Hambre // FIC de Recolección y Preparación // P.A.
#1
Día 69 de Invierno, Año 17


Los pasos de ambos sujetos se sintieron en el bosque con potencia, el choque de los metales hacía eco entre los árboles como nunca antes y la incapacidad de ambos por abandonar el combate prolongaba el conflicto de manera excelente.

La mink corrió luego de un encuentro, buscando quitarse de encima al espadachín por unos segundos, pero siendo perseguida por este. Las piedras y arbustos del lugar podrían ser un buen escondite, ocultándose detrás de ellos para recuperar el aliento y revisar su propio estado. Heridas leves por gran parte del cuerpo, algunos cortes y moretones en sus brazos, los cuales se camuflaban de manera excelente gracias a su pelaje oscuro. Estaba siendo más difícil que nunca combatir con ese muchacho, y eso era motivo suficiente para sonreír.

El sonido del metal raspando contra algo fue el único aviso que necesitó para agachar la cabeza, esquivando por muy poco un ataque que cortó de forma horizontal la piedra detrás de ella a la altura de su cuello. Cuando el pedazo superior de la roca se desarmó en pequeños trozos, una maniobra ágil por parte de la mujer fue suficiente para pasar al otro lado lanzando una patada contra el hombre, quien recibió el ataque con el lado sin filo de su katana y la tumbó hacia un lado. Cuando sus ojos se encontraron, pudo ver de nuevo esas ganas de pelea y gran concentración que cada vez se volvía más frecuente en él.

- ¡SI! ¡JUSTO ASÍ! -. No podía evitar emocionarse, ese chico había sido un inútil en lo que se refiere a combatir cuando lo vio por primera vez, un idiota que sugirió usarla a ella como entrenamiento y no hacía más que perder una y otra vez. Sus puños volvieron a lanzarse contra el ajeno, quien recibió los ataques sin problemas y los desvió, sus instintos y reflejos habían mejorado desde que llegó y provocaba que la mink salivara, con ganas de más y más combate. - Haces honor a ese apellido, muchacho -. Ella había conocido a otro hombre con esa palabra en su nombre, pero recién ahora podía ver algo de ese tipo en el espadachín que tenía enfrente.

Con un ataque llegando a su rostro, el espadachín giró la katana que llevaba en su mano y atrapó la muñeca ajena en ese movimiento, obligándola a moverse hacia un lado y evitar así el daño. Su pie se afirmó sobre el terreno, su mano libre fue hacia su lado derecho de la cadera y tomó con fuerza la otra katana que tenía colgada, arrancándola de su sujeción de un tirón y haciéndola girar entre sus dedos aún con su guarda puesta. - Roux… -. Lanzó un ataque contra el estómago libre de defensa de la mink, impactando la vaina del arma contra este y provocando que su cuerpo se doblara ante el impacto. La mujer soltó saliva y un poco de sangre por su boca, justo antes de ser impulsada hacia atrás por la potencia del golpe y terminar con la espalda contra el suelo.

Su vista se nubló un momento, sabía que debía levantarse otra vez y rápidamente, pero una sombra tapó los pocos rayos de luz que se colaban por las copas de los árboles sobre ella. Solo por instinto, sus brazos se juntaron frente a su rostro en forma de cruz, intentando detener un ataque nunca recibió. En pocos segundos, su visión volvió a la normalidad, pudiendo ver que esa sombra que la atacó se trataba efectivamente del joven con el que había estado luchando, quien la había inmovilizado arrodillados con una pierna en su pecho y clavado su katana solo a centímetros del lado izquierdo de su rostro. - Bien, yo gano -. Observó a la mujer y habló sin preocupaciones, con sus pupilas tan empequeñecidas que cualquiera podría pensar que apenas se trataban de dos hoyos causados por un alfiler.

En cuanto dio por finalizado el combate, suspiró y su cuerpo cambió de postura. Comenzó a respirar pesadamente, se dejó caer hacia un lado y terminó acostado en el suelo justo como su compañera de entrenamiento. El agotamiento que su cuerpo sentía había sido ocultado por la adrenalina de la pelea, ahora debía recomponerse de nuevo. Ambos se tomaron un momento para descansar, dejando que las sombras creadas por las hojas de los árboles de alrededor formen el lugar perfecto para recuperar las energías.

- Bueno… por fin ganas… una lástima… uhf… que yo haya ganado 324 veces más… jejeje… -. Se la notaba agotada al extremo, apenas podía hablar sin tener que tomar aire entre cada palabra. El muchacho a su lado soltó una risa y le respondió, con el mismo cansancio acumulado que ella. - Ey… Pero al menos lo logré… una vez… -. ¿Cuánto tiempo llevaban entrenando? Había perdido la cuenta, pero seguramente eran unas 3 estaciones. En cuanto se vio recuperado, alzó su cuerpo y se sentó en el suelo, analizando el combate y repitiéndolo una y otra vez en su pelea. - Y también fue el entrenamiento donde menos ataques sufrí, así que ese es otro punto para mí -. Observó sus manos mientras hablaba, sus brazos y su propio cuerpo. Tenía marcas, moretones, raspones, pero había una clara diferencia entre esas heridas y la cantidad que poseía tras los primeros combates. - ¿Y ahora qué harás? -.

La mujer lo había copiado y se había sentado en la tierra, mientras lo observaba y esperaba una respuesta. - Supongo que seguiré entrenando hasta que tengamos que avanzar, no quiero que una victoria me aleje de la idea de que puede ser solo suerte -. La mujer chasqueo la lengua, claramente en contra de sus dichos. Eso no había sido suerte, habían sido días tras días de entrenamiento que habían dado frutos, se le hacía extraño que alguien no lo celebrara sabiendo el gran logro que era. - ¿Y todavía no pueden avanzar? Me sorprende la cantidad de tiempo que esas corrientes ascendentes estuvieron sin aparecer -. Pero no iba a ser ella quien corte las ganas del muchacho por más combate.

- Por cierto… -. Ya era hora de cambiar de tema, las charlas intrascendentes eran aburridas para ella. - Ya encontraste tu “hambre”, ¿tienes pensado contarme de qué se trataba? -. El joven la miró por un momento y sonrió. - Bueno, fue difícil, no fuiste muy específica con el significado de eso -. Y antes de que ella pudiera responder, él continuó hablando. - Pensé que mi deseo más grande era conseguir la inmortalidad, llevar el nombre de mi familia a lo alto de nuevo, tal vez volverme un cocinero famoso. Lo cierto es que nada de eso me importaba lo suficiente como para elevar mi rendimiento y concentrarme de gran manera -.

Tras esas palabras, se tomó un pequeño momento para levantarse, mirar hacia el cielo y apretar los puños. - Esos idiotas que mataron a mi familia y mi maestro, esos imbéciles que me persiguieron toda la vida e intentaron capturarme en Little Garden. Cortarlos en pedazos será razón suficiente para siempre querer más y más poder -. Aún podía ver el rostro de esos marines que intentaron atraparlos, pero ahora podía ver un resultado favorable. - Me haré más fuerte para asesinarlos y colgar sus cabezas junto a la bandera del gobierno mundial, así como las de todos que intenten volver a usarme -. Tras decir eso, giró su cabeza y miró a la mujer, la cual se sorprendió al ver sus ojos, de nuevo tan concentrado y afilados como los portaba durante el combate. - Me haré más fuerte sometiendo a quienes me lo arrebataron todo, ese es mi objetivo -.

Palabras grandes, pero respaldadas no sólo por seguridad en sí mismo, sino por ese entrenamiento infernal al que se había sometido, y un odio tan potente como para hacerlo realidad.

- Es bueno verte así de animado, pero creo que se te hace tarde -. Las palabras de la mink lograron que esa concentración en el hombre se rompiera, viendo hacia la posición del sol y dándose cuenta de que, si no se apuraba, tendría que volver al barco en total oscuridad. - Mierda, tengo que irme -. Comenzó a recoger sus katanas, pero antes de que pueda lamentarse por tener que comprar una nueva cuerda para atarlas a su cintura, vio como ella le extendía una bolsa amarilla repleta de cosas. - Unos idiotas intentaron cazar en este área y dejaron caer esto en cuanto salieron corriendo tras un par de golpes -. Conociéndola, no debían haber sido golpes normales. - Llévatelo, no me sirven a mi -. El cocinero dio un vistazo al paquete y se sorprendió de buena manera al encontrar mucha comida en su interior, perfecto para cocinar algo en la vuelta. - Genial, muchas gracias -. Ambos se sonrieron levemente, una despedida que habían aprendido a adoptar, antes de que el hombre tomara todas sus cosas y comenzara el camino de vuelta a su hogar.

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La oscuridad se había adueñado de Jaya para cuando el hombre pudo por fin salir de darse un merecido baño y tratar un poco sus contadas heridas. Se había detenido en el trayecto para conseguir cuerda para reparar lo que había hecho durante el combate, pero ahora se apoyaba en la baranda del barco mientras fumaba y veía hacia el mar. - ¿Cuánto tiempo más estaremos aquí? -. Se preguntó a sí mismo, mientras que dejaba caer las cenizas en un cenicero y se respondía también a sí mismo. - Diría que no mucho tiempo, pero aún así es desesperante -.

Dejando de lado su creciente locura tras pasar tanto tiempo en Jaya, en cuanto el cigarrillo se acabó se dirigió hacia el interior del barco y directamente a la cocina. Miró unas cuantas páginas de la libreta que tenía todas sus recetas, sin encontrar nada que se le antoje especialmente. Echando un vistazo a la bolsa que le entregó la mink, poseía cosas varias, pero viendo pan, tomate, lechugas y zanahoria rayada se le hacía evidente que se trataba de alimentos para preparar un aperitivo. - Bueno, creo que podría hacer algo con esto -.

Del congelador, sacó unos cuantos trozos finos de carne que había guardado para estas ocasiones, dejándolos sobre un plato para que se descongelaran. En un plato hondo, rompió y mezcló dos huevos, batiendo hasta que se formó un liquido amarillo gracias a sus yemas. Con eso preparado y la carne descongelada, hundió los trozos en el líquido y los dejó estar mientras rebuscaba entre los cajones hasta encontrar lo que buscaba.

Sacó un tarro firmemente sellado lleno de pan rallado, el cual volvió a poner sobre otro plato, llenándolo completamente. Con eso hecho, tomó los trozos de carne hundidos en los huevos y los pasó sobre el pan, asegurándose de que los pequeños trozos quedaran firmemente unidos a la carne gracias a la viscosidad de los huevos. Teniendo todo listo, tomó una sartén y bastante aceite, colocó lo que le pareció suficiente y encendió el fuego para calentarlo.

Debía esperar un rato, por lo que se sentó a leer el periódico por esos momentos. No se le hacía raro que los Alas Negras sean parte de la primera tapa, menos viendo el desastre que habían causado, aunque si era algo desconcertante esa foto de Triana Tempesta, pero fue a la siguiente página antes de hacerse más preguntas. El doctor Utakata muerto, los juegos de Skypiea acercándose, y esos imbéciles…

Ver la cara del marine que había intentado capturarlo antes le hizo hervir la sangre, pero al menos ahora sabía que seguían vivos. Habría sido una lástima perderse la oportunidad de matarlos con sus propias manos.

En otras noticias, tampoco tardó mucho más en darle un vistazo a los wanteds. Owen lo había superado en recompensa, pero al menos habían corregido el error en su apellido, por lo que no sabía si insultar o agradecer a quien hubiera hecho eso.

Cerró el periódico y volvió a caminar hacia el aceite. Tomó un pequeño trozo de la carne empanizada y lo echó en el líquido, el cual comenzó a burbujear a su alrededor con fuerza. El aceite estaba en el punto justo, por lo que no tardó en poner la carne en este y volver a esperar un poco. Menos de 3 minutos tuvo que esperar para pinchar ambas carnes con el tenedor y darlas vuelta, pues debía de dorarse de ambos lados.

Como eso estaba por terminar, tomó el pan completo que venía en la bolsa y lo cortó a la mitad horizontalmente. Colocó un poco de mayonesa casera, luego el jamón, el tomate cortado en rodajas, un poco de lechuga y queso en fetas. En cuanto todo estuvo listo, sacó la carne del aceite y apagó el fuego. Cortó el pan con el resto de ingredientes a la mitad verticalmente y puso en cada lado una milanesa, completando su obra a la perfección.

Para guardarlo, encerró con film uno de los sándwiches y lo mandó al congelador. El otro, no podía evitar ser usado como alimento para un cuerpo cansado. Se sentó a comer su nueva creación, mientras miraba el cielo nocturno por la ventana. No se dió cuenta de lo rápido que se acabó la comida, tenía mucha hambre luego del entrenamiento y le había costado darse cuenta.

Por lo menos podía recuperar energías así, lo suficiente para volver a cocinar, aunque ahora para la tripulación.

Y pensar que a su maestro nunca le habían gustado los sándwiches. ¿Quién podría negarse a una comida tan asombrosa?


Libro de recetas
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#2
OBJETO CREADO CON EXITO
SE AGREGA A TU INVENTARIO


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