[Pasado - Social] ¿Que dices de la luna?
#1
Verano - Año 9

 
La Llanura Pétrea hacía honor a su nombre. A lo largo de kilómetros se extendía una inmensa pradera salpicada de enormes formaciones de granito que emergían de la tierra como si gigantes petrificados hubieran quedado enterrados bajo la superficie. El viento agitaba las hierbas salvajes mientras el sol de la tarde iluminaba las rocas grisáceas que caracterizaban aquella región del Reino de Briss, y entre ellas se encontraba Ubbe.
Con apenas diecinueve años, el joven buccaneer ya destacaba por su enorme tamaño. El muchacho había elegido aquel lugar precisamente por eso; había suficiente espacio para entrenar sin molestar a nadie y suficientes rocas para poner a prueba su fuerza. El sudor recorría su piel mientras descargaba una sucesión de puñetazos contra un bloque de granito que había terminado agrietándose tras soportar una buena cantidad de castigo.
- ¡GAHAHAHA! ¡Eso es todo lo que aguantas, baby!
Tras el último golpe, Ubbe dejó escapar una carcajada satisfecha antes de secarse la frente con el antebrazo. El entrenamiento estaba siendo productivo, pero también agotador. Fue entonces cuando algo llamó su atención, una sombra cruzó fugazmente el suelo. El buccaneer alzó la cabeza en busca del origen de esa sombra.
Durante unos instantes tuvo que entrecerrar los ojos debido a la luz del sol. Allí arriba, recortada contra el cielo despejado, una figura oscura avanzaba lentamente sobre la llanura.
Ubbe parpadeó; no parecía una gaviota, tampoco un águila, y desde luego no era ninguna de las aves que estaba acostumbrado a ver por aquellas tierras.
La silueta era extraña, demasiado grande, demasiado rara, demasiado... humana.
El joven inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado mientras observaba a la criatura sobrevolar la zona.
- ¿Eh...?
Por primera vez en varios minutos dejó de pensar en entrenar, y ahora toda su atención estaba puesta en aquella extraña ave que cruzaba los cielos de Briss, aunque Ubbe ya había conocido a algún que otro Lunarian, no pensó que pudiera ser alguien perteneciente a esa raza y se quedó embobado mirando a aquel tipo sobrevolando la zona.
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#2
Era una tarde de verano como otra cualquiera en la Llanura Pétrea. El Sol caía con fuerza, lo que hacía poco apetecible para cualquiera pasar su tiempo por aquellos lugares. No suponía una situación insoportable para nadie, pero sí algo incómoda. Esto hacía poco probable encontrar seres vivos por la zona durante esas horas del día.

A Nine no parecía importarle. Gracias a su resistencia innata al calor, para él no suponía ningún esfuerzo cruzar las llanuras en esas condiciones. Aquello las convertía en el lugar perfecto para realizar sus encargos.

Viajando directamente desde el norte de la isla hacia el Reino de Briss, con apenas veintitrés años, Nine se encontraba realizando un pequeño pero rápido encargo. Un cliente habitual le había contratado para recoger un paquete que llegaba por mar desde esa dirección. Pese a que era un paquete pequeño, debía pesar unos quince kilos. El lunarian sentía curiosidad por su contenido, pero las órdenes de su cliente habían sido claras.

—¡Ni se te ocurra abrir mis paquetes! Eres el transporte más rápido que conozco y no quiero verme obligado a prescindir de tus servicios de aquí en adelante.

Nine recibía un buen pago por los encargos provenientes de aquel individuo, además de un trato bastante mejor que el que acostumbraba a recibir de la mayoría de personas con las que se cruzaba.

Más de la mitad del camino ya había quedado atrás cuando, de repente, a Nine le pareció escuchar un golpe contundente seguido de un crujido. Lo cierto es que no le costó encontrar la fuente del ruido. El responsable no parecía esconderse; más bien todo lo contrario.

Cuando logró distinguirlo con claridad, se dio cuenta de que aquel individuo estaba mirando hacia arriba.

Aquella situación era demasiado tentadora para él.

'Este tipo ni siquiera intenta ocultarse... ¿Y tampoco parece impresionado? Esto promete...'

Un sentimiento de emoción e impaciencia recorrió su cuerpo, haciendo imposible que se resistiera.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!

El grito resonó por la llanura mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

—Creo que tengo algo de tiempo extra.

Miró el paquete, lo lanzó al aire para que diera un par de vueltas y lo atrapó de nuevo antes de guardarlo en el interior de su chaqueta.

—No pasará nada si me entretengo un poco, siempre y cuando llegue mientras la Luna aún arde.

En apenas un par de segundos, Nine se posicionó entre el Sol y el desconocido, confiando en que el resplandor dificultaría su visión.

Sin esperar un instante más, se impulsó en el aire y plegó las alas contra su espalda para iniciar un descenso a una velocidad aterradora, directo hacia aquel extraño que ni siquiera parecía inmutarse.

Conforme reducía la distancia, el desconocido comenzaba a parecerle cada vez más grande. Desde las alturas ya había dado la impresión de ser enorme, pero ahora podía apreciarlo mejor. Aunque parecía algo más bajo que él, la diferencia de volumen no era tan evidente como había supuesto. Y aquella actitud desafiante...

Eso hizo que la sangre de Nine hirviera con más fuerza.

Finalmente, a pocos metros del suelo, desplegó las enormes alas negras azabache de golpe. El aire rugió alrededor de su cuerpo mientras una fuerte ráfaga agitaba la hierba de la llanura. Suspendido en el aire frente al desconocido, el lunarian sonrió mostrando los dientes.

Apenas los separaban cinco metros.

Los dos mantuvieron la mirada fija el uno en el otro. Ninguno retrocedió. Ninguno apartó la vista. Ambos sonreían.

Entonces, Nine gritó:

—¡¿Te crees muy duro, no?!

Su voz retumbó por toda la llanura.

—¿Sabías que esas rocas que golpeas tienen más años que tú y que yo juntos?

Cualquier excusa sonaba bien para provocarlo.
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#3
La sombra cayó sobre él apenas unos instantes antes de que el estruendo del aire llegara a sus oídos. Las enormes alas negras se desplegaron de golpe, levantando una fuerte ráfaga que agitó las hierbas salvajes de la llanura y arrancó pequeñas partículas de polvo del suelo.

Frente a él se encontraba un imponente lunarian de unos cuatro metros y medio de altura. Sus enormes alas negras azabache se extendían a ambos lados de su cuerpo, naciendo aparentemente de la característica llama que ardía sobre su espalda alta. A pesar de su gran tamaño, su figura resultaba más estilizada que la de Ubbe, combinando una musculatura bien definida con una constitución que transmitía velocidad y agilidad además de fuerza.
Su piel oscura contrastaba con el intenso blanco de su pelo, un rasgo del que parecía sentirse especialmente orgulloso, ya que de hecho, parecía que parte de aquel pelo había sido incorporado a su propia indumentaria como adorno, otorgándole una apariencia todavía más llamativa. 

Ubbe observó la escena sin moverse ni un solo paso.
Sus ojos siguieron al recién llegado hasta que este quedó suspendido frente a él, a apenas unos metros de distancia.
- ¿Un lunarian?
No era la primera vez que veía a alguien de aquella raza, aunque tampoco era algo especialmente común. Lo que sí resultaba curioso era encontrarse a uno sobrevolando tranquilamente la Llanura Pétrea.
Cuando escuchó el grito y la provocación, una sonrisa comenzó a dibujarse lentamente en el rostro del joven buccaneer.
- ¡Claro que soy duro, baby!
Respondió alzando la voz mientras se señalaba el pecho con el pulgar.
Sin apartar la vista de Nine, giró ligeramente el torso y descargó un potente puñetazo contra la roca que había estado utilizando para entrenar. Las grietas que recorrían el granito terminaron por ceder y varios fragmentos se desprendieron de la formación pétrea.
- ¡GAHAHAHA! - La carcajada resonó por la llanura mientras sacudía la mano para desprenderse del polvo.
- ¿Y qué importa cuántos años tengan? Si se rompen es porque eran débiles.
Ubbe volvió a fijar su atención en el hombre alado. Lejos de sentirse intimidado por aquella entrada teatral, parecía divertirse con la situación. El muchacho lo observó de arriba abajo durante unos segundos.
- Aunque tú pareces bastante fuerte, my man -comentó con total naturalidad - No todos los días aparece alguien cayendo del cielo para empezar a gritarme -  La sonrisa del buccaneer se ensanchó todavía más.
- ¿Los lunarian saludáis así a todo el mundo? ¿O solo te estás haciendo el chulo?
Ubbe se crujió los nudillos poniéndose frente al desconocido, sacando pecho intentando intimidarle. La actitud del recién llegado no amedrentaba al Buccaneer, pero tampoco iba a estar de buenas con él si venía con esas intenciones. Si llegaban a los puños, no sería culpa de Ubbe, estaba claro. Aunque una pelea de vez en cuando tampoco venía mal. 

Karmas
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#4
El polvo generado por el brusco frenazo del lunarian seguía suspendido en el ambiente. Frente a frente, ninguno de los dos parecía estar dispuesto a ceder ni un solo milímetro.

Lejos de sentirse amenazado por el extraño individuo que tenía en frente, Nine no podía evitar divertirse ante este tipo de situaciones. 

El joven que tenía enfrente llevaba unas gafas de Sol, eso explicaba porque la estrategia del lunarian para cegarlo no había funcionado como esperaba. El factor sorpresa se había perdido, pero aun así no todo el mundo era capaz de permanecer impasible ante una entrada tan agresiva.

Nine siguió observándolo durante unos segundos. Aquel tipo era enorme. Incluso para él, que estaba acostumbrado a mirar a los demás desde arriba, aquel muchacho destacaba por su corpulencia. Por su tamaño y complexión, este no parecía ser un simple humano. Todo apuntaba a que su procedencia no sería de lo más común; algo que para el lunarian era una razón de mucho interés. 

La respuesta del grandullón, acorde con su actitud desafiante, se sentía sincera y contundente. Este también parecía estar disfrutando de la situación, dejándose llevar por la emoción. Su estruendosa carcajada consiguió arrancarle otra sonrisa al lunarian. Hacía tiempo que no encontraba a alguien capaz de responder a una provocación con más entusiasmo que enfado. Aquello bató para que Nine terminara explotando en un grito dirigido al cielo, avivando al mismo tiempo la llama de su espalda mientras extendía aún más sus alas.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH! ¡Pensaba que serías otro bruto sin cerebro, pero parece que esas cuatro neuronas tuyas saben trabajar en equipo, grandullón!

Aunque nunca lo habría reconocido en voz alta, Nine sabía que lanzarse contra semejante mole sin pensar sería una estupidez. Tras ver cómo aquel muchacho había reducido una roca a escombros de un solo golpe, decidió medir un poco mejor sus palabras.

-Tú también pareces muy fuerte, eso no se puede negar. Ya tendré tiempo de comprobar si pegas tan fuerte como presumes, aunque para eso deberías entrenar con objetivos móviles ¡RAAAAAAAAAAAAHAHA! 

Aunque para muchos los comentarios de Nine eran de carácter ofensivo, para él, bajar el ritmo de esa manera era la única forma de ser amable.

- Debo decir que no recuerdo a nadie de mi raza. Si te soy sincero, desearía que alguien algún día me saludara de la misma forma. Y sí, me estaba haciendo el chulo. ¿Cómo si no iba a comprobar si dentro de ti la Luna aún Arde?

Una vez que el lunarian logró asimilar un estado de relajación aceptable, su curiosidad comenzó a despertar.

-¡Mi nombre es Arc A. Nine! Pero puedes llamarme Nine. Y como tu bien has dicho, soy un lunarian. ¿Cuál es tu nombre grandullón? ¿Y por cierto, que cojones eres?

RESUMEN

KARMA
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#5
La estruendosa respuesta del lunarian consiguió exactamente lo que pretendía. La risa grave de Ubbe volvió a romper el silencio de la Llanura Pétrea mientras el joven se llevaba una mano al pecho, incapaz de contener la carcajada.
Aquel desconocido era un auténtico espectáculo, había descendido desde el cielo gritando como un poseso, había intentado intimidarlo con una entrada tan exagerada como teatral y, ahora, continuaba vociferando con una intensidad que parecía competir con la fuerza del viento. Cualquier otra persona habría pensado que estaba completamente loco pero a Ubbe, sin embargo, comenzaba a caerle bien.
- ¡GAHAHAHA! ¡Cuatro neuronas son muchas, baby! ¡No necesito tantas!
Respondió entre risas, aceptando el insulto como si en realidad hubiera sido un cumplido, mientras la mirada del bucanero permanecía fija sobre Nine. Cuanto más lo observaba, más curioso le resultaba, pues su porte era el de un auténtico guerrero; el equilibrio entre su musculatura y aquella enorme envergadura transmitía una sensación de poder difícil de ignorar. Incluso suspendido en el aire, parecía moverse con una naturalidad envidiable, como si las alas fueran una extensión más de su cuerpo, que de hecho, claro, lo eran.
Cuando el lunarian comentó que algún día comprobaría si golpeaba tan fuerte como presumía, la expresión de Ubbe cambió de inmediato. Su sonrisa se ensanchó y sus hombros se relajaron, pero el brillo de sus ojos dejaba claro que aquella idea le entusiasmaba, pues no había interpretado aquellas palabras como una amenaza, si no todo lo contrario.
Le sonaban a una promesa.
- Pues deja de quedarte quieto y empezamos a solucionar ese problema ahora mismo si quieres GAHAHA
Contestó con una seguridad absoluta, golpeándose el puño contra la palma de la mano. Durante un instante dio incluso la sensación de que realmente esperaba que Nine aceptara allí mismo, en mitad de la llanura, sin más motivo que las ganas de medir fuerzas.
Sin embargo, el ambiente terminó relajándose cuando el lunarian decidió presentarse sin esperar su respuesta. 
Ubbe escuchó el nombre con atención, asintiendo varias veces mientras lo repetía mentalmente para no olvidarlo, cosa que siempre ocurría igualmente. Aquel tipo tenía toda la pinta de ser alguien difícil de sacar de la cabeza.
Entonces llegó la pregunta sobre él.
El gigantesco buccaneer se señaló el pecho con el pulgar con el mismo orgullo con el que un niño presumiría de un juguete nuevo.
- ¡Nine! Suena bien. Yo soy Ubbe. Y soy un Buccaneer.
No necesitó decir mucho más. Su estatura, su corpulencia y la facilidad con la que había destrozado aquella roca hablaban por sí solas.
Durante unos segundos volvió a observar al lunarian con cierta atención. No recordaba haber visto antes a alguien de su raza con una actitud tan explosiva. Los pocos lunarian con los que se había cruzado en el pasado le habían parecido bastante más tranquilos, o al menos mucho menos ruidosos. Sobre todo aquella chica con la que se solía ver. 
Aquello hizo que una nueva carcajada escapara de sus labios.
- ¡GAHAHAHA! He conocido a algún lunarian... pero ninguno gritaba tanto como tú, baby
La frase que había mencionado sobre comprobar si "la Luna aún ardía" seguía rondándole la cabeza. Sonaba importante, como si escondiera algún significado que él desconocía. No parecía una simple forma de hablar.
Ubbe ladeó ligeramente la cabeza, intrigado.
- ¿Qué significa eso de la luna, baby?
No había desafío en la pregunta, únicamente una curiosidad completamente sincera.

INFO
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#6
El polvo en la llanura comenzaba a asentarse mientras las carcajadas de ambos seguían resonando entre las formaciones de granito. Lo que unos instantes antes había parecido el preludio de una pelea empezaba a parecerse más al encuentro de dos bestias que disfrutaban midiéndose mutuamente.

Aquel muchacho que estaba enfrente de Nine no solo era fuerte. Su actitud demostraba que era una persona difícil de ofender. En lugar de buscar conflicto donde no lo había, parecía encontrar diversión incluso detrás de una amenaza o una burla.

El lunarian había escuchado algo que le había avivado la llama. Aquel joven le había retado a un combate mientras preparaba sus puños, pero esta vez lo había sentido diferente. Esta vez Nine se había contagiado de la diversión que su contrincante parecía esperar de un combate entre ambos. Aun así, el lunarian había decidido seguir con la conversación un rato más. Este sentía curiosidad y no quería que esa oportunidad se perdiera por un malentendido durante una demostración de habilidades.

Parecia que el grandullón con gafas de Sol era más educado de lo que Nine había presumido desde un principio. Este se estaba adaptando a la forma de ser del lunarian rápidamente, por lo que decidió presentarse. 

Su nombre era Ubbe. Nine se repitió aquel nombre para no olvidarlo. Este pertenecía a la raza de los Buccaneer. Por aquel entonces Nine nunca había conocido a uno. Y si lo hubiera visto no habría sabido diferenciarlo. Su tamaño era claramente diferente al de un humano común, pero eso no era suficiente información para encasillarlo. 

Nine agacho la cabeza y se froto la nuca con la palma de su mano derecha intentando recordar. Este sabía que le sonaba de algo la palabra Buccaneer, pero no conseguía recordarlo. Entonces, frustrado por la falta de recuerdos de su pasado, alzó la cabeza con los ojos entrecerrados y una pequeña sonrisa y preguntó:

— ¿Así que un Buccaneer? No conozco a nadie de tu raza. ¡Cuéntame! ¿Esque acaso tenéis problemas para procrear? ¡RAAAHAHA!

A Nine le encantaba reírse de sus propias bromas, por muy malas que fueran. 

Entonces, entre las carcajadas, Ubbe dejó caer algo que hizo desaparecer toda diversión del rostro del lunarian. El extraño Buccaneer había conocido a otros de su raza. Para Nine, toda oportunidad de averiguar información sobre su propia raza era lo más valioso, con la intención de recordar o conocer su pasado algún día olvidado. Inmediatamente, sin procesar ni una sola palabra más, el lunarian se encontró preguntando exaltado.

—¡¿Conoces a alguien de mi raza?! ¡¿Como se llama!? !¿Dónde se encuentra ahora mismo?! ¿Puedes llevarme hasta ellos? ¡Haré lo que me pidas, lo que sea! ¡Pero por favor, cuéntame más!

Ubbe no parecía saber nada de la luna. Parecía que su relación con los lunarian no era tan estrecha como Nine hubiera deseado. Aunque el Sol dominaba el cielo despejado, el lunarian alzó la vista, como si la Luna siguiera allí, oculta tras la inmensidad azul.

— ¿La Luna, eh...? Si te digo la verdad, Ubbe, aún no estoy seguro de qué significa... 

Sin decir una palabra más, Nine descendió lentamente hasta una roca cercana, a pocos metros de Ubbe. Este dejó de preocuparse por nada más que sus pensamientos, mostrándose cabizbajo y pensativo. Durante unos segundos Nine permaneció en silencio, hasta que:

—Solo sé que... cuando la Luna está ahí arriba, me siento diferente. Como si hubiera algo que todavía no consigo comprender. Y cuando su luz me roza la piel, siento que la Luna aún Arde.

INFORMACIÓN
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#7
Ubbe guardó silencio mientras el lunarian hablaba de la Luna y de su raza, se quedó pensativo mientras le escuchaba. La energía desbordante con la que había llegado descendiendo desde el cielo parecía haberse apagado por unos instantes, sustituida por una expresión que el buccaneer no terminaba de comprender.
Él nunca había pensado demasiado en esas cosas, ni en razas, ni en linajes, ni a estas alturas en el pasado, pero era evidente que, para Nine, aquello tenía un significado mucho más profundo.
Cuando este terminó de hablar, Ubbe levantó la vista hacia el cielo por simple curiosidad, allí arriba solo se extendía un inmenso azul, sin rastro alguno de la Luna y volvió a mirar al lunarian, después, tras unos segundos de silencio, una enorme sonrisa apareció bajo sus gafas.
- ¡GAHAHAHA!
La carcajada resonó por toda la llanura.
- No tengo ni idea de lo que significa... ¡Pero suena increíblemente épico, baby!
Negó con la cabeza entre risas.
- "La Luna aún arde"... ¡Eso es awesome! Si algún día tengo una frase así de chula, no voy a parar de repetirla, i swear!
Todavía sonriendo, comenzó a sacudirse el polvo de los pantalones mientras estiraba los hombros después del entrenamiento. Ya llevaba un buen rato golpeando piedras y el estómago empezaba a recordarle que aún no habia comido. 
Fue entonces cuando recordó algo y se giró de nuevo hacia Nine.
- Hey baby... - Lo señaló con un dedo - Antes te has puesto como loco porque dije que había conocido a otra lunarian.
Se rascó la nuca - No sé mucho, la verdad. Hace años tenía una amiga de tu raza, pero hace tiempo que no la veo... y ni siquiera me acuerdo de cómo se llamaba.
Se encogió de hombros con total naturalidad.
- Aun así, puedo contarte todo lo que recuerdo.
Una sonrisa pícara apareció en su rostro.
- Eso sí... tengo hambre.
Ubbe señaló con el pulgar el camino que llevaba de vuelta a la ciudad del Reino de Briss.
- Pensaba ir a buscar algo de comer. Si te vienes, por el camino te cuento todo lo que sé sobre los lunarian.
Hizo una breve pausa antes de añadir, entre risas:
- Que tampoco esperes gran cosa, baby. No quiero que luego digas que te he vendido humo.
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#8
Sentado en una roca de granito, en alguna parte de la solitaria llanura, Nine permanecía ensimismado en uno de sus recurrentes dolores de cabeza. 

Aquella tranquilidad no duró demasiado. La estruendosa carcajada de Ubbe consiguió atravesar incluso aquella maraña de pensamientos. Durante unos segundos, Nine simplemente lo observó confundido. De cerca, la gran musculatura del joven Buccaneer le otorgaba una presencia fuerte y resistente. En ese entonces se dio cuenta que, aunque no sería agradable tenerlo como enemigo, tarde o temprano acabarían midiendo sus fuerzas. 

Ubbe no sabía nada sobre la Luna y su relación con los lunarian. No tenía respuestas, ni pistas sobre aquello que tanto tiempo llevaba buscando. Aun así, tampoco lo había juzgado por ello.

—¡RAAAAAAAAAAHAHA!

Una gran sonrisa volvió al rostro del joven lunarian.

—¡¿Sí, verdad?! La Luna es absolutamente increíble...

Ubbe apenas recordaba nada de aquella lunarian de su infancia, pero para Nine aquello ya era más de lo que había conseguido en mucho tiempo. No todos los días encontraba a alguien que pudiera darle algo de información referente a su raza.

—¿Cómo que no recuerdas su nombre? ¿Acaso te diste un golpe en la cabeza de pequeño? ¡RAAAAAAAHAHA!

Negó con la cabeza todavía sonriendo.

—Aunque supongo que es más de lo que sabía hace unos minutos.

Fue entonces cuando las palabras de Ubbe terminaron de llegar a su cabeza. Solo el hecho de pensar en comida ya era suficiente para que a Nine le rugieran las tripas. 

—¡Claro grandullón! Me encantaría comer algo. ¿Dónde piensas llevarme en nuestra primera cita?  ¡RAAAAAAHAHA!

El lunarian se levantó para seguir a Ubbe hacia su nuevo objetivo cuando se acordó de algo importante. Metió su mano derecha en el interior de su chaqueta y exclamó:

—¡Mierda! Por tu culpa casi me olvido de mi encargo...

Nine sacó su mano de la chaqueta para ponerla en el hombro de Ubbe, lo miró y le guiñó un ojo.

— Me voy volando mientras la Luna aún Arde. Te espero en el Reino de Briss, en la posada El Pico Roto.

Enseguida el lunarian se elevó en el aire aun manteniendo la mirada en el joven Buccanner y sonrió.

—Aún tienes que contarme todo lo que sabes... Y, por cierto, ¡me debes una pelea!

INFORMACIÓN
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#9
✘
TEMA: CERRADO

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