05-08-2026, 06:08 PM
¿Saben que es lo malo de vivir en una isla tropical? Si, el maldito y sofocante calor. De verdad que no se como la gente tiene animos de trabajar con este clima de mierda, pero bueh, allá ellos. Yo no cambio la sombra de mi cocotero por nada de este mundo. Incluso tengo uno favorito, quizá algún día lo bautice y reclame como mi territorio, después de todo es donde paso la mayor parte de mi tiempo. Lastima que hoy me vi obligado a ayudar a mi padre a pescar.
— Gaki, necesito que me lleves a una zona donde pueda pescar tranquilo. Aquellos marines se antojaron de atravesar sus barcos en donde pensaba ir a pescar —me dijo mi padre pateandome una pierna para hacer que me parara del pie de aquel árbol.
Por más que me negara, ya yo conocía lo suficiente a mi padre como para saber que no me dejaria en paz ni me dejara ser feliz a mi manera si no lo ayuda.
— ¿De verdad era necesario que me trajeras? Que fastidio, pudiera estar durmiendo-Tsk —respondí cuando ya estábamos en el bote navegando, volteando los ojos en clara señal de no querer estar allí.
— Por su puesto que es necesario, muchacho flojo. Tantos años y todavía crees que la pesca es cosa fácil. Tu nada más navega, y agradece que no te pongo a hacer el trabajo más pesado a ti. A ver si vas aprendiendo ya acerca del negocio familiar, porque no les voy a durar toda la vida a ti y a tu madre —me dijo mi padre, mientras le quitaba los nudos a la red que usaba para capturar peces .
— Si, si, si. Como tu digas-tsk —le respondí apático.
Estuvimos un rato navegando por las costas de la isla hasta que encontramos una zona libre de estorbos para pescar. Lo único bueno de salir al mar es que no había multitudes ni ruidos innecesarios, solo agua de mar, mi padre y yo. Admito que era mejor estar en el pueblo.
Yo me recosté en el bote mirando el cielo mientras mi padre pescaba. Me quedé mirando las nubes, pensando si alguna vez podríamos ser capaces de volar por el cielo como las aves y descubrir que hay más allá de lo que los ojos pueden ver. Aunque de pensar en el esfuerzo que hay que hacer para volar tan alto todos los días es mejor quedarme en tierra.
Mi padre había tenido éxito atrapando peces en la zona en la que nos detuvimos, la verdad era alguien con talento para lo suyo. Tras alcanzar la cantidad del día regresamos al muelle del pueblo. El paso siguiente a la pesca era vender lo que atraparas, cosa que no era tan difícil considerando que la dieta autóctona estaba basada prácticamente en el pescado y los mariscos.
— Gaki. Amarra bien el bote para que no se nos vaya a ir. Me llevaré dos baldes y te dejo a ti los otros. Como yo voy a echar la caminadita mas lejos, encargate tu de venderlo en los puesticos que están aquí cerquita. Nos vemos en la casa al rato —me dijo dejándome una responsabilidad que yo no acepté pero que tampoco tenía energía para discutir.
—Tsk —refunfuñe mientras asentí.
Mi padre comenzó a caminar y se fue alejando poco a poco. Mientras yo me quede un rato mas sentado en el bote esperando que me llegaran las energías de caminar y vender los baldes de pescado restante. No tenía ni un poquito de ganas de hablar con la gente y que empezaran con la preguntadera de “¿cómo está tu padre?”, “¿cómo está tu madre?”, “¿porque viniste solo?”. Ay no, que fastidio de verdad, pero que más coño, cuando toca toca.
De repente dos personas corriendo, se acercaron al bote. Parecían venir desde lejos pues casi no tenían aliento. Se detuvieron justo frente a mi y uno de ellos saco un cuchillo apuntandome con el.
— ¡Danos el bote, y hazlo rápido antes de que la marina nos encuentre! —dijo gritando el que tenía el cuchillo en la mano—. No respondo si te tardas un segundo más.
Al parecer eran delincuentes de algún tipo, que se encontraban huyendo. Si bien la marina no era de mi agrado, no iba a hacer algo que un completo desconocido me dijera solo porque si. ¿Quien se creía que era?
— ¿Eres idiota o que? Darte el bote implicaría después muchos problemas y explicaciones. Eso me seria un fastidio-tsk. —dije mientras me tapaba el oído derecho con el dedo índice de mi mano derecha porque me molestaba la voz gritona y chillona de ese tipo.
— Te lo advertimos —dijo el otro de los delincuentes sacando una pistola de su cintura. No me había fijado que traía una bolsa que se veia bastante pesada en su otra mano.
Antes de que pudiera usar su pistola salté y en un fastidioso pero acrobático movimiento en el aire, pateé su mentón haciendo que cayera inconsciente y a la vez soltara su pistola, la cual luego pateé tambien para alejarla del sitio.
El hombre con cuchillo reaccionó y se abalanzó sobre mí, apuntándome directo al pecho con su arma blanca. Ese primer movimiento lo esquivé tirándome hacia un costado, pero luego volvió a atacarme esta vez al rostro y rozo una de mis mejillas causándome un ligero corte, pero que me dolió.
— Danos el bote niño y no te mataré por golpear a mi camarada —me advirtió con una cara claramente amenazadora.
— Parece que además de idiota eres ciego. No ves que no puedes tocarme. Esto fue por descuido mio —dije señalando el corte en mi mejilla—. Es mejor que desistas. Ya me hicieron gastar energías innecesarias.
El tipo no me escuchó y volvió a tirarse sobre mi. No me quiso hacer caso asi que bueno el se lo buscó. Primero, una patada ascendente en la mano sobre la que tenia el cuchillo, lo que lo desarmó. Segundo una patada con la misma puerta en el abdomen, justo donde deberia estar su higado. Tercero, un codazo en la nuca. Y fin, hasta allí llegó aquel tipo, que cayó desmayado luego del tercer golpe.
Me dispuse a recoger las cosas que teniamos en el bote para ir a hacer el recado de mi padre, aunque quizá lo mejor era mover el bote de sitio. ¿O era mejor tirar a estos dos tipos al mar para que no se robaran luego el bote?
— Ooohhh, vaya. ¿Tú venciste a estos ladronzuelos? Si que tienes talento. Deberias unirte a la marina —dijo alguien a mi espalda.
Mi giré sorprendido pues no fui capaz de verlo ni oirlo llegar. Era un marine, pero definitivamente uno habil, rapido, silencioso y peligroso.
— Preferiría ser comido, vomitado y luego ser comido de vuelta por un rey marino, antes que ser un maldito marine-tsk —le respondí.
— Jajajaja. Pues deberias pensartelo. Eres fuerte y quizá en el futuro seas incluso mejor. La marina te debe una, estos tipos robaron una gran cantidad de dinero en esa bolsa de allí. Eres el heroe del dia —me dijo el marine.
Tras de él venían varios marines armados a lo lejos. Al parecer no le habían podido seguir el paso a este que se encontraba aquí conmigo.
— Lo siento, no me interesa. Me voy antes de que se acumule el olor a mierda en este lugar, eso seria un fastidio. Procura que no le pase nada al bote de mi padre —dije tomando los baldes de pescado y retirándome del lugar por la dirección opuesta a donde venían los marines.
— Insistiré la próxima vez que nos veamos —dijo sonriendo.
— Como si hubiera una próxima vez. Ni Dios lo quiera —dije de mal genio.
Si hubiera sabido que en esa bolsa había dinero hubiera tomado un poco. Me hubiera servido para comprarme un barco o bote propio. Quizá a veces tengo que mostrar un poquito más de interés en lo que me rodea. O quizá no, después toda mi vida se haría más complicada. Aunque tener un barco para ir a lugares tranquilos no estaría nada mal. Quiero irme de esta isla y ver a donde me termina llevando el viento.
Tras irne del lugar fui y vendí todo lo que cargaba en los baldes, gracias al cielo no tuve que caminar tanto pues el primer local en el que llegué me compró todo y a buen precio. Asi que pude irme temprano a casa.
— Gaki, ¿cómo te fue? Te tardaste mas de la cuenta ¿todo bien? —me dijo mi padre que estaba sentado en la mesa del comedor justo cuanto entre a mi casa.
— Aquí tienes el dinero de la venta. No tengo energías para hablar. Pero no te vuelvo a acompañar a pescar. Menudo fastidio el de hoy. Me hubiese quedado durmiendo. Voy a mi cuarto a darme un baño. Hablamos más tarde —dije para luego dirigirme a mi habitación.
Baño, dulce baño. El lugar privado donde nadie me molesta. Me quité toda la ropa y me metí debajo de la regadera, pensando en todo lo que había pasado en el día. Definitivamente algunos días eran como un grano en el culo.
— ¿Ser de la marina? Qué estúpida propuesta, maldita marioneta del gobierno —pensé en las palabras del marine mientras me enjabonaba el cuerpo.
— Gaki, necesito que me lleves a una zona donde pueda pescar tranquilo. Aquellos marines se antojaron de atravesar sus barcos en donde pensaba ir a pescar —me dijo mi padre pateandome una pierna para hacer que me parara del pie de aquel árbol.
Por más que me negara, ya yo conocía lo suficiente a mi padre como para saber que no me dejaria en paz ni me dejara ser feliz a mi manera si no lo ayuda.
— ¿De verdad era necesario que me trajeras? Que fastidio, pudiera estar durmiendo-Tsk —respondí cuando ya estábamos en el bote navegando, volteando los ojos en clara señal de no querer estar allí.
— Por su puesto que es necesario, muchacho flojo. Tantos años y todavía crees que la pesca es cosa fácil. Tu nada más navega, y agradece que no te pongo a hacer el trabajo más pesado a ti. A ver si vas aprendiendo ya acerca del negocio familiar, porque no les voy a durar toda la vida a ti y a tu madre —me dijo mi padre, mientras le quitaba los nudos a la red que usaba para capturar peces .
— Si, si, si. Como tu digas-tsk —le respondí apático.
Estuvimos un rato navegando por las costas de la isla hasta que encontramos una zona libre de estorbos para pescar. Lo único bueno de salir al mar es que no había multitudes ni ruidos innecesarios, solo agua de mar, mi padre y yo. Admito que era mejor estar en el pueblo.
Yo me recosté en el bote mirando el cielo mientras mi padre pescaba. Me quedé mirando las nubes, pensando si alguna vez podríamos ser capaces de volar por el cielo como las aves y descubrir que hay más allá de lo que los ojos pueden ver. Aunque de pensar en el esfuerzo que hay que hacer para volar tan alto todos los días es mejor quedarme en tierra.
Un rato más tarde…
Mi padre había tenido éxito atrapando peces en la zona en la que nos detuvimos, la verdad era alguien con talento para lo suyo. Tras alcanzar la cantidad del día regresamos al muelle del pueblo. El paso siguiente a la pesca era vender lo que atraparas, cosa que no era tan difícil considerando que la dieta autóctona estaba basada prácticamente en el pescado y los mariscos.
— Gaki. Amarra bien el bote para que no se nos vaya a ir. Me llevaré dos baldes y te dejo a ti los otros. Como yo voy a echar la caminadita mas lejos, encargate tu de venderlo en los puesticos que están aquí cerquita. Nos vemos en la casa al rato —me dijo dejándome una responsabilidad que yo no acepté pero que tampoco tenía energía para discutir.
—Tsk —refunfuñe mientras asentí.
Mi padre comenzó a caminar y se fue alejando poco a poco. Mientras yo me quede un rato mas sentado en el bote esperando que me llegaran las energías de caminar y vender los baldes de pescado restante. No tenía ni un poquito de ganas de hablar con la gente y que empezaran con la preguntadera de “¿cómo está tu padre?”, “¿cómo está tu madre?”, “¿porque viniste solo?”. Ay no, que fastidio de verdad, pero que más coño, cuando toca toca.
De repente dos personas corriendo, se acercaron al bote. Parecían venir desde lejos pues casi no tenían aliento. Se detuvieron justo frente a mi y uno de ellos saco un cuchillo apuntandome con el.
— ¡Danos el bote, y hazlo rápido antes de que la marina nos encuentre! —dijo gritando el que tenía el cuchillo en la mano—. No respondo si te tardas un segundo más.
Al parecer eran delincuentes de algún tipo, que se encontraban huyendo. Si bien la marina no era de mi agrado, no iba a hacer algo que un completo desconocido me dijera solo porque si. ¿Quien se creía que era?
— ¿Eres idiota o que? Darte el bote implicaría después muchos problemas y explicaciones. Eso me seria un fastidio-tsk. —dije mientras me tapaba el oído derecho con el dedo índice de mi mano derecha porque me molestaba la voz gritona y chillona de ese tipo.
— Te lo advertimos —dijo el otro de los delincuentes sacando una pistola de su cintura. No me había fijado que traía una bolsa que se veia bastante pesada en su otra mano.
Antes de que pudiera usar su pistola salté y en un fastidioso pero acrobático movimiento en el aire, pateé su mentón haciendo que cayera inconsciente y a la vez soltara su pistola, la cual luego pateé tambien para alejarla del sitio.
El hombre con cuchillo reaccionó y se abalanzó sobre mí, apuntándome directo al pecho con su arma blanca. Ese primer movimiento lo esquivé tirándome hacia un costado, pero luego volvió a atacarme esta vez al rostro y rozo una de mis mejillas causándome un ligero corte, pero que me dolió.
— Danos el bote niño y no te mataré por golpear a mi camarada —me advirtió con una cara claramente amenazadora.
— Parece que además de idiota eres ciego. No ves que no puedes tocarme. Esto fue por descuido mio —dije señalando el corte en mi mejilla—. Es mejor que desistas. Ya me hicieron gastar energías innecesarias.
El tipo no me escuchó y volvió a tirarse sobre mi. No me quiso hacer caso asi que bueno el se lo buscó. Primero, una patada ascendente en la mano sobre la que tenia el cuchillo, lo que lo desarmó. Segundo una patada con la misma puerta en el abdomen, justo donde deberia estar su higado. Tercero, un codazo en la nuca. Y fin, hasta allí llegó aquel tipo, que cayó desmayado luego del tercer golpe.
Me dispuse a recoger las cosas que teniamos en el bote para ir a hacer el recado de mi padre, aunque quizá lo mejor era mover el bote de sitio. ¿O era mejor tirar a estos dos tipos al mar para que no se robaran luego el bote?
— Ooohhh, vaya. ¿Tú venciste a estos ladronzuelos? Si que tienes talento. Deberias unirte a la marina —dijo alguien a mi espalda.
Mi giré sorprendido pues no fui capaz de verlo ni oirlo llegar. Era un marine, pero definitivamente uno habil, rapido, silencioso y peligroso.
— Preferiría ser comido, vomitado y luego ser comido de vuelta por un rey marino, antes que ser un maldito marine-tsk —le respondí.
— Jajajaja. Pues deberias pensartelo. Eres fuerte y quizá en el futuro seas incluso mejor. La marina te debe una, estos tipos robaron una gran cantidad de dinero en esa bolsa de allí. Eres el heroe del dia —me dijo el marine.
Tras de él venían varios marines armados a lo lejos. Al parecer no le habían podido seguir el paso a este que se encontraba aquí conmigo.
— Lo siento, no me interesa. Me voy antes de que se acumule el olor a mierda en este lugar, eso seria un fastidio. Procura que no le pase nada al bote de mi padre —dije tomando los baldes de pescado y retirándome del lugar por la dirección opuesta a donde venían los marines.
— Insistiré la próxima vez que nos veamos —dijo sonriendo.
— Como si hubiera una próxima vez. Ni Dios lo quiera —dije de mal genio.
Si hubiera sabido que en esa bolsa había dinero hubiera tomado un poco. Me hubiera servido para comprarme un barco o bote propio. Quizá a veces tengo que mostrar un poquito más de interés en lo que me rodea. O quizá no, después toda mi vida se haría más complicada. Aunque tener un barco para ir a lugares tranquilos no estaría nada mal. Quiero irme de esta isla y ver a donde me termina llevando el viento.
Tras irne del lugar fui y vendí todo lo que cargaba en los baldes, gracias al cielo no tuve que caminar tanto pues el primer local en el que llegué me compró todo y a buen precio. Asi que pude irme temprano a casa.
— Gaki, ¿cómo te fue? Te tardaste mas de la cuenta ¿todo bien? —me dijo mi padre que estaba sentado en la mesa del comedor justo cuanto entre a mi casa.
— Aquí tienes el dinero de la venta. No tengo energías para hablar. Pero no te vuelvo a acompañar a pescar. Menudo fastidio el de hoy. Me hubiese quedado durmiendo. Voy a mi cuarto a darme un baño. Hablamos más tarde —dije para luego dirigirme a mi habitación.
Baño, dulce baño. El lugar privado donde nadie me molesta. Me quité toda la ropa y me metí debajo de la regadera, pensando en todo lo que había pasado en el día. Definitivamente algunos días eran como un grano en el culo.
— ¿Ser de la marina? Qué estúpida propuesta, maldita marioneta del gobierno —pensé en las palabras del marine mientras me enjabonaba el cuerpo.
