Agradecimiento no deseado // FIC de Recolección y Preparación // Presente Absoluto
#1
Su espalda chocó con fuerza contra una de las piedras del lugar, aún con potencia insuficiente como para lastimarlo. Lo que lo había mandado volando unos metros hacia atrás fue un golpe, uno directamente en su rostro, el cual le dejó una gran marca en su mejilla y lo hizo escupir sangre mientras se daba media vuelta y ocupaba sus brazos para intentar levantarse del suelo, clavando en estos algunas de las piedras más pequeñas que se encontraban debajo de él. Quería un descanso, al menos unos segundos para calmarse, pero de pronto la luz del sol que lo iluminaba desapareció como por arte de magia, provocando que reaccionara por puro instinto para tirarse hacia un lado.

Aterrizó de mejor forma que antes, al menos ahora su cuerpo no se encontraba en el suelo sino que sus 4 extremidades lo sostenían, lo que significaba que ni siquiera había logrado ponerse de pie por completo cuando tuvo que esquivar el potente golpe que venía hacia él. ¿Golpe? Si, un golpe, uno capaz de haber destrozado la piedra sobre la que cayó su espalda y partirla en dos solo con asestarlo, un ataque proveniente de esa persona con la que llevaba entrenando tanto tiempo.

Los ojos de la mink pantera siguieron el curso que había tomado el cuerpo del pirata, mientras que su cuerpo se incorporaba y su puño abandonaba por fin la piedra rota en el suelo. En cuanto vio al hombre a los ojos, se quedó completamente quieta, pues parecía haber encontrado algo extraño en él. Antes luchaba con miedo, diciendo que estaba en clara desventaja, levantando su arma para evitar el primer ataque y nunca para ser el primero en accionar. Ahora veía algo diferente: ojos fijos en los de su enemigo, su brazo y su mano firmes mientras sostenía la katana y la movía hacia uno de sus lados, provocándola a atacar con una postura que un idiota podría tomar como inofensiva.

Ella sabía pelear, podía ver a través de eso, no era más que una trampa. Aún así iba a volver a lanzarse contra él, hasta que un detalle más le obligó a detener sus impulsos: pudo ver como se lamía el labio superior lentamente.

En un peleador, tal vez sería algo extraño, tal vez solo buscaba quitarse sangre de los labios, pero no podía olvidar que ese hombre era también un cocinero.

¿Qué era aquello que provocó esa reacción?

- Suficiente -. Fue ella misma quien detuvo el entrenamiento, cosa que dejó perplejo al pelinegro lo suficiente como para mantener la postura de combate. - Tranquilo, lo digo en serio -. Con esas palabras, las pupilas en los ojos azules del hombre se agrandaron un poco, entendiendo que el entrenamiento había finalizado de verdad. - Ok… -. Le tomó un momento corto levantar, el mismo tiempo que le tomó a la mujer acercarse a uno de los árboles cercanos y sentarse en el suelo frente a este, recostando su espalda contra la madera y posando sus brazos tras su nuca para relajarse. - Dime, ¿ocurrió algo? -. Preguntó, obviamente curioso. - No sueles ser tú quien termina los entrenamientos -. Ante la pregunta, la mink volvió a su actitud gruñona normal, cerrando los ojos como si quisiera dormir. - Dije que pelearía contigo siempre y cuando pudieras entretenerme -.

La respuesta era clara: le estaba pareciendo aburrido a este punto.

- Oye, no fui yo quien le provocó un corte en la cara al otro con un puñetazo -. Dijo el hombre, mientras apuntaba levemente a su mejilla izquierda, a donde ahora reposaba un corte lo suficientemente grande como para parecer peligroso, pero que apenas sangraba. - Pues por eso mismo, no lo hiciste ni hoy ni nunca -. Uker simplemente suspiró mientras rascaba su propia nuca, pensando en que podría haber hecho mal. - Bueno, aprovecharé para volver temprano, así podré cocinar un poco -. Mientras decía esto, comenzó a guardar sus katanas y levantar la pequeña bolsa que llevaba consigo a esos entrenamientos, en la cual cargaba un poco de agua y una fruta solo por si acaso.

- Ey, Falso Rackham -. La mink lo detuvo al llamarlo nuevamente de esa forma, pese a que él le había dicho miles de veces que su apellido no era falso (en su totalidad). - Sea lo que sea que estuvo en tu mente, hoy fuiste más difícil de enfrentar -. Ni siquiera abrió sus ojos mientras le hablaba, cosa que provocó en el hombre la duda de si hablaba en serio. - Lo que sea que sentiste o pensaste, tal vez sería bueno que te aferres a eso, no lo sé -. Hizo un movimiento con una de sus manos, restando importancia a sus palabras a la vez que saludando al hombre, quien se tomó unos segundos para pensar en esas palabras, antes de marcharse del lugar sin decir nada.

No podía evitar que su cabeza fuera una y otra vez hacia esas palabras mientras caminaba de vuelta hacia la civilización. ¿Más difícil de enfrentar? Eso significaba que se había vuelto fuerte, ¿verdad? No se sentía para nada así, tal vez podía tratarse de algo más. Ella parecía haber visto algo en él en el momento en el que detuvo el combate, tal vez fue algo que hizo o que…

“Lo que sea que sentiste o pensaste…”

Más que sus acciones, ella se enfocó en algo mental, por lo que decidió volver a recordar ese momento. ¿Qué estaba pensando en ese instante?

“Quiero vencerte”

“Si te acercas lo suficiente definitivamente te alcanzaré”

“Ya te comprendo lo suficiente para…”

“Empiezo a entender”

No pudo hacer más que quedarse clavado en ese pensamiento, en ese recuerdo. Comprender… ahora se le hacía difícil siquiera entender a que se había referido en ese instante, ¿qué era lo que comenzaba a entender?

¿El hambre?

Su reflexión personal se vio cortada por un grito, lo suficientemente lejano para no ser más que un eco en la naturaleza, pero seguido una y otra vez por el mismo sonido hasta que se volvió entendible. - ¡SEÑOR RACKHAM! -. En cuanto pudo descifrar de dónde es que venía ese grito, esa voz ya se hizo más que evidente, pues la conocía de antes. - Tú de nuevo -. Fue lo único que dijo, en cuanto el muchacho que le había pedido ayuda para liberar su pueblo de unos inútiles piratas había llegado justo frente a él, respirando muy pesadamente y sosteniendo sus pesos apoyando sus manos en sus rodillas. - Señor, nosotros… noso… oh, por dios -. Estaba agotado solo de correr, por lo que necesitó varios segundos antes de volver a levantar su torso y poder hablar con una aparente normalidad. - Necesitamos su ayuda -.

- No -. La respuesta del pirata fue seca y tajante, pues ya había dejado claro que no iba a ayudarlos simplemente porque sí. - Pero señor, esos piratas, volvieron, dijeron que si no les damos dinero antes del anochecer ellos… -. Uker levantó su mano con su palma apuntando al más joven, claramente cansado de escuchar cosas así. - Escucha, no los ayudé por ser buena gente, necesitaba ciertos recursos y me los dieron como pago, eso es todo. A menos que puedan pensar en algo más con lo que pagarme yo no voy a… -. Antes de que pueda seguir hablando, el propio muchacho lo tomó de la muñeca y comenzó a caminar el camino de vuelta hacia su pueblo.

- Lo discutiremos luego -. Fue lo único que dijo, mientras Uker no sabía si cortarle el brazo con su espada o simplemente dejarse arrastrar de nuevo hacia un trabajo que no había pedido.

Por suerte, eligió la segunda opción, por lo que en cuestión de un par de minutos ambos llegaron de nuevo a esa pequeña aldea alejada del pueblo principal. Ambos habían venido corriendo, pero Uker se encontraba perfectamente, mientras que el muchacho que lo había arrastrado a ese lugar en un inicio parecía morir simplemente por recuperar algo de aire en sus pulmones. - ¿Cómo mierda lo haces? -. Preguntó entre jadeos, pero Uker no le prestó atención, pues sus ojos se enfocaron en otra cosa.

La gente del lugar, caminando por las calles, cuidando los cultivos, saludándolos en cuanto los vieron. Parecían mucho más felices de lo que deberían si acababan de ser amenazados, algo que el cocinero notó y por lo que volvió a mirar al muchacho que lo había traído hasta ese lugar. - Mira, tal vez, solo tal vez, te mentí -. Esas palabras solamente provocaron que el pirata comenzara a caminar de nuevo en la dirección por la que habían venido. - Oye, fue por una buena razón -.

- Si, si que lo fue -. Una voz diferente lo detuvo esa vez, una que al voltearse descubrió que provenía de una anciana que avanzaba hacia ellos con un bastón. - Así que tú eres ese pirata del que habló el pequeño Joshua, el que nos ayudó tanto -. Uker terminó por darse la vuelta simplemente para hablar, pero su opinión de las cosas no cambió. - Simplemente les dí un momento de protección a cambio de un pago, no los ayudé por que sí -. La anciana sonrió ampliamente y negó con la cabeza, pues claramente veía las cosas de un modo diferente. - Desde que los golpeaste uno por uno, esos tipos no volvieron a aparecer por aquí. Haya sido por una paga o no, realizaste una buena acción, y eso es mucho más de lo que muchos piratas podrán decir que lograron -.

A Uker tampoco le parecía la cosa más increíble que uno de sus tantos logros que la gente fuera a recordar sea “Haber salvado a una comunidad perdida de la mano de dios en una de las tantas islas del mundo cuyo pueblo principal parece desconocer”. Si, no parecía la cosa más épica o algo por lo que celebrar. - Ayudaste tanto que se realizó una votación para saber si deberíamos colgar tu cartel de recompensa en la cabaña comunal como un símbolo de respeto a nuestro salvador, ¡y terminó en un positivo unánime! -. El pirata no pudo hacer más que mirar algo confundido al muchacho, no solo porque le pareciera extraña esa actitud sabiendo que estaban hablando de colgar con orgullo el cartel de recompensa de un criminal, sino que también era ese maldito cartel de recompensa en el que habían puesto mal su nombre.

¿Qué clase de nombre era Ucker? ¿Cómo podría alguien confundirse así?

De nuevo, y como siempre pasaba, sus pensamientos fueron cortados en cuanto la anciana se acercó más a él, entregándole una bolsa de cuero que parecía bastante pesada para ella, por lo que el cocinero no dudó en alzarla al menos para liberarla de esa carga. - Ya que no querías un agradecimiento muy fuerte, como nos dijo Joshua, déjanos al menos entregarte un poco más de comida, algunas de las cosechas que más frutos dieron de este mes -. El hombre vio dentro de la bolsa para confirmar los dichos de la mujer, había comida adentro, si, no era tanta como la cantidad que se llevó esa noche que les sacó a los Rata Blanca de encima, pero aún así…

- No deben apoyar un criminal -. La anciana soltó una pequeña risa, cargada de una energía que cualquier podría pensar que se le fue quitada hace tiempo. - Muchacho, así como tú hiciste lo que quisiste bajo tus propias reglas, déjanos pagar esas acciones de la manera que nosotros consideramos también. Podré ser la líder de esta comunidad, pero te aseguro que ninguna persona de este pequeño pueblo se negó a entregarte esto -. El cocinero simplemente suspiró, tapando su boca con una de sus manos y desviando la mirada. - Supongo que puedo aceptarlo -.

Esas palabras hicieron que la sonrisa en la cara de la anciana creciera aún más. - Pues perfecto entonces -. Al haber terminado su misión, se dio media vuelta y comenzó a caminar de vuelta hacia el interior de la comunidad. - Y la próxima vez podrías traer a esos compañeros de tripulación tuyos, nos encantaría recibirlos también -. Uker solo podía pensar que estaban mal de la cabeza, pero que al menos podría encontrar algún uso a toda esa comida.

Sin más que decir, volvió a suspirar y se echó la bolsa al hombro. - Supongo que eso es todo -. Sin despedirse del muchacho que todavía se encontraba a su lado, comenzó el camino de vuelta hacia el barco, ahora cargando con otra bolsa más. El chico que lo había traído hacia ese lugar simplemente se limitó a saludarlo con su manos animadamente, mientras lo veía alejarse del lugar.

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Ya se encontraba en la cocina del Black Widow en cuanto por fin pudo relajarse. Se había duchado y tratado las heridas, incluso la de la cara que ya no sangraba para nada, y ahora se recostaba en una silla mientras observaba la bolsa llena de ingredientes con su libreta en la mano. - Zanahoria, zanahoria… -. Por alguna razón, había en el contenido lo que algunos llamarían un exceso de zanahorias, por lo que su primera idea fue realizar algo con eso, razón por la que estaba buscando alguna receta que lo contenga en su preparación. Sus dedos por fin se detuvieron en una receta que le habían explicado y mostrado en los días en los que trabajaba en ese orfanato, un platillo que según ese cocinero había pasado de generación en generación en su familia y que el joven Uker de 17 años no había logrado replicar. - Kimchi… me pregunto de dónde vendrá… -. Dijo mientras miraba a las anotaciones y luego a los ingredientes dentro de la bolsa, terminando por aceptar que ese sería el platillo que prepararía hoy, olvidándose totalmente de las zanahorias.

No se trataba de un platillo como tal, pues según ese hombre se trataba más de un acompañamiento, pero tal vez podría volverlo una pequeña ración para comer junto a otras cosas o en solitario si se sentían valientes. Al tratarse de vegetales fermentados, ese fue su primer paso en la preparación, por lo que rebuscó entre las cosas disponibles hasta encontrar una col, la más grande que había para proceder a cortarla de la manera indicada.

Según la receta, eso solo se trataba de la preparación del ingrediente principal, por lo que colocó la col cortada en un ingrediente con un poco de sal gruesa, pero debía dejar que estos se mezclen por unas cuantas horas, por lo que dejó eso de lado y pasó a preparar la salsa.

Esto ya no era nada del otro mundo, y la preparación de una salsa acorde siempre iba más de la mano con agregar tus propios ingredientes hasta lograr un resultado que a tí te guste. Recordaba que ese platillo era bastante picante junto a lo delicioso al comerlo, pero creía recordar que al médico de la tripulación el picante no le llamaba la atención. Podría intentar reducir eso entonces.

La preparación no llevó mucho más, pues en cuanto hubo preparado la poca cantidad de salsa que se necesitaba los pedazos de la col habían terminado de salarse también. Esperando que todo estuviera bien, dio una probada a la mezcla con uno de sus dedos, en cuya mano llevaba puesto un guante al estar manipulando cosas picantes. Estaba bien, tal vez demasiado bien, era rico pero no sentía absolutamente nada del picante que debería sentir, incluso si se había esforzado por mantenerlo al mínimo.

Mientras estudiaba la idea de simplemente dejarlo así y esperar que la fermentación hiciera un trabajo algo milagroso, un recuerdo llegó a su cabeza.

“Toma, Uker. Seguro que tú le sabes sacar un buen partido a esto”

Sin decir absolutamente nada, salió disparado hacia uno de los estantes de la cocina, rebuscando en este hasta encontrar lo que buscaba. - Varo, serás la estrella de este platillo -. Una bolsa de especias era lo que el mink le había entregado en Arabasta aquella vez que recorrían la ciudad y Kiyoshi fue robado por unos niños, para luego descubrir que no eran cualquier especia. - Gochugaru, esto será perfecto -. Chile en polvo, perfecto para agregar un toque dulce a la vez que picante a las preparaciones, y tampoco sería complicado de combinar con la salsa.

Así lo hizo, añadiendo también zanahoria que cortó y pasó un buen rato por el mortero hasta dejarla como una masa que fusionó con la mezcla ya preparada, volviendo a probarla en cuanto hubo terminado, sonriendo felizmente ahora. - Un sabor algo dulce, con un pequeño picor en la lengua. A Kiyoshi no le gusta lo picante pero estoy más que seguro que hará una excepción con esto -. Sin más que hacer, unió todo en un recipiente de cristal, lo selló perfectamente con un trapo limpio un poco de cuerda y lo dejó reposar.

Habiendo pasado 24 horas, volvió a su preparación y revisó el contenido sin abrir el frasco aún. Mucho más líquido que antes, con muchas burbujas, eso era bueno, por lo que lo abrió para por fin emplatar como se debía.

Tomó un par de hojas de maíz secas y simplemente colocó sobre estas el contenido del frasco, humedeció un poco sus manos con agua para que, al tocar las hojas, estas volvieran a ser flexibles y le permitieran doblarlas con facilidad, encerrando la preparación de forma perfecta, incluso asegurándose de que no se escapara ocupando un poco de cuerda fina para atar el extremo de la hoja y que no se moviera y dejara salir su contenido.

En tan solo unos minutos, ya tenía en un plato su platillo, encerrados en hojas de maíz para transformarlos en una ración móvil. Era una técnica que había aprendido en uno de sus trabajos, de un cocinero algo extraño. Ese tipo los había llamado “tamales”, pero claramente se trataba de una receta completa que él no siguió, simplemente copió la forma de mantener el contenido quieto dentro de la hoja de maíz.

Se sintió realizado, pues había terminado, por lo que simplemente buscó un plato y se sirvió lo ultimo de kimchi que quedaba, lo único que había dejado fuera para que él pudiera probar su creación. Le dio un mordisco a la mezcla y dejo que los sabores llenaran su boca, sonriendo orgulloso y asintiendo mientras comía otro y otro bocado.

Definitivamente, había logrado el cometido.


Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
#2
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Recolección y Creación Completada

— Se te agrego el objeto a tu inventario


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