La marina se viste de prada [pasado][kagura]
#1
ost


Ja

¿Quién le diría a él que una habilidad así le jugaría en contra?

Cuando Kael comentó que se le daba bien la ropa, el maquillaje y el modelaje al estilo más adecuado a la alta cuna, nunca esperó que fuera a correr la voz. Lo dijo como algo sin importancia, una conversación trivial como las que suele tener con el resto de los marines por no parecer que se encuentra desintegrado del grupo.

Bueno, pues ahora ese comentario le ha terminado jugando en contra. 

Se encuentra dentro de uno de los pabellones marines de Baterilla, uno que se le había asignado a él, y solamente a él durante el resto de la tarde. Era la primera vez que lo veía tan vacío, y al mismo tiempo tan ordenado. Los marines debían ordenar sus camastros cada mañana, y aún así el silencio se le hizo pesado. No estaba ahí por voluntad propia, solo obedeciendo una orden que nunca se atrevió a plantear hasta estar en solitario. 

En el día de hoy se ha hecho llamar a todos y cada uno de los marines que han conseguido encontrar de la base, aquellos que considerasen los sargentos con un mínimo potencial, y los hizo esperar en el exterior de la habitación, todo para que el muchacho de cabello azabache los juzgue, los observe, y decida si puede trabajar con ellos. ¿La razón? La marina quiere dar una nueva imagen, mostrar gallardía y belleza para una nueva propaganda de reclutamiento, y necesitaba con ello a los mejores, los más llamativos...y en ello tendría una tarea para hacerlos resaltar.

Lo difícil no fue trabajar con hombres. El procedimiento era sencillo, rápido; algunos recibían su negativa, mientras que otros eran juzgados, maquillados y se les hacía planchar sus uniformes en ese mismo momento, buscando un resultado impecable. Si pasaban su juicio, avanzarían a una siguiente fase, una en la que él no estaba enterado, y que sería la antesala previa a las fotos del periódico.

"Ni siquiera saben si les darán el permiso" Suspiró aprovechando el cambio entre marines, dejando salir la molestia adquirida como juez de un solo día. 

―Siguiente.

Las mujeres, sin embargo, eran otro asunto. Muchas de ellas caían embobadas por la belleza del joven encantador. Su mirada frívola y carente de emociones no era impedimento para hacerlas ver algo encantador, casi fantástico, y que él con el tiempo había empezado a ignorar. Perdían las formas, la entereza, y eso solo le hacía verse obligado a bajar el baremo si quería hacer pasar a las suficientes a la siguiente fase. 

Y ahora, número doce, se hizo presente en la sala, una mas en la lista, una mujer como el resto, a la que debería hacer lucir bien, hacerse ver bonita, o mandar a seguir trabajando como al resto de los que no entraban como seleccionados. Era lo más cercano a una subida de rango que había tenido en todos sus años en la Marina.

―¿Nombre, por favor?―No la observó al momento. Revisaba sus instrumentos de maquillaje, sus metros de medida, los espejos y todo lo que hasta ahora había llegado a utilizar. Por suerte, le habían cedido algunos uniformes de todo tipo de medidas por si algún "accidentado" había roto el suyo durante el entrenamiento, o, dios bidoof no lo quisiera, alguno de ellos se le ocurriese no arreglar y mantener decente su uniforme. 
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#2
Capitulo 13: La marina se viste de prada
Lugar: Baterilla, Cuartel
Fecha: 16 de primavera del año 16
Hora: 08:00 AM




La mañana comenzó como cualquier otra dentro de la base Marine de Baterilla. El sonido constante de botas golpeando el suelo, las órdenes de los superiores y el murmullo de los reclutas llenaban el ambiente desde temprano. Esta mañana me encontraba sobre mi cama dando las últimas vueltas a mi listón azul, luego me aseguraría que cada botón estuviera abotonado para no volver tener incidentes el dia de hoy. Justamente en ese momento una de las reclutas irrumpió en el dormitorio, se trataba de una chica cuyas mejillas estaban sonrojadas por algún motivo que desconozco, hablando emocionada sobre una selección especial, Al parecer estaban buscando soldados con “buena presencia”, ignore lo demás pues no era algo que me importara del todo. Honestamente me sonó absurdo desde el principio. Pero aun así varias de mis compañeras reaccionaron como si acabaran de anunciar un festival –Debemos apresurarnos y presentarnos– Argumento una de las chicas quien ya se encontraba acomodando el escote con total descaro, otras ajustaban sus pantalones haciendo subir mas la cola, y otras, bueno…soltaban su melena, todo eso me pareció un circo, no estaria dispuesta a participar o eso crei, antes de darme cuenta terminé siendo arrastrada junto con ellas hacia uno de los pabellones principales de la base, llevando en mi mano mi valiosa sombrilla, recorri el camino con total desanimo.

Cuando llegamos, lo primero que noté fue la enorme fila de marines esperando frente a la puerta del pabellón. Hombres y mujeres acomodan con total nerviosismo sus uniformes mientras algunos intentaban peinarse utilizando el reflejo de las ventanas cercanas. Fruncí ligeramente el ceño observando la escena, especialmente cuando noté que las mujeres actuaban demasiado extrañas. Algunas susurraban entre ellas con las mejillas rojas mientras otras parecían incapaces de dejar de mirar hacia la puerta cerrada del lugar. Me coloqué al final de la fila cruzándome de brazos con expresión confundida —¿Qué les pasa a todas…? —murmuré por lo bajo. Una marine delante de mí giró apenas el rostro completamente sonrojada. —Dicen que el encargado de la selección es absurdamente atractivo… —susurró casi suspirando mientras volvía a retocar su melena.

Parpadeé varias veces antes de soltar una pequeña risa incrédula –Jejeje…¿Y por ello pierden la cabeza?…es Ridículo–  No entendía cómo alguien podía perder la compostura solo porque un hombre tuviera buena apariencia. Éramos marines, no un grupo de adolescentes hormonales. Aun así, conforme la fila avanzaba comencé a notar algo inquietante. Las mujeres que salían del pabellón parecían completamente desorientadas. Algunas apenas podían hablar con claridad, otras escondían el rostro mientras caminaban torpemente por el pasillo y una incluso salió chocando contra una pared mientras murmuraba algo sobre “sus ojos”, pero lo que mas me sorprendio fue ver al final del pasillo como una de las chicas que habia entrado hace poco...se desplomó completamente por los suelos. Mi expresión cambió lentamente al reconocer aquel patrón demasiado familiar. Sentí un escalofrío incómodo recorriéndome la espalda mientras ajustaba de inmediato el cuello de mi uniforme, ¿Porque? No sé, pero lo más lógico sería evitar posibles comentarios negativos.

Estaba a dos chicas de llegar a mi cometido, mi mente estaba sumisa en pensamientos absurdos –*¿Atractivo?...¿Como es un hombre atractivo? ¿Acaso tendrá la melena dorada?¿Quizás sea un adonis de ojos azules? o ¿Tendra pectorales duros como una roca?*-- Mi mente comenzó a trabajar, imaginando la persona que se encontraba detrás de aquella puerta. Aquellos pensamientos solo lograron que me pusiera un poco más nerviosa pues la personalidad podria ser algo brusca o ¿sería un adulador de primera?, No se porque...pero de pronto me sentía más ligera, como si el nerviosismo se hubiera escapado de golpe. Escuche la tan esperada palabra [Siguiente], tan pronto me moví cuando escuche los gritos de mis compañeras totalmente eufóricas –¡¿OYE PERO QUE ESTAS HACIENDO?!-- Gritaron casi al mismo tiempo, pero lamentablemente ya había cruzado el umbral.

Lo primero que observé fue el lugar donde nos encontrábamos, era grande y estaba totalmente vacío, supongo que la razón era para brindar privacidad. Pero mi atención se desvió hacia la persona del fondo, de pronto sentí curiosidad por estudiar su rostro, tratar de comprender porque todas suspiraban. Dejando mi sombrilla apoyada en la puerta de entrada, me acerque finalmente para acortar la distancia, solo escuche cuando pregunto por mi nombre mientras revisaba cuidadosamente sus instrumentos –Kagura– dije a secas mientras me cruzaba de brazos esperando que alzara la cabeza, analizando cada tramo de su cuerpo, era alto sin duda, melena sedosa y extravagante, su anatomía reflejaba que era un soldado a simple vista, pero ¿Rango mayor?. Harta de estas sensaciones tan confusas, me quedé esperando sus indicaciones mientras me cruzaba de brazos, pues no entendía porque había tanto alboroto para ser un encuentro tan ordinario, ¿Que tenía de especial este señor?, me incline un poco con la esperanza de verle el rostro –¿Y tu? ¿Quien eres?-- Ciertamente ya no podía soportar tanta incertidumbre y al desviar mi rostro hacia mi propio torso, me percate que carecía del uniforme en su totalidad, quedando solamente en mi ropa interior en tono azul, ahora comprendía los gritos de hace unos segundos.

Ahh...no otra vez ...-- Fue lo último que logré decir antes de encontrarme con ese destino tan prometedor.

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#3
Ni siquiera alzó la mirada. Estaba enfrascado en todos sus materiales, sus documentos y sus materiales de maquilla, inmerso en sus propios pensamientos sin siquiera poder prestar atención suficiente a aquel grito conjunto que se hizo presente justo antes de cerrar la puerta. Él sólo siguió el procedimiento, algo repetitivo que llevaba realizando una y otra vez con cada uno de los participantes, apuntando el nombre de la susodicha en cuanto pudo escucharlo.

"Kagura..."

Y entonces alzó la mirada, observando la escena. 

Su mirada y tono imperturbables no se vieron vulnerados por lo que tenía frente a sus ojos. Ni siquiera hubo confusión, mucho menos vergüenza. Aquella nueva aspirante había entrado prescindiendo de su uniforme reglamentario, manteniéndose erguida frente a él con tan solo tres conjuntos de ropa compuestos por el sujetador, las bragas, y, remarcando una aparente voluntad por aparecer en el barracón en esas condiciones, unas botas altas que sospechosamente estaban más limpias de lo esperado, cubriendo sus piernas casi hasta la rodilla.

Aquella imagen era dantesca, incitando a una tentación que el marine no sentía por una mujer que, cómo muchas otras, parecía a simple vista haber caído ante los encantos del hombre que las observa, pero en este caso dando un paso más allá, elevando la osadía y creatividad de su interés a un nivel que no había llegado a estimar en un proceso que considera, de alguna forma, mínimamente formal.

Suspiró con pesadez.

―No sé con que intención habéis entrado a este proceso sin vuestro uniforme reglamentario, pero supongo que podemos seguir con él de todas formas.―Su voz no mostró ningún cambio. Su tono invariable, tan serio y monótono, carente de emoción alguna dejaba en evidencia la poca importancia que le estaba entregando a las vergüenzas de la dama que, por alguna razón, tampoco parece dispuesta a ocultar como una dama pudorosa habría llegado a realizar en una situación accidentada.―Mi nombre es Kael, y soy uno de los jueces de este proceso, concretamente encargado de realzar y resaltar la belleza de los marines que pueden aspirar a la siguiente fase.―Un procedimiento que no contaba completamente con su juicio sincero. Había engrosado el número de candidatos para la siguiente fase, dejando así a los superiores de mayor rango decidir entre aquel grupo para que, sencillamente, rescindieran de los servicios de Omuyaga una vez todo aquello finalmente hubiese terminado.―¿Alguna otra pregunta?

Comenzó a caminar por la sala soltándose la melena en un gesto algo cansado, pero acostumbrado a la formalidad durante años. Se acercó hasta el armario portátil con decenas de uniformes de todas las tallas conocidas en aquella base, y por supuesto, en la selección de humanos, tomó lo que podremos considerar como talla XS, observando la misma para equiparar con las condiciones de la de cabello anaranjado. Su tamaño, así cómo la acentuación de su cintura permitían a aquel uniforme encajar con la muchacha, pero hubo un pequeño detalle que le hizo descartar esa idea de su cabeza.

―No...este te quedará un poco apretado.―Tomó entonces una talla superior, entregando la que podemos denominar como talla S, y le hizo entrega de la misma con calma, estirando las manos hacia ella, permitiéndole, si hacía lo propio, poder tomar el uniforme consigo.―Puedes vestirte en el probador improvisado a tu izquierda. Una vez estés preparada podremos comenzar con el proceso adecuadamente.

No quiso continuar explicando, no hasta que la joven estuviera en un estado de decencia suficiente como para que la formalidad de la situación se afirmase, y aquello no fuera un escenario de malinterpretaciones en las que cualquier oficial de mayor rango accidentalmente los viese contraer si se adentraban en el barracón. 

Claramente, si aquello era una prueba para demostrar la fuerza de su voluntad, no había sido superada, sino directamente ignorada por un marine que, a todas las épocas vividas. se había encontrado envuelto en múltiples escenarios de una índole que rozaba lo lascivo, y donde solo él podría terminar perdiendo de llegar a verse resquebrajada su fuerza.
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#4
Alzando finalmente el rostro, me encontré de golpe con la verdad. Sus facciones afiladas parecían esculpidas con demasiada perfección para pertenecer a alguien real y sus orbes oscuras… dios, aquellos dos ónix parecían atravesar mi piel para engancharse directamente a mi corazón. Un pequeño jadeo escapó involuntariamente de mis labios mientras un escalofrío recorría lentamente todo mi cuerpo dejándome con la guardia baja. Ahora podía entender perfectamente por qué aquellas mujeres salían de esta habitación a punto de desmayarse. El hombre que estaba delante de mí era realmente atractivo, absurdamente atractivo. Su mirada desataba una extraña euforia difícil de controlar quemando todo a su paso.  Sus expresiones serias solo reforzaban aquella sensación de ser alguien completamente inalcanzable para cualquier dama. Pero no era únicamente su apariencia la que deslumbraba; era su aura que envolvía el ambiente con una intensidad imposible de ignorar, como si cada movimiento suyo arrastrara todo mi alrededor sin siquiera intentarlo. Se sentía como la fuerza de  gravedad capaz de atraerme hacia él con el mínimo gesto que hiciera, una presión invisible que hacía imposible apartar la mirada de él, Toda su esencia podía resumirse en una sola palabra: tentador.

De pronto, un suspiro escapó de sus labios y aquello consiguió alarmarme por completo. Fue un sonido leve, casi imperceptible, pero en mi cabeza resonó como si estuviera cargado de indignación o quizá de frustración hacia mí. Mi espalda se tensó al instante mientras lo observaba con mayor atención, intentando descubrir qué estaba pensando realmente, Fue entonces que habló y cada una de sus palabras cayó sobre mí con una dureza inesperada. Abrí ligeramente la boca, completamente sorprendida por lo directo que podía llegar a ser. Por un momento sentí el impulso inmediato de replicar, defender aunque fuera un poco mi dignidad y justificarme de alguna manera, pero siendo honesta, en la situación en la que me encontraba tampoco podía discutir demasiado. Aun así quería decir algo, cualquier cosa, aunque él continuó hablando antes de que pudiera ordenar mis pensamientos. Naturalmente respondió cada una de mis preguntas de la forma más específica y precisa posible, alimentando todavía más mi curiosidad e incitándome a seguir escuchándolo, pero al mismo tiempo había algo extraño en su tono, como si cada respuesta también fuese una silenciosa invitación a callarme y simplemente obedecerlo.

De pronto soltó su melena de una manera tan elegante que me quedé completamente muda. Aquella cascada azabache cayó lentamente sobre sus hombros como una lluvia oscura buscando dónde reposar, suave y perfectamente ordenada pese al movimiento. Sentí cómo el calor subía de inmediato hasta mis mejillas al imaginar, por un instante demasiado extraño, aquella misma cabellera cayendo ligeramente sobre mi. Sacudí la cabeza apenas noté hacia dónde se dirigían mis pensamientos, intentando apartar cualquier idea rara antes de avergonzarme todavía más. Respiré hondo mientras él continuaba trabajando con absoluta naturalidad, como si no fuera consciente del efecto que provocaba.

Tomaba distintas prendas entre sus dedos con movimientos precisos y elegantes, observándolas apenas antes de dirigir la mirada hacia mí. Aunque casi no me veía directamente a la cara, sentía que analizaba cada proporción de mi cuerpo con una precisión inquietante, ajustando mentalmente telas y medidas como si estuviera completamente acostumbrado a ello. Finalmente encontró el conjunto indicado y lo extendió hacia mí sin dudar. Por pura inercia me acerqué para tomarlo entre mis dedos, sorprendida al notar que la talla era exacta. Pero antes de que pudiera decir algo, sus indicaciones continuaron llegando con aquella calma firme que parecía no darme espacio para pensar demasiado.

Haciendo caso a sus palabras y sin agregar nada más, me desvié hacia el vestidor improvisado detrás de la cortina, Sin más comencé a quitarme las botas mientras soltaba un pequeño suspiro  —¿Por qué soy así…? —murmuré en voz baja para mí misma, todavía frustrada por reaccionar de manera tan absurda frente a alguien como Kael. Comencé a cambiarme lentamente, acomodando el nuevo uniforme sobre mi cuerpo; era distinto al que solía usar, era más ajustado y elegante, ¿Seria por el material con el cual estaba hecho?, no, era lo mismo estaba segura. Una vez terminé de acomodar el listón y asegurar cada detalle, respiré profundo antes de salir nuevamente del vestidor improvisado para encontrarme otra vez con aquella figura masculina —No me desnudo porque quiera, ¿sabes…? —respondí finalmente a su comentario brusco mientras lo observaba con más atención. Su altura seguía siendo inquietante de cerca, aunque me negaba a dejarme intimidar por eso —Simplemente pasa y ya —añadí suspirando antes de acercarme hasta quedar frente a él —Bueno… ¿y ahora qué? —pregunté finalmente con cierto sarcasmo—¿Bailo? ¿Canto…? —murmuré mientras, por pura costumbre, llevaba las manos hacia el listón del uniforme para comenzar a aflojarlo nuevamente.

Uniforme
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#5
A pesar de mostrarse impasible y profesional, el joven azabache no perdía detalle en lo que la joven reflejaba en su rostro, unas mejillas sonrojadas a las que ya estaba acostumbrado, algo que en este caso le hacía dudar entre el interés que ella sentía hacia él, o la vergüenza de su desnudez frente al hombre. Observaba su postura, buscando esconder su figura sin llamar la atención, sin considerar que se siente expuesta a pesar de lo evidente. Él no iba a importunarla, y mucho menos iba a gastar segundos de su pensamiento en pensar en lo que era ver a una mujer de bella figura en aquellas condiciones. Su misión era la misma, y eso no le hacía flaquear su entereza ni en el más ínfimo ápice.

Al entregar el atuendo y dejar que se cambiara comenzó a tomar sus materiales: pinceles de maquillaje, pintalabios, delineadores, correctores, ordenando todos y cada uno de ellos una vez más, buscando entre sus dedos el elemento correcto para comenzar su nueva obra. Fue entonces cuando la joven candidata salió del vestidor improvisado. Con un nuevo uniforme era mucho más sencillo mirarla sin parecer un aprovechado, y el trabajo podría realizarse sin mayor contratiempo.

Acercó sus pasos hacia la contraria, recortando la distancia hasta tenerla perfectamente al frente, observándola hacia abajo. La diferencia de altura no era un problema para él; en ningún momento le había resultado problemática, pero tenía que asegurarse.

—Por supuesto que no.—Respondió maldecido por aquella voz carente de emoción.—Eres marine, no un mono de feria ni una bailarina exótica. Aquí no se viene a demostrar tus habilidades fuera del trabajo, sino a demostrar lo que somos los marines.—Agarró la mano contraria con firmeza, sin ejercer fuerza más allá, impidiendo que aflojase el listón.—Las manos fuera de la ropa, ¿entendido? Ya tienes el uniforme perfectamente para la foto. Evitemos que vuelva a desaparecer por accidente.

No es que hubiese creído sus palabras, es que no le desea dedicar el tiempo a un debate que carece de sentido en esas circunstancias. No ha podido comenzar ni siquiera a maquillar, por lo que lejos de poder sentarse a tener una pequeña conversación, debe asegurar todos los pasos para que aquella candidata algo más hermosa que el resto pasase como una de sus mejores obras, especialmente entre tantísimo relleno que había dejado entrar a conciencia.

—Si aprieta entonces no he elegido la talla correcta. Tiene que quedar firme, no holgado, pero tampoco puede destacar mucho tu figura. La idea no es que se fijen en si eres o no una marine atractiva a la vista, sino una soldado con fuerza y entereza, orgullosa de pertenecer al cuerpo.—Comentó con naturalidad, comenzando a comprobar en la vestimenta contraria que todo estuviera en su sitio, sin generar tensión como tampoco arrugas.

Su cabello naranja le dió una idea para comenzar a trabajar, una idea sobre los colores a resaltar en sus mejillas junto con la profundidad de sus oscuros ojos. Aún así, no le ha dado ninguna pista de como van a proceder, por lo que debe asegurarse que la contraria esté de acuerdo antes de proceder.

—Lo que voy a hacer como ya te imaginarás es maquillarte, asegurarme que tus colores resaltan y no quede ni una imperfección sobre tu rostro para la foto. Naturalmente, si crees que hay alguna parte de tu cuerpo que se deba tapar con algo de color dímelo y lo trabajaremos juntos. ¿Hay algún color en particular que consideres que te quede mejor? Decidiré si creo que es el correcto, pero quiero también asegurarme que a la hora de hacer la foto estés contenta con el resultado.

Solo si le daba el consentimiento, una vez estuviese todo dicho, comenzaría con aquel proceso lento, natural y sereno, pudiendo entonces sí hablar con mayor calma si así ella lo deseaba.
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#6
Cuando se acercó para inspeccionar el uniforme de arriba abajo, una extraña mezcla de intriga y nerviosismo recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica. Sentí mi corazón golpear con tanta fuerza que era imposible no escucharlo, su fragancia invadía lentamente mi olfato quedándose impregnado en mí como un perfume imposible de ignorar. Había algo en él, ¿encanto? quizas, no, era toda su presencia y en la manera en que me observaba, me resultaba peligrosamente fascinante, ¿Queria estar a su merced?, claro que si... Sin embargo, mis preguntas fueron lo suficiente para abrir una grieta entre ambos, como si el ambiente se transformara en un silencioso campo de batalla, como si un jarron se hubiera hecho en miles de pedazos...rompiendo la magia del momento —¿Mono…?—repliqué por lo bajo, apenas frunciendo el ceño. Pero sus palabras continuaron escalando hasta hacerme sonrojar, esta vez consumida por la ira, ¿Quien se creia? —¿Fuera del trabajo…? —repetí al sentir una punzada clavándose directo en mi pecho, sus palabras eran duras a pesar que no era mi intecion hacerle enojar. Mi mano quiso desatar aquel listón, pero las acciones del azabache me confundian totalmente, su mano sujetó con firmeza mi diestra antes de que pudiera desatarlo. No necesitó ejercer demasiada fuerza para impedirlo; bastaba ese simple contacto para entender el juego de poder que se estaba desarrollando entre nosotros.

Dejé que la conversación continuara su curso, aunque mi mente ya era un completo desorden. Él estaba tan concentrado en cumplir con lo planeado que no dio pie a que pudiera objetar, Quizar si debía ignorar todo lo que acababa de escuchar pero mis pensamientos chocaban entre sí de forma caótica, ¿Fuerza? ¿Orgullosa? ¿Colores? ¿Maquillaje?... Todo se mezclaba mientras la tensión seguía creciendo entre nosotros. Sin mas aparté su mano de la mía sin el menor cuidado, incapaz de fingir delicadeza en ese momento, no podia mostras debilidad ahora. Mi diestra ascendió lentamente hasta mi sien, frotándola con suavidad mientras dejaba escapar un suspiro pesado, cargado de cansancio y frustración contenida —Espera… espera… —murmuré finalmente, buscando las palabras correctas que debia decir. Entonces alcé la cabeza, clavando mi mirada en él mientras levantaba el dedo índice, como si estuviera a punto de poner fin a toda aquella absurda discusión.

¿Qué te hace pensar que no soy un buen ejemplo de un Marine? —cuestioné casi de inmediato incapaz de quedarme callada, senti que en menos de un minuto pisoteo mi orgullo y mi integridad sin piedad alguna. Mi voz sonó firme, aunque debajo de ella se escondía una molestia creciente que apenas lograba contener—Quizás tengo un problema con llevar la ropa encima… pero puedo controlarlo ¿sabes?... No es tan difícil si me lo propongo -- Intenté defenderme mientras sostenía aquella mirada penetrante que desde el primer instante me volvio loca pero sin embargo, parecía haberme juzgarme por ser quien era. Estaba tan concentrada en justificarme con valentia absoluta que no noté el momento exacto en que mis dedos terminaron desabotonando el último botón de la camisa dejando expuesto mi escote de nuevo. Tampoco fui consciente de cuándo mis manos aflojaron el botón del pantalón con una velocidad casi absurda, como si actuaran por cuenta propia, simplemente era un habito que no podia controlar.

Llevé mis manos hasta el borde de la blusa y la retiré nuevamente, dejando mi sosten al descubierto mientras alzaba la mirada hacia él con una mezcla de nerviosismo y determinación reflejada en el rostro, el corazon latia con fuerza pero ya no distinguia si era sentimiento de lujuria o de ira, pero solo tenia un objetivo en mente —Quiero seguir con esta selección… quiero defender mi orgullo, quiero intentarlo… pero si acepto tus términos, entonces acepta los míos —murmuré antes de acercarme un paso más y colocar la prenda sobre su torso, manteniendo aquel contacto visual que me hacía sentir extrañamente vulnerable. No tenia dudas habia algo en él que me fascinaba demasiado, ¿Pero hasta que punto?, aunque intentara ocultarlo detrás de mi actitud desafiante, cada vez parecia ser mas obvia —Maquíllame… péiname…bes..digo regáñame… —carraspeé con torpeza tras casi equivocarme en la ultima palabra — Pero hazlo sin que use el uniforme por ahora… todo esto me pone nerviosa y se me hace imposible controlar este impulso – Suspire pesadamente antes de girarme por un instante para darle la espalda a Kael, A pesar de su mirada no dude en quitarme las botas para luego seguir con el pantalón ajustado, aunque por accidente la ropa interior terminó deslizándose junto con la prenda. Apenas llego hasta el nivel de mis rodillas cuando me percaté de ello, Con un agil movimiento lo subí golpe mientras mi rostro comenzaba arder por la vergüenza —P-Perdón… jajaja… — me disculpé con evidente nerviosismo sin dar la cara aun, sacudiendo la cabeza mientras las emociones volvían a desbordarse dentro de mí pecho.

Por alguna razón, todas aquellas reacciones terminaron haciéndome recordar a alguien en especial; una pelirroja escandalosa y persistente que llevaba años insistiendo en enseñarme a ser más femenina, a vestir apropiadamente y hasta usar maquillaje sin parecer una completa novata. Masami, Una pequeña sonrisa apareció en mis labios apenas su imagen cruzó mi mente,  logrando que mi corazón se calmara por completo,Recorde varios de sus consejos sobre los colores y apariencia. Dejando atrás parte de la vergüenza, me giré nuevamente hacia Kael mientras doblada el uniforme con cuidado dejandolo en un rincón cercano con cierta torpeza disimulada —Con respecto a lo de antes...¿Podrías usar tonos cálidos?... Creo que me vendrían bien… —murmuré con algo más de calma esta vez, esperando secretamente que ahora fuera un poco más amable conmigo y claro, que olvidara todo hasta ahora.
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#7
ost


Palabras confundidas, frases inconclusas, rostro sonrojado cada segundo más por la vergüenza. Kael no era un hombre que se aprovechase de aquellas situaciones, pero sabía que todo eso lo generaba él, y esa chica, como casi todas las que estuvieron pasando por esa situación justo antes de ella, estaba cayendo en esa red que ni siquiera tejió a propósito.

Su ceño se frunció ligeramente al ver como ella le apartó con desdén. ¿Estaba dispuesta a volver a desnudarse a pesar del esfuerzo por vestirla? Acababa de vestirse, y ya estaba perdiendo los estribos. Un calor nacido de su propio interior la estaba amenazando, y eso él no podía permitirlo. Su único problema, es que las palabras que la siguieron le pillaron completamente desprevenido, causándole algo de confusión que no llegó a expresar en sus facciones.

—Todo lo contrario.—Respondió, esta vez deteniendo todo su trabajo para asegurar que aquello se entendiese a la perfección.—Precisamente porque considero que eres una marine ejemplar es que tenemos que hacer que la gente lo vea. No importa que seas algo si no lo aparentas en la foto. Si no, ¿de qué nos servirá hacer toda esta propaganda?

—Quizás tengo un problema con llevar la ropa encima… pero puedo controlarlo ¿sabes?... No es tan difícil si me lo propongo 

Eso decía, pero sus acciones la traicionaban, desarticulando su argumento en el mismo momento en que lo pronunció. Kael fue testigo de cómo con una habilidad tan alta en una tarea tan absurda la mujer se deshacía del uniforme, ofreciendo, una vez más, la vista completa de su cuerpo con tan solo la ropa más íntima de una mujer más adulta de lo que ella era. En esta ocasión, el de cabello azabache no pudo evitar ver cómo todo aquello ocurría. Apartar la mirada implicaría importancia, pero no hacerlo sería descortesía, y él no tenía intención de dar ninguna de las dos imágenes.

La chica le ofreció la espalda, dejando que la cascada mandarina inundase su mirada mientras trataba de entender por un momento los pensamientos de la contraria. Tan solo tenía un par de ideas que le daban cierto sentido a lo que ella estaba haciendo, y no quería tener razón en ninguna de ellas, por lo que, con cierta reticencia, simplemente quedó a la espera.

—P-Perdón… jajaja…

—...—A esa acción no pudo hacerle caso omiso. Por su reacción había sido un accidente, uno completamente tácito, algo que dentro de toda esa absurda situación podía "entender" sin ver en él una intención detrás, pero lo vió. Fue testigo de ello, solamente por estar delante, por tener su mirada de frente sin apartarla, porque ella no se lo pidió, porque no tenía ningún interés en ocultar su cuerpo. Su mente no lo procesó, y su cuerpo no le dió importancia.—¿Hay algo que quieras decirme? 

Se quitó de en medio. 

Se acercó directamente hasta la cortina usada para el probador improvisado, paso firme, ligero, y la entereza de alguien que solo vela por el resultado de su trabajo, levantándola al momento, dispuesto a colocar aquella pared frente a la puerta con un único motivo: no arruinar su reputación.

—No entiendo por qué quieres que te maquille en esas condiciones, pero si eso te mantiene quieta para que pueda trabajar, entonces aceptaré para que podamos acabar cuanto antes.—Respuesta meditada, usó las palabras correctas para evitar malentendido en el exterior, cuando notó que quizás había alguna persona colocando la oreja tras la misma, cuando sus pasos se acercaron hasta la misma.—Serán tonos cálidos entonces. Creo que el rojo y el naranja quedarán estupendos en tus pómulos.

Tomó una bocanada de aire con sutileza, la suficiente para no notarse cansado, recobrando la ínfima entereza perdida por la confusión. La sorpresa había venido por tener delante a una marine tan extremadamente particular, pero eso no le hizo no poder centrarse de nuevo, y estaba predispuesto aún con todo a lograr llevarla a lo más alto de aquella exposición fotográfica.

—Voy a comenzar. Por favor, quedate totalmente quieta.—Recortó la distancia entre ambos, manteniendo un dedicado contacto a toda la belleza de su rostro, esculpiendo su obra en su cabeza antes de comenzar a pintar. La chica era bella, y él podía hacerla resaltar aún más.

Sus dedos se movieron con toda la precisión que sabían expresar en su arte, apartando algunos mechones anaranjados que caían cerca de sus ojos para despejar el lienzo sobre el que iba a trabajar. El contacto suave en sus movimientos era totalmente opuesto a alguien como él, pero incluso alguien tan rígido comprende cómo ciertos detalles sólo podían tratarse con delicadeza.

Los tonos cálidos comenzaron a aparecer poco a poco entre pinceles y yemas de los dedos: terracotas suaves, naranjas apagados, rojos desaturados, colores que no buscaban transformar a esa marine en alguien distinta, sino extraer algo que ya estaba allí, oculto bajo aquella energía avergonzada que le ofrece a su desinteresado pintor. El maquillaje rodeó lentamente sus ojos con sombras cálidas, alargando apenas la mirada hacia los extremos para darle una sensación más felina, más intensa, pero sin romper nunca la naturalidad de sus facciones. Él sabía perfectamente cuándo detenerse, pero no lo haría hasta lograr proyectar ante sus ojos lo que su mente había dibujado.

La luz del oasis, tenue y parcialmente dorada por el reflejo de la arena, terminó convirtiéndose en una herramienta más para él. Aprovechó cada sombra natural que se formaba sobre el rostro de la muchacha para profundizar apenas ciertos contrastes, marcando la línea de sus pestañas inferiores con mucha sutileza.

La profunda oscuridad de sus pupilas descendió lentamente hacia sus labios mientras trabajaba sobre los últimos detalles, añadiendo un tono rojizo tenue que conservaba la frescura que le pedían los tonos cálidos, aunque ligeramente mordida por una sensación contenida difícil de explicar. Un tono coqueto, femenino, quizás demasiado para una marine en aquella situación, pero caprichosa en un juicio personal.

Una emoción atrapada entre la cercanía y la distancia. Quizás solo estaba jugando con su propia imaginación, o tal vez probaba algo distinto, pero no le desagradaba. Cuanto más avanzaba, más evidente se hacía que el joven marine no estaba maquillando únicamente un rostro bonito. Estaba construyendo una imagen capaz de transmitir algo atractivo de mirar directamente, precisamente porque resultaba como una humana más, pero al mismo tiempo, destacando por encima del resto.

Sus ojos volvieron a los de ella apenas unos segundos más de lo necesario.

—No cierres los ojos todavía.—Comentó con su tono carente de emoción mientras acomodaba ligeramente el ángulo de su rostro con dos dedos sobre el mentón femenino.—La mirada es lo más importante. Si eso falla, todo lo demás pierde valor.

Le estaba quedando un trabajo mucho más detallado de lo que esperaba.
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#8
Tras aceptar mis terminos, Kael finalmente comenzó a moverse apartándose apenas de mí. Aproveché ese instante para sacar la lengua con sutileza celebrando mi pequeña victoria sin que él se diera cuenta. Había conseguido exactamente lo que quería, estar cómoda siendo yo misma a mi manera. Mis ojos lo siguieron con atención mientras tomaba entre sus manos una de las cortinas que hacía de vestidor, con calma atravesó la habitación hasta colocarla frente a la puerta, cubriendo parcialmente la entrada para que nadie pudiera ingresar o ver desde el exterior. Mi expresión se tornó curiosa al instante alzando una ceja, Por un segundo pensé en preguntarle el motivo aunque desistí. Intuí que su respuesta estaría ligada a la moralidad, al pudor… o quizá a alguna consideración que sólo tenía sentido dentro de su propia lógica.

Cuando regresó, sus palabras fueron justo la tregua que necesitábamos para continuar con aquel casting. Sonriendo de oreja a oreja, asentí apenas, dejándome envolver por una sensación de calma a pesar de estar en ropa interior frente a él. Sin embargo, los problemas aún no habían terminado; persistía un detalle imposible de ignorar, uno que comenzaba a inquietarme más de lo que estaba dispuesta a admitir, recorde el extraño efecto que el azabache provocaba en mí. Lo observé con atención relativamente a la defensiva, siguiendo cada uno de sus movimientos, Escuché su voz llenar el espacio y al verlo suspirar con evidente resignación, una risa nerviosa escapó de mis labios,era suave, casi involuntaria, pero mientras intentaba disimular el caos que me despertaba…estaba más que confundida.

Advirtiendo que estaba por comenzar con su labor, recortó la distancia entre ambos y aquel gesto me hizo retroceder un paso por puro reflejo. Lo cierto era que su cercanía me resultaba peligrosa como si fuera capaz derribarme con solo un toque, aunque debía ignorar aquella extraña sensación si realmente quería continuar. Solté un suspiro suave mientras negaba con la cabeza, obligándome a avanzar de nuevo hasta recuperar la distancia perdida y quedar frente a él, a su alcance—Está bien…– No añadí nada más. Me limité a alzar el rostro, encontrándome una vez más con esos ojos ónix que parecían estudiar cada detalle de mis facciones con una atención imposible de ignorar. Aun sabiendo que solo observaba con intención profesional, sentí el calor subir a mis mejillas. Mi pulso volvió a acelerarse sin querer. Cerré los labios, respiré hondo y permanecí quieta, dejando que comenzara con su cometido.

Los segundos parecían eternos, podia sentir el roce invisible de sus dedos sobre mi rostro y aunque apenas me tocara, un ligero temblor recorría mi cuerpo. Con una delicadeza insoportable, como si nada acomodó algunos mechones de cabello detrás de mi oreja. Lo observé en busca de alguna expresión distinta, alguna grieta en aquella serenidad suya, pero la verdad era otra…solo yo me estaba dejando arrastrar por aquel torbellino de emociones.

Desvié la mirada hacia otra parte, intentando escapar de todo aquello y mi mente comenzó a fabricar escenarios donde era libre de todo este caos. Pensé en las gaviotas suspendidas sobre el océano, atravesando el viento sin miedo; pensé en mi niñez, en las tardes interminables y en las risas despreocupadas. Y cuando creí la guerra perdida… empecé a repetir trabalenguas absurdos en mi cabeza —Tres tristes tigres comieron trigo en un trigal…la carne…de tres dorados tigres…conejos…pan…— como si aferrarme a esas palabras pudiera mantenerme cuerda.Fue como desconectarme a medias del mundo o mejor dicho…evadir a Kael. Mientras sentía el pincel deslizarse sobre mi piel, decidí borrarlo de mi mente por completo, como si ignorarlo pudiera hacer desaparecer la tensión que me consumía lentamente.

Hasta que escuché su voz nuevamente. Sus dedos elevaron mi rostro con una suavidad peligrosa y terminé encontrándome otra vez con aquellos ónix, sintiendo de inmediato ese extraño revoloteo en mi estómago que parecía desarmarme por completo —¿Sí?…— respondí casi por inercia, aunque mi atención ya se había desviado hacia sus labios; a esa distancia podía apreciarlos mejor, suaves, limpios… tentadores. Entonces, aquella idea absurda apareció de golpe en mi mente…de querer mancharlos con el mismo labial que teñía los míos. Incapaz de soportar más aquella cercanía, desvié el rostro hacia mi derecha mientras sentía cómo el calor subía hasta mis mejillas; estaba segura de que ahora mismo debía verme roja como un tomate —Tiempo fuera…— murmuré, alzando mi diestra en señal de rendición para pedirle un poco de espacio. Necesitaba recuperarme, no quería que notara el desastre que estaba provocando dentro de mí. ¿De verdad alguien podría debilitar a otra persona con solo mirarla a los ojos? Vaya… quizás Kael no era un ángel, pero tampoco un demonio, aunque comenzaba a pensar que podía ser mucho peor que ambos.
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#9
Aquel movimiento, aquel gesto en el rostro de la contraria sirvió para que Kael, habilidoso sin llegar a ser eminente, cesase su movimiento con el pincel, evitando así manchar su delicado y perfecto rostro lienzo.

El marine permaneció con la mano suspendida en el aire, preguntándose por qué razón ella le había pedido ese "tiempo fuera" que no había entendido del todo. Poco a poco decidió finalmente retirarse, creyendo que distanciarse de él quizás era la respuesta que ella necesitaba y buscaba. No sabía nada a ciencia cierta, pero al menos, consideró las opciones antes de siquiera poder plantearlas. Quizás ella no quería hablar de eso, y él decidió respetarlo...por mucho que le molestase.

—¿Necesitas algo de agua?—Tan pronto entregó la pregunta, dejó las herramientas a un lado, yendo a buscar en la esquina más alejada de la sala una cantimplora de gran tamaño, usada como botella para lo que ocurriese en ese lugar y, sobre todo, para que el hombre que debía permanecer durante horas en esa zona estuviera fresco, pudiendo así perder la menor cantidad de tiempo posible.

Si al final, los superiores saben trabajar, pero no les daba la maldita gana.


—Procura no tocarte la cara. Las sombras de tus ojos aún no se han secado.—Añadió aquella observación con absoluta naturalidad, como si fuese el único problema realmente importante en ese momento. Una vez recortó de nuevo la distancia, entregó el vaso cargado del líquido refrescante para la de cabello anaranjado.—Toma, te vendrá bien para bajar el calor de la cara.
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Por supuesto, el marine no era en absoluto ciego, pero sabía hacer de cuenta que no veía nada si la situación lo requería.
Aprovechó la pausa para revisar mentalmente la imagen que había construido hasta entonces. La armonía de colores funcionaba en su rostro. Los tonos cálidos potenciaban el brillo natural de su cabello mandarina y hacían que sus ojos destacasen incluso bajo la iluminación irregular del barracón. Solo faltaban unos pequeños retoques para terminar, y con ello...


—Estás quedando de maravilla. Cuando termine contigo, incluso a ti misma te costará reconocerte.


Está intentando entregar algo de conversación, buscando con ello recortar la tensión existente entre los dos que hacía de ese trabajo algo más pesado. El joven está haciendo un trabajo excelso, pero no puede evitar pensar que hay algo más en esa chica que no había planteado en ninguna otra. No muestra las mismas facetas que el resto de muchachas a las que a maquillado. La deficiencia de ropa claramente denota que ella es, sin duda alguna, extremadamente diferente a las demás, pero eso no le quita el hecho de que su comportamiento, su necesidad de espacio, y sus claros motivos por los cuales necesitaba ese distanciamiento, eran, sin duda, completamente novedosos para el joven.


—No es de mi incumbencia, pero si me permites la pregunta, ¿puedo saber de donde procedes?—Tiene algo que tratar de confirmar sobre la muchacha. Una duda nacida en su cabeza que, satisfacer, serviría para tratar de entender un poco como debía tratarla, al menos, en los próximos minutos mientras trata de darle algunos retoques finales cuando ella, tomando aire, le diese de nuevo el visto bueno.


La curiosidad nunca fue su fuerte, pero siempre busca hacer su trabajo de forma excelsa, y ella, su impedimento principal en este momento, no iba a ser una excepción a esa capacidad innata del marine frente a Kagura. 
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#10
Hasta ahora me he considerado una mujer directa, alguien incapaz de callarse lo primero que se viene a la mente, pues siempre la primera impresión generaba emociones complejas dificiles de ignorar, tampoco era el tipo de persona que tomará en cuenta las consecuencias de sus actos, nunca le temí al conflicto que pudiera generar mis palabras, realmente creía poseer una fortaleza inquebrantable, una voluntad que era capaz de enfrentar cualquier batalla sin titubear, o bueno, eso era lo que había creído hasta este preciso instante, pero ahora que que me encontraba en ese lugar…completamente a solas con un hombre al que jamás había visto en mi vida, su sola presencia parecía querer derribar cada rincón de mis defensas, sus bellos orbes ónix, serenos y afilados atravesaban cada uno de mis muros con una facilidad desconcertante, sin duda era de esos hombres cuya mirada bastaba para arrebatar el aliento y hacer vacilar incluso al corazón más firme (como el mio). Seguramente muchas mujeres caerían rendidas ante él... pero la pregunta que me inquietaba era otra: ¿yo también estaba comenzando a hacerlo?...ciertamente tenía miedo de caer en ese juego.

Ante mi situación pareció darme tregua, quizás para él este tipo de circunstancias era algo totalmente cotidiano, pero para mí era como intentar mantener el equilibrio sobre una cuerda floja en donde podría caer al vacío con tal solo un paso en falso, con una calma casi irritante para mi orgullo, se apartó apenas lo suficiente para darme un poco de espacio y aso poder calmarme, me sentí totalmente aliviada por aquella distancia a pesar de que mi corazón golpeaba tan rápido como una locomotora –*Calmate…*-- pensé mientras el tenue calor se extendía por mis mejillas producido por la vergüenza, pero al escuchar su pregunta y sus palabras parpadeé varias veces, tratando de recuperar la compostura, solo para descubrir que después de provocar semejante desastre emocional, lo único que parecía preocuparle a este hombre era... mi maquillaje. Con total naturalidad se alejó diciendo que iría por un poco de agua, como si aquello fuese el problema más urgente en mi cabeza.

Dejando salir un suspiro en protesta, relaje el cuerpo mientras despejaba la mente. No estaba acostumbrada a estas emociones que parecía alterar la paz de mi ser, tampoco quería admitir semejante sentimientos, ya tenía suficiente con ciertas condiciones que no podía controlar…por no decir sobre cierta afinidad por una parte en especifica de la anatomía masculina. Para ser franca, era eso lo que me molestaba del todo, no le estaba viendo el pecho para comportarme de esta forma tan irracional, mientras él se disponía a traerme algo de agua, me le quede observando por detrás, su espalda, su altura, esa cabellera y esas facciones tan varoniles, me hacía llegar a una sola conclusión.

*La belleza también es un arma poderosa* — pensé totalmente serena, como si el cielo se abriera paso sobre mí dejándome escuchar los coros de los ángeles, siendo iluminada por la absoluta verdad, o esa era la excusa que quería tomar para no seguir temblando cada vez que se me acerca. Cuando regresó con el vaso con agua no dude en tomarla dejando que eso me calmara totalmente, escuche sus palabras atentamente…¿era un cumplido? o ¿era un logro para él?, sinceramente me sonroje por la vergüenza pues debía de admitir que a veces carecía de esos toques femeninos –Bueno…si…– respondí un tanto nerviosa, pero no me dejaría ganar de nuevo, así que volví a soltar otro suspiro leve para tranquilizar mi corazón.

Listo…sigamos…– confiada de que ya no me agarraria con la guardia baja, me mantuve tranquila bajo sus manos, notando como volvía a tomar el control de esta situación, perfeccionando detalles, utilizando pinceles y otros productos que solo ayudaban a resaltar las facciones de mi rostro, mi mirada estaba fija en él, hipnotizada por esos orbes que parecían estudiar con calma el lienzo delante de él, si, ahora era su obra de arte pero…¿quedaré tal y como desea?...esperaba que si, mientras seguía dando esos retoques finos, escuche su pregunta sobre mi origen a lo que sutilmente desvié la mirada hacia otro punto de la habitación.

Nací aquí en Baterilla, pero mi origen proviene de Isla de Kárate…– mencione sin darle mucha vuelta al asunto aunque para ser sincera, no me apetecía hablar de mi pasado por lo que decidí cambiar un poco la dinámica –Y…¿Estás acostumbrado a que las chicas se desmayen por ti? – un poco directa para ser franca pero estaba curiosa ante semejante efecto que provocaba –Perdoname…pero me da miedo admitir que me impresionaste con tan solo una mirada – finalmente confesé lo que rondaba por mi cabeza, quizás ahora él se haría una idea de lo que realmente me estaba pasando.
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