Era un día cualquiera… Pero no para Jesse al cual le habían asignado un encargo que le llenaba de regocijo y gozo. Bueno, mentira, en realidad le causaba una profunda animadversión, y no es por que el trabajo en sí fuese asqueroso, que podía llegar a serlo, si no por que además era tedioso… Y encima le tocaba hacerlo en total soledad, lo cual todavía le tiraba más para atrás. Y el trabajo asignado no era más que limpiar las letrinas, o también conocidos como váteres. Ese lugar donde las personas colocaban sus culos y los abrían para depositar sus cosas que nadie quería ni necesitaba ver, y mucho menos oler.
Y es que encima como los baños estaban separados entre hombres y mujeres, quedaba claro cual iba a ser el más asqueroso de los dos, el de hombres, claramente a él no le iban a hacer limpiar el baño de mujeres, después de todo podría ser incómodo para todas aquellas que tuviese que entrar a hacer sus necesidades. Lo que esperaba era no tener que lidiar con ninguno que entrara a hacer sus necesidades… Y si tenía que mear que por favor apuntará bien… Aunque quizás eso era demasiado pedir. La gente por lo general no pensaba en las personas que tenían que limpiar sus mierdas, al contrario, pensaban en sí mismos y era algo realmente asqueroso. En otras ocasiones que le había tocado limpiar retretes le había tocado limpiar una pared llena de restos… Omitamos de que.
Con guantes de plástico amarillos, un trapo en una mano y una escobilla de váter en la otra se dispuso a hacer la labor menos agradecida de toda la marina. Lo cierto es que prefería que le pusieran a hacer guardias bajo un sol abrasador que hacer aquello. Posiblemente terminaba más agotado, pero era menos aburrido y por supuesto menos asqueroso… Incluso se podría decir que algo humillante, ya que consideraba que no había hecho nada malo para recibir tal castigo.
¿A los de arriba todavía les molestaba que en el primer encuentro de la división 81 un gigante secuestrará a la mayoría de ellos? ¡Qué tiquismiquis!
Pero ahí estaba él dando lustre a las letrinas con un trapo y de vez en cuando con la escobilla limpiando partes sucias que no quería saber de qué estaban manchadas, pero que lo estaban. Sospechaba de que, pero era mejor no pensarlo, por que si no iba acabar de rodillas ante el retrete por otro motivo también bastante asqueroso.
Estaba terminando de limpiar cada uno de los retretes cuando un marine, quizás el más enorme que había visto en su vida entró en uno de los cubículos donde estaban estos.
Jesse sintió como si el mundo se le viniera encima, algo le decía que lo que tenia que expulsar el culo de ese hombre debía ser algo inhumano, y escuchando el sonido que procedía de ese cubículo se dio cuenta de que tal era peor de lo que él mismo imaginaba. Los gemidos de dolor de ese hombre eran inenarrables, y no parecen fingidos.
Jesse sintió como si el demonio se estuviera riendo de él, y también unas ganas de morirse que no eran ni de lejos exageradas. Sabía que si tenía que entrar a ese baño a limpiarlo de nuevo, seguramente no sobreviviría y si lo hacía, sería a duras penas.
Lo que dejó claro que aquello iba a ser peor de lo que pensaba es que escuchaba como el tipo tiraba dos o tres veces de la cadena… Eso solo se hacía cuando el váter no tragaba lo que quiera que hubiese en el retrato. El hombre desde dentro suspiro con resignación, y salió al ver a Jesse, esbozó una sonrisa burlona y pasó por su lado, dándole una palmada en el hombro. Jesse quería morirse y de paso ponerle un tapón en el culo a ese hombre.
Le temblaron las piernas antes de atreverse a abrir la puerta del cubículo… Culo, no, todo estaba lleno de culos.
Poco a poco y armándose de mucho valor fue capaz de abrir la tapa del retrete encontrándose de algo que lejos de ser heces fecales, era un arma química. Eso no era humano, no era posible que aquello hubiese salido de un ojete humano.
¿Y aquel desgraciado tiraba de la cadena pensando que el agua se acabaría tragando aquello? O pecaba de inocente, o era un ignorante, o un hijo de puta. Algunas de las tres opciones debían ser, pero cuando recordó que le dio la palmada en el hombro estaba claro, no era un hijo de puta… era UN HIJO DE LA GRANDISIMA PUTA.
Finalmente decidió que debía limpiar eso… ¡ERA SU MISIÓN! Él nunca oía de sus responsabilidades, bueno si lo había hecho alguna que otra vez… Pero esta vez no lo era, no podía permitir que miles de personas murieran, aquello debía ser capaz de extinguir a parte de la humanidad, lo mejor era que no saliera de allí. Armado de dos escobillas de váter empezó a intentar hundir aquel “trozo” en los más profundo del váter. Poco a poco, el váter iba tragando aquello.
Finalmente. Aquella cosa había desaparecido. Pero hubo dos sensibles bajas, las escobillas no pudieron sobrevivir a esa ardua batalla. Las cuales tiro en una bolsa de platico negro, posteriormente tuvo una oración por ellas. La verdad es que a pesar de que había sido duro aquello, se sentía orgulloso de haber podido salvar la vida de toda la marina haciendo que aquello se marchara. Se merecía una medalla que no le concederían.
Cuando terminó se quitó los guantes de plástico que prácticamente le llegaban hasta el codo y los tiró también a la basura.
Esperaba que hasta mucho tiempo después no le tocaba limpiar los baños, pero sobre todo esperaba que si alguna vez le volvía a tocar, nadie tuviera la audacia de soltar semejante marrón en un baño hecho para criaturas terrenales, y no salidas de los más profundos infiernos.
De todos modos aquello era una aventura que no se la podía contar a nadie, seguramente no le creerían, prefería quedarse en su corazón con la sensación heroica de haber salvado a la marina de una posible exterminación. Porque no se creía que aquello no tuviese poder para eliminarlos a todos.
Volvió a su dormitorio. Se quitó por completo la ropa y se dio una ducha de agua semi tibia, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo, relajándose de toda la tensión que había vivido.
Una vez se hubo duchado y secado se volvió a poner el uniforme de la marina (eso sí, cambiándose la ropa interior), por ahora no tenia mas tareas por lo que saldría al exterior para respirar el aire puro y ser consciente de lo que había salvado, y de que se había salvado a sí mismo siendo bastante eficiente. De paso si encontrar al marine que había soltado aquello le tendría vigilado, no descarta que en algún otro momento tuviera la osadía de volver a intentar algo como aquello, y eso le daba miedo, por que el no estaba ahora en los baños para salvar a toda la marina.
Paseaba por la zona exterior ojo avizor pero por suerte o por desgracia no encontró al susodicho, y aunque le preguntaba a alguna personas nadie parecía conocer a ese marine, lo cual las sospechas de Jesse fueron a más. Aquello debía haber sido obra de algún demonio que había tenido intención de acabar con la marina. El destino había sido caprichoso que él estuviera limpiando los baños, había sido el elegido para acabar con tamaña amenaza.
Podría sonar a amenaza de mierda, y aunque en parte lo era, también era un arma bacteriológica que podía haber causado grandes problemas a toda la marina y Jesse, una vez más (se tenía mucho afecto a sí mismo) había vuelto a salvar el día. Claramente en su mente todo se exageraba demasiado, pero es que no podía evitarlo, tenía mucho ego, y seguramente mucha imaginación. Pero después de todo sí que era cierto que lo que se había encontrado en ese baño habría sido impactante para todos.
Aunque para Jesse eso había sido una verdadera amenaza y se encontraba feliz de haber podido acabar con ella. Había que tener mucho valor, y sobre todo, mucho estomago. Y eso no se le podía negar al pelirrojo, que a pesar de todo había cumplido con su cometido, por muchas ganas que tuviera de salir corriendo.
De momento no tendría que pisar los retretes en una temporada y aunque era posible que en adelante tuviera tareas más duras y complicadas, estaba seguro de que serian mucho menos asquerosas y le costaría menos trabajo cumplir con ellas. Para Jesse era mas agradable perseguir a un ladrón que enfrentarse a las heces de los compañeros de trabajo, después de todo, aunque no fuese muy sensible a los escatológico tampoco es que le gustaria limpiar las mierdas (literalmente) de los demás.
¡UN TRABAJO DE MIERDA!
Y es que encima como los baños estaban separados entre hombres y mujeres, quedaba claro cual iba a ser el más asqueroso de los dos, el de hombres, claramente a él no le iban a hacer limpiar el baño de mujeres, después de todo podría ser incómodo para todas aquellas que tuviese que entrar a hacer sus necesidades. Lo que esperaba era no tener que lidiar con ninguno que entrara a hacer sus necesidades… Y si tenía que mear que por favor apuntará bien… Aunque quizás eso era demasiado pedir. La gente por lo general no pensaba en las personas que tenían que limpiar sus mierdas, al contrario, pensaban en sí mismos y era algo realmente asqueroso. En otras ocasiones que le había tocado limpiar retretes le había tocado limpiar una pared llena de restos… Omitamos de que.
Con guantes de plástico amarillos, un trapo en una mano y una escobilla de váter en la otra se dispuso a hacer la labor menos agradecida de toda la marina. Lo cierto es que prefería que le pusieran a hacer guardias bajo un sol abrasador que hacer aquello. Posiblemente terminaba más agotado, pero era menos aburrido y por supuesto menos asqueroso… Incluso se podría decir que algo humillante, ya que consideraba que no había hecho nada malo para recibir tal castigo.
¿A los de arriba todavía les molestaba que en el primer encuentro de la división 81 un gigante secuestrará a la mayoría de ellos? ¡Qué tiquismiquis!
Pero ahí estaba él dando lustre a las letrinas con un trapo y de vez en cuando con la escobilla limpiando partes sucias que no quería saber de qué estaban manchadas, pero que lo estaban. Sospechaba de que, pero era mejor no pensarlo, por que si no iba acabar de rodillas ante el retrete por otro motivo también bastante asqueroso.
Estaba terminando de limpiar cada uno de los retretes cuando un marine, quizás el más enorme que había visto en su vida entró en uno de los cubículos donde estaban estos.
Jesse sintió como si el mundo se le viniera encima, algo le decía que lo que tenia que expulsar el culo de ese hombre debía ser algo inhumano, y escuchando el sonido que procedía de ese cubículo se dio cuenta de que tal era peor de lo que él mismo imaginaba. Los gemidos de dolor de ese hombre eran inenarrables, y no parecen fingidos.
Jesse sintió como si el demonio se estuviera riendo de él, y también unas ganas de morirse que no eran ni de lejos exageradas. Sabía que si tenía que entrar a ese baño a limpiarlo de nuevo, seguramente no sobreviviría y si lo hacía, sería a duras penas.
Lo que dejó claro que aquello iba a ser peor de lo que pensaba es que escuchaba como el tipo tiraba dos o tres veces de la cadena… Eso solo se hacía cuando el váter no tragaba lo que quiera que hubiese en el retrato. El hombre desde dentro suspiro con resignación, y salió al ver a Jesse, esbozó una sonrisa burlona y pasó por su lado, dándole una palmada en el hombro. Jesse quería morirse y de paso ponerle un tapón en el culo a ese hombre.
Le temblaron las piernas antes de atreverse a abrir la puerta del cubículo… Culo, no, todo estaba lleno de culos.
Poco a poco y armándose de mucho valor fue capaz de abrir la tapa del retrete encontrándose de algo que lejos de ser heces fecales, era un arma química. Eso no era humano, no era posible que aquello hubiese salido de un ojete humano.
¿Y aquel desgraciado tiraba de la cadena pensando que el agua se acabaría tragando aquello? O pecaba de inocente, o era un ignorante, o un hijo de puta. Algunas de las tres opciones debían ser, pero cuando recordó que le dio la palmada en el hombro estaba claro, no era un hijo de puta… era UN HIJO DE LA GRANDISIMA PUTA.
Finalmente decidió que debía limpiar eso… ¡ERA SU MISIÓN! Él nunca oía de sus responsabilidades, bueno si lo había hecho alguna que otra vez… Pero esta vez no lo era, no podía permitir que miles de personas murieran, aquello debía ser capaz de extinguir a parte de la humanidad, lo mejor era que no saliera de allí. Armado de dos escobillas de váter empezó a intentar hundir aquel “trozo” en los más profundo del váter. Poco a poco, el váter iba tragando aquello.
Finalmente. Aquella cosa había desaparecido. Pero hubo dos sensibles bajas, las escobillas no pudieron sobrevivir a esa ardua batalla. Las cuales tiro en una bolsa de platico negro, posteriormente tuvo una oración por ellas. La verdad es que a pesar de que había sido duro aquello, se sentía orgulloso de haber podido salvar la vida de toda la marina haciendo que aquello se marchara. Se merecía una medalla que no le concederían.
Cuando terminó se quitó los guantes de plástico que prácticamente le llegaban hasta el codo y los tiró también a la basura.
Esperaba que hasta mucho tiempo después no le tocaba limpiar los baños, pero sobre todo esperaba que si alguna vez le volvía a tocar, nadie tuviera la audacia de soltar semejante marrón en un baño hecho para criaturas terrenales, y no salidas de los más profundos infiernos.
De todos modos aquello era una aventura que no se la podía contar a nadie, seguramente no le creerían, prefería quedarse en su corazón con la sensación heroica de haber salvado a la marina de una posible exterminación. Porque no se creía que aquello no tuviese poder para eliminarlos a todos.
Volvió a su dormitorio. Se quitó por completo la ropa y se dio una ducha de agua semi tibia, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo, relajándose de toda la tensión que había vivido.
Una vez se hubo duchado y secado se volvió a poner el uniforme de la marina (eso sí, cambiándose la ropa interior), por ahora no tenia mas tareas por lo que saldría al exterior para respirar el aire puro y ser consciente de lo que había salvado, y de que se había salvado a sí mismo siendo bastante eficiente. De paso si encontrar al marine que había soltado aquello le tendría vigilado, no descarta que en algún otro momento tuviera la osadía de volver a intentar algo como aquello, y eso le daba miedo, por que el no estaba ahora en los baños para salvar a toda la marina.
Paseaba por la zona exterior ojo avizor pero por suerte o por desgracia no encontró al susodicho, y aunque le preguntaba a alguna personas nadie parecía conocer a ese marine, lo cual las sospechas de Jesse fueron a más. Aquello debía haber sido obra de algún demonio que había tenido intención de acabar con la marina. El destino había sido caprichoso que él estuviera limpiando los baños, había sido el elegido para acabar con tamaña amenaza.
Podría sonar a amenaza de mierda, y aunque en parte lo era, también era un arma bacteriológica que podía haber causado grandes problemas a toda la marina y Jesse, una vez más (se tenía mucho afecto a sí mismo) había vuelto a salvar el día. Claramente en su mente todo se exageraba demasiado, pero es que no podía evitarlo, tenía mucho ego, y seguramente mucha imaginación. Pero después de todo sí que era cierto que lo que se había encontrado en ese baño habría sido impactante para todos.
Aunque para Jesse eso había sido una verdadera amenaza y se encontraba feliz de haber podido acabar con ella. Había que tener mucho valor, y sobre todo, mucho estomago. Y eso no se le podía negar al pelirrojo, que a pesar de todo había cumplido con su cometido, por muchas ganas que tuviera de salir corriendo.
De momento no tendría que pisar los retretes en una temporada y aunque era posible que en adelante tuviera tareas más duras y complicadas, estaba seguro de que serian mucho menos asquerosas y le costaría menos trabajo cumplir con ellas. Para Jesse era mas agradable perseguir a un ladrón que enfrentarse a las heces de los compañeros de trabajo, después de todo, aunque no fuese muy sensible a los escatológico tampoco es que le gustaria limpiar las mierdas (literalmente) de los demás.
Ese día, al menos, ya estaba cumplido.
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