Hace 6 horas
(Última modificación: Hace 6 horas por Kai T. Gomi.)
Dia 82 de Verano
Año 18
Isla Kutsukku, Ciudad Piston
Año 18
Isla Kutsukku, Ciudad Piston
Nuevo destino, nueva isla que pisaba el callejero, en esta ocasión una que le recordaba demasiado a su isla natal, un hogar duro. Un ambiente corrompido por las pasiones de alguien más, en esta ocasión Kutsukku era un lugar donde el maleante era el ciudadano promedio y donde aquel que quería hacer las cosas bien terminaría emigrando hacia otra, muy probablemente. El joven solo había ido allí por un único motivo, por dos de hecho. Ambos guantes ahora adornaban las manos y relucían en destellos metálicos y peligrosidad contenida. Si bien aquí el metal abundaba no lo hacía de la forma en la que él creía, chapas y restos de otros objetos era lo común y, para él, con un poco maña hacían el apaño perfectamente.
Había conocido a aquel forjador del destino, un herrero bastante malo pero que sin duda tenía más recorrido y experiencia que él, pero a parte de él, nadie más. Se había encargado durante las primeras semanas de alejarse de la multitud, no por elección propia si no por sus intereses y resguardar los pocos bienes que tenía, repitiendo la misma jugada que había hecho en Karate. Había optado por meterse en una cueva que partía desde el suelo, en pendiente, un par metros hacia el interior y pocos más de habitabilidad a su alrededor. Estuvo allí un tiempo hasta que se dio cuenta de que mucha de la chatarra y montones que había en el exterior terminaban allí dentro. Lo cual no era un problema para él, pero el hecho de quedar sepultado por un montón de mierda era una idea que no le resultaba demasiado atractiva. Así que terminó por coger lo poco que tenía, cargárselo al hombro y salir de aquel lugar para adentrarse en lo que se suponía que era uno de los corazones de la isla.
Ciudad Piston era la elegida, de nuevo no por elección propio, si no porque su andar de turista lo llevó a adentrarse en el primer sitio con gente que había visto. Su andar era evidente y llamativo entre las calles de Piston. El constante tintineo de las monedas de sus bolsillos era un más que buen reclamo para muchos de los habitantes de aquellas paralelas. Kai, acostumbrado a esos ambientes sabía que tarde o temprano sería un objetivo, así que no tenía otra que enseñar los dientes primero. Aseguró el agarre de la bolsa que cargaba al hombro con sus manos, deteniéndose en seco en mitad de una transitada avenida, dejando ver los puntiagudos guantes que portaba, era la única arma que tenía a parte del kanabo que vestía en la espalda y que poco uso le había dado. Aquellos que ya estaban estudiando la mejor manera de acceder a sus bolsillos pararon para volverlo a analizar de arriba a abajo al joven. Muchos comenzaron a disimular en cuanto vieron lo que portaba en las manos, tampoco mucho, se girarían a cuchichear. El peliblanco no tenía una reputación que lo precediese, tampoco tenía un aspecto grande e intimidante, por eso a veces había que enseñar como un estúpido y comportarse como uno. Aunque esto último ya le venía de serie, no hacía falta casi ningún detonante para demostrarlo.
Reanudó su caminata, esta vez con más energía y se acercó al primer hostal que vio, no se complicó demasiado. Entró empujando la puerta, una campana tintineó con fuerza, aguda, dando el aviso a sus ocupantes de que había llegado un nuevo huésped. La puerta se cerró tras el luchador y fue entonces cuando se dio cuenta del sonido infernal que había fuera, en aquella maltrecha recepción solo se escuchaba el funcionar de un aire acondicionado roñoso y viejo, como una nevera por detrás. No le disgustaba el sonido de un ambiente movido, pero no se había dado cuenta de que existía hasta que lo había perdido.
Alzó la vista. No había nadie. - ¿Nadie? Raro. Aquí puede entrar alguien a robar easy bro, aunque... no creo que tengan mucho que robar... - Paseo la vista pro todo el receptáculo. Frente a él la barra de recepción, a un costado un pasillo al mismo nivel que daría a quién sabe donde, tras él una puerta cerrada y a dos metros de ésta una escalera con media barandilla que subía a los pisos superiores. Al fondo de aquel pasillo se escuchaba el arrastrar de lo que parecía papel de lija. - Ya voy, ya voy... - Se escuchó una voz femenina por la cual habrían pasado ya muchos años. Al cabo de unos segundos apareció una mujer, o bueno. ¿Una babosa?
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- ¿Uh? -
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Procesó. - ¡Y A MI QUE COÑO ME IMPORTA QUE ESTÉS VIENDO TUS MIERDAS, PEJELAGARTO! -
La vena en su cuello se marcó y dejó caer la bolsa que llevó al hombro con un agresivo tintineo de monedas, a lo que la mujer se quedó mirando. En un instante algo en su postura cambió, su mirada no era la misma, sus ojos habían transmutado hasta parecer el símbolo del Berrie. - Ay perdona muchachón, hoy es uno de mis días, no me lo tengas en cuenta corazón - Se mordía su propia lengua bífida con tal de hacerse con algunos de las monedas que llevaba en la bolsa. Kai la miró entre serio y enfurruñado. Sin decir mucho metió la mano en su bolsillo y sacó un par de billetes y dio un manotazo sobre el mostrador. Allí en la madera quedarían un par de orificios abiertos por las púas de sus guantes. - Una habitación ¿Dónde? - La mujer se reclinó hacia atrás sorprendida por el sonido del golpe, no mucho porque en aquella ciudad era lo habitual, y tomó el dinero con lentitud antes de tomar una llave de bajo el mostrador y dársela. - Ultima planta corazón, es la única que... - El peliblanco tomó malhumorado la llave y subió la escalera a base de pisotones mientras murmuraba el nombre de los familiares de la recepcionista. - Niñato engreído... - Murmuró ella por lo bajo. El peliblanco detuvo sus pasos y se asomó por lo que quedaba de barandilla. - ¡¿Qué has dicho?! - - ¡Que si quieres que te lleve algo de comida corazón! - Aquel intento de tono meloso revolvió el estómago del luchador que retomó su caminata hacia la habitación del último piso. - Tché - Chasqueó su babosa lengua.
Abrió de un portazo tras girar la llave, cerró con un portazo de igual manera y volvió a girar la llave nuevamente, esta vez desde dentro para cerrar la puerta con seguridad. Lanzó el saco y el kanabo sobre la cama y se acostó a su lado. Inspiró aire cerrando los ojos. - Puta vieja, qué se cree. Tch - Estaba molesto de verdad, pero lo reconfortante que era escuchar el constante repiqueteo de estímulos de la calle calmaban su mente inquieta.
- Estaba cansado ya de ver arrozales. Pero... - Llevó la mano a su bolsillo y sacó el den den mushi, marcó un número y descolgó el auricular, teniendo como respuesta la inquietante estática. Abotargado por su tristeza dejó caer el caracol sobre la cama. - Bah... - Estaba claro que no podía poner su confianza en otros así como así, ni llamarlos amigos.
![[Imagen: dc03b71f1ac8f5756a2c001b2a279719.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/dc/03/b7/dc03b71f1ac8f5756a2c001b2a279719.jpg)
- Siempre es igual - Mentó.
Se levantó con desgana y miró por la ventana, fuera de ella había una escalera de incendios, por lo que se le antojó salir. Cogió una de las sillas de aquella habitación y la apoyó sobre el pomo de la puerta, bloqueando así para que nadie pudiese entrar al interior, no sin reventarla en el proceso al menos. Salió a través de la ventana de un salto felino y sus pies quedaron sobre aquella rejilla metálica negra y oxidada, dejando su cuerpo en suspensión sobre diez metros de caída. Se apoyó sobre el límite con sus brazos y, sin pensarlo mucho, se precipitó al vacío tras un suspiro y un gas más orgánico que la recepcionista. Las plantas de sus pies chocaron contra el suelo, sus músculos resonaron al contraerse y amortiguar toda la caída. - Facilito - Dijo casi contento por el aumento de sus capacidades.
Necesitaba despejarse un poco del mal de amistades por lo que comenzó a deambular con parsimonia entre los callejones, con las manos metidas en los bolsillos. Hasta que un par de pasos a su espalda resonaron, sus pensamientos no le habían dejado espacio a su cerebro como para estar atento a su entorno y ahora lo pagaría. ¿Lo pagaría? - Tch, tch, eh. Pimpollo. Eh. Famélico - Su voz hizo presencia en escena, a lo que el proyecto de pirata se giró y vio no solo al que había hablado, venía con acompañante. Ambos vestían ropas desgastadas, probablemente de tanto farandulear por la calle, uno de ellos, el portavoz del dúo, vestía en su cabeza algo así como una piel de lobo que partía desde su cabeza y que seguía hasta el inicio de su espalda. - ¿Quieres algo perrito? - Se giró no dejando sobreponerse por la intimidación. - Jaja, mira, un cerdito valiente - Entre risas codeó a su compañero para que acompañara su chiste con una risa. - Dame lo que lleves ahora mismo chaval - El peliblanco sacó sus bolsillos hacia afuera, con una sonrisa pícara, indicando que no llevaba encima más de lo que veía. - ¿Te hace gracia chaval? Jaja ¡A mi me hace gracia! JAJA ¿Sabes lo que le pasa a los cerditos que se hacen los valientes? ¡Que viene el lobo y se los come! - Su mirada parecía querer desorbitarse, quizá porque sentía que se estaban burlando de él.
Rápidamente se llevó la mano al bolsillo y sacó un cuchillo de buenas dimensiones, perfectamente sería para cazar, lo que explicaría la piel de lobo que vestía. - ¡Pues se lo quitaré a tu puto cadáver! - Alargó su mano con la asesina intención de atravesar el estómago del más joven, a lo que sorprendido metió las manos hacia delante. Un arma blanca era algo que no tenía que pasar por alto. Sus manos sujetaron el brazo contrario con un brote de adrenalina, pensando que iba a ser más fuerte. Tenía antecedentes, el último lo intentó aplastar entre las palmas de sus manos. - Ah. Pero si eres un blandengue - Dijo al mismo tiempo que movía el brazo de su asaltante con la misma facilidad con la que movía el cepillo de dientes al lavárselos. - Que decepción manito - Arrugó los labios y comenzó a apretar y retorcer el brazo del asaltante. La piel crujía y pronto lo harían los huesos si quería seguir con su asalto. - ¡Para, para, para! ¡El cuchillo es tuyo si quieres, pero suéltame! - En su rostro una expresión de dolor y miedo, nunca le había apretado el brazo así, a parte las púas del guante comenzaban a atravesar su piel con facilidad. - Me mola ese gorro tuyo, dámelo y dejo ir, matao - El brazo libre del asaltante tomó la piel de lobo hecha gorro y lo lanzó al suelo frente a él. - Good boy - Soltó el brazo tan de repente que el que forcejaba para escapar cayó al suelo, pero poco tardaría su acompañante en ayudarlo a levantarse para largarse corriendo de allí.
- Jeje - Carcajeó agachándose y recogiendo la prenda de ropa. Para cuando quiso mirar, sus nuevos amigos ya estaban muy, muy lejos. - Pa que repete - Sacudió aquella curiosa prenda de ropa y la vistió.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-23-sept-2026-01-02-00.png]](https://i.ibb.co/Wv77Nz14/Chat-GPT-Image-23-sept-2026-01-02-00.png)
Leyenda de una Leyenda
- Pienso -
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja -
- *FWRA* Pedo Pesado -
- Narro -
- Hablo -
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja -
- *FWRA* Pedo Pesado -
![[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]](https://i.ibb.co/QFgm7LkF/Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png)
