[P.R][T3] Un peludo asunto
#1
Día 83 de Otoño, Año 17

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Vegetación y jungla, eso era todo lo que había alrededor. Cualquiera podría alzar la vista, mirar alrededor y solamente ver una extensa capa verde que se extendía por todo cuanto alcanzaba a ver la vista. Esa misma capa verde hacía que incluso los rayos del sol provenientes de un cielo despejado en toda su inmensidad no llegaran a alcanzar el suelo. El lecho de vegetación superior y, por ende, los primeros estratos del bosque —o los más altos— tapaban completamente esta luz, haciendo que las capas bajas se encontraran en una sombra constante. Eso hacía que ese día de Otoño, a una hora mediana de la tarde, no más de las 17:00, el tiempo bajo aquel manto verde fuera ligeramente fresco. Digamos que sería el momento perfecto para descansar y echarse un rato a la sombra de uno de los gigantescos troncos de árboles y dejar que los problemas se desvanecieran uno a uno en un manto de nubilización provocada por el sueño. Sin embargo, tampoco había sitio para el descanso en aquel lugar, puesto que no todo era vegetación; la fauna autóctona también era preocupante: animales e insectos de enormes proporciones pululaban por el lugar, dueños de la tierra que pisaban, amenazantes para todo aquel que procurara inmiscuirse demasiado en la jungla. Si alguien centrara su atención en los ruidos que la jungla producía, podría comprobar que siempre había algo acechando: quizás una mantis religiosa del tamaño de un rinoceronte o un tigre del tamaño de un elefante con dientes afilados como lanzas. No obstante, en aquel momento, en aquel lugar, en aquel claro de la jungla, todo estaba en silencio, y eso era algo sumamente extraño.

Contenido Oculto

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Todo parecía indicar que el lugar se encontraba completamente en calma y que nada podría romper aquel remanso de paz en una aparente jungla de gran peligrosidad. Y es en ese mismo remanso de paz donde se encontraban dos uniformados, los leales servidores de la justicia en los mares. ¿Su objetivo? Quizás desconocido para ellos, pero incluso ellos podrían notar esa aparente y desconcertante tranquilidad.
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No muy lejos de allí, si la copa de los árboles dejara verlo, subía un hilo de humo desde otro claro, más cercano a la zona interna del bosque. Allí se había formado una especie de campamento de una forma poco estética pero efectiva. Barracones en los laterales que impedían el libre acceso a todo aquel invitado no deseado, con sus respectivos guardias en los mismos. Un total de cuatro barracones de este tipo con ocho guardias en total rodeaban un linde en cuyo interior parecía haber bastante movimiento. Individuos vestidos todos de la misma forma: chalecos negros con pinchos en los hombros y decoraciones de animales en toda su indumentaria. Poco se podía ver desde fuera de aquel lugar, pero si alguien hubiera llegado hasta las inmediaciones de este campamento sin ser detectado, podría escuchar ruidos y lamentaciones provenientes del interior, gemidos más bien de origen animal.

-La captura de esta semana parece ser buena; Kiloc está negociando con los peces gordos para que nos pague el doble de lo acordado.- Se escucharía decir también desde el interior. -Ay, ojalá nos vayamos ya de aquí; este sitio me repugna y poco queda ya de estos animalejos.- Se escucharía otra voz desde el bullicio.

Sea lo que fuera que estaba pasando en su interior, eran los últimos movimientos, puesto que todo parecía indicar que su labor estaba acabándose.

Caja de amor

Mapa
#2

El día estaba perfecto para hacer algo interesante, tesoro, como explorar un poco la isla antes de que nos marcháramos, aunque aún no tengo del todo claro cuánto tiempo estaremos aquí, honey. pero precisamente por eso hay que aprovechar mientras podamos, porque quedarse quieto en un lugar como este debería ser considerado un crimen contra el glamur y la curiosidad. La isla entera parecía exagerada. Los árboles eran gigantescos, muchísimo más altos de lo normal, y no solo ellos, la flora, la fauna, incluso el ambiente daba la sensación de haber crecido más de la cuenta. Todo aquí parecía hecho para criaturas enormes o para personas que disfrutan sentirse pequeñas frente al mundo. —Aki-chan, este lugar tiene más drama visual que algunos oficiales de la Marina —murmuré mientras avanzaba observando alrededor con una sonrisa curiosa.
 
Mis alas se movieron apenas con el viento mientras seguía caminando, atento a cada sonido y cada movimiento extraño entre la vegetación. Había algo emocionante en explorar un sitio así, algo que hacía que el cuerpo se mantuviera alerta incluso cuando uno solo estaba paseando y claro si aparecía algún problema en el camino, al menos no sería un día aburrido.  El único que decidió acompañarme fue Akira, tesoro, y sinceramente se lo agradezco mucho, no todos soportan seguirme el ritmo durante una exploración, menos en una isla tan extraña como esta. Además, él tiene un conocimiento bastante amplio sobre la naturaleza, mucho más que yo, y eso podía servirnos muchísimo a la hora de encontrar rutas interesantes, animales raros o cualquier situación que terminara convirtiéndose en una aventura.
 
—Honey, contigo es imposible perderse o al menos morir perdidos —bromeé mientras caminaba a su lado, apartando algunas hojas gigantescas del camino, la verdad es que eso me tranquilizaba un poco. Yo puedo manejarme bien en combate, improvisar, adaptarme, pero Akira entiende estas cosas, el terreno, las criaturas. Las señales que deja el entorno y en un sitio donde todo parece más grande y salvaje de lo normal, tener a alguien así al lado es casi un lujo. —Seguro terminamos encontrando algo interesante —murmuré con una sonrisa ligera y honestamente, esperaba que sí.
 
Llegamos hasta un claro donde, quizás por las condiciones del lugar, el clima o simplemente porque el sol no golpeaba directamente ahí, se sentía un frescor maravilloso, tesoro. Era el tipo de sitio donde uno podría acostarse tranquilamente a dormir durante horas aunque claro, aquí dormir probablemente significaba despertar dentro del estómago de algún animal gigantesco, así que mejor seguir moviéndose, aun así, el lugar era hermoso. El aire corría suave entre la vegetación enorme y el suelo parecía mucho más limpio que el resto de la isla, pero precisamente eso fue lo que comenzó a incomodarme, porque, aunque no podíamos verlas claramente, había criaturas alrededor. Se sentía, mi oído alcanzaba a captar pequeños movimientos entre las hojas, respiraciones lejanas, ramas tensándose, animales acechando que no terminaban de acercarse gracias a que Akira y yo nos manteníamos atentos a todo, pero un descuido y quién sabe qué podría pasar.
 
Mis pasos se hicieron un poco más lentos mientras observaba alrededor. El silencio del claro era demasiado perfecto, demasiado quieto. Ese tipo de silencio que no tranquiliza, sino que pone la piel de gallina. Un escalofrío recorrió mi espalda haciendo que mis alas se tensaran apenas. —Aki-chan —murmuré mirando alrededor antes de girar un poco hacia Akira— ¿es normal que lugares como este se sientan tan vacíos? — pregunté porque algo en ese claro no terminaba de gustarme.

Mi off
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#3
La mala idea que tuvo Akira de alejarse solo del resto de sus compañeros para ir en busca de algo que pudiera servirle para mejorar sus guantes o sus punteras hizo que únicamente acabara perdiendo el tiempo sin saber por donde empezar a buscar. Se iba distrayendo con cada cosa que veía en aquella isla, no sabía si llevarse consigo frutas, raíces, troncos, o si simplemente encararse con algún animal gigantesco bien fuera para medir su fuerza contra las bestias terrestres del Grand Line o para despellejarlo y hacerse una capa bien resistente. Aunque claro, pobre animal, no era capaz de hacer eso a menos que le sorprendieran intentando comérselo y claro, eso sí que sería a vida o muerte.

Aunque retomemos la posición de Akira en medio de aquella basta selva. Iba avanzando entre las hojas de los árboles, más grandes que él y que conseguían cubrirlo por completo, cuando de repente se cruzó con Masami, que al parecer también había decidido ir a explorar algo más de aquella jungla.

—¡Anda, qué sorpresa! Estaba viendo que podía servirnos para llevarme al barco —le dijo con las manos completamente vacías. Si intentaba engañar a alguien con aquella frase, sin duda era a él mismo. No había cogido absolutamente nada. Y le siguió la marcha buscado algo que todavía no sabía qué.

—Drama visual desde luego, me siento un duendecillo… Y con este pelo que me crece así en punta que parece un sombrerito, podría ser un gnomo de jardín —se empezó a reís de su propio chiste—. ¡¡Ojalá gnomepisen, toy chikito, tchakikikikiyah!!

Y sin darse cuenta y hablando un poco de todo, al final llegaron a un claro en mitad del bosque, un claro con tres caminos perfectamente diferenciados y por los que no habían venido, ya que atravesaron selva—. Pff, yo creo que sí que nos podemos perder aquí eh Masami… El Grand Line está siendo muy diferente, y aunque controlo las mareas, las islas de esta corriente se me quedan algo lejos de mi conocimiento… Esto nada tiene que ver con el South Blue, ahí te podía decir que tipo de mono le había pegado un bocado a una fruta si estaba ahí, tirada en el suelo… Pero aquí… —se rascó el moflete mientras miraba hacia arriba, dejando que el sol le calentara la cara, para después seguir con la vista las altas copas de los árboles que les rodeaban. Hasta que lo que dijo Masami realmente le llamó bastante la atención.

¿Sería ese el motivo por el que no había conseguido cruzarse con ningún animal que le doblara en tamaño? Los primeros días en la isla se habían cruzado con caimanes gigantes, osos, insectos y aves que parecían mutaciones del reino de los gigantes… ¿Por qué no había ni siquiera ruido? No se escuchaban pájaros… No se escuchaban monos… Y eso era raro, muy raro.

—Pues ahora que lo dices… —y mientras ambos observaban lo que los rodeaba, Akira, que tenía la vista fija en las alturas, consiguió diferenciar una fina línea de humo que parecía venir de una hoguera… Una hoguera, a pleno día. O era alguien comiendo, o no se estaban preocupando mucho de revelar su posición.

—¿No se supone que esta isla está deshabitada? —y era verdad, antes de partir de Matsuri su advertencia había sido clara—. ¿Por qué estoy viendo humo de una hoguera? —señaló directamente al hilo gris entre las copas de los árboles, para después girar la vista directamente a Masami.

—Como no sea Juan intentando una de sus nuevas recetas, me da a mí que no estamos solos —y con un gesto de silencio, colocándose el índice sobre los labios, le animó a Masami a seguirlo a través de las ramas, pero en altura. Ella lo tendría más sencillo ya que podía ayudarse de sus alas para moverse. Por su parte, Akira haría aquello que tan bien se le daba hacer, el macaco. Pero esta vez iba a ser un macaco silencioso.

—¿Oyes eso? Kiloc está negociando… ¿Captura de animales? ¿O tráfico más bien? —le susurró a Masami desde la rama más alta. Había puesto la oreja como buen cotilla que era, ya que aquel humo le había llamado la atención y, efectivamente, eran más de una persona—. Vamos a ver quiénes son y qué hacen.

—Chicos, ¿me recibís? Estoy con Masami, hemos visto movimiento sospechoso y vamos a explorar, no estamos lejos del río, vemos humo de una hoguera. Pegaré un grito de esos míos si nos pasa algo chungo, estad atentos por si las moscas —y entonces, Akira avisó por den den al resto de la división cubriéndose un poco las espaldas por si de verdad se encontraban con algo a lo que no podían hacer frente. Eso y que no veía de más avisar tanto al capitán como a los demás de las operaciones que iban a llevar a cabo. ¿Protocolo? Bueno, entre amigos era más bien un "estad pendientes por si tenéis que venir a salvarnos el culo", y estaba bien.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
#4
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Una cosa estaba clara aquel campamento era mucho más grande de lo que parecía visto desde lejos. Allí arriba, entre las copas de los árboles, los dos marines podían comprobar que en el interior de aquel campamento improvisado había una gran cantidad de jaulas, todas ellas perfectamente vigiladas. Personas ataviadas de la misma forma una chaqueta negra con hombreras puntiagudas, hacían rondas constantes para asegurarse de que el interior de las jaulas no había cambiado y de que, fuera lo que fuese lo que había dentro, se encontraba en buen estado. Si afinaban lo suficiente la vista, podían distinguir que el humo que se elevaba en el centro del campamento provenía de una caldera que borboteaba de una forma sospechosa. Cualquiera podría haber pensado que era comida pero había demasiadas cosas que llamaban la atención el olor que llegaba con el humo, la apariencia untuosa del contenido... No hacía falta ser químico para sospechar que muchos de aquellos ingredientes eran directamente tóxicos. El encargado de cocinar, por llamarlo de alguna manera, estaba ensimismado dando vueltas con una cuchara de madera en aquella marmita y añadiendo de vez en cuando ingredientes de procedencia más que dudosa.

En cuanto a los guardias parecían seguir un perímetro de seguridad perfectamente establecido, sin nada de fortuito en su disposición. Todas las entradas vigiladas, cada puesto cubierto. Al menos, por el momento, no parecían estar en alerta. Simplemente cumplían con sus labores de vigilancia rutinaria.

Sin embargo, lo que más llamaba la atención era la enorme bandera central, una calavera con dos escopetas cruzadas ondeando sobre el campamento. Y justo debajo de ella, a las espaldas de lo que parecía ser la tienda de campaña principal, se encontraba una jaula considerablemente más grande que el resto. No estaba construida con simples tablones y troncos de madera como las demás, sino con madera reforzada con acero. Incluso desde la distancia se podía ver cómo algunos de esos barrotes estaban doblados hacia dentro, como si alguien hubiera empujado con una fuerza brutal desde el interior.

Haciendo un rápido cálculo, dentro de aquel campamento habría unas noventa personas, noventa y una, si se contaba a quien acababa de salir de la tienda central.

Se trataba de una persona de tamaño normal uno noventa, quizás dos metros, lo cual, comparado con las bestialidades que uno podía encontrarse por el Grand Line, no era nada extraordinario. Vestía la misma indumentaria que el resto un largo chaleco negro con hombreras puntiagudas. Lo que más llamaba la atención era la enorme escopeta que cargaba consigo, además de una cadena atada a su cinturón. Se acercó a la jaula más grande, la observó con evidente desprecio y soltó una carcajada. -Me van a pagar bien por ti, pequeña. No hay nada mejor para entretener a los clientes de un circo que una madre furiosa por haber matado a sus hijos. Pórtate bien... si no quieres que las demás acaben como el resto.- Tras eso, dio media vuelta y regresó a la tienda de la que había salido.

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Y con la luz filtrándose en las jaulas se podría ver lo que había en el interior realmente. Osos. Completamente negros, tan negros que apenas se distinguían en la penumbra de la jaula. Las crías que eran las que ocupaban las jaulas más pequeñas eran ya de por sí mucho más grandes que cualquier humano adulto. Pero la madre, la que ocupaba la jaula central, podía tener el tamaño de dos o tres elefantes. Una enorme cicatriz le cruzaba el ojo derecho.

Uno de los guardias apostados en la puerta más cercana se acercó a su compañero y le dijo, en voz baja -Dicen que la entrega será por la noche. Después de eso nos largamos de la isla y aquí no ha pasado nada.-

En la Jungla
#5
Desde nuestra posición teníamos una ventaja enorme, tesoro. Gracias a mi oído podía distinguir perfectamente el movimiento que venía desde el campamento a la distancia, y sinceramente esa gente ni siquiera parecía esforzarse por ocultarse, más bien daban la impresión de sentirse completamente solos en la isla, como si nadie pudiera encontrarlos jamás, entrecerré un poco la mirada, observando con atención. Había muchas personas, demasiadas de hecho. Entre las posiciones, las tiendas improvisadas, las cajas apiladas y el movimiento constante, podía calcular fácilmente que rondaban el centenar. Algunos cargaban cosas, otros vigilaban distraídamente y varios parecían discutir alrededor de unas fogatas mal hechas, pero lo que realmente hizo que mi expresión cambiara fueron las jaulas.

Pequeños oseznos encerrados. Mi sonrisa desapareció apenas por un instante. —Aki-chan —murmuré bajando un poco la voz mientras seguía mirando el lugar — estos tipos parece que contrabandean animales salvajes.— Mis alas se movieron apenas detrás de mí mientras el ceño se me fruncía lentamente. No me gustaba eso, para nada. — míralos, Aki-chan, son bebés —solté con evidente disgusto y honestamente ya estaba empezando a molestarme. En eso, tesoro, uno de los tipos salió de la tienda principal del campamento. Se movía con esa arrogancia desagradable de quien cree que tiene el control absoluto de todo a su alrededor. Mis ojos lo siguieron automáticamente mientras avanzaba hacia la jaula más grande donde estaba el oso enorme que mantenían encerrado.

Y entonces la pateó con fuerza. El golpe metálico resonó por todo el claro, acompañado del gruñido furioso y agotado del animal, no hacía falta ser ningún experto en fauna para entenderlo. Esa era la madre de las crías que tenían encerradas en las otras jaulas. Mi expresión cambió de inmediato. La sonrisa desapareció y sentí la sangre hervirme en el pecho mientras mis dedos se cerraban lentamente y las alas se tensaban detrás de mí. —Voy a matar a ese bastardo, Aki-chan —murmuré sin apartar la vista del hombre — Mira cómo maltrata a la pobre mamá oso.— esta vez no había nada juguetón en mi tono, nada coqueto, solo molestia porque hay cosas que simplemente no soporto, tesoro y abusar de alguien más débil es una de ellas.

—Voy a transformarme en serpiente e iré al campamento, tesoro. Soy veloz en esa forma, no me atraparán. Revisaré si hay alguna manera de liberar a los osos y volveré para que hagamos un plan —murmuré rápidamente mientras comenzaba a prepararme. No podía quedarme mirando aquello sin hacer nada, simplemente no podía. Empecé a quitarme todas las cosas que pudieran estorbarme una vez transformado, dejándolas cuidadosamente sobre la enorme rama donde estábamos ocultos. En esa forma no tenía manos, así que cargar cosas sería completamente inútil. Mis dedos acomodaron cada objeto con rapidez mientras seguía observando el campamento a la distancia, atento a cualquier movimiento extraño.

—Dejaré mi den den mushi aquí —añadí, colocándolo bien sujeto en una parte más alta de la rama para asegurarme de que no se cayera, después respiré hondo. Mis alas se tensaron apenas detrás de mí mientras comenzaba a concentrarme. Ya podía sentir ese cosquilleo familiar recorriendo el cuerpo, anunciando la transformación, porque honestamente esos traficantes estaban a punto de arruinarme el humor, tesoro. Entonces comencé a transformarme, tesoro. Mi cuerpo se encogió primero y después se alargó de forma antinatural, como si cada hueso estuviera reorganizándose desde dentro. Las alas desaparecieron lentamente de mi espalda mientras la piel humana era reemplazada por escamas ocres que reflejaban apenas la luz que atravesaba los árboles, s siempre es una sensación extraña. Mis brazos y piernas dejaron de existir por completo, fusionándose en un cuerpo largo y musculoso que terminó deslizándose sobre la rama con un movimiento mucho más natural de lo que debería sentirse. Mi mandíbula se extendió apenas, los colmillos retráctiles aparecieron detrás de los labios y mi lengua bífida salió un instante para probar el aire.

Cuando la transformación terminó, ya no quedaba nada de mi forma habitual. Ahora era una enorme serpiente cascabel de aproximadamente dos metros y medio de largo, con un grosor cercano a los cuarenta centímetros. Mi cola terminaba en seis pequeñas esferas que disminuían de tamaño una tras otra y que emitían ese característico sonido seco del cascabel cada vez que me movía. Chaca-chaca —Bueno, tesssoro, It'sss ssshowtime! —murmuré con aquella voz sibilante que adquiría en esta forma antes de comenzar a deslizarme entre las ramas rumbo al campamento.

Mi off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 890 + 0 = 890
Energia: 848 - 12 = 836
Espiritu: 153 + 0 = 153
#6
Habían ganado la posición del campamento y perfectamente podían diferenciar la distribución desde las alturas, pero la distancia les complicaba un poco el poder maniobrar como querían, además de poder analizarlo todo con mayor detalle. Ninguno había traído el catalejo, ahí seguía en la cofa del barco… Que mal lugar ahora mismo, pudiendo tenerlo entre sus manos. Pero tampoco podían perderlo.

La imagen era cruel y violenta para los marines, pequeñas crías de oso encerrados en jaulas, apilados y apartados como si fueran mercancía, rodeados de cajas de madera, tiendas de campaña y gente con una vestida de moteros, pero con rifles de pólvora. Y entre todo ese escándalo, una osa gigante, aparentemente la madre de las crías, en una jaula apropiada para su tamaño, siendo amenazada por un tipo de cabello largo y hombreras con pinchos—. Curioso accesorio… Eso en mis guantes podría venirme bien…

Akira estaba analizando de manera objetiva toda la escena, sin pararse mucho a pensar en ponerse de parte de los piratas (iba a dirigirse a ellos como tal, ya que tenía toda la pinta de que traficaban con animales) o de los ositos, era un chico con la claridad mental suficiente como para saber que tenía que actuar y liberarlos. No se confundía y sabía perfectamente de que parte de la historia estaba, y era en el lado de los buenos. Volvió a prestarle atención a Masami, mientras ella también analizaba la situación y le susurraba su percepción del campamento. Y el golpe metálico de la patada de aquel tipo a la mamá oso resonó en el claro, perdiéndose el eco entre la selva—. Qué mala suerte… En qué momento… Ahora nos toca romperles los huesos… ¿Por qué la gente no sabe comportarse?

Bajaron de las ramas y Akira tardó entre cero y nada en quitarse la ropa y quedarse en taparrabos, tenía que embadurnarse bien de barro para que no le diferenciaran entre los árboles. Estaba moreno del sol el desierto, pero tenía un pelo bastante llamativo, así que ahora era barro. Manteniendo su figura humanoide, pero barro, y la humedad de la selva se lo puso bastante fácil como para meter las manos en el suelo y empezar a sacar mazacotes de tierra mojada y pringárselos por todo el cuerpo.

—Me parece buena idea, además, esto está lleno de serpientes, no creo que piensen que no eres una más estando transformada… Yo voy preparando el terreno. Acuérdate de donde has dejado el den den, voy posicionándome mientras te acercas, en cuanto vuelvas y me des el visto bueno, aléjate del caracol lo más rápido posible, por si sospechan algo, y bueno… El resto ya sabes lo que se viene —le guiñó el ojo con una sonrisa cómplice que le invitaba a repartir hostias.

—Primero dime cuántos y luego del uno al cinco —el mensaje era sencillo y claro para alguien con adiestramiento militar como ellos que eran marines. Código morse con su cascabel. Primero el número aproximado de personas a las que tenían que reducir, y luego, en una escala del 1 al 5, el nivel de peligrosidad al que posiblemente se iban a enfrentar.

Tras eso, y mientras veía como Masami se alejaba, dejando sus cosas en la rama y el den den bien sujeto a la parte más alta, Akira volvió a trepar al árbol. Esta vez era una sombra oscura y no un tipejo rubio con una camiseta blanca. Recogió la ropa de su amiga para esconderla junto con la suya, en el agujero del que había sacado el barro, y aunque eso sabía que le iba a molestar, mejor lavarla después y que no les pillaran la encerrona, a que vean ropa colgada de un árbol.

Después de eso, regresó con hojas y más barro. Embadurnó al pobre caracol de Masami para que tampoco se diferenciara de la corteza y le puso en la boca una especie de altavoz que había hecho con hojas, enrollándolas en forma de cono, para que cuando el baboso hablara, resonara por toda la selva.

El plan era el siguiente, cuando Masami explorara bien el campamento y le dijera a Akira de vuelta que había encontrado dentro de las tiendas y cuánta gente más o menos había allí, él ya se encontraría en la otra punta opuesta del campamento, con su den den y otro altavoz, pero este para la boca de Akira, y listo para empezar a gritar como un babuino, con el objetivo de que se pensaran que el campamento estaba rodeado de más animales salvajes. Y teniendo en cuenta la isla en la que estaban, estos animales iban a ser mucho más grandes que los normales, así que algo de miedo les tenían que dar.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
#7
El campamento parecía seguir su ritmo constante como si nada pudiera perturbarlo. Dentro se podía ver a las distintas rondas de guardia haciendo lo propio para vigilar las jaulas, mientras que los centinelas apostados en los torreones de cada entrada observaban con relativa facilidad todo cuanto ocurría a su alrededor. Sin embargo, no estaban preparados para detectar la sutileza con la que el grupo de marines se había inmiscuido en el campamento.

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Yendo por partes: la serpiente que se había adentrado en el mismo podría ver una gran cantidad de jaulas a su alrededor. Todas apresaban a las crías de una raza de osos conocidos por su violencia y su fuerza. Estas crías se encontraban asustadas, muchas temblando, y en varias de ellas se apreciaban signos evidentes de desnutrición y maltrato. Al menos en las que seguían con vida, puesto que algunas no habían corrido tanta suerte. Eran precisamente estas últimas las que los guardias recogían, entrando en las jaulas para después arrojarlas a una fosa común situada detrás del campamento, todo ello ante los atentos ojos de la madre, cuya mirada combinaba la furia y el horror bañados en lágrimas. No hacía falta entender el comportamiento de los osos para comprender el lamento y el llanto de aquella madre. También podría observar que los soldados presentes no iban armados en ese momento, puesto que la aparente calma del campamento no parecía exigirlo. Lo que sí resultaba notorio era la disciplina que reinaba entre ellos: más que un grupo de piratas desorganizados, aquello parecía un ejército privado.

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Por su parte, el marine que había permanecido en el árbol, en taparrabos y cubierto de barro, pudo distinguir algo nuevo: desde una de las entradas se aproximaba un gran carro de madera tirado por lo que parecía ser un toro de la isla. El vehículo era lo suficientemente grande como para transportar con facilidad varias jaulas con los oseznos, aunque resultaba evidente que no sería capaz de cargar con la enorme jaula de la madre.

Nadie había sido alertado de la presencia de aquellos dos marines, pero cuando uno se mete en la boca del lobo, conviene tener presentes ciertas cosas. La primera: que estás adentrándote en el territorio de un depredador alfa y que, por tanto, nada ni nadie se atrevería a perturbarlo. La segunda: que los depredadores bajo las órdenes de ese depredador alfa no se moverán ni harán ruido alguno a menos que él lo solicite, por lo que aquella aparente tranquilidad bien podía ser real o bien podía ser una trampa calculada. Y la tercera, y más importante: un depredador alfa no necesita verte para saber que estás ahí. Cuando un gran cazador que ha dedicado su vida a la caza de criaturas peligrosas nota algo en el ambiente, es porque efectivamente algo ha entrado en sus dominios.

Desde la tienda de campaña central se podía escuchar la conversación por den den mushi del individuo que anteriormente había golpeado la jaula de la madre. Su voz era tranquila, casi distendida, como si estuviera hablando con un igual en lugar de con un superior. -El cargamento ya está listo. Sin duda estas crías y esta madre te harán ganar bastante dinero. Nos vemos en tres horas, donde siempre.-

Hizo una pausa.

-Pero antes déjame acabar con los dos ratones que se han atrevido a adentrarse en mi territorio.-

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Dicho esto, colgó el den den mushi y salió de la tienda central. En su mano portaba la escopeta de siempre, y en el cinto se distinguía la cadena metálica que llevaba consigo a todas horas. Abrió bien los ojos y, realizando una larga aspiración, tomó una gran bocanada del aire que lo rodeaba. Permaneció así unos segundos, analizando cada esencia que le llegaba. Después sonrió, con una mueca algo grotesca.-Chicos, la caza aún no ha terminado. Se nos han colado dos sabandijas en el campamento. Traedme sus pieles; pagarán bien por ellas.-

Lo dijo en voz alta, lo suficiente para que todo el campamento lo escuchara, y en cuestión de segundos cada pirata de los alrededores se puso en alerta.

Contenido Oculto


En la jungla
#8
Me deslicé silenciosamente por toda el área donde tenían las jaulas, tesoro, moviéndome entre cajas, fogatas y estructuras improvisadas mientras mi lengua bífida probaba constantemente el aire. Desde cerca todo se veía mucho peor. Los oseznos estaban malnutridos, débiles, algunos apenas podían mantenerse en pie y otros simplemente ya no se movían, una tristeza horrible me golpeó el pecho al ver aquello. Era injusto. Terriblemente injusto. Me detuve un instante frente a una de las jaulas más pequeñas y el pequeño oso dentro ni siquiera reaccionó a mi presencia. —Ay honey —murmuré apenas, simplemente triste. Triste ver criaturas morir de esa manera solo porque alguien decidió convertirlas en mercancía.
 
Después mi mirada se dirigió hacia la madre. Incluso encerrada seguía viéndose monstruosamente fuerte, el tipo de animal que podría partir a una persona a la mitad con una sola embestida si lograra liberarse. Sus ojos seguían atentos, furiosos vivos y honestamente, esperaba que siguieran así un poco más, pero algo más comenzó a incomodarme, todos los hombres del campamento iban desarmados. Ni una sola arma visible. Ni rifles. Ni espadas. Nada y aun así se movían con una coordinación extraña, demasiado perfecta, casi mecánica. Como si hubieran sido entrenados específicamente para estar aquí, en este momento exacto, cumpliendo un único propósito sin cuestionarse nada, eso no era normal. Mi cascabel sonó apenas mientras me detenía bajo una estructura de madera observándolos con más cuidado. —Tesoro, esto huele raro y no solo por los osos —pensé, sintiendo cómo el cuerpo se me tensaba un poco más.
 
Desde mi posición podía escuchar perfectamente lo que ocurría dentro de la carpa central, tesoro. Ese mismo hombre de antes seguía hablando con otros tipos mientras yo permanecía oculto entre las sombras y las cajas del campamento. Mencionó que el cargamento ya estaba listo, y honestamente no hacía falta ser un genio para entender que hablaba de los osos, sentí el cuerpo tensarse un poco más mientras seguía escuchando. Después dijo que se verían en tres horas, donde siempre. Eso ya era información importante, Pero entonces todo empeoró. Oh my goodness. El muy bastardo habló de “dos ratones” que se habían atrevido a entrar en su territorio. Una gota de sudor frío recorrió mis escamas casi de inmediato mientras mi lengua bífida salía apenas por puro reflejo nervioso, nos habían detectado o al menos sospechaban y por si eso no fuera suficiente, el hombre gritó tan fuerte que prácticamente todo el campamento se detuvo a escucharlo.
 
—¡La caza no ha terminado! ¡Quiero que me traigan sus pieles!—  El silencio posterior fue peor, porque todos lo escucharon, todos y honestamente estoy seguro de que incluso Akira alcanzó a oírlo desde donde estaba escondido. Mi cascabel sonó apenas una vez mientras levantaba lentamente la cabeza para observar cómo varios hombres comenzaban a moverse alrededor del campamento con más atención que antes. —Ay, tesoro, esto acaba de complicarse muchísimo. — pensé para mí misma.
 
Me moví tan rápido como mi cuerpo me lo permitió, tesoro, zigzagueando entre raíces, arbustos y árboles enormes mientras el cascabel de mi cola sonaba apenas con cada cambio brusco de dirección. No podía perder tiempo, ahora mismo la discreción valía más que cualquier combate innecesario. Cuando llegué al lugar donde habíamos dejado las cosas, vi el den den mushi parcialmente cubierto de barro y hojas, claramente escondido por Akira para evitar que alguien lo encontrara. —Ay, honey, buen chico —murmuré apenas antes de comenzar la transformación otra vez. Mi cuerpo volvió a cambiar rápidamente. Las escamas se retrajeron en parte, el torso recuperó forma humana y mis brazos reaparecieron mientras mantenía la enorme cola serpentina y parte de las características reptilianas de mi forma híbrida. Respiré hondo apenas recuperé las manos y tomé el den den mushi de inmediato. —Aki-chan, dime que estás cerca —hablé en voz baja pero rápida, mirando constantemente alrededor, mi corazón me iba demasiado rápido. —Están desarmados, son muchos y aparentemente tenemos tres horas para acabar con esto o para que acaben con nosotros según sus órdenes.—  Mis ojos recorrieron la jungla una vez más mientras el viento movía las hojas gigantes sobre nuestras cabezas.
 
Mi cola se enrolló alrededor de una enorme rama y terminé quedando completamente de cabeza, sostenido únicamente por la fuerza de mi cuerpo serpentino, una pose que había aprendido de Akira, aunque jamás admitiría en voz alta lo mucho que me costó dominarla al principio, tesoro. Desde ahí tenía una vista perfecta del campamento. Los hombres comenzaron a movilizarse con rapidez después de la orden de su líder, organizándose de una forma demasiado coordinada para simples traficantes. Algunos revisaban las jaulas, otros recorrían el perímetro y varios parecían prepararse para salir de cacería, honestamente…era impresionante de ver. Inquietante, pero impresionante. Mi cascabel sonó suavemente mientras observaba cada movimiento desde arriba. —Ay, honey ustedes dan muchísimo miedo para estar vestidos como simples cazadores —murmuré apenas, manteniendo la voz baja mientras sostenía el den den mushi cerca del rostro, aun así, seguía esperando. Esperando escuchar la voz de Akira al otro lado, porque, aunque pudiera moverme rápido y entrar solo a sitios peligrosos honestamente prefería no enfrentar aquella locura sin él, tesoro.

Contenido Oculto


Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 890 + 0 = 890
Energia: 836 - 12 = 824
Espiritu: 153 + 0 = 153
#9
Aquel campamento no era muy grande, pero sin duda estaba bien organizado y recogidito. Las jaulas en las que tenían capturados a los oseznos por un lado, las tiendas de campaña distribuidas de tal manera que tenían la visión de los pocos caminos diferenciados entre la maleza por otro, y ahí, justo en el centro, aquel tipejo de cabello largo en lo que parecía ser el centro del claro, donde tenían también gran cantidad de suministros enlatados y cajas de madera que a saber qué tenían dentro.

Estaba subido en la rama, esperando paciente noticias de Masami, a la que claramente podía medio diferenciar entre las raíces y la tierra húmeda. Mucha casualidad sería que justo otra serpiente de cascabel hubiera entrado en el campamento en ese mismo preciso momento, así que me dediqué a esperar. Estaba bien camuflado, ni siquiera mi pelo se podía diferenciar entre las cortezas y las grandes hojas de los árboles, pero estaba preparado para afrontar cualquier tipo de peligro que se me abalanzaba… Aunque en ese momento, lo que más me preocupaba era que otro animal salvaje me atacara por la espalda.

Tan pronto escuché como mi caracolito me intentaba susurrar algo, me lo puse en la oreja para que me dijera aquello que intentaba comunicarme Masami. Era una caracol muy lista, sabía que estábamos en una especie de misión encubierta y no se puso a gritar como solía hacerlo. Aunque qué decir, si se parecía a mi que también hablo a voces. Pero volviendo al tema: son muchos, están desarmados y tenemos tres horas, nos han pillado.

Ya no tenía visión de Masami, pero sabía que se encontraba en la dirección opuesta a mí, oculta entre las ramas de la selva. Si me estaba hablando desde su den den, es que había vuelto al punto de partida. Pues bien, si ya sabían que estábamos y además estaban desarmados menos aquel espabilao con el rifle, los planes habían cambiado—. Bien Masami, cambio de planes… Voy a liberar a mamá oso. Está furiosa, así que puede ser nuestra mejor baza… Solo no te acerques mucho a ella, dudo que sepa diferenciar, al final es un animal… Pero primero, vamos a intentar que piensen que no estamos solos —tras eso me coloqué el altavoz que había hecho con las hojas, y aprovechando la selva y el claro en el que tenían montado el campamento, empecé a gritar como un babuino, percatándome que tras esa pequeña diferencia que no llegaba a un segundo, también recibía la señal el den den de Masami, que también tenía un altavoz en la boca, y haciendo así que el eco ayudara para que diera la sensación de que les estaba rodeando una manada de simios agresivos y de tamaño descomunal.

¡U-AH, U-AH, U-AH!
¡UH, UH!
¡U-AH, U-AH, U-AH!

Los gritos resonaron por todo el campamento y se perdían entre las ramas, haciendo que aquello pareciera una auténtica pesadilla para los que sentían un mínimo de miedo por este animal. Esta gente eran cazadores, pero dudo que de la manera en la que estaba gritando se pensaran que esto iba a ser fácil para ellos. Tres horas. Suficiente.

Y moviéndome rápidamente entre las ramas, haciendo que además si perdían un poco la vista entre la selva pudieran diferenciar la sombra de figura humanoide, no les di tiempo a reaccionar. Balanceándome entre las ramas como Tarzán, cogí un fuerte impulso de una liana y me lancé con un veloz salto en dirección a la jaula de mamá oso, apuntando con la cabeza a lo que parecía ser la cerradura, y no solo eso, sino toda la estructura de la jaula.

—¡BUTO! —y con todas mis fuerzas golpeé la jaula, para acto seguido y con un salto acrobático retomar el equilibrio y el control sobre mi cuerpo y acercarme con un nuevo salto, me coloqué sobre la jaula de mamá oso, como si Spiderman acabara de caer de las alturas. Y me mantuve en esa posición, agachado y con las manos y los pies sujetos a los barrotes. Y si mamá oso reaccionaba lanzándome por los aires, me daría ventaja ya que podría actuar de nuevo como normalmente solía hacerlo, haciendo el mono.

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Info.

—Hablo —. ”Pienso”
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2777 + 0 = 2777
Energia: 2558 - 97 = 2461
Espiritu: 450 + 0 = 450
#10
Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado




CAMBIO DE NARRADOR AUTORIZADO: AHORA ES MAKI. PUEDEN SEGUIR.


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