cantidad de impuestos pagados este año fiscal… solo si le dieran más tiempo sin duda podría obtener todos los datos del maldito, su mandíbula se tensó hasta hacer crujir los dientes de reptil que se cerraban relampagueantes. Merlot, su hermana era una persona especial era la única persona que jamás debía quedar sola, primero que se perdía más que una moneda de oro en bolsillos de un ciego. Y desde hace años sentía que era la única persona que jamás debía desaparecer de su vista.
Y ahora… … …
Había alguien lo bastante jodidamente estúpido como para ponerle una mano encima incluso en su presencia. Maki le dio una bofetada al hombre que literalmente le arranco la punta de la nariz mientras su mano aun clavada a la mesa casi se safo. —Que no… Sniff…. es mi amigo por dios señora… que es solo Sniff…. un tipo que destripa gente especial… gente que no es común… por favor… Sniff…. déjeme salir… me duele la cara… Sniff….— Sollozaba con energía descendente.
Los nudillos de Maki se cerraron lentamente crujientes hasta convertirse en puños tan enormes como su ira creciente, la madera de la barra protestó cuando apoyó una mano sobre ella al costado de la otra mano ilesa del hombre. Crack, una grieta recorrió la superficie y varios de los que se levantaban retrocedieron. Otros apartaron la mirada y nadie quería llamar la atención de aquella mujer ni del gigantesco ser que parecía ser aliado de ellas… el medico mientras parecía decidido a ir tras de la puerta. —La encontraremos Doc… lo prometo.— Aparto la pesa para dejar caer al desgraciado al suelo que inmediatamente y de manera automática dejo de llorar y solo se digno a quedar en posición fetal, solo en ese momento entendió que Maki no amenazaba, sino describía el futuro. Un futuro con dolor, ardor o con brutalidad. A veces con algunos besitos, pero parecía que no era este el caso.
Hasta hace poco minutos escuchó la voz aterciopelada de Merlot coqueteando con el enorme hombre que ahora tenía en frente y ahora… ¿Cómo es que pudo haber desaparecido en un parpadeo?
El bar empezó a darle vueltas, bueno, el bar seguía quieto, él mismo estaba quieto, pero si que sentía que todo le daba vueltas, además las voces y gritos de los comensales y otro tipo de clientes se perdieron en el fondo como si se tratara de un simple ruido blanco. Esa fue su reacción después de sus preguntas, una reacción que habría continuado igual si el enorme hombre sin camiseta —y de muy buen ver —, que tenía al frente no le hubiera respondido.
—¿Ah? Pero....¿Cómo? Ella...casi no aparté mis ojos de ella...No...no lo entiendo... —Quería preguntar más, decir más, sacar toda la información necesaria, pero antes de que pudiera decir algo escuchó un ruido a sus espaldas. Las peleas habían cesado, pero parece que alguien insistía en empezar otra y ese alguien no era nadie más ni nadie menos que Maki. Se giró levemente sobre sus pies para poder encarar a la mujer iguana, todo antes de responderle al otro hombre que, para bien o para mal, parecía ser visto como uno más del curioso grupo. —Perdona ¡Ah!, Creo que ya se le pasará…o eso espero...no la conozco bien, es amiga de Merlot —dijo mientras observaba a la mujer iguana sin ánimos de detenerla y, por cierto, no, no la estaba negando, era cierto que poco sabía de ella, no habían pasado mucho tiempo juntos, ni siquiera recordaba su nombre. —Pero parece confiable para sacar información —.Alzó una ceja al verla golpear al tipo contra una mesa.
—Jmmm…¿Jilly? Bueno al menos tenemos un nombre —. Desde su distancia, a un lado del desconocido “gigante”, habló con suavidad mientras presenciaba la paliza que la mujer le daba al pobre sujeto con el que se desquitaba. No tenía intención de intervenir y por lo visto, nadie más en el bar lo haría.
—¿Y cómo que destripa gente especial? Eso…eso me interesa —. Por un momento los ojos del médico brillaron con interés antes de volver a girarse para encarar al otro hombre quien les sugería salir de allí para seguir el rastro.
—Tienes razón, guapo, deberíamos irnos de este lugar…Dudo que seamos bienvenidos después de esto —. Sonrió de medio lado, no por coquetería ni alegría, de hecho, apartó la mirada casi enseguida, no por vergüenza, si no que la preocupación creciente en su rostro y en sus gestos lo llevaba a actuar de esa manera. Incluso mordió con fuerza el interior de su boca para intentar calmarse mientras que, sin mirar atrás, hizo a un lado a la gente que se interponía en su camino para poder caminar detrás del otro hombre que iba ya hacia la puerta, aunque, en algún punto se le adelantó. Estaba desesperado, apurado.
Abrió la puerta con brusquedad y sin siquiera fijarse si la mujer iguana o si el hombre enorme en verdad seguían detrás de él, aunque, no pasaron más que unos pocos microsegundos cuando sintió la presencia de la peliverde y del extraño a un lado, acompañándolo en la soledad de esa noche en el que el viento seco de la isla soplaba con fuerza, meciendo los cabellos y ropas de los que convivían en las calles.
El viento frío dejaba a su paso un silbido que se metía entre los tejados y vigas de las casas, así como entre las maderas de carretas situadas a los lados del camino; sin embargo, el sonido del viento no era suficiente para ocultar el ruido evidente de los cascos de un caballo a los lejos… ¿A la izquierda o era a la derecha? No estaba seguro.
Chasqueó la lengua, habría querido salir corriendo, pero apenas movió uno de sus pies cuando dudó de su capacidad para guiarse, en verdad no tenía idea si iría o no en la dirección correcta.
—Tsk…Claro que la encontraremos, iguana…Seguro ese tal Jimmy no ha ido muy lejos. No voy a dejar que destripe a MI criatura rara —. Sí, se refería a Merlot. —Ahora… ¿Alguno de los dos puede decir de donde creen que viene el ruido de los cascos del caballo? Lo siento, pero no sé mucho de direcciones —. Decir eso era adornar que, en realidad, no sabía en donde estaba la izquierda o la derecha. Nunca lo aprendió.
—Y tu…Guapo ¿Qué tal si te compro la mejor comida que puedas probar en esta isla si nos ayudas con Merlot? —Le guiñó un ojo, pero la propuesta no era una broma, era en serio, muy en serio y sí, sabía que fue el mismo hombre quien había dicho antes que era mejor ir tras el rastro de Merlot antes de perderla para siempre, pero el médico quería asegurar una alianza temporal. No le gustaba dejar cabos sueltos o que alguien se arrepintiera a la mitad de una misión de la que sabría que no obtendría recompensa, entonces…mejor ofrecerle algo que él pudiera pagar. —O alguna otra cosa que desees, dinero tengo, por eso no hay problema.