Con ustedes: ¡Mara! [Priv. Valar] [Pasado]
#1
Día 83 de Invierno, año 17
9:05 a.m.
Costas de Arabasta
Cubierta del Royal Flush



Calor.
 
Las costas de Arabasta trajo calidez a su vida, a su cuerpo, a su ánimo.
 
Luego de más de una estación en Drum, el cambio de ambiente le sentaba como anillo al dedo, pues, aunque tuvo la oportunidad de reabastecerse de insumos médicos y de conocimientos que no encontraría en otra isla, el clima de la isla era un asco. Lo mantenía de mal humor la mayoría del tiempo y lo hacía usar capas y capas de ropa, un problema que ya no tenía en Arabasta…una isla que debe comparar con el mismísimo cielo.
 
Ciudades enormes, personas agradables, mercados tan concurridos en los que podría encontrarse de todo, desde especias hasta la más finas sedas y por supuesto, también cosas no tan legales a simple vista, pero camufladas estratégicamente entre decoraciones, hierbas y ropas coloridas, además, en más de una ocasión se habría encontrado con personas tan agradables a la vista que eran imposibles de ignorar. Una alegría después de la frialdad de Drum.
 
Sin embargo, hoy tendría que abstenerse de visitar el mercado y reunirse con el apuesto gyojin que conoció casi apenas desembarcó, pues otros asuntos ateñían a la tripulación.
 
—Suelten velas —. La orden se la dio a esos chiquillos que Maki y María Merlot habían traído, sin consultarle, en el barco. Si le preguntaban a él, un desperdicio de recursos. Esperaba el momento ideal para deshacerse de ellos sin que las otras mujeres se dieran cuenta, pero hoy no sería el día. —Yo levaré anclas y ustedes…fuera…su trabajo ya está hecho. Vayan al mercado a comprar provisiones u ocúpense en alguna otra cosa —-. “Y si es posible no regresen”, le habría gustado decir, pero solo se mordió el labio para evitar soltar esa expresión frente a las otras chicas.
 
Cuando los chicos salieron del barco, el médico cumplió su propia promesa de levar anclas y con ello le hizo una seña a su capitana para que pudieran, por fin, partir a aguas cercanas a la isla. Tendrían que explorar un rato y de paso, aprovechar estos días de calma para que Merlot se entrenara en el arte de la navegación, aun le quedaban cosas por aprender para manejar el Royal Flush de la mejor manera posible.
 
—Sirena, linda, de verdad espero que la práctica sirva…Ya viste lo peligrosas que son las aguas en estos mares, así que debes acostumbrarte a llevarnos a buen puerto, intentando hacer la menor cantidad de daño posible. La última vez nuestra capitana tuvo que tomarse bastantes horas en la reparación…no te culpo, sigo culpando al gigante pelirrojo —. Chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, mientras que su ceño, usualmente relajado, se frunció en una expresión de molestia que se relajó solo cuando volvió a girar su cabeza para mirar a Merlot. —Sea como sea, nos tomaremos las horas necesarias para que practiques, no tenemos apuro…Mientras tanto, yo estaré en la cocina, quiero practicar una receta que me dejó el cocinero…eh…Uker…sí ¡Wow! Recordé su nombre —. El rostro del pelirrosa se iluminó con una sonrisa amigable antes de girarse para ir a la cocina. Para este punto, el Royal Flush ya se había alejado de la costa escondida en donde estaban anclados.
 


10:30 a.m.

La travesía había sido tranquila hasta el momento. El barco apenas y se mecía lo necesario con el ir y venir de las olas. Para el médico, quien ahora intentaba suplir el lugar de un cocinero, esto era ideal, pues le permitió moverse con libertad por la cocina mientras preparaba lo que debían haber sido emparedados más elaborados, pero que terminaron siendo solo lechuga, tomate, pepinillos y alguna que otra salsa envueltas en una tortilla de harina delgada que simulaba una especie de “wrap”…Claro, eso para las chicas, el suyo tenía carne de un animal cuyo nombre no podía recordar, solo sabía que tenía alas…¿Habían quedado incomibles? No, pero no eran lo mejor que podría haber conseguido.

Con la comida preparada el médico salió a cubierta para llamar a sus compañeras; sin embargo, antes de que pudiera pronunciar los nombres de Maki y Merlot, notó algo llamativo hacia el estribor del barco: un barco en llamas. El médico abrió la boca por la sorpresa y corrió a buscar un catalejo para visualizar mejor el barco

A su alrededor no había nada, de hecho, las llamas estaban por extinguirse y lo que más abundaba era el humo. No llevaban bandera del gobierno ni tampoco de calaveras, por lo que el médico unió rápido dos más dos, podían tratarse de viajeros en un crucero o, simplemente, un barco comercial.

—¡Barco a la vista! —El pelirrosa corrió hacia Maki, quien estaba al otro lado del barco. —Hay un barco cerca de aquí. Parece haber sufrido un ataque o algo por el estilo —. El médico sonrió, no estaba agitado ni preocupado, de hecho, por poco faltaba que en sus ojos se formara el símbolo de dinero. —¡Es perfecto! Podríamos saquear lo que queda, no vi sobrevivientes y seguro los que atacaron se llevaron la mayoría de las cosas, pero, siempre queda algo…deberíamos ir a ver que podemos obtener —. Sus ojos pasaron de Maki a Merlot y de Merlot a Maki antes de sonreír de nuevo.

—Tal vez podríamos encontrar un buen tesoro, Merlot…Joyas dignas para ti, que realcen tu divina belleza, aunque ciertamente, con o sin joyas, tu hermosura no tiene parangón —. Por supuesto que unos cuantos halagos ayudaban a convencer más fácil a las personas. —Y Maki, el barco no tiene bandera del gobierno ni de piratas, pero sea un barco de crucero o comercial, seguro que llevaba guardias, quien sabe, alguno podría tener un arma interesante que vaya con tu estilo ¿No crees? —Se cruzó de brazos y esperó a que las mujeres cedieran y pusieran en curso el Royal Flush hacia el desdichado barco que había sido atacado.



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
  Responder
#2
El calor, si era agradable, tremendamente. Era algo que extrañaba desde que dejo el maldito Drum. Aunque era emocionante aprender cosas de medicina, de carpintería, y sobre todo se sentía satisfecha puesto que se había unido a María Merlot y a Hyakinthos, ambos eran antiguos conocidos… de Ash… y su grupo. Ahora con Ash muerto, Jensen perdido y Thrym dejado atrás parecía que se encaminarían a un futuro increíble. Un lugar donde las estrellas refulgían y los dioses mostraban sus rostros inmortales. Ella daría todo por los Valar.

Su cabello… bueno su inexistente cabello que ahora seguro recuperaría su color natural hacia que el calor apenas le diera problemas y disfrutaba como nunca el viento en el rostro. De Drum habían traído a un montón de niños que poco a poco y con el pasar de los días se habían deshecho de la mayoría. Casi todos por iniciativa propia y los menores se habían quedado con el gigante en la tierra congelada. 

Era hermosa la cara de desagrado del medico cuando miraba a los jóvenes. Cuando le perseguían para saber qué hacía, cuando hacia sus cosas oscuras o cuando alguien se heria con algo. Todo en sus mentes era nuevo, casi como si toda su vida estuvieran en cautiverio. Jurgen, Hess y Muller los tres muchachos habían ido a reunir víveres por su propia orden. Maki miraba el horizonte, que le depararía? Quería quizás reclutar a algún navegante… si tocaba algún instrumento seria mejor.

—…— Maki mantuvo el silencio mientras escuchaba al doctor darle ánimos a la sirena. No sabia si era recomendable si ambos se perdían con solo una que otra vuelta. Era estúpido pero puede que solo necesitase el ánimo. Quizás… al escuchar el nombre del cocinero… algo en su pecho nació. ¿Amargor?... no… desdicha? ¿Tampoco… nostalgia? Tal vez. los jóvenes tardarían un par de días en ir y volver. No hacia daño si se dedicaban a practicar un poco.

Mas tarde...

 Poco pasada la mañana Maki después de su rutina habitual salió despertada por un rico aroma. Primero era… delicioso, después peligroso. 

Humo… negro y letal… Maki camino al borde de cubierta, para ver que ocurría cuando Cherry venia con el catalejo en las manos —Que pasa Medico… es aliado? Enemigo?— Paseo su mirada a los alrededores, busco la figura de María Merlot en cubierta y después su guitarra, sus armas, pronto quiso equiparse para todo escenario. —Si… tiene pinta de ser comercial, quizás algún millonario paseando o un carguero, vamos averigüemos que pasa.— Volvió a la punta del barco donde Hyak parecía haber visto mejor todo, su sonrisa era enorme, parecía emocionado y eso le gustaba a ella, mantener a una mente superior como la de el ocupada era bueno. Además, saquear algo de dinero parecía algo que podrían hacer sin duda. —aumentar su belleza?... creo que eso es difícil, pero sin duda si alguien puede ser mas bella, seria ella. que dices Mer? Probamos suerte?— Menciono mientras subió sobre el mascaron de un salto apoyándose a las cuerdas para ver mejor el horizonte. —Si… armas nuevas?... me gusta la idea.— Era fácil de convencer la calva.
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
  Responder
#3
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA




Día 83 de Invierno, año 17
4:17 a.m.
Habitación de las chicas, Costas de Arabasta, Paradise.

Se sentía inquieta.
Le costaba dormir, de siempre, pero ahora más.
Antes sabía dulce.
Ahora estaba agrio.
¿Qué le pasaba?
Se sentía tan ajena así misma.

María Merlot, su nombre desde que despertó en aquella celda maloliente del barco del Capitán Borracho. Siempre se había sentido como una “María Merlot”, otras veces fue obligada a sentirse como una “Kassandra”… pero ahora, en ese preludio de una decisión infernal, no se sentía como nada ni nadie que pudiese encajar con ella. A veces no quería sonreír, otras veces quería llorar, la mayor parte de las veces sentía asfixia en su pecho como si una mano invisible intentará matarla lenta y dolorosamente, y luego decidiera que siempre era mejor dejarla vivir en el caos miserable de los grillos. ¿Grillos? ¡No! Ya no eran grillos, eran pequeñas cebras relinchando, atormentándola, se estaba volviendo loca por dentro… el único lugar que siempre la mantuvo a salvo.

Se abrazo así misma, en busca de un consuelo silencioso mientras cerraba los ojos con fuerza buscando borrar cualquier pensamiento en “blanco y negro”. Su respiración se agito, los orbes se abrieron, el abrazo se convirtió en castigo porque clavo las uñas en su delicada piel, el dolor le recordó que aún estaba viva. Se levantó del asiento, dio dos pasos, y regresó al sitio. ¡Deseaba correr a la borda y saltar! Hundirse y nadar, dejar que su amado mar la acunará y alejará las pesadillas y confusiones. No podía, ya no, estaba maldita, no había otra forma de llamarlo. Y esa maldición la estaba carcomiendo por dentro. ¿Sus nakamas se darían cuenta? Ella no lo sabía pero no quería preocuparlos, por eso mantenía una fachada, la misma de siempre: alegre y jovial, tonta e ignorante.

Con su mente en caos total, decidió enfocarse en algo más. Saco los libros de navegación, las cartas y demás instrumentos, los esparció en su lado de la habitación, y con una vela continúo estudiando. En su libreta realizaba las observaciones más relevantes, no importaba que no lo recordará, con tan solo leer sus notas vendrían a ella las instrucciones. ¿Por qué no podía recordar cosas tan simples? Aunque no lo pareciera, era inteligente y astuta, podía ver cosas que nadie más veía… pero el estudio en sí, el científico, no el empírico, se le resistía, a pesar de que lo entendía… una vez su mente pasaba a otra cosa… lo olvidaba, como si nunca hubiera existido. ¡Frustrante! Muy frustrante si le preguntaban, y eso generaba en ella más ansias de aprender, en algún momento aquella barrera se rompería, el conocimiento fluiría… y podría ser de mayor utilidad… al final del día, el poder residía en quien podía mover hilos sin tener que mover ejércitos. Su Unnie podría destruir ciudades con su espada pero ella… ella podría destruir ciudades con su hermosa presencia, con su astucia e inteligencia.



Día 83 de Invierno, año 17
9:05 a.m.
Cubierta Flush Royal, Costas de Arabasta, Paradise.

Cuando el sol se dignó a salir por el horizonte, la mujer continuaba estudiado sobre navegación. El comercio y los chismes quedaron a un lado, esos días solo pudo sumergirse entre las páginas de los libros pertinentes y las enseñanzas de Thrym. El gigante siempre fue paciente cuando lo acompañaba en los largos días y noches llevando el barco a buen puerto. A María le gustaba escuchar y observar, aunque también le fascinaba hablar.

La isla a la que llegaron resulto ser lo opuesto a Drum, se llamaba Arabasta y el clima cambio por completo. No había blanca nieve ni frio, ahora todo era beige y caliente. Sus nakamas estaban felices, y con eso ya será más que suficiente para ella, aunque no iba a negar que le encantaba el paisaje nevado y los arboles de flores de cerezos. Algún día regresaría, y quizás, solo quizás, conquistaría esas tierras. Un sueño tonto, pero un regalo maravilloso para el objeto de su adoración: Reinar sobre la tierra rosada.

Sirena, linda, de verdad espero que la práctica sirva…

La voz de masculino la hizo prestarle toda su atención, levantó la mirada de sus notas. Debajo de su brazo otro libro. Asintió a cada vocablo, no dormiría hasta lograrlo… aunque, una vocecita, un relinche de cebra, se abrió paso en su cabeza “¿No se da cuenta? ¡Te estas esforzando por él, por ella, por todos! ¡Te está juzgando! ¿Te odia por ser estúpida? Yo creo que si… ¡Hi-hi-hi-ja!”. No, él jamás haría eso. La dama mordió la mejilla interior, el sabor metálico acompañado del dolor la hizo recapacitar y olvidar ese comentario. ¡SU ALGODÓN DE AZÚCAR JAMÁS LA SEÑALARÍA! Él era el hombre más paciente, amable y adorable que hubiera conocido, incapaz de dañarla, o dañar a alguien que no se lo mereciera.

no te culpo, sigo culpando al gigante pelirrojo…

Si, ahí estaba ella no era culpable de nada. Ella solo estaba hormonal. ¿Tal vez debería decirle como se sentía? Fue desde que comió aquella fruta, su exterior seguía igual pero su interior… era incoherente y atormentante. Respiro, sonrió, asintió… y caminó hasta el timón, ahí empezó a prácticar, mirando sus notas, a recordar los consejos del navegante anterior… solo debía verlo como una nueva forma de nadar, estaba en el mar, era lo más importante.

quiero practicar una receta que me dejó el cocinero…eh…Uker…sí ¡Wow! Recordé su nombre…

María bajó la mirada, quiso vomitar. Arcadas vinieron a su boca pero se obligó a hacerlas retroceder, solo saldría bilis. ¿Por qué? Porque pensar en comida la hizo recordar la fruta y la maldición que cargaba encima. Ella que era vegana, una fruta la condenó al ostracismo del mar. ¿Cómo no odiar ahora la comida? Ni siquiera las suculentas sopas del cocinero de antaño, podría hacerla recuperar el apetito. ¿Qué pensaría Hyakinthos si supiera que apenas y había probado bocado? No quería comer más frutas, sentía cierto resentimiento hacia ellas. Por suerte, su cuerpo aun no parecía enflaquecer. Tal vez pensaran que era porque estuvo ejercitándose con sus armas de filo.

La mirada ámbar fue hacia la Valkiria Besada por el Sol. Su buena vista le permitió observar su reacción. Aun no le contaba que había sucedido con el mentiroso pelirrojo y el cocinero. Algún día indagaría en esa historia, y en el de las quemaduras de su cuerpo, ese día, no sería hoy.



Día 83 de Invierno, año 17
10:30 a.m.
Cubierta Flush Royal, Costas de Arabasta, Paradise.

Navegar por aguas tranquilas y cálidas fue mucho más sencillo que sortear icebergs en las costas del Reino de Drum. Así que la práctica estaba yendo de las mil maravillas, tanto que se permitió perderse en la lectura, aunque… no pudo evitar pensar, en el infarto al miocardio que casi le dió cuando vio a su hermana calva… ¡CALVA! Su hermoso cabello rosado terminó… inexistente. Sin embargo, y contra todo pronóstico, la hacía ver aún más ruda y sexy. ¿Le quedaría a ella también el look de bola de boliche?

¡Barco a la vista!

Que pasa Medico… es aliado? Enemigo?

La voz de sus nakamas la hicieron levantarse, dejando el libro y sus notas a un lado. ¡Era cierto! A lo lejos se veía el naufragio. Todos parecían emocionados con la idea de acercarse así que sin preámbulos, tomo el timón, giro órdenes a los pequeños grumetes para que hicieran los suyos con las velas, dos veces porque las dio al revés. En pocos minutos el Flush Royal estaba cerca del navío, lo suficiente para abordarlo.

Cuando el barco se estabilizado al lado del naufragio, se acerco a la borda mirando el desastre que alguien o algo había hecho. No dijo nada, solo arrugo el entrecejo, uno que a pesar de la expresión no perdía su encanto natural. Había humo, no veía a nadie… sin esperar más, puso un pie sobre la baranda y se impulso para saltar, o más bien, para abordar sin permiso aquel navío misterioso.



README
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
  Responder
#4
—Bien, entonces ahora, con el permiso de nuestra capitana ¡Vayamos a ese barco! —El médico se apoyó en el borde del Royal Flush, en el barandal de estribor, mientras que sentía como María Merlot se encargaba de girar el barco siendo ayudada por… ¿Ah? ¿Qué hacían esas dos niñas en el barco? Creía que se habían ido con los tres chicos a los que largó antes de ponerse en marcha, para tener algo de privacidad.

El médico chasqueó la lengua al ver a las “grumetes”, aun no entendía que hacían en ese barco; sin embargo, al ver que hacían un buen trabajo con las velas, tuvo que tragarse su veneno mientras se cruzaba de brazos. No pensaba en ayudar mientras siguieran usando a esos chiquillos que encontraron en Drum. Si fuera por él, los vendería al mejor postor.

Menos mal que no tuvo mucho tiempo de pensar en qué hacer con los más jóvenes, pues pronto estuvieron lado a lado con el barco tan dañado que había visto antes. —Se ve mucho peor de cerca, debió ser un ataque terrible —. El médico murmuró mientras se encargaba de bajar el ancla y luego tirar hacia el otro barco unas sogas que terminaban en ganchos de agarre que se aseguró de que quedaran bien sujetos al otro barco, para que pudieran regresar con seguridad.

Con eso hecho, el médico estaba a punto de saltar al otro navío, pero se vio interrumpido cuando vio que esas dos niñas de antes que ayudaron a Merlot con las cuerdas estaban a punto de hacer lo mismo.

—¡NO! ¡Basta! Ustedes no irán, se quedarán aquí ¿Entienden? —Las chicas lo miraron como si no entendieran porque debían quedarse. Si seguían así las tiraría al mar, así que el médico tuvo que tomar aire y dejar escapar un suspiro pesado. —Ni siquiera deberían cuestionar el por qué de mi orden, pero ¡Bien! Les diré… ¿Quieren sentirse útiles? Vigilen el barco, no sabemos si aun quedan atacantes y lo que menos queremos es que nos asalten en medio del mar…así que si pasa alto griten, griten con todo lo que tengan —. Las niñas asintieron, incluso sonrieron y el médico solo giró los ojos antes de tomar impulso y saltar hasta el otro barco.

Sus pies aterrizaron a la perfección sobre la madera del barco. Olía a humo, pero el dañado olfato del médico le impedía sentir la pesadez de ese olor; sin embargo, sus ojos si adquirieron un matiz lloroso al sentir el humo en su cara. No sabía por donde empezar a buscar y la idea de separarse de sus compañeras tampoco le hacía mucha gracia, así que pensó en tomarse unos cuantos segundos para decidir, pero…su plan se vio interrumpido por un grito femenino que parecía venir desde lo que debía ser el despacho del capitán.

Desde su lugar no alcanzaba a ver bien esa zona del barco. Tendría que subir por las escaleras del otro lado para buscar la puerta que lo llevaría a esa zona; sin embargo, los gritos de “déjenme en paz” y “por favor, no”, se hacían cada vez más evidente.

—¡Hey! Tenemos compañía —susurró el médico cuando sintió a Maki a su lado. —Tal vez deberíamos buscar en las recámaras inferiores o en la bodega del barco y olvidarnos de ir hacia el lugar de los gritos…supongo que aun queda alguno que otro atacante.

El médico caminó por la cubierta un poco más, rodeando la parte inferior del barco, lo que le permitió ver hacia arriba del despacho del capitán. Las escaleras lo tapaban a él, pero podía ver con claridad como un par de hombres intentaban tirar una puerta abajo…justo la puerta que hacía que los gritos de la mujer no se escucharan tan fuertes como seguro eran en verdad.

—Jmmm…así que ahí están…Bien, solo debemos ir hacia otra dirección y ya está. Saqueamos lo que encontramos y los dejamos a ellos ser —. Volvió a susurrarle a Maki, quien estaba más cerca de él en ese momento; sin embargo, antes de dar la media vuelta escuchó otro grito más, uno que decía algo como: “¡Solo déjenme ir con mi hermana!”.

El médico lo ignoró y dio media vuelta, pero…quizá sus compañeras no podrían hacer lo mismo que él.



Karmas
[Imagen: hyakocheja.png]
  Responder
#5
Maki no era estúpida ni malvada, era emocional, sensible y todo le pegaba como un garrote. Solo se hacia la dura, y pasaba muchas noches tratando de idear algo para que su amiga, su diosa y hermana volviera a sonreír con ganas, pero esa maldita… maldita… Maldición había provocado en ella que perdiera su capacidad de nadar. Solo se le ocurría una forma, pero como llega ahí si que era un problema.

Cada vez lo hacía mejor, se orientaba, guiaba y surcaba el agua de manera correcta, pero a decir verdad Maki estaba segura que era simplemente por suerte. Nada mas que suerte. ¿Por qué? Cada giro del timón no era consecuente, era despistado, desorientado, de echo… parecía que apuntaba siempre a un destino diferente a los deseos de la rosada. Pero. No importaba. No podían hacer mas que vagar en los alrededores de esta isla pues más allá había un cordón de vigilancia de la jodida Marina. Esto también le comía la cabeza. —Ya lo harás mejor día a día… animo Truchita!— Le acaricio la cabeza, sabia que lo estaba dando todo y no le importaba el éxito, sino el esfuerzo que ponía en cada cosa.

Esa misma mañana se había deshecho del maldito color rosa, no era lo suyo… ella no era linda y ese color lo era… maldición… se froto la cabeza extrañándolo, pero no tanto, después de todo el calor era menor sin cabello. Ya crecería. Todos crecerían… Merlot comenzó a gritar ordenes a los grumetes, niños sin hogar y los más curiosos incluso. Cada uno con los días había aprendido a hacer lo suyo sin duda dos chicas eran las que habían quedado después que los otros tres fueran por provisiones.

La sonrisa de Maki se volvió amplia y quiso ir adelante. Quiso saltar por la borda y ver que había más allá. La aventura le emocionaba y le llamaba poderosamente. —Este barco… esta condenado, lo se por que yo he reparado al Royal muchas veces… este no aguantará mucho… será mejor que nos apresuremos.— Ella no se ocupaba de la gente del barco, para eso estaba Hyak, ella se encargaba de otras cosas, decisiones, rumbos, pelear… sobre todo pelear. Eso era lo suyo. Así que cuando las chicas miraron a Maki esta se encogió de hombros y con la trompa estirada como un tapir meneo la cabeza y se dispuso a saltar al barco abandonado lanzándole la guitarra a una de ellas y desenvainando su Hoja de los mil recuerdos rotos.

Maki aterrizo y giro sobre si misma con agilidad felina… sus escamas… sus escamas esmeraldas comenzaron a crecer, a sentirse en libertad y poco a poco sintió cada vez mas palpable el peligro. El grito de la mujer hizo que alzara la vista, las escaleras, una puerta. —Vamos… Iremos primero al grito… este barco parece peligroso, pero no más que las VALAR!!! Veamos que pasa y después a las bodegas!! Estarás al cuidado de Merlot… cuídala!!— Rugió mientras avanzo con paso decidido.

Maki al escuchar el segundo grito miro a Merlot y desapareció en un segundo después de sonreírle con su enorme fila de dientes de reptil, su tormenta de espadas cayó sobre dos desprevenidos. Cobardes cayeron al suelo y la espada de Maki se incrusto en el costado de uno y en la pierna de otro. Frente a si vio a un montón de enemigos. No parecían fuertemente armados, pero si su numero importante. Maki rugió… incrusto mas la espada y el grito de aquel que había herido en la pierna se hizo tremendo. —Quienes son ustedes… que hay ahí detrás!!! Dejen a la chica en paz… o… morirán!!— Los hombres se detuvieron y tenían martillos, cachiporras y un par tenía en su poder una daga.

Play me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
  Responder
#6
Narrador / María Merlot



Este barco… está condenado, lo sé por qué yo he reparado al Royal muchas veces… este no aguantará mucho… será mejor que nos apresuremos.

La voz de su hermana no la detuvo, más bien la incitó a continuar con su cruzada de saltar al barco y explorarlo en busca de sobrevivientes, a pesar de la desastrosa condición en la cual se encontraba. El corazón mezclado con su vena cotilla tiró de ella hacia el navío en llamas. ¿Qué había sucedido? ¿Cuántos heridos? ¿Si quiera habría algún alma aun con vida? ¡No podían esperar! El tiempo era vital.

Vamos… Iremos primero al grito… este barco parece peligroso, pero no más que las VALAR!!! Veamos que pasa y después a las bodegas!! Estarás al cuidado de Merlot… cuídala!

Cuando María Merlot aterrizó en el infierno, Maki D. Zennin ya estaba ahí. La voz firme, poderosa y líder de la dama calva llegó hasta ella, solo pudo sonreír ¿Había alguien mas confiable que la señora de las iguanas? Luego de Hyakinthos, nadie más, por lo menos en el mundo de la mestiza — Ven hijo #37, mamá te cuida — llamó al chico que la capitana coloco bajo su cuidado, esa acción de confianza la aumentar su sonrisa… no dejaría que le pasara nada a uno de sus alevines adoptados; los que estaban con ellos, como los que habían dejado en Drum, al igual que los amigos de Little Garden o los de Whisky Peak, sin contar a los del South Blue, eran poco a poco su red de información… una que iba hilando entre chismes cotidianos y otros que debía escribir para no olvidarlos.

La fémina tomo una ruta distinta a su hermana, entre el humo y el fuego no veía mucho — No veo nada… cof cof por el humo cof cof mis ojos pican cof cof el fuego quema, las cenizas quedan pero el humo es inmaterial… cof cof no necesita destruir cof cof solo sucumbir en sombras y desesperación cof cof es como bailar sin ser tocada cof cof o comer imaginariamente carne cof cof — comentaba a su hijo #37 mientras atravesaba el humo y llegaba al otro lado, con la garganta picando y los ojos llorosos. Al llegar a la baranda tomó una bocanada de aire, repitió el proceso varias veces viendo el azul del mar — … eso fue… cof cof… revelador… cof cof — se dejó caer sobre la baranda, quedando parte de su cuerpo hacia el vacío del mar y las piernas hacia la cubierta — … un abrazo incorpóreo — balbuceo levantándose para ver el humo saliendo del barco, entendiendo algo muy curioso mientras seguía aquel penacho elevarse a los cielos — … la destrucción y el caos… ¿es necesario? … para alcanzar la libertad que el humo promete en todas direcciones y sentidos… cof cof estamos acaso ante el templo de la niebla libertadora… cof cof — se llevó la mano a la cabeza, inhaló demasiado humo, estaba delirando pero como culparla… si luego de ser maldecida por el agua, algo debía ocupar su devoción… y ver el humo elevarse libre y sin rumbo, la hizo sentir en conexión… eso o ahí se estaban quemando mas cosas que madera y velas…

— Flor de Cerezo… ¿estas bien? — el niño a su lado preguntó, ella recordó que existía, lo volteo a ver y le sonrió. Le puso una mano en la cabeza, era real.

— Si, lo estoy… mejor volvamos al cof cof barco… necesito agua cof cof — propuso, y como buena desorientada volvió a internarse en la humareda…

Inhalo.

Tosió.

Alucino.

Y salió con una resolución en forma de semilla… que se desvanecía de su cabeza en secuencias intermitentes, pero que quizás, intentaría regar y hacer crecer para una fotosíntesis etérea y eterna. Cuando salió del humo, no termino en el Flush Royal sino donde su Unnie... quien estaba masacrando a unos incautos… entonces una idea afloro en su cabeza — … y si los echamos cof cof al fuego y los cof cof liberamos como cof cof humo — pronuncio con su preciosa voz, cara angelical y belleza sin igual… se llevo las manos a la boca, tosió de nuevo… ¿Qué acababa de decir? ¿El humo la drogo acaso? ¿O estaba teniendo una experiencia religiosa entre minúsculas partículas de... esquizofrenia?
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)