"Espero que os haya gustado Drum. ¿Todos listos?" Stroud dio un par de golpes sobre el timón, como comprobando la consistencia de la estructura, y provocando que la capa superficial de hielo y carámbanos que se había formado sobre el mismo se fracturase y cayese al suelo en mil pedazos, como si acabase de dejar caer una vasija de porcelana. El Royal Quiver soportaba el crudo invierno de Drum como buenamente podía. A un barco de aquella envergadura no le era fácil aguantar las adversidades del Grand Line y las muchas pruebas, meteorológicas y de otros tipos, a las que aquel mar sometía a sus navegantes, pero la vieja goleta de la División 60 podía con aquello y más, siempre que se le diese el adecuado mantenimiento. El horroroso frío del Reino de Drum no había sido clemente, en absoluto, con el navío, como no lo era con nada en general, pero estaba a punto para partir.
Stroud extrajo su pipa Saltfin de su bolsillo, contemplando el mar semicongelado, en el que múltiples trozos de hielo, del tamaño de pequeñas islas, flotaban sobre el oleaje, fracturándose y estampándose contra las rocosas costas de Drum continuamente como enormes placas tectónicas a la vista de todos. Mientras prensaba el tabaco en su interior con cuidado, pensó sobre su estancia en aquel lugar, y las aventuras que los miembros de la División habían corrido en aquel paraje helado. Tenía su encanto, eso era innegable. Eso sí, una vez llegasen a su destino, tendría que aclarar algunas cosas con Kibai respecto a su más reciente misión. Aquello, sin embargo, debería esperar: la labor que les esperaba para llegar hasta la siguiente isla no prometía ser poca cosa, y navegar por las aguas del Grand Line era trabajo más que suficiente para mantener una mente ocupada, y más en pleno invierno.
Prendió su pipa, dando varias bocanadas de humo breves y seguidas, para finalmente, cuando la brasa se hubo estabilizado, exhalar un denso aro de humo. Colocándose la pipa entre los dientes y manteniéndola en su lugar, tomó de la tapa del barril que descansaba junto al timón un hatajo de papeles y pergaminos que conocía bien. Los extendió frente a sí, como quien comprobaba el primer periódico de la mañana, y los observó con cuidado, casi como si los estuviese leyendo por primera vez. No era el caso, claro; había estado hasta bien entrada la madrugada anterior revisando hasta el último detalle, comprobando hasta la última ruta, examinando cualquier posible fallo y en busca del más mínimo margen de error. De momento, todo parecía cuadrar. La cubierta, las brazolas y las escotillas estaban mayormente limpias de escarcha y nieve —o todo lo que era posible—, y habían dado un buen repaso a las velas. El sol brillaba sobre ellos, sin una sola nube en el horizonte. La bodega estaba bien surtida, y los muchachos debían de estar listos para el viaje.
Dio una calada más a su pipa, aquella pequeña orca de cuyo lomo brotaba sin cesar un hilillo de humo, y pasó a sujetarla bajo la cazoleta con el índice y el pulgar de su mano derecha, expulsando el humo a través de su nariz de forma medida y lenta, empleando el resto de la mano, así como la izquierda, para agarrar con firmeza el timón, dejando que la propia pipa se apoyase ligeramente uno de los rayos de madera. "Kibai, a proa, y Bertram, al molinete. ¡Levad anclas!," indicó, acompañando sus palabras de varios ademanes. Nada le alegraba más que pronunciar aquellas palabras, que implicaban, necesariamente, que se dirigían a una nueva aventura. A estas alturas, aquellas indicaciones, que tan extrañas se le había hecho ordenar en los comienzos de sus andanzas, se sentían como algo automático. "Moja, iza el foque primero, antes de darle fuerza, y Kibai, caza el foque a media tensión. Id preparando la mayor," continuó, preparándose para que el barco comenzase a desplazarse entre los trozos de hielo, y observando el log pose que descansaba sobre su muñeca. "Ya nos podemos olvidar de los abrigos por un tiempo." Era hora de poner rumbo hacia Arabasta.
Navegación
La División 60, compuesta por Bertram Gaufrid, Kibai, Moja y Stroud Redgrave (navegante) pone rumbo a Arabasta desde Drum.
Stroud hace uso de su Log Pose (como el resto de su inventario, indicado y enlazado en la herramienta):
Log Pose
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 50000
Descripción: Dispositivo de navegación con forma de brújula estrictamente necesario para viajar por Grand Line.
logpose001
Hacen su travesía a bordo del Royal Quiver:
Royal QuiverMuelle
Barcos
goleta
Especificaciones
1Tier
0/4500
Puntos de vitalidad
500Res/Pas
6Espacios
300Velocidad
-1Riesgo
No¿Equipado?
Modificaciones(Disponibles 0)
Suelo
Refuerzo de popa
Cocina
Refuerzo estructural
Descripción: Barco oficial de la División 60 de la Marina. Pese a su tamaño, el Royal Quiver es uno de los pocos navíos que se cuentan entre los capaces de sortear los temidos Cabos Gemelos. Como la mayoría de embarcaciones de la Marina, su casco de es un color verde oscuro. Los inocentes pueden respirar tranquilos cuando ven llegar por el horizonte sus velas blancas, bordadas con el emblema de la División.
Código: royalquiver001
Este dispone de un total de 4500/4500 PV y una resistencia pasiva de 500.
Tratándose de Paraíso pre-Skypiea, el riesgo total es de 6.
Al ser una Goleta, el riesgo es de -1.
Al disponer Stroud de Navegante III, el riesgo es de -3.
Moja se quedó un momento quieto junto al palo mayor, aguantando el viento helado de Drum que le sacudía el abrigo por última vez. De fondo se oía a Stroud pegando gritos y repartiendo órdenes, prometiendo que por fin íbamos a dejar atrás este invierno de mierda. El mink miró de reojo las montañas blancas una última vez, grabándose el paisaje en la cabeza antes de soltar amarras. Habían llegado hasta allí siguiendo los caprichos del Grand Line y se marchaban como siempre: con un par de respuestas y el triple de preguntas. Lo de siempre, vamos.
Se dejó de tonterías y volvió al trabajo; el barco no se iba a mover solo. Caminó hacia la proa, donde el foque estaba tieso, casi pegado por la escarcha de los últimos días. En vez de tirar de los cabos a lo bruto, Moja pasó las manos por las cuerdas para comprobar las poleas. Con el hielo no se juega; como te descuides, se te mete en los engranajes y te jode la maniobra. Le dio un tirón seco a una de las líneas para asegurarse de que corría bien. Cedió sin problemas. Satisfecho, sonrió a medias y se puso a ello.
Deshizo los nudos de seguridad y empezó a izar la lona. No hacía fuerza de más, simplemente dejaba caer el peso del cuerpo hacia atrás al ritmo de las olas, usando los años que llevaba en el mar. La vela subió despacio, soltando un crujido seco al tensarse con la brisa. Recordando el aviso de Stroud, no la abrió del todo; le dio el aire justo para que el Royal Quiver reaccionara y girara el morro despacio. Lo último que necesitaban era que una ráfaga tonta los estampara contra los bloques de hielo que flotaban alrededor.
Cuando estuvo en su sitio, se paró un segundo a notar la vibración de la tela. Ajustó el cabo apenas unos centímetros, a ojo, de esos detalles que parecen una tontería pero lo cambian todo. Luego se fue hacia la mayor para dejar las cuerdas listas para el siguiente turno. Las manos le iban solas, rápidas. Era la puñetera costumbre de llevar tantas travesías juntos; cuando conoces bien a tu tripulación, ya no te hacen falta ni las palabras.
Bajo sus botas, sintió cómo el barco por fin cobraba vida. La madera del casco crujió al despegarse del muelle congelado, abriéndose paso entre los bloques de hielo flotantes. Moja levantó la vista hacia el horizonte, que empezaba a abrirse, y soltó un suspiro largo. El aire helado le devolvió una nube de vaho blanco que el viento borró en un segundo. Se frotó las manos para entrar en calor y volvió a fijarse en las velas. El frío de Drum ya era pasado. Ahora tocaba aguantar el solazo de Arabasta.
Kibai subió despacio la rampa de madera del Royal Quiver, arrancando pequeños trozos de escarcha con sus garras al pisar la cubierta. Aún se notaba algo dolorido de su combate con Betrug. Aquel desgraciado sin duda pegaba fuerte. El mink saludó con un alegre gesto de la mano a Moja al cual llevaba bastante tiempo sin ver.
— Por fin compañero! Ya se echaba de menos tu gran elocuencia! — le gritó mientras descendía hacia la bodega.
Una vez hubo llegado bajo cubierta, Kibai dejó su petate bajo su hamaca, antes de depositar la viana de Arashi al lado y sacarse los guantes que Bertram le había fabricado. Tomándose un momento para observar su nuevo equipo, el mink se permitió una sonrisa. Su estancia en Drum, si bien más breve que lo que había sido Little Garden, sin dudas había resultado gratamente provechosa.
A continuación, aprovechó para hacer una revisión concisa de la cocina del barco. Los víveres que había dispuesto seguían en su sitio, convenientemente guardados y conservados. Sin duda, el frío natural de la isla había ayudado a que todas las provisiones se conservasen en un buen estado. Sin embargo, mientras comprobaba los niveles de los distintos tarros de especies, Kibai reflexinó con el ceño fruncido. Arabasta era un lugar totalmente opuesto a Drum, y sin duda la División 60 necesitaría de alimentos muy distintos para poder sobrellevar el calor de la isla de la manera óptima para tener un buen rendimiento. Asimismo, las pocas lluvias y la escasez de agua en una isla tan desértica harían imprescindible el preparar a conciencia las expediciones que llevasen a cabo para no verse sorprendidos en una mala situación.
Con todo listo bajo cubierta, el mink subió de nuevo hacia el puente, justo a tiempo para escuchar la voz de Stroud. haciendo crujir sus nudillos, se encaminó rapidamente hacia la proa del Royal. De un salto, se encaramó a una de las jarcías, atento a cuando el foque comenzase a desplegarse. En cuanto Moja tiró de los cabos que izaban la vela triangular, el mink dio un salto antes de que se izase del todo, recogiendo los cabos y aterrizando al lado de las cornamusas de estribor, procediendo a amarrar el foque antes de su completo despliegue con un rapido nudo en forma de ocho que permitiría un rápido desamarre en cuanto el Royal estuviese ya enfilando el mar abierto.
Acto seguido, como siempre hacía al salir hacia una nueva isla, Kibai dio un salto hacia arriba, trepando por el mástil del Royal hasta alcanzar el travesaño que contenía la inmensa vela mayor. Con la ayuda de sus garras, fue soltando los cabos que mantenían la loneta firmemente protegida de los elementos. Cuando al fin todos los nudos estuvieron deshechos o seccionados (lo cual era bastante más eficiente con cabos que habían pasado mucho tiempo atados, especialmente en zonas tan frías como lo era Drum) Kibai mantuvo la vela arriada, soplando levemente por la tensión que suponía mantenerla recogida a pulso hasta que Stroud diese la orden de largarla.
Por suerte, sus brazos eran cada vez más fuertes, y en esta ocasión le bastó uno para sostener el madejo de cabos mientras se sostenía del mástil con la mano libre y soltaba un alegre rugido al cielo. La División 60 partía de Drum hacia Arabasta, y Kibai estaba ansioso por explorar los misterios que aquel enorme desierto ocultaba bajo sus dunas.
El joven arquero había estado varios días, incluso semanas en la isla entre fabricaciones, conocer la isla y algunas aventuras entre el rescate de los médicos, salvar una familia de unos secuestradores o aquel viaje a un pueblo lejano a través de un bosque, donde fue atacado por una jauría de lobos blancos. El joven aún tiene cosas que hacer, objetos que crear y mejoras para su arsenal, sobre todo quiere poder mejorar sus capacidades y su armamento, mayormente hacerse con algunas flechas que pueda hacer explotar y un arco con el que controlar dicha explosión siendo estos planes que posiblemente le tomen algo más de tiempo pues es algo más complicado y delicado, no es como unir una cabeza de acero ligeramente diferente a la flecha o crear una espada algo más afilada. Tras tanto tiempo en la isla nevada, pasando frío, aprendiendo a lidiar con esa climatología parece ser hora de partir, aunque el pobre Rasmussen seguramente prefiera permanecer en la isla decide acompañar al arquero al haberse formado un fuerte vínculo entre ambos, el cual se potenció tras lo sucedido en el bosque con los lobos y la rápida reacción del arquero para protegerlo.
El pelirrojo se encuentra como acostumbra en una zona elevada, manteniendo la vista lo más extendida y atenta posible, observando el entorno, desde las zonas cercanas como el horizonte, asegurándose de que no hayan amenazas posibles y todo esté en orden. El joven no está en proceso de fabricar nada, sin embargo sí lleva consigo una libreta y una pluma para anotar ideas, cálculos y realizar los diseños pertinentes para sus futuras creaciones. Cuando Stroud pregunta si les gustó Drum Bertram simplemente responde desde su posición
-Me trajo buenos recuerdos de cuando era un simple cazador, además el clima me recordó a donde todo empezó, Roshawn también era bastante helada sir.-
Mientras espera las indicaciones del navegante para poner rumbo a la siguiente isla el joven se rasca tras la cabeza con la mano que porta la pluma mientras piensa en la forma que darle a su nuevo arco, el cual creará desde cero junto a unas cosas más que tiene en mente para potenciar su capacidad de daño y su arsenal. Aunque aún tiene que buscar la forma de aliviar la carga que sufre al llevar distintos tipos de munición y poder apañarse con su fuerza actual. Junto a ellos se encuentra Moja, quien parece haberse ido por su lado durante la estancia de la división en la isla, pero que ahora se reúnen nuevamente y es entonces que Stroud da las indicaciones al resto para empezar la marcha. Bertram sin perder tiempo deja su cuaderno en un rincón de la cofia y se dirige rápidamente al lugar designado para hacer su parte y ayudar a que el fiel barco los lleve a su siguiente destino, siendo que aguanta con bastante entereza los embates de ese temible mar y sus inclemencias, mucho más de lo que cualquiera esperaría de un barco de ese estilo. Mientras ellos se mueven de un lado a otro, Rasmussen permanece en su zona designada para evitar entorpecer el viaje y para que su peso no desbalancee el barco.