¿Puedo preguntarte algo? // Presente Relativo // Kiyoshi
#1
10 de Invierno : 15:07 Hrs
Puerto de Jaya
Barco de Los Sepultura, "Black Widow"


El sol lo golpeaba con fuerza, como cada día en esa isla. Los climas tropicales eran un fastidio para alguien que odiaba tanto el calor como Uker, pero hasta ahora había podido aguantarlo con cierta voluntad. Después de pasar por Arabasta cualquier cantidad de calor se sentía menos sofocante que las de esa isla, así que se había acostumbrado, de alguna manera extraña, a temperaturas altas.

Aterrizó en la cubierta del barco, cayendo de rodillas contra la madera por el cansancio. Su cuerpo aún no se recuperaba, el aliento le fallaba, tenía varias marcas de cortes leves y moretones tanto en su cara como en sus brazos, las que seguramente no eran las únicas y el resto simplemente se encontraría ocultas bajo su ropa.

Se había vuelto normal verlo llegar al barco así, casi destruido. Sus entrenamientos con la mink que él y Kiyoshi habían encontrado en esa isla un tiempo atrás no dejaban de ser potentes y asesinos. Le había prometido que pelearía con ella para darle una buena pelea, pero hasta ahora no conseguía hacer mucha cosa. Pese a eso, sentía que cada vez avanzaba más y más, aunque a un ritmo tan lento que se volvía desesperante.

Se tumbó en la cubierta, boca arriba, mirando el cielo mientras pensaba y dejaba que su cuerpo se recuperara aunque sea un poco. ¿Qué le faltaba? En su juventud había podido progresar y mejorar mucho más, con y sin la ayuda de su maestro, pero con la muerte de ese hombre se cruzó con una pared que aún no conseguía superar. Ninguna de las enseñanzas que le dejó le habían servido, ninguna fue capaz de hacerlo sobrepasar ese límite que parece tenerlo cautivo. Era cierto que había mejorado desde que entraron al Grand Line, cada día sentía que podía visualizar de una mejor manera una victoria contra Sakana por su propia mano, pero no era suficiente.

Esos tipos lo habían emboscado en Little Garden e iban a matarlo ahí mismo, si no era por poder bruto, era por superioridad numérica. Todavía no se veía capaz de enfrentar a 6 personas a la vez, pero al menos Sohem se había encargado de que dos ya no sean una molestia a futuro.

Pensar en eso lo hizo ponerse de mal humor. ¿Cómo era posible que algo así existiera? Una fruta capaz de quitar el aire alrededor de manera que parecía instantánea y que obviamente ponía en una gran desventaja a todos alrededor. No era posible pelear con eso, no lo era.

Sus pensamientos fueron cortados cuando una pequeña cara se asomó en su campo de visión. El mapache que ahora cuidaba se le acercó al verlo tumbado y parecía querer descubrir si acaso estaba muerto o no. - Hola Musashi, ¿ya comiste? -. Obviamente, no hubo respuesta por parte del animal, sino estaríamos en un gran problema. El cocinero levantó su cuerpo y el cachorro aprovechó para subir a su regazo, en donde levantó sus dos patas delanteras queriendo jugar con una de las manos del hombre, quien se le extendió para que lo haga. - Debería tratarme las heridas. Si Kiyoshi me ve así va a volver a regañarme -.

A decir verdad, algo de ese hombre lo preocupaba. Había tenido que asesinar a alguien un poco importante para los Daten Shi para rescatar a Eros de su enfermedad extraña, y claramente no lo culpaba por eso, pero no dejaba de pensar en que algo malo debía pasar. - Atacar y matar a alguien importante debe tener sus consecuencias, ¿no es así? -. Fue un pensamiento al aire, pero al decirlo en voz alta y mirando al animal parecía que quería hablar con este. - Pero somos muy fuertes, podemos con quien sea que intente molestarnos -. Terminó por decir con una sonrisa, mientras que el mapache lo miraba confundido al no entender lo que decía.

Hasta que, de pronto, escuchó una puerta abrirse a sus espaldas, lo que anunciaba que alguien salía del interior del navío hacia la cubierta. En esos momentos sus sentidos le avisaron que había peligro inminente, como si de un animal en la naturaleza se tratase. Lo único que pudo hacer fue voltear su rostro lentamente, esperando no encontrarse con la persona que no debía verlo así de lastimado.

Por favor, que sean Varo o Eros, pensaba.
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#2
— ¿Si Kiyoshi te ve cómo? — Aquello es lo primero que se escucha cuando la puerta se abre y los pasos indican que el médico está cada vez más cerca del espadachín. Al parecer, estuvo escuchando desde las sombras lo que Uker le hablaba al aire. Mala suerte para él, probablemente. — No sé cómo decirte que debes dejar de llegar con esas pintas. ¿Es que acaso eres tan tonto que quieres colmar mi paciencia? — Cualquiera asumiría que sus reclamos son dados por el horrible estado en que llega su compañero, herido, con sangre y sin energías. Como médico de la tripulación, su principal preocupación tiende a ser la salud de los suyos. Sin embargo, en esta oportunidad, no podemos estar más equivocados.

Cuando Uker tiene dentro de su rango de visión, Kiyoshi está armado, pero no con su típico rifle, sino que con un trapeador. Con ahínco es que lo usa para frotar la madera del barco alrededor del encantador de animales, llegando a darle varios golpes con el mismo en señal de que se aparte para así poder limpiar debajo suyo. — En la próxima reunión general que tengamos deberé colocar la regla de que quien llegue sucio, deberá cambiarse la ropa fuera o bañarse en otro sitio antes. Cada día apareces ensuciando lo que tengo brillando desde temprano.

Exactamente, lo primordial para Kiyoshi es la limpieza. Cada vez que Uker aparece en este estado y se lanza a descansar en el piso, es tierra y sangre la que termina desperdigando. Por mucho que se queje, no ha habido día como excepción en el que no haya sanitizado luego. Esto no quiere decir que lo haga de buena gana y por eso es que anda soltando semejante reclamo. Probablemente Uker no se sienta en condiciones de escuchar sermones después de tremenda paliza que deben haberle pegado, pero eso poco y nada le importa a Kiyoshi.

Primero la limpieza. Luego la salud. Así de sencillo.

Ahora, ya con el piso en mejor estado, la preocupación de Kiyoshi se centra en otro detalle. — ¿Cuándo dejarás de arriesgar tu vida de esa forma? Debes entender que no te harás más fuerte siendo un suicida. — Si algo detesta un médico como él es la gente que no se preocupa por su salud, que pone su vida sobre la cuerda floja sin ningún tipo de responsabilidad. ¿Cómo él tendrá ganas de cuidar y sanar a alguien que se ha puesto en una situación compleja por su propia elección? — Hay métodos más seguros para conseguir fuerza. Si un día llegas en un ataúd por culpa de esa irresponsabilidad tuya, créeme que me verás en el infierno para regañarte hasta el fin de los tiempos. — Y escuchar sermones de Kiyoshi por toda la eternidad debe ser el peor de los finales.

Por muy agresivo que le hable, en el fondo solo se preocupa por él, por todos. Es consiente, porque le pasa igual, del porqué de que todos quieren hacerse fuertes a costa de lo que sea. Pero es aquí donde más necesitan a Kiyoshi, que él sea el primero en luchar contra sus sentimientos y haga predominar el pensamiento racional para así conseguir que el resto vuelva en una pieza cada día que pase en esta isla. El camino aún no ha terminado, hasta se podría decir que apenas está en su inicia. Por ese motivo es que debe hacerles entender que la vida de los cuatro está por encima de todo, y que ir paso a paso será más beneficioso para ellos que intentar saltar escalones a cambio de la vida. — Si te llega a enfermar como el tonto de Eros, estaremos en graves problemas otra vez. Piénsalo.
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#3
- Eh… Si no es agotador no vale como entrenamiento -. Intentó defenderse con un argumento claramente débil ante los cuestionamientos de su compañero, claramente sabiendo eso de antemano y solo queriendo atajar un poco de esos reclamos que sabía que vendrían. - Y ya te dije que podría limpiar yo mismo mi desastre cuando pasa, sabes que estoy dispuesto a hacerlo de la mejor forma posible -. Incluso si antes no era alguien a quien le gustara demasiado la suciedad en la vida cotidiana, convivir con Kiyoshi, antes y en esta tripulación, comprendió la cantidad de tiempo y esfuerzo que el médico le ponía a esas tareas en específico, por lo que incluso él se había visto limpiando sus cosas hasta que estén relucientes incluso en momentos donde el compañero no se encuentra presente.

Pero no era más que un intento por zafarse un poco del regaño.

Claramente se movió en cuanto el otro hombre comenzó a limpiar a su alrededor. Intentó saltar a una zona más pequeña y donde pudiera limpiar luego para no ensuciar lo que estaba limpiando en ese momento, pero un repentino dolor en su pierna derecha le llegó justo cuando aterrizó en una de las barandas al costado del barco. El mapache salió de entre las manos que lo cargaban y se subió al hombro del cocinero, mientras que este levantaba un poco su pantalón y revisaba un gran moretón que le había quedado en la pierna.

¿Quién hubiera pensado que darle una patada directamente al puño enemigo sería como pegarle a una pared de concreto?

Y justo en ese momento llega la pregunta sobre la propia estupidez del Rackham. En un inicio le pareció algo exagerado, él mismo había estado en situaciones de vida o muerte, de más joven o no tan joven, y no se sentía igual que ahora. No existía ese peligro inminente que lo obligaba a actuar. Aún así, con un segundo pensamiento se dio cuenta de que, visto desde afuera, si podía llegar a ser preocupante. Que un miembro del grupo vuelva cada día con heridas o tan cansado que prácticamente se rinda de seguir caminando a centímetros de la entrada al barco era algo más que notorio, sobre todo para quien podría encargarse de la salud de todos. - Tampoco servirá de nada si no puedo sobrevivir ante una amenaza mayor -. Tenía una teoría claramente firme, pero parecía que evitaba contestar directamente para no aceptar su error. - A pesar de lo que parece, no tenemos tanto tiempo como para aprender por métodos tradicionales -.

Las siguientes palabras de su compañero lo hicieron dudar, como si fuera algo extraño para él. - Pero… si yo no me enfermo -. Dijo mientras se apuntaba con uno de sus dedos, inocente y preguntando si es que nunca había compartido ese conocimiento con su compañero. Recordaba que la primera vez que se cruzaron con la mink pensó en decírselo, pero ahora no podía recordar de alguna ocasión en la que efectivamente lo haya traído a colación.

Al parecer se le pasó.

- Nunca me enfermé, ni una sola vez en toda mi vida -. Información importante al parecer, que tal vez hubiera tenido que compartir antes con ellos, pero ahora le resultaba extraño que no hubieran preguntado algo sobre su inmunidad ni una vez.

A decir verdad, nunca le habían preguntado nada más del porque quería ser inmortal. Tal vez les había contado que su familia fue asesinada, pero no de la calamidad que causó que todo un pueblo se tuviera que poner en cuarentena por sus propios habitantes. - Kiyoshi, debo preguntarte algo -. Sonó serio en un inicio, pero con e l paso de las palabras esa máscara fue rompiéndose hasta mostrar la realidad. - Todos tenemos un objetivo, ¿no es así? Osea, asumo que sí porque viajamos y vamos hacia algún lugar, o alguna cosa, no debe ser solo un lugar, pero… -. Si, Uker no es el mejor poniendo en palabras aquello que no sabe cómo explicar. - Lo que quiero decir es, tú tienes un objetivo y lucharemos por eso, al igual que lo tienen Varo y Eros y yo, pero… ¿Cómo sabes que eso es lo que quieres lograr? -.

- “¿Cómo sé que ahí es donde quiero llegar?” No tengo una respuesta a esa pregunta más que la misma de siempre: Dejar la memoria de mi familia en la historia. Pero nunca en mi vida sentí un apuro o  verdaderas ansias de conseguirlo, nunca me sentí más cerca de lograrlo o más lejos de mi objetivo, siempre se sintió como algo tan imposible que ahora no puedo ver un camino fijo -. Parecía echarse mucho la culpa, o cargar con preguntas que no debería, pues no estaba hablando de cualquier tipo de objetivo. Llegar a la inmortalidad nunca iba a ser un camino que tuviera marcado. - Lo que quiero decir es… ¿Cómo se siente eso? ¿Siempre estás seguro de que eso es lo que quieres o simplemente es algo del momento? -.

A decir verdad, no parecía una charla que tener justamente con Kiyoshi, pero tal vez la perspectiva más fría y centrada del otro hombre pudiera hacerlo ver algo diferente, al menos eso creía el cocinero.

La mink con la que entrenaba había mencionado algo del "hambre", quería entender a que se refería. ¿A una falta de objetivo? Lo tenía, y bastante claro. ¿A una falta de razón para perseguirlo? Eso sería más difícil de encontrar.
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#4
¿Cómo que no tienen tanto tiempo? Últimamente, pareciese que Uker sabe cosas que el resto no, hecho del que Kiyoshi se dio cuenta la madrugada en que Eros despertó. Desde entonces, ha centrado principalmente su atención en el cocinero en comparación con el resto de compañeros, por eso es que siempre se lo pilla cuando llega todo lastimado. — Hemos viajado por una larga temporada y seguimos bien. ¿Por qué dices en contra del tonto tiempo? — No solamente Uker quiere respuestas, sino que desde el lado del médico también surgen dudas cuya curiosidad desea ser saciada.

— Siempre hay una primera vez para todo, así que no tientes al destino. Aborrezco a quienes no se preocupan por su tonta salud. — Aunque, en el fondo, espera que no se enferme nunca. Eso le ahorraría trabajo y también impediría que se estrese de más. No es la persona más paciente cuando sus cercanos son los que andan atravesando un mal momento de salud, por lo que prefiere ser precavido. También obliga al resto a serlo, tal como lo está haciendo ahora con Uker. No sirve de nada tener un buen médico si has fallado en la base de todo, que viene a ser el autocuidado y la prevención. En más de una ocasión, ha realizado charlas a toda la tripulación sobre esto, dando consejos y clases exprés sobre cómo utilizar distintos implementos médicos. Por mucho que alguna u otra vez se quejen, Kiyoshi los ha obligado.

Ahora, si pasamos a la cuestión que plantea Uker, la charla se torna más profunda. Después de todo, el motivo por el que Kiyoshi viaja es bastante importante para él, siendo la única y gran motivación que tuvo para lanzarse al mar a arriesgar su vida, dejando atrás y prácticamente eliminando la vida pacífica que gozaba. ¿Pero realmente era tan buena? Dinero, buena comida, reputación en su trabajo, un correcto hogar. Pero, aun así, en el fondo se sentía vacío. — Por más que muchas veces tema por mi debilidad, y la sensación de miedo se apodere de mi tonto cuerpo, mi objetivo es lo que me impulsa a seguir adelante. — Aunque también podría decir que, con el tiempo, se ha sumado un segundo motivo: el seguir compartiendo con todos ellos las distintas derrotas y victorias que te da la vida. Tener individuos con los que atravesar éxitos y fracasos es infinitamente mejor que estando solo. De eso no hay ninguna duda.

— Durante muchos años, y hasta hoy, el recuerdo de la muerte de mis padres no me deja dormir. Tenía una buena vida, pero el dolor en el pecho era bastante molesto como para soportarlo durante toda la vida. — Mientras habla, le da la espalda a Uker y camina en dirección al borde del barco, apoyando ambas manos enguantadas en la baranda mientras mira hacia el mar, buscando calma en las suaves olas que se muestran ante sus ojos. Piensa un momento, recuerda, saborea dolor y sufrimiento, queriendo no olvidarlo para así tener siempre presente que desea desprenderse de estas sensaciones.

— Cada vez que siento que me volví más fuerte, o doy un paso más en la investigación sobre su muerte y los culpables, ese dolor disminuye un poco. Solo ahí siento realmente deseos de sonreír. — Presiona la baranda, ejerciendo fuerza, llegando incluso a provocar leves e inofensivas grietas en la madera. — Desconozco qué tanto quieres lograr tu objetivo, pero la forma de tener lo claro es que realmente sea lo que te impulsa a avanzar cuando ya quieres dejar todo tirado y simplemente tirar la toalla. — ¿Servirá su respuesta al navegante? ¿Lo dejará con las mismas dudas? Sabido es para Kiyoshi que, en este tipo de temas, todos viven algo diferente. Por mucho que convivan y compartan aventuras, la historia se ve desde un punto de vista distinto.

— Si ya llevas meses o años con ese objetivo, quizás puedes estar seguro de que no es un mero capricho. — Recién ahora, luego de tanta cháchara, Kiyoshi se voltea, mirando de frente a Uker. Apoya la cintura en la baranda detrás suyo para así no soportar todo su peso en los pies. — ¿Por qué tanta duda? ¿Hay algo que pasó recientemente que ha hecho tambalear tus tontas creencias?
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#5
Sinceramente, esperaba que la respuesta del médico fuera más simple. Un sencillo y clásico “Eres un tonto si solo vives sin un objetivo” parecía la respuesta más razonable que Kiyoshi tendría para darle, pero él mismo se encargó de llegar más hondo que eso con su respuesta. Algo que te impulsa por mucho que tengas las cosas en contra, así lo explicaba el hombre con una sola oración. - Ya veo… -. Por un instante, pensó que esa sería toda la respuesta. Agachó la mirada y su cerebro comenzó a trabajar, intentando encontrarle un sentido a esas palabras, algo que chocara con ellas en su propia vida y experiencia.

Pero no tuvo que pensar mucho más, pues fue su compañero quien volvió a hablar, pero ahora alejándose de él hacia uno de los bordes del barco. Un dolor en el pecho, constante y latente, que no te permite vivir. - Si… Eso puedo entenderlo -. Aún con la mirada baja, se acerca a donde se encuentra el otro hombre y se apoya en la misma baranda que él, a su derecha, pero dándole la espalda al mar. Mientras el médico buscaba calma en su visión, Uker parecía querer encontrar una razón para mantenerse en ese lugar.

Se los había prometido, eran una tripulación y no iba a abandonarlos, pero necesitaba aclarar sus ideas para seguir siendo útil.

El Maeda parecía tenerlo claro, entendiendo sus pensamientos, el porque sentía esa satisfacción y cuando. Por otro lado, al cocinero le costaba encontrar ese punto. ¿Hace cuanto tiempo que no podía poner con claridad sobre la mesa sus sentimientos? Su maestro le había enseñado eso, la importancia de expresarlos, que verbalizar el pensamiento hacía que fuera fácil y digerible, aunque a veces parecen dagas direccionadas al corazón.

Su compañero no le aseguró nada, ni siquiera al final. Agradecía que pensara en no afirmarle cosas, pero aún lo dejaba intranquilo el no tener una respuesta. Aún así, una pregunta llegó, una más acorde al tono que pensó que la conversación iba a tener en un inicio. - Yo… es difícil de explicar -. Su mano izquierda llegó hasta su propia nuca y comenzó a rascar levemente la zona. Se lo notaba deshecho, pero no con tristeza o angustia, era más como si estuviera perdido. - Cuando mi familia murió quedé solo, con un dolor que nunca antes pensé que iba a experimentar. Pasé años en soledad, en una isla del infierno, tuve que matar para sobrevivir y continuar viviendo, cada noche pensando que al día siguiente iba a despertar en mi hogar tras esa horrible pesadilla -.

Sonreía al hablar de eso, pues había aprendido a no tenerle miedo al hablar de esas cosas, incluso a verles algunos puntos positivos, pero su relato no paró. - Cuando llegué al South Blue, la marina comenzó una cacería. Siempre supuse que era por ser un superviviente, no pude averiguar si esa era la verdad antes de que un pirata me adoptara y comenzara a enseñarme -. Suspiró y alzó la mirada, ahora mirando hacia el cielo. - Ese hombre me dio una nueva familia, me enseño a combatir y a vivir como mis propios padres no habían podido hacerlo. Me dijo que mi odio hacia quienes me lo quitaron todo no me haría feliz, que podía elegir otro camino y yo… decidí creerle -. Volvió a bajar su mirada y esta vez la centró en una de sus manos, la cual alzó hasta la altura de sus hombros y la extendió hacia adelante.

- Pasé años aprendiendo a cocinar, conociendo personas y asombrándolas lo suficiente para convertirlas en contactos. Trabajé desde joven, siempre diciéndome que debía callar el dolor de la pérdida pero lo cierto era que hacer esas cosas creaba una sonrisa en mi rostro -. Pudo verse en su rostro un poco de esa sonrisa, recordando el pasado y los momentos felices. - Pensé que tenía algo nuevo en mi vida, que podía dejar atrás el dolor y simplemente recordar a mi familia por lo que fue, pero algunos años después la marina capturó y asesinó a mi maestro -. Al decir esto, su mano extendida se cerró en un puño con suficiente fuerza como para marcar sus nudillos de color blanco. - Un marine se atrevió a matarlo y deshonrarlo públicamente, a ese hombre que había salvado a un pequeño niño y le había otorgado un nuevo propósito. Fue la primera vez en mucho tiempo que volví a llenarme de rabia, de ganas de alcanzar y completar un objetivo -.

Relajó su mano y soltó un respiro. Al abrir sus dedos, cuatro marcas rojas mostraban el lugar donde sus uñas habían abierto un camino entre la carne. - Lo encontré, lo capturé y lo torturé durante toda una noche. Pensé que algo de eso me haría sentirme mejor, que con esas acciones podría quitar algo de ese dolor que nunca se había ido y simplemente había aprendido a soportar, pero no fue así -. Mientras hablaba, dejó su palma lastimada mirando al cielo y sacó un pañuelo blanco de su bolsillo, con el cual tapó las heridas y evitó que la sangre cayera sobre la cubierta.

Manchar el lugar por una acción tan estúpida sería motivo de reclamos por parte del médico.

- Quemar el cadáver de ese hombre no me trajo satisfacción, sus gritos de dolor tampoco. Tuve que abandonar mi apellido real para evitar miradas sospechosas, comencé una nueva vida en otra isla y simplemente elegí continuar viviendo, tal y como mi maestro dijo, pero hasta hoy me asalta la duda -. Sus ojos estaban fijos en el pañuelo que comenzaba a teñirse lentamente de rojo en su mano. - Si hubiera estado ahí, hubiera muerto con él, si me hubiera quedado con mi familia hubiera muerto con ellos, pero cuando intenté vivir una vida normal me lo arrebataron todo -.

- Aquello que me generaba satisfacción me daba una buena vida. Un trabajo que amaba, nuevos amigos, la capacidad de crecer en un ámbito de mi interés, pero mi fuerza no iba a crecer. Si la marina volvía a atacar mi felicidad no iba a tener la fuerza, iba a perderlo todo de nuevo, así que opté por volver a entrenar, abandonando la nueva vida normal que podía tener -.

Se quedó un momento en silencio, hasta que el propio ambiente lo hizo notar eso y giró su mirada hacia su compañero. - Lo siento, hablé demasiado, lamento eso, yo… -. Volvió sus ojos hacia el pañuelo, el cual levantó y comenzó a doblar cuidadosamente, cuidando de no manchar nada. - No quiero pensar que mi maestro estuvo equivocado, me enseñó mucho y todo eso fue capaz de hacerme crecer, pero tampoco quiero volver a ser ese niño que tuvo que ver como sus padres morían -.
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#6
Silencio. Eso predomina por parte de Kiyoshi cuando Uker comienza a hablar, sobre todo estando a su lado. Permitirle expresarse es la mejor idea, un médico lo sabe, e interrumpirlo solo podía lograr que esa valentía que le inspira ahora, se desvanezca. Lo que le cuenta es importante. Le gusta saberlo. Conocer más de él, de su compañero, intentar entender su personalidad debido al trasfondo que hay detrás de la imagen que se muestra en el día a día.

Curiosidad le da que la muerte siempre esté presente en la historia a escuchar. ¿Tan horrible es el mundo? ¿Tan dura es la vida? Dura gran parte de su vida, Kiyoshi estuvo apartado del exterior, encerrado en la seguridad de su casa. Pasó mucho hasta que pudo salir de esa burbuja tan bien diseñada que crearon sus padres, por lo que recién en estos tiempos, llegando a los casi 30 años, es que entiende realmente cómo es la vida. Por mucho que siempre sufrió de su salud, y muchas veces se sintió inferior al resto por sus condiciones, fue feliz. Con sus progenitores, con su mayordomo, pudiendo tener lo que quisiera en casa, realmente fue criado con alegría.

Escapar a la fuerza, o más bien obligado por el destino, de ese lugar, es lo que le enseñó el dolor. La ira. La venganza. El resentimiento.

Como médico, como profesional, entiende lo que quiso transmitir el maestro de Uker. Era lo más sensato, y realmente merece respeto por ello. Incluso podemos decir que era una figura digna de admirar. Sin embargo, en la vida, no todo puede resolverse con lo que lees en un libro o aprendes estudiando a otros. Desde la teoría a la práctica, hay un largo trecho. Le molesta aceptarlo, pero no le queda de otra.

Aun así, sus labios permanecen sellados. Uker habla bastante, eso es positivo. Su médico. No, su compañero no lo interrumpe. Al ser una ocasión especial, entromete la mano diestra dentro de su chaqueta, específicamente en un bolsillo interno, y extrae de ahí una cajetilla de cigarrillos. Toma solamente uno y, usando un encendedor que también oculta, lo prende. Da una leve calada, cuyo humo retiene unos segundos dentro suyo para luego dejarlo escapar. Se asegura de que el viento no lo lleve al rostro de Uker; no desea distraerlo. Solo busca calmarse. A sí mismo. Aclarar sus ideas, intentar comprender qué está bien y qué no. Qué decir y qué callar.

Pasado el tiempo, finalmente le llega el turno de hablar. Aun así, cuando Uker termina, Kiyoshi se toma unos segundos. Sigue fumando, continúa pensando.

— Es correcto, tonto, no tiene sentido que persigas el odio y la venganza. Eso es lo que debo decirte como médico. — El final del diálogo es clave, pues no es dicho porque sí; tiene un propósito específico. Kiyoshi no está hablando al azar. Selecciona expresamente sus palabras. — Pero como persona, no soy quién para decirte eso. — Sería hipócrita de su persona, hasta podría tomarse como una falta de respeto para con una persona que acaba de abrirse sentimentalmente, dando a conocer su historia y los múltiples pensamientos que atacan su cabeza a diario. — Yo vivo para vengarme. Lo que me ha impulsado a seguir adelante cuando siento que no seré capaz, es el odio que siento hacia aquellos que mataron a mis padres. Por más que esté mal, no puedo cambiar lo que siento. — Crea una de sus burbujas, la cual se dirige hacia la punta del cigarrillo, apagándolo.

Se toma una nueva pausa.

— Entiendo lo que dices. Temes que tus sentimientos, lo que quieres hacer, vayan en contra de lo que te transmitió tu maestro. Créeme que te entiendo más de lo que piensas. — Pues por su parte, también tiene claro que sus padres jamás habrían querido que siguiese este camino. Sin embargo, ya es demasiado tarde. — Supongo que deberemos trabajar mucho, en cuerpo y espíritu—, lo que es obvio. Pero a algo apunta. — Tendremos que hallar la respuesta sobre cómo conseguir nuestros objetivos sin convertirnos en iguales a aquellos que tanto daño nos hicieron.

El mar está tranquilo, observarlo transmite paz. Ojalá situar los ojos en él sirviese para leer las páginas que contienen las respuestas que buscan. Lamentablemente, por mucho que viajen por el océano, el verdadero camino debe encontrarlo interiormente cada uno. — Estoy seguro que, cuando sea el momento, los tontos de Eros y Varo nos ayudarán a no descarrilarnos del camino en que se encuentran nuestros valores. Lamentablemente, para saber qué respuesta es la correcta, solo nos queda seguir avanzado. Seguir viviendo.
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#7
Era curioso ver a un hombre con una salud tan comprometida fumar sin que las consecuencias parezcan importarle, al menos para el cocinero. Le agradeció internamente por el silencio durante su explicación, pensó que debería aprender a poner sus sentimientos en palabras y frases menos extensas, otra cosa que trabajar para el navegante.

En cuanto pudo hablar, el médico se dedicó a hacerle entender que no todo debía ser tan claro como esperaba. Ambos tenían sus valores, ambos parecían ir en contra de aquello que les enseñaron, ambos sufrieron una pérdida que los marcó y sigue doliendo en sus corazones incluso a día de hoy. Aún así, para Uker había una diferencia, pues Kiyoshi aceptaba que vivía para su venganza, para encontrar a un culpable y concretar un objetivo. ¿Rackham deseaba lo mismo? Era muy joven cuando lo perdió todo, desconocía el mundo cuando su maestro se fue y aún así buscó la venganza, que no lo hizo sentir mejor. El dolor en su pecho no se fue, por muchas horas que torturó a ese hombre, la pérdida no sanó, quemar su cuerpo no le devolvió a su maestro.

Una matanza no va a devolverle a su familia.

Tal vez deteste a la marina, pues ellos fueron los responsables, pero tras tantos años ya comprende que matarlos no le traerá la paz. Él mismo aceptó antes que podría haber vivido una vida normal, el peligro de que la marina vuelva a quitarle todo se habría esfumado si se mantenía lejos de la piratería. Entonces, ¿por qué sintió ese impulso de lanzarse al mar? 

Antes le dijo a Kiyoshi que fue por ganar fuerza y poder, ahora que lo había obtenido seguía buscando una respuesta por lo que era difícil creerle. El médico le aseguraba que sus compañeros les permitirían mantenerse dentro de sus valores, y él lo haría por su compañero también, pero los valores del cocinero eran difusos.

Porque matar a Sakana se sintió mejor que matar a ese marine, porque el odio hacia aquellos que intentaron capturarlo lo llevó a abandonar a su compañera, porque ni siquiera ayudar a un pueblo entero a recuperar sus hogares le había traído la satisfacción que le trajo poder evitar los ataques de la mink pantera con la que entrenaba.

Cada vez más, el combate lo llamaba y alentaba, y eso lo aterraba. Si aceptara ese lado suyo, tal vez ese niño que escuchaba a su madre contarle historias fantásticas se perdería entre la bruma.

- Dime, ¿acaso eres un impostor que tomó el cuerpo de Kiyoshi? -. Dijo de pronto tras unos segundos de silencio luego de las palabras ajenas. - No puedo creer que tu respuesta haya sido seria y sincera, pensé que ibas a insultarme en el momento en el que te pregunté -. Sonrió, una pequeña broma para quitarle peso al ambiente, para dejarle saber que su animo no había decaído, para no preocuparlo ni por su estado mental ni por su rendimiento futuro. - Aún así, gracias. Necesitaba hablar con alguien, por mucho que a veces sea muy malo haciendo eso -.

Dejó que el contrario le respondiera o por fin lo insultara si lo deseaba, mientras que su mano fue a parar al bolsillo de su abrigo, dando un par de palmadas para encontrar su propia caja de cigarrillos. No la encontró, recordó que los había dejado en la cocina esa mañana, y eso le trajo otra cosa a la cabeza. - Oh, casi lo olvido -. Sus ojos se abrieron y parpadeó una vez antes de salir caminando hacia la cocina, haciendo un gesto con su mano para que el médico lo siga. - Tengo algo para ustedes -. Refiriéndose a la tripulación entera.

Ingresó al interior del Black Widow y se dirigió a la cocina, en donde abrió el refrigerador y sacó de este un tarro de cristal con algo rojo dentro. - Lo preparé ayer, es una receta que me enseñaron hace algunos años y tuve que poner en práctica -. Tomó el tarro y vertió el contenido en una sartén, a la cual puso sobre el fuego del horno por un momento, lanzando también un chorro de agua tibia. - Sería bueno que me dijeras que tal está, sobre todo para regular el picante a tu gusto -. No pasó ni un minuto hasta que apagó el fuego y sirvió en dos platos parte de lo que se encontraba en la sartén.

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Dejó los platos sobre la mesa e invitó al médico a acompañarlo. - Kimchi, con zanahoria -. Dijo, respondiendo una duda que todavía no llegaba. - Dicen que la zanahoria es buena para la vista, así que pensé en agregarla a la dieta de los tiradores para que se mantengan siempre a su mejor rendimiento -.
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#8
— No seas tonto —, se apresura en contestar. — Todos tenemos nuestros propios dilemas internas. No creas que es algo que ignoro —, pues, de un modo u otro, siempre tiene en mente a sus compañeros. — Si yo como médico no le doy la seriedad que corresponde, significaría que estoy aquí simplemente ocupando un espacio porque sí. Mi labor siempre ha sido intentar ser útil, ya sea en mi labor como francotirador o como médico. — Procede a dar un pequeño golpe en el brazo ajeno, a modo de protesta y castigo. — No lo vayas a olvidar.

Parece que la charla intensa termina, y Kiyoshi lo entiende tras ver el cambio de actitud en Uker. Aun así, llama su atención que se marche de un momento para otro, según porque tiene algo que entregarle. — ¿Mmm? — Kiyoshi se aparta del barandal del barco y se estira un momento, recuperando parte de la movilidad que perdió por estar quieto sin moverse durante un buen rato, al menos en cuanto a sus piernas. Viendo que las nuevas palabras del cocinero provienen desde el interior del barco, nuestro limpio protagonista se aventura en esa dirección, dejando atrás el sol y la brisa, ingresando a un ambiente más templado y casero.

Una vez dentro, se acerca a la cocina en donde ve a su compañero trabajando con una sartén. — ¿Ayer? Pudiste haber preparado algo más fresco. Te quitaré puntos por eso. — Antes de que el otro se lo indique, él ya ha tomado asiento en la mesa. Incluso toma una servilleta que se coloca en el cuello, como si se tratase de un babero. Algunos lo pueden ver como un gesto infantil; para Kiyoshi, es mera educación y demostración de clase. — No soy aficionado del picante, así que seguramente te pediré que lo regules.

¿Imaginan la cara que pondría Kiyoshi se le picase demasiado y comenzase a sufrir? Espero que no, porque yo tampoco.

Cuando el plato está frente a él y su compañero también toma asiento, procede a degustar la preparación. Hábilmente usa los cubiertos para llevar una pequeña porción a su boca, degustando y masticando lentamente. Busca analizar cada sabor que contiene el alimento, encontrándose con una grata sorpresa. — Bien, no está demasiado picante. Puedo tolerarlo. De seguro al tonto de Varo también le convencerá.

Uker demuestra tener buenas intenciones al preparar esta receta, pero Kiyoshi se toma a mal el motivo. — Si necesito comer esto para estar bien, ¿significa que crees que mis habilidades como tirador no están en su punto correcto? — ¿De dónde sacó eso? Quién sabe. — Como sea, prepáralo para que pueda llevarlo conmigo en caso de separarnos. Un pequeño impulso siempre viene bien, sobre todo cuando estás en situaciones de peligro.
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Hablo | Pienso
#9
- Si preparara algo fresco todos los días terminaremos cansándonos de eso -. Explicó el cocinero. - Siempre debe haber un balance. Además, quería probar esa receta y tenía los ingredientes necesarios -. Después de todo, no era especialmente una receta para compartir en una cena o almuerzo, fue más un experimento, un intento por ver que tal salía esa receta con un par de cambios en el proceso.

Sabía del poco agrado que tenía el médico por el picante, por lo que era obvio que debía ser el principal degustante del platillo. Lo observó con una sonrisa mientras que el contrario por fin se llevaba la comida a la boca, seguro de que no sería un fallo total, pero esperando ver en qué podía mejorar. - ¿Y? ¿Qué te parece? -. Se echó para atrás al preguntarlo, cruzándose de brazos y aceptando ya la victoria que vino unos segundos después.

En cuanto escuchó la respuesta positiva de su compañero, sonrió un poco más y celebró internamente. La cantidad de picante era adecuada, y había sido al primer intento, podía considerarse un logro. - Si, lo pensé para él también -. Pensar en los dos tiradores de la tripulación para un platillo que contiene zanahoria, que cliché.

Alzó una ceja en cuanto Kiyoshi volvió a hablar, no entendiendo el porque de pronto se tomaba a mal el motivo detrás de su preparación. - Creo que las habilidades de todos se encuentran en un punto perfecto para este momento, que no significa que no podamos seguir creciendo -. Se atajó de futuras críticas con eso, mientras que volvía a apoyar sus codos en la mesa y ocupaba su tenedor para cortar y tomar un trozo de la comida frente a él. - Aún así, podemos obtener mejores resultados si damos el 120%, y será más fácil hacerlo con el estómago lleno y la suficiente hidratación y descanso -. Tras decir eso, por fin se llevó el bocado a la boca, masticando lentamente y ocupando una servilleta cercana para limpiarse la salsa que pudo haber quedado en sus labios. Era cierto que el picante estaba perfecto para Kiyoshi, pero la verdad era que él casi no lo sentía. Tendría eso en cuanta para futuras preparaciones.

- No se trata de que no estén en su mejor versión, se trata de mantener la mejor versión de todos la mayor cantidad de tiempo posible -. Dicho eso, se levantó de la silla y avanzó hacia el refrigerador. De este, sacó un paquete envuelto en hojas de maíz, atados con una fina y débil soga para que el envoltorio no dejase salir el contenido. - No soy médico, pero quiero ayudarlos a mantener su buen estado físico con lo que sí sé hacer -. Sin más volvió a la mesa y extendió un poco su mano hacia su compañero, llevando en esta el objeto que sacó del refrigerador. - Y ya me adelanté a tu pedido, hice uno para ti y uno para Varo -.

Uker podía ser estúpido y dudar de sus capacidades a veces, pero cuando se trataba de cocina parecía tener esa confianza que en otras ocasiones le faltaba. - ¿Alguna otra review de la receta que puedas dar? Todo sirve -.

Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
#10
Uker da en el clavo. Elige las palabras adecuadas para apaciguar a Kiyoshi y lograr que su expresión regrese a la normalidad. Cabe destacar que, mientras degusta el platillo, tiene baja la mascarilla que siempre porta, permitiendo observar sus labios y la zona inferior de su rostro, hecho que no es tan común por mucho que sean compañeros de vida dentro de este barco pirata. — Bien, ya estás entendiendo cómo funciona esto. — Que es un cúmulo de cosas, no una en particular. — El tonto de Eros a veces se excede con el trabajo. Varo podría mejorar su alimentación, necesita ganar kilos. — ¿Y él? — Yo a veces fallo con la hidratación, cosa que no debería suceder, pues me ayuda a que la garganta no me raspe tanto cuando me dan ataques de asma.

Come lento, pero se toma pausas en donde no habla para dedicarle el tiempo al alimento, pausas que duran varios segundos. Escucha las palabras del cocinero, a veces asiente, otras veces solo lo mira. Como médico, no tiene nerviosismo al hablar con una persona mientras le ve a los ojos. La experiencia de tratar individuos en el uno a uno sale a relucir en este tipo de charlas. Sin embargo, su desempeño disminuye notoriamente cuando se encuentra en medio de grandes multitudes. Verse tan acorralado es algo que no disfruta.

— Me he puesto en forma los últimos meses. Me ha costado asimilarlo, pero mi condición mejoró mucho desde que llegamos a Little Garden. — No miente cuando menciona que le ha costado asimilarlo. Siempre fue debilucho, se cansaba al caminar, incluso agacharse en reiteradas ocasiones le provocaba dolor de columna. Hoy, todo eso ha cambiado. — Entrenar con Eros y tu habilidad en la cocina me han ayudado a eso, así que les estoy agradecido. — ¿Y el mink? — Por supuesto que también con Varo, es la parte fundamental que evita que este sitio sea tan aburrido con tres tipos tan apagados. — Se refiere en esto último a él mismo, a Eros y a Uker. Aunque tienen sus momentos cómicos, no es que sean los tipos más expresivos del mundo. Hay aspectos que simplemente no se pueden negar.

Pasados los minutos, llega el momento en que el plato frente a sí se encuentra vacío. Toma una servilla que hay sobre la mesa para limpiar delicadamente los labios e incluso le da una repasada los cubiertos que deja apoyados sobre la porcelana. Mientras tanto, Uker se separa y va en busca de algo. Kiyoshi no aparta los ojos de él. — Ya veo… — Aunque se mantenga serio, en el fondo está contento. Por muy antisocial que pueda ser a veces, sus padres le enseñaron que debe sentirse agradecido de aquellos que le dan una mano, como viendo haciendo Uker en esta oportunidad.

Estira la mano diestra para tomar el alimento perfectamente en vuelto y lo guarda dentro de su chaqueta, en uno de los muchos bolsillos internos que ahí hay. — Lo guardaré bien para comerlo en el momento adecuado. Por lo que has dicho, se viene una etapa complicada, así que no puedo bajar la guardia. Mantenerme siempre bien alimentado es lo mínimo para colaborar en nuestro objetivo de seguir avanzando mientras nos mantenemos con vida y nos imponemos ante posibles tontos enemigos. — Finaliza extendiendo la misma mano para estrechar la ajena en señal de agradecimiento. Eso sí, tiene puesto su guante, pues no vio a Uker lavarse las manos como para confiar en un contacto piel con piel entre sus extremidades. La higiene ante todo.

— Será un invierno largo, pero seguro que luego nos espera una gran aventura. — Y así, señoras y señores, termina este breve pero familiar capítulo.

OFF ROL
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